Estudio bíblico de Isaías

Predicación escrita y en audio de Isaías 32:1-33:24

Isaías 32 y 33

En este día, amigo oyente, nos encontramos en el capítulo 32 de Isaías. En este capítulo se desarrolla el tema de la llegada del Rey Libertador, la llegada de la tribulación y la llegada del Espíritu. Este capítulo representa una nota luminosa entre el quinto y el sexto "ay" o lamento. Es como un rayo de luz para el pueblo de Dios en aquellos días oscuros.

Ya hemos visto en este libro la persona del Rey presentada ante nosotros una y otra vez, pero volvemos a encontrarla nuevamente en este punto del mensaje profético, porque no puede haber reino o milenio, o bendición para esta tierra sin Él.

Los primeros 8 versículos se concentran pues en el Rey. Leamos el versículo 1 de este capítulo 32 de Isaías, que nos presentan la persona de:

El Rey que va a reinar

"He aquí que para justicia reinará un rey y príncipes presidirán con rectitud."

Este versículo se proyecta a la época del Reino. Y el rey que se menciona aquí no es ningún otro que el Señor Jesucristo mismo, y la característica de su reino es la justicia. Hasta que ese momento llegue, el mundo no tendrá un reino de esa naturaleza. En el versículo 2, leemos:

"Y será aquel varón como escondedero contra el viento y como refugio contra la tormenta; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa."

El Señor no es solamente un Rey, sino que es un Salvador. Él conoció los vientos y las tempestades del juicio del pecado por nosotros. Él es una roca para nuestra protección. En el capítulo 26 de este mismo libro de Isaías, en el versículo 4, Él fue presentado como la fortaleza de los siglos, o "la roca de los siglos". Éste es otro aspecto de Su ministerio bajo la figura de la roca. Él es también un lugar de refugio para los creyentes de nuestro tiempo. Veamos ahora el versículo 3:

"No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes escucharán con atención."

En otras palabras, el pueblo de Dios recibirá un entendimiento espiritual. En este sentido, recordemos que el apóstol Pablo dijo en 1 Corintios 13:12, "Ahora vemos por espejo, oscuramente, pero entonces veremos cara a cara". En ese entonces, los verdaderos valores espirituales serán establecidos y hechos muy evidentes. Y aquello que debería tener la prioridad principal tendrá esa prioridad. En nuestro tiempo, los valores morales han desaparecido. Y ése es nuestro problema. Por años en la mayoría de los colegios se les enseña a nuestros jóvenes la teoría de la evolución, que convierte al ser humano en un animal evolucionado. Ya no se enseñan los valores morales que confieren dignidad al ser humano y que, desde una posición supuestamente progresista, se consideran anticuados. Sin embargo, lo aparentemente anticuado, será un valor auténtico en el futuro, porque la tierra tendrá un Rey que reine con justicia. Entonces los valores morales que han sido puestos a un lado, ocuparán su lugar y tendrán plena vigencia. Ahora, el versículo 5, de este capítulo 32 de Isaías, dice:

"El ruin nunca más será llamado generoso ni el tramposo será llamado respetable."

Esta predicción nos agrada mucho y está puesta al día con gran realismo y tiene tanta actualidad como las noticias que leemos en el periódico cada día. El corazón humano está depravado. En el futuro, todas las cosas, todas las acciones y actitudes serán vistas en su verdadero color. No habrá valores falsos. Cada persona será vista como realmente es. Nadie podrá colocarse una fachada para aparentar lo que no es ni apropiarse de un papel que no le corresponda. La máscara de la hipocresía será removida. Esto por supuesto se aplicará a todos, no sólo a los cristianos. Los grandes hipócritas están realmente dentro de los círculos cristianos. Son aquellos que fingen ser lo que no son. Este estado de cosas se hará realidad cuando llegue el Rey que reinará con justicia.

