Estudio bíblico de 1 Tesalonicenses 4:13

1 Tesalonicenses 4:13

En el día de hoy, amigo oyente, vamos a considerar lo que nos dice el versículo 13, de este capítulo 4, de la Primera Epístola a los Tesalonicenses que estamos estudiando. En nuestra sección anterior (3:1-4:12) el título era "La venida de Cristo es una esperanza purificadora". Esa sección estaba centrada en la Santificación del creyente. En esa sección el apóstol Pablo instó a los Tesalonicenses a que continuaran creciendo en la fe, y entró en un tema eminentemente práctico: cómo debían caminar, es decir, vivir, los creyentes a la luz de esa esperanza del retorno de Cristo.

Ahora este versículo 13 comienza una nueva sección que se extiende hasta el versículo 18 de este mismo capítulo 4. En esta destacada parte de la carta de San Pablo hemos de ver lo que la muerte significa para el cristiano, y lo que el arrebatamiento significa para la iglesia. Vamos pues a considerar esta sección, que hemos titulado

La venida de Cristo es una esperanza consoladora

Hemos llegado a la siguiente sección de la epístola a los Tesalonicenses, una sección que ha sido señalada como uno de los más importantes pasajes proféticos de la Biblia, y que se extiende desde el versículo 13 y hasta el versículo 18. Enseña la inminente venida de Cristo por su Iglesia. Ahora, eso no quiere decir que esta venida sea inmediata, ni que vaya a tener lugar pronto. Pablo nunca usó una expresión así. El nunca quiso que la gente asumiera que la venida ocurriría durante su vida o brevemente después. Ya han transcurrido más de 2.000 años desde entonces. Pero cuando decimos que la venida de Cristo es inminente, queremos decir que se está acercando, o que es el siguiente evento en la agenda del programa de Dios.

Pablo dejó bien en claro que él creyó en un retorno inminente de Cristo. En el versículo 15 de este capítulo habló de los nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor. Pablo creyó que el Señor Jesús podría venir en su tiempo de vida. El no dijo, ni creyó, que Cristo vendría durante su vida, pero dijo que podría venir. Esta fue su actitud cuando escribió a Tito en 2:13, mientras aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

Hay quienes acusaron a Pablo de haber cambiado su posición sobre la venida inminente de Cristo a medida que envejeció. Recordemos que la epístola a los Tesalonicenses fue su primera carta. ¿Cambió Pablo su teología? Cuando escribió a los Filipenses era un hombre anciano, un prisionero de Roma, y entonces dijo, en Filipenses 3:20, 20Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. Al final de su vida, Pablo estaba aun esperando al Señor. En otras palabras, consideraba a la venida del Señor inminente.

Ahora, a la venida de Cristo por Su Iglesia, cuando seamos arrebatados para encontrarnos con el Señor en el aire, Pablo la llamó el "arrebatamiento de la Iglesia". Hay personas hoy, que tienen un punto de vista diferente sobre este asunto. Dicen que la Biblia no enseña el Rapto y que no se encuentra esa palabra en el Nuevo Testamento. Insistimos en que sí se menciona, y se encuentra en este pasaje de las Escrituras, en el versículo 17, de esta Primera epístola a los Tesalonicenses, capítulo 4, donde dice: Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Ahora, en este versículo tenemos la palabra arrebatados, y eso es algo muy interesante. La palabra griega utilizada aquí para "arrebatados" es harpazo, y quiere decir "arrebatar", "levantar" "asir apresuradamente" "transportar". Es una cuestión de semántica, pero cualquiera sea la palabra que uno use, el hecho fue que Pablo enseñó que los creyentes serán arrebatados en las nubes para recibir al Señor en el aire. Así que el apóstol enseñó el arrebatamiento de la Iglesia. El caso es que el arrebatamiento de la Iglesia puede ocurrir en cualquier momento; es el próximo evento en el programa de Dios.

