Estudio bíblico de Filipenses 1:10-13

Filipenses 1:10-13

Amigo oyente, regresamos hoy a este primer capítulo de la epístola del Apóstol San Pablo a los Filipenses. Estamos estudiando una carta en la que el pensamiento del escritor no está situado en los lugares celestiales, sino aquí, en la tierra, donde nos movemos y actuamos, donde enfrentamos todo tipo de situaciones que ponen a prueba nuestra condición de cristianos. El énfasis es eminentemente práctico y, como ya hemos comprobado, el lenguaje de la carta es sencillo, directo, y llama a las cosas por su nombre.

Y vamos a seguir hablando acerca del versículo 9, para recapitular lo que hemos dicho en nuestro programa anterior. Comencemos, pues, nuestra lectura en el versículo 9 de Filipenses 1:

"Y esto pido en oración: que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento y en toda comprensión"

La oración de Pablo era que el amor de los Filipenses por otros creyentes rebosase como si estuviera en una copa llena, o se desbordase, como si fuera un río.

Esta palabra "amor" ha sido, con frecuencia, mal utilizada, en base a que Jesús dijo en las Sagradas Escrituras que teníamos que amar a nuestros enemigos y hacer bien a aquellos que nos odiaban. Esta afirmación de Jesús es cierta, pero necesitamos observar a quienes se lo dijo. El Señor Jesús dijo cosas muy severas sobre los líderes religiosos de su tiempo. Por ejemplo, en Juan 8:44 dijo: Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. También les dijo, en Mateo 23:33, ¡Serpientes, generación de víboras!, ¿cómo escaparéis de la condenación del infierno? O sea, que les dijo que el diablo era su padre, y que su madre era una serpiente. Creemos que ninguna persona habría llegado a ese extremo.

Ese amor que se menciona aquí en el versículo 9 tenía que ser más que una expresión o una vivencia sentimental. Tenía que estar regulado por el conocimiento y el buen juicio, o discernimiento. A este respecto destacamos que otra versión traduce este versículo de la siguiente manera: que vuestro amor abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio. Porque este último término puede significar "discernimiento". Además, tenemos que amar a todos los creyentes en Cristo. Algunos creyentes son un poco difíciles de amar. Incluso algunos de nuestros amigos son difíciles de amar. Tenemos que amar a aquellos que no tienen ningún atractivo. Pero debemos amarlos con conocimiento y con buen juicio. Esto no significa que debemos hacer que nuestro amor se exprese de la misma manera en todas direcciones. Realmente, este versículo evita que el cristiano sea crédulo o ingenuo, porque su amor debe abundar junto con el discernimiento. O sea, que este conocimiento espiritual genuino de Dios, y un discernimiento profundo, nos capacitan a los cristianos a amar más a Dios, y a las demás seres humanos que no creen en El, que se encuentran en un estado de perdición, o que son sus enemigos, como El las ama.

Pero bien, sigamos adelante. En el versículo 10, de este capítulo 1, de la epístola a los Filipenses, leemos:

"Para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprochables para el día de Cristo"

El apóstol Pablo expuso en esta oración dos propósitos: El primero fue un propósito más inmediato; que los Filipenses pudieran discernir lo mejor y el segundo, fue un propósito más amplio y que abarcaría un período de tiempo mayor; que llegaran a ser sinceros e irreprochables para el día de Cristo. Este es otro versículo importante que necesita cierta explicación. Porque en realidad Pablo está diciendo aquí: "Para que aprobéis lo mejor". Otra versión traduce esta frase así: "para que discernáis lo mejor" y otra, la expresa de esta manera: "a fin de que escojáis lo mejor". La palabra "discernir", con la idea de aprobar, era usada en griego para probar los metales y monedas, con la intención de determinar si satisfacían las normas que se habían especificado. Él está diciendo que uno necesita probar las cosas que difieren entre sí. Y creemos que esto tiene que ver con la voluntad del Señor en su propia vida. Hay ocasiones cuando usted tiene que tomar una decisión, cuando haya dos caminos por los cuales usted podría seguir. Ahora, ¿cuál de ellos debe elegir? Bueno, hablando sinceramente, hay ocasiones en las que uno no sabe cual de ellos es el mejor. Y el Señor no va a poner luces verdes para señalizar el camino, ni va a enviar un ángel para señalarle a usted el camino que debe seguir. Él espera que usted use un poco de iniciativa y sentido común. Por lo tanto, necesitamos probar las cosas diferentes, las opciones que difieren entre sí.