Pero ahora el texto nos lleva a considerar:

El tiempo anterior de tribulación

Porque antes de que Cristo, el Rey, venga a reinar, habrá un tiempo de angustia y dificultades, que será el período de la gran tribulación. Leamos el versículo 9 de este capítulo 32 de Isaías:

"¡Mujeres indolentes, levantaos! ¡Oíd mi voz, hijas confiadas, escuchad mi razón!"

Ahora, ¿por qué dice esto? Porque, por naturaleza, las mujeres son más sensibles que los hombres, y son más conscientes del peligro que el hombre. Pueden evaluar con mayor exactitud el carácter de una persona, y deberíamos tener esto en cuenta antes de establecer ciertas relaciones que requieran depositar confianza en otra persona. En este pasaje se dice que en el tiempo anterior a la gran tribulación las mujeres se convertirán en personas tan insensibles que no serán conscientes del peligro que se aproxima. Resulta interesante ver que en aquellos días habrá mujeres viviendo en el placer hasta tal punto que no se darán cuenta del juicio inminente.

El próximo párrafo lleva el título de:

La promesa del Espíritu

Llegamos así a la tercera división, que trata sobre el Espíritu que será derramado en los últimos días. Leamos el versículo 15 de Isaías 32:

"Hasta que sobre nosotros sea derramado el espíritu de lo alto. Entonces el desierto se convertirá en campo fértil y el campo fértil será como un bosque."

Aquí nos encontramos ante un caso en el que es necesario prestar atención al desarrollo de la profecía en la Palabra de Dios. ¿Cuándo será derramado el Espíritu? El Espíritu será derramado en el milenio, cuando Cristo reine. Ésa será la época de mayor bendición espiritual y en que la gente se volverá a Cristo, porque en ese período Él estará reinando en persona. Esto no quiere decir que toda rodilla se doblará ante Él en esa oportunidad. Toda rodilla se doblará ante Él al final, pero este reino milenario será un período de prueba, y pasará. El profeta Joel lo mencionó en el capítulo 2 de su libro, versículo 28, donde dijo: "Después de esto derramaré mi Espíritu sobre todo ser humano, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. También sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días". Esta realidad se proyecta hacia el Reino que vendrá. Esta profecía no se cumplió en Pentecostés ni en ningún otro momento de la historia desde aquel entonces.

En Los Hechos 2:15-21, el apóstol Pedro citó de Joel 2:28 y 29, pasaje que acabamos de leer, y lo explicó. Pedro no dijo que Pentecostés era el cumplimiento de la profecía de Joel, sino que Pentecostés era similar a lo que el profeta Joel había descrito. La gente que fue llena del Espíritu Santo en los días de Pedro fue ridiculizada al ser considerada en estado de ebriedad, incluso en las primeras horas de la mañana. Entonces Pedro dijo que lo que estaba ocurriendo en Pentecostés era similar a lo que tendría lugar durante el reino milenario.

Así que lo que el profeta Joel y el apóstol Pedro describieron sucederá durante la época del Reino, cuando el Señor derrame Su Espíritu sobre todo ser humano. En el pasado, en el día de Pentecostés, el Espíritu fue derramado solamente sobre unas pocas personas, pero ese acto será similar a aquel que ocurrirá durante el Reino.

La predicción de Joel se refirió a un fenómeno extraordinario. En su capítulo 2, versículos 30 y 31 continuó diciendo el profeta: "Haré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día, grande y espantoso, del Señor". Estimado oyente, es evidente que estas tremendas señales no tuvieron lugar en Pentecostés ni posteriormente, en ningún momento de la historia.

