Estudio bíblico de Colosenses 3:5-11

Colosenses 3:5-11

Regresamos hoy, amigo oyente, al tercer capítulo de esta epístola a los Colosenses, y nos encontramos en una sección donde el Apóstol Pablo nos presentó los aspectos prácticos de la vida cristiana.

Llegamos ahora a un párrafo que expone la idea de que

El vivir de los creyentes es santo

Si realmente hemos resucitado con Cristo, esa realidad será evidente en dos áreas de nuestras vidas: (1) en nuestra santidad personal y (2) en nuestra relación de compañerismo con los que nos rodean.

Parece que los cristianos sienten temor frente a este asunto de la santidad. Un líder cristiano pronunció la siguiente frase: "si los cristianos tuvieran tanto miedo al pecado como le temen a la santidad, sería maravilloso". De alguna manera, no nos agrada el término "santidad". Sin embargo es una buena palabra, y ese fue el tema de Pablo en este párrafo: la santidad personal.

Cristo nació como un niño allá en Belén, pero no se encuentra más en aquella posada. El está a la derecha de Dios en este mismo momento. No se encuentra en una cuna ni en un mesón, sino en el mismo cielo. Y Él se encuentra hoy allí por usted y por mí. Ahora, si usted está en Cristo, unido a Cristo, y le ha aceptado como su Salvador, entonces ese hecho se verá en su vida aquí en la tierra. Estimado oyente, si no se nota en su vida aquí, entonces es posible que usted no esté en Él allá en el cielo.

Continuemos leyendo el versículo 5 de este quinto capítulo de Colosenses:

"Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: inmoralidad sexual, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría."

El primer consejo aquí es hacer morir, colocar en el área de la muerte y el tiempo en el original griego de este mandato, sugiere una acción decisiva.

Y el apóstol iba a incluir una lista no muy numerosa pero sí muy representativa de la naturaleza humana. En primer lugar mencionó la inmoralidad sexual. Hay muchísimas personas que encubren los pecados de esta categoría y aun se consideran cristianos dedicados. Pablo expuso abiertamente estos pecados y nos dijo que debíamos colocar a la parte física de nuestro cuerpo en el lugar de la muerte. ¿Le causan a usted problemas sus ojos? ¿Es la suya una mirada de codicia, o una mirada de lujuria? Coloque esos ojos, esa manera de mirar en un lugar o condición de muerte, y después úselos como los ojos de Cristo, para que puedan contemplarle a Él. Estimado oyente, ese acto cambiará su perspectiva.

Después tenemos en este versículo la referencia a la impureza. Este término incluye pensamientos, palabras, miradas, gestos, actitudes, y los chistes, es decir, la forma en que expresamos nuestro sentido del humor.

Siguen en la lista las pasiones desordenadas. A veces los cristianos confiesan a algún consejero espiritual un pecado determinado en sus vidas. Algunos suelen decir entonces: "Bueno, es que no he podido evitarlo". Habría que decirles a esas personas que, para empezar, no tendrían que haber estado en ese lugar o en esa situación. A veces una persona se expone conscientemente a ciertas situaciones en las que sabe que va a tener que luchar contra la tentación, porque conoce sus puntos débiles.

Continúa la lista con los malos deseos, que incluyen los elementos anteriores pero es un término más general. También deben ser hechos morir.

Y el apóstol finalizó la lista con la avaricia, que es idolatría. Aquel que está dominado por la avaricia, siempre siente que debe tener más. Y es una forma de idolatría porque implica buscar la satisfacción en las cosas terrenales, en vez de buscarla en las celestiales. ¿Es posible que un cristiano esté dominado por el dinero de tal manera que haya perdido el interés por su relación con el Cristo viviente? Muchas personas resultan vencidas por la codicia, impulsadas por ansias que nunca podrán satisfacer porque nunca estarán satisfechas. Siempre querrán tener más.

Estas cuestiones pueden resultar dolorosas. Porque nuestros cuerpos son moradas o habitación del Espíritu Santo, y han de ser usados para Dios.

Podríamos incluso decir que la codicia es la raíz de la mayor parte de los problemas en todas las naciones. Como vemos, la Biblia tiene palabras muy directas para describir los males de todos los tiempos. Es evidente que la palabra "corrupción" se ha convertido en un término demasiado repetido en los medios de comunicación. En este sentido, el apóstol Pablo escribió en su primera carta a Timoteo 6:10, una conclusión de gran actualidad: la raíz de todos los males es el amor al dinero. El dinero no es el problema, porque puede ser usado para la honra y gloria de Dios. Muchas personas, incluso muchas que profesan ser cristianas están cayendo en la idolatría al adorar a este ídolo. Estimado oyente, recuerde que si usted está en Cristo, si su vida está unida a la de Cristo, El siempre tendrá prioridad; a Él le corresponde el primer lugar. Y entonces usted buscará las cosas de arriba, las cosas celestiales, aquellas que tienen que pertenecer al reino de Dios.

Luego, en el versículo 6, de este capítulo 3, de la epístola a los Colosenses, leemos:

"Por estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia"

En la frase por estas cosas vemos una referencia a las cosas que acababa de mencionar como realizadas por aquellos que están en el sistema mundano.

