Estudio bíblico de Mateo 13:3-23

Mateo 13:1-23

Tema: Las parábolas del reino de los cielos muestran la trayectoria que sigue el reino después del rechazo de Israel hasta que el Rey regrese para establecer el reino de los cielos sobre la tierra.

Como ya hemos dicho anteriormente, el Evangelio según Mateo es, probablemente el Evangelio clave de la Biblia. Es como una puerta abierta al Antiguo y al Nuevo Testamentos. Este capítulo 13 es una parte clave y sumamente importante del Evangelio de Mateo, que nos da una comprensión mejor de la naturaleza del reino de los cielos que la que encontraríamos en otros pasajes. Lo llamamos el discurso de las Parábolas del Misterio, y es uno de los 3 discursos principales de este Evangelio, que son los siguientes:

1. El Sermón del Monte, que dirigía una mirada hacia el pasado. Era la ley para aquella tierra.

2. El discurso de las Parábolas del Misterio, que revelaba el estado del reino de los cielos durante la época actual.

3. El discurso de los Olivos, que miraba al futuro, al regreso del Rey y los eventos posteriores a este período.

Recordemos que nuestro Señor siguió con el Tema de la predicación de Juan el Bautista, que era: "arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado". Y Jesús expuso la ley del Reino, es decir, el Sermón del Monte. Después, demostró que tenía el poder, la fuerza para llevar a la práctica esos principios, y después envió a Sus discípulos para que predicasen Su mensaje. Este fue rechazado, porque Israel rechazó al Rey. En consecuencia, el Señor pronunció palabras de juicio contra las ciudades donde sus obras milagrosas habían tenido lugar, y contra los líderes religiosos. Cuando los escribas y los fariseos le pidieron una señal, les respondió que no les presentaría ninguna, excepto la señal de Jonás. La experiencia de Jonás había sido una señal ilustrativa de la resurrección, que ellos verían cumplida en Cristo poco tiempo después. Finalmente, encontramos una invitación muy personal: "Venid a mí los que estáis muy cansados y cargados, y yo os haré descansar".

Surge entonces la pregunta sobre qué sucedería con el reino de los cielos. Es evidente que Jesús no lo establecería en la tierra en Su primera venida. ¿Qué pasaría con el reino durante el intervalo comprendido entre los sufrimientos de Cristo y su gloria? En el discurso de las Parábolas del Misterio y por medio de 7 u 8 parábolas, nuestro Señor nos explicó las condiciones existentes en la tierra durante ese intervalo.

Las llamamos las Parábolas del Misterio porque en la Palabra de Dios un misterio es algo escondido o secreto hasta cierto momento, y luego revelado. De acuerdo con esta definición, la iglesia es un misterio, ya que no fue un Tema revelado en el Antiguo Testamento. Fue revelado después de la muerte y resurrección de Cristo. De hecho, no podía haber iglesia hasta que Cristo muriese y resucitase. La carta a los Efesios dice en 5:25, que "Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella".

Estas Parábolas del Misterio muestran la trayectoria del reino después de que éste fuera ofrecido a Israel y rechazado. Revelan qué va a ocurrir entre el momento del rechazo a Cristo y el tiempo de su regreso a la tierra como Rey. Con estas parábolas nuestro Señor abarca la totalidad del período entre aquel rechazo por parte de Israel y Su regreso a la tierra para establecer Su reino. Considero que éste es un Tema muy importante.

Al comenzar el estudio de este capítulo, observa que las acciones mismas de Jesús son particularmente interesantes. Leamos los versículos 1 y 2:

Ese mismo día salió Jesús de la casa y se sentó a la orilla del mar.

"Y se congregaron junto a El grandes multitudes, por lo que subió a una barca y se sentó; y toda la multitud estaba de pie en la playa."

Tomemos nota del simbolismo: dice aquí que "ese mismo día salió Jesús de su casa", lo cual nos habla de la casa de Israel. Continúa diciendo que "se sentó a la orilla del mar". El mar, en otras partes de la Biblia, simboliza a las naciones Gentiles, también llamadas paganas. Es que nuestro Señor estaba saliendo de la nación de Israel y volviéndose hacia el mundo. A partir de ese instante estaría hablando de lo que sucedería en el mundo hasta que El regresase como Rey.

