Estudio bíblico de Mateo 8:18-9:14

Mateo 8:18 - 9:13

En nuestro programa anterior habíamos estudiado los 3 primeros milagros relatados en este capítulo: la curación de un leproso, del criado de un centurión y de la suegra del apóstol Pedro. Así que leamos hoy en el 8:18:

"Viendo Jesús una multitud a su alrededor, dio orden de pasar al otro lado."

Observemos las grandes multitudes que rodeaban a Jesús. Literalmente, El sanó a miles de personas afligidas y sin esperanza, y no sólo a estos casos individuales que quedaron registrados. El Evangelista Juan justificó este criterio selectivo, cuando escribió en 20:30 y 31.

"Y muchas otra señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro; pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre."

Pasamos ahora a considerar un párrafo que nos describe otro encuentro:

Dos hombres pidieron permiso para seguir a Jesús

Justamente cuando Jesús se estaba preparando para cruzar al otro lado del mar, se le acercó un hombre. Leamos el versículo 19:

"Y un escriba se le acercó y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas."

El escriba era, probablemente, un hombre joven, porque una persona mayor no hubiese actuado de esta manera. Estaba en medio de la multitud, acariciando la idea de seguir a Jesús, pero dudando si hacerlo o no. No sabía qué hacer y entonces, vio a Jesús preparándose para irse. El Señor y sus discípulos se dirigían ya hacia el bote, así que tuvo que decidirse rápidamente. Salió de la multitud, y aparentemente se inclinó ante Jesús, ofreciéndose a seguirle. Jesús le miró y le habló con franqueza. Dice el versículo 20:

"Y Jesús le dijo: Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza."

En efecto, es como si el Señor le hubiera dicho: "¿Has calculado el costo?" En sus palabras el Señor reveló su pobreza mientras estaba en esta tierra. Como el joven había abierto su corazón, el Señor también le abrió el suyo y en su referencia a la falta de un lugar donde descansar, se encontraba implícita una advertencia: "Seguirme, te costará algo". Continúan diciendo los versículos 21 y 22:

"Otro de los discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Pero Jesús le dijo: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos."

Aquí hay un joven que había tomado la decisión de seguir al Señor. Este incidente ha sido mal interpretado. Parece dar la impresión de que el padre acababa de morir, que la familia se disponía a celebrar el funeral y que el Señor responde con aspereza. ¿Qué quiso decir el Señor? ¿Cómo podían los muertos enterrar a sus muertos?

El Dr, Adam Smith, toda una autoridad en Temas de Oriente Medio, ha escrito varios libros. El contaba un incidente que le sucedió cuando en una ocasión quiso contratar a un guía árabe. Se dirigió al pueblo que le habían indicado, le preguntó al joven si quería ser su guía y éste le respondió: "Primero tengo que enterrar a mi padre". Y allí, frente a su choza, se encontraba sentado su anciano padre, un hombre sano y robusto. Lo que aquel joven árabe quería decir era que tendría que cuidar a su padre hasta que muriese, porque ésa era su responsabilidad como hijo.

¿Te ha dado la impresión de que El fue insensible al responder de esa manera? Yo no lo creo así. Creo que el Señor estaba impulsando al joven a tomar una decisión. ¿Estaría él dispuesto a poner a Cristo en primer lugar? Cuando el joven se decidió, probablemente Jesús le dijo: "Entonces vete a tu casa, y cuida de tu padre". Es posible, también, que el joven pusiera sus preocupaciones materiales por encima de Jesús, porque aparentemente quería recibir la herencia cuando el padre muriese. Y la frase "deja que los muertos entierren a sus muertos" mostraba que seguirle conlleva la más alta prioridad. Jesús le dijo que los muertos físicamente podían ser atendidos por los que estaban espiritualmente muertos.

Leamos ahora el versículo 23, que inicia el episodio en que

Jesús calmó la tempestad en el mar de Galilea

"Cuando entró Jesús en la barca, sus discípulos le siguieron."

Llegamos así al quinto milagro, que no tiene que ver con sanar un cuerpo sino que se refiere a un milagro físico sobre la naturaleza. Aquí se demuestra el poder del Señor y yo creo que Adán, el primer hombre, tenía el mismo poder cuando perdió su dominio sobre la creación. Vemos ahora en el Señor Jesús, llamado el último Adán, una manifestación de ese dominio. Leamos el versículo 24:

"Y de pronto se desató una gran tormenta en el mar, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido."

Aquella no fue una tormenta habitual. Recordemos que en el relato de la tentación de Jesús por el diablo, éste le dejó por un tiempo, pero no por mucho. Creo que esta tempestad era realmente satánica en su origen. Fue un intento de Satanás de destruir al Señor.

