Estudio bíblico de Isaías 29:7-31:9

Isaías 29:7 - 31:8

Continuamos hoy, amigo oyente, con el estudio del capítulo 29 de este libro de Isaías. En nuestro programa anterior dijimos que Jerusalén ha sido asediada y capturada con más frecuencia que cualquier otra ciudad. Disponemos de una lista de 27 asedios realizados contra esta ciudad a través de la historia. Casi cada vez que fue tomada, fue destruida. Aquellos que pretendan ir a Jerusalén para caminar por donde Jesús caminó no lo conseguirán. Porque Jerusalén se encuentra hoy a una altura mayor que la que estaba en los tiempos de Jesús. Por ejemplo, el estanque de Betesda, alrededor del cual el Señor caminó, está a unos 15 metros por debajo del actual nivel del suelo. Y es bastante evidente que el templo de Salomón estaba probablemente a más de 30 metros por debajo de donde se encuentra hoy la Mezquita de Omar. La ciudad ha sido destruida varias veces y cada una de ellas fue nivelada y reedificada sobre las ruinas. Esto fue lo que hizo Nehemías, porque utilizando los escombros reedificó las murallas de Jerusalén. Las rocas no tuvieron que ser arrastradas para que pudieran repararlas porque allí había más rocas que las que podían usar. La ciudad y alrededores se encuentran en un terreno rocoso, accidentado y escabroso. Por tal motivo, fue siempre una ciudad muy difícil de conquistar. Y al leer los versículos 6 al 8 comentamos que el último sitio de Jerusalén será el peor de todos (ver Zacarías 14), pero Dios intervendrá en el último momento para liberar a Su pueblo del exterminio. Todos los sueños de los enemigos de Dios de establecer sus propios reinos serán frustrados y Dios los abatirá. Dio establecerá Su propio reino, y lo hará Él mismo, tal como dijo que lo haría.

Leamos entonces los versículos 9 y 10 de este capítulo 29, que comienza un párrafo dedicado a:

Jerusalén - Su significado y mensaje

"¡Deteneos y maravillaos; ofuscaos y cegaos! ¡Embriagaos, pero no de vino; tambaleaos, pero no por sidra! Porque el Señor derramó sobre vosotros un espíritu de sopor, cerró los ojos de vuestros profetas y puso un velo sobre las cabezas de vuestros videntes."

Anteriormente hemos dicho que Isaías fue el profeta de lo común y corriente, y que lo que él dijo se adapta a nuestra cultura contemporánea. Otra versión traduce aquí "el Señor ha derramado sobre vosotros espíritu de sueño profundo". ¿Causó Dios en ellos un adormecimiento? Y, ¿cómo lo hizo? Él continuó dándoles la luz a los israelitas y a medida que les daba luz, ellos continuaron rechazándola. Ellos no aceptarían la verdad que Dios les entregaba. No podían verla, lo cual reveló que estaban ciegos. Ésa es la manera en la que Dios adormece a la gente y la forma en la que Él revela que están ciegos. Aun los profetas y los príncipes no anticiparon esta liberación de Dios. Fueron enceguecidos ante el futuro como los enemigos de Dios. Dicen los versículos 11 y 12:

"Y os será toda visión como las palabras de un libro sellado, el cual, si lo dan al que sabe leer, y le dicen: Lee ahora esto, él dirá: No puedo, porque está sellado. Y si se da el libro al que no sabe leer, diciéndole: Lee ahora esto, él dirá: No sé leer."

La actitud de la gente, incluyendo al pueblo de Dios, antes de su liberación final por parte de Dios, fue que la profecía era tan demasiado oscura para ser comprendida, y que era un tema cerrado acerca del cual no podían saber nada. Ésta es la actitud actual de muchos líderes cristianos, cuando resaltan que el Apocalipsis es como un libro sellado y que nadie puede entenderlo. Aquellos que consideran al Apocalipsis como un libro sellado y que se supone que no lo vamos a entender están diciendo exactamente lo mismo que la gente del tiempo de Isaías estaba diciendo sobre la profecía. Por otra parte, otros alegan que están demasiado ocupados como para estudiar la Palabra de Dios. Hay cristianos que ofrecen toda clase de excusas para justificar su ignorancia de la Biblia.