Esta acción denota el cambio extraordinario que tendría lugar en Sus métodos. Se habían reunido grandes multitudes para escucharle, y El se instaló en una barca y comenzó a hablar a los que estaban en la orilla.

El texto nos lleva a considerar la primera, parábola, la

Parábola del sembrador

Aunque muestro Señor presentó varias parábolas en este capítulo, solo interpretó 2 de ellas: la parábola del sembrador y la parábola del trigo y la cizaña. Su interpretación es una guía para el simbolismo de las otras parábolas. Por ejemplo, en esta parábola del sembrador, los pájaros representan a Satanás. Ahora bien, cuando El utilizó el símbolo de los pájaros en otra parábola, podemos estar seguros de que no representaban a algo bueno. Tenemos que ser coherentes y seguir la interpretación de nuestro Señor.

La parábola del sembrador es la primera de las parábolas del misterio y puede ser considerada como el fundamento de todas ellas. Leamos el versículo 3:

"Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar;"

Me adelantaré para mencionar la interpretación de nuestro Señor sobre el sembrador. Más tarde, nos dirá que el sembrador es el Hijo del hombre y que la simiente representa a la Palabra de Dios. Continuemos leyendo los versículos 4 al 8:

"Y al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en pedregales donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó porque no tenía profundidad de tierra; pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena y dio fruto, algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta."

La siembra de semillas era una imagen familiar en Palestina. Allí escarbaban la tierra con un arado tosco. Algunas veces ni siquiera llegaban a tanto. Entonces el sembrador salía y echaba las semillas sobre la tierra. En la actualidad se utilizan máquinas para sembrar las semillas, mientras que en aquellos tiempos se sembraba a mano.

Como ya he mencionado, el sembrador representaba al Señor Jesús; sabemos esto de la parábola del trigo y la cizaña, en el versículo 37. El Señor Jesús es el que siembra la semilla, y yo creo que esto define su actividad hoy en día en el mundo. El era el Rey, pero dejó de lado su túnica real y en la actualidad está realizando la tarea de un agricultor, sembrando semilla. No obstante, todavía es el Rey.

La semilla, de acuerdo con el versículo 19, representa a la Palabra de Dios. El campo, según el versículo 38, simboliza al mundo. Observa que es el mundo, no la iglesia. Estamos hablando de la situación del mundo. Creo que la imagen es la siguiente: aquí está la iglesia en el mundo, y fuera de ella se encuentran multitudes de personas que no han recibido a Cristo. La Palabra de Dios llega a unos y a otros. Algunos la aceptan y otros no. Nuestra labor es sembrar esa semilla aunque no todos la recibirán.

El Señor Jesús tiene la responsabilidad de este gran programa de siembra de semilla. El me ha asignado a mí una parte pequeña para trabajar, y mi tarea es sembrar semilla. Aquí quiero ser específico. Este es el día de la siembra. Y no quisiera hilar muy fino, pero la "cosecha" no es la imagen para hoy. Claro que alguien podría decir: "¿No dijo Cristo, rogad al Señor de la mies?". Sí, y leámoslo otra vez, en Mateo 9:36-38:

"Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos. Por tanto rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies."

Estas palabras fueron pronunciadas justamente antes de que el Señor enviase a Sus discípulos a las ovejas perdidas de la casa de Israel. La época de la Ley estaba llegando a su fin. El tiempo de la cosecha llega después que la semilla ha sido sembrada. Por, aproximadamente, 1.500 años, en la etapa de la Ley, la semilla había sido sembrada. Luego llegó la cosecha y una nueva época: una nuevo período de tiempo en el desarrollo del propósito y revelación de Dios. Al finalizar una época hay una cosecha y al comenzar otra época, tiene lugar una siembra de semilla. Pero quiero enfatizar que la cosecha al final de un período de tiempo consiste en un juicio. Esto lo veremos en las parábolas siguientes.

Sin embargo, en nuestro tiempo tenemos que estar sembrando la semilla de la Palabra de Dios. Me alegro cuando recibo una carta de alguien que ha escuchado mi enseñanza de la Palabra por la radio. Algunos escuchan durante un año o más y, finalmente, la semilla germina y produce fruto. Mientras esté en el mundo, mi tarea es sembrar la semilla, y la tuya también.