Observemos también que en su capítulo 2:28 Joel profetizó diciendo "y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños". Nuestros jóvenes en la actualidad no están cumpliendo esta profecía, y muchos de nuestros ancianos pasan su jubilación en hogares familiares o en instituciones para la tercera edad. Así que, no sucedieron ni en el día de Pentecostés, ni están ocurriendo en la actualidad. Entonces, esta profecía se refiere anticipadamente al Reino que vendrá. Siempre existe el peligro de entresacar unos pocos versículos de su contexto en la Biblia y de establecer un sistema de profecía. Tenemos que dejar que la Palabra de Dios nos hable, línea sobre línea y precepto sobre precepto, como ella quiera hacerlo. Ésa es la manera en que Dios nos la entrega. Llegamos ahora al:

Capítulo 33

Aquí tenemos el sexto y último "ay" o lamento mencionado en esta serie. Este "ay" fue pronunciado sobre aquellos que procuren destruir al pueblo de Dios y desolar su tierra. Se refiere a los Asirios en un alcance inmediato, pero se extiende y proyecta al enemigo final de los últimos tiempos. El capítulo es geocéntrico. La tierra es aquí el elemento de principal importancia. Leamos el versículo 1 de este capítulo 33 de Isaías, que nos lleva a considerar la:

Oración del remanente por liberación

"¡Ay de ti, que saqueas y nunca fuiste saqueado; que haces traición, aunque nadie contra ti la ha hecho! Cuando acabes de saquear, serás tú saqueado; y cuando acabes de cometer deslealtad, se cometerá contra ti."

Ésta fue la manera en que Isaías expresó los grandes principios espirituales, que Dios estableció desde el momento en que el hombre pecó. Están bien definidos en Gálatas 6:7, que dice: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará".

El que causó todo este daño mencionado en el versículo 1, fue Senaquerib, que vino contra Jerusalén durante el reino de Ezequías (Isaías 36 y 37) Creemos que ésta es la conclusión unánime de todos los eruditos más capaces. Sin embargo, este reconocimiento no limita este capítulo a los Asirios. De hecho, fue como si Dios hubiera dicho: "Tú has arruinado a mi pueblo, y yo te arruinaré a ti". Dios prometió vengarse de parte de Su pueblo. Por tal motivo, nosotros como creyentes no debemos vengarnos nosotros mismos, porque Él es el que dará Su pago a quien lo merezca. Tenemos que dejar nuestros asuntos en manos de Dios y Él se ocupará de nuestros problemas mejor que nosotros mismos.

Ésta también es una figura del día final de la consumación, después que Dios haya reunido nuevamente al Imperio Romano restaurado, y el anticristo destruya otra vez la tierra de Israel. Dios se ocupará de él en la Segunda Venida de Cristo.

Ahora, en vista de ello, escuchemos esta oración. Leamos el versículo 2 de Isaías 33,

"Señor, ten misericordia de nosotros, que en ti hemos esperado. Se nuestra fortaleza cada mañana, sé también nuestra salvación en el tiempo de la tribulación."

Ésta sería la oración del remanente fiel en aquel tiempo, y en el futuro.

Leamos ahora los versículos 7 y 8, que exponen:

Un clamor lastimero de los embajadores que fallaron

"He aquí que sus embajadores darán voces afuera; los mensajeros de paz llorarán amargamente. Las calzadas están deshechas, cesaron los caminantes; ha anulado el pacto, aborreció las ciudades, tuvo en nada a los hombres."

Alguien podría pensar que hoy hemos aprendido una lección, pero no ha sido así. Una vez tuvo lugar una conferencia de paz en La Haya y mientras se estaba celebrando, Alemania comenzó la primera guerra mundial, rompiendo todos los tratados. Al final de la guerra se formó la Liga de las Naciones, con la idea de que la democracia se afirmase en el mundo. Pero se olvidaron de tomar medidas para que la democracia estuviera segura en el mundo. Y la paz no llegó, sino que los acontecimientos condujeron a la segunda guerra mundial. En la actualidad a veces parece que las Naciones Unidas estuvieran preparando al mundo para la tercera guerra mundial. Se habla mucho de la paz, pero no se la está elaborando a la manera de Dios.

Continuemos leyendo el versículo 13, que comienza a hablarnos sobre la:

Petición para que todos consideren las relaciones con Dios

"Oíd, los que estáis lejos, lo que he hecho; y vosotros, los que estáis cerca, conoced mi poder."

