Estudio bíblico de Isaías 1:1-3

Isaías 1:1-3

En los últimos dos programas, amigo oyente, hemos estado hablando acerca de los profetas y la profecía, y hemos presentado una introducción a este tema. Nos encontramos ahora en nuestro estudio bíblico en la sección final del Antiguo Testamento, donde encontramos los Libros Proféticos. En el día de hoy queremos hablar en particular del profeta Isaías, y queremos mencionar algo acerca de su vida personal como profeta. La mayoría de los profetas actuaron en una órbita de oscuridad y anonimato. Ellos no proyectaban sus personalidades en las profecías que presentaban. Opinamos que Jeremías y Oseas fueron excepciones en cuanto a esto, y ya los examinaremos con mayor detalle cuando nos toque estudiar esos Libros. Pero Isaías mencionó muy poco en cuanto a sus datos personales. Hay muy pocas referencias a su vida y a su ministerio.

El autor y la fecha de su ministerio

En cuanto al autor podemos decir que era hijo de Amoz (1:1). El nombre "Isaías" significa "El Señor es salvación". Aunque se conoce más sobre Isaías que sobre la mayoría de los demás profetas, la información sobre él es aún escasa. Probablemente residía en Jerusalén y tenía acceso a la corte real. De acuerdo con la tradición, era primo del rey Uzías, aunque no existe evidencia que apoye esa opción. Pero tuvo contacto personal con al menos dos reyes de Judá que fueron descendientes de David: Acaz y Ezequías.

Isaías estaba casado (8:3) y tuvo dos hijos. Se desconoce el año de su muerte, pero es posible que ocurrió después de la muerte de Ezequías en el 686 A.C., durante el reinado de Manasés, porque Isaías escribió una biografía de Ezequías, como podemos ver en 2 Crónicas 32:32. La muerte de Isaías habría ocurrido después de la muerte de Senaquerib, rey de Asiria, como puede deducirse de Isaías 37:38. La muerte de Senaquerib tuvo lugar en el año 681 A.C. Considerando que el ministerio del profeta comenzó en algún momento durante el reinado de Uzías (que reinó entre el 790 y el 739 A.C.) Isaías profetizó durante por lo menos 58 años. O sea, desde el 739 (año de la muerte de Uzías) hasta el año 681, fecha de la muerte de Senaquerib.

De acuerdo con una tradición del siglo segundo D.C., Isaías fue martirizado durante el reinado de Manasés. Justino Martir escribió que el profeta murió aserrado. En caso de ser cierta esa tradición, estaría incluido con aquellos mártires mencionados en Hebreos 11:37.

Propósito del libro

Del bosquejo general que presentamos en nuestro programa anterior, podemos deducir que el propósito principal del profeta Isaías al escribir esta obra, fue recordar a sus lectores la relación especial que tenían con Dios como miembros de la nación de Israel, que era la comunidad del pacto.

Como los demás profetas cuyos escritos están incluidos en la Biblia, Isaías conocía el pacto entre Dios y Abraham (Génesis 12, 15 y 17) en el cual Dios prometió a Israel que gozaría de una relación especial con Él, que poseería la tierra de Canaán, y que sería de bendición para otros.

Isaías también era consciente del Pacto Mosaico, dado a Israel en los tiempos del Éxodo de Egipto, y repetido por Moisés a la generación de Israelitas cuando éstos estaban por entrar en Palestina. En el libro del Deuteronomio Dios, por medio de Moisés, había prometido al pueblo que, como miembros de la comunidad del pacto, disfrutarían de Sus bendiciones si vivían de acuerdo con el pacto con Moisés (Deuteronomio 28:1-14). Pero también les advirtió que si no obedecían sus mandamientos experimentarían las maldiciones especificadas en el pacto (Deuteronomio 28:15 - 68), incluyendo el exilio de la tierra prometida.

Sin embargo, a causa del pacto con Abraham, en el cual Dios prometió bendiciones a Israel y al mundo, Moisés pudo afirmar que, incluso después de que el pueblo hubiera sido exiliado, el Señor algún día les traería de regreso a la tierra para formar parte de Su reino.

Así que Isaías apeló al pueblo de Judá para que restablecieran su relación con Dios. Le recordó a su generación su vida pecaminosa y les advirtió de las consecuencias que vendrían sobre ellos.

