Estudio bíblico de Filipenses 4:4-6

Filipenses 4:4-6

Nos encontramos hoy, amigo oyente, en el último capítulo de esta maravillosa epístola a los Filipenses que tiene un gran énfasis en el vivir cristiano. En el primer capítulo vimos la filosofía de la vida cristiana: "para mí ? dijo Pablo ? el vivir es Cristo, y el morir es ganancia". Luego, vimos la norma para el vivir cristiano; dijo Pablo: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús". Después examinamos el premio del vivir cristiano en el capítulo 3, donde Pablo dijo: "Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". Y usted puede notar que el Señor Jesucristo es el centro mismo y la periferia del vivir cristiano.

Ahora, aquí en el capítulo 4, vemos el poder, la fortaleza del vivir cristiano, y este pensamiento se destaca especialmente cuando llegamos al versículo 13 y el apóstol dijo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."

Nos encontramos ahora en el versículo 4 de este último capítulo, de la epístola a los Filipenses, en la primera sección donde encontramos "la fuente del poder". Más adelante, en los versículos 5 al 7 tenemos "el secreto del poder". Luego, continuando nuestra lectura en los versículos 8 y 9, tendremos "el santuario del poder" y en los versículos 10, hasta el último del capítulo, veremos "la satisfacción del poder". Veamos pues ahora lo que dice este versículo 4, del capítulo 4, de la epístola a los Filipenses:

"Alegraos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Alegraos!"

Este es un mandamiento a un cristiano, a un creyente, para alegrarse en el Señor siempre. Y hay que sentirse así indiferentemente del día, ya sea éste brillante u oscuro, difícil o fácil, traiga problemas y tentaciones, o se sienta uno en el séptimo cielo. Se nos ha mandado alegrarnos. Y Pablo lo repitió, por si no lo hubiéramos oído la primera vez, diciendo Otra vez digo: ¡Alegraos! La alegría es algo que no podemos producir por nosotros mismos; es un fruto del Espíritu Santo.

No hay poder en la vida cristiana si ésta no tiene alegría. Alguien que no experimenta la alegría del Señor no tiene poder en absoluto.

Después que Nehemías hubo terminado de edificar la muralla de Jerusalén colocaron un púlpito en la Puerta de las Aguas y desde allí, Esdras leyó las Sagradas Escrituras desde la mañana hasta el mediodía. Esa gente acababa de salir del cautiverio de Babilonia. La mayoría nunca había escuchado la Palabra de Dios. Y ésta Palabra los abrumó. Comenzaron a lamentarse y a llorar. Entonces, como vemos en el capítulo 8, versículo 10 de su libro: Nehemías les dijo: id, comed alimentos grasos, y bebed vino dulce y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque éste es día consagrado a nuestro Señor. No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza". Ellos tendrían que compartir las bendiciones físicas que Dios les había dado, ya que El quería que las disfrutaran. A nosotros como creyentes, Dios nos ha dado en abundancia todas las cosas para que las disfrutemos, y disfrutar significa alegrarse. Esa es su fuerza, ese es su poder. Usted no puede ser un cristiano con poder y sin alegría, que es la que permite acumular energía. La alegría es la fuente del poder.

Podemos ilustrarlo con algo que el mundo ha adoptado. En realidad, el mundo comercial lo ha convertido en algo hipócrita. Usted se da cuenta que un vendedor que quiere venderle algo a usted, siempre aparece ante usted como una persona feliz. Usted nunca habrá ido a un comercio a comprar algo, encontrando al vendedor con un rostro compungido y que le hable en un tono de tristeza. Por el contrario, el vendedor sonreirá y tratará de contagiarle su entusiasmo sobre la calidad de cierto producto. Ninguno de esos vendedores tendría mayor éxito ante los clientes presentándose serio, triste o distante.

Un hijo de Dios, amigo oyente, debería expresar una alegría verdadera, la alegría del Señor en su vida.

