Estudio bíblico de Isaías 36:1-37:38

Isaías 36 y 37

Interludio histórico

Ésta es la segunda gran división de Isaías, formada por los capítulos 36 al 39 y es muy diferente a la anterior (caps. 1 al 35), y también a la que la sigue (caps. 40 al 66). Esta sección deja la meseta de la profecía y desciende al registro de la historia. Incluso la forma del lenguaje cambia de la poesía a la prosa. La primera sección trató sobre el gobierno de Dios y el método por el cual Él juzga. En la última sección veremos la gracia de Dios, la salvación en vez del juicio. Entre estas dos secciones se encuentra el interludio histórico de cuatro capítulos breves. ¿Por qué han sido intercalados entre las dos secciones principales de este libro? Hay algunos factores significativos que deberíamos observar:

1. La historia sagrada, y la historia secular no son lo mismo. Un investigador dijo: "La historia divina nunca es simplemente historia, nunca es meramente un relato de hechos pasados". Esto quiere decir que hay grandes verdades espirituales expresadas en la historia sagrada que sólo pueden ser vistas con los ojos de la fe. El Espíritu Santo debe enseñarnos aquí el propósito divino al registrar la historia espiritual. Quisiéramos sugerir que hay varias razones para esto.

a. Estos incidentes pueden parecer demasiado trillados para el historiador común, que registra los grandes sucesos mundiales; pero los eventos relacionados con el pueblo de Dios, eran importantes de acuerdo a las normas del cielo.

b. Estos capítulos destacan la transferencia de poder de Asiria a Babilonia. Babilonia fue el primer gran imperio mundial, y constituyó una amenaza real para el pueblo de Dios. Babilonia habría de iniciar el período al que el Señor llamó, en Lucas 21:24, los tiempos de los gentiles (o de los no judíos).

c. Esta sección es un registro de un hijo de David que fue acosado por enemigos, y quien estuvo al mismo borde de la muerte, pero fue librado y continuó reinando. Su experiencia representó anticipadamente al gran hijo de David, quien fue acosado por enemigos, entregado a la muerte; resucitado de entre los muertos, y que vendrá otra vez para reinar. Ezequías fue sólo un hombre, que tuvo momentos de insensatez y que siguió los caminos de David, otro hombre débil. El Señor fue mayor que David, y como el Hijo de Dios crucificado y resucitado, ha sido hecho por Dios nuestra sabiduría, nuestra justificación, santificación y redención (1 Corintios 1:30). Pero hay otras grandes verdades espirituales evidentes en los bosquejos de los capítulos.

2. El segundo factor significativo en esta sección histórica es que estos eventos particulares fueron registrados tres veces en la Biblia: en el Segundo Libro de Reyes, capítulos 18 y 19. También, en el Segundo Libro de Crónicas, capítulos 29 y 30 y aquí en Isaías. El hecho de que el Espíritu Santo haya considerado apropiado registrarlos tres veces es en sí mismo un asunto de gran importancia. Dichos registros no son idénticos, pero son similares. Algunos eruditos creen que Isaías es el autor de los tres, o al menos también del registro del libro de los Reyes. Seguramente el Espíritu de Dios tiene aquí alguna verdad especial para nosotros, lo cual debiera impedir que pasemos por estos eventos rápidamente, como si no fueran momentos significativos.

3. En esta breve sección que forman los capítulos 36 al 39, se han registrado tres milagros grandiosos y significativos:

a. El ángel de la muerte mató a 185.000 Asirios (Isaías 37:36-38).

b. El sol retrocedió 10 grados en el reloj de sol de Acaz (Isaías 38:7-8)

c. Dios sanó a Ezequías y prolongó su vida 15 años (Isaías 38:1-5).

4. Esta sección comenzó con Asiria y concluyó con Babilonia. Y el rey Ezequías recibió dos cartas importantes.

a. La primera fue de Asiria, que Ezequías presentó directamente a Dios en oración. Dios respondió y liberó a Su pueblo (Isaías 37:14-20).

b. La segunda carta provino del rey de Babilonia, que halagó a Ezequías, y que él no presentó ante el Señor en oración. Como resultado, condujo al reino de Judá a la ruina (Isaías 39:1-8).

El capítulo 36 nos informa sobre el rey Ezequías y la invasión de Senaquerib, rey de Asiria. El capítulo 37 nos presenta la oración del rey Ezequías y la destrucción del ejército Asirio. El capítulo 38 registra la enfermedad de Ezequías, la oración y la sanidad. El capítulo 39 nos muestra a Ezequías en un momento de insensatez.

