Estudio bíblico de Jeremías 45:1-49:39

Jeremías 45:1-49:6

Llegamos hoy, amigo oyente, en nuestro viaje por este libro de Jeremías, al capítulo 45. Recordemos que en nuestro Bosquejo General de este libro, es decir en el esquema que presentamos en la Introducción al mismo, dividimos los 52 capítulos que lo forman en siete partes o divisiones para sistematizar y comprender mejor su contenido. Y nos encontramos ahora en la sexta división de este libro, división que se extiende desde el capítulo 43 hasta el 51, y en la que hay varias profecías que se han dado sobre diferentes naciones que rodeaban a Israel. Conviene recordar que el resto del pueblo de Judá que había quedado en esa tierra conquistada, es decir, que no había sido llevado cautivo a Babilonia, no era precisamente lo mejor de la sociedad. Nabucodonosor había actuado sabiamente cuando se llevó a la mejor clase de gente al cautiverio. Él no iba a tomar personas de segunda clase, o individuos de clase baja. Él quería aquellas personas que podían hacer algo constructivo en su imperio, y eligió a aquellos ciudadanos que contribuirían en alguna forma para su progreso. Todos los demás fueron dejados atrás en la tierra de Judá, que había quedado desolada por la guerra. Jeremías quedó con ellos también y un amigo de Jeremías que se mencionó aquí, en este capítulo 45, el cual es un capítulo breve.

Baruc era no sólo un amigo de Jeremías sino una persona que también cumplía las funciones de asistente de Jeremías. Él fue quien escribió esas palabras de Jeremías en un rollo que fue enviado al rey, recordemos que el rey tomó un cuchillo, las cortó o las destruyó y las arrojó en el fuego para quemarlas, como vimos en el capítulo 36. Cuando Jeremías se encontraba en la cárcel y compró una propiedad en Anatot, Baruc, realizó era transacción para él. Él hizo firmar los papeles y se encargó de toda la documentación que se necesitaba para la compra de esa tierra, como vimos en el capítulo 32. Finalmente, Baruch fue conducido a Egipto con Jeremías, de acuerdo con lo que dice Jeremías 43:6.

Esta profecía que tenemos aquí en el capítulo 45 fue dada por Jeremías para Baruc durante el reinado de Joacim. Fue por ese motivo que al principio de nuestro estudio de este libro dijimos que aunque existe un cierto parecido con un orden cronológico en el libro de Jeremías, el libro no está arreglado cronológicamente. Aunque la profecía fue dada durante el reino de Joacim, fue registrada aquí en este capítulo 45 y creemos que hubo una razón para ello. Creemos que fue incluida en este lugar como un para dar ánimo a Baruc. El Señor ya le había revelado lo que le ocurriría si se identificaba con el profeta Jeremías. Estas palabras debían ser para él un estímulo cuando fue obligado a ir a Egipto con el remanente del pueblo de Judá. Leamos entonces los versículos 2 y 3 de este capítulo 45:

"Así te ha dicho el Señor, Dios de Israel, a ti, Baruc: Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora!, porque ha añadido elSeñor tristeza a mi dolor. Fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso"

Las cosas iban mal durante el reino de Joacim pero, eso era nada comparado con lo que iba a suceder después. El peor período vendría después de la época de Joacim. Así fue que Jeremías le dio a él esta profecía en esta ocasión para darle ánimo y aquí la tenemos en el versículo 4:

"Le dirás: Así ha dicho el Señor: Yo destruyo a los que edifiqué y arranco a los que planté, esto es, a toda esta tierra"

O sea que, aunque la situación iba a ponerse mucho peor, Dios quería que Baruc supiera que El era el responsable de ese estado de cosas. Dios asumió la responsabilidad de lo que ocurriría en la tierra de Judá; en consecuencia, Baruc podía continuar con el programa. Dice el versículo 5:

"¿y tú buscas para ti grandezas? ¡No las busques!, porque he aquí que yo traigo mal sobre todo ser viviente, ha dicho el Señor; pero a ti te daré la vida por botín en cualquier lugar adonde vayas."

Esta profecía fue comunicada a Baruc cuando aun era joven. Dios le dijo que no podía esperar una meta o posición elevada para sí mismo en ese período trágico en la historia de la nación. El viviría en tiempos muy conflictivos, pero el conservaría su vida en ese período porque Dios le protegería. En este momento del relata al que habíamos llegado, Jeremías y Baruc eran hombres de edad avanzada en Egipto. Ellos habían visto como Dios los preservó durante esos malos tiempos en que vivieron.

