Estudio bíblico de Eclesiastés 1:5-14

Eclesiastés 1:5-14

Amigo oyente, regresamos hoy al libro de Eclesiastés y vamos a comenzar a observar lo que se nos dice en el versículo 5. Confiamos que usted tenga su Biblia y que pueda seguir la lectura de estos versículos. Ya hemos explicado algo acerca del versículo 5, pero como este versículo está unido a los versículos 6 y 7, los consideraremos en su conjunto. Leamos entonces estos tres versículos juntos; el versículo 5 hasta el versículo 7, del capítulo 1 de Eclesiastés:

"Sale el sol y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento sopla hacia el sur, luego gira hacia el norte; y girando sin cesar, de nuevo vuelve el viento a sus giros. Todos los ríos van al mar, pero el mar no se llena. Al lugar de donde los ríos fluyen, allí vuelven a fluir."

Con todos los recursos que Salomón tenía a su alcance, encontró que la vida era monótona. Para el había una cierta similitud, cierta uniformidad o falta de variedad en todo lo que observaba. Estas páginas revelan que él trataba de huir de esa monotonía. Y la gente en la actualidad está haciendo de todo para añadir novedad, ilusión, expectativa a este proceso. Las personas están hoy en un constante movimiento de búsqueda de nuevas formas de placer, de satisfacción, intentando apartarse de esa falta de variedad que imponen las leyes naturales. Estimado oyente, si usted simplemente mira al ser humano tal cual es en el día de hoy, separado de Dios, encuentra que no presenta una imagen muy atractiva. Y eso es lo que este libro de Eclesiastés nos presentará a lo largo de este estudio.

Así es que vemos aquí algunas afirmaciones notables que nos revelan que Salomón realizó un estudio de las leyes de la naturaleza y tuvo un gran conocimiento sobre ellas. Resulta interesante que estas leyes son básicas en nuestra época por lo que se refiere a la ciencia.

Permítanos compartir con usted una declaración hecha por el Dr. A. T. Pearson, quien dijo: "Existe cierto peligro en tratar de forzar las palabras en la Biblia hacia una declaración positiva del hecho científico, ante la gran correspondencia de ciertas afirmaciones. Pero es curioso el hecho de que Salomón usara un lenguaje totalmente consistente con los descubrimientos tales como la evaporación y el movimiento de las tormentas. Algunos han osado decir que la teoría de Redfield sobre las tormentas se indica aquí en una forma explícita. Sin adoptar nosotros esta posición, podemos preguntarnos quién le enseñó a Salomón a usar estos términos que fácilmente acomodan los hechos al movimiento de los vientos, que siendo al parecer tan desordenados e inciertos, son gobernados por leyes tan positivas como aquellas que regulan el crecimiento de una planta; y que por medio de la evaporación, las aguas que caen sobre la tierra están elevándose continuamente elevándose, de tal manera que el mar nunca se llena". Y continuó diciendo el Dr. Pearson: "Eclesiastés, capítulo 12, versículo 6 es una descripción poética de la muerte. La cadena de plata describe la médula espinal. El cuenco de oro, es la cavidad donde se encuentra el cerebro; el cántaro, los pulmones, y la rueda, el corazón. Sin pretender que Salomón estuvo inspirado al predecir la circulación de la sangre 26 siglos antes de que lo hiciera Harvey, ¿no es notable que el lenguaje que utilizó se adaptara exactamente a los hechos, al mencionar a una rueda, o una polea bombeando a través de un tubo para descargar a través de otro?"

Tenemos en estos versículos 5 al 7 tres declaraciones muy interesantes.

1. En primer lugar, "Sale el sol y se pone el sol". Existe una monotonía en la naturaleza, pero, también tenemos aquello de lo cual podemos depender. Usted puede depender de que el sol, saldrá, indudablemente; y usted puede contar con que el sol, se pondrá, sin cuestionarlo. Aún utilizamos esa terminología en el día de hoy, aunque sabemos que el salir y el ponerse está causado por la rotación de la tierra. Estamos apoyados sobre una porción de tierra sólida, y nos parece que el sol se eleva y que también desciende. Estos términos se han acomodado al lenguaje humano en todos los siglos. Lo realmente sorprendente es la forma regular con que el sol aparece y desaparece, obedeciendo a ciertas leyes.

