Estudio bíblico de Eclesiastés 7:1-8:15

Eclesiastés 7:1 - 8:15

Llegamos hoy, amigo oyente, al capítulo 7 de este Libro de Eclesiastés y aquí encontramos el último experimento realizado por Salomón. Como dijimos antes, él hizo un experimento con su vida y probó todo lo que se podía hacer debajo del sol, buscando la posibilidad de obtener satisfacción y disfrutar de su vida, y él probó hacer de todo sin encontrar esa satisfacción. Él probó la ciencia, estudió las leyes naturales del universo, con lo cual pudo realizar alguna contribución, pero no le satisfizo para nada. Luego él se dedicó al estudio de la filosofía y la psicología. Y tampoco le dejó satisfecho. Llegó a los límites del placer y el materialismo. También probó el fatalismo, una filosofía bastante popular de la vida en el día de hoy. E intentó el comportamiento egoísta, el vivir para uno mismo. Luego probó la religión; y ninguna religión puede satisfacer porque sólo Cristo puede satisfacer el corazón. También las riquezas fue algo que este hombre Salomón intentó disfrutar. Él fue el hombre más rico del mundo. Sin embargo, descubrió que sus inmensas riquezas, por sí mismas, no le trajeron ninguna satisfacción.

Ahora le veremos probar su último experimento: la moralidad. Al que intenta encontrar su satisfacción en la moralidad le consideraríamos una persona que hace buenas obras a favor de los demás. Y diríamos que en esa dirección es donde se está dirigiendo la mayoría de la gente. De esa clase de personas se está hablando en esta sección. Leamos entonces el primer versículo de este capítulo 7 de Eclesiastés, que nos presenta a Salomón

Buscando la satisfacción en la moralidad: la buena vida

"Mejor es la buena fama que el buen perfume, y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento."

Por cierto, esto es verdad. No hay nada malo en cuanto a esta declaración: "Mejor es la buena fama que el buen perfume". Es muy agradable para cualquiera poder escuchar que la gente diga que es un buen vecino y que nunca ha dado lugar a conflictos ni discusiones. Se lleva bien con todos y no discute sobre religión ni política, nunca adopta una posición en contra de otra persona y no se mete en ninguna clase de situaciones dudosas o difíciles. Se limita a sonreír y adopta siempre una línea media, sin desviarse de ella hacia un lado u otro. Es una persona respetable, reconocida en la comunidad. Forma parte de diversas organizaciones y se relaciona con toda clase de personas. Y en el día de su muerte se dirá de él lo mejor que se pueda decir. Salomón dijo que esta buena reputación es algo que uno debe procurar aquí en la tierra. Pero, ¿traerá satisfacción al corazón?

El versículo 2, de este capítulo 7, dice:

"Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete, porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo tendrá presente en su corazón."

Toda esta vida de moralidad y buenas acciones se lleva a cabo de una manera digna y decorosa. El ciudadano ejemplar, por ejemplo, asiste a un club para escuchar una conferencia sobre contaminación ambiental. Como el hablar no compromete la comodidad ni altera la vida de nadie, discutirán el asunto destacando la gravedad del problema, pero ninguno de los presentes se implicará en una acción práctica. En otra ocasión se reunirán para hablar sobre problemas sociales pero nadie se comprometerá personalmente a aportar soluciones prácticas. Y todo ello sin implicarse ni demostrar apasionamiento ni ilusión por los graves problemas que se discuten. Este podría ser un ejemplo de cómo funcionan las cosas en una comunidad de un país en el que la gente vive con relativa prosperidad.

Ese tipo de vida no puede satisfacer las necesidades de una persona. No debería extrañarnos que los jóvenes se hayan revelado contra ese tipo de sociedad tan convencional, contra una forma de ser tan acomodada. Ahora, notemos lo que dice aquí el versículo 3, de este capítulo 7 de Eclesiastés:

"Mejor es el pesar que la risa, porque con la tristeza del rostro se enmienda el corazón."

La gente hoy, como es lógico, hace todo lo posible para evitar la aflicción. El escritor menciona aquí al corazón como asiento de la reflexión y de las decisiones morales y recomendó a la gente que reflexionara sobriamente acerca de la brevedad de la vida, antes que implicarse en placeres insensatos. Por ello continuó diciendo en el versículo 4:

"El corazón de los sabios está en la casa del luto, mas el corazón de los insensatos, en la casa donde reina la alegría."

O sea, que el sabio tiene presente la muerte, pero el insensato sólo piensa en la diversión. Los insensatos, al ver a sus amigos partiendo de esta vida no se les ocurre pensar que también ellos se encaminan en la misma dirección. Y su necedad hace que no se les ocurra pensar cuál será su destino final. No consideran importante preguntarse si están salvos, o perdidos, o si tienen una debida relación con Dios. Continuemos leyendo los versículos 5 y 6:

"Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios, porque la risa del necio es como el crepitar de los espinos debajo de la olla. Y también esto es vanidad."

Quizás Salomón se preguntó, ¿por qué no escuchar a ambos grupos? Escuchar la reprensión de los sabios y después las risas de los insensatos. Un grupo es mejor que el otro, pero es más fácil llevarse bien con ambos grupos, para ser popular en cada uno de ellos. Algunos no soportarían mucho tiempo escuchando la reprensión de los sabios. Veamos ahora, lo que dice el versículo 9:

"No te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el enojo reposa en el seno de los necios."

Algunos adoptan la forma de ser de no enfadarse por nada. El ser amigo de todos es una buena fórmula para hacer negocios con más gente, sin irse a los extremos y estando dispuesto transigir, a contemporizar. Al ir con un grupo un día, y al día siguiente con el otro, se puede llegar a ser aceptado por los dos.

Leamos ahora el versículo 11 de este séptimo capítulo de Eclesiastés:

"Buena es la ciencia, o sabiduría, con herencia, y provechosa para los que ven el sol"

Aquí tenemos sabiduría. Dijimos al comienzo de nuestro estudio del Libro de Proverbios, que la sabiduría es otro nombre para Cristo. Dios ha hecho a Cristo nuestra sabiduría. ¡Ah, como necesitan a Cristo aquellos que han adoptado el camino de las buenas obras para lograr la satisfacción y el disfrute de la vida! Y continúa diciendo el versículo 12:

"Porque escudo es la ciencia y escudo es el dinero; pero más ventajosa es la sabiduría, porque da vida a sus poseedores."

Hay quien considera al dinero como un escudo, como una protección, porque lo tiene en abundancia, pero no ve la necesidad de tener a Cristo.

Aquí dice que "la sabiduría da vida a sus poseedores", hay que recordar siempre no se puede comprar la vida con el dinero. La ciencia médica puede se capaz de alargar su vida por unos pocos años, pero no proporciona vida eterna aquí ni más allá de la muerte, en la eternidad. Sólo la sabiduría, que es Cristo, puede darle esa vida eterna. Ahora, pasando al versículo 21, de este capítulo 7 de Eclesiastés, leemos:

"Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se dicen, para que no oigas a tu siervo cuando habla mal de ti"

Aquí se le aconseja que no se perturbe cuando le lleguen noticias de que alguien que le conoce bien a usted, dice que usted es una mala persona. Si adopta una posición intermedia y moderada, a la larga, la comunidad le aplaudirá.

Estimado oyente, buscar satisfacción en la vida simplemente realizando buenas obras equivale a vivir como un vegetal, no como un ser humano. Hay muchos jóvenes que se han rebelado contra ese espíritu acomodado y frente a la hipocresía de vivir una vida durante la semana, y otra diferente, de apariencias, el domingo. Y muchos están viniendo a tener un encuentro con Cristo. A pasar de su juventud, han probado todo lo que la vida puede ofrecer y, en muchos casos, no han encontrado a Cristo en sus hogares, aunque sus padres profesaban un cristianismo de formas, aunque asistieran el domingo a la iglesia. Se dieron cuenta de que faltaba algo importante en el ambiente en que se movían. Han visto de cerca la hipocresía, la vaciedad de vida de los que pretenden ser moralistas, escudándose en sus buenas obras.

Creemos que resulta más fácil ganar a un ateo que a un hipócrita asistente a una iglesia. El ateo puede responder cuando escuche el Evangelio por primera vez, pero el que asiste a la iglesia por conveniencia ya ha escuchado el Evangelio una y otra vez y se ha endurecido, insensibilizado ante el mensaje de Cristo. Y ello constituye una tragedia.

Y ahora llegamos al:

Capítulo 8

En este capítulo se continúa hablando del hombre tibio, que no se entusiasma con nada. Su carácter puede describirse como "ni frío ni caliente". Dice que está viviendo de acuerdo con la regla de oro, pero no parece tener ninguna idea sobre qué es la regla de oro ni lo que ésta requiere. Salomón observó que no parecía haber mucha diferencia entre el malvado y el justo. Vamos, pues, a destacar los puntos más sobresalientes de este capítulo. El primer versículo del capítulo 8 de Eclesiastés dice:

"¿Quién como el sabio? ¿Quién como el que sabe interpretar las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro y cambia la tosquedad de su semblante."

Sólo Cristo, que es la verdadera sabiduría, puede cambiar la vida de una persona. Él puede llegar a una vida y traerle emoción, alegría y paz. Él puede hoy proporcionarnos todas las cosas necesarias para librarnos de vivir una existencia mediocre. Luego, los 2 versículos siguientes, los versículos 2 y 3 dicen:

"Te aconsejo que guardes el mandamiento del rey, por el juramento que pronunciaste delante de Dios. No te apresures a irte de su presencia, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quiera"

Salomón estaba diciendo: "¡Cuidado con lo que haces! ¡No te metas en problemas!" Y el versículo 4, añade:

"Pues la palabra del rey es soberana y nadie le dirá: ¿Qué haces?"

Ahora el rey podía adoptar una postura a favor de lo que creía porque tenía la libertad de hacerlo. Estimado oyente, ¿por qué no actuar como un rey, con esa libertad, y tomar la decisión de venir a Cristo?

En cierta ocasión le preguntamos a un joven rebelde, que por su apariencia iba contra todo convencionalismo: "¿Por qué has adoptado un estilo de vida como éste? ¿Por qué vas vestido de esa manera?" Y él contestó: "Bueno, yo quiero libertad, quiero ser libre. Yo quiero vivir como me plazca". Entonces le preguntamos: "Si tú cambiaras tu forma de vestir, y luego regresaras a tu grupo de amigos, ¿te aceptarían?" Él pensó por un momento y respondió: "Creo que no me aceptarían". Entonces le dijimos: "Entonces, tú no tienes mucha libertad, ¿verdad? Tienes que seguir las reglas que te dicta esa gente".

Y aparentemente, estimado oyente, así es. Muchos jóvenes creen que deben tener la aprobación de la pandilla, así que verdaderamente no saben lo que es la libertad. Muchos de ellos beben excesivamente o toman drogas por ninguna otra razón que la de ser aceptados por su círculo. Otra persona también le formuló al mencionado joven otra pregunta: "Mira, ¿crees que yo no tengo libertad porque me visto de esta manera?" "Bueno", dijo el joven, "sí, yo diría eso". Entonces la otra persona le dijo: "Bueno, yo tengo una libertad que tu no tienes en el presente. Yo no tengo por qué vestirme de esta manera todo el tiempo. Puedo vestirme de la forma que me apetezca y así lo hago. No tengo que someterme a un modelo o estilo obligatorio. Así que tengo esa libertad". Y entonces la persona conocida nuestra continuó diciéndole: "Tú y yo estamos viviendo en un mundo que se encuentra en rebelión contra Dios; la humanidad va orientada en esa dirección. Pero yo puedo inclinarme ante el Señor Jesucristo. Puedo llamarle mi Señor y mi Salvador. Y ésta es la verdadera libertad. Yo no sigo la dirección de la multitud, de la mayoría. He hecho mi propia elección. Si tú quieres una libertad auténtica, no una imitación, ven a Cristo. Él mismo dijo en Juan 8:36, 36Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres". Hasta aquí la cita de la conversación. Y ésa sí que es la libertad genuina y eterna. Ésa es, estimado oyente, la libertad que usted también puede tener.

Volviendo a nuestro texto, a la gente le resulta difícil comprender que aquel que está esforzándose por hacer buenas obras para encontrar la satisfacción de su alma está en rebelión contra Dios y como preso en una cárcel, atado firmemente a las reglas o tradiciones de ese estilo de vida que su grupo o medio ambiente le han fijado. Y veamos lo que dice aquí el versículo 8, de este capítulo 8 de Eclesiastés:

"No hay hombre que tenga potestad sobre el aliento de vida para poder conservarlo, ni potestad sobre el día de la muerte. Y no valen armas en tal guerra, ni la maldad librará al malvado."

Éste es un pensamiento solemne y una gran advertencia. Estas palabras describen la patética impotencia del ser humano frente al fin de su propia vida. Y el versículo 11, de este capítulo 8, dice:

"Si no se ejecuta enseguida la sentencia para castigar una mala obra, el corazón de los hijos de los hombres se dispone a hacer lo malo."

¡Qué cuadro tenemos aquí de nuestra sociedad contemporánea! Cuando las leyes no se cumplen, la maldad de los seres humanos evade los límites impuestos por la sociedad, porque el mal reside en el corazón humano. Incluso algunos que profesan ser cristianos creen que pueden pecar impunemente y que si el castigo de Dios nos les alcanzado aún, es que ya no vendrá. Pero Él está esperándoles en algún punto del camino. Por ello son tan oportunas las siguientes palabras del apóstol Pablo en 2 Corintios 6:2: "Ahora es el tiempo aceptable; ahora es el día de salvación". Estimado oyente, la vida es un regalo y Dios le concede el día de hoy para que usted se vuelva a Él.

Continuemos leyendo el versículo 14 de este octavo capítulo de Eclesiastés:

"Hay vanidad que se hace sobre la tierra, pues hay justos a quienes les sucede como si hicieran obras de malvados, y hay malvados a quienes les acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad."

Salomón observó que cuando uno mira las cosas superficialmente, no parece haber demasiada diferencia entre los malvados y los justos. Parece que da igual si uno es malvado o justo, porque ambos terminan de la misma manera. Y el versículo 15, dice:

"Por tanto, alabé yo la alegría, pues no tiene el hombre más bien debajo del sol que comer, beber y alegrarse; y que esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le concede debajo del sol."

Y este hombre finaliza viviendo de esta manera: "comamos y bebamos, porque mañana moriremos". (Como dice la frase citada en 1 Corintios 15:32) La conclusión es que lo mejor que uno puede hacer es disfrutar de la vida y del trabajo en los días de vida que Dios le da en este mundo. Estimado oyente, ésa es la filosofía de la vida más triste, vacía e inútil que cualquier persona pueda tener. Y aquí, amigo oyente, vamos a detenernos por hoy. Dios mediante, continuaremos en nuestro próximo programa con el estudio del capítulo 9 este estudio en el Libro de Eclesiastés. Le sugerimos que lea el próximo capítulo, el capítulo 9, y se prepare así para el estudio que tendremos Dios mediante en nuestro próximo programa.

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