Isaías 36 y 37

Senaquerib, rey de Asiria, había llegado como una inundación desde el norte despojando la tierra a su paso. Había capturado cada nación y ciudad que se había interpuesto en su camino. Con la euforia del triunfo se presentó con los ejércitos Asirios ante las murallas de Jerusalén. Estaba sorprendido y perplejo de que el rey Ezequías, intentara resistirse. Así que buscó algún tipo de explicación, pensando que Ezequías debía tener alguna arma secreta. Rabsaces, su representante, ridiculizó todas las posibilidades conocidas de ayuda. Y con arrogancia, exigió una rendición incondicional. Este capítulo concluye con las condiciones y amenazas relatadas por Ezequías.

Leamos el primer versículo del capítulo 36, que comienza un párrafo en el cual:

Asiria amenazó con invadir Jerusalén

"Aconteció en el año catorce del rey Ezequías, que Senaquerib, rey de Asiria, subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá y las tomó."

Recordemos que Isaías había comenzado su ministerio profético cuando murió el rey Uzías, y lo continuó durante los reinados de Jotam, Acaz y en este momento, Ezequías fue uno de los 5 grandes reyes de Judá. Durante el reinado de estos 5 reyes surgió una renovación espiritual en las tierras del reino de Judá. Ezequías fue, en realidad, un gran rey. El segundo libro de Crónicas 29:1-2 nos dice: "1Comenzó a reinar Ezequías a los veinticinco años de edad, y reinó veintinueve años en Jerusalén. El nombre de su madre era Abías, hija de Zacarías. 2E hizo lo recto ante los ojos del Señor, conforme a todas las cosas que había hecho David, su padre."

Aunque Ezequías fue un buen rey, demostró debilidad cuando intentó evitar la invasión de Jerusalén sobornando al rey Senaquerib, como vemos en el Segundo Libro de Reyes 18, en el versículo 16. Quitó el oro y la plata del templo para satisfacer las demandas exorbitantes del rey de Asiria. Pero todo ello fue inútil, ya que el ejército de Asiria se encontraba fuera de las puertas de Jerusalén. Así que el pago no ayudó para nada. Esta conducta no era nueva para ellos y continúa practicándose en la actualidad. Pero ésta es una política de debilidad, porque uno no hace amigos comprándolos. Todos deberíamos aprender quién es nuestro verdadero amigo. Es Aquel a quién Ezequías finalmente tuvo que recurrir, el Señor Dios. Continuemos leyendo el versículo 2:

"El rey de Asiria envió al copero mayor con un gran ejército desde Laquis a Jerusalén contra el rey Ezequías, y acampó junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador."

El rey Senaquerib no se dignó descender personalmente, pero envió un ejército a las órdenes de Rabsaces. Se detuvieron fuera de las murallas de Jerusalén, y el general Rabsaces estaba intentando infundir miedo en los corazones de Ezequías y en los habitantes de Jerusalén, para que se rindieran.

Ezequías envió una delegación para encontrarse con él. Leamos el versículo 3 de Isaías 36:

"Y salió a él Eliaquim hijo de Hilcías, el mayordomo; Sebna, el escriba, y Joa hijo de Asaf, el canciller"

Aquí vemos que el rey Ezequías envió una embajada de tres para recibir las condiciones ofrecidas por Senaquerib.

Leamos ahora el versículo 4 de este capítulo 36, donde comienza a ver que:

Senaquerib exigió la rendición de Jerusalén

"A los cuales dijo el copero mayor: Decid ahora a Ezequías: El gran rey, el rey de Asiria, dice así: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas?"

Con arrogancia, Rabsaces expresó sorpresa de que Ezequías aún se atreviera a resistir, y quiso saber algo acerca del arma secreta en la que Ezequías confiaba. En primer lugar sugirió que pudiera ser Egipto. Dice el versículo 6:

"He aquí que confías en ese bastón de caña astillada, en Egipto, en el cual si alguien se apoya, se le clavará en la mano y se la atravesará. Tal es el faraón, el rey de Egipto, para con todos los que en él confían."

En ese entonces el ejército Asirio se encaminaba hacia Egipto para capturar a aquel reino y estaba indignado porque Jerusalén le bloqueaba el camino. La realidad era que Ezequías había esperado ayuda de Egipto, como había hecho antes de él Acaz, su padre. Pero Ezequías no conseguiría ninguna ayuda de Egipto. En eso, Rabsaces tenía razón. Entonces sugirió otra posibilidad. Leamos el versículo 7:

"Y si me decís: En el Señor, nuestro Dios, confiamos; ¿acaso no es éste aquel cuyos lugares altos y cuyos altares hizo quitar Ezequías, y dijo a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis?"

