Estudio bíblico de 1 Tesalonicenses 4:9-12

1 Tesalonicenses 4:9-12

Regresamos hoy, amigo oyente, al capítulo 4, de esta Primera epístola del Apóstol Pablo a los Tesalonicenses. Vamos a continuar nuestro estudio en este capítulo, y en nuestro programa anterior llegamos hasta el versículo 9. Pero teniendo en cuenta la importancia del tema de la santificación, creemos conveniente retroceder para repasar una parte de lo dicho en el programa anterior. Comenzaremos con nuestros comentarios al versículo 3, que leeremos a continuación:

"La voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de la inmoralidad sexual"

Esta palabra "santificación" que encontramos aquí es una hermosa palabra; pero tememos que haya sido muy malentendida. Creemos que, si usted lee las Escrituras, allí podrá encontrar que la santificación tiene diferentes significados. Cuando se usa en referencia a Cristo, como es el caso aquí, significa que Dios ha hecho que Cristo sea nuestra santificación, y uno no puede mejorar ese hecho. Por lo tanto, no se refiere a un estado sin pecado, sino más bien que hemos sido separados para Dios. Por ejemplo, Simón Pedro, en su segunda carta 1:21, nos habla del hecho de que "los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo". Ahora, algunos de esos hombres llamados santos vivieron vidas que no fueron precisamente un ejemplo de santidad. Por ejemplo, tenemos a Moisés, que en un determinado momento cometió un asesinato. Y David, que escribió tantos Salmos hermosos, también le quitó la vida a alguien. Pero ellos fueron santificados, fueron considerados santos, porque habían sido separados por Dios.

La santificación del creyente es la obra o acción del Espíritu Santo. Necesitamos repasar el triple aspecto de esa obra, porque es muy importante.

La santificación posicional significa que Cristo ha sido hecho por Dios nuestra santificación. Hemos sido aceptados en el Amado, y nunca seremos más salvos que en el momento en que depositamos nuestra confianza en Cristo. No hemos sido aceptados por ser quienes somos, sino por lo que Cristo ha hecho. Esta santificación posicional es la perfección en Cristo.

La santificación práctica es el Espíritu Santo trabajando en nuestras vidas para producir una santidad en nuestro caminar diario- Esta santificación práctica nunca será perfecta mientras estemos en estos cuerpos, con nuestra vieja naturaleza pecaminosa controlada por las pasiones.

La santificación total tendrá lugar en el futuro cuando nos ajustemos o adaptemos a la imagen de Cristo Jesús. Entonces, la posición y la práctica de la santificación serán perfectas.

El significado literal de la palabra santificación es ser "separado para Dios". En el momento en que un pecador perdido viene a Cristo y le acepta como Salvador, la persona queda separada para el uso de Dios. Esto fue enseñado claramente en el Antiguo Testamento, en el Tabernáculo o tienda de reunión. Dios enseñó en el Antiguo Testamento a los creyentes, grandes verdades doctrinales. En el Tabernáculo había vasijas y utensilios que eran usados en los sacrificios. Después de haber pasado por cuarenta años de travesía por el desierto, aquellos potes, ollas, tenedores y cucharas estaban bastante golpeados y desgastados por el uso. No creemos que tuvieran un aspecto muy atractivo. Cualquier ama de casa hubiera querido cambiarlos por un juego nuevo. Sin embargo, Dios los llamó "vasos santos". Ellos eran santos porque habían sido apartados especialmente para el uso de Dios. Esto fue lo que los hizo santos.

De la misma manera esta condición se aplica a una persona. Cuando ella viene a Cristo, es salva. Es redimida; pertenece a Cristo. Pablo dijo en 2 Tesalonicenses 4:3 La voluntad de Dios es vuestra santificación. Usted ha sido separado, apartado para un propósito santo, para el uso de Dios. Cada hijo de Dios, y no simplemente los predicadores, maestros, misioneros o laicos cristianos, es decir cada creyente está separado para el uso de Dios.