Volvamos a hablar un poco más del libro de Apocalipsis. En realidad, la palabra griega que da su nombre al libro significa "Apocalipse", que quiere decir "revelado", "descubierto". Dios quitó el sello de ese Libro para que pudiera ser comprendido. Y en cierto sentido, el Libro de Apocalipsis es probablemente el Libro más sencillo de toda la Biblia, pero uno tiene que tener una comprensión de los 65 libros que lo preceden. Apocalipsis es el último libro de la Biblia y, con toda seguridad, no es el lugar adecuado para comenzar a leerla. Ningún otro libro de la Biblia está tan bien organizado y hemos encontrado que es el libro más fácil de bosquejar. No tiene sentido decir que es simbólico, un libro sellado que no podríamos entender que era, como ya dijimos, la idea de la gente en los días de Isaías. Si usted así lo considera, Dios le juzgará por esa forma de pensar porque cuando Él da luz y usted no abre sus ojos, se convertirá en una persona espiritualmente ciega frente a esa luz. Escuchemos lo que Dios dijo en Apocalipsis en el capítulo 1, versículo 3: "Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca". Y luego, más adelante en el capítulo 22 de Apocalipsis, versículo 10, leemos: "Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca". Podemos, pues, ver que no es un Libro sellado como algunos pretenden insinuar. Volviendo ahora a Isaías, leamos en este capítulo 29, el versículo 13, que dice:

"Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado"

Si usted hubiera vivido en los días de Isaías, se habría preguntado qué querría decir el profeta con estas palabras, porque la gente estaba asistiendo al templo. El templo solía estar lleno de gente; cada vez que se ofrecía un sacrificio uno encontraba gente por allí. Había un sector para los hombres, un patio para las mujeres, y un patio para los no judíos. ¿Por qué veía Dios culpa en aquellas personas? Todas ellas estaban asistiendo a la iglesia, pero cumpliendo con todo el ritual con su boca. Fue como si pudieran recitar el Padrenuestro y el Credo de los Apóstoles, pero esas palabras no significaran nada para ellos. No creían lo que ellas mismas estaban diciendo. No aceptaban la Palabra de Dios. Dios dijo que sus corazones estaban lejos de Él. Fue por este motivo que Dios los juzgó, y ésa es la razón por la cual Él va a juzgarnos hoy.

Una religiosidad formal, meramente externa, puede llegar a ser como una maldición para el mundo de hoy. Dios quisiera que usted dejara de lado esa falsa religiosidad y se acercara más bien a la persona de Jesucristo. La religión así entendida es una de las barreras más grandes para una gran cantidad de gente en la actualidad. Un Pastor recibió esta respuesta en cierta ocasión: "Yo quiero que usted sepa señor, que yo soy un hombre religioso, soy un hombre religioso por naturaleza". Él tenía una naturaleza pecaminosa, pero decía que era religioso por naturaleza. Y quizá se sorprendió bastante cuando el Pastor le contestó: "Amigo, usted debería librarse de su religión". Y él respondió: "¿Cómo? ¿No es usted un hombre religioso?" Y el Pastor le respondió: "No, no lo soy". Y el hombre dijo: "Yo no puedo creer que un predicador no sea religioso; y, ¿qué es usted entonces?" Y el Pastor le contestó: "Yo soy una persona que se acercó a Cristo como pecador, y ahora tengo una relación con una Persona; eso no es practicar una religión, es vivir una relación". Amigo oyente, ¿tiene usted a Cristo, o no lo tiene? Eso es lo que se nos está tratando de decir aquí en el Libro de Isaías, y ésa fue la razón por la cual Dios les juzgó. Llegamos ahora, al versículo 15 que dice:

"¡Ay de los que se esconden del Señor encubriendo sus planes, y sus obras las hacen en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce?"

El asunto es tan serio que el versículo comienza con un ¡Ay! Nos encontramos en una sección donde se tratan seis "ayes" o lamentos. Este capítulo contiene dos lamentos porque (1) El pueblo actuaba como si Dios no viera o supiera y (2) actuaban como si consiguieran pasar inadvertidos.

Leamos ahora el versículo 17, que comienza a hablar de:

Jerusalén - Su honor y gloria

"¿No se convertirá, de aquí a muy poco tiempo, el Líbano en un campo fértil, y el campo fértil parecerá un bosque?"

