Estudio bíblico de 1 Timoteo 1:1-2

1 Timoteo 1:1 y 2

Amigo oyente, hoy regresamos a esta primera epístola del Apóstol Pablo a Timoteo. En nuestro programa anterior, en la introducción, dijimos que en todas estas 3 epístolas llamadas pastorales, Pablo trató dos temas: el credo de la Iglesia, y la conducta de la Iglesia. Dentro de la Iglesia, la adoración debe hacerse en forma correcta, y fuera de la Iglesia, deben manifestarse las buenas obras. La adoración tiene lugar dentro, y las obras en el exterior. Esta es la manera en que debe hacerse visible la Iglesia.

Pablo trató estos dos tópicos en cada una de las 3 epístolas. Por ejemplo, en 1 Timoteo, capítulo 1, es la fe, la fe de la iglesia, su doctrina. En el capítulo 2 - el tema es el orden de la iglesia. El capítulo 3 trata sobre los cargos de la iglesia. El capítulo 4 describe la apostasía que vendría. Y en los capítulos 5 y 6, tenemos las obligaciones de los cargos de la iglesia.

El tema de este capítulo es, pues, "la fe de la iglesia". El énfasis de Pablo aquí no será presentar una declaración doctrinal de la iglesia cristiana, sino una advertencia contra los maestros falsos en la iglesia local. El destacará que el Evangelio de la gracia de Dios es central en la doctrina y concierne a la persona de Cristo. En primer lugar tenemos una

Introducción

a esta primera epístola. La introducción a 1 Timoteo es diferente a cualquier otra de las epístolas de Pablo. Quizás usted había llegado a la conclusión de que todas las introducciones eran iguales. Pero las introducciones a las Epístolas Pastorales son un poco diferentes. Un expositor llamado Marvin Vincent ha dicho que los saludos de 1 Timoteo, en conjunto, no tienen paralelo en la obra de Pablo. Leamos entonces los primeros dos versículos de este primer capítulo de 1 Timoteo:

"Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús, nuestro Señor."

En la primera frase Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios vemos que Pablo afirmó su apostolado a Timoteo, y con toda seguridad lo había hecho antes. En Efesios 1:1 dijo: Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios. Ahora ¿cuál era la diferencia entre el "mandato" y la "voluntad de Dios"? La voluntad de Dios y el mandato significan lo mismo, sin embargo no son exactamente sinónimos. Todos los mandamientos que usted encuentra en la Biblia revelan la voluntad de Dios. Esto incluye mucho más que los Diez Mandamientos. Por ejemplo, se nos dice que la voluntad de Dios es que oremos, como dice 1 Tesalonicenses 5:17-18; 17Orad sin cesar. 18Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. Hay muchas cosas que son la voluntad de Dios, y ellas están expresadas en Sus mandamientos. Pero no creemos que usted tenga toda la voluntad de Dios, aun en la suma total de los mandamientos que tenemos en las Escrituras. La voluntad de Dios es, por lo tanto, un término mucho más amplio que los mandamientos de Dios.

Recordemos, sin embargo, que se nos ha revelado lo suficiente de la voluntad de Dios para saber que el hombre no es salvo por la obediencia a los mandamientos de Dios. Es importante reiterar esto, ya que hay tantos hoy que dicen que la Ley es esencial para nuestra salvación.

En el versículo 8 de este primer capítulo Pablo escribió: 8Pero sabemos que la Ley es buena, si uno la usa legítimamente, ¿Cómo debemos usar la ley? Primero, tenemos que saber que la Ley es buena. Dijo Pablo en Romanos 7:12, 12De manera que la Ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. Es por el hecho mismo de que la Ley es buena y requiere una bondad absoluta del hombre, (en quien no hay nada bueno) que el pecador no puede obedecerla. En Romanos 7:18 Pablo dijo. 18Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no habita el bien. La Ley o los mandamientos de Dios fueron dados para revelar la voluntad de Dios y para mostrar que, para que un pecador sea salvo es necesario encontrar un camino diferente a la obediencia de una ley perfecta; el comprender esto es usar la ley legítimamente.

