Estudio bíblico de Jeremías 3:1-25

Jeremías 3

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por este libro de Jeremías y llegamos, al capítulo 3. En el primer mensaje de Jeremías, comenzado en el capítulo 2, Dios había condenado a Judá por dos motivos: Habían rechazado al Señor y habían creado sus propios dioses. Los primeros versículos de este capítulo 3 continúan con este tema. Los mensajes de los capítulos 2 al 6 fueron dados durante los primeros cinco años del ministerio de Jeremías, antes de que se hallara el Libro de la ley. Sin embargo, durante ese tiempo, Josías, un joven como Jeremías, estaba buscando al Señor e instituyendo ciertas reformas en la nación. Principalmente, estaba intentando limpiar a Judá de la idolatría. En realidad, esa nación había abandonado al Dios viviente y se había entregado a la idolatría. Podemos ver que los esfuerzos combinados de este joven rey y del joven profeta Jeremías tuvieron un efecto tremendo sobre la nación.

El pueblo se había inclinado hacia la idolatría porque era la forma de vida más fácil y más popular. Pero era un sendero que conducía a rebajar sus normas y los hizo descender a un nivel moral bajo. El versículo 1 del capítulo 3, dice lo siguiente:

"Dicho está: Si alguno deja a su mujer, y esta se va de él y se junta a otro hombre, ¿volverá de nuevo a ella? ¿No será tal tierra del todo mancillada?. Tú, pues, que has fornicado con muchos amigos, ¿habrás de volver a mí?, dice el Señor."

Como podemos apreciar, el reino de Judá había caído a un nivel muy bajo y había una gran inmoralidad en ese pueblo. Sin embargo Dios estaba pidiendo a aquella gente que volviera a El. En el versículo 2 el profeta les dijo:

"Alza tus ojos a las alturas desoladas, y ve si hay algún lugar donde no te hayas prostituido. Junto a los caminos te sentabas para ellos como un árabe en el desierto, y con tus fornicaciones y tu maldad has contaminado la tierra."

Cuando hablamos de idolatría, no estamos simplemente hablando acerca de hacer una imagen pequeña para adorarla. Cualquier cosa a la cual el hombre se entrega incondicionalmente, es idolatría. La Biblia enseña que la codicia es idolatría, porque cuando una persona codicia algo, dedica su tiempo y su energía para lograrlo. Especialmente en estos últimos tiempos vemos a muchísima gente dedicada a cometer cualquier tipo de pecado, y la energía que dedican a ello es tremenda. Pero, es que en el momento en que el hombre se aparta, se aleja del Dios viviente, se volcará en cualquier cosa. Será algo que él ha ideado o hecho, que se convertirá en su dios, en su ídolo.

El Dr. Campbell Morgan ha escrito con mucha claridad la siguiente declaración sobre la naturaleza de la idolatría, y sobre la adoración del verdadero Dios. "Cuando un hombre hace un dios según las normas o modelo de su propio ser, él hace un dios como él mismo; es una ampliación o extensión de su propia imperfección. Más aún, el dios que el hombre hace para sí mismo, demandará de él aquello que está de acuerdo con su propia naturaleza. . . Los hombres son fieles a aquellos dioses que no les piden nada que no esté en armonía con los deseos de sus propios corazones. Cuando Dios llama al hombre, es el llamado de un Dios santo; de un Dios de pureza; de un Dios de amor. Y Él demanda que el hombre se eleve a la altura de Él. Él no puede acomodarse a la depravación de la naturaleza de los seres humanos. Él no consiente las cosas que ellos desean en su interior y que sean impureza y maldad. Él quiere elevar a los hombres, para que lleguen aun más alto, hasta que alcancen la altura de la perfecta conformidad con Su santidad. El llamado de Dios a la humanidad es siempre primero puro y después pacífico; primero santo y luego feliz; primero justo y luego alegre". Hasta aquí la declaración del Dr. Campbell Morgan.

Así que Dios dijo claramente que la generación de Jeremías en el reino de Judá, se había entregado incondicionalmente a la idolatría. Y como resultado, había una gran inmoralidad en aquel pueblo. Cuando El dijo: Alza tus ojos a las alturas desoladas uno debe entender cuan escandalosamente inmorales eran aquellos lugares altos. Un lugar alto era un bosquecillo de árboles en el que se había edificado un altar. Allí se celebraban toda clase de orgías sexuales y excesos alcohólicos. Realmente, el pueblo de Judá había caído muy bajo.