En estas palabras vemos el futuro. Llegará el tiempo en que habrá honor y gloria en Jerusalén y en la tierra. Dios aún no ha terminado con esa ciudad, Él la ha juzgado. Su estructura parece formada por varias capas o estratos, como una tarta de varios pisos, como una ciudad edificada encima de la otra. Dios los ha juzgado, y los juzgará otra vez. Pero Jerusalén volverá a ser edificada una vez más, y entonces será la ciudad de Dios. Y Él dijo en el versículo 18 de este capítulo 29 de Isaías:

"En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas."

Y en el versículo 29, continuamos leyendo:

"Entonces los humildes volverán a alegrarse en el Señor, y aun los más pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel."

De seguro que usted conoce ese antiguo refrán que dice: "No hay peor ciego que el que no quiere ver". Y en el día de hoy, como en el tiempo de Isaías, hay una ceguera deliberada, intencionada. Ahora, en aquel día, en el reino que vendrá, ellos van a ver. Los versículos 22 al 24 dicen:

"Por tanto, el Señor, que redimió a Abraham, dice así a la casa de Jacob: No será ahora avergonzado Jacob ni su rostro empalidecerá, porque verá a sus hijos, que al considerar la obra de mis manos en medio de ellos, santificarán mi nombre. Santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel. Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia y los murmuradores aprenderán la lección."

¿Y que harán ellos con el nombre de Dios? Lo considerarán un nombre santo, apartado como algo maravilloso. Hoy los miembros del pueblo de Dios, a través de sus vidas, por su forma de vivir, deberían considerar santo el nombre de Dios. Es un nombre santo. ¿Lo hacemos así? Llegamos ahora al

Capítulo 30

En los capítulos 30 y 31 se le advierte a Judá que no recurra a Egipto buscando ayuda contra Asiria, y se le exhorta a volverse al Señor. La profecía local se ha cumplido literalmente. El reino de Judá (o del sur) escuchó e hizo caso a la advertencia del profeta y no se alió con Egipto para ser librados de los Asirios. Sin embargo, el reino del norte, Israel, cometió el error de ignorar la advertencia del profeta, y como resultado, acabaron siendo conducidos al cautiverio en Asiria (ver 2 Reyes 17:4). Ésta fue una ocasión en que el reino del sur se benefició de la experiencia del reino del norte. Leamos entonces el versículo 1 de Isaías 30, que habla de la:

Advertencia de no buscar una alianza con Egipto

"¡Ay de los hijos que se apartan, dice el Señor, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado!"

Éste fue el cuarto lamento. Y fue un lamento a causa de la advertencia de que no acudieran a Egipto en busca de ayuda, porque dicha ayuda sería como un espejismo en el desierto. Dice el versículo 7 de Isaías 30:

"Ciertamente, la ayuda de Egipto será vana e inútil. Por eso yo le he dado voces, que su fortaleza sería estarse quietos."

Llegamos ahora a una:

Exhortación a volverse al Señor para una liberación

En el versículo 15 Dios les dijo que si se volvían a Él, Él les liberaría. Y el versículo 18, que leemos ahora, es una verdadera joya de la Biblia:

"Sin embargo, el Señor esperará para tener piedad de vosotros. A pesar de todo, será exaltado y tendrá de vosotros misericordia, porque el Señor es Dios justo. ¡Bienaventurados todos los que confían en él!"

No se apresure, amigo oyente, no diga: "Bueno, ya nos encontramos al fin de los tiempos, y el Señor va a venir este año, o el próximo". Dios dice: "Yo voy a hacer esto en mi propio tiempo. Yo no he mencionado ninguna fecha; aprended a confiar en el Señor". Este anhelo de que el Señor Jesucristo tome Su Iglesia y se la lleve, es un asunto de esperar. Y también se nos dice que aquellos que confían en el Señor, que esperan en Él, renovarán sus fuerzas. Uno no puede apresurar a Dios, amigo oyente. Él no tiene ninguna prisa. Y quizá las cosas no están ocurriendo como usted piensa que deberían tener lugar. Quizás a usted y a mí nos gustaría modificarlas a nuestra manera, pero dejemos que el Señor lo haga. Él tiene la eternidad por delante de Él, y cuando usted y yo nos adaptemos al ritmo de Dios, la vida en este mundo nos resultará mucho más fácil.

