Estudio bíblico de Mateo 16:1-28

Mateo 16:1-28

Tema: Jesús continuó en conflicto con los Fariseos y Saduceos; Jesús pidió una confesión a Sus discípulos, y Pedro habló en nombre del grupo; Jesús les confrontó por primera vez con la iglesia, Su muerte y resurrección.

El primer párrafo nos relata la ocasión en que

Los fariseos y los saduceos pidieron una señal

Por segunda vez, los Fariseos y Saduceos pedían una señal del cielo y el Señor les remitió nuevamente al profeta Jonás. Leamos los versículos 1 al 3:

"Entonces los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús, y para ponerle a prueba le pidieron que les mostrara una señal del cielo. Pero respondiendo El, les dijo: Al caer la tarde decís: Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador. ¿Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos?"

En Mateo 12:38, los escribas y Fariseos habían pedido una señal. En aquel momento el Señor les presentó la señal de Jonás. Iba a hacerlo otra vez, pero primeramente les llamó la atención al hecho de que, aunque ellos eran efectivos en predecir el tiempo, no parecían capaces de reconocer las señales de los tiempos.

De hecho, los líderes religiosos estaban tratando de hacer caer al Señor Jesús en una trampa, y El iba a advertir a los suyos que tuviesen cuidado con ellos. Leamos el versículo 4:

"Una generación perversa y adúltera busca señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fue."

Nuestro Señor les había presentado muchas señales, pero ellos no las aceptaron. Por segunda vez destacó la predicción de la señal de Jonás. En el capítulo 12:40. les había dicho: "Porque como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra". Estos Fariseos y Saduceos no estaban precisamente dispuestos a aceptar aquella declaración como una señal.

En este capítulo veremos tres puntos de vista sobre Jesús. Los Fariseos y los Saduceos le consideraban un impostor y no creían que El fuera el Mesías. La multitud pensaba que El era Juan el Bautista, Elías, Jeremías o algún otro de los profetas. En esto, fueron halagadores aunque se equivocaron completamente. Sus discípulos representaban el tercer punto de vista. Ellos creían que Jesús era el Mesías (el Cristo), el Hijo del Dios viviente.

Los Fariseos y los Saduceos estaban, pues, otra vez pidiendo una señal. Jesús les dijo que no se les daría ninguna señal, sino solo la señal del profeta Jonás. Observemos la frase del relato: "y dejándoles, se fue". Su actitud tuvo un carácter terminante, al volverse y alejarse de ellos. Después,

Jesús previno a sus discípulos

sobre la levadura de estos dirigentes religiosos. Leamos los versículos 5 al 7:

"Los discípulos, al pasar al otro lado, se habían olvidado de tomar panes. Y Jesús les dijo: Estad atentos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos. Y ellos discutían entre sí, diciendo: Lo dice porque no tomamos panes."

En Mateo 13 hemos afirmado que la levadura se refiere siempre a un principio del mal y en ningún caso a un principio del bien, lo cual fue confirmado por el Señor cuando advirtió sobre la levadura. Si a uno se le previene contra algo, esto no será ni agradable ni bueno. Al principio, los discípulos no entendieron el significado de la levadura, pensando que Jesús se refería al pan. Continuemos leyendo desde el versículo 8 al 12:

"Pero Jesús, dándose cuenta, dijo: Hombres de poca fe, ¿por qué discutís entre vosotros que no tenéis pan? ¿Todavía no entendéis ni recordáis los cinco panes de los cinco mil, y cuántas cestas recogisteis? ¿Ni los siete panes de los cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis? ¿Cómo es que no entendéis que no os hablé de los panes? Pero guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos. Entonces entendieron que no les había dicho que se guardaran de la levadura de los panes, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos."

Si el asunto se hubiese referido al pan material, los discípulos tendrían que haber recordado los dos milagros de Jesús, cuando proveyó pan para los 5.000 y luego para los 4.000. Pero el Tema no tenía que ver con al pan material. La levadura, según la interpretación del Señor, era la falsa doctrina, el elemento malo. Cuando la gente habla de la "levadura del evangelio", está incurriendo en una contradicción de términos. La levadura nunca constituye una ilustración del evangelio, sino que es siempre simbólica del mal. Si aceptas al Señor Jesús en su autoridad, debería estar claro de una vez para siempre, lo que la levadura representa.

Llegamos ahora al párrafo en que

Jesús pidió una confesión con respecto a sí mismo

Durante nuestro recorrido por todo este Evangelio según Mateo, deberíamos reflexionar profundamente en su contenido, porque este libro constituye la clave para el resto de las Sagradas Escrituras. Necesitamos hacer distinciones claras y observar cuidadosamente los acontecimientos. Leamos el versículo 13:

"Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?"

