Estudio bíblico de Jeremías 22:1-25:38

Jeremías 22:13-25:12

En nuestro programa anterior, amigo oyente, dejamos nuestro estudio en el capítulo 22, en el párrafo titulado "El juicio de Joacim". Ese capítulo contiene lo que considero como el juicio más severo pronunciado en la Palabra de Dios. Fue más severo que el juicio pronunciado por Dios sobre Caín, o por el Señor Jesús sobre Judas. Fue terrible, y al mismo tiempo uno de las profecías más notables de las Sagradas Escrituras.

Antes de considerar el juicio sobre Conías o Joaquin, encontramos primero el juicio contra su padre, Joacim. El también fue un mal gobernante, pero durante su reino hubo prosperidad. Los ricos se hicieron más ricos y los pobres se empobrecieron más. Resulta interesante que la Biblia tenga tanto que decir sobre los pobres. Dios les prestó tanta atención, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que no podemos pasarlos por alto.

Estas palabras iniciaron el mensaje de Dios contra Joacim. Leamos el versículo 13:

"¡Ay del que edifica su casa sin justicia y sus salas sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, sin darle el salario de su trabajo!"

Los hombres se estaban enriqueciendo por medio de métodos incorrectos. Y los pobres estaban mal pagados. Y continúan diciendo los versículos 14 y 15 de este capítulo 22 de Jeremías:

"Que dice: "Edificaré para mí una casa espaciosa, de grandes salas; y le abre ventanas, la cubre de cedro y la pinta de rojo. ¿Reinarás tú, porque te rodeas de cedro? ¿No comió y bebió tu padre, y actuó conforme al derecho y la justicia, y le fue bien?"

En la expresión tu padre Jeremías se estaba refiriendo a Josías, el buen rey, y esto fue lo que dijo de él. Leamos los versículos 16 y 17 de Jeremías 22.

"Él juzgó la causa del afligido y del necesitado, y le fue bien. ¿No es esto conocerme a mí?, dice el Señor. Mas tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, para derramar sangre inocente y para oprimir y hacer agravio."

El rey Josías había juzgado la causa del afligido y del necesitado; pero en los días de Joacim los ricos se estaban enriqueciendo por malos métodos y los pobres, haciéndose aun más pobres.

Dios tuvo mucho que decir sobre este tema, Jeremías llamó la atención sobre el hecho de que los ricos estaban acumulando riquezas por el trabajo de otros y oprimiendo a los pobres. En su orgullo y arrogancia se construyeron palacios y vivieron como si Dios hubiera olvidado los medios malvados utilizados para adquirir sus riquezas. En el Nuevo Testamento leemos, en Santiago 5:1-3, 1¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. 2Vuestras riquezas están podridas y vuestras ropas, comidas de polilla. 3Vuestro oro y plata están enmohecidos y su moho testificará contra vosotros. Hubo dos motivos por los cuales Dios condenó a los ricos: la forma en que obtuvieron su dinero, la forma en que lo gastaron o la manera en que lo usaron.

Volvemos a las palabras del versículo El juzgó la causa del afligido y del necesitado. . . ¿No es esto conocerme a mí?, dice el Señor? Dios dijo que el rey Josías le conoció, y supo que no podría ser su seguidor a no ser que tuviera una preocupación por los pobres y necesitados. Dios dijo que El mismo tenía una preocupación por esa gente.

Se dice que dos grupos de personas son los más difíciles de alcanzar con el evangelio. Los más ricos y los más pobres. Dios quiere igualar esa situación porque desea que ellos escuchen el evangelio y sean salvos. El quiere que aquellos de la clase social más acaudalada ayuden a los que están en el nivel más pobre de la sociedad. Y El se preocupa para que ambos grupos sean alcanzados con la Palabra de Dios. Lo que Dios juzga es esa dramática desigualdad entre ambas clases sociales. Y ahora llegamos al

Juicio de Conías o Joaquín

Llegamos ahora al severo juicio contra este rey. Leamos los versículos 24 y 25:

"¡Vivo yo, dice el Señor, que si Conías hijo de Joacim, rey de Judá, fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría! Te entregaré en manos de los que buscan tu vida, en manos de aquellos cuya vista temes; sí, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de los caldeos."

