Estudio bíblico de Ezequiel 34-36

Ezequiel 34:1-36:38

Ezequiel 34 - Los pastores falsos de Israel

Los profetas falsos de Israel quedaron en evidencia como mentirosos porque la destrucción de Jerusalén profetizada por Ezequiel se había hecho realidad. Y Dios tenía algo que decir sobre estos profetas falsos. Leamos los versículos 1 y 2 de este capítulo 34:

"Vino a mí palabra del Señor, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho el Señor Dios: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿Acaso los pastores no apacientan a los rebaños?"

Ezequiel no fue el que dijo estas cosas sobre los profetas falsos. Fueron palabras de Dios.

Esta fue la crítica de Dios a los profetas falsos. Ellos no habían comunicado al pueblo la Palabra de Dios. Creemos que ésta aun debería ser la norma para evaluar a un ministro, maestro o predicador. Y dice el versículo 4 de este capítulo 34 de Ezequiel:

"No fortalecisteis a las débiles ni curasteis a la enferma; no vendasteis a la herida ni volvisteis al redil a la descarriada ni buscasteis a la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia."

Todos tenemos nuestras necesidades y lo único que puede satisfacer nuestras profundas necesidades es la Palabra de Dios. Si un maestro no está exponiendo la Palabra de Dios, no está sirviendo a su gente. La Palabra debe ser comunicada tal como ha sido revelada por Dios, sin matizarla, sin endulzarla y sin suavizar el contenido del mensaje que transmite. Ahora, en el versículo 5 dice:

"Andan errantes por falta de pastor y son presa de todas las fieras del campo. ¡Se han dispersado!"

En otras palabras, cuando las personas no están siendo alimentadas espiritualmente en una iglesia, se dispersan. Irán a buscar algún lugar donde las alimenten. No tiene sentido criticarlas, porque quieran ser alimentadas. Esta es también la naturaleza del hijo de Dios, que necesita y quiere escuchar la Palabra de Dios. Y continuó Dios diciendo en los versículos 7 al 10:

"Por tanto, pastores, oíd palabra del Señor: Vivo yo, ha dicho el Señor Dios, que por cuanto mi rebaño fue expuesto al robo, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron a mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos y no apacentaron a mis ovejas; por eso, pastores, oíd palabra del Señor. Así ha dicho el Señor Dios: ¡Yo estoy contra los pastores y demandaré mis ovejas de su mano! Haré que dejen de apacentar mis ovejas, y ya no se apacentarán más los pastores a sí mismos, pues yo libraré a mis ovejas de sus bocas y no les serán más por comida."

Dios consideró responsables a estos pastores falsos y dijo: "Yo estoy contra ellos, y estoy tan opuesto a ellos como lo estoy a cualquier pecador o cualquier pecado. Los voy a tener como responsables".

Leamos ahora el versículo 11 de este capítulo 34, que inicia un párrafo que hemos titulado

El verdadero pastor de Dios

"Porque así ha dicho el Señor Dios: Yo, yo mismo, iré a buscar a mis ovejas, y las reconoceré."

Y aquí tenemos al Pastor de Dios, Jesús, que dijo Yo soy el buen pastor. Ezequiel dijo que Cristo vendría y, estimado oyente, El vendrá otra vez porque aun no ha cumplido todas las profecías sobre su tarea como pastor en esta tierra.

En este punto del relato comenzamos a mirar al futuro. Estas son las palabras de Dios para consolar a los israelitas en su cautiverio, y que ellos debían escuchar. El es el Pastor, el Buen Pastor, el Gran Pastor y el Supremo Pastor de las ovejas. En este versículo 11 dijo iré a buscar a mis ovejas. Y el rey David dijo, en el Salmo 23:1. EL Señor es mi pastor, nada me faltará.

Lo que me llama la atención del resto de este capítulo es la repetición de una hermosa declaración de Dios, y que nos indica lo que El hará, y que se repite 18 veces desde el versículo 11 hasta el 29. A veces uno se cansa de escuchar a las personas hablar de lo que han hecho. Esta declaración, en la que Dios dice lo que hará, tiene un aspecto nuevo. Cuando Dios habla de esta manera, está mostrando Su gