Estudio bíblico de Jeremías 20:1-22:30

Jeremías 20 al 22

En el día de hoy, amigo oyente, llegamos al capítulo 20 de Jeremías. El tema de los capítulos 20 al 22 nos presenta la persecución de Jeremías y las profecías dadas durante el reino de Sedequías.

Cuando Jeremías fue a Tofet y quebró la vasija como el Señor le había dicho que hiciera, el mensaje que comunicó al pueblo de Judá fue que ellos serían conducidos al cautiverio. Josías, un rey bueno y grande estaba muerto y fue seguido por Joacaz y Joacim. Sedequías, el último rey de Judá estaba en ese momento en el trono. El fue el peor y el más débil de todos los reyes que gobernaron en Judá. Fue durante su reinado que el cautiverio en Babilonia profetizado por Jeremías tendría lugar.

Ahora veremos que se llevó a cabo un cambio en la vida y ministerio de Jeremías. Cuando el les comunicó la Palabra de Dios, fue firme, inflexible, duro, pero personalmente, como hombre, tenía un corazón sensible. Cuando su amado amigo Josías murió, el libro de las Crónicas registró el detalle de que Jeremías lloró por el. Los tres malos reyes que siguieron a Josías rechazaron el ministerio de Jeremías de una forma definitiva. Le dejaron a un lado y su mensaje fue absolutamente ignorado, aunque el profeta no fue perseguido a nivel personal. Al llegar al capítulo 20, encontraremos a Jeremías personal y físicamente perseguido por primera vez.

En el capítulo 20, versículos 1 y 2, leemos lo siguiente:

"El sacerdote Pasur hijo de Imer, que presidía como principal en la casa del Señor, oyó a Jeremías profetizar estas palabras. Entonces Pasur hizo azotar al profeta Jeremías y lo puso en el cepo que estaba en la puerta superior de Benjamín, la cual conducía a la casa del Señor."

Observemos con quién se originó la persecución. Comenzó en la religión organizada. Hoy la Palabra de Dios está siendo perjudicada y estorbada más por una parte de la iglesia organizada, que la deja a un lado o ignora como Palabra de Dios. Algunos de los que la rechazan se ponen de lado de personas de convicciones dudosas que se jactan de su énfasis en la fraternidad humana, su amor por todos y su amplitud de miras. Pero cuando tales personas se ven ante los que tienen una posición firme frente a la Palabra de Dios, su tolerancia y amor desaparecen. Hay más oposición hacia la promoción del evangelio entre el sector mencionado que por parte de otros grupos políticos o sociales. La persecución física de Jeremías comenzó entonces en la religión organizada de su tiempo. Y dice el versículo 3:

"Al día siguiente, Pasur sacó a Jeremías del cepo. Le dijo entonces Jeremías: El Señor no ha llamado tu nombre Pasur, sino Magor-misabib."

Este nombre, Magor-misabib tenía un gran significado: "terror por todas partes". Jeremías le estaba diciendo a Pasur que el futuro le depararía al él y a los que estaban relacionados con él, momentos de terror. Y continuó diciendo el Señor en el versículo 4;

"Y así ha dicho el Señor: He aquí, yo haré que seas un terror para ti mismo y para todos los que bien te quieren. Caerán por la espada de sus enemigos, y tus ojos lo verán. A todo Judá entregaré en manos del rey de Babilonia, que los llevará cautivos a Babilonia y los matará a espada."

Esta fue una profecía que Jeremías enfatizaría una y otra vez; el reino del sur (o de Judá) sería conducido al cautiverio, y nada podría evitarlo. Dios había dicho que aunque Moisés y Samuel estuvieran con vida, no podrían ser de ayuda en estas circunstancias. Era demasiado tarde. El pueblo había ido demasiado lejos en su rechazo de Dios, como las acciones del rey de aquellos días y los dos que le habían precedido habían puesto de manifiesto.

Tenemos que considerar lo que le había sucedido a Jeremías. Había sido ignorado y rechazado, pero hasta este momento no había sido perseguido físicamente. Pero entonces, al llegar la persecución y a causa de toda su situación -y recordemos que su mensaje estaba quebrantando su propio corazón-decidió presentar su dimisión a Dios. Uno no puede menos que simpatizar con este hombre. Él no era indiferente a lo que estaba ocurriendo. Él sentía todo esto muy profundamente y las circunstancias estaban debilitando su fuerza. Creemos que quizás estaba al borde de una crisis nerviosa. Escuchemos lo que dijo en el versículo 9, del capítulo 20:

"Por eso dije: ¡No me acordaré más de él ni hablaré más en su nombre!. No obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos. Traté de resistirlo, pero no pude."

Lo que él estaba diciendo, en otras palabras, era sencillamente lo siguiente: "Este mensaje está quebrantando mi corazón, y todo lo que he logrado por presentarlo es la persecución de los líderes religiosos y el rechazo del pueblo; por lo tanto yo estoy presentando mi dimisión". Pero cuando él trató de renunciar, descubrió que la Palabra de Dios era como fuego ardiente encerrado en sus huesos. Y él dijo que tuvo que hablar de ello. Que no podía contenerse.

Tal urgencia por hablar debería ser la característica de cualquiera que esté exponiendo la Palabra de Dios. ¿Cómo se siente usted realmente al respecto? Si usted desempeña un ministerio o servicio para Dios, ¿es para usted simplemente un puesto de trabajo, o está su corazón verdaderamente en ello? Si usted ama la Palabra de Dios y realmente quiere difundirla, entonces se sentiría mal su usted no tuviera ese privilegio y oportunidad. Si no es importante para usted, creemos que no debería intentar promover la Palabra de Dios.

Usted puede entender el conflicto que se estaba desarrollando en el corazón de Jeremías, y él se dio el gusto de hacer algo que parece haber sido una costumbre de los hombres de Dios en el Antiguo Testamento. Hizo algo que hizo Jonás, y también Elías. Comenzó a expresarse con una profunda tristeza y llegó a preguntarse "¿Por qué nací?" Muchas personas se expresan hoy de esta manera ante circunstancias frustrantes de la vida. Escuchemos a Jeremías. Dicen los versículos 14 y 15:

"¡Maldito el día en que nací! ¡Que no sea bendecido el día en que mi madre me dio a luz! ¡Maldito el hombre que dio la noticia a mi padre, diciendo: Un hijo varón te ha nacido, causándole gran alegría!"

Aquí nos sorprende la manera en que Jeremías llegó a odiarse a sí mismo y a desear no haber nacido. Y continuó diciendo en el versículo 18 de este capítulo 20 de Jeremías:

"¿Para qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo y dolor, y que mis días se gastaran en vergüenza?"

Y aquí volvemos a escuchar la misma historia. ¿Para qué he nacido? El profeta Elías se sentó debajo de un enebro y quiso morirse (1 Reyes 19:4). Job quiso morir y maldijo el día en que nació. El profeta Jonás, se sintió tan desanimado con respecto a todo que también quiso morir. Bueno, desear no haber nacido es lo más insensato que se podría desear. Estimado oyente, usted ya ha nacido y no puede hacer nada el respecto. Usted puede expresar toda su tristeza expresando su deseo de morir, pero nunca morirá por desearlo -nadie jamás lo ha hecho. Jeremías estaba profundamente deprimido ¿no es cierto? Parece que uno quisiera poner nuestro brazo alrededor de él y darle una palmada en el hombro para animarlo un poco. Estaba sumamente desanimado, pero de todas formas quería proclamar la Palabra de Dios.

Los capítulos 21 al 29 contienen las profecías entregadas durante el reino de Sedequías, el último rey de Judá. Esto nos lleva justamente al tiempo de la destrucción de Jerusalén y el cautiverio. No hay un mensaje más duro y severo que el que Jeremías presentó aquí en los capítulos 21 y 22. Llegamos así al

Jeremías 21 - Respuesta a Sedequías sobre Nabucodonosor

Leamos entonces los versículos 1 y 2 de este capítulo 21:

"Palabra del Señor que vino a Jeremías, cuando el rey Sedequías envió a él a Pasur hijo de Malquías y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que le dijeran: Consulta ahora acerca de nosotros a Jehová, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, hace guerra contra nosotros; quizá el Señor haga con nosotros según todas sus maravillas, y aquel se aleje de nosotros."

Fue interesante que cuando este rey se metió en verdaderos problemas, se dirigió al hombre que él sabía que estaba anunciando la Palabra de Dios. EL rey envió a Pasar y a su grupo, y no recurrió a la ayuda de la religión organizada. Hemos encontrado que algunos oyentes del programa, que provienen de grupos que no insisten, o no creen en la veracidad de las Sagradas Escrituras, siguen nuestro programa de radio. Es que cuando uno se encuentra realmente agobiado por los problemas, nada verdaderamente va a satisfacer, sino la Palabra de Dios.