Y después dijo: la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia. Los hombres no están perdidos simplemente porque hacen estas cosas, ni tampoco están perdidos por no haber oído acerca de Cristo. Están perdidos porque son pecadores, pecadores en sus corazones. Y porque son pecadores, cometen estos pecados. Y continúa diciendo el versículo 7:

"En las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas."

Aquellos que ahora conocen al Señor practicaron estos pecados en algún momento de su vida. Y se espera que no continúen cometiéndolos.

Estimado oyente, ¿le estamos dando usted y yo a Él, el primer lugar?

¿O estamos ocupados hoy en las mismas cosas en las que se ocupa el mundo, y por las cuales Dios los va a juzgar? Bueno, entonces ¿cómo podemos esperar que vayamos a escapar nosotros del juicio de Dios? Si usted está en Cristo, entonces, busque las cosas que están arriba, y así, no estará implicado en las cosas que pertenecen al sistema de este mundo. En el versículo 8, de este capítulo 3, de la epístola a los Colosenses, leemos:

"Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca."

Aquí el apóstol nos habló de los hábitos que nosotros tenemos que quitarnos como si fuera un traje o un vestido, y, después de todo, un vestido se transforma en una costumbre, ¿no es cierto? Hay muchas personas que tienen hábitos de practicar algún deporte, y acostumbran a llevar la ropa adecuada para ello. Y hay diferentes personas que manifiestan diferentes hábitos y de eso es que Pablo nos estaba hablando aquí. Estaba pidiendo que los creyentes se despojaran de estas antiguas prácticas, de la misma manera que se deshacían de la ropa vieja y sucia. Esa ropa no se lava, sino que se tira, va a parar al cubo de la basura.

En la lista tenemos la ira, que es una pasión del alma, que causa indignación y enojo. Puede dar lugar a deseos de venganza. Y luego tenemos el enojo, que es un movimiento del ánimo que suscita ira contra alguien. Hay un momento justificado para la ira. Recordemos que el Señor se llenó de ira con los fariseos, a causa de la dureza de sus corazones. Esta no fue una ira pecaminosa. El problema es que nos llenemos de ira equivocadamente, ante situaciones que no la requieran.

Luego, lo tercero que se menciona es malicia. Alguien ha dicho que la "malicia" es "enojo congelado". Es un enojo que ha sido alimentado, que trata de buscar venganza y de ajustar las cuentas. El apóstol Pablo dijo que un cristiano debía quitarse esa vieja ropa sucia. Porque esa clase de conducta no representa a Cristo.

Aquí también se menciona la palabra blasfemia. Y, opinamos que la blasfemia puede ser de dos clases. Hay una blasfemia contra Dios, y una blasfemia contra las personas. El primer tipo de blasfemia es difamar el nombre de Dios. No es simplemente tomar Su nombre en vano, sino dar una imagen falsa de Él, implica odiarle. En cierta ocasión una señora escribió acerca de la muerte de su hijo pequeño de tres años, y de cómo ella odiaba a Dios por eso. Es que odiar a Dios por algo que ha sucedido es realmente una blasfemia.

Y usted puede blasfemar también contra otros cristianos cuando hace alguna declaración falsa sobre alguien, que no es cierta. Cuando usted pronuncia alguna acusación falsa de una manera u otra contra algún creyente, entonces, usted está blasfemando. Así es que tenemos diferentes clases de blasfemias.

Luego nos dice este versículo: Palabras deshonestas de vuestra boca. Significa hablar cosas ordinarias, groserías, e incluye palabras ofensivas y obscenas. No podemos creer que haya creyentes que disfruten con ese vocabulario y que se permitan ese tipo de conversación. Algunos cristianos utilizan palabrotas o tacos, y entonces decimos coloquialmente que "sueltan tacos". Esta forma de expresarse dice mucho de lo que hay, y de lo que no hay en el corazón de las personas y no podemos entender como alguien pueda profesar ser un hijo de Dios y comportarse de esa manera. Realmente, son elementos que deben ser quitados de la vida. Y luego, Pablo nos dijo en el versículo 9:

"No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos"

¿A quién estaba hablando Pablo aquí? A los creyentes, porque dijo después Y habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos. Aquí se habla de despojarse del ropaje de la vieja naturaleza. Ahora, ¿es posible que un creyente mienta? Seguro que lo es. Esto no quiere decir que usted pierde su salvación cuando lo hace. Si así fuera, muchos ya la habrían perdido hace ya mucho tiempo. Esto también nos revela que uno no puede alcanzar aquí en la tierra un estado de perfección, y que tampoco se libra uno completamente de la vieja naturaleza cuando se convierte en un hijo de Dios.

Creemos que una de los primeros pecados que un niño comete, es decir mentiras. El mentir es algo que está profundamente arraigado en el corazón humano y muchos cristianos aun se permiten faltar a la verdad.