Si miramos a un mapa, encontraremos 3 Cesareas. Cesarea de Filipos estaba situada al norte del Mar de Galilea. El Señor Jesús se encontraba en el norte, y en las condiciones oportunas para comenzar a encaminarse hacia Jerusalén y la cruz. Pero antes de comenzar el viaje, había dos cosas que Sus discípulos debían tener claras: (1) Quién era El y (2), qué iba a hacer. Estimado oyente, estas son las dos realidades sobre las que debemos tener una idea clara, para ser cristianos. Tenemos que saber quién es El, y debemos conocer lo que El hizo. Tenemos que apropiarnos de esas verdades para ser salvos, por la fe.

Observemos la primera pregunta del Señor. "¿Quien dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" Esta es una pregunta que El aún está formulando, y una pregunta que todavía está siendo respondida en nuestro tiempo. El es aún la Persona más polémica que jamás ha vivido sobre la tierra. En este pasaje, podremos oír el punto de vista de las multitudes que le siguieron. Creo que si tú y yo formulásemos esa pregunta en cualquier esquina de nuestras ciudades, obtendríamos respuestas similares, porque las personas todavía continúan confundidas acerca de Jesús. Leamos la respuesta a la pregunta, en el versículo 14:

Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas.

Algunos pensaron que Jesús era Juan el Bautista, que había sido un gran hombre y la gente así lo reconoció. En nuestro tiempo mucha gente piensa que Jesús fue un gran maestro. En aquel tiempo, también hubo quienes dijeron que Jesús era Elías, el profeta, que había sido ciertamente un gran personaje; igualmente, hay muchas personas en la actualidad que no ponen en duda la grandeza de Jesús. Le consideran una buena persona. Otros, pensaron que Jesús era Jeremías, el profeta que lloraba; y la gente había visto llorar a Jesús. Así que aquellas multitudes le reconocieron el mérito de ser un gran profeta. Como puede verse, había una gran variedad de puntos de vista sobre la persona de Jesús y éstas eran las opiniones de la gente corriente de aquella época, y de la nuestra.

Luego, el Señor Jesús se dirigió a Sus apóstoles. Leamos los versículos 15 y 16:

"El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente."

Había llegado el día en que los discípulos tenían que tomar una decisión y hacer una confesión. Evidentemente, Simón Pedro fue el portavoz del grupo y le dijo: "Tú eres el Cristo", que significaba el Mesías, el Ungido, Aquel que había sido predicho en el Antiguo Testamento y el Señor Jesús era el cumplimiento de aquellas profecías. También le llamó "el Hijo del Dios viviente". Hasta este momento, ésta fue la mejor confesión y el más alto tributo que se le pudo dar a Jesús. Veamos la reacción de Jesús, en el versículo 17:

"Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos."

Solo el Espíritu Santo puede hacer que Cristo sea conocido por una persona. Ningún ser humano puede hoy llamar a Jesús "Señor" sino por medio del Espíritu Santo. Sólo el Espíritu de Dios puede tomar las cosas de Cristo y revelarlas a nosotros. Por eso Jesús le dijo a Pedro: "Ningún hombre te ha revelado esto". Estimado oyente, tú puedes conocer a Jesús hoy, exactamente de la misma manera, si el Espíritu de Dios le hace a El real y una realidad para ti. Continúa Jesús diciendo, en el versículo 18:

"Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella."

Examinemos cuidadosamente este versículo. ¿Sobre qué roca edificó Jesús Su iglesia? Hay algunos que dicen que la iglesia fue edificada sobre Simón Pedro. Bien, obviamente no es así, porque aquí hay un juego de palabras. En el Griego original, dice "Tú eres Petros (un pequeño trozo de roca) y sobre esta petra (roca firme o sólida) edificaré mi iglesia". Otros creen que Cristo está edificando Su iglesia sobre la confesión que hizo Simón Pedro. No estoy de acuerdo con ello.

¿Quién es la Roca? La Roca es Cristo. La iglesia está edificada sobre Cristo. Y tenemos la explicación misma de Simón Pedro al respecto. En su primera carta, 2:4 dice: "Viniendo a Él como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios". Y el apóstol Pedro citó luego al profeta Isaías 28:16, que dice: "He aquí, pongo en Sión una piedra escogida, una preciosa piedra angular, y el que crea en El no será avergonzado". Es decir, que la iglesia está edificada sobre Cristo; El es el fundamento. Como dice el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios 3:11, "Nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo". Y El dijo: "sobre esta roca edificaré mi iglesia". La iglesia aun era una realidad futura cuando Jesús hizo esta declaración. La iglesia no existía en el Antiguo Testamento y no empezó a existir hasta después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo y del descenso del Espíritu Santo. No podía haber iglesia hasta que estos acontecimientos hubiesen tenido lugar.

Las "puertas del infierno", se refieren a la muerte. La palabra griega utilizada para infierno es hades, que equivale al hebreo Sheol del Antiguo Testamento, que se refiere al mundo invisible y significa muerte. Las puertas de la muerte no prevalecerán contra la iglesia de Cristo. Algún día el Señor mismo descenderá del cielo con una voz potente que será como la voz de un arcángel y como una trompeta, y los muertos en Cristo serán resucitados. Verdaderamente, las puertas de la muerte no triunfarán contra Su iglesia. Continúa diciendo el versículo 19:

"Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos."