Conías era Joaquin, llamado también Jeconías. ¿Por qué Dios lo llamó Conías? Fue porque la sílaba "Je", en Jeconías, representa a Jehová. Fue como si Dios hubiera dicho que no lo identificaran con ese hombre. Y continuó diciendo: ¡si fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría! Y continuó Dios diciendo en los versículos 28 al 30:

"¿Es este hombre, Conías, una vasija despreciada y quebrada? ¿Es un objeto sin valor para nadie? ¿Por qué fueron arrojados él y su generación y echados a una tierra que no habían conocido? ¡Tierra, tierra, tierra, oye palabra del Señor!. Así ha dicho el Señor: Inscribid a este hombre como privado de descendencia, como un hombre sin éxito en todos sus días, porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá."

Y, luego, Dios proclamó a toda la tierra para que fuera Su testigo: ningún descendiente de Conías se sentaría en el trono de David ni gobernaría más en Judá. Fue por esta razón que José no podía haber sido el padre de Jesús. José pertenecía a la descendencia de Jeconías y Dios había dicho que ningún hijo de esa línea se sentaría en el trono de David.

¿Significaba esto que el trono de David quedaría vacante a partir de entonces? Escuchemos a otra profecía, en Jeremías 33:17, que dice: porque así dice el Señor: no faltará a David un descendiente que se siente sobre el trono de la casa de Israel. Habría Alguien de la casa de David, pero no sería un descendiente de la línea de Jeconías. En Jeremías 36:30 leemos: 30Por tanto, esto ha dicho el Señor acerca de Joacim, rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David, y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche. Recordemos que Joacim era el padre de Jeconías, Dios cortó esa línea de descendencia.

Lo notable es que quedaron registradas dos genealogías de Jesucristo y hay un motivo para ello. La incluida en Mateo 1, conduce hasta José. Proviene de David, pasando por Salomón y Jeconías, hasta José. La línea de José dio a Jesús el título legal para el trono. Pero José no era el padre de Jesús. Jesús no era descendiente de esa línea. Ahora, la segunda genealogía se encuentra en Lucas 3:23-38. Esta es la genealogía de María, y no proviene de Salomón, sino que viene a través de otro hijo de David, Natán, No había ninguna maldición ni juicio sobre esa línea. El Señor Jesucristo nació de una virgen, y vino de la línea de descendencia de María. De ahí obtuvo su título de sangre al trono de David.

Fue por ese motivo que Dios llamó a la tierra para que escuchara, con las palabras ¡Tierra, tierra, tierra, oye palabra del Señor! El quiere que la tierra sepa que esta es la forma en que El ha dispuesto las cosas. Los propósitos de Dios no serán frustrados. El puede traer juicio sobre quien quiera; sin embargo, El pudo cumplir Su promesa de que el Mesías que vendría sería un descendiente del rey David. Y llegamos así al

Jeremías 23

Los capítulos 23 y 24 ofrecen una luz brillante en un día oscuro, así como la parábola de las dos cestas de higos. La situación nunca llegó a ser tan oscura como para que el profeta no viera una luz al final del túnel. Después del capítulo 22, que contiene el juicio más severo de la Biblia contra Conías, apareció el sol. Sin embargo, tendremos 2 versículos antes de ver el sol. Leamos el versículo 1 del capítulo 23:

"¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño!», dice el Señor."

Estos pastores no eran los predicadores. Él hablaría en cuanto a los líderes religiosos más adelante. Al decir "pastores" se estaba refiriendo a los reyes, los políticos, los que estaban gobernando, los que eran responsables de hacer las leyes del país. Y Dios dijo ¡Ay de ellos! Leamos ahora el versículo 2:

"Por tanto, esto ha dicho el Señor, Dios de Israel, a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas y las espantasteis. No las habéis cuidado. Por eso, yo castigo la maldad de vuestras obras, dice el Señor."

Dios dijo que iba a juzgarlos, y así lo hizo. Y entonces apareció el sol. Leamos los versículos 3 y 4:

"Yo mismo recogeré el resto de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus pastizales; y crecerán y se multiplicarán. Pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, no se amedrentarán ni serán menoscabadas, dice el Señor."

Dios dijo que se aproximaban los días en los cuales El tenía la intención de asumir el control y cuando así lo hiciera, los pobres serían atendidos. Estas palabras se referían específicamente al regreso de los judíos a su tierra después de que esta época o economía haya concluido la iglesia haya sido recogida. En ese tiempo el Rey a quien ellos una vez rechazaron, colocará tiernamente sobre ellos pastores fieles. Será un tipo de gobierno completamente diferente al que tenemos hoy en el mundo. Y continuó Dios diciendo en el versículo 5 de Jeremías 23:

"Vienen días, dice el Señor, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra."

Hay un rey que vendrá de la línea de descendencia de David. El rey, Conías, y toda su descendencia, aunque pertenecían a la línea de David, sería rechazada e interrumpida. Sin embargo, como ya hemos dicho, nadie puede anular el propósito de Dios, aunque algunos habrán pensado que podían. Dios sabe lo que va a hacer. Por el Nuevo Testamento sabemos que a través de otra línea, la línea de Natán, otro hijo de David, vino al mundo una campesina llamada María, una joven de Nazareth, que dio a luz a Jesús, el Mesías, el Rey. Cuando Jesús se presentó al mundo dijo, en -Mateo 4:17 ¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado! Ya que no se puede tener un reino sin un rey, en realidad El le estaba diciendo al pueblo: "Aquí está vuestro rey". La gente rechazó al Rey, pero El tiene la última palabra. Dijo que algún día el Rey vendría otra vez y establecería ese reino. Luego, en el versículo 6 de Jeremías 23 leemos:

"En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: Señor, justicia nuestra."

Ningún candidato de una plataforma política declararía que es justo y que seguirá el plan y el programa de Dios para el gobierno. Nadie se atrevería a hacerlo. Pero la justicia caracterizará el Reino cuando el Señor Jesucristo reine. Y continuó diciendo Dios en los versículos 7 y 8:

"Por tanto, vienen días, dice el Señor, en que no dirán más: ¡Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto!, sino: ¡Vive el Señor, que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte y de todas las tierras adonde yo los había echado!. Y habitarán en su tierra."

Esta es una de las profecías más destacadas de la Palabra de Dios. La fiesta religiosa más antigua que se celebra hoy es la Pascua Judía. Indiferentemente que el judío sea reformado u ortodoxo, recuerda la Pascua, porque es la celebración de le liberación milagrosa de los judíos de Egipto. En este pasaje Dios estaba diciendo: "Llegará el día en que los traeré de regreso a su tierra y entonces ellos olvidarán la liberación de Egipto, y recordarán esta nueva liberación que tengo la intención de llevar a cabo". Será algo tremendo. Obviamente Dios no ha terminado con la nación de Israel. Y continuó diciendo en los versículos 16 y 17:

"Así ha dicho el Señor de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca del Señor. Dicen atrevidamente a los que me irritan: ¡El Señor dice que tendréis paz!. Y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá el mal sobre vosotros."

Los falsos profetas persistieron en profetizar que habría paz. Dios los repudió. Hoy hay soñadores que están hablando de cómo van a traer paz al mundo. Y todos ellos están utilizando la misma línea de argumentos. Dios dice: "No lo haréis, es que no podéis hacerlo". Dios dijo por medio del profeta Isaías en 48;22, No hay paz para los malvados, ha dicho el Señor. El problema no consiste en que la gente no quiera la paz; el problema es que el corazón del hombre es desesperadamente malvado. No somos conscientes de cuan malos somos. Hombres malvados en cargos de influencia y poder no pueden traer la paz a esta tierra. Si pudieran, entonces habría una contradicción con la Palabra de Dios.