Sedequías vino pues a Jeremías pero no recibió de él ningún consuelo. EL profeta le dijo que Nabucodonosor se acercaba y destruiría la ciudad a menos que hubiera un retorno a Dios. Jeremías le dio las malas noticias directamente. Y escuchemos lo que dijo aquí en el versículo 8, del capítulo 21 de Jeremías:

"Y a este pueblo dirás: Así ha dicho el Señor: Yo pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte."

Y estimado oyente, esto es exactamente lo que Dios dice hoy en cuanto a su salvación provista en el Señor Jesucristo. Dios dice que entregó a Su Hijo a morir por usted para pagar el castigo de su pecado. Y después El resucitó para que usted pudiera recibir la justicia de Cristo. Si usted ha de salvarse, debe estar en El, unido a El. Usted se une a El por el bautismo del Espíritu Santo, en el momento en que usted deposita su confianza en el Señor Jesucristo como su Salvador. Al hacerlo, usted se convierte en un hijo de Dios. Y Dios dice: "Este es el camino que yo te ofrezco. Puedes tomarlo, o dejarlo. He colocado delante de camino de vida y camino de muerte, como dice este versículo. Y ésta es la forma en que Dios ha dispuesto las cosas. Y Dios también suplica con lágrimas en Sus ojos.

En aquel momento las opciones para el pueblo de Judá eran quedarse en la ciudad y morir, o rendirse al rey de Babilonia y vivir. Dicen los versículos 9 y 10 de Jeremías 21:

"El que quede en esta ciudad morirá por la espada, el hambre o la peste; pero el que salga y se pase a los caldeos que os tienen sitiados, vivirá, y su vida le será por botín, porque mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal y no para bien, dice el Señor; en manos del rey de Babilonia será entregada, y él le prenderá fuego."

El rey Sedequías no siguió las instrucciones. Era una persona sin carácter ni personalidad y el peor de los reyes. En ninguna forma se volvió a Dios. Evidentemente pensó algo así: "Bueno, Dios no permitió que Nabucodonosor destruyera la ciudad cuando Joaquín estaba en el trono y el era tan malo como yo. ¿Por qué va a suceder justamente ahora?" Llegamos así a un nuevo capítulo y párrafo: el

Jeremías 22 - El juicio de Joacim

Por lo tanto, el capítulo 22 contiene lo que considero como el juicio más severo pronunciado en la Palabra de Dios. Fue más severo que el juicio pronunciado por Dios sobre Caín, o por el Señor Jesús sobre Judas. Fue terrible, y al mismo tiempo uno de las profecías más notables de las Sagradas Escrituras.

Antes de considerar el juicio sobre Conías o Joaquin, encontramos primero el juicio contra su padre, Joacim. El también fue un mal gobernante, pero durante su reino hubo prosperidad. Los ricos se hicieron más ricos y los pobres se empobrecieron más. Resulta interesante que la Biblia tenga tanto que decir sobre los pobres. Dios les prestó tanta atención, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que no podemos pasarlos por alto.

Estas palabras iniciaron el mensaje de Dios contra Joacim. Leamos el versículo 13:

"¡Ay del que edifica su casa sin justicia y sus salas sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, sin darle el salario de su trabajo!"

Los hombres se estaban enriqueciendo por medio de métodos incorrectos. Y los pobres estaban mal pagados. Y continúan diciendo los versículos 14 y 15 de este capítulo 22 de Jeremías:

"Que dice: Edificaré para mí una casa espaciosa, de grandes salas; y le abre ventanas, la cubre de cedro y la pinta de rojo. ¿Reinarás tú, porque te rodeas de cedro? ¿No comió y bebió tu padre, y actuó conforme al derecho y la justicia, y le fue bien?"

En la expresión tu padre Jeremías se estaba refiriendo a Josías, el buen rey, y esto fue lo que dijo de él. Leamos los versículos 16 y 17 de Jeremías 22.

"Él juzgó la causa del afligido y del necesitado, y le fue bien. ¿No es esto conocerme a mí?, dice el Señor. Mas tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, para derramar sangre inocente y para oprimir y hacer agravio."

El rey Josías había juzgado la causa del afligido y del necesitado; pero en los días de Joacim los ricos se estaban enriqueciendo por malos métodos y los pobres, haciéndose aun más pobres.

Dios tuvo mucho que decir sobre este tema, Jeremías llamó la atención sobre el hecho de que los ricos estaban acumulando riquezas por el trabajo de otros y oprimiendo a los pobres. En su orgullo y arrogancia se construyeron palacios y vivieron como si Dios hubiera olvidado los medios malvados utilizados para adquirir sus riquezas. En el Nuevo Testamento leemos, en Santiago 5:1-3, 1¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. 2Vuestras riquezas están podridas y vuestras ropas, comidas de polilla. 3Vuestro oro y plata están enmohecidos y su moho testificará contra vosotros. Hubo dos motivos por los cuales Dios condenó a los ricos: la forma en que obtuvieron su dinero, la forma en que lo gastaron o la manera en que lo usaron.