Observemos que el Señor estaba dormido. Esta es una de las escenas más humanas que nos ofrece Mateo. ¡Jesús estaba tan cansado que ni siquiera una tempestad podía despertarlo! Y los discípulos se pusieron muy nerviosos.

Leamos los versículos 25 y 26:

"Y llegándose a Él, le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Y El les dijo: ¿Por qué estáis amedrentados, hombres de poca fe? Entonces se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma."

¡Que poca fe tenían! Observemos también cómo enfrentaron la situación. Entonces el Señor les reprendió por su falta de fe y luego reprendió a los vientos y al mar.

Aunque era cierto que los discípulos mostraron su poca fe en aquella ocasión; en su futuro llegaría un día en que las tormentas de la persecución se abatirían contra las barcas de sus frágiles vidas. Y nunca hemos leído que alguno de ellos clamase: "¡Señor, sálvanos, que perecemos!". Más bien, leemos en el libro de Los Hechos 4:29, la siguiente oración que pronunciaron ante el peligro: "Y ahora, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza". Esto era lo verdaderamente importante para ellos. ¡Cuánto necesitamos esa clase de valor y convicción en los tiempos que vivimos! Leamos el versículo 27 y tomemos nota de la impresión causada a los discípulos por el milagro de calmar la tormenta:

"Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Quién es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?"

Por ello decíamos que Aquel que podía formular los principios éticos, también era capaz de demostrar que poseía el poder para convertirlos en una realidad.

Pasemos ahora a considerar el incidente en que

Jesús expulsó los demonios de dos gadarenos

Este fue un milagro tremendo. Leamos el versículo 28:

"Cuando llegó al otro lado, a la tierra de los gadarenos, le salieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, violentos en extremo, de manera que nadie podía pasar por aquel camino."

Jesús se encontraba en Gadara, tal como se la llama hoy. La gente que allí habitaba pertenecía a la tribu de Gad. En el Antiguo Testamento, cuando se dividió la tierra entre las tribus de Israel, la tribu de Gad se quedó en el lado equivocado del río Jordán. Allí se dedicaron la cría y comercio de cerdos lo cual, como judíos, no debían haber hecho. Una vez que uno desobedece al Señor, el paso de desobediencia siguiente, no resulta difícil de dar. Antes de que pase mucho tiempo, uno se encuentra completamente fuera de los caminos y de la voluntad de Dios.

Cuando Jesús entró en aquella región, salieron a su encuentro dos hombres poseídos por demonios. Leamos el versículo 29:

"Y gritaron, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo?"

Este milagro nos introduce a un área tremenda de la cual, desgraciadamente, sabemos hoy muy poco. Nos resulta difícil entender la importancia de este milagro a causa de nuestra falta de comprensión del Tema de los demonios. Personalmente, creo que los milagros en los que había demonios involucrados fueron los más importantes que el Señor realizó. Leamos los versículos 30 al 32:

"A cierta distancia de ellos había una piara de muchos cerdos paciendo; y los demonios le rogaban, diciendo: Si vas a echarnos fuera, mándanos a la piara de cerdos. Entonces El les dijo: ¡Id! Y ellos salieron y entraron en los cerdos; y he aquí que la piara entera se precipitó por un despeñadero al mar, y perecieron en las aguas."

Por algún motivo los demonios quisieron mantenerse en contacto con una realidad física. Parecían estar muy interesados en materializarse y estaban incluso conformes con habitar en una manada de cerdos. Sin embargo, los cerdos prefirieron morir a estar poseídos por los demonios. En este sentido los seres humanos son algo diferentes. En la actualidad hay muchas personas poseídas por demonios. Durante las épocas de Moisés, de Elías y del Señor Jesucristo, ocurrieron varias manifestaciones del mundo sobrenatural. En los tiempos en que vivimos, parecemos estar moviéndonos hacia una órbita en la que estamos viendo, cada vez más, evidencias de lo que es demoníaco. Hay muchas señales de ello alrededor nuestro. En muchos casos resulta difícil identificar a los demonios y siempre existe el peligro de pasarse de la raya y concluir que una determinada persona está poseída por un demonio. Debemos tener cuidado de no caer en esta actitud, más propia de a una caza de brujas. No obstante, podemos afirmar que hay muchas personas, hoy en día, poseídas por demonios. No podemos negar esa trágica realidad.