Isaías era consciente de que Judá estaba destinado al exilio, así como le había sucedido al reino del norte. Su profecía entonces estuvo dirigida a dos grupos de personas: en primer lugar, a la gente de su generación, que se había apartado de las obligaciones del pacto incluidas en la ley de Moisés, y en segundo lugar, a la gente de una futura generación que viviría en el exilio. Al primer grupo el profeta lo llamó a regresar a la obediencia y a la santidad de vida, y al segundo grupo, lo consoló con la certeza de que Dios les restauraría a su tierra y establecería un reino de paz y prosperidad.

Los profetas Oseas y Miqueas fueron contemporáneos de Isaías. Muchos han observado las coincidencias en el mensaje y el vocabulario de Isaías y Miqueas.

El libro de Isaías es el primero de los 17 libros proféticos del Antiguo Testamento, no por ser el más antiguo sino porque es el más completo en contenido.

Pasemos entonces a considerar el

Capítulo 1

El tema del capítulo 1, considerado en su totalidad, es la acusación de Dios contra la nación de Israel. Este capítulo es el llamado solemne de Dios al universo, para que se presente en la sala del tribunal para escuchar la acusación de Dios contra los israelitas.

Isaías vivió en una época de tensión. En muchos aspectos fue un tiempo de crisis en la historia del mundo. Sucedieron eventos que conmocionaron al mundo. Juicios catastróficos y cataclismos tuvieron lugar, y hubo agitación en el orden social.

En el norte surgió una nueva nación, que se encaminaba hacia la dominación mundial. Asiria, el imperio más brutal que como nunca antes lanzó sus ejércitos al campo de batalla, marchaba decididamente para lograr la conquista del mundo. El reino del norte de Israel ya había sido conquistado y se encontraba cautivo por los Asirios. El reino del sur, el de Judá, se encontraba en una condición precaria y un ejército Asirio de 185.000 soldados estaba justamente fuera de las murallas de Jerusalén.

En medio de esta situación desesperada, en momentos de gran incertidumbre, el rey Ezequías entró al templo y se dirigió a Dios en oración. En respuesta, Dios le hizo llegar una palabra de aliento. Le aseguró que Asiria nunca conquistaría al reino de Judá, el ejército Asirio nunca marcharía por las calles de Jerusalén, y ellos nunca cruzarían el umbral de ninguna puerta de la ciudad del gran Rey. Pero Dios estaba preparando a otra nación, que era Babilonia, junta a las orillas del Río Éufrates. Esta nación, con el tiempo conquistaría a Judá y llevaría al pueblo al cautiverio, a menos que ellos se volvieran a Dios.

Dios estaba dando al reino de Judá otra oportunidad. Para establecer la justicia de Su causa, Dios la citó en el tribunal, el tribunal de Su justicia. Dio a este pueblo la oportunidad de responder a la acusación, de oír el veredicto, y de entregarse a la misericordia, a la clemencia de Su corte de justicia. En estas páginas es como si Dios nos invitara a la sala del tribunal para ver si Él es justo. Y es apropiado para este tiempo y para esta generación en la cual vivimos, entrar en esa sala del tribunal para ver a Dios en el trono del juicio en esta escena sensacional.

En la mentalidad del sistema del mundo, Dios ha sido removido del trono del juicio. Ha sido despojado de Su autoridad, prerrogativa y privilegio real, y de los límites que Él estableció como gobernante moral de Su universo. Su nombre ha sido empujado hasta los confines del mundo y tratado como si fuera un exceso de equipaje. Pero hay que aclarar que ésta es una imagen blasfema de Dios. Él es aun el gobernante moral de Su universo. Dios aún se encuentra en el trono de justicia, Él no ha abdicado de Su trono, y Él castiga el pecado.

El profeta Isaías registró los principios bajo los cuales Dios juzga a las naciones. Dios levanta las naciones, las hace surgir, y las abate. Los reinos de este mundo pertenecen en la actualidad a Satanás, pero Dios domina y prevalece sobre ellos. A través de la historia, Dios ha permitido que surgieran grandes naciones, y ha permitido también que Satanás las utilizara. Pero cuando llega un determinado momento en los planes de Dios para que ciertas naciones desaparezcan de la escena, Él las remueve, a pesar del poder de Satanás. Incluso el propio pueblo de Dios, los judíos, son un testimonio del hecho de que l dirige los asuntos de las naciones del mundo.

