Estudio bíblico de Cantares 5:10-8:14

Cantar de los Cantares 6:1-8:14

Vamos a leer el versículo 1 de este capítulo, que encabeza un breve párrafo que hemos titulado

De escépticos a creyentes

"¿A dónde se ha ido tu amado, tú, la más hermosa entre las mujeres? ¿A dónde se dirigió tu amado, y lo buscaremos contigo?"

Las hijas de Jerusalén que antes habían sido escépticas y cínicas, ahora formularon a coro esta pregunta que acabamos de leer. Estaban dispuestas a ir con la esposa para ayudarla a encontrar a su amado. Querían ver a aquel de quien la esposa les había hablado. Llegaron a la conclusión de que debía ser una persona maravillosa y querían verlo por sí mismas.

El Señor Jesucristo dijo: . . . el que busca, halla. (Mat. 7:8) Y también dijo: al que a mí viene no le echo fuera. (Juan 6:37b)

Continuemos leyendo los versículos 2 y 3 y escuchemos lo que dijo la esposa:

"Mi amado ha bajado a su jardín, a las eras de las especias, a apacentar en los huertos y recoger los lirios. ¡Yo soy de mi amado, y mi amado es mío! Él apacienta entre los lirios. Ella había localizado a su esposo. ¡Qué seguridad! ¡Qué satisfacción y qué alegría sintió!"

Dios está satisfecho con Jesucristo. Recordemos que dijo Este es mi hijo amado, a él oíd. (Luc. 9:35). Y Dios ha quedado satisfecho con la obra que Él hizo por nosotros en la cruz. Él dice que si usted se acerca a Él, no perecerá, sino que tendrá vida, y vida eterna. ¡Qué invitación es esta que El le presenta, estimado oyente!

Leamos el versículo 4. El esposo comenzó a describir a su esposa:

El placer que el esposo encontró en la esposa

"Tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, como los estanques de Hesbón junto a la puerta de Bat-rabim; tu nariz, como la torre del Líbano, que mira hacia Damasco."

Otra versión del versículo 4 traduce, "eres hermosa como Tirsá". Tirsá era la ciudad real de uno de los antiguos reyes de Canaán y después, por un tiempo, de los reyes de Israel. Aquí se la menciona probablemente porque su nombre se deriva de una raíz que significa "bella" o "agradable". La ciudad era, además, notable por su belleza. ¡Qué gentil por parte del rey dirigirse así a la esposa perezosa, afligida y golpeada!, pero a quién el amó hasta el fin. Es que aunque nosotros cambiemos, El es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Continuemos leyendo el versículo 10:

"¿Quién es esta, que se muestra como el alba, hermosa como la luna, radiante como el sol, imponente como ejércitos en orden de batalla?"

Estas palabras nos muestran como el Señor ve el arrebatamiento de la Iglesia. Es natural que veamos ese acontecimiento desde el punto de vista de nuestras expectativas. Dijo el Apóstol Pablo en 1 Tesalonicenses 4:16: El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. Pero el Señor la mira desde Su posición. El estará llamando a los Suyos. Cuando la iglesia llegue a Su presencia, las huestes angelicales contemplarán una de las vistas más grandes y espectaculares de toda la eternidad. Este será el evento más emocionante para nosotros y también para El. Entonces dirán de la iglesia: "¿Quién es esta, que se muestra como el alba, hermosa como la luna, radiante como el sol, imponente como ejércitos en orden de batalla?

Leamos ahora los versículos 11 y 12, en los que vemos

La respuesta de la esposa

"Bajé al huerto de los nogales a ver los frutos del valle, a ver si brotaban las vides y florecían los granados. Luego, antes de darme cuenta, mi alma me puso entre los carros de Aminadab."

Estimado oyente, la Palabra de Dios es un jardín, un jardín de nueces cerradas. Hay innumerables almendras en la Palabra de Dios esperando ser abiertas y disfrutadas por la esposa de Cristo. Continuemos leyendo el versículo 13:

"¡Vuelve, vuelve, sulamita! ¡Vuelve, vuelve, que te veamos! ¿Qué miráis en la sulamita? Que danza, como en los campamentos."

Él ha dicho que el conjunto de los creyentes, la esposa de Cristo, será para la demostración de la gracia de Dios a través de las edades. Eso es lo que se nos dice en la epístola a los Efesios, capítulo 2, versículo 7. Dijo allí el Apóstol Pablo: para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Todo este universo creado va a contemplarnos a todos. Y ninguno de nosotros sería digno de estar allí, pero vamos a estar allí porque estamos unidos a Cristo. Porque Él nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros. (Efe. 5:2) Nosotros estaremos allí para Su gloria y para nuestro bien.

