Estudio bíblico de Filipenses

Predicación escrita y en audio de Filipenses 3:7-14

Filipenses 3:7-14

En este día, amigo oyente, llegamos una vez más a este notable tercer capítulo de la epístola del Apóstol San Pablo a los Filipenses. Vamos a comenzar nuestra lectura en el versículo 7. En nuestro programa anterior, vimos que Pablo mencionaba para nosotros las cosas en las cuales él podía confiar y en las cuales él se apoyaba cuando tenía puesta su confianza en sus propios esfuerzos humanos. Es decir que él creía que sus buenas obras, su religión, sus ritos, sus sacrificios, todo lo que él hacía contribuía para su salvación. Pero luego, cuando se encontró con el Señor Jesucristo en el camino a Damasco, se dio cuenta de que algo ocurrió en su vida. Y, ¿qué fue lo que ocurrió? Experimentó una verdadera revolución, una transformación integral. Escuchemos lo que él dijo aquí en el versículo 7, de este capítulo 3, de su epístola a los Filipenses, que estamos estudiando:

"Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo."

En el lado del "haber", es decir donde estaba el saldo positivo de su Libro Mayor de contabilidad, Pablo había estado añadiendo sus antecedentes, su carácter y su religión. Parecía una lista impresionante, y realmente lo era, en el plano humano. Pero repentinamente, todo ello se convirtió en un "débito", en un cargo. Y dejó de confiar en esas cosas porque tuvo un encuentro con Cristo. Le había odiado antes y se dirigía hacia Damasco para perseguir a sus seguidores, pero entonces, Aquel que se encontraba en el lado "Débito", el lado de los cargos, se desplazó al "Haber", donde se encuentra el saldo positivo. Y Pablo depositó toda su confianza en Jesucristo.

Amigo oyente, si el sistema de contabilidad de nuestras naciones fuera transformado de esa manera, cambiaría la economía mundial y, en realidad, tendría lugar una revolución, así como tuvo lugar una revolución en la vida de Pablo. En realidad, estimado oyente, cualquier conversión a Cristo es una revolución, porque las cosas que antes se consideraban ganancia, ahora se convierten en una pérdida. Y lo que antes se consideraba una pérdida, ahora se convierte en una ganancia. Esta transformación lo pone a usted al revés, y al derecho. Lo coloca en una posición totalmente diferente. Eso es lo que significa la conversión.

Entre los versículos 7 y 8, existe una pausa de tiempo. No sabemos cuánto tiempo transcurrió, pero creemos que el período se extendió por toda la vida de Pablo desde su conversión hasta el tiempo en que él estaba escribiendo esta carta. Había ido a sus viajes misioneros y en este momento se encontraba en una prisión en Roma. Continuemos leyendo el versículo 8:

"Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo"

La conversión de Pablo no fue simplemente la experiencia de un momento. Hay muchas personas que piensan que usted puede dirigirse hacia el altar, o simplemente pasar hacia delante, donde se encuentra el predicador, creer que uno ve una visión, o sentir que es elevado a las alturas, y que ya está, que eso es todo. Pero, estimado oyente, permítame decirle que la conversión es algo que permanece con usted. No es simplemente una experiencia de solo un momento. Aunque ocurre en un momento de tiempo, continúa por toda una vida. Y la santificación no es una gran experiencia emocional. Es un andar, un caminar diario dependiendo de Dios.

Pablo dijo que desde el momento de su conversión el vivía para Cristo. Había sufrido la "pérdida" de todas las cosas. Y Jesucristo era su pensamiento principal. Y las cosas que el solía considerar más valiosas, ahora las consideraba como si fueran basura, estiércol. Y como podemos ver, prácticamente decía que estaba tirando a la basura todas las cosas en las que confiaba. Ahora confiaba en el Señor Jesucristo y solamente en El, para la salvación.

El Dr. Carrol dijo en cierta ocasión: "Cuando yo me convertí, perdí mi religión". Y hay muchas personas que necesitan perder su religión y encontrar a Cristo Jesús, como lo hizo Pablo. El estaba tan revolucionado que lo que había sido una posesión querida y valiosa, fue relegada al cubo de la basura. Y entonces Pablo pronunció una declaración teológica sobre lo que le había sucedido. Leamos el versículo 9:

"Y ser hallado unido a él, no teniendo mi propia justicia, que se basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios y se basa en la fe."