Antes de comenzar con los capítulos 46 al 48 conviene recordar las circunstancias y las advertencias que el pueblo de Judá había recibido para que no cometieran la gran equivocación de ir a Egipto. Fue como si Dios a través de Jeremías hubiera leído sus pensamientos de ellos. Porque, como vimos en los primeros versículos del capítulo 42, a pesar de haber declarado que deseaban que Dios les indicara el camino que debían seguir, y de haber manifestado su disposición para obedecerle, seguramente ya habían resuelto lo que realmente querían hacer. En el capítulo 42, versículos 12 de este libro de Jeremías, la promesa divina fue: 12Tendré compasión de vosotros, y él se compadecerá de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra. Pero después de estas palabras comenzaron a escuchar la advertencia solemne de Dios si desobedecían. A continuación, en los versículos 13 al 16 leemos: 13Pero si decís: "No habitaremos en esta tierra", desobedeciendo así la voz del Señor, vuestro Dios, 14y afirmando: "No, sino que entraremos en la tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos hambre, y allá habitaremos" 15pues, por eso, oíd la palabra de Jehová, resto de Judá, porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si vosotros volvéis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entráis para habitar allá, 16sucederá que la espada que teméis os alcanzará allí, en la tierra de Egipto, y el hambre que os asusta os perseguirá allá en Egipto, y allí moriréis.

O sea que en este capítulo 42 vemos que Dios destacó los motivos que tenían para huir de la tierra de Judá. Pretendían escapar de la guerra, al hambre y a las epidemias que se propagaban en esas precarias condiciones de vida. Por todo ello, Dios les anunció que aquello de lo cual pretendían escapar, les alcanzaría en el preciso lugar que ellos habían escogido como su refugio, allí en Egipto. En el versículo 17 de este capítulo 42, Dios predijo y reiteró cuales serían las consecuencias a su desobediencia. Dice el versículo 17: 17Todos los hombres que vuelvan su rostro para entrar en Egipto y habitar allí, morirán a espada, de hambre y de peste; no habrá de ellos quien quede vivo ni quien escape del mal que yo traeré sobre ellos. Así, aquel capítulo 42 terminó con el veredicto divino anunciado a través del profeta Jeremías. Como dijimos anteriormente, habían afirmado su voluntad de conocer la voluntad de Dios y de obedecerla. Pero la desobediencia de aquel pueblo, la rebelión contra Dios profundamente arraigada en sus corazones, les haría seguir sus impulsos desoyendo totalmente la voz de Dios. Las consecuencias, como acabamos de leer, no podrían ser más trágicas. Acabarían muriendo en el lugar que habían elegido para residir y encontrar paz y abundancia. Perecerían a causa de la guerra, por los efectos del hambre y por las epidemias.

Y así llegamos al

Jeremías 46

El tema general de los capítulos 46 al 48 incluye profecías contra las naciones de Egipto, Filistia y Moab.

Jeremías estaba en Egipto, habiendo sido llevado allí en contra de su voluntad por el remanente del pueblo de Judá que desobedeció a Dios dirigiéndose hacia Egipto. Aquí Jeremías pronunció profecías contra las diferentes naciones del entorno.

Dios les dijo que le sucedería a Egipto. El remanente que dejó las tierras de Judá descendió a Egipto porque pensaron que allí tendrían paz y abundancia. Dios les dijo que tenía noticias para ellos. La guerra se trasladaría a Egipto, y Nabucodonosor conquistaría también Egipto, cosa que hizo. Leamos el versículo 17 de este capítulo 46 de Jeremías:

"Allí gritaron: "¡El faraón, rey de Egipto, no es más que ruido; dejó pasar el tiempo señalado!."

En otras palabras, los de Judá no podrían depender más de la protección de Faraón, porque Egipto caería derrotado. Y dice el versículo 19 de este capítulo 46:

"Hazte equipaje de cautiverio, moradora hija de Egipto, porque Menfis será un desierto, será asolada hasta no quedar morador."

Los sobrevivientes de Judá habían cometido un gran error al depositar su confianza en Faraón y en Egipto. Ellos deberían haber depositado su confianza en Dios. Debían haber creído y obedecido al Señor, quien les había advertido detalladamente de las consecuencias que les acarrearía su desobediencia. Sin embargo, a pesar de todo, Jeremías incluyó una hermosa profecía para consolarlos. Leamos los versículos 27 y 28 de este capítulo 46 de Jeremías:

"Pero tú no temas, siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel; porque he aquí yo te salvaré de lejos, a ti y a tu descendencia, de la tierra de vuestra cautividad. Volverá Jacob, descansará, será prosperado y no habrá quién lo atemorice. Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice el Señor, porque yo estoy contigo. Sí, destruiré a todas las naciones entre las cuales te he dispersado. Sin embargo, a ti no te destruiré del todo, aunque te castigaré con justicia. ¡En manera alguna te dejaré sin castigo!."

Estimado oyente, después de leer estos dos versículos, si usted cree que la Palabra de Dios dice la verdad, usted tiene que creer que Dios no ha terminado sus tratos con la nación de Israel. Dios les dijo que debía castigarlos, pero que no los aniquilaría. Aquí se encuentra precisamente una de las muchas respuestas a la pregunta de la carta de Pablo a los Romanos 11:1; ¿Ha desechado Dios a Su pueblo? En este pasaje Bíblico el apóstol había contestado enfáticamente: ¡De ninguna manera! Si creemos a la Palabra de Dios, debemos permitir que Su Palabra permanezca firma y aceptarla en su sentido literal. Y llegamos ahora al

Jeremías 47

que nos presenta la profecía de Jeremías contra el país de Filistea.