Observemos ahora dónde cayó la semilla. Cayó sobre 4 tipos de tierra, y tres cuartas partes de las semillas, no crecieron y murieron. No había nada malo en la semilla; el problema estaba en la tierra. Tú podrás argumentar todo lo que quieras sobre la doctrina de la elección, pero en esta parábola se ve mucha libertad para la voluntad humana. La condición de la tierra es sumamente importante en lo que a la semilla se refiere.

Examinemos ahora la interpretación del Señor sobre los tipos de tierra sobre los que cayó la semilla. En el versículo 4 dice que algunas semillas cayeron junto al camino, y que vinieron los pájaros y se la comieron. En el versículo 19 El les explicó a sus discípulos el significado:

A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino.

Los pájaros representan al maligno, al diablo que arrebata la semilla sembrada junto al camino. Esto debería hacer que toda persona que afirme ser miembro de alguna iglesia, examine su propio corazón. Estimado oyente, no apliques esto a otros, sino a ti mismo.

La tierra junto al camino, aparentemente representa a miembros de iglesia que son cristianos profesantes, es decir, que han expresado de palabra una adhesión al Evangelio. Escucharon la Palabra de Dios, pero no fue la de ellos una escucha de fe. No hubo una combinación de Palabra y fe, y si hubo alguna fe, fue una fe formal o intelectual, que simplemente consistió en asentir con la cabeza. En otras palabras, para cristianos como éstos el cristianismo es una posición secundaria o suplementaria; pertenecer a la iglesia es como ser miembro de una asociación o un club. Están en estado de congelación. No solo los encontramos en iglesias, sino que algunos han abandonado la iglesia y están implicados en diversos cultos y sectas.

El segundo grupo está representado por los pedregales. Leamos los versículos 20 y 21:

"Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, éste es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo; pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que sólo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida tropieza y cae."

Estas personas del terreno pedregoso pertenecen al extremo opuesto al primer grupo, que estaba junto al camino: oyentes a quienes el diablo había arrebatado la palabra sembrada. En este segundo grupo, la naturaleza carnal o física es la culpable. En vez de encontrarse en estado de congelación, éstos son afectuosos, emotivos, prontos a derramar lágrimas y que se conmueven mucho. Son muy extrovertidos y yo los compararía al ruido que produce un cohete en su plataforma de lanzamiento; pero después nunca se colocan en órbita. Al participar en reuniones especiales, demuestran mucho ardor y energía, pero una vez terminado el encuentro, quedan como las velas extinguidas. O sea, que tienen momentos de gran entusiasmo, alcanzando un alto grado de emotividad, pero sin una relación verdadera con Cristo.

El tercer grupo de oyentes es como el terreno espinoso. Leamos el versículo 22:

"Y aquel en quien se sembró la semilla entre espinos, éste es el que oye la palabra, mas las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se queda sin fruto."

A estas personas, el mundo las satura, excluyendo a la Palabra de Dios. En el primer grupo, el diablo ganaba a los que se encontraban junto al camino; en el segundo grupo, en el terreno pedregoso, la naturaleza física o carnal dominaba a los oyentes. Aquí, en el tercer grupo de oyentes, el mundo ahoga la Palabra sembrada. Aparecen las preocupaciones; algunas veces se trata de la pobreza, y otras, del carácter engañoso de las riquezas. Resulta interesante que personas de los dos extremos del espectro social --de pobreza extrema o de gran prosperidad-- son las más difíciles de alcanzar para Cristo. Conozco a muchos que, agobiados por las preocupaciones del mundo, han dejado fuera a la Palabra de Dios. Estos 3 tipos de tierra no representan a 3 tipos de creyentes, porque no se refieren en absoluto a creyentes. Son personas que han escuchado la Palabra de Dios y solo han profesado recibirla, es decir, han expresado verbalmente cierta adhesión a los principios cristianos. Estimado oyente, sería conveniente examinarnos a nosotros mismos para ver si estamos realmente en la fe cristiana.