La gloria del Evangelio es que Dios encontró un camino para que Él pudiera ser Justo y el que justifique a aquél que crea en Jesús. En Los Hechos 13:38-39 Pablo predicó lo siguiente: 38Sabed, pues, esto, hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, 39y que de todo aquello de que no pudisteis ser justificados por la Ley de Moisés, en él es justificado todo aquel que cree. ¿Por qué no podían ser justificados por la Ley de Moisés? Porque era un ministerio que acusaba: la ley los condenaba. La Ley no fue dada para salvarnos, sino para revelar que Dios es santo, y que usted y yo no somos santos. El camino que Dios encontró para salvarnos es el camino de la Cruz, el camino del Señor Jesús. En Juan 14:6 El dijo, Yo soy el camino, la verdad y la vida. La ley no es el camino hacia Dios; Cristo es el camino.

Cuando Pablo escribió a los Efesios que era un apóstol por la voluntad de Dios, era cierto. Pero cuando escribió a este joven predicador Timoteo, le dijo: "Yo soy un apóstol por mandato de Dios. Él me hizo apóstol. No es simplemente porque yo esté hoy en la voluntad de Dios, es por lo que soy un apóstol. Hubo un momento en el que Él me mandó ser un apóstol". Creo que Pablo pudo haber sido algo más bien reacio a convertirse en un apóstol. Estoy seguro que pudo haber presentado pretextos al Señor, como hizo Moisés. El no había estado con el Señor como los otros once apóstoles. El nunca le conoció en los días de su vida en la tierra; solo le conoció como el Cristo glorificado. El dijo que no era digno de ser un apóstol. Pero el Señor Jesús le había dicho: "Yo te lo ordeno", y esa fue la razón por la que Pablo pudo entrar en una sinagoga o presentarse ante una multitud opositora en Atenas, o ante un grupo de pecadores corrompidos en Corinto, y proclamar valientemente el Evangelio. El era un soldado bajo órdenes, un apóstol por mandato, no por un encargo o una comisión, sino por un mandato. Nadie practicó la ceremonia de la imposición de manos para nombrarle apóstol, sino que el Señor Jesús personalmente le concedió esa autoridad.

Jeremías tuvo esa misma clase de autoridad. Era un hombre tímido, vergonzoso, reservado, un hombre con un corazón quebrantado. Sin embargo salió y pronunció públicamente algunas de las declaraciones más fuertes que provinieron de Dios. ¿Por qué fue capaz de hacerlo? Era un soldado bajo órdenes, bajo las órdenes de Dios.

Cualquiera que vaya a hablar hoy de parte de Dios necesitará hacerlo con autoridad, y si no fuera así, sería mejor que permanezca en silencio. Pablo era un apóstol que habló con la autoridad de Dios.

Otra frase del versículo 1 es Dios nuestro Salvador. ¿Es Dios nuestro Salvador? Con toda seguridad que lo es. Juan 3:16 comienza diciendo Porque de tal manera amo Dios al mundo, que ha dado su Hijo unigénito. Dios proveyó el sacrificio, y el Señor Jesús fue el que vino a esta tierra y lo ejecutó.

Y el versículo 1 termina diciendo Y del Señor Jesucristo nuestra esperanza. Decir que Cristo es nuestra esperanza podría parecerle a usted extraño, ya que la expresión no se mencionó en ningún otro pasaje de la Biblia. En realidad, la única otra vez que la encontramos fue en Colosenses 1:27, donde dice Cristo en vosotros, esperanza de gloria. El Señor Jesús murió para salvarle. El vive para mantenerle salvo. El va a venir algún día para llevarle a estar con Él y para consumar esa salvación. Él es nuestra fe cuando miramos atrás; Él es amor cuando miramos hoy a nuestro alrededor; y Él es nuestra esperanza cuando miramos adelante. Pero es esperanza, en realidad, durante toda nuestra vida, y esa esperanza se afianza, se apoya en la persona del Señor Jesucristo.

Luego, en el versículo 2 él dijo: A Timoteo, verdadero hijo en la fe. Su nombre es Timoteo; el nombre Timoteo está formado por dos palabras que significan "aquello que es estimado para Dios". Este hombre era muy estimado para Dios; y también era muy estimado para el Apóstol Pablo y para las iglesias locales.