En una ocasión, estudiando alguna asignatura de sicología anormal, conocí a un médico cristiano que trabajaba con pacientes que presentaban síntomas de enfermedades mentales anormales, y me dijo que estaba completamente seguro de que muchos casos podían realmente clasificarse en el ámbito del mundo sobrenatural; concretamente, eran casos de posesión demoníaca.

Aquí es interesante observar que los demonios no querían ser recluidos. Ellos sabían algo sobre el confinamiento de otros determinados demonios: los ángeles caídos, como se les llama en la epístola de Judas. Los demonios de nuestro relato, deseaban materializarse en esta tierra. El episodio concluye con los versículos 33 y 34:

"Los que cuidaban la piara huyeron; y fueron a la ciudad y lo contaron todo, incluso lo de los endemoniados. Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de su comarca."

El desenlace resulta irónico. Aquella gente prefería tener a sus cerdos, que a Jesús. Parece difícil de creer pero, figurativamente hablando, en la actualidad hay muchas personas que prefieren sus "cerdos" que a Jesús.

Mateo 9:1-13

Tema: Jesús realizó 6 milagros más; llamó a Mateo; se enfrentó con los Fariseos; y continuó su ministerio en Galilea

En el capítulo anterior hemos visto 6 milagros que demostraban que el Rey tenía el poder para imponer los principios éticos que había expuesto. Este capítulo continúa con la misma idea. Le vemos realizando milagros de sanidad física; uno de ellos que yo clasifico como sobrenatural (que es la resurrección de un muerto) y el milagro espiritual de expulsar a un demonio.

El primer párrafo nos relata que

Jesús regresó a Capernaum

Leamos los versículos 1 y 2:

"Y subiendo Jesús en una barca, pasó al otro lado y llegó a su ciudad. Y le trajeron un paralítico echado en una camilla; y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralítico: Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados."

Jesús salió de la región de los Gadarenos, que le rechazaron, y regresó a Capernaum. En el Evangelio de Marcos se nos dan más detalles sobre este incidente. Marcos nos contó que este hombre fue bajado a través del tejado de una casa, y que el Señor le sanó y le perdonó sus pecados. Aquí vemos la relación entre la sanidad y el perdón de los pecados. Continuemos con el versículo 3:

"Y algunos de los escribas decían para sí: Este blasfema."

Los escribas opinaban que el Señor no era capaz de hacer que aquel hombre pudiera caminar. Conociendo sus pensamientos, el Señor les preguntó, en el versículo 5:

"Porque, ¿qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate, y anda?"

Ellos no respondieron, aunque consideraran que lo uno era tan importante como lo otro. Así que, como vemos en los versículos 6 y 7, les dijo:

"Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (entonces dijo al paralítico): Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Y él levantándose, se fue a su casa."

Cuando el paralítico se levantó, quedó demostrado que Aquel que le había hecho caminar, era el que también podía perdonar sus pecados.

Nuestro párrafo final de este programa nos relata cómo

Jesús llamó a Mateo

Leamos el versículo 9:

"Cuando Jesús se fue de allí, vio a un hombre llamado Mateo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo: ¡Sígueme! Y levantándose, le siguió."

Mateo modesta y brevemente nos transmitió el episodio de cuando Jesús le llamó, con este único versículo. En el Evangelio de Lucas 5:27 al 29, se nos dice que Mateo celebró un gran banquete en honor de Jesús. Evidentemente, el incidente que sigue tuvo lugar durante el banquete. Mateo había invitado a muchos de sus amigos recaudadores de impuestos a esta fiesta, porque quería que ellos también conociesen al Señor Jesús. Leamos los versículos 10 y 11:

"Y sucedió que estando El sentado a la mesa en la casa, he aquí, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos. Y cuando vieron esto, los fariseos dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores?"

Los Fariseos creían que no se debía comer con aquella gente. Muchos, como ellos, piensan hoy de la misma manera, olvidando que los invitados a aquel banquete, igual que muchas personas en la actualidad, necesitaban que Cristo las alcanzase y transformase. El versículo 12, nos da la respuesta de Jesús:

"Al oír El esto, dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos."

Jesús era y es el Gran Médico, y ha venido a sanar el problema básico de la humanidad, que es el pecado. Finalizamos nuestro estudio de hoy con el versículo 13, en el que Jesús añadió:

"Mas id, y aprended lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificio; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores."

Mateo citó del libro del profeta Oseas 6:6, del Antiguo Testamento. Cuando Jesús pronunció aquellas palabras, pudo haber incluido a los Fariseos, porque ellos eran pecadores. De hecho, todos nosotros estamos incluidos. Porque, como bien dijo el apóstol Pablo en su carta a los Romanos 3:23. "Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios".

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