Permítanos ahora hacer una declaración que puede ser sorprendente en cuanto a este pasaje de las Sagradas Escrituras. En realidad la consideración principal aquí no es el arrebatamiento. La pregunta exacta que Pablo estaba respondiendo era; ¿Qué podemos decir acerca de los creyentes que mueran antes de que el arrebatamiento de la Iglesia tenga lugar?

Tenemos que repasar los antecedentes de esta epístola para entender por qué esta pregunta era tan importante para los creyentes Tesalonicenses. Pablo fue a Tesalónica en su segundo viaje misionero; él estuvo allí por tres días de reposo y discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras. Este fue el relato de Lucas en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 17, versículo 2. Esto indica que él estuvo allí menos de un mes. En ese breve período, Pablo llegó a esa ciudad y realizó una tarea de Hércules. Llevó a cabo la tarea de un misionero. Predicó el evangelio, hubo convertidos, y estableció una iglesia. Y después, él enseñó a estos nuevos creyentes las grandes verdades de la fe cristiana. Y lo interesante es que les enseñó en cuanto al arrebatamiento de la Iglesia.

En ciertas épocas pasadas, no se enseñaba mucho sobre la profecía. Incluso maestros y predicadores eludían el tema; decían que eran verdades muy profundas, que debían ser enseñadas a cristianos de cierto nivel madurez, y no a aquellos que son recién convertidos. Sin embargo vemos que en esta carta Pablo hizo todo lo contrario. No había estado con los nuevos creyentes de Tesalónica ni siquiera un mes completo, y les había enseñado profecía. En realidad, cuando lleguemos a la segunda epístola, veremos que el apóstol les enseñó acerca de la gran tribulación y el llamado el Hombre de Pecado, es decir, del anticristo que vendrá. Pablo recorrió toda la gama de la profecía para los creyentes Tesalónicos. No tiene sentido entonces decir que la profecía no se debe enseñar a los creyentes recién convertidos. Al contrario, les debe ser enseñada, como el mismo ejemplo de Pablo así lo indicó.

Está claro que Pablo les enseñó a aquellos cristianos en cuanto a que arrebatamiento de la Iglesia podía ocurrir en cualquier momento: que era algo inminente. Después Pablo partió de Tesalónica; se fue a Berea, estableció allí una iglesia y se quedó por un tiempo. Luego, se embarcó y se dirigió a Atenas. Tampoco sabemos cuánto tiempo se quedó allí. Estaba esperando a Timoteo y Silas que le traerían noticias de Tesalónica. Bueno, ellos no llegaron, así que Pablo se dirigió a Corinto. Después de haber estado allí por un tiempo, llegaron Timoteo y Tito y le dieron informes en cuanto a esta iglesia en Tesalónica, junto con preguntas que para Pablo tenían los Tesalonicenses. Entonces, Pablo escribe esta Primera Epístola a los Tesalonicenses para animarles, y para responder a sus preguntas concretas sobre el arrebatamiento de la Iglesia. Durante ese período desconocido de tiempo transcurrido desde que Pablo les había dejado, algunos de los creyentes de esa iglesia habían muerto. Entonces les había surgido la pregunta de si no se habrían perdido el arrebatamiento de la iglesia.

Obviamente Pablo enseñó la inminente venida de Cristo; pues de otro modo, esta pregunta no habría sido algo pertinente. Pablo les había dicho que el Señor Jesús podía venir en cualquier momento. Algunos de aquellos creyentes habían muerto y el Señor no había venido: ¿se habrían perdido el arrebatamiento? ¿Qué les sucedería? Pablo les dio la respuesta a esa pregunta en esta carta que estamos estudiando.

Para nosotros la pregunta de los Tesalonicenses no es tan significativa como lo fue para ellos. Y esto es así; usted y yo vivimos a más de 2.000 años después que los Tesalonicenses, y literalmente millones de creyentes han cruzado el umbral de la muerte. Por lo tanto, la mayor parte de la Iglesia ya ha ido por delante de nosotros y queda solo una pequeña minoría en el mundo.