Ahora llegamos a los

Capítulos 7 y 8

Digamos en primer lugar algo sobre

El retrato de la esposa

En los primeros nueve versículos del capítulo 7 el esposo nos habló sobre del placer que encontraba en su esposa, usando hermosas figuras. Ahora, veremos

La satisfacción de la esposa

Ella dijo todo lo que necesitaba decir sobre su amado en un versículo. Leamos el versículo 10 del capítulo 7:

"Yo soy de mi amado, y en mí tiene su contentamiento. (y su deseo tiende hacia mi)"

Dos veces antes hemos oído a la esposa decir: "Mi amado es mía y yo soy suya". Pero aquí tenemos una expresión de mayor plenitud. Aunque implica el deseo que sale del corazón de Cristo, declara expresamente algo que es mucho más precioso: que el creyente conoce la fuerza del anhelo de Cristo hacia él. O sea, que somos el objeto de Su amor. ¡Qué maravillosa gracia!

Veamos otros detalles en el primer versículo del

Capítulo 8

"¡Ah, si fueras tú un hermano mío, criado a los pechos de mi madre! Cuando te hallara fuera de la casa, te besaría, y no me menospreciarían."

El hermano aquí citado se refiere, por supuesto, a un hermano nacido de la misma madre, implicando la relación más cercana posible. Es la clase de hermano en la que el Señor Jesús se ha convertido para nosotros. La carta a los Hebreos 2:10 dice que El no vino en auxilio de los ángeles sino de los descendientes de Abraham, encarnándose y viviendo entre nosotros.

Dice además aquí te besaría y no me menospreciarían. A muchos verdaderos creyentes les avergüenza confesar abiertamente su amor por Cristo. Estimado oyente, no le diga que le ama si no es así, pero si su vida revela que usted le ama, nadie le despreciará por hablar de ello.

Continuemos leyendo el versículo 2 de este octavo capítulo:

"Te llevaría y te haría entrar en casa de mi madre; tú me enseñarías. Yo te daría a beber vino aromado con licor de mis granadas."

Aquí se habla de una bebida especial preparada por la esposa. Se trata de que nuestra responsabilidad es ofrecer a Cristo lo mejor, de lo que somos y hacemos. Aunque la referencia plena de estas palabras señala hacia las bodas del Cordero, mencionadas en el Apocalipsis, cuando Cristo beberá del fruto de la vid en el reino de Su Padre.

El versículo 5 nos lleva a pensar ahora en

La confiada debilidad del amor

"¿Quién es esta que sube del desierto, recostada sobre su amado? Debajo de un manzano te desperté; donde tuvo tu madre los dolores, donde tuvo los dolores quien te dio a luz."

En las palabras recostada sobre su amado vemos la última etapa en la vida del creyente, que está caracterizada por la debilidad, por la dependencia, y por el amor. En la juventud remontamos con alas, como las águilas (Isaías 40:31), cuando, como la esposa en 2:4 declaró extendió sobre mí la bandera de su amor. En la edad adulta, corremos sin experimentar cansancio aunque, como la amada, busquemos a nuestro Señor afligidos por las calles de Jerusalén. Pero en los años en que se acentúa la debilidad, en gran medida tendemos a apoyarnos en El con la confianza de un niño. Y cuando finalmente reconocemos nuestra dependencia total de Cristo y la verdad de Sus Palabras cuando dijo que sin EL, nada podríamos hacer, entonces El puede usar nuestro servicio. Continuemos leyendo el versículo

"Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte como la muerte es el amor y duros como el sepulcro los celos. Sus brasas son brasas de fuego, potente llama."

Aquí dice fuerte como la muerte. La muerte, con todos sus terrores, fue el precio del amor del Señor Jesucristo con la humanidad perdida, pero ello no le desalentó y, como nos amó, se entregó a sí mismo por nosotros, soportando la cruz y despreciando la vergüenza. También la muerte se ha enfrentado con la esposa del Cordero, y los seguidores de Cristo no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte (Apocalipsis 12:11). Porque, como dice Romanos 8, ni la muerte, ni la vida, podrán separarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Y continúa diciendo el versículo 6, duros como el sepulcro los celos. La tumba, que todo lo devora, no tiene piedad. Fueron celos los que impulsaron al apóstol Pablo a pronunciar la santa y justa, aunque tremenda maldición Si alguno no ama al Señor Jesucristo quede bajo maldición (1 Cor, 16:22). Estos celos, que caracterizaron a muchos en la historia de la iglesia, produjeron una notable y noble combinación de un amor apasionado hacia Jesús con una conciencia tierna y una audacia que les llevó a no dar importancia a sus propias vidas a las de otros, cuando estuvo en juego el honor del Señor Jesucristo.