Este fue el versículo que vino a la mente de Juan Bunyan, autor de la novela "El peregrino", mientras caminaba por los maizales una noche, preguntándose cómo podría presentarse él ante Dios. Contando esa experiencia dijo que se vio a sí mismo, no solo como un pecador, sino como todo pecado, desde la cabeza hasta los pies. Entonces fue consciente de que él no tenía nada, y de que Cristo lo tenía todo.

Veamos ahora la frase Y ser hallado unido a Él, no teniendo mi propia justicia. Su propia justicia, como él nos lo dijo muy claramente, era la de la ley, es decir, el guardar la ley. Por ejemplo, él podía jactarse del hecho de que guardaba el día sábado. Y el nuevo Pablo, tiempo después de su conversión, escribía a los Colosenses diciéndoles: que nadie os juzgue a vosotros por lo que coméis o bebéis, o con respecto a días de fiesta religiosa, de luna nueva o de reposo. La frase mi propia justicia se refiere a una justicia legal, y Dios ya ha declarado en Isaías 64:6 que toda nuestra justicia humana es, a la vista de Dios, como trapos de inmundicia. La justicia del hombre es como trapos de inmundicia ante Él. Y Dios no está aceptando cosas de esa naturaleza, estimado oyente, que puedan compararse a la ropa sucia. Sin embargo, Él está aceptando a pecadores impuros. Sí, y Él es quien los puede limpiar.

Pablo, había renunciado a reclamar o a atribuirse algún mérito por toda su justicia propia.

Cuando un pecador se acerca a Cristo, lo hace como en bancarrota, en estado de ruina total. No puede ofrecerle nada, no trae nada, viene con las manos vacías, como un mendigo. Y por otra parte, Cristo lo tiene todo, y se lo ofrece al pecador.

Estimado oyente, que este versículo penetre en su mente y forme parte de sus pensamientos. Ser hallado unido a él, no teniendo mi propia justicia, que se basa en la ley, sino la que se adquiere por la fe de Cristo, la justicia que procede de Dios e se basa en la fe.

Ahora, la frase importante aquí es por la fe. Esa es la única forma en que usted puede obtener esa justicia. Usted no puede trabajar para conseguirla, tampoco la puede comprar, ni siquiera la puede robar. Simplemente tiene que creer en El.

Veamos ahora la frase La justicia que procede de Dios. Es justicia está disponible para el pecador porque cuando Cristo murió en la cruz, quitó sus pecados, y resucitó de los muertos para su justificación. Estimado oyente, Dios ni siquiera puede "soportarnos" en nuestro estado no regenerado. No somos atractivos para El. El mismo hecho de que El nos amó y se entregó por nosotros es la declaración más asombrosa que jamás se haya hecho. Y como resultado, somos aceptados por el amado Hijo de Dios.

Recordemos que en este capítulo 3, en los versículos 1 al 9 acabamos de ver como Pablo cambió sus Esquemas de vida del pasado. En los versículos 10 al 19, veremos como cambió sus Propósitos para el presente, y en los versículos 20 y 21, como cambió su Esperanza para el futuro. Pasemos, pues, en primer lugar al segundo tema de este capítulo, que es que

Pablo cambió sus propósitos para el presente

Pablo ya no iba a intentar construir una justicia legal para sí mismo. No estaba dispuesto a ver cuán religioso y piadoso podía llegar a ser, y ello incluía perseguir a la iglesia. Y ya que había cambiado sus esquemas del pasado, (que ilustramos como su sistema de contabilidad) él también iba a cambiar su propósito para el presente. Escuchemos lo que iba a hacer, leyendo los versículos 10 y 11:

"Quiero conocerlo a él y el poder de su resurrección, y participar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejante a él en su muerte, si es que en alguna manera logro llegar a la resurrección de entre los muertos."