Pablo había enseñado a los Tesalonicenses que la venida de Cristo era inminente, y esto es lo que aun creemos hoy. Entre donde nos encontramos justo en este momento y la venida de Cristo por la Iglesia hay un tiempo muy breve, lo cual significa que podría ocurrir en cualquier instante, incluso antes que termináramos este programa o, por otra parte, la venida de Cristo podría estar aun distante en el futuro.

Lo grave hoy sería fijar fechas para la venida del Señor. Algunos lo están haciendo, y ello es peligroso porque no saben cuando El regresará. Podrían difícilmente, incluso por casualidad, acertar correctamente la época o el año, pero seguramente no podrían averiguar la hora. Cuando algunos intentan fijar fechas están privando a los creyentes de esperarle.

Ahora los Tesalonicenses estaban preocupados por los creyentes que habían muerto antes que el arrebatamiento hubiera tenido lugar. Necesitamos recordar esto a medida que recorremos el resto de este capítulo. Leamos entonces el versículo 13 de esta cuarto capítulo de Tesalonicenses:

"Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza."

Nos agrada esta frase de Pablo: tampoco queremos que ignoréis. Hemos visto esta expresión antes en las cartas a los Corintios. Cuando Pablo dijo no quiero que ignoréis uno puede tener la seguridad de que aquellos hermanos realmente ignoraban un tema. Pablo no se lo dijo de una forma resuelta o ruda, pues era cortés y diplomático. Podríamos decir que les habló con una actitud cristiana.

Y les habló, como dice el versículo 13, acerca de los que duermen. Pablo se estaba refiriendo a la muerte del cuerpo. Esta expresión nunca se refiere al alma o al espíritu del hombre, porque el espíritu del hombre no muere. A medida que avanzamos tomaremos nota de ello, pero antes quisiera mencionar 4 razones por las que la muerte del cuerpo es descrita como estar "dormido."

1. Hay una similitud entre el sueño y la muerte; un cuerpo muerto y un cuerpo dormido son realmente muy parecidos. Algunas veces seguramente hemos observado a un amigo o un ser querido en su ataúd y alguien seguramente ha hecho la observación de que parecía dormido. En cierta manera es verdad. El cuerpo de un creyente está dormido. Alguien que duerme no deja de existir, simplemente porque el cuerpo está durmiendo. El sueño es temporal; la muerte también es temporal. El sueño tiene su despertar; la muerte tiene su resurrección; es que no se trata de que la vida sea existencia y la muerte una no-existencia.

2. La palabra que se traduce "dormido" tiene su raíz en la palabra griega "keimai", que significa "echarse, acostarse". Y lo verdaderamente interesante es que la palabra resurrección es una palabra que se refiere solamente al cuerpo. Es "anastasis" y proviene de dos palabras griegas; "histemi" que junto con la preposición "ana" significa "levantarse, ponerse en pie". Y solo un cuerpo puede ponerse en pie en la resurrección.

C.S. Lewis en su libro Screwtape Letters usa un poco de sarcasmo para ridiculizar a aquellos que creen que la resurrección es una resurrección del espíritu y no del cuerpo. El pregunta qué posición adopta el alma o el espíritu cuando se acuesta en la muerte, o qué posición adopta el espíritu cuando se levanta en la resurrección. Si usted quiere creer en el sueño del alma, debe explicar cómo puede recostarse el alma y después levantarse. Obviamente, la palabra "dormido" se refiere al cuerpo.

La misma palabra para "sueño" se usa aquí tal como se usa cuando se refiere al sueño natural, cuando el cuerpo reposa sobre la cama. Presentaremos dos ejemplos al respecto. En Lucas 22:45, dice, hablando de Jesús: 45Cuando se levantó de la oración y fue a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza. Imaginemos que Pedro, Jacobo y Juan se fueron a dormir en un tiempo de crisis. La palabra es la misma que se usa aquí en 1 Tesalonicenses. Nuevamente, en Los Hechos 12:6, dice: 6Cuando Herodes lo iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. Una cosa que sabemos con toda seguridad de Simón Pedro es que él no sufría de insomnio. Incluso en momentos de gran crisis, era capaz de dormir. Otra vez, se usa la misma palabra para "dormir" y se refiere al sueño natural del cuerpo.

