Estudio bíblico de Mateo 16:28-17:27

Mateo 16:28-17:27

Tema: La transfiguración; el muchacho poseído por un demonio y la poca fe de los discípulos; Jesús pagó los impuestos realizando un milagro.

La transfiguración

Comenzaremos nuestra lectura con el capítulo 16:28, que encaja mejor en este capítulo, que explica lo que el Señor quiso decir:

"En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino."

Para los apóstoles, estas palabras se cumplieron en la transfiguración de Jesús. En la transfiguración tenemos una imagen del Hijo del Hombre viniendo en Su reino. Simón Pedro era uno de los apóstoles presentes en la transfiguración, y en su segunda carta, en 1:16-18, escribió sobre su experiencia lo siguiente:

"Porque cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad. Pues cuando El recibió honor y gloria de Dios Padre, la majestuosa Gloria le hizo esta declaración: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; y nosotros mismos escuchamos esta declaración, hecha desde el cielo cuando estábamos con El en el monte santo."

¿Cómo se cumplió aquella declaración de Jesús en aquel día para los apóstoles? Cuando el Señor Jesús fue rodeado de gloria en el Monte de la Transfiguración ante 3 de sus discípulos. Fue como una imagen en miniatura del reino, y Simón Pedro nos lo confirmó.

Los otros Evangelios presentan un relato de la transfiguración, con la excepción del Evangelio de Juan. En realidad, la transfiguración no prueba ni establece específicamente la deidad de Cristo. Presenta su humanidad. El Evangelio de Juan enfatizó la deidad de Cristo y, por lo tanto, omitió el relato de la transfiguración, aunque los otros 3 Evangelios lo registraron.

En mi opinión, este evento constituye no solo una prueba de la humanidad del Señor Jesucristo, sino también de la esperanza de la humanidad. El Hombre que aquí aparece rodeado de gloria, transfigurado, es la clase de persona que tú serás algún día si eres un hijo de Dios. En este sentido, el apóstol Juan, en su primera carta 3:2, dijo lo siguiente:

"Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando El se manifieste, seremos semejantes a El porque le veremos como El es."

Esta perspectiva gloriosa de ser como Cristo es real para cada persona.

El Señor Jesucristo fue glorificado antes de Su muerte y resurrección y ésta es la imagen que aquí contemplamos. En el Evangelio de Lucas podrás ver detalles no incluidos por Mateo ni por Marcos, porque el Dr. Lucas, el médico, presenta la humanidad perfecta de Jesús. Leamos, pues, en el capítulo 17, los versículos 1 y 2:

Mateo 17:1-27

"Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos; y su rostro resplandeció como el sol, y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz."

Dice aquí que "su rostro resplandeció como el sol". La luz brillaba emanando desde dentro de Él como si fuese un foco de luz, antes que brillando sobre El desde el exterior. Me permito sugerir que fue algo así como lo que revistió a Adán y Eva en el jardín del Edén antes de su caída. Después que pecaron, descubrieron que estaban desnudos. La implicación es que antes no lo estaban, lo cual me lleva a creer que estaban revestidos de este tipo de luz. Y fue la humanidad de Jesús la que fue transfigurada. Por ello, decimos que la transfiguración presentó Su perfecta humanidad.

La palabra "transfigurado" es muy interesante. Proviene del griego metamorfosis, que significa cambio de forma y estructura. El pequeño gusano se convertirá algún día en una maravillosa mariposa por un proceso de metamorfosis. Este cuerpo que tenemos hoy, limitado por la debilidad o la enfermedad, será transfigurado en un día futuro. E incluso aquellos que estén con vida en la venida de Cristo serán transformados, transfigurados. Esta es pues la esperanza de la humanidad. Continúa diciendo el versículo 3:

"Y he aquí, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con El."

Moisés era el representante de la Ley y Elías, el representante de los profetas. Moisés había muerto, y Elías había partido de este mundo en un carro de fuego. Lucas, en 9:31, nos contó que estaban hablando de la muerte de Jesús en Jerusalén. Así que en esta escena, la Ley y los profetas dieron testimonio de la muerte del Señor Jesucristo. Sigue el relato, en el versículo 4:

"Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí; si quieres, haré aquí tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías."