A continuación Rabsaces preguntó "¿Es cierto que estás confiando en tu Dios?" Aquí fue cuando la falta de discernimiento espiritual le dio una indicación equivocada. Y entonces dijo: "¿No sabías que Ezequías hizo destruir todos los lugares altos?" Él pensaba que la adoración en los altares paganos en lo lugares altos en las colinas era la misma adoración que se rendía al Dios vivo en Jerusalén. Creía que el rey Ezequías había destruido la adoración del pueblo de manera que ya no tenían dioses a quienes recurrir.

Hoy hay muchas personas que no tienen discernimiento espiritual. De vez en cuando, alguna persona nos escribe diciendo: "Bueno, después de todo, todas las Iglesias son iguales, todas se dirigen al mismo lugar". Estas personas son iguales a ese hombre Rabsaces, de quien estamos hablando aquí. No parecen distinguir la diferencia. Y cuando dicen que no importa lo que uno crea, con tal que sea sincero, contradicen las palabras del Señor en Juan 14:6, donde dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie viene al Padre sino por mí".

Ahora la tercera posibilidad sugerida por Rabsaces reveló la actitud altiva de los Asirios. Leamos los versículos 8 y 9 de Isaías 36:

"Ahora, pues, yo te ruego que hagas un trato con el rey de Asiria, mi señor: Yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes que los monten. ¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con sus carros y sus jinetes?"

Existía una leve posibilidad de que Ezequías estuviera confiando en sus propios recursos y fuerzas para defender Jerusalén; así que Rabsaces ofreció disponer que las cosas simplemente se equipararan, entregando a Ezequías dos mil caballos. Por supuesto, los estaba ridiculizando.

La cuarta posibilidad sugerida por Rapaces era la más sutil de todas. Leamos el versículo 10 de este capítulo 36 de Isaías,

"¿Acaso vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin permiso del Señor? Fue el Señor quien me dijo: Sube a esta tierra y destrúyela."

Él sugirió que el Señor de Israel, había enviado a los asirios contra Jerusalén, y que por tanto el Señor estaba del lado de los Asirios.

Y, de vez en cuando, ocurre lo mismo en nuestra era. En la primera guerra mundial los alemanes pensaban que Dios estaba con ellos, mientras que sus enemigos pensaban que estaba del lado de ellos. Dudamos seriamente de que Él estuviera del lado de cualquiera de los contendientes. En este caso en particular, el Dios verdadero estaba usando a Asiria para destruir a su pueblo, pero Él no iba a permitir que ellos se apoderaran de Jerusalén. Y leemos ahora el versículo 11, de este capítulo 36 de Isaías:

"Entonces dijeron Eliaquim, Sebna y Joa al copero mayor: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos; y no hables con nosotros en la lengua de Judá, porque lo oye el pueblo que está sobre el muro."

Aquí vemos que los enviados de Ezequías pidieron a Rabsaces hablar en el idioma de los sirios. Durante todo ese tiempo él había estado hablando en altavoz en el idioma Hebreo para que los soldados de las murallas de Jerusalén pudieran oír. Fue muy hábil al usar la propaganda, entre enemigos se suele actuar así. Él estaba expresando sus ideas al volumen máximo de su voz para que los soldados que custodiaban la muralla hicieran llegar sus razones a los habitantes de Jerusalén, para que su propaganda llegara más allá de estos emisarios. Por supuesto, la protesta de los emisarios de Ezequías sólo logró que Rabsaces hablara aún más alto. Continuemos leyendo los versículos 18 al 20 de Isaías 36,

"Mirad que no os engañe Ezequías diciendo: El Señor nos librará. ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de manos del rey de Asiria? ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim? ¿Libraron ellos a Samaria de mis manos? ¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras que haya librado su tierra de mis manos, para que el Señor libre de mis manos a Jerusalén?"

Continuando con su actitud arrogante, Rabsaces se jactó de que ninguno de los dioses de otros pueblos los había librado. ¿Por qué debían esperar los israelitas que el Señor librara a Jerusalén? Rabsaces colocó al Señor en el mismo nivel que los ídolos paganos. Llegamos ahora aun párrafo en que:

Los representantes informan sobre las amargas condiciones de los asirios

Finalmente, los emisarios presentaron su informe al rey Ezequías. Leamos el versículo 22 de este capítulo 36 de Isaías:

"Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, el mayordomo; Sebna, el escriba, y Joa hijo de Asaf, el canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del copero mayor."