Leemos acerca de Timoteo en el libro de Los Hechos, en Efesios, y en Filipenses. Su padre era griego. Su abuela, Laida, y su madre Eunice, se convirtieron a Cristo antes que él. El vivió en Lista, donde Pablo fue apedreado. Creo que Pablo fue verdaderamente resucitado de los muertos en aquella ocasión, y ese evento puede haber tenido mucho que ver con la conversión de Timoteo. Como joven, probablemente era algo escéptico, y aquel episodio pudo haberle ayudado a convencerle y llevarlo a la conversión. Después de su conversión se convirtió en un declarado seguidor de Pablo.

Timoteo era un hombre que tenía muy buena reputación. En el capítulo 16 del libro de los Hechos de los Apóstoles, versículos 2 al 5, leemos: 2y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. 3Quiso Pablo que este fuera con él; y tomándolo, lo circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego. 4Al pasar por las ciudades, les comunicaban las decisiones que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardaran. 5Así que las iglesias eran animadas en la fe y aumentaban en número cada día. A medida que Timoteo trabajaba con Pablo, se convirtió en alguien en quien Pablo había depositado toda su confianza, mientras otros en las iglesias demostraron ser

Pablo tenía trato con personas en quienes no podía confiar. Sin embargo, Timoteo era alguien en quien si podía confiar. Veamos lo que nos dijo Pablo en su carta a los Filipenses, capítulo 2, versículos 19 al 23 19Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al tener noticias vuestras, 20porque no tengo a ningún otro que comparta mis sentimientos y que tan sinceramente se interese por vosotros, 21pues todos buscan sus propios intereses y no los de Cristo Jesús. 22Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. 23Así que a este espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos;

La mención en el versículo 2 de Timoteo como verdadero hijo en la fe enfatiza el aprecio hacia quien Pablo había guiado al Señor. Ambos compartían una gran amistad.

El versículo 2 finaliza con la frase Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús, nuestro Señor. A primera vista esta frase parece ser la misma de las introducciones de las otras epístolas de Pablo. Si, es cierto que Pablo había usado los términos gracia y paz antes, pero aquí tenemos otra palabra, que es misericordia. Esta palabra fue usada en el Nuevo Testamento y fue equivalente a la palabra gracia. Fue el sacrificio del Antiguo Testamento que convirtió al trono santo y justo de Dios en un propiciatorio. El propiciatorio era la tapa del arca; allí se operaba la expiación del pecado y era el lugar donde Dios entraba en contacto con Su pueblo para perdonarle.

Cuando usted y yo nos acercamos a Dios, no queremos justicia, porque entonces seríamos condenados. Lo que queremos y necesitamos es misericordia. Y Dios ha provisto misericordia para todas sus criaturas. Él tiene toda la misericordia que usted necesita. Sin embargo, Su misericordia es, para poner un ejemplo, como el dinero que se encuentra depositado en el banco, que no le servirá para nada a menos que usted lo retire del banco, por ejemplo, emitiendo un talón, y ese cheque que usted tendría que firmar es un cheque de fe, Dios es rico en misericordia, pero cuando Él le salva, le salva por Su gracia. Dios es misericordioso y compasivo con usted, y con todos los pecadores del mundo hoy, aun con los que están blasfemando contra Él, que le están repudiando y volviéndole la espalda. Él está enviando la lluvia sobre los justos y los injustos. Él no tiene favoritos, incluso en los de Su propio pueblo. Los pecadores prosperan hoy, y se hacen ricos. Con frecuencia parecen progresar más y les va mejor a los que pertenecen al pueblo de Dios. Es que tenemos que reconocer que Dios es misericordioso y compasivo con los pecadores. Pero cuando usted viene a Dios, debe venir por la fe, (es como si firmara ese cheque de la fe) y entonces Dios le salvará por Su gracia.