Cierto hombre contaba en una ocasión, que habían dos caminos que él podía tomar; creemos que se estaba refiriendo a sus propios negocios, y que él se decidió por uno de ellos, pero las cosas no salieron bien. Cuando vio que el asunto no funcionaba, nos dijo que regresó a la encrucijada y siguió el otro camino. Y dijo: "Ahora estoy seguro de la voluntad del Señor. El otro camino no funcionó, así que solo quedaba un camino abierto para mí. Lo seguí y era el correcto, era la decisión acertada". Estimado oyente, Dios nos está diciendo que debemos probar las diferentes opciones. En realidad, a veces El nos guía de esa manera. Pero en cualquier caso, debemos buscar la guía del Señor y Su Voluntad en oración.

Luego el apóstol continuó diciendo en este versículo: "A fin de que seáis sinceros". Ahora, esta palabra "sincero" es una palabra muy interesante que proviene del latín y significa "sin cera". Cuando los romanos se convirtieron en una potencia mundial, eran un pueblo brutal y cruel. Ellos destruyeron valiosas obras de arte de Grecia en muchos lugares. En las ciudades de Asia Menor, aun podemos ver evidencias de ello. Por ejemplo, allí estaba el templo de Diana, arquitectónicamente, muy hermoso. Pero muchos de los tesoros de arte descubierto, estaban destruidos. Ahora cuando los romanos alcanzaron un nivel de desarrollo de su cultura que le permitió apreciar esas obras de arte, comenzaron a reunirlas. Muchas de ellas estaban deterioradas. Cuando había una grieta en una estatua o en un jarrón, los comerciante deshonestos la rellenarían con cera para que nadie pudiera advertir los desperfectos. Entonces la vendía como una pieza genuina y en perfecto estado. Un cliente confiado la compraba, la llevaba a su villa y la exhibía en su jardín. Claro que en un día caluroso, al contemplarla vería sorprendido que la cera salía y dejaba al descubierto una grieta en aquella hermosa obra de arte. Finalmente, los comerciantes de arte honrados y acreditados comenzaron a escribir sobre el material artístico que vendían la palabra "sincerus", queriendo expresar que la obra de arte no tenía ninguna aplicación de cera. En otras palabras, de esa manera garantizaban que era una obra en perfecto estado. De allí proviene, entonces, el término "sincero."

De esa manera Pablo estaba diciendo que no fuéramos falsos, sino genuinos, verdaderos. Aplicando esto al versículo anterior, que hablaba del amor, estaba diciendo que no debíamos andar por ahí expresando gestos de cariño o palabras afectuosas para dar a entender cuanto queremos a otras personas, si vamos a criticarles o a causarles algún daño apenas se aparten de nosotros. Eso es, pues, lo que aquí se está enfatizando, que seamos sinceros.

También dijo el apóstol en este versículo 10 que debíamos ser irreprochables, es decir, irreprensibles: "intachables". La palabra proviene del griego "aproskopoi", que también aparece en 1 Corintios 10:32, donde el apóstol Pablo pidió a los cristianos de Corinto que no fueran un tropiezo para nadie por causa de una mala conducta. Así que el deseo de Pablo para sus amigos de Filipos debería ser una preocupación para todos los creyentes, en el sentido de vivir una vida moralmente pura, que no haga que otras personas tengan una actitud de rechazo al Cristianismo y a los cristianos.