3. La Biblia enseña que el cuerpo vuelve al polvo del cual fue formado, pero el espíritu vuelve a Dios que lo dio. Incluso el Antiguo Testamento enseña esto. En Eclesiastés 12:7 leemos: antes que el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. "El polvo", es decir nuestro cuerpo. En Génesis 3:19 vemos que Dios le dijo a Adán. . . polvo eres y al polvo volverás. Fue el cuerpo, tomado del polvo, y entonces Dios sopló en el hombre el aliento de la vida, o el espíritu. Es el cuerpo el que irá a dormir hasta la resurrección, solo el cuerpo. El espíritu del creyente regresará a Dios.

El espíritu o el alma no muere, y por lo tanto, el espíritu, o al alma, no será resucitado. Solo el cuerpo puede acostarse en la muerte, y solo el cuerpo puede levantarse, ponerse en pie en la resurrección. Y esto fue bastante obvio cuando Pablo dijo en 2 Corintios 5:8, que estar ausentes del cuerpo, era estar presentes ante el Señor.

El cuerpo es simplemente una tienda frágil que es dejada a un lado temporalmente en la muerte. Dice 2 Corintios 5:1, 1Sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna, en los cielos. La palabra griega para tabernáculo aquí es "kenos", que significa tienda. Los cuerpos en los que vivimos son tiendas. Uno puede vivir en un verdadero palacio, pero la vivienda real es realmente una pequeña tienda. Dios nos puso a cada uno de nosotros en una tienda. Aquí no hay diferencias entre vivir en una casucha o residir en una mansión. A todos se nos ha dado la misma clase de tienda. Uno podría reducir el cuerpo a los elementos químicos que lo forman, y se nos ha dicho que la suma total que se obtendría sería de unos 3 Euros, aunque la inflación podría subir un poco el precio. Así que cada uno de nosotros vive en una tienda que, por cierto, tiene un valor muy escaso. Y se puede venir abajo en cualquier momento. Realmente, nuestros cuerpos son extremadamente frágiles.

Dijo Pablo en 2 Corintios 5:2, 2Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial. Y en el versículo 4 de ese mismo capítulo dice: 4Asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia, pues no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Así que gemimos dentro de nuestras tiendas. ¿Había pensado alguna vez en esto?

Recordemos también que Pablo escribió en este mismo pasaje de 2 Corintios, esta vez en los versículos 6 y 7: 6Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor 7(porque por fe andamos, no por vista). Así que durante nuestra vida nos sentimos con nuestro cuerpo como en casa; después de todo es donde vivimos. La gente no llega realmente a vernos; es que estamos escondidos dentro de nuestros cuerpos. Y la casa corporal en que vivimos está, según los casos, en mejor o peor estado de reparación, pero ahí es donde vivimos mientras andemos por esta tierra.

Y vemos que en este mismo capítulo de 2 Corintios 5:8 Pablo continuó diciendo: 8Pero estamos confiados, y más aún queremos estar ausentes del cuerpo y presentes al Señor. No podemos imaginar una experiencia más agradable que ésta. Por ello, cuando vamos a despedir los restos mortales de un ser querido no pensamos tanto en si tiene o no un aspecto natural. Sino que sabremos que estamos simplemente contemplando la tienda que él o ella han dejado, su vieja vivienda, que ha sido puesta a descansar. El, o ella, han ido a la presencia del Señor. Y en la resurrección, ese cuerpo, como los de todos nosotros, resucitará.