2. En segundo lugar se nos dice: "El viento sopla hacia el sur, luego gira hacia el norte". En el día de hoy sabemos que el viento sigue ciertas normas. Incluso con los artilugios más avanzados, a veces es difícil predecir el estado del tiempo con exactitud. Recordemos que el Señor Jesucristo dijo, en Juan 3:8, "8El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va". Durante cierta época del año, se forman huracanes y tornados en diferentes partes del mundo. Y a menudo castigan zonas pobladas. En muchos lugares se producen inundaciones terribles que causan la muerte a millares de personas. Como dijo Salomón, en algunos lugares el viento se dirige hacia el sur y en otros, gira hacia el norte. Al soplar, el viento obedece ciertas leyes. Ahora, ¿cómo lo supo Salomón? Él no disponía de los aparatos que tenemos nosotros en el día de hoy y tampoco los antecedentes sobre los cuales basar sus conclusiones.

3. En tercer lugar, Salomón también dijo: "Todos los ríos van al mar, pero el mar no se llena". Salomón estaba hablando tácitamente acerca de la ley de la evaporación, de la elevación de la humedad hacia el aire. Luego llega el viento, e impulsa la humedad hacia la tierra. Y así, todo el proceso sigue ciertas leyes determinadas y específicas. Nada de lo que suceda queda librado al azar, aunque a veces nos lo parezca.

Así que si añadimos a estas 3 declaraciones, la del versículo 4, y así tenemos cuatro declaraciones notables sobre las leyes de la naturaleza, que tienen sentido, y concuerdan con lo que los seres humanos saben en la actualidad. Comparemos estas afirmaciones del Eclesiastés con otros escritos del año mil antes de Cristo; en ellos usted encontrará muchas conclusiones falsas y supersticiosas, que contrastan con la exactitud que hallamos en la Palabra de Dios.

Y ahora tenemos otra observación destacada. Leamos el versículo 8:

"Todas las cosas son fatigosas, más de lo que el hombre puede expresar. Nunca se sacia el ojo de ver ni el oído de oír."

Esto podría no haber parecido cierto en otros tiempos, pero desde la llegada de la televisión es un hecho evidente. Muchísimas personas ven televisión por horas, día tras día. ¿Por qué? Porque los ojos nunca se sacian de ver no los oídos de oír. Además, a muchos les agrada viajar a otros países y conocer a otros pueblos, y ver otros paisajes. Esas experiencias constituyen una de los placeres de la vida. Estoy seguro que cada uno de nuestros países tiene lugares encantadores, y a los cuales nos gusta visitar una y otra vez.

El ser humano no puede agotar la exploración del universo. Cuanto más aprende, más reafirma su necesidad de aprender. Y ello puede dejar un sentimiento de frustración. El universo físico es demasiado grande para ese pequeño ser humano. Y sin embargo, por lo que sabemos, él es la única criatura de Dios capaz de comprender el universo. A veces escuchamos a un perro ladrando a la luna. No creemos que ese animal se dé cuenta de la distancia que existe entre la tierra y la luna, y tampoco creemos que le preocupe. No creemos que un animal reconozca que está viviendo en un universo tan inmenso. Creemos que el mundo de ese animal es muy pequeño. Pero en el caso del ser humano, sus ojos y sus oídos nunca están satisfechos y siente la imperiosa necesidad de explorar. Entonces Salomón continuó diciendo lo siguiente en los versículos 9 y 10, de este capítulo 1 de Eclesiastés:

"¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará, pues nada hay nuevo debajo del sol. ¿Acaso hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya aconteció en los siglos que nos han precedido."