Gracias a Dios que algunas semillas cayeron en buena tierra, y el Señor nos da su interpretación. Leamos el versículo 23:

"Pero aquel en quien se sembró la semilla en tierra buena, éste es el que oye la palabra y la entiende, éste sí da fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta"

Estas son las personas que reciben la Palabra de Dios y la comprenden. Algunos no dan mucho fruto, como espigas que solo dieron 30 granos por semilla, pero otros, llegaron a producir hasta 100 granos por semilla.

Tiene que haber una comprensión de la Palabra. En el libro de Los Hechos se nos habla del funcionario Etíope que estaba leyendo la Palabra pero no la entendía, aunque quería comprenderla. Así que el Espíritu de Dios colocó a Felipe en su camino, quien se subió al carro en que viajaba el Etíope y le explicó el significado de la Palabra, aclarándole que Aquel que había sido llevado como oveja al matadero era el Señor Jesucristo, quien fue herido a causa de nuestra rebeldía y atormentado a causa de nuestras maldades. Y aquel funcionario Etíope creyó y recibió a Cristo.

En aquella ocasión, Felipe estaba sembrando la semilla de la Palabra de Dios. Esa es una situación propia del reino de los cielos, ya que revela que el Sembrador, el Señor Jesucristo, está sembrando la simiente de la Palabra en el mundo, y que el Espíritu Santo la aplica a los corazones de aquellos que desean creer.

Después de que el Señor pronunció la parábola del sembrador, dijo algo muy interesante. Veamos lo que dice el versículo 9:

"El que tiene oídos, que oiga."

Pero bueno, si tenemos a ambos lados de la cabeza a nuestros oídos, ¿no podemos oírle? Sí. Pero observemos la pregunta y la respuesta. Dice el versículo 10:

"Y acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas en parábolas?"

Alguien ha dicho que una parábola es una historia terrenal con un significado celestial. Esta es una buena definición. Pero el término "parábola", procede del Griego parabole. Contiene la idea de tirar algo junto a un objeto para medirlo o compararlo. Por ejemplo, es como poner una regla al lado de una tabla para medirla o compararla. Esa regla es una parábola colocada con el propósito de medir o comparar. Nuestro Señor pronunció parábolas para comparar la verdad celestial que él colocaría frente a nosotros, con las cosas naturales, terrenales, con el propósito de que entendiésemos mejor aquellas verdades espirituales.

¿Y por qué lo hizo? Leamos el versículo 11.

"Y respondiendo El, les dijo: Porque a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha concedido."

Si una persona quiere conocer la Palabra de Dios, puede conocerla. Aquel que verdaderamente desee conocer la verdad, puede conocerla. Pero una persona también puede cerrar sus oídos a esa Palabra. Hay multitud de personas de miras amplias, tolerantes, que cierran sus oídos a la Palabra de Dios. Estimado oyente, si tú no quieres oírla, no la oirás. No solo no conseguirás oírla, sino que no la comprenderías aunque efectivamente la oyeses. Tienes que tener la clase de oído que realmente quiere oír la Palabra de Dios. Leamos el versículo 12:

"Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará."

Si conoces un poco de la verdad y quieres saber más, el Señor te añadirá ese conocimiento. Si, por el contrario, no quieres conocer la verdad, el Señor se encargará de que no la encuentres. Es que el Señor nunca cerrará la puerta a aquel que quiere oír. El dejó bien claro que ése era su motivo para hablar utilizando parábolas. Aquellos que no querían oír, no las entenderían.

El Señor extrajo sus parábolas de las cosas comunes, elementos que la gente de aquel tiempo se sabía al dedillo. El les explicó las grandes verdades espirituales ilustrándolas con cosas que ellos podían conocer y ver.

En la parábola del sembrador vemos lo que podría calificarse como las condiciones del reino de los cielos. Es decir, que esta parábola presenta la presente autoridad de Dios sobre toda la tierra, mientras El llama a un pueblo alrededor de Su nombre. Y Dios está llevando a cabo hoy Su programa por medio de la iglesia, el organismo llamado, compuesto por todos los creyentes verdaderos. En consecuencia, el reino de los cielos en la actualidad se encuentra en una condición en la que Dios está realizando Su programa de atraer a los seres humanos hacia un conocimiento y experiencia personal de salvación en Cristo.

En nuestro próximo programa continuaremos nuestro estudio de la parábola de la cizaña.

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