Hay una expresión que viene a mi mente una y otra vez, perteneciente a la canción de Moisés, que los israelitas cantaron cuando cruzaban el Mar Rojo y que encontramos en Éxodo 15:3. Y es la expresión "El Señor es un guerrero". Y Él ciertamente lo es y no contemporizará con el pecado. Dios no aceptará la bandera blanca de la rendición. Él continúa avanzando con una furia directamente dirigida hacia su objetivo, decidida e inflexible. Y habría esperanza hoy para el hombre si él pudiera decir, como dijo Isaías en 6:1, "Vi al Señor sentado sobre un trono alto y sublime."

Comencemos, pues, la lectura de este primer capítulo del libro del profeta Isaías, con el primer versículo, que dice:

"Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá."

En primer lugar, observemos que ésta fue una visión acerca de Judá y Jerusalén. Aunque la profecía se refiere directamente a un pueblo y a una ciudad concreta, tiene una gran aplicación para cualquier pueblo de la tierra y haremos bien en escuchar este mensaje y tenerlo en cuenta.

Dice aquí en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías. Uzías, el décimo rey del reino de Judá, contrajo la lepra porque se entrometió en el lugar santo del templo, acción que no se le permitía ni siquiera al rey. Sin embargo, Uzías fue considerado un buen rey. Jotam, su hijo, que le sucedió en el trono, fue también un buen rey. Pero Acaz, el nieto de Uzías, fue un mal rey. Finalmente, Ezequías, el último de los reyes aquí mencionados, fue un buen rey. Él fue el rey que pidió a Dios que su vida fuera prolongada y Dios le concedió ese deseo. El haber pedido ese privilegio fue probablemente un error por parte de Ezequías, porque muchos acontecimientos lamentables ocurrieron durante sus últimos años de vida, hechos que realmente fueron la ruina de su reino.

Continuemos leyendo el versículo 2 de este primer capítulo de Isaías:

"Oíd, cielos, y escucha tú, tierra, porque habla el Señor: Crié hijos y los engrandecí, pero ellos se rebelaron contra mí."

Aquí podemos ver que Dios comenzó esta profecía de una forma majestuosa. Éste fue el juicio u opinión general de Dios contra Judá. Como dijimos anteriormente, fue como si Él estuviera convocando al mundo a la sala del tribunal para escuchar el proceso legal al que sometió a Su pueblo. Dios no hace nada en un rincón o en la oscuridad. Este lenguaje es extrañamente familiar a la forma en que comenzó Deuteronomio 32, donde dice: "Escuchad, cielos, y hablaré; oiga la tierra los dichos de mi boca". Cuando Dios colocó a la nación de Israel en la tierra, después de haberlos sacado de la tierra de Egipto, estableció las condiciones bajo las cuales les entregaba esa heredad en la tierra prometida. Y en el pasaje que hemos leído en Deuteronomio, Él estaba llamando a las inteligencias creadas de los cielos y la tierra para que fueran testigos de esas condiciones.

En este momento de nuestro relato, después de quinientos años, Dios dijo: "Crié hijos y los engrandecí, pero ellos se rebelaron contra mí". Él estaba dispuesto a quitarles de la tierra que les había entregado y enviarlos al cautiverio de Babilonia. Así que convocó a los seres inteligentes del universo para que fueran testigos de que Él es justo y acertado en Sus tratos con Su pueblo. Su acusación contra ellos, era la de rebelión. La condición bajo la cual se les había permitido habitar en aquella tierra era la obediencia. Pero ellos fueron desobedientes y, de acuerdo con la ley de Moisés, cuando un hombre tenía un hijo rebelde, tal hijo tenía que ser apedreado hasta la muerte. Así que la acusación de Dios contra ellos era muy grave. Como hijos de Dios, ellos se habían rebelado contra la ley que Él había entregado a Moisés. En el libro de Deuteronomio 21:18-21, podemos leer la ley vigente para un hijo incorregible. Decía así: "18Si alguien tiene un hijo contumaz y rebelde, que no obedece a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y que ni aun castigándolo los obedece, 19su padre y su madre lo tomarán y lo llevarán ante los ancianos de su ciudad, a la puerta del lugar donde viva, 20y dirán a los ancianos de la ciudad: Este hijo nuestro es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. 21Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá. Así extirparás el mal de en medio de ti, y cuando todo Israel lo sepa, temerá."