Las ropas nos hablan de la dignidad y gloria del hombre. Y las ropas rasgadas aquí nos indican una actitud de humillación y vergüenza. Ésta era una delegación desanimada y abatida que traía a Ezequías el mensaje del rey de Asirua. Y así llegamos al:

Capítulo 37 - Reacción de Ezequías al informe

Ahora observemos lo que hizo el rey Ezequías cuando recibió el informe. Leamos el versículo 1 de este capítulo 31:

"Aconteció, pues, que cuando el rey Ezequías oyó esto rasgó sus vestidos y cubierto de ropas ásperas vino a la casa del Señor."

Su reacción al informe de sus mensajeros le muestra como un hombre de fe. En esta situación límite recurrió a Dios y fue al templo. Y dice el versículo 2:

"Y envió a Eliaquim, el mayordomo; a Sebna, el escriba, y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de ropas ásperas, a ver al profeta Isaías hijo de Amoz."

Aquí vemos que el Ezequías, a su vez, envió a sus mensajeros al profeta Isaías, éste fue otro acto de fe. Quería escuchar una palabra de Dios. Continuemos leyendo el versículo 3:

"Ellos le dijeron: Esto ha dicho Ezequías: Día de angustia, de castigo y de deshonra es este día, porque los hijos han llegado hasta el punto de nacer, pero la que da a luz no tiene fuerzas."

El mensaje dirigido a Isaías no auguraba nada bueno, era oscuro y pesimista. Dice el versículo 4 de Isaías 37:

"Quizá ha escuchado el Señor, tu Dios, las palabras del copero mayor, al cual el rey de Asiria, su señor, envió para blasfemar contra el Dios vivo; y él lo castigará por las palabras que el Señor, tu Dios, haya escuchado. Eleva, pues, una oración tú por el remanente que aún ha quedado."

Observemos que habló del Señor como "tu Dios" y no como "nuestro Dios". En primer lugar, ¿por qué no dijo "nuestro Dios"? Sin embargo, el rey corregiría su expresión en su oración, más adelante, en el versículo 20.

Continuemos ahora leyendo los versículos 5 y 6, que nos hablan sobre:

El ánimo del Señor por medio de Isaías

"Vinieron, pues, los siervos de Ezequías a Isaías. Y les dijo Isaías: Decid a vuestro señor que así ha dicho el Señor: No temas por las palabras que has oído, con las cuales han blasfemado contra mí los siervos del rey de Asiria."

Dios le dio la seguridad a Ezequías de que la blasfemia del Asirio no le había pasado desapercibida. Igualmente, Dios no podía pasarla por alto, ni lo haría. Dice el versículo 7 de Isaías 37:

"He aquí que yo pondré en él un espíritu, oirá un rumor y se volverá a su tierra; y haré que en su tierra perezca a espada."

Ese hombre ni siquiera iba a perecer cerca allí donde se encontraba, cerca de Jerusalén, sino en su propia tierra. Como veremos más adelante, esta predicción se cumpliría literalmente. Dios anunció la destrucción de Asiria. Llegamos ahora a un párrafo en el cual aparece:

Una carta amenazadora para Ezequías

Cuando Rabsaces regresó a su ejército, descubrió que el rey de Asiria se había apartado de Laquis y se dirigía hacia Libna en un acto de guerra. Había llegado un rumor que las principales fuerzas del ejército Asirio estaban siendo atacadas por el ejército Egipcio. Rabseces se retiró temporalmente de Jerusalén para ayudad a los efectivos principales del ejército Asirio, pero para "salvar la cara" despachó una carta de Senaquerib para Ezequías diciendo que volvería.

El mensaje de esa carta constituía otro intento de sacudir la fe de Ezequías en la liberación de Dios. Dice el versículo 10:

"Así diréis a Ezequías, rey de Judá: No te engañe tu Dios, en quien tú confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria."

Y en los versículos 11 y 12 leemos otra vez estas palabras de Rabsaces:

"He aquí que tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, que las han destruido. ¿Y escaparás tú? ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que destruyeron mis antepasados, a Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que moraban en Telasar?"

Pero en este caso Rabsaces llegó más lejos que en sus palabras anteriores y se jactó de que los dioses de ninguna nación habían librado a su pueblo de manos de los Asirios. Dice el versículo 13:

"¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, el de Hena y el de Iva?"