Además dice aquí Sus brasas son brasas de fuego. Estas palabras nos recuerdan las del Señor Jesucristo cuando dijo, en Juan 2:27, el celo de tu casa me consumirá. Stuart observó que al ascender a la presencia de Su Padre, el reavivó en los corazones de los discípulos el mismo fuego divino que ardía dentro de sí mismo, enviándoles el Espíritu Santo para que reposase sobre ellos como llamas de fuego. Y entonces el fuego del amor ardió en ellos más intensamente. Y el versículo 7 de este octavo capítulo continúa diciendo:

"Las muchas aguas no podrán apagar el amor ni lo ahogarán los ríos. Y si un hombre ofreciera todos los bienes de su casa a cambio del amor, de cierto sería despreciado."

¡Cuantas veces le hemos fallado; sin embargo, nuestros repetidos fracasos no han apagado Su amor, que tampoco ha sido ahogado por los torrentes de aguas de nuestros pecados.

Dice además que si alguien ofreciera todos los bienes de su casa a cambio del amor, sería despreciado, Dios no está pidiendo ni nuestro dinero ni nuestro servicio. El está pidiendo nuestro amor. Si no le amamos, El desprecia al así llamado trabajo cristiano que tratamos de realizar, así como el dinero que colocamos en la ofrenda.

Leamos ahora el versículo 8, que nos habla sobre

La hermana pequeña

"Tenemos una pequeña hermana, que no tiene pechos; ¿Qué haremos con nuestra hermana cuando de ella se hable?"

Muchos expositores Bíblicos creen que esta hermana pequeña es un símbolo de la iglesia de los no judíos. "¿Qué haremos con nuestra hermana?" fue la espinosa pregunta de la iglesia primitiva. Podemos verlo en Hechos 15, que registró el Concilio de Jerusalén, que fue convocado para resolver el conflicto entre los convertidos no judíos y los judíos convertidos, que no tenían intención de renunciar al sistema de la ley de Moisés.

Aquí se añade la frase cuando de ella se hable. Pero, ¿quién hablaría de ella? Nadie la querría. Los no judíos estaban marginados por la sociedad. Pero llegó el día en que alguien habló de esta hermana; fue el gran esposo de la iglesia que la llamó para sí mismo. Estimado oyente, El no nos escogió porque éramos atractivos, sino porque vio nuestra condición de perdidos y nos amó.

Y ahora que la hermana pequeña fue aceptada por Cristo, ¿que clase de recepción tendrá por parte de la hermana mayor? Leamos el versículo 9:

"Si fuera una muralla, edificaríamos sobre ella un palacio de plata; si fuera una puerta, la recubriríamos con tablas de cedro."

Veamos la frase si fuera una muralla, edificaríamos sobre ella un palacio de plata. Ya que los no judíos habían sido aceptados por Dios, estaban siendo juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. (Efesios 2:22). La iglesia judía tuvo que plantearse sobre qué edificar: ¿lo haría sobre la circuncisión, ceremonias, diferentes ritos y ordenanzas que los padres de la religión hebrea ni sus descendientes habían podido cumplir? El apóstol Santiago expresó el sentimiento de esta "hermana mayor" cuando dijo: yo juzgo que no se inquiete a los no judíos que se convierten a Dios. (Hechos 15:19). El concilio acordó no obligar a los no judíos creyentes a que cumplieran el sistema de Moisés, y aceptarlos tal como eran, haciendo todo lo posible para hacerle crecer en la fe. Continuemos leyendo el versículo 10 de este octavo capítulo:

"Yo soy como una muralla, y mis pechos, como torres. Ante sus ojos he sido como quien ha hallado la paz."

Aquí habló la hermana pequeña con alegría. Cuando en el concilio de Jerusalén, la iglesia no judía se enteró de la resolución de la asamblea, se alegró por el consuelo que les traía (Hechos 15:31). Se alegraron por el privilegio de ser reconocidos como una muralla en el templo de Dios, y como conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, y parte de un edificio espiritual cuya piedra angular era Cristo (Efesios 2:19-22).