Este pequeño remanente del pueblo de Judá comenzó a mirar a una nación tras otra, preguntándose hacia dónde debían ir, o en qué nación podían confiar o encontrarse seguros. Algunas de estas naciones eran sus enemigos. ¿Debían buscar refugio en ellas? Y la respuesta divina fue que no, porque la tierra de los Filisteos también sería conquistada. Llegamos ahora al

Jeremías 48

En este capítulo vemos una profecía contra Moab. Moab dejó de ser una nación. Y en el versículo 42 del capítulo 48 de Jeremías, leemos:

"Y Moab será destruido hasta dejar de ser pueblo, porque se engrandeció contra el Señor."

El actual reino Hachemita, en la orilla oriental del río Jordán, ocupa la misma tierra que ocupaba el país de Moab y sus habitantes en aquella época. Sin embargo, Dios no ha concluido aún con este pueblo de Moab. No sabemos donde se encuentra este pueblo en la actualidad. Dudamos que alguien haya podido localizarlos. Pero Dios sabe donde están situados, para continuar cumpliendo sus planes con ellos. Y en el versículo 47 del capítulo 48 de Jeremías, leemos:

"Pero haré volver a los cautivos de Moab al final de los tiempos, dice el Señor. Hasta aquí es el juicio de Moab."

Aquí dice que Dios restaurará el bienestar de Moab en los últimos tiempos. Evidentemente Moab entrará en el reino milenario. Sin embargo, en la época de Jeremías, a la gente de Judá no le merecía la pena huir a Moab. Porque allí tampoco estarían seguros. Y así llegamos al

Jeremías 49

El tema general del capítulo son las profecías para las naciones que rodeaban a Israel.

Hemos visto que el pueblo que había sido dejado por Nabucodonosor en la tierra de Judá había cometido el grave error de descender a Egipto. Ellos fueron allí desobedeciendo a Dios, y se metieron en una situación aun peor. La guerra en la tierra de Israel había terminado. Ningún enemigo habría querido entrar en esa tierra en aquel momento. Las ciudades habían sido arrasadas, incendiadas, sin que de ellas quedara otra cosa que escombros. Solo quedaron en aquellos lugares las cenizas y otros restos de una civilización. Si hubieran seguido las instrucciones de Dios, el remanente del pueblo de Judá debía haberse quedado allí y hubieran podido evitar grandes sufrimientos y su misma destrucción física como pueblo. Podían haber restaurado su país. Pero en cambio, huyeron a Egipto. Y Dios sabía que Egipto sería la zona de la siguiente campaña militar del rey Nabucodonosor, de Babilonia. Cuando el conquistara Egipto, capturaría al pueblo de Judá por segunda vez, y ellos tendrían que sufrir nuevamente. Al abandonar su tierra pensaron que estaban huyendo de la guerra. Creyeron que se dirigían hacia una tierra en la que tendrían abundancia para poder vivir. Solo pensaron en seguridad y en satisfacer su apetito.

Estimado oyente, cuando nuestras actitudes, acciones y metas no están basadas en un deseo de vivir para Dios, cuando la verdad de Dios ya no es nuestra guía, nos hemos hundido, hemos descendido a un nivel bajo que no nos traerá ni paz ni abundancia. Esta ha sido la experiencia que podemos extraer de la narración de los acontecimientos de la historia. La historia tiene grandes lecciones para enseñarnos, si solamente las escucháramos con atención.

Este capítulo continuó registrando las profecías de Dios comunicadas por medio del profeta Jeremías, relacionadas con el juicio que se aproximaba sobre las naciones que rodeaban a Israel.

El primer párrafo de este capítulo 49 presenta

La profecía para Amón

El remanente del pueblo de Judá no necesitaba mirar a Amón como su lugar de protección, de refugio, porque esa nación iba a ser destruida. Esa nación de Amón no existe en la actualidad, pero escuchemos lo que Dios dijo al respecto en el versículo 6 de este capítulo 49 de Jeremías:

"Después de esto, haré volver a los cautivos de los hijos de Amón, dice el Señor."

Dios dijo que la nación de Amón sería restaurada. Realmente estas son profecías notables, y versículos destacados de la Biblia. Es decir que este remanente no podía buscar ayuda en nadie. Y, aún ni siquiera podían buscar ayuda en Babilonia, porque Babilonia iba a caer en el futuro. La única ayuda que podían encontrar ellos estaba en el Señor, y confiar en Él, y obedecerle a Él.

Y vamos a detenernos aquí por hoy. Dios mediante, continuaremos en nuestro próximo programa, que será el último dedicado a este libro de Jeremías. Esperamos contar con su compañía y le sugerimos leer los siguientes versículos de este capítulo 49 de Jeremías, para estar mejor informado de lo que diremos en nuestro próximo estudio.

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