Hay muchos eruditos críticos que creen que será espiritual y no creen en una resurrección corporal física. Un especialista en griego de la Universidad de Chicago leyó un trabajo basado en 1 Corintios 15:44, que dice, 44Se siembra cuerpo natural, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo natural y hay cuerpo espiritual. La disertación hizo recaer el énfasis en la palabra espiritual. El profesor concluyó diciendo: "Ahora bien, ustedes pueden ver que la resurrección es espiritual porque el texto aquí así lo indica". Los que simpatizaban con su punto de vista aplaudieron y alguien presentó una moción para que el trabajo fuera impreso y circulara entre los asistentes. Pero un destacado erudito conservador que se encontraba presente, se puso en pie y muchos críticos se sintieron inquietos porque pensaron que podría formular una pregunta embarazosa. Entonces este otro profesor preguntó al conferenciante: "¿qué tiene más fuerza, un sustantivo o un adjetivo? Es una pregunta muy simple pero me gustaría que la respondiera". El otro se dio cuenta de la intención de su pregunta y no quería responderle, pero no tuvo más remedio que contestar que, por supuesto, un sustantivo tenía más fuerza. Entonces el profesor que interrogaba continuó diciendo: "me sorprende que usted, en su trabajo, haya colocado el énfasis en un adjetivo, teniendo más fuerza el sustantivo. Veamos el texto otra vez. Aquí dice se siembra cuerpo natural, resucitará cuerpo espiritual". Y continuó diciendo: "el único elemento que se transfiere en la resurrección es el cuerpo. Es una clase de cuerpo cuando muere, es un cuerpo natural: Y es resucitado como un cuerpo, un cuerpo espiritual, es decir, dominado entonces por el espíritu, pero es aun un cuerpo". Hasta aquí la cita. Pero recordamos que el trabajo del conferenciante nunca fue publicado, por decisión de su autor mismo. Una sencilla objeción gramatical había bastado para desmontar un argumento. )

Daniel fue otro autor de la Biblia que habló de la muerte del cuerpo como un "sueño". Dijo en su capítulo 12:2, Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados: unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetua. O sea, que el polvo volverá al polvo, es decir, el cuerpo; pero el espíritu va a Dios que lo envió.

4. Los primeros cristianos adoptaron una hermosa palabra para los lugares de enterramiento de sus seres queridos; la palabra griega "Koimeterion", que significa "una casa de descanso para extranjeros, un lugar para dormir". La misma palabra pasó a otros idiomas, por ejemplo al nuestro, dando lugar a la palabra "cementerio". La misma palabra se usaba en aquellos días para las posadas o mesones, lo que identificaríamos hoy con un hotel en la carretera. Son instalaciones en las que uno pasa una noche para dormir y al día siguiente se dispone a continuar el viaje. Esta es una figura del lugar donde enterramos a nuestros seres queridos. Es un pensamiento consolados saber que dejamos allí sus cuerpos hasta el día de la resurrección. Un día el Señor vendrá y esos cuerpos se levantarán.

Regresemos ahora a la consideración del versículo 13 del cuarto capítulo de Tesalonicenses. Dijo Pablo: para que no os entristezcáis, como los otros que no tienen esperanza. El mundo pagano no tenía esperanza; para ellos la muerte esta algo terrible. En Tesalónica se encontró una inscripción que decía: "Después de la muerte, no se puede volver a la vida, después de la tumba, ya no nos veremos más". El poeta griego Teócrito escribió: "Las esperanzas son para los vivos; los muertos están sin esperanza". Esas eran las creencias en el mundo antiguo. Eran tristes y pesimistas.

Los creyentes no deben entristecerse como los paganos. Cuando vamos a un entierro siempre podemos saber si la familia del que ha partido es cristiana o no. Por la forma en que expresan su tristeza podemos saber si tienen esperanza o no. Los cristianos lloran, por supuesto, no hay nada anormal en ello. Pablo nunca dijo que no debíamos llorar. Lo que sí dijo fue que no debíamos entristecernos como aquellos que no tienen esperanza. Un cristiano sufre la aflicción ante la muerte de un ser querido, pero al mismo tiempo, siente el consuelo de la esperanza que tiene en el regreso de Cristo y en la resurrección de los muertos.

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