Aquí se considera a dos grupos de personas: "los que estéis lejos" son los no judíos, y "los que estáis cerca" constituyen el pueblo de Israel. Éste es un llamado para reconocer a Dios. Luego, el versículo 14 de Isaías 33 dice:

"Los pecadores se asombraron en Sión y el espanto sobrecogió a los hipócritas: ¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?"

"Los pecadores de Sión" son aquellos de Israel que no eran verdaderos israelitas. Había israelitas impíos, es decir, sin una relación espiritual con Dios, así como había y hay no judíos que no tienen una relación con Dios.

Aquí "el fuego consumidor" no se refiere al lago de fuego que se menciona en Apocalipsis, sino al hecho de que nuestro Dios es fuego consumidor (ver Hebreos 12:29). Él es un Dios santo, y tiene la intención de juzgar en aquel día.

Hoy existe por todas partes un gran movimiento que excluye a Dios, que está creciendo a pasos agigantados. Y ésa es la razón por la cual nosotros estamos difundiendo la Palabra de Dios. No sabemos por cuanto tiempo podremos continuar haciéndolo, pero lo haremos mientras Dios así lo permita. Dios va a traer juicio, pero el pueblo de Dios tiene que preocuparse de difundir Su Palabra. El juicio no es un tema atractivo. No es un tema que traerá amigos, pero éstas fueron las palabras de Isaías, y el mensaje de Isaías era el mensaje de Dios, y a Él le agradaría que la familia humana lo escuchara. Pasando ahora al versículo 15, de este capítulo 33, leemos:

"El que camina en justicia y habla lo recto, el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir soborno, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias, el que cierra sus ojos para no ver cosa mala"

Aquel que ha sido declarado justo por su fe en Cristo es llamado a vivir en justicia. En aquel día terrible, encontramos que donde abunde el pecado, mucho más abundará la gracia de Dios.

Leamos ahora los versículos 20 y 21, que encabezan un párrafo que constituye la cuarta división, que trata sobre la:

Alabanza a Dios por la liberación final

"Mira a Sión, ciudad de nuestras fiestas solemnes. Tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será desarmada, ni serán arrancadas sus estacas ni ninguna de sus cuerdas será rota. Porque ciertamente allí será el Señor poderoso para con nosotros. Y será un lugar de ríos y canales muy anchos, por el cual no navegará galera de remos ni pasará nave poderosa."

Babilonia podía jactarse del río Éufrates; Asiria podía jactarse del Tigris; y Egipto podía enorgullecerse del Nilo, pero Jerusalén era una ciudad rodeada de tierra que no tenía río ni puerto. Sin embargo el profeta Zacarías pronunció una profecía sorprendente que nos lleva a creer que Dios proveerá un puerto para Israel durante el Reino (ver Zacarías 14:4-8). Creemos que el terremoto que él describió abrirá un valle profundo hacia el Mar Mediterráneo, y Jerusalén será un puerto de mar durante la época del Reino.

El cumplimiento literal de la profecía también tiene una aplicación espiritual. Dice el versículo 21 que "El Señor poderoso. . . será un lugar de ríos y canales muy anchos". El Señor mismo será la fuente de la defensa y bendición de Israel. Leamos el versículo 24, de este capítulo 33 de Isaías:

"No dirá el morador: Estoy enfermo. Al pueblo que more en ella, le será perdonada la iniquidad."

Aquí tenemos un futuro glorioso previsto para Jerusalén. El ojo de la fe mira más allá de las circunstancias difíciles inmediatas, hacia la perspectiva gloriosa del futuro. Ése será el día en que el Rey estará en Jerusalén. El príncipe de Paz traerá entonces paz a la tierra.

Pero estimado oyente, en la actualidad, el Príncipe de Paz quiere traer paz a su corazón. ¿Está usted dispuesto a dejarle entrar en su vida, para que Él haga realidad la paz de Dios?

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