El mundo está empeñado en producir esto. En realidad, la gente gasta mucho dinero para producir alegría, a la que llaman felicidad. Los actores cómicos ganan mucho dinero por contar historias y hacer reír a los demás, Y la gente está dispuesta a gastarlo. ¿Por qué? Porque necesitan reírse para compensas las insuficiencias o carencias de la vida. Están intentando encontrar un poco de felicidad mientras recorren el camino de la vida. El hijo de Dios que transita por la vida con una apariencia de estar amargado y con una actitud de resentimiento hacia este mundo, nunca tendrá ningún poder en su vida. Esas personas deberían tomar en serio el mandamiento de Pablo a alegrarse en el Señor.

En épocas pasadas se llamaba a la reunión de oración, "la hora del poder". Bueno, ese es un nombre apropiado para un encuentro de oración, pero necesitamos algo más. Necesitamos regresar a la fuente y la fuente del poder es la alegría. En nuestras reuniones de oración, antes de pedirle a Dios algo más, oremos para que El nos de alegría en nuestras vidas. No olvidemos que el enemigo de Dios, el diablo, intenta arrebatarnos nuestra alegría, precisamente por que esa alegría es la fuente de nuestro poder, de nuestra fortaleza.

Tal como adelantamos al principio del programa, entre los versículos 5 al 7 entramos a un nuevo párrafo. Leamos entonces el versículo 5, que nos introduce al tema

La oración - El secreto del poder

"Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca."

Matthew Arnold tradujo eso como "dulce moderación". Y me gusta esa expresión, "Vuestra dulce moderación sea conocida de todos los hombres". Tenemos que ser moderados, más racionales y no intolerantes en nuestra fe. Por supuesto que deberíamos tener convicciones profundas, pero no debemos entregarnos al fanatismo, tratando siempre de enfatizar algún punto pequeño que creemos importante. Lo que necesitamos hacer es enfatizar el asunto importante, y realmente tenemos uno. El tema importante es la persona de Cristo. Y en Su persona deben basarse las convicciones profundas. Otra versión traduce este versículo: "Que vuestra amabilidad sea evidente a todos."

Y el apóstol continuó diciendo El Señor está cerca. El apóstol Pablo creía que el Señor Jesús podía llegar en cualquier momento. Evidentemente, él no esperaba entrar en el período de la Gran Tribulación.

Continuemos leyendo ahora el versículo 6 de este cuarto capítulo de Filipenses:

"Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias."

Aquí se destaca la primera frase Por nada estéis angustiados. Otras versiones traducen "No os inquietéis por nada" o "no os aflijáis por nada". El hecho es que Pablo parecía hacer un juego de palabras con los pronombres indefinidos "nada" y "todo". El autor de estos estudios sugiera la traducción: "No os preocupéis por nada, orad por todo". Realmente, la oración es el secreto del poder".

Bueno, ahora se nos dice: por nada estéis angustiados. En el versículo 4 se nos dio uno de los nuevos mandamientos: "Alegraos". Ahora, entonces, tenemos otro mandamiento: "No os preocupéis por nada, orad por todo".

Esta palabra "nada" es muy interesante. Si usted tiene algo, ya no es "nada". Quizá no sea una expresión gramatical correcta, pero es una afirmación exacta. Nada es nada, y usted no tiene que afanarse por la nada. Ahora, ¿quiere decir esto que tenemos que mirar a la vida a través de un cristal coloreado, y que no debemos enfrentarnos a la realidad? ¿Hemos de creer que el pecado no es real? ¿Que la enfermedad no es algo real? ¿Qué los problemas no son reales? ¿Hemos de ignorar estas cosas? No, estimado oyente. Pablo dijo que no debíamos angustiarnos por nada porque tenemos que orar por todo. La palabra "nada" excluye, deja fuera a todas las demás cosas. Este es un mandamiento que solemos incumplir, ¿no le parece, estimado oyente?