Algunas personas piensan que el ser humano ha producido algo nuevo cuando se ha fabricado un nuevo artilugio. Bueno, debemos insistir, como en Eclesiastés, que en realidad no hay nada nuevo debajo del sol. Aunque en nuestra época utilicemos medios mucho más avanzados que en generaciones anteriores, podrá constituir por un tiempo, una novedad, que pronto será reemplazada por otra y así sucesivamente. Y los seres humanos podrán compartir sus sentimientos, sus afectos o evidenciar sus reacciones agresivas en un coche de otra época, tirado por caballos, en un automóvil, en un avión o en una nave espacial. Podrán comunicarse por medios primitivos, por radio, por el correo tradicional, por teléfono, por internet y demás artilugios relacionados con la telefonía e internet. El medio ambiente podrá cambiar y habrá nuevos recursos, nuevos dispositivos, nuevas comodidades, y medios de comunicación altamente perfeccionados. Pero las experiencias humanas básicas del ser humano, producirán los mismos sentimientos, las mismas reacciones y las mismas consecuencias. Sus necesidades espirituales, sus frustraciones y su falta de ilusión mientras permanezca apartado de Dios serán siempre las mismas.

Hay algunas personas que dijeron que la bomba atómica fue algo nuevo en su tiempo, pero en realidad, el átomo ha estado en existencia por mucho tiempo. El átomo es más antiguo que el mismo hombre. Aunque el ser humano no supo nada sobre su existencia por mucho tiempo, ya el átomo estaba aquí. Todo lo que el hombre logró hacer fue que el átomo se convirtiera en un vecino muy difícil de soportar. Al comprobar sus efectos destructivos y las pasiones desencadenadas por sucesivos descubrimientos y su aplicación a armas de destrucción masivas, muchos hubieran preferido que el hombre dejara que las fieras dormidas continuaran en estado de reposo y tranquilidad. Pero, otra vez, se evidenció la incansable búsqueda. Y en otras áreas diferentes en el proceso de exploración científica surgieron grandes avances en el campo de la informática y los ordenadores pasaron a ser elementos indispensables en el quehacer humano. Y esos cerebros electrónicos, desde cierto punto de vista, tampoco aportaron nada nuevo, nada que no hubiera sido ya creado. Porque Dios nos creó con cerebros que son avanzadísimos ordenadores, y con sistemas nerviosos más complejos en la transmisión de información que los sistemas eléctricos. Además, el ser humano es consciente de que los dispositivos que el cree haber descubierto y elaborado, no pueden traerle una satisfacción profunda y permanente, algo realmente nuevo, que le traiga una verdadera paz, un sosiego interior.

Pero hay una excepción sobresaliente. Hay sí algo nuevo, llamado en la Biblia el nuevo nacimiento. Es algo que se produce en usted cuando recibe al Señor Jesucristo como Salvador. Y ése, estimado oyente, es el único acontecimiento completamente nuevo que puede presentarse en su vida, el nuevo nacimiento espiritual. Escuchemos las conclusiones a las que llegó Salomón. Leamos lo que dice el versículo 11:

"No queda memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que ha de suceder quedará memoria en los que vengan después."

En estos versículos hemos visto que Salomón había intentado encontrar satisfacción en el estudio de la ciencia, pero tuvo que llegar a esta conclusión. El hombre trata de todas las maneras posibles, de permanecer ante los ojos y reconocimiento de quienes le rodean. Intenta actuar de manera que se perpetúe lo más posible en el recuerdo de sus semejantes, ocupando un lugar destacado en la sociedad en que vive. Pero no pasa mucho tiempo antes de que desaparezca de la escena, y a los pocos años su recuerdo se vaya borrando hasta ser olvidado.