Y continuó Pablo diciendo en el versículo 10:

"Y revestido del nuevo. Este, conforme a la imagen del que lo creó, se va renovando hasta el conocimiento pleno"

Y aquí tenemos el ropaje de la nueva naturaleza. Si usted se despoja de la ropa vieja, de la vieja naturaleza humana, se viste con el nuevo ropaje de la nueva naturaleza. La naturaleza aborrece al vacío. El quitarse una ropa no es suficiente; debemos vivir en el nuevo hombre, en la nueva naturaleza por el poder del Espíritu Santo.

Usted y yo tenemos una vieja naturaleza que nos ha controlado por tanto tiempo que hemos desarrollado ciertos hábitos. Y esa es la razón por la cual vestido o ropa es un término efectivo para ilustrar lo que es un hábito. Hemos desarrollado ciertos modelos de comportamiento en la forma en que decimos y hacemos las cosas. También tenemos dentro de nosotros un sistema nervioso complejo que está condicionado para responder de una manera fija, determinada. Si yo pongo mi mano en el fuego, por ejemplo, enseguida sale una señal por medio de mi sistema de células nerviosas que va hasta el cerebro. El mensaje es transferido a un nervio motor que desciende hasta la mano y le ordena que se retire del fuego. Y entonces usted aparta bruscamente la mano del fuego. Por supuesto, esto sucede más rápidamente que el tiempo que uno emplea en contarlo. Se trata de una acción refleja que ocurre con gran rapidez. Y así, nuestros modelos de hábitos y costumbres se van formando.

Es psicológicamente cierto que somos capaces de librarnos de ciertos hábitos y de formar nuevos hábitos. Pero esto es especialmente cierto para el cristiano porque él tiene el poder del Espíritu Santo dentro de sí. Por lo tanto, debemos revestirnos con la ropa de la nueva naturaleza.

Y el versículo 10 continúa diciendo: conforme a la imagen del que lo creo, se va renovando hasta el conocimiento pleno. Usted y yo tenemos que vestirnos del nuevo hombre, y ese Hombre nuevo es Cristo. De esa manera la iglesia puede representarle a Él en esta tierra.

Finalmente por hoy, leamos ahora el versículo 11, de este tercer capítulo de Colosenses:

"Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni extranjero, esclavo ni libre, sino que Cristo es el todo y en todos."

El versículo comienza diciendo no hay griego ni judío en la iglesia, el cuerpo de los creyentes. Esta era una división religiosa o una distinción que se hacía en los tiempos de Pablo.

La frase circuncisión ni incircuncisión nos recuerda la división religiosa de la época.

Y después el apóstol mencionó al bárbaro o extranjero (o escita, como traducen otras versiones). Se llamaba "bárbaros" a los que no eran griegos, y a quienes hoy llamaríamos paganos. Los "extranjeros o escitas" eran la peor clase de bárbaros, que provenían de Escitia, la región situada al norte del Mar Negro y el Mar Caspio. Eran salvajes nómadas. Eran paganos, malos y brutales. Capturaban a sus enemigos y les arrancaban la cabellera. Entonces tomaban el cráneo y lo usaban como una copa, con la que bebían la sangre de sus víctimas. Los antepasados de muchos de raza blanca provienen de ese territorio y son llamados caucásicos, de acuerdo con el nombre de la región en la cual vivían.

Incluso en los días de Pablo, algunos de aquellos bárbaros fueron conducidos a Cristo. El evangelio se había difundido y realizado una gran obra, y algunos de ellos eran miembros de la iglesia de Colosas. Los misioneros se habían dirigido hacia el norte, a los mares Negro y Caspio, y de esa manera los escitas habían sido ganados para Cristo. Aun siendo bárbaros, habían sido introducidos en ese nuevo cuerpo que es la iglesia.

Y el versículo 11 culmina diciendo: Cristo es el todo y en todos. Uno no puede encontrar una realidad más maravillosa que ésta. Supera toda descripción. Cristo es el catalizador que reúne a individuos y grupos que están separados y los hace uno en Él. Un catalizador es una sustancia que se coloca con elementos que se oponen entre sí y los une en un nuevo compuesto. Esto es exactamente lo que Cristo hace. Todos hemos sido hechos uno en Él.

Recordemos que nos encontramos en la sección práctica de Colosenses. En la sección doctrinal vimos a Cristo, que es la plenitud de Dios y la cabeza de la iglesia. Los creyentes están llenos, han sido hechos completos en Él. Encontramos todo lo que necesitamos para nuestra vida cristiana en Cristo, y no en ningún sistema legalista humano, ni en un sistema filosófico.

Y ya que hemos resucitado espiritualmente con Cristo, tenemos que buscar las cosas de arriba, las cosas celestiales, donde se encuentra Cristo, a la derecha de Dios. Hemos visto que esta realidad nos conducirá a la santidad personal. En nuestro próximo programa y comenzando con el versículo 12 encontraremos que también nos conducirá la santidad en nuestra relación con otros; de esta forma, los versículos 18-21 tratarán el tema de la santidad en el hogar; y los versículos 22-25 hablarán de la santidad en el trabajo. Y así, la vida cristiana consiste en vivir la plenitud de Cristo en nuestra conducta en el hogar, en nuestra profesión y en nuestras relaciones sociales.

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