Pablo creía en el retorno inminente de Cristo y esa alegre expectativa debió alejar de él todo sentimiento de ansiedad. Así que, recapitulando lo dicho, podemos afirmar que el pedido del apóstol a los Filipenses de que no se angustiaran por nada no constituía un llamado a vivir una vida despreocupada, ajena a la realidad. Preocuparse o estar verdaderamente preocupado es una cosa, y estar muy preocupado, angustiado, y dominado por la ansiedad, es otra cosa diferente. Pablo les dijo a los Corintios (2 Corintios 11:28) que cada día sentía el peso de su preocupación por todas las iglesias. Y en esta misma carta a los Filipenses 2:20, Pablo les dijo que Timoteo se preocupaba verdaderamente por el bienestar de ellos. Sin embargo, aun sintiendo esa preocupación, tanto Pablo como Timoteo retuvieron su confianza en Dios. Y el ejemplo máximo para nosotros, fue Jesús mismo, (en Mateo 6:25-33) quien advirtió a sus discípulos que no se dejaran dominar por una preocupación ansiosa por sus propias necesidades físicas.

Hemos afirmado que la razón por la cual no debemos angustiarnos por nada, es que tenemos que orar por todo. Esto significa que tenemos que hablar con el Señor sobre todos los aspectos de nuestras vidas. Nada debería quedar fuera de nuestra comunicación con El en oración.

Hay personas que creen que hay algunas cosas por las cuales no debiéramos orar, porque creen que son cosas muy pequeñas, muy insignificantes y que no debiéramos molestar a Dios con esto. En cierta ocasión, hace muchos años una anciana se acercó al doctor G. Campbell Morgan, que era un famoso expositor Bíblico y le preguntó: "Dr. Morgan, ¿cree usted que debiéramos orar por las cosas pequeñas que hay en nuestras vidas?" A esto, el doctor Morgan respondió con característica forma escueta de hablar; "Señora, ¿puede usted mencionarme algo en su vida que sea grande para Dios?" Estimado oyente, cuando usted y yo decimos que vamos a llevar nuestros grandes problemas ante Dios, ¿qué queremos decir, en realidad, con "grandes problemas"? Esos problemas grandes, desde el punto de vista humano, son insignificantes para El. Y lo que nosotros consideramos pequeño, El quiere que también se lo presentemos en oración. Como creyentes tenemos que adquirir el hábito de presentarle en oración todos nuestros problemas o temas, sin excluir a ninguno de ellos.

Créanos amigo oyente, que en ocasiones cuando uno se encuentra completamente solo por algunas horas, es bueno, es maravilloso invitar al Señor Jesucristo a que le acompañe y conversar con Él. Simplemente se trata de hablarle, decirle todo acerca de uno, y contarle todas las cosas que uno no le contaría ni al amigo más íntimo.

Vamos a compartir algo que escribió Fénelon, uno de los místicos de la Edad Media y que parece abarcar todo lo que Pablo quiso decir cuando escribió que los Filipenses debían presentar a Dios sus peticiones en toda oración y ruego. Y citamos lo que dijo Fénelon:

"Cuéntale a Dios todo lo que tienes en tu corazón, así como si uno vaciara su propio corazón, con sus placeres y sus dolores, ante un amigo querido. Cuéntale a Él todos tus problemas para que Él te pueda consolar. Cuéntale a Él todas tus alegrías para que Él pueda moderarlas. Cuéntale tus deseos para que Él los pueda purificar. Cuéntale a Él las cosas que te producen aversión, para que Él te ayude a conquistarlas. Cuéntale tus tentaciones para que Él pueda protegerte de ellas. Muéstrale las heridas de tu corazón para que Él las pueda sanar. Revélale tu indiferencia ante lo bueno, tus gustos depravados por el mal, tu inestabilidad. Cuéntale a Él cómo tu amor propio te hace injusto hacia otros; cómo la vanidad te tienta para ser poco sincero; cómo el orgullo te encubre ante ti mismo, así como ante los demás. Si tú derramas de esta manera todas tus debilidades, necesidades, problemas, no te faltará qué decirle, nunca agotarás el tema; se renovará continuamente. A las personas que no tienen secretos una con otra, nunca les hacen falta temas de conversación. Nunca tienen que sopesar sus palabras porque no hay nada que ocultar. Tampoco tienen que buscar algo que decir. Ellos hablan de la abundancia del corazón, sin consideraciones, simplemente dicen lo que piensan. Benditos son aquellos que han logrado obtener una relación tan familiar, sin reservas con Dios". Hasta aquí, lo que expresó Fénelon.