El versículo 3 continúa diciendo que os apartéis de la inmoralidad sexual. Creemos que no eran solo los Tesalonicenses los que necesitaban esta advertencia de Pablo. No pensemos que eran los únicos que se implicaban en estos pecados, especialmente en el área sexual. Y no creamos que fue solo en los tiempos de los romanos que la idolatría involucraba los pecados del sexo. En la actualidad hemos visto el surgimiento de la adoración a Satanás y la práctica del ocultismo. Hay toda clase de amuletos y rituales relacionados con tal adoración. También está la astrología, que procura que las personas se conozcan a sí mismas. Y en algunas de estas prácticas suele intervenir el placer sexual.

Y la advertencia de Pablo es válida para cualquier época. Porque una persona no puede vivir controlada por el pecado y al mismo tiempo, ser usada por Dios en cualquiera de los aspectos del ministerio cristiano. Además del daño personal, tal persona perjudicaría a la obra que esté realizando.

Ahora, ¿debería un cristiano esforzarse por la santidad? Creemos que sí. Pero usted y yo tenemos que reconocer que es solo en Cristo que nosotros podemos ser aceptables ante Dios. Pablo dijo que hemos sido santificados, traídos a ese elevado nivel y estado, separados para el uso de Dios. En consecuencia, escuchemos lo que dijo el apóstol en los versículos 4 y 5 de 1 Tesalonicenses 4;

"que cada uno de vosotros sepa tener su propio vaso en santidad y honor, no en pasión desordenada, como los no judíos que no conocen a Dios"

Alrededor de estos Tesalonicenses cristianos se encontraban los paganos que combinaban el sexo con la religión. El sexo era una religión entre los Griegos. Uno podía ir a Corinto y comprobarlo, pero en realidad, no era necesario ir a Corinto, pues uno podía encontrarlo precisamente en Tesalónica.

Pablo dijo que teníamos que vivir una vida que honrara al evangelio. El ver una vida disoluta, licenciosa, en cristianos, traería desprestigio al evangelio. Si ese caso se diera en la realidad, tales personas no estaría viviendo para Dios o sirviendo a Dios. Uno no puede servir a Dios y vivir en el pecado. El no acepta esa situación.

Es por ello que el versículo recalca que cada uno de vosotros sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor. Hoy hay mucha gente que parece saber todo lo que hay que saber sobre el sexo, pero saben muy poco o nada sobre el amor. Dios dijo que el cuerpo debía ser preservado para la relación matrimonial, y esto se aplica a hombres y mujeres. Hay diversas razones para la actual infelicidad en el matrimonio y el fracaso de la vida matrimonial. El problema radica en que los componentes de la pareja no son personas que han sido separadas para el uso de Dios, ni son fieles entre sí en una relación de amor. Cuando una persona reserva su cuerpo para el matrimonio y es fiel a su compañera o compañero, entonces, con la ayuda del Espíritu Santo, está manteniendo su vaso, su cuerpo en santificación y honor, es decir, de una manera santa y honrosa. Esta debería ser la práctica de todo hijo de Dios. Y así Pablo tuvo que poner estos asuntos en orden. Y el versículo 6 dice:

"que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano, porque, como ya os hemos dicho y testificado, el Señor es vengador de todo esto."

Aquí se advierte que nadie perjudique a su hermano ni se aproveche de él. Si usted es un hijo de Dios, debe actuar con honestidad. Dice aquí el Señor es vengador en todo esto. Los que hemos vivido por mucho tiempo como creyentes y trabajado entre ellos, hemos visto una y otra vez que este principio ha funcionado en la vida de muchas personas. Porque algunos han sido deshonestos y el Señor actúa y juzga. Y dice el versículo 7:

"Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación."

Un hijo de Dios no puede continuar en el pecado. Recordemos de la parábola del hijo pródigo, que él pudo estar en la pocilga con los cerdos una vez, pero no podía vivir allí y tuvo que salir. Y ahora leamos el versículo 8 de 1 Tesalonicenses 4:

"Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo."

Un hijo de Dios es habitado por el Espíritu Santo. No puede continuar viviendo en el pecado porque el Espíritu Santo, como su nombre lo indica, es Santo. A un hijo de Dios que comenzó a ser atraído por el pecado le llegará el momento en que ansiará tener santidad en su propia vida.