En la frase mis pechos como torres vemos un símbolo de la iglesia no judía, que pronto alimentó a muchos hijos e hijas con la leche espiritual de la Palabra de Dios. Esta iglesia creció con sorprendente rapidez, así que la hermana pequeña llegó a ser más hermosa y recibió más honra que la hermana mayor.

En esta parábola de la hermana pequeña hay un mensaje misionero. Tenemos que reconocer que la hermana pequeña incluyó a todas las naciones de nuestro tiempo. Pero en muchos países del mundo hay personas que nunca han respondido al llamado del Esposo divino, sencillamente porque nunca han oído Su voz. Como dice Romanos 10:14, ¿Cómo oirán sin haber quien les predique?

Leamos ahora el versículo 11, que nos habla sobre

El traspaso de la viña

"Salomón tuvo una viña en Baal-hamón, y la encomendó a unos guardas, y cada uno le llevaba por su fruto mil monedas de plata."

Al leer las frase Salomón tuvo una viña vemos a Salomón como un símbolo de Cristo. La esposa, que es la Iglesia unida de judíos y no judíos, nos recuerda la historia de la viña. Primero estuvo a cargo de los guardas originales, la nación de Israel, y después quedó comprometida a su propio cuidado. Es la misma parábola que Jesús pronunció en Mateo 21:33-46 y que contaba la historia de un propietario que plantó un viñedo, lo cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después, arrendó el viñedo a unos labradores y se fue de viaje. Cuando se acercó el tiempo de la cosecha, envió a sus siervos para recibir lo que le correspondía, pero ellos fueron golpeados y matados. Finalmente envió a su propio hijo. Pero nos dice el texto en Mateo 21:38-40, 38Pero los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: "Este es el heredero; venid, matémoslo y apoderémonos de su heredad". 39Y tomándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. 40Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? La respuesta es que vendrá y destruirá a los labradores y entregará el viñedo a otros. Continuemos leyendo el versículo 12 del capítulo 8 de Cantar de los Cantares, que dice:

"¡Mi viña, la mía, está delante de mí! ¡Que las mil monedas sean para ti, Salomón, y doscientas para los que guardan el fruto!"

Aquí dice doscientas monedas para los que guardan el fruto. Ellos tendrían que ser pagados por su trabajo. Pablo dijo en 1 Corintios 9:14, que los que predicaban el evangelio debían vivir de ese ministerio.

Observemos que después dijo: Que las mil monedas sean para ti, Salomón. La esposa, a diferencia de su predecesora, prometió que todos los ingresos serían para el Señor; sin embargo, se ocuparía de ella con todo su corazón, como si fuera suya; por eso dijo mi viña, la mía, está delante de mí.

Históricamente, la Iglesia primitiva se ocupó del cuidado de la viña de esa manera. Pero, desgraciadamente, la Iglesia de nuestro tiempo ofrece una imagen diferente. ¡Ah, si usted y yo, como miembros de la esposa de Cristo, fuéramos fieles en la porción de la viña que Dios nos ha asignado para nuestro cuidado! Finalmente, leamos el versículo 14, último de este capítulo 8 y de este libro

"¡Corre, amado mío, como la gacela o el cervatillo, por las montañas llenas de aromas!"

La esposa le está diciendo al Señor de la viña: "¡Vuelve, regresa!" En el libro del Apocalipsis, lo último que dice es Amén, ¡ven Señor Jesús! (Apocalipsis 22:20).

Estimado oyente, no creo que usted pueda expresar ese deseo sinceramente, a menos que usted le conozca, le ame y le haga conocer. ¿Puede usted decirle: ¿Ven, Señor Jesús,quiero que vengas?" Pablo dijo que Dios entregaría una corona a aquellos que amaran Su venida. Y amar Su venida significa amarle a El, así como una esposa espera y se prepara para la llegada del esposo, de su amado.

Y así, amigo oyente, concluimos nuestro estudio de este libro de Cantar de los Cantares. Dios mediante, en nuestro próximo programa, volveremos al Nuevo Testamento para continuar nuestro recorrido bíblico al comenzar nuestro estudio de la epístola del Apóstol San Pablo a los Colosenses. Y le invitamos a que nos acompañe. Mientras tanto, le aconsejamos que usted comience a leer el primer capítulo de esta epístola, para que se familiarice con su contenido y esté así preparado para nuestro próximo estudio.

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