Y así vemos que el Asirio citó hechos históricos difíciles de refutar. Veamos entonces cual fue la actitud de Ezequías, leyendo el versículo 14, en el que tenemos:

La oración de Ezequías

"Tomó Ezequías las cartas de manos de los embajadores y las leyó. Luego subió a la casa del Señor y las extendió delante del Señor."

¡Qué significativo fue este gesto, cuando recurrió a Dios! Y a continuación tenemos una de las grandes oraciones de la Biblia. Leamos los versículos 15 y 16 de Isaías 37:

"Entonces Ezequías oró al Señor diciendo: Señor de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra."

Los israelitas instruidos no pensaban que Dios era una deidad local que habitaba en el templo, en un pequeño cofre, en Jerusalén. En 1 Reyes 8:27 vimos que el rey Salomón había orado diciendo: "27Pero ¿es verdad que Dios habitará sobre la tierra? Si los cielos, y los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta Casa que yo he edificado?" Cada israelita reconocía que Él era el Dios de los cielos, el Creador de los cielos y la tierra.

Ezequías expuso ante Dios la carta y resaltó el hecho de que estaba dirigida contra Dios. Dicen los versículos 18 y 19 de Isaías 37:

"Ciertamente, Señor, los reyes de Asiria han destruido todas las tierras y sus comarcas y han entregado los dioses de ellos al fuego, porque no eran dioses sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron."

Ezequías reconoció la verdad que expresaba aquella carta. No había necesidad de ignorarla. Cuando tratamos con Dios, es sabio decirle la verdad, especialmente sobre nosotros mismos, sin tratar de ocultarle nada. Y dice el versículo 20:

"Ahora pues, Señor, Dios nuestro, líbranos de sus manos, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Señor."

Dios respondió por medio de Isaías

Dios dijo que Él había escuchado la blasfemia del Asirio. Observemos cómo se ocupó de él. Leamos el versículo 29 de Isaías 37:

"Porque contra mí te airaste y tu arrogancia ha llegado a mis oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste."

Y después, Dios pronunció palabras de consuelo y seguridad para Su pueblo. Dice el versículo 30:

"Esto te será por señal: Comeréis este año lo que nace de suyo, el año segundo lo que nazca de por sí, pero el tercer año sembraréis y segaréis, plantaréis viñas y comeréis su fruto."

El pensamiento principal era que los miembros del reino de Judá continuarían en la tierra por un poco más de tiempo. Y observemos la audacia de esta profecía. Leamos el versículo 33:

"Por tanto, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad ni arrojará saeta en ella; no vendrá delante de ella con escudo ni levantará contra ella teraplén."

Si uno de los 185.000 soldados Asirios hubiera disparado accidentalmente una flecha sobre las murallas de Jerusalén, la Palabra de Dios habría resultado inexacta. ¡Cuán hermosas son las promesas de Dios! Y añadió el versículo 34:

"Por el camino que vino, volverá y no entrará en esta ciudad, dice el Señor."

Ésta fue una profecía específica, y se cumplió literalmente. Leamos ahora el versículo 36, que nos anuncia:

La destrucción del ejército asirio

"Y salió el ángel del Señor y mató a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana, todo era cadáveres."

Imaginemos la escena que observaron por la mañana los hombres que estaban apostados en las murallas de Jerusalén. Los enemigos que tanto habían temido eran cadáveres sin vida. Leamos el versículo 37:

"Entonces Senaquerib, rey de Asiria, se fue y se estableció en Nínive."

Ahora veamos que le sucedió con el rey de Asiria. Leamos el versículo 38:

"Y aconteció que mientras adoraba en el templo de Nisroc, su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer lo mataron a espada, y huyeron a la tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esarhadón, su hijo."

La historia secular confirmó el hecho de que Senaquerib fue asesinado por sus hijos. Fue aproximadamente en aquel tiempo en que el gran reino de Asiria comenzó a desintegrarse y finalmente, fue conquistado por Babilonia. Dios ya le había permitido conocer a Isaías que Él estaba preparando un reino que se encontraba sobre las orillas del río Éufrates, que sería el que conduciría al reino del sur (o de Judá) al cautiverio. Dios sabía que, aunque había liberado a Su pueblo por medio de un gran milagro en los días de Ezequías, pronto llegaría el día en que Él nuevamente tendría que decirles las palabras que encontramos en Isaías 1:4, "¡Ay nación pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malhechores, hijos depravados! ¡Dejaron al Señor, han despreciado al Santo de Israel, se volvieron atrás!"

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