Por otra parte, también es importante destacar que no podemos vivir la vida cristiana o proclamar la Palabra de Dios sin ofender a alguien. Recordemos a la gente que se ofendió con la predicación de Pablo. Por tal motivo los creyentes deberían orar por sus pastores cuando estén proclamando la Biblia. Si ellos están realmente predicando la Palabra de Dios, algunos podrían sentirse agraviados, ofendidos. En el cumplimiento de su misión, ellos necesitan el apoyo de esas oraciones.

Resumiendo, vemos que Pablo quiso que sus lectores estuvieran correctamente relacionados con Dios, en una relación de comunión y compañerismo con El. Y en este versículo 10 el apóstol añadió para el día de Cristo. Esta frase hace referencia al día en que El venga a buscar a los suyos. Esta es la segunda vez que en esta carta se menciona el momento en el que el Señor recogerá a los Suyos. Todo hijo de Dios debería vivir en esta época a la luz del retorno inminente de Cristo. Esta idea estaba presente también en el apóstol Juan cuando escribió lo siguiente en su primera carta, 3:2 y 3: 2Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. 3Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Por ello, el día de Cristo, que Pablo menciona en esta carta a los Filipenses, el día de la venida de Cristo, y el pensar en que algún día seremos como El, nos motiva a vivir una vida pura aquí en la tierra. No hay un incentivo mayor para llevar, con la ayuda del Espíritu Santo, una vida santa. En realidad, la manera en que vivimos aquí, es decir nuestra conducta, es una demostración pública de si estamos realmente esperando la venida del Señor o no. En consecuencia, el estudio de la profecía, relacionado con la venida del Señor, no debería aislarnos de nuestras responsabilidades frente a Dios, frente a nuestros hermanos en la fe, y ante nuestro deber de difundir la Palabra de Dios y proclamar el Evangelio. Al contrario, debería ser de gran estímulo para intensificar nuestra consagración a esa misión, Y debería ser igualmente un motivo más para imprimir a nuestra acción un sentido de urgencia, pensando en Su Venida inminente, y en la condición de las personas que nos rodean y que se pierden, que están sin Cristo y sin esperanza.

Luego, en el versículo 11 leemos:

"Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios."

Aquí los frutos de justicia" son los frutos del Espíritu Santo. El Espíritu Santo está produciendo el fruto en las vidas de los creyentes. El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. El que los no creyentes puedan ver en nuestra vida ese carácter, ese reflejo divino de la obra de Dios en nosotros, trae con toda seguridad, como también dice este versículo, gloria y alabanza al nombre de Dios. Es decir, que honra a Dios y ensalza al nombre de Cristo. Muchas veces, la conducta de los cristianos, o sea, la falta de estos frutos en la vida de los creyentes, han sido un perjuicio para la causa de Cristo. Y esto tiene hoy una enorme importancia, teniendo en cuenta el creciente número de personas que han dejado de lado a Dios, apartándole de la escena humana, y que niegan el carácter divino de la persona de Cristo.

Ahora, leamos el versículo 12, para entrar en la sección que nos explica que

La prisión y la aflicción hacen progresar el evangelio

"Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han contribuido más bien al progreso del evangelio"

El Apóstol Pablo les estaba hablando aquí categóricamente, con mucha fuerza y convicción. Cuando los Filipenses se enteraron de que Pablo estaba en la cárcel, le enviaron un mensaje por medio de Epafrodito, que era su pastor. En dicho mensaje probablemente le expresaban cuanto lamentaban lo que le había sucedido y que estuviera pasando por tan terrible experiencia, conscientes también de que su cautiverio impedía sus viajes de propagación del Evangelio. Es posible que, conociendo la pasión de Pablo por predicar el Evangelio y por contribuir al crecimiento espiritual de las iglesias que él estaba estableciendo, los Filipenses también hayan pensado que el apóstol estaba desanimado por ese triste desenlace, al verse inmovilizado en una prisión romana, Entonces Pablo les contestó: "No os preocupéis. Quiero que sepáis que todo lo que me ha sucedido y su actual situación no han sido un estorbo, sino que han contribuido a la difusión del Evangelio."