Algunas personas tienen la impresión de que ser salvo por la fe significa que no hay ninguna motivación para la conducta y las obras. Piensan que si una persona es salvada por gracia debe querer decir, figurativamente hablando, que se puede sentar y quedarse tranquila, sin hacer nada. Y nada está más lejos de la verdad. La fe que salva es una fe que lo pone a uno en movimiento. El apóstol Santiago no estaba hablando de las obras de la ley sino de las obras de la fe, cuando escribió en su epístola 2:18, Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras. Estimado oyente: Si usted ha sido salvo por la fe, queremos ver sus obras. Y, si usted no tiene obras, entonces no es salvo. Esto es exactamente lo que Pablo estaba diciendo. Si usted ha sido salvo por la fe, usted tiene una nueva motivación, un nuevo propósito en la vida, un nuevo estilo de vida. Si su fe en Cristo no le ha cambiado, entonces, usted no ha sido salvado. Usted es aún ese viejo hombre, produciendo la misma vieja vida. Él apóstol disipó esa noción de que el ser salvo por la fe quería decir que uno puede, espiritualmente hablando, sentarse en una mecedora y permanecer allí durante todo el camino hacia el Cielo.

Pablo exhibió en este pasaje un esfuerzo, una energía que procedía del Espíritu Santo, que era mucho más poderosa que cualquier esfuerzo legal. Bajo la ley, este hombre estaba dispuesto a ir a Damasco para acabar con los seguidores de Cristo. Bajo el sistema de la gracia y la fe, él iba a ir hasta los confines de esta tierra para hacer seguidores de Cristo y para dar testimonio de Él. Es que la fe produce algo. Debemos ser muy claros en este asunto. Sus obras no tienen nada que ver con su salvación. Usted está limitado a una cruz, para su salvación. Dios sólo le está preguntando a usted, estimado oyente que aún no es salvo, le está preguntando una cosa: ¿Qué va a hacer usted con Cristo, quien murió por usted?" Y si usted le acepta a Cristo como Salvador, usted entonces es salvo por fe. Y esa es la justicia que viene solo por la fe. E incluso, su vida después de la salvación no edifica una justicia que tenga algo que ver con su salvación. Su fe en Cristo es para usted una motivación de vivir para Dios. Esa es la razón por la cual Pablo vivió en la forma en que lo hizo.

Observemos la frase de Pablo: quiero conocerle a él. Hacia el final de su vida, el apóstol tenía la ambición de conocer a Cristo. Hay algunas personas que dan la impresión hoy de que ya lo conocen todo; que ya han llegado a un punto en el que ya no necesitan aprender más y lo único que se dedican a hacer es a darle brillo a su aureola cada mañana, y entonces ya están listas para despegar en cualquier instante. Sin embargo Pablo, el misionero más importante que el mundo jamás ha conocido, dijo al final de su vida: mi ambición es aún la de continuar conociendo a Cristo, su persona, y el poder de su resurrección.

Y permítame decirle, amigo oyente, que ese es uno de los grandes consuelos que yo tengo, porque creo que lo que más necesito es la realidad de la persona de Cristo en mi vida. En cuanto a usted, voy a decirle que eso es lo que usted necesita. Y todos nosotros en realidad, necesitamos la realidad de Cristo en nuestras vidas.

Y después nos habló el apóstol de participar de sus padecimientos. Una persona que escuchó un mensaje nuestro sobre el Salmo 22, dijo: "Ah, yo nunca supe cuanto sufrió Él por mi". Y, amigo oyente, permítame decirle, que yo quiero conocer la participación de Sus padecimientos, y que quiero entrar en ellos. El conocer a Cristo y Su obra de redención demandará nuestra atención toda la eternidad. Vamos a pasar la eternidad alabándole por ello. Si a usted le aburre ese tema ahora, si usted no disfruta alabando a Cristo ahora, no veo por que usted desearía ir al cielo.

Ahora, en el versículo 11, Pablo dijo: Si en alguna manera logro llegar a la resurrección de entre los muertos. Cuando Pablo usó la palabra "si" no estaba expresando dudas sobre su participación en el recogimiento de la Iglesia. Más bien, estaba afirmando que tomaría parte en ese evento con gran alegría. Pablo no espera obtener la perfección en esta vida, y, por tanto, esperaba tener una participación completa en el arrebatamiento futuro de los creyentes. Cuando una persona me dice que no cree en el arrebatamiento, me pregunto como será su relación con la persona de Cristo. Pablo estaba diciendo "Mi ambición, el propósito que yo busco, es no sólo de conocerle a Él, sino que yo tome una parte significativa y alegre en ese evento que surge de la resurrección y que es el arrebatamiento de la iglesia". Veamos ahora lo que dijo Pablo aquí en el versículo 12, de este capítulo 3, de su epístola a los Filipenses:

"No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también alcanzado por Cristo Jesús."