Después, Dios se dirigió a los dirigentes religiosos. Leamos el versículo 21 de Jeremías 23:

"No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban."

Vemos que Dios dijo que El no había enviado a aquel grupo de profetas que estaban por todas partes en aquellos días. Dios negó que el mensaje de ellos proviniera de El. Así que Dios rechazó a los dirigentes políticos y a los religiosos.

Y en cuanto a hoy nos preguntamos cuáles de estos líderes mencionados están buscando a Dios. Tienen una apariencia de piedad, de religiosidad, pero ¿cuántos están buscando al Dios vivo y verdadero? Continuemos leyendo el versículo 30:

"Por tanto, yo estoy contra los profetas, dice Jehová, que se roban mis palabras unos a otros."

Algunos teólogos contemporáneos están arrojando dudas en forma de reflexiones sobre la Palabra de Dios, en el sentido de dar a entender que no es la Palabra de Dios, apartándola de los corazones de la gente. Yo me avergonzaría de ser uno de esos profesores que está destruyendo la fe de los creyentes. Dios dijo que algún día El iba a hacer algo al respecto. Dios no tiene prisa; no deberíamos engañarnos al observar que el juicio de Dios no se ejecuta con rapidez. Aquel día del juicio se acerca. Es que el obrar con maldad se encuentra como una realidad inherente en el corazón de los seres humanos. Y ellos creen que evitarán las consecuencias, y así lo debieron creer en el tiempo de Jeremías. Dios dijo: "Tengo toda la eternidad por delante de Mi, y aun estoy controlando este escenario. Llegará el momento en que juzgaré a los dirigentes religiosos". Y así llegamos al

Jeremías 24

que es una especie de apéndice, que relata una visión dada después de que Jeconías fue conducido al cautiverio. Por lo tanto, tuvo lugar durante la primera parte del reinado de Sedequías. En una visión, a Jeremías se le mostraron 2 cestas de higos. (La higuera es un símbolo bien conocido de Judá). Una cesta contenía higos buenos, y la otra, higos malos. Ellos simbolizaban dos clases de personas del pueblo de Judá. Continuemos escuchando las palabras de Dios en los versículos 5 y 6 de este capítulo 24 de Jeremías.

"Así ha dicho el Señor, Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los deportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para su bien. Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra. Los edificaré y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré."

Tomemos nota que Dios los había enviado al cautiverio para su bien. El prometió velar por ellos y finalmente restaurar un remanente a su tierra. Que su restauración a la tierra no se refiere al regreso efectuado bajo Esdras y Nehemías queda claro en las palabras finales y no los arrancaré, Obviamente ellos han sido expulsados otra vez. La referencia aquí es a la restauración durante el Reino (milenario), cuando, como dijo Dios en el siguiente versículo 7, se volverán a mí de todo corazón.

Los higos malos representaban al rey Sedequías y a aquellos que permanecieron en Jerusalén y finalmente acabaron yéndose a Egipto y desafiando así a la Palabra de Dios. Leamos ahora el versículo 9 de este capítulo 24 de Jeremías:

"Y los daré por horror y por mal a todos los reinos de la tierra, y por infamia, por refrán, por burla y por maldición a todos los lugares donde yo los disperse."

La historia secular nos ha confirmado el cumplimiento exacto de esta profecía que Jeremías fielmente comunicó a su pueblo. Llegamos ahora al

Jeremías 25

Y en el capítulo 25, Dios explicó el cautiverio de los 70 años. Esta profecía fue dada 17 o 18 años antes de la pronunciada en el capítulo anterior. Recordemos que el libro de Jeremías no fue dispuesto en un orden cronológico. El hijo de Josías, Joacim, estaba en el trono. El era muy diferente de su piadoso padre, como 2 Reyes 24:4 registró diciendo: llenó a Jerusalén de sangre inocente, Por tanto el Señor no quiso perdonar. Así que Jeremías presentó una acusación directa. Leamos el versículo 4 de este capítulo 25:

"Y envió el Señor a vosotros a todos sus siervos los profetas. Los envió desde el principio y sin cesar; pero no escuchasteis ni inclinasteis vuestro oído para escuchar"

Como ellos no escucharían la voz de Dios, la tierra sería invadida por Babilonia. Y dice el versículo 9;

"Yo enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice el Señor, y a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus habitantes, y contra todas estas naciones en derredor. Los destruiré, y los pondré por espanto, por burla y desolación perpetua."