Simón Pedro nunca pudo resistir la oportunidad de decir algo. Cualquier ocasión era buena para él. Generalmente se adelantaba a opinar y, normalmente, acababa diciendo algo equivocado. Y así continuaría ocurriendo, hasta el día de Pentecostés. En este incidente, expresó algo erróneo y fuera de lugar. Como veremos, Dios mismo le reprendió, porque estaba intentando colocar a Moisés y a Elías en el mismo nivel que el Señor Jesús. En su relato, Lucas ofreció una explicación de esta indiscreción de Pedro, diciendo que no sabía lo que estaba diciendo. Leamos el versículo 5:

"Mientras estaba aún hablando, he aquí, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a El oíd."

Esta era la voz del testimonio de Dios el Padre sobre Jesús, su Hijo. Jesús es la autoridad final en los asuntos de la revelación. Lo que Moisés, Elías y los profetas tuvieran que decir era importante. El escritor de la carta a los Hebreos dijo en 1:2;

"Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo"

O sea, que el Hijo es el que vino a la tierra como la revelación final de Dios al hombre.

Observemos ahora la gran declaración del Padre: "Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a El oíd". El nunca ha dicho tal cosa a nadie sino solo a Jesús, porque Él es el único que siempre ha agradado a Dios. Tú y yo nunca llegaremos a la presencia de Dios hasta que, por la fe, estemos en Cristo. Cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador, entonces somos incluidos en el cuerpo de creyentes. Cristo es el único en quien Dios se ha complacido, y nosotros somos aceptados por estar en el Amado, en su Hijo. Veamos lo que sucedió en los versículos 6 al 8:

"Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor. Entonces se les acercó Jesús, y tocándolos, dijo: Levantaos y no temáis. Y cuando alzaron sus ojos no vieron a nadie, sino a Jesús solo."

¿Quieres un buen lema para tu vida? Sugiero solo estas dos palabras: solo Jesús. El es el que tiene la autoridad. Espero que apuntes estas dos palabras, solo Jesús, en tu Biblia. Constituyen un buen lema para todos nosotros. Pero el relato continúa y leeremos el versículo 9:

"Mientras descendían del monte, Jesús les ordenó, diciendo: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos."

¿Por qué debían esperar hasta la resurrección, y por qué contarla en aquel momento? Porque era una parte de la historia del Evangelio, que explica quien es Jesús. Como Cordero perfecto de Dios, sería probado por tres años y en aquel instante se encaminaba hacia la cruz para morir por los pecados del mundo. Es que Dios requería un cordero sin defectos, y el Señor Jesucristo era el único que podía morir en una muerte sustitutiva por la humanidad, ya que El no tenía pecado. En su perfecta humanidad, se transfiguró y es la esperanza de la humanidad.

La esperanza de la humanidad no se encuentra en la ciencia o en la educación, por más importantes que éstas puedan ser para el desarrollo integral del hombre, porque nos están defraudando. Han contribuido a crear monstruos con los cuales no sabemos qué hacer y la ciencia no puede resolver el problema. Por eso decimos que la esperanza del mundo está en una Persona llamada Jesucristo. Asegúrate de que le conoces, porque es tu única esperanza.

Continuemos leyendo los versículos 10 al 13:

"Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero? Y respondiendo El, dijo: Elías ciertamente viene, y restaurará todas las cosas; pero yo os digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que le hicieron todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos. Entonces los discípulos entendieron que les había hablado de Juan el Bautista"

Vemos aquí que la pregunta de los discípulos dio lugar a una afirmación extraordinaria, en la cual Jesús confirmó lo dicho en la profecía de Malaquías.

Esta declaración había suscitado una pregunta en muchas personas, sobre si Juan el Bautista era realmente Elías. Nos hemos referido a este mismo problema en el capítulo 11 de Mateo. En este pasaje el Señor estaba intentando anticiparse al argumento de que Jesús tenía que morir en la cruz porque Juan el Bautista no había sido Elías (y Elías, en efecto, debía venir antes de que Cristo regresase para establecer Su reino). Nuestro Señor estaba diciendo que si ellos le hubieran recibido a Él como Rey, respondiendo con fe a su mensaje de salvación, Juan habría sido el Elías que había de venir. Pero no fue así, porque así como no reconocieron el ministerio de Juan, Jesús también sería repudiado. Y por segunda vez, el Señor mencionó su cercana crucifixión.