Esto fue lo que la ley disponía para el hijo pródigo. Cuando la multitud escuchó a Cristo contar la parábola del hijo pródigo quedó muda de asombro cuando Él dijo que su padre ordenó a sus siervos que mataran el ternero más gordo para celebrar un banquete, en vez de matar a su hijo. Recordemos el relato de Lucas 15. Cuando el hijo pródigo llegó a su hogar, le pidió perdón a su padre, e incluso antes de terminar su confesión, su padre le estrechó entre sus brazos, lo besó y le perdonó. Así que, en vez de azotes u otro castigo peor, el hijo fue agasajado con una gran fiesta. Es que Dios no sólo es justo, sino también compasivo, misericordioso; pero la rebelión de un hijo es un asunto grave y la Biblia tiene mucho que decir al respecto.

Con el propósito de enfatizar Su acusación y romper la tensión de la sala del tribunal, Dios se complació en usar algún sentido del humor. Confiamos en que usted perciba el humor en algunas partes de la Biblia; si usted así lo hace, disfrutará más de su lectura. Creemos que cuando lleguemos a la eternidad y hayamos superado la época del pecado en esta tierra, y hayamos llegado al final del programa que Dios está desarrollando en el período actual, como se dice popularmente, vamos a pasarlo bien. Creemos que vamos a reír mucho y que vamos a disfrutar de situaciones divertidas. Y no les hace mal a los cristianos tener un correcto sentido del humor. Dios ha colocado humor en la Biblia y a nadie debería parecer una falta de reverencia reconocer esta realidad. Porque Dios quiere que, en todos los aspectos de la vida, disfrutemos de la vida cristiana.

Continuemos leyendo el versículo 3 de este primer capítulo de Isaías:

"El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento."

Este versículo constituye una sátira. Los dos animales que fueron usados en la ilustración no tienen precisamente la reputación de ser muy inteligentes. Ni el buey ni el asno tienen un elevado coeficiente intelectual. Sin embargo, a pesar de sus limitaciones, estos animales tienen la suficiente inteligencia como para saber quién los alimenta.

A veces, como nosotros usted habrá observado a un burro. En una ocasión vimos a un granjero que llegaba a un comercio rural con un burro, al que dejaba fuera al comenzar su jornada laboral. Mientras el dueño no estaba, los niños del vecindario lo montaban. Y mientras tanto, el burro no les prestaba la menor atención. Más tarde, el dueño del animal venía a buscarlo y cuando se aproximaba, el burro erguía sus orejas. Conocía a su dueño. Sabía quien iba a darle de comer esa noche.

Sin embargo, con muchas personas sucede lo contrario, porque no tienen la inteligencia suficiente como para ser conscientes de que Dios provee para todas sus necesidades. No saben que Él las alimenta. Ni siquiera reconocen que Él existe. Éste es un lamentable comentario sobre una generación sofisticada que cree no necesitar más a Dios.

En el pasaje que acabamos de leer Dios dijo: El buey conoce su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. Los que no aceptan el relato Bíblico de la creación sostienen que el ser humano desciende de animales. Sería más apropiado decir que el hombre actúa como los animales. En realidad, podría afirmarse que algunos animales superan a algunas personas en inteligencia. En esos casos parecería que los animales descienden de los seres humanos, porque se comportan como si hubieran alcanzado un estado evolutivo mejor que muchos. Y eso que no hemos considerado otros aspectos del comportamiento humano como la brutalidad, la capacidad para autodestruirse, y para destruir el medio ambiente y los recursos naturales. Hablamos de esta manera porque reconocemos que el ser humano ha caído muy bajo y no parece querer salir de su estado de postración espiritual. Realmente, las palabras que el Señor dijo al abrirse la sesión en la sala del tribunal acerca del cual hemos leído, invitan a pensar, nos hacen reflexionar seriamente sobre la situación a la que ha llegado muchas personas en su alejamiento de Dios.

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