O sea, que lo que Pablo les estaba expresando, desde su propia experiencia, era que, aprendieran una importante verdad. Que no hay accidentes, ni imprevistos en los planes de Dios. Y esa verdad constituye una lección para nosotros hoy. Porque a veces, nos surgen situaciones, pruebas, dificultades que nos resultan incomprensibles y que nos producen desaliento. Ese desánimo frecuentemente nos frena, nos inmoviliza, nos entristece y nos hace perder tiempo mientras tratamos de explicarnos por qué algo nos ha tenido que suceder en un determinado momento, y justamente a nosotros. Si Pablo se hubiera desanimado de esa manera, si se hubiera convertido en un preso amargado, silencioso y poco comunicativo, centrado en sí mismo y desarrollando autocompasión, Dios no habría podido cumplir Su propósito de utilizarle para llegar a personas de tanta influencia y elevada posición en el Imperio Romano, como ya hemos visto. Y, a la vez, Dios utilizó esa experiencia del apóstol para colocarle como ejemplo ante los cristianos de todos los tiempos, de cómo debería reaccionar el creyente ante el sufrimiento y las circunstancias más adversas. Realmente, Dios puede transformar una experiencia de privación física, y de aislamiento, en una fuente de bendición personal, y en una fuente de bendición para los demás cristianos.

Después, el apóstol procedió a aclarar lo que quería decir con estas palabras. Leamos el versículo 13:

"De tal manera que en todo el pretorio, o sea, en la guardia del palacio, y entre todos los demás se ha hecho evidente que estoy preso por causa de Cristo."

El palacio era la misma corte de César. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 28, versículo 16, se nos dice: "Cuando llegamos a Roma, el Centurión entregó los presos al prefecto militar; pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que lo vigilara". Pablo estaba encadenado a un miembro de la guardia del pretorio, y estos hombres eran los patricios romanos, miembros de la casa de César.

Según el relato de los Hechos 9:15, cuando Pablo se convirtió, el Señor Jesucristo le dijo que él sería un instrumento escogido para dar a conocer su nombre tanto a las naciones y a sus reyes como al pueblo de Israel. Bueno, hasta este momento él había presentado el Evangelio mayormente a una gran variedad de ciudadanos comunes del Imperio Romano. Pero en este momento, un miembro de la realeza estaba encadenado a él. Cada cuatro horas, al producirse el cambio de la guardia, el guardia de turno se iba y era reemplazado por un nuevo guardia que sería a su vez encadenado a Pablo. ¿De qué cree usted que habló durante esas cuatro horas? Suponemos que algunos de aquellos guardias estarían felices por ser relevados por un compañero. Quizás más de alguno le habrá dicho al que le reemplazaba: "¡Cuánto me alegro de verte! ¡Este hombre, Pablo, está tratando de hacerme cristiano!" Pero muchos de ellos llegaron a ser cristianos. Así fue que el Evangelio penetró en la corte de César. Más adelante, Tertuliano escribió que el gobierno romano se preocupó cuando se descubrió que había cristianos en cargos de autoridad. Muchos de estos hombres morirían a causa de su fe en el Señor Jesucristo.

Esta fue la primera evidencia que el apóstol Pablo dio de que su encarcelamiento no había sido un obstáculo para el avance del Evangelio, sino que, por el contrario, le había permitido llevar el Evangelio a la casa del César, hecho que de otra manera, habría resultado imposible.

Los caminos de Dios son realmente misteriosos y, muchas veces escapan totalmente a nuestra comprensión, que es deficiente, limitada. El utilizó los medios más sorprendentes y eficaces para que su mensaje llegue a los seres humanos y, especialmente, a aquellos que de otra manera no habrían podido escucharlo por su posición social o política. Y el continúa actuando hoy, para que ese mismo mensaje de salvación llegue a las personas que se encuentran en las más variadas situaciones de la sociedad. Este mensaje del amor de Dios, que pide de usted, estimado oyente, una respuesta, ha llegado hoy a usted. Por ello le invitamos a recibir como Salvador al Señor Jesucristo, el único camino que conduce a Dios; Él es el mismo Señor que los siervos de Dios de todos los tiempos presentaron, y por quien entregaron su vida.

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