El siguiente párrafo nos relata el incidente del

El muchacho poseído por un demonio

En esta escena podemos ver una situación típica del reino de los cielos en relación con el mundo actual. ¿Dónde encaja aquí la iglesia? Vayamos ahora al pie del monte donde los otros discípulos estaban realmente en apuros (es decir, los que no estaban con el Señor en el Monte de la Transfiguración). Leamos los versículos 14 al 16:

"Cuando llegaron a la multitud, se le acercó un hombre, que arrodillándose delante de Él, dijo: Señor, ten misericordia de mi hijo, porque es epiléptico y sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Y lo traje a tus discípulos y ellos no pudieron curarlo."

Este fue probablemente el peor caso de posesión demoníaca que el Señor tuvo que enfrentar. Fue también una situación triste porque los discípulos resultaron impotentes para solucionarla. Y es también una figura de la iglesia actual en un mundo enloquecido, en el que los demonios ejercen un gran control. ¿Por qué la iglesia permanece impotente ante tanta locura? ¿Porque no aplica la suficiente sicología, métodos o medios económicos? La iglesia dispone de todos estos elementos, pero éstos no constituyen lo que ella realmente necesita. Resultó patético que este hombre tuviese que decir a Jesús: "lo traje a tus discípulos y ellos no pudieron curarlo". Veamos la reacción de Jesús, en el versículo 17:

"Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo aquí."

Esas severas palabras podrían ser su mensaje para la iglesia de nuestro tiempo y, probablemente para ti y para mí, a nivel personal. Fue así que el Gran Médico les dijo: "Traédmelo aquí". Y nos dice el versículo 18:

"Y Jesús lo reprendió y el demonio salió de él, y el muchacho quedó curado desde aquel momento."

Después de haber reprendido a sus discípulos, reprendió al demonio. Y ahora veamos la reacción de los discípulos, en los versículos 19-21:

"Entonces los discípulos, llegándose a Jesús en privado, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? Y El les dijo: Por vuestra poca fe; porque en verdad os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Pero esta clase no sale sino con oración y ayuno."

Recalco las siguientes palabras de Jesús: "Nada os será imposible". Es decir, nada que esté conforme con la voluntad de Dios para vosotros. Y fue la voluntad de Dios que aquel joven fuese liberado del control del demonio. ¿Por qué los discípulos de pudieron liberarle? Por su falta de fe. Y ése es el mensaje para nosotros y para la iglesia en la actualidad.

Leamos los versículos 22 y 23, en el párrafo en que

Jesús anunció nuevamente su muerte y resurrección

"Mientras andaban juntos por Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Y le matarán, y al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron mucho."

Esta era la tercera vez que El habló a sus discípulos sobre su muerte y resurrección. La primera vez, había sido cuando se encontraban en Cesarea de Filipos. En este pasaje le vemos en Galilea, en camino hacia Jerusalén. Y ellos no pudieron hacer otra cosa que sentir una profunda tristeza.

Finalmente, leamos los versículos 24 al 27, el último párrafo de este capítulo, en el que se explica cómo pudo aparecer

El dinero del impuesto, de la boca del pez

"Cuando llegaron a Capernaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el impuesto de dos dracmas y dijeron: ¿No paga vuestro maestro las dos dracmas? El dijo: Sí. Y cuando él llegó a casa, Jesús se le anticipó, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes cobran tributos o impuestos los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños? Y cuando respondió: De los extraños, Jesús le dijo: Entonces los hijos están exentos. Sin embargo, para que no los escandalicemos, ve al mar, echa el anzuelo, y toma el primer pez que salga; y cuando le abras la boca hallarás un estatero; tómalo y dáselo por ti y por mí."

Este impuesto era la cantidad recolectada anualmente como ayuda económica para el templo. Jesús estaba tratando de demostrar a Pedro que, así como una familia real estaba exenta del pago del impuesto El, como Hijo de Dios, no estaría obligado a pagar para ayudar económicamente a la casa de Dios. Su método para conseguir el dinero para el impuesto fue realmente extraño. Y El demostró que había recuperado todo lo que Adán, el primer hombre, perdió. Los seres vivos, le obedecieron. Tanto Pedro como el pez obedecieron su mandato. Creo que Dios había dado a Adán el mismo dominio sobre toda la creación y el primer hombre lo perdió en su caída. Dice el libro del Génesis 1:26:

"Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra."

Volviendo a nuestro pasaje Bíblico y para terminar nuestro programa de hoy, enfatizamos que en la transfiguración de Jesús, hemos visto al ser humano restaurado a su finalidad original. Y en el episodio del impuesto, vemos al ser humano restaurado a su función original.

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