Es cierto que algunos nombres han permanecido más en la memoria colectiva por las obras que dejaron o por su influencia en acontecimientos decisivos de la historia. Pero al final, han ido siendo cada vez menos citados y reemplazados por la aparición de otros personajes cuyos nombres, a su vez, irán esfumándose en el desinterés y el olvido. En este sentido creemos poder afirmar que la memoria humana es cada vez más corta, debido a la gran velocidad en que hoy se suceden nombres y eventos, hasta el punto en que muchas veces tenemos la sensación de que el tiempo trascurriera más rápidamente. Las Sagradas Escrituras dicen que pasamos nuestro tiempo aquí en la tierra como un cuento o una historia que se relata, y que no se repite, de manera que podamos volver a pasar por ella para evaluar y corregir nuestros aciertos y errores.

Así que vemos en estas páginas que Salomón estaba realizando experimentos de gran importancia, llevándolos a cabo en el laboratorio de la vida. Él estaba probando todos los recursos y experiencias que se encontraban a su disposición, que eran inmensos y llegaban hasta el mismo límite de las posibilidades humanas. En su tiempo y teniendo en cuenta la elevada posición que ocupaba como rey de una nación en expansión, pudo elegir cualquier área de conocimiento o experiencia humana. En la actualidad, no hay muchas personas que puedan tener acceso a los medios de que Salomón disponía, ni capaces de hacer todas las cosas que él hizo. Como hemos visto, se dedicó al estudio de las leyes de la naturaleza, pero no encontró nada que pudiera aprender en la naturaleza o en la ciencia, que fuera nuevo en el sentido de que le trajera una vida nueva.

En los versículos 12 al 18 veremos que Salomón busca la satisfacción en un área nueva. Leamos entonces los versículos 12 y 13, que nos muestran que el rey iba a experimentar en el campo de

La sabiduría y la filosofía

"Yo, el Predicador, fui rey sobre Israel en Jerusalén. Me entregué de corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres para que se ocupen en él."

Salomón pasó mucho tiempo estudiando la filosofía del mundo. Él vivió alrededor de mil años antes de Cristo y, considerando que nosotros vivimos unos dos mil años a partir de Cristo, quiere decir que han transcurrido tres mil años entre aquel rey y nosotros. En ese período, podemos imaginar la gran cantidad de elementos o dispositivos que el ser humano ha producido en todos los órdenes. Pero, en realidad, no sabe más de filosofía y sabiduría de lo que sabía hace tres mil años. Continuemos leyendo el versículo 14 de este primer capítulo de Eclesiastés.

"Miré todas las obras que se hacen debajo del sol, y vi que todo ello es vanidad y aflicción de espíritu."

Todos los sistemas de filosofía conducen a un callejón sin salida. Usted puede hacer un experimento similar por sí mismo. Puede dedicar su tiempo a estudiar estos temas y seguramente llegará a la misma conclusión a la que llegó Salomón.

Estamos viviendo en tiempos en los que los educadores a veces piensan que los métodos didácticos pasados constituían una pérdida de tiempo. Teniendo en cuenta los resultados, nos formulamos muchas preguntas acerca de utilidad de los métodos actuales, que dejan fuera a Dios de la escena. El ser humano no puede realmente llegar a conocer un hecho verdaderamente importante: Él no puede conocer a Dios por medio de la sabiduría y la filosofía. Su conocimiento de Dios sólo le puede llegar por medio de la revelación divina. La filosofía generalmente lleva a las personas a tener un punto de vista pesimista de la vida.

No se puede tomar al ser humano normal, que es un pecador alejado de Dios, y proporcionarle una educación del tipo que sea, esperando que esa educación resuelva los problemas de su vida, porque no lo hará. La sabiduría humana no puede cambiar la naturaleza humana, ni puede corregir a esa vieja naturaleza caída.

Sólo el poder de Dios y la regeneración realizada por el Espíritu Santo pueden comenzar una obra de control y transformación de esa naturaleza fácilmente dominada por las pasiones humanas y el pecado. Por ello, hablando de su propia experiencia personal y de las innumerables personas que conoció, el apóstol San Pablo pudo decir en su segunda carta a los Corintios capítulo 5 y versículo 17: "17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas".

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