¿Cuáles son las llaves del reino de los cielos? ¿Fueron entregadas solamente a Simón Pedro? No. Jesús las entrega a aquellos que hacen la misma confesión que hizo Pedro; aquellos que conocen a Cristo como Salvador. Si tú eres un hijo de Dios, tienes las llaves igual que cualquier otra persona que las tenga. Las llaves eran un distintivo de autoridad del oficio de los escribas, que interpretaban las Escrituras al pueblo, y podemos verles actuando en el libro de Nehemías 8:2-8. Todo cristiano tiene en la actualidad las Sagradas Escrituras y, por consiguiente, las llaves. Si nos callamos u ocultamos la Palabra, es como si "atásemos en la tierra"; si comunicamos, si proclamamos la Palabra, es como si "desatásemos en la tierra". Ningún ser humano o iglesia en particular tiene las llaves con exclusión de todos los demás creyentes. Tenemos hoy la responsabilidad de proclamar el evangelio, porque es el único mensaje que puede salvar a una persona. Esta es una gran revelación. Por lo tanto, ¿Quién se considera suficiente ante esta impresionante responsabilidad? El incidente terminó con las palabras del versículo 20:

"Entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que El era el Cristo."

El Señor hizo este pedido porque el simple conocimiento de quien es El no salva. Para recibir la salvación tienes que conocer quién es El, lo que El hizo y aceptarle por la fe.

En el párrafo siguiente,

Jesús anunció su muerte y resurrección

por primera vez a Sus discípulos, aproximadamente 6 meses antes de ser crucificado. ¿Por qué esperó tanto tiempo en comunicar un anuncio tan importante? Evidentemente, los discípulos no estaban preparados para ello, ni siquiera en ese momento, a juzgar por su reacción. El repetiría en 5 ocasiones la noticia de que se dirigía a Jerusalén para morir: en 17:12, 17:22,23, 20:18,19 y 20:28. A pesar de la enseñanza intensiva, los discípulos no captaron el significado del anuncio hasta después de Su resurrección. Leamos el versículo 21:

"Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día."

Esto es lo que el Señor Jesús hizo por ti y por mí. Este es el evangelio: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, fue sepultado y resucitó. Como ya hemos dicho, tienes que saber quién es El, y lo que hizo por ti. Si sabes estas verdades, y por la fe crees y las aceptas, eres salvo. Esto no había sido revelado antes, excepto a Nicodemo, al principio del ministerio del Señor, como está relatado en el evangelio según Juan 3:1--16. Continuemos leyendo los versículos 22 y 23:

"Y tomándole aparte, Pedro comenzó a reprenderle, diciendo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso nuca te acontecerá. Pero volviéndose El, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres."

Esencialmente, lo que Pedro estaba diciendo era: ¡Eres el Mesías, el Hijo de Dios, tu no debes, no puedes ir a la cruz! Era evidente que la cruz no estaba, en absoluto, en el pensamiento de los apóstoles. Es una acción satánica negar estos hechos y verdades del evangelio; que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó. La muerte sustitutiva de Cristo es lo único que puede salvarnos. Más tarde, el apóstol Pedro, en su primera carta, 2:24, escribiría:

"Y El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados."

¡Qué transformación tendría lugar en un futuro, en la mente de Pedro! Pero en este incidente relatado por Mateo, primero pudo decir, por el Espíritu de Dios, que Jesús era el Hijo de Dios y sin embargo, al momento siguiente permitió que Satanás le engañase.

Continuemos leyendo el versículo 24:

"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame."

Tú ya sabes que la persona a quien resulta más difícil negar algo, eres tú mismo. Negarme a mí mismo significa colocar a mi ego fuera de la escena, y poner en su lugar, a Cristo. Y con respecto a la cruz, no tenemos que llevar la cruz de Cristo, sino nuestra propia cruz. Si hemos de seguirle, hay una cruz para ti y otra para mí. Finalmente, leamos los versículos 25 al 27, aclarando que trataremos el versículo 28 en nuestro próximo programa, al estudiar el capítulo 17.

"Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensara a cada uno según su conducta."

El sendero que Jesús y sus seguidores recorrerían sería de penalidades y sufrimiento. Pero al perder así su vida, hallarían una mejor. El que no asumiera los riesgos incluidos en convertirse en un discípulo del Señor Jesucristo, a la larga, perdería su vida.

Si para un individuo fuese posible, con el propósito de preservar su propia vida, "ganar al mundo entero", pero en el proceso, perder su alma, ¿qué valor tendrían entonces sus posesiones materiales?

Pero queda una esperanza para los verdaderos discípulos. En la segunda venida de Cristo, el Juez justo dará a cada uno su propia recompensa.

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