Leamos ahora los versículos 31 al 33, que constituyen la:

Declaración de que Dios se ocuparía finalmente de los asirios

"Porque Asiria, que hirió con vara, con la voz del Señor será quebrantada. Cada golpe de la vara justiciera que descargue el Señor sobre él, será con panderos y con arpas; y en batalla tumultuosa peleará contra ellos. Porque el Tofet ya de tiempo está dispuesto y preparado para el rey. Foso profundo y ancho, con pira de fuego y mucha leña. El soplo del Señor, como torrente de azufre, lo encenderá."

Los Asirios son presentados como el último enemigo de Dios en la gran tribulación. El "Tofet" era un lugar del valle del hijo de Hinnom donde se practicaban las idolatrías más detestables. Allí se ofrecían a los niños en sacrificios. Este pasaje se refiere al futuro y más terrible ligar del lago de fuego.

Aquí la expresión "el rey" representa a la bestia y al falso profeta. Apocalipsis 20:10 dice: "10Y el diablo, que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos". Llegamos así al

Capítulo 31

en el cual el profeta advirtió nuevamente al pueblo de Dios que no acudiera a Egipto buscando ayuda sino que confiara en el Señor para defender a Jerusalén. Ahora, el peligro estaba tan próximo y tan evidente la probabilidad de que los israelitas se volvieran a Egipto para solicitar ayuda, que Isaías continuó advirtiendo al reino de Judá (o del sur) acerca de la inutilidad de tal medida. También en el futuro, Israel acudirá al aliado equivocado. Aceptarán al anticristo y en este pasaje Dios está advirtiendo al respecto. Dios juzgará a aquellos que busquen ayuda fuera de Él, en vez de recurrir a Él. Leamos ahora el versículo 1 de Isaías 31:

"¡Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda, confían en los caballos y ponen su esperanza en los carros, porque son muchos, y en los jinetes, porque son valientes; pero no miran al Santo de Israel ni buscan al Señor!"

Este fue el quinto ay o lamento, pronunciado sobre los que solicitaron la ayuda de Egipto.

Este pasaje tiene también un mensaje para usted y para mí. ¡Ay de usted y ay de mí cuando nos apartamos de Dios y buscamos algún tipo de ayuda material o humana! No queremos ser malentendidos aquí. Dios no espera que uno permanezca en el aire, como suspendido en el espacio. Dios espera que usted sea razonable. Pero en el análisis final, Dios quiere tener la máxima prioridad en cuanto a ayuda se refiere. De vez en cuando recibimos cartas de personas que nos preguntan qué deben hacer ante una determinada situación. Bueno, yo no sé qué hacer ante muchos problemas que se presentan en mi propia vida. Aunque es bueno pedir consejo a otros, a fin de cuentas, debemos acudir a Dios en busca de ayuda. El salmista dijo en el Salmo 20, versículo 7: "Éstos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre del Señor, nuestro Dios, haremos memoria".

La filosofía materialista dice que debemos tener la inteligencia de confiar en los recursos humanos, lo cual implica, figurativamente hablando, recurrir a Egipto. La mayoría de nosotros tenemos algún "Egipto", del cual dependemos para obtener ayuda. El verdadero origen de las dificultades de Israel fue que ellos no recurrieron a Dios ni le buscaron. Al no confiar en Él, se volvieron frenéticamente a un despliegue exterior y físico de poder. En el versículo 5, de este capítulo 31, leemos:

"Como las aves que vuelan, así amparará el Señor de los ejércitos a Jerusalén, amparando, librando, preservando y salvando."

El Señor defendería y preservaría a Jerusalén en los días de Ezequías, como veremos más adelante. Aquí Dios les aseguró que los Asirios no tomarían la ciudad de Jerusalén. Y el versículo 8, de este capítulo 31 dice:

"Entonces caerá Asiria por espada no de varón; la consumirá espada no de hombre. Y aun si escapa de la presencia de la espada, sus jóvenes serán sometidos a trabajos forzados."

Dice aquí que la espada no será "de hombre". Dios les dijo que no les echarían por ser lo suficientemente fuertes. Sino que Él mismo se ocuparía de los Asirios. Así, la confianza de Jerusalén debía estar depositada en el Señor. Y, estimado oyente, éste es el mensaje para nosotros hoy, para recordarnos que Dios es la fuente de ayuda para protegernos, y para renovar nuestras fuerzas.

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