Y nuevamente la analogía es evidente, ¿no le parece? La sociedad contemporánea en general, ha abandonado al Dios vivo y verdadero, lo cual resulta obvio en la condición moral de muchas personas, para quienes las únicas limitaciones en esa área son las que permitan las circunstancias. La falta de respeto a las leyes, evidentes en los subterfugios para burlar mas normas jurídicas, la deshonestidad y la corrupción parecen extenderse en muchos sectores sociales. La conversación y el vocabulario descienden de nivel y reflejan la tendencia que estamos describiendo, incluso a partir de la niñez y la adolescencia. Y Dios dijo en el versículo 3:

"Por esta causa las aguas fueron detenidas y faltó la lluvia tardía. Te has mostrado como una prostituta, y no has querido avergonzarte."

Aquí vemos que Dios les dijo que ya había comenzado a juzgarlos reteniendo las lluvias. Incluso en el día de hoy aquella tierra es seca y casi tienen más necesidad de agua que de petróleo. En el desierto del Neguev no encontraron petróleo pero sí agua, y la valoran muchísimo. Creemos que cuando los judíos regresen a Israel bajo la guía y bendición de Dios, van a tener toda el agua que necesiten. Dios ha dicho que El la supliría.

Creemos que podemos ver el juicio de Dios en la gran cantidad de calamidades a gran escala que se están sufriendo en diferentes regiones del mundo, ( y en las que se anuncian para los años venideros. Es como si Dios permitiera que los resultados de los crecientes excesos del egoísmo y la maldad humanas fueran cada vez más evidentes en el mundo de la naturaleza, para que se ponga en evidencia que, como dice Gálatas 6:7, Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará. ) Pero desgraciadamente, estos desastres no parecen despertar a los seres humanos para hacerlos volver a El. Ahora llegamos a la segunda sección de esta división del libro titulada

La acusación de reincidencia y rebeldía durante el reinado de Josías

que se extiende desde este 3:6 y abarca también todo el capítulo 6. Y así llegamos al segundo mensaje de Jeremías. En este mensaje Dios acusó al pueblo de reincidir. La palabra rebeldía se utilizó 8 o 9 veces en este capítulo y algunas versiones la traducen dando la idea de infidelidad. En este capítulo encontramos más de la mitad de las citas de la totalidad de este libro. Y en Jeremías encontramos esta palabra o idea usada más que en todo el resto de la Biblia. /h4>

La palabra, ya sea que se exprese como rebelión o como infidelidad, no contiene solo la idea de recaer, de reincidir. Dios nos presentó una imagen viva de lo que quiso decir en este versículo cuando dijo en el libro de Oseas 4:16ª, Porque como novilla indómita se apartó Israel. Si usted ha tenido oportunidad de trabajar en el campo y de intentar que las novillas subieran a los camiones para ser transportadas de un lugar a otro, sabrá lo que es tratar con estos animales. Cuando ellas se rebelan y no quieren subir al camión endurecen sus patas, se ponen tan rígidas como pueden y se obstinan de tal manera, que resulta poco menos que imposible obligarlas a moverse y andar. Y al tratar de empujarlas, al no querer avanzar, comienzan a resbalarse hacia atrás, se dejan deslizar hacia atrás de tal manera que es prácticamente imposible hacerlas andar. Esta es la imagen con la que Dios ilustró la rebeldía.

La rebeldía es negarse a seguir el camino de Dios, es negarse a escucharle a El. Y cuando nosotros actuamos como las novillas, cuando afirmamos nuestra voluntad contra la voluntad de Dios, terminamos haciendo lo mismo que esos animales, es decir, retrocediendo en vez de avanzar. Si nos rebelamos contra el Señor y Su voluntad, solo conseguimos alejarnos cada vez más de El. Leamos entonces el versículo 6 de este capítulo 3 de Jeremías:

"Me dijo el Señor en días del rey Josías: «¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Se ha ido a todo monte alto y bajo todo árbol frondoso, y allí ha fornicado."

Dios le estaba diciendo al reino de Judá que aprendiera la lección del reino de Israel, que ya había sido conducido al cautiverio. Y les recordó que Israel había hecho exactamente lo que ellos estaban haciendo. Había sido obstinada y rebelde como una novilla. Pero Dios había tratado de que Israel regresara a El, y ellos no lo hicieron así. Como resultado, fueron llevados al cautiverio. Así que lo que le sucedió a Israel les debería servir como lección y como advertencia al reino de Judá.

En el versículo 1 de este capítulo, Dios estaba preguntándole a Judá: ¿Habrás de volver a mí? En otras palabras les estaba diciendo: "Aunque os habéis prostituido, me pertenecéis a mí. Si regresáis, os recibiré". Y esa es la razón por la que, como sucedió en la parábola del hijo pródigo, cualquier hijo pródigo, o cualquier hija pródiga, o cualquier familia pródiga, o cualquier Iglesia pródiga, o cualquier nación pródiga, puede regresar a Dios. El recibirá a cualquiera que regrese a El. El hijo pródigo de la parábola no recibió ningún castigo cuando regresó a la casa de su padre. Los castigos los recibió en el país distante. En cambio, al regresar recibió besos. Casi se había muerto de hambre en lejanas tierras, pero al regresar al hogar su padre le preparó un banquete.