Quizás usted piense que suena muy piadoso lo que hemos dicho que estamos dispuestos a dar testimonio de que presentamos nuestras cargas al Señor en oración. Debemos confesar que algunos de nosotros, después de haber expuesto todo ante El, cuando terminamos de orar, lo recogemos de vuelta, colocamos los problemas sobre nuestros hombros, y comenzamos nuevamente a llevar nuestras cargas. Ese es el problema de muchos cristianos. El Señor desea que confiemos en El hasta el punto en que no nos preocupemos ansiosamente por nada, y oremos acerca de todo. Ya quisiéramos algunos de nosotros poder decir que nos sentimos tan libres como el pájaro en los árboles, libres como las abejas recogiendo la miel. El quiere que tengamos esa forma de ser.

Estimado oyente, quizás usted conozca a un pájaro que se llama sinsonte, nombre con el se le conoce en algunos países, y que tiene un cantar muy hermoso. Ahora, ¿sabe usted que este pájaro canta también por la noche? Claro que no está cantando realmente para uno. Y quizás a él no le preocupe mucho si le escuchamos cantar o no. Pero la hembra está allí sentada sobre algunos huevos, y para ella debe ser muy aburrido estar sentada todo el día sobre un montón de huevos. Así que, entonces, este pájaro sinsonte pasa la noche cantando para su compañera. Si uno se despierta temprano por la madrugada lo puede escuchar cantarle a su pareja. ¿No le parece esto entrañable, estimado oyente? Ahora esta ave tampoco se preocupa por su alimentación, ni cómo la va a conseguir. Ella no le pide permiso al dueño de ninguna casa para llegar y tomar las frutas de su huerto o dondequiera que se encuentren. Simplemente va y sabe que esa fruta está allí, la toma y se la come. Estimado oyente, realmente, ¿confiamos en Dios de esa manera?

Veamos ahora otro detalle sobre la frase Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Pablo nunca permitió que la oración constituyera un salto en la oscuridad. La oración se apoya sobre un fundamento. Como dijo el apóstol a los Romanos en el capítulo 10, versículo 17 de ese libro: Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Dios. La oración se apoya en la fe, y la fe se apoya en la Palabra de Dios. Ahora, aquí en Filipenses 4, él dijo que cuando usted se dirige a Dios con un pedido, tiene que darle las gracias en ese mismo momento en que le está presentando su petición.

Algunos comentaristas Bíblicos interpretan estas palabras en el sentido de que cuando uno recibe la respuesta a su oración, entonces tiene que dirigirse a Dios para darle las gracias. Bueno, eso no es lo que dijo Pablo. El apóstol pudo expresarse en un lenguaje muy versátil, el idioma griego, y en consecuencia, pudo expresar exactamente lo que quiso decir. Y lo que dijo fue que cuando usted presente su pedido en oración, en ese mismo instante usted debe darle gracias a Dios por haberle oído y respondido su oración.

Continuaremos considerando este mismo tema en nuestro próximo programa. Hoy hemos escuchado el pedido del apóstol de que sus lectores se alegraran siempre, en medio de cualquier circunstancia. Estimado oyente, ese paso de fe solo puede darse cuando uno es verdaderamente un hijo de Dios. Entonces puede alegrarse por las circunstancias o experiencias pasadas, por las presentes y, anticipadamente, por las futuras. Porque puede acercarse a su Padre celestial con la confianza de ser atendido por El, sabiendo que El oye todas sus oraciones, y teniendo la seguridad de que Su respuesta, sea esta afirmativa o negativa a su pedido, será la mejor y más apropiada para que usted disfrute en esta tierra de la calidad de vida espiritual que El provee a aquellos que le aman.

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