Veamos la frase Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, Sorprende esta referencia de Dios llamando a Nabucodonosor, "mi siervo". El fue el instrumento de juicio de Dios.

Muchísima gente se pregunta por qué la tierra de Israel no es una tierra con una gran riqueza agrícola y ganadera, Hay en esta tierra una desesperada necesidad de agua. Dios dijo que haría de ese un lugar de desolación perpetua, y El tiene la intención de que el mundo sepa que no solo ha juzgado al pueblo, sino que también ha juzgado a la tierra. Hay un juicio de Dios sobre esa tierra específicamente, tal como la maldición del pecado está sobre toda la tierra -la tierra no produce lo que es capaz de producir a causa de la maldición del pecado sobre ella. Ahora, en el versículo 10, del capítulo 25, leemos:

"Haré que desaparezca de entre ellos la voz del gozo y la voz de la alegría, la voz del novio y la voz de la novia, el ruido del molino y la luz de la lámpara."

Dios les arrebataría todo aquello que les había estado haciendo felices. No habría más celebraciones de matrimonios, Se interrumpiría el sonido del molino, lo cual se refería a los negocios y al comercio. La luz de la lámpara desaparecería, o sea que no disfrutarían más de las noches en sus hogares. Y continúa diciendo el versículo 11 de Jeremías 25;

"Toda esta tierra será convertida en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia durante setenta años."

Cuando Dios estaba tratando con la nación de Israel, habló del calendario. Él explicó detalladamente el tiempo en relación con su historia. Cuando Dios trata con le iglesia, no menciona ningún detalle sobre el tiempo. Por lo tanto ni usted ni yo podemos decir cuando vendrá el Señor. Incluso no tenemos derecho a decir que El va a venir pronto, porque no se nos ha dicho el tiempo de Su venida.

El período de tiempo de 70 años es muy significativo. Cuando el pueblo de Israel estaba por entrar en la tierra, el Señor les dijo que cada séptimo año sería un año de reposo sabático, en el cual la tierra no sería sembrada para que descansara (ver Levítico 25). Y Dios no solo prometió bendición si Su Palabra fuera obedecida, sino que también advirtió que habría juicio si no fuera obedecida. Si ellos vivieran en contra de Su voluntad, El estaría en contra de ellos. Observemos que Dios previó la desobediencia de ellos. Dice Levítico 26:34 y 35: 34Entonces la tierra gozará sus días de reposo durante todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo. 35Durante todo el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de reposo cuando habitabais en ella. Por aproximadamente 490 años, el año sabático no fue cumplido, o sea que 70 años sabáticos habían sido desobedecidos. Dios dijo por medio de Jeremías que por 70 años ellos vivirían en una tierra extranjera, mientras su tierra disfrutaba de su descanso. Entonces, después de que los años sabáticos perdidos se hubieran cumplido, a Israel se le permitiría regresar a la tierra. Escuchemos lo que dijo Jeremías leyendo el versículo 12 de este capítulo 25:

"Y cuando se hayan cumplido los setenta años, dice el Señor, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación, por su maldad, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desolación perpetua."

En los días de Jeremías, esta fue una profecía. Ahora es historia. Dios ha cumplido esta profecía. Aquí no hay motivo de discrepancias. Al terminar hoy, estimado oyente le sugerimos que lea los versículos restantes de este capítulo 25 de Jeremías, que consideraremos en nuestro próximo programa.

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