Volvemos a las palabras del versículo El juzgó la causa del afligido y del necesitado. . . ¿No es esto conocerme a mí?, dice el Señor? Dios dijo que el rey Josías le conoció, y supo que no podría ser su seguidor a no ser que tuviera una preocupación por los pobres y necesitados. Dios dijo que El mismo tenía una preocupación por esa gente.

Se dice que dos grupos de personas son los más difíciles de alcanzar con el evangelio. Los más ricos y los más pobres. Dios quiere igualar esa situación porque desea que ellos escuchen el evangelio y sean salvos. El quiere que aquellos de la clase social más acaudalada ayuden a los que están en el nivel más pobre de la sociedad. Y El se preocupa para que ambos grupos sean alcanzados con la Palabra de Dios. Lo que Dios juzga es esa dramática desigualdad entre ambas clases sociales. Y ahora llegamos al

Juicio de Conías o Joaquín

Llegamos ahora al severo juicio contra este rey. Leamos los versículos 24 y 25:

"¡Vivo yo, dice el Señor, que si Conías hijo de Joacim, rey de Judá, fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría! Te entregaré en manos de los que buscan tu vida, en manos de aquellos cuya vista temes; sí, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de los caldeos."

Conías era Joaquin, llamado también Jeconías. ¿Por qué Dios lo llamó Conías? Fue porque la sílaba "Je", en Jeconías, representa a Jehová. Fue como si Dios hubiera dicho que no lo identificaran con ese hombre. Y continuó diciendo: ¡si fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría! Y continuó Dios diciendo en los versículos 28 al 30:

"¿Es este hombre, Conías, una vasija despreciada y quebrada? ¿Es un objeto sin valor para nadie? ¿Por qué fueron arrojados él y su generación y echados a una tierra que no habían conocido? ¡Tierra, tierra, tierra, oye palabra del Señor!. Así ha dicho el Señor: Inscribid a este hombre como privado de descendencia, como un hombre sin éxito en todos sus días, porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá."

Y, luego, Dios proclamó a toda la tierra para que fuera Su testigo: ningún descendiente de Conías se sentaría en el trono de David ni gobernaría más en Judá. Fue por esta razón que José no podía haber sido el padre de Jesús. José pertenecía a la descendencia de Jeconías y Dios había dicho que ningún hijo de esa línea se sentaría en el trono de David.

¿Significaba esto que el trono de David quedaría vacante a partir de entonces? Escuchemos a otra profecía, en Jeremías 33:17, que dice: porque así dice el Señor: no faltará a David un descendiente que se siente sobre el trono de la casa de Israel. Habría Alguien de la casa de David, pero no sería un descendiente de la línea de Jeconías. En Jeremías 36:30 leemos: 30Por tanto, esto ha dicho el Señor acerca de Joacim, rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David, y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche. Recordemos que Joacim era el padre de Jeconías, Dios cortó esa línea de descendencia.

Lo notable es que quedaron registradas dos genealogías de Jesucristo y hay un motivo para ello. La incluida en Mateo 1, conduce hasta José. Proviene de David, pasando por Salomón y Jeconías, hasta José. La línea de José dio a Jesús el título legal para el trono. Pero José no era el padre de Jesús. Jesús no era descendiente de esa línea. Ahora, la segunda genealogía se encuentra en Lucas 3:23-38. Esta es la genealogía de María, y no proviene de Salomón, sino que viene a través de otro hijo de David, Natán, No había ninguna maldición ni juicio sobre esa línea. El Señor Jesucristo nació de una virgen, y vino de la línea de descendencia de María. De ahí obtuvo su título de sangre al trono de David.

Fue por ese motivo que Dios llamó a la tierra para que escuchara, con las palabras ¡Tierra, tierra, tierra, oye palabra del Señor! El quiere que la tierra sepa que esta es la forma en que El ha dispuesto las cosas. Los propósitos de Dios no serán frustrados. El puede traer juicio sobre quien quiera; sin embargo, El pudo cumplir Su promesa de que el Mesías que vendría sería un descendiente del rey David.

Y aquí nos detenemos por hoy. Le sugerimos leer el capítulo 23 del libro de Jeremías para estar preparado para extraer de este estudio las lecciones que Dios tiene para usted.

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