Pero Israel no había regresado a Dios. Se entregaron a la idolatría y Dios los envió al cautiverio. Y en este pasaje le estaba diciendo al pueblo de Judá: "Que esto sea una lección para vosotros". Y continuó diciéndoles en el versículo 7:

"Y dije: "Después de hacer todo esto, se volverá a mí", ¡pero no se volvió! Y lo vio su hermana, la rebelde Judá."

Dios dijo: "Yo le he dado a ella la oportunidad de que se vuelva a Mí. Yo la hubiera recibido, pero ella no quiso regresar", - y lo vio su hermana la rebelde Judá. El pecado de Judá fue extremadamente grave. Su cautiverio fue mucho peor que el de las 10 tribus del norte (o de Israel). La razón es bien evidente. Judá tuvo el cautiverio de Israel como un ejemplo a no seguir y, sin embargo, se negó a beneficiarse de él.

Esa es la tragedia de muchos países, países donde se tiene la Biblia. Pero, ¿cuántas personas la están leyendo? Judá no regresó a Dios, aún cuando tuvo el ejemplo de lo que le sucedió al reino de Israel. Dios juzgará a aquellos que tuvieron todas las facilidades para leer Su Palabra y no lo hicieron. El juzgará a cada uno según las oportunidades que tuvo. Ahora, en el versículo 9, de este capítulo 3 de Jeremías, leemos:

"Y sucedió que por juzgar ella cosa ligera su fornicación, la tierra fue contaminada, pues adulteró con la piedra y con el leño."

Es decir que ellos hicieron ídolos de esos materiales. Luego, en el versículo 10, añadió:

"Con todo esto, su hermana, la rebelde Judá, no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice el Señor»."

El movimiento de reforma que tuvo lugar bajo el rey Josías constituyó una renovación, no hay duda sobre ello. Mucha gente se volvió a Dios. Pero fue tan popular porque para muchos no fue otra cosa que un retorno superficial a Dios. En general, en lo que concierne a la nación, fue una experiencia superficial con Dios.

Creemos que en el día de hoy, existe un renovado interés por la Palabra de Dios y creemos también que, más cantidad de gente está siendo salvada en el presente que en cualquier otra época. Pero tengamos cuidado. No se trata de una renovación espiritual. Mucho de lo que vemos es superficial. Y que nadie se engañe por la asistencia masiva a eventos de todo tipo o por los informes que hablen del número de personas que se han entregado a Cristo. Solo Dios sabe cuántos se han verdaderamente convertido. O sea que en la actualidad vemos una renovación superficial, a la vez que una renovación genuina. Y continúa diciendo el versículo 11 de Jeremías 3:

"Y me dijo el Señor: «Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la traidora Judá."

Observemos que Dios estaba dejando en claro que el pecado de Judá era peor que el pecado de Israel. Las 10 tribus del norte (o de Israel) no habían tenido la misma oportunidad que las tribus del sur (o de Judá). Las tribus del norte no tuvieron el templo, y tampoco tuvieron una copia de la Palabra de Dios. Por lo tanto, el juicio sobre Judá sería mayor. Y dijo en el versículo 12:

"Ve y proclama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, rebelde Israel, dice el Señor; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice el Señor; no guardaré para siempre el enojo."

Dios le estaba diciendo a Israel (al pueblo cautivo del norte) que les traería de regreso a su tierra si se volvían a El. Aquí vemos la gracia y la compasión de Dios. Y en el versículo 13 continuó diciendo:

"Reconoce, pues, tu maldad, porque contra el Señor, tu Dios, te has levantado, y has fornicado con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no has escuchado mi voz, dice el Señor."

Hoy el gran problema es la falta de confesión de pecado. Encontramos que en algunos movimientos que se consideran espirituales falta el arrepentimiento.

Estimado oyente, ¿dice usted que es un cristiano? ¿Qué quiere decir usted con ello? Quizás usted profesa haber confiado en Cristo. Pero ¿ha confiado para qué? Aun podría usted decir que ha confiado en El como su Salvador. Muy bien. Nos agrada oírlo. ¿Le salvó El del pecado? Recuerde que El murió en la cruz para salvarle del pecado, no para darle una nueva personalidad o para convertirle en una persona de éxito. El murió para salvarnos a todos de nuestros pecados. El fue entregado por nuestras ofensas -todos nosotros fuimos muy ofensivos hacia Dios. La palabra de Dios a través de Jeremías fue: Reconoce, pues, tu maldad. Y esas palabras fueran dirigidas no solo a Judá, sino también a nosotros. Y dijo también en el versículo 14:

"Convertíos, hijos rebeldes, dice el Señor, porque yo soy vuestro esposo; os tomaré, uno de cada ciudad y dos de cada familia, y os introduciré en Sión."