EL Espíritu Santo es el único medio por el cual podemos vivir para Dios. En la carta de Pablo a los Gálatas vimos que el hijo de Dios no puede permitirse complacer las tendencias pecaminosas de su naturaleza carnal. En cambio, debería haber una manifestación del fruto del Espíritu en la vida de ese hijo de Dios. En Romanos 8:3 al apóstol Pablo lo dejó bien en claro diciendo: Lo que era imposible para la ley. . . ¿Por qué? ¿Está la ley equivocada? No, la ley no está equivocada. Los Diez Mandamientos no están equivocados. El problema radica en el ser humano, no en la ley. EL hombre no puede alcanzar el nivel de los Diez Mandamientos, ni tampoco puede poner en práctica en su vida los mandamientos del Nuevo Testamento. Es el Espíritu Santo dentro del creyente, quien le ha sido dado para hacer posible que pueda vivir una vida para Dios.

Dios ha dado Su Espíritu Santo a cada creyente. El no es alguien que debe ser buscado cuando una persona es salvada. En el instante en que un pecador confía en Cristo, esa persona es habitada por el Espíritu Santo. En Los Hechos 19 encontramos que cuando Pablo llegó a Éfeso, conoció a personas que profesaban ser cristianas; pero él vio que no estaban habitadas por el Espíritu de Dios. Les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo cuando habían creído. Le dijeron que ni siquiera habían oído hablar de tales temas, solo sabían acerca del bautismo de Juan. Así que Pablo les predicó el evangelio y entonces fueron salvas. Uno recibe el Espíritu Santo solo cuando se ha convertido y viene a Cristo. En ese momento el creyente recibe y es bautizado con el Espíritu Santo, siendo colocado en el cuerpo de los creyentes para funcionar en él. Después de ese momento, una persona puede vivir muchas experiencias de llenura, de provisión abundante del Espíritu Santo, y creemos que todos necesitamos esa provisión abundante del Espíritu, ese control que hace posible que vivamos vidas santas, agradables ante Dios, y de buena influencia espiritual para los que nos rodean.

Bien, una vez terminado nuestro repaso, comenzaremos nuestra lectura de hoy en el versículo 9, del capítulo 4 de la Primera epístola a los Tesalonicenses:

"Acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros"

Aquí el tema es el amor, y la afirmación que el apóstol hizo fue sorprendente. Un creyente tiene que tener amor por los hermanos. Es un amor sobrenatural que fue enseñado por Dios. Recordemos la frase escrita por Pablo a los Gálatas (5:22). El fruto del Espíritu es amor. No es un amor teórico, no es esa clase de amor, ni simplemente un término abstracto. Ya hemos mencionado anteriormente que el amor en abstracto no puede existir, sino que tiene que ser un amor concreto. Tal amor solo puede ser producido en los corazones de los creyentes por el Espíritu Santo. Observemos que después de que Pablo habló del Espíritu Santo, lo primero que mencionó fue el amor fraternal.

Y por tal motivo escribió estas palabras: En cuanto al amor fraternal, no necesitáis que os escribamos, porque Dios mismo os ha enseñado a amaros unos a otros. Y creemos que el amor es una de las marcas o señales identificativas de un hijo de Dios.

El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, contaba que él tenía un compañero de estudio con quien estaba prácticamente en un conflicto permanente. Era una amistad arraigada pero muy conflictiva. Ambos se pasaban el tiempo discutiendo sobre cualquier tema. Rivalizaban en cuanto a la chica que les gustaba tratando de ver quien lograba la primera cita con ella y asuntos por el estilo. Una vez empezaron a luchar medio en serio, medio en broma, hasta que la broma quedó a un lado; la habitación quedó en un estado desolación. Su rival le dijo lo que pensaba de él, lo cual era cualquier cosa menos elogiosa, y él a su vez no se quedó atrás y le dijo también lo que pensaba de él, lo cual tampoco era elogioso, ni mucho menos. Pero en el fragor de ese intercambio, el joven McGee se le ocurrió decirle: "¡Mira, tu eres la prueba más grande de que yo soy un hijo de Dios! Una de las evidencias de que una persona es un hijo de Dios es que ama a su hermano. Juan lo enfatizó y está en 1 Tesalonicenses, donde Dios nos enseña que tenemos que amar a nuestro hermano. A pesar del hecho de que tu eres la persona más detestable que jamás he conocido, la persona más difícil de querer que jamás conoceré, ¡yo te quiero, siento cariño por ti!" Su amigo lo miró un poco sorprendido, comenzó a reírse y le dijo: "¡Sabes, yo también te quiero! ¡Tú eres mucho peor que yo!". Amigo oyente, podemos amar a una persona conflictiva, difícil de querer, porque es un hijo de Dios, y esa persona nos puede amar a nosotros por el mismo motivo. El Espíritu de Dios habita en ambos, al ser hijos de Dios, y el amor que El derrama en los corazones de Sus hijos, hace posible sobrellevar los conflictos, los desacuerdos, las incompatibilidades, en fin, todas las circunstancias humanas. Y la presencia e influencia de ese amor que sobrepasa las limitaciones humanas para aceptar a otra persona tan diferente a nosotros, es una evidencia de que somos hijos de Dios. Leamos ahora el versículo 10 de este capítulo 4 de 1 Tesalonicenses:

"Y también lo practicáis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más."

El amor por los hermanos en la fe es un área para el crecimiento y desarrollo. Sinceramente hablando, algunas personas son difíciles de amar. Alguien dijo lo expresó con este estribillo: "El morar allí arriba con los santos en amor, será la gloria; pero el estar aquí abajo con los santos que conozco, bueno, eso es otra historia".

Estos cristianos tesalonicenses amaban realmente a sus hermanos en la fe, pero evidentemente su amor no había alcanzado su punto óptimo. No eran aun perfectos en su amor, y había aun un margen para mejorarlo.

Va a haber algunos conflictos personales entre los creyentes. Sería mejor que tales personas no estuvieran mucho tiempo juntas ni tenga ocasión de hablar a solas. Ello no significa que las detestemos. Pero debemos dejar que Dios intervenga para poner paz en el momento que El considere apropiado. Y ese momento no necesariamente coincide con nuestro momento.

En fin, el examen, la prueba real es nuestro amor por los hermanos en la fe. Si usted quiere aplicar una prueba de fuego en su vida para probar si usted es o no un verdadero creyente, este es el área sensible para aplicar dicho test. ¿Ama usted a sus hermanos? Continuemos leyendo el versículo 11 de este cuarto capítulo de 1 Tesalonicenses:

"Procurad tener tranquilidad, ocupándoos en vuestros negocios y trabajando con vuestras manos de la manera que os hemos mandado"

Veamos la primera frase: procurad tener tranquilidad. Este es un mandamiento interesante para cristianos. Tenemos todo tipo de escuelas e instituciones para enseñar a hablar a la gente. Cada seminario es una clase de expresión oral pública. Quizás habría que tener un curso que enseñara a sus estudiantes a llevar una vida tranquila, para aprender a vivir en paz. Nos tememos que muchos necesitan seguir ese curso.

Y el apóstol continuó escribiendo ocupándoos en vuestros negocios. Este es otro buen mandamiento. Quiere decir que cada uno debe atender a sus propias responsabilidades, en vez de andar hurgando en la vida y acciones de los demás.

Y el versículo termina con el consejo trabajando con vuestras propias manos de la manera que os hemos mandado. Creemos que cada creyente tendría que tener algún tipo de actividad por media de la cual estuviera haciendo algo que fuera tangible para Dios. Y luego continuó diciendo el apóstol en el versículo 12:

"A fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera y no tengáis necesidad de nada."

La primera frase aquí dice que os conduzcáis honradamente. Esto es una conducta que los cristianos deberían adoptar y que, además, ganaría el respeto y la confianza de todas las personas. Creemos que los métodos para recaudar fondos deberían ser transparentes, siguiendo los principios éticos de la Biblia, respetuosos con la dignidad de los cristianos, y con la garantía del escrutinio y control público del destino del dinero. Nuestra vida, nuestro andar diario, debería ser honesto ante Dios y los seres humanos. Todos nuestros tratos con los demás, incluidos los no creyentes, tendrían que ser escrupulosamente honestos, transparentes. Si así no lo hacemos, Dios nos juzgará por ello.

En nuestro próximo programa continuaremos con otro pasaje de este importante capítulo 4 y nos dedicaremos especialmente al versículo 13. Le sugerimos que lea los versículos restantes de este capítulo 4, para familiarizarse con su contenido, y esperamos que pueda acompañarnos en nuestro próximo encuentro.

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