Estas tres palabras, amor, misericordia, gracia son como una pequeña trinidad. El amor es aquello en Dios que existía antes de que Él se ocupara de ejercitar la misericordia o la gracia. Dios es amor. Esa es Su naturaleza, Su atributo. La misericordia es aquello en Dios que proveyó para la necesidad del hombre pecador. La gracia entonces, es aquello en Él que actúa libremente para salvar, porque todas las demandas de Su santidad han quedado satisfechas. En consecuencia, porque Dios es misericordioso, usted puede venir a Él, y por Su gracia, Él le salvará. Usted no necesita llevarle nada, usted no puede llevarle nada, porque cualquier cosa que pudiera llevarle, para Él no tendría ningún valor; sería como trapos sucios o cosas inservibles.

El hacedor de buenas obras suele ser alguien que cree que no necesita la misericordia de Dios, y que sus propias buenas obras le salvarán. En cierta ocasión, un hombre gravemente enfermo, a punto de morir dijo: "Ya no necesito que nadie me diga que necesito a Cristo como mi Salvador y que yo necesito la misericordia y la gracia de Dios. No las necesito. Yo estoy dispuesto a presentarme ante Él tal cual soy". ¿Sabe lo que hacía este hombre? Él era el presidente de varias organizaciones de beneficencia, de orfelinatos, e instituciones de ese tipo. Él era uno de esos que hacían todas esas cosas buenas, y se iba a presentar ante Dios basado en sus buenas obras. Era uno de estos hacedores de buenas obras y se iba a presentar delante de Dios en base a ellas. Estimado oyente, Una salvación basada en el hacer bien no le beneficiará cuando realmente la necesite. Por otra parte, la salvación que Dios provee le permitirá hacer el bien, esa clase de bien que resulta aceptable para Él. Los actos de justicia del hombre son ante Dios, como dijo el profeta Isaías, como trapos de inmundicia.

Así que hemos encontrado que Pablo usó aquí (y por todas las Epístolas Pastorales) expresiones que no veremos en otras partes de sus escritos. Obviamente él habló a estos predicadores jóvenes de una manera más íntima y personal de la que utilizó en sus mensajes públicos o escritos. ¿No le hubiera agradado a usted ser Timoteo, haber viajado con Pablo, y que el gran apóstol le abriera su mente y su corazón? Bien, estimado oyente, el Espíritu de Dios está aquí y nos está hablando a través de esta epístola que Pablo escribió a Timoteo.

Aunque 1ª Timoteo es íntima y personal, tiene que ver con los asuntos de la iglesia local, el cuerpo de los creyentes, tal como se manifiesta en la comunidad. Y aquí quisiera decir, y quizás esto revela nuestra tendencia pastoral, que cada creyente debería estar identificado con alguna iglesia local.

El versículo 2 incluye la frase Dios nuestro Padre. Dios era el Padre de Pablo, era el Padre de Timoteo, y es su Padre, estimado oyente, si usted ha recibido a Cristo. Él es mi Padre porque yo he recibido a Cristo y he sido introducido en la familia de Dios. ¡Qué gran privilegio es este! Pablo había sido un Fariseo, y en el judaísmo nunca había tenido el privilegio de llamar a Dios su Padre.

El versículo 2 termina con la frase y de Cristo Jesús nuestro Señor. Todo lo que se lleva a cabo en la iglesia local requiere ser hecho en el nombre de Cristo y bajo Su mandato. Él es la Cabeza de la iglesia; Él es el Señor. El Señor Jesús dijo, en Lucas 6:46, 46»¿Por qué me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que yo digo? Es como si hubiera dicho: "¿Por qué no me obedecéis?" ¿Podría el decirnos lo mismo hoy a muchos de nosotros? El Señor ha advertido que en el día del juicio se presentarán muchos que dirán: "Señor, hemos hecho esto y aquello, y además otras cosas. Hemos estado sumamente ocupados en tus asuntos". Y Él les tendrá que responder: "Ni siquiera os conozco. No sabía que estabais haciendo eso en Mi nombre porque, sin duda alguna, no buscasteis mi voluntad. No procurasteis obedecerme". Hay que destacar esto que es muy importante. No solo necesitamos llamarle Señor, sino también obedecerle como Señor.

Estimado oyente, por hoy, vamos a detenernos aquí, y Dios mediante, continuaremos nuestro viaje por esta primera epístola del Apóstol Pablo a Timoteo en nuestro próximo programa y, como siempre, le invitamos a que usted nos acompañe.

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