Esta invitación resalta de una manera especial la gracia de Dios, que continuó diciendo en el versículo 15:

"Os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con conocimiento y con inteligencia."

Amigo oyente, si usted tiene un Pastor que enseña bien la Biblia, debería mostrarle su afecto, orar y protegerle, porque es una persona muy valiosa. Luego, en el versículo 16, leemos:

"Y acontecerá que cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en esos días, dice el Señor, no se dirá más: ?¡Arca del pacto del Señor!?. No vendrá al pensamiento ni se acordarán de ella, no la echarán de menos ni será hecha de nuevo."

EL principio del versículo se refiere al reino de Cristo en la tierra. Por todo el libro de Jeremías encontramos estos rayos de luz. ¿Ha estado usted fuera en un día nublado y, de repente, el sol atraviesa las nubes y puede verse un arco iris? Pues, bien, así lo veremos a través de este libro, al leer acerca de estas gloriosas profecías del futuro.

Continuemos leyendo los versículos 17 y 18:

"En aquel tiempo llamarán a Jerusalén Trono del Señor, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre del Señor, a Jerusalén; y no andarán más tras la dureza de su malvado corazón. En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de la tierra del norte a la tierra que hice heredar a vuestros padres."

Dios ha colocado aquí una gloriosa profecía en cuanto al futuro. Es como una pequeña joya. Luego, al final del versículo 19 dijo:

"Me llamaréis Padre mío"

Ningún israelita en forma individual, jamás llamó a Dios "su Padre". Él era el Padre de la nación de Israel. Y en Exodo 4:22 dijo Israel es mi hijo., Pero Él nunca llamó a David, Su hijo; en el Salmo 89:3 lo llamó: David, mi siervo. El nunca llamó a Moisés, Su Hijo; en Josué 1:12 lo llamó: Mi siervo Moisés. Es solo en esta época de la gracia que somos llamados los hijos de Dios. ¡Qué privilegiados somos! Dijo el evangelista Juan en 1:12; Más a todos los que le recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Aquellos que hacen ni más, ni menos que sencillamente confiar en Su nombre, se convierten en hijos de Dios. Estimado oyente, ¿es El su Salvador del pecado? Si lo es, usted no es simplemente un pecador salvado, usted es un hijo de Dios. Y aquí en nuestro pasaje, El continuó su invitación en el versículo 22 de Jeremías 3:

"¡Convertíos, hijos rebeldes, y os sanaré de vuestras rebeliones! Aquí estamos, venimos a ti, porque tú, Señor, eres nuestro Dios."

El Señor dijo que El sanaría. Podemos decirle que si usted ha sido rebelde ante El, tiene una pequeña llaga en un lugar muy prominente. Pero Dios dijo: "Te sanaré si vuelves a mí". Y el versículo 23 añade:

"Ciertamente vanidad son los collados y el bullicio sobre los montes; ciertamente en el Señor, nuestro Dios, está la salvación de Israel."

Y en el Salmo 121:1-2, el rey David dijo: Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. La ayuda no les vendría de aquellos lugares altos de la idolatría en las montes. La ayuda vendría del Señor. Y finalmente por hoy, leamos el versículo 25 de Jeremías 3:

"Yacemos en nuestra vergüenza, nuestra humillación nos cubre; porque pecamos contra el Señor, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este día, y no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios."

El pueblo de Judá no confesó su pecado. Jeremías confesó los pecados de ellos y también los suyos propios.

No nos haría daño expresar a Dios alguna confesión de pecado. Oímos hablar de dones especiales y acerca de la bendición de Dios en forma especial. Y es hermoso escuchar esas buenas noticias. Deberíamos agradecer a Dios porque El nos bendice de tantas maneras. Pero ¿ha oído usted una confesión que exprese que no alcanzamos la gloria de Dios? ¿Se ha presentado usted ante El y le ha dicho que se encuentra lejos de la presencia gloriosa de Dios? Realmente, estimado oyente, necesitamos humillarnos ante El. Judá no fue humilde ante Dios y Dios envió al pueblo al cautiverio. A veces me pregunto si el Señor no se estará preparando para castigarnos. Por ello necesitamos presentarnos humildemente ante El. Quiera Dios que nuestra reacción, nuestra respuesta, pueda expresarse con las palabras de la última parte del versículo 22, en la cual el pueblo respondió: Aquí estamos, venimos a ti, porque tu, Señor, eres nuestro Dios.

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