El conocimiento de que Pablo no lograría la perfección no desalentó al apóstol en su determinación de continuar en esa dirección. La perfección significa una madurez completa. Pablo sabía que no había llegado a esa meta. Con toda seguridad, él estaba de acuerdo con Pedro en que deberíamos crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (según Pedro escribió en 2 Pedro 3:18).

Ahora el versículo siguiente nos dará el modo de proceder en la vida del apóstol Pablo. Leamos entonces el versículo 13 de este tercer capítulo de Filipenses.

"Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante"

Aquí el apóstol reconoció lo siguiente: yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado. Pablo estaba diciendo que no había llegado. Es lamentable que muchos cristianos se sientan cómodos en su ignorancia. Piensas que lo saben todo.

El Apóstol continuó diciendo, pero una cosa se. Hablando de la vida corriente, si pudiéramos llevar la vida cristiana allí donde tendríamos que tenerla, sería una vida libre de complicaciones; Pablo había reducido su vida a un solo punto.

Dice ahora la frase: olvidando ciertamente lo que queda atrás. Pablo estaba dejando el pasado atrás con todos sus errores, no permitiendo que le perjudicara para el futuro. El futuro, --el vivía en el presente, en la anticipación del futuro en el que el crecerá y se desarrollará.

Y Pablo continuó diciendo en el versículo 14:

"Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús."

La primera frase que nos impacta es: prosigo a la meta, al premio. Pablo se comparó a sí mismo con un atleta corriendo por un premio. Recordemos que Pablo había sido testigo de los juegos Olímpicos, al menos tuvo muchas oportunidades de hacerlo. Había un gran anfiteatro en Éfeso, que tenía capacidad para 100.000 personas, y los Juegos Olímpicos se celebraron allí algunas veces. Pablo estuvo viviendo en Éfeso por 3 años, y nos resulta difícil creer que no vio los juegos, especialmente porque él usó muchas figuras lingüísticas que fueron tomadas de estos eventos atléticos.

Y aquí tenemos la frase al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. El premio no sería una recompensa terrenal sino ser arrebatado y estar en la presencia de Jesús. El supremo llamamiento de Dios es a veces traducido "su llamamiento celestial". Nosotros vamos a estar en Su presencia. Vamos a ser como El. Estas fueron las realidades que Pablo dijo que le esperaban en el futuro.

Tenemos que dejar bien claro que nosotros no estamos participando en esa carrera para obtener la salvación. La salvación no es el premio. En realidad solo hay dos estados. Tenemos a Cristo, o no le tenemos. Confiamos en El, o no confiamos en El. Y la única forma en que podemos tener la salvación es por medio de la fe en Cristo. La salvación es un don, un regalo. Un regalo es diferente a un premio. Cuando alguien nos presenta un regalo, lo aceptamos sin dudar y lo agradecemos. Es algo por lo cual no hemos tenido que trabajar, ni esforzarnos. El apóstol Pablo lo afirmó claramente en Efesios 2:8 y 9 cuando escribió: 8porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. 9No por obras, para que nadie se jacte. Así que la salvación no se gana, como si fuera un premio en una carrera. Sino que es un don, un regalo que uno acepta.

Ahora el apóstol Pablo, después que hubo recibido la vida eterna, estaba viviendo como quien compite para obtener un premio. Cristo se había convertido en lo más importante para El y entonces corriendo su carrera para ganar a Cristo. ¿De qué manera? Bueno, algún día se presentaría ante El, y pensaba en que cuando estuviese en Su presencia, no quería ser avergonzado. El apóstol Juan dijo que era posible que uno se sintiera avergonzado cuando Cristo llegara. Esto lo escribió en su primera carta, 2:28, 28Ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados. Hoy hay muchos cristianos que expresan su deseo de que Cristo venga, pero que si supieran lo que significa, lo que esa llegada significará para ellos, probablemente querrían postergar por un tiempo ese encuentro con Cristo. Si usted cree que puede vivir una vida cristiana descuidada y que no tendrá que responder por ello, está completamente equivocado. Uno de estos días tendrá que presentarse ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de la manera en que ha vivido su vida. Estimado oyente, le sugiero que se sitúe en la pista de carreras y comience a vivir una vida cristiana con la mirada puesta en El. Podemos imitar entonces al escritor de esta carta en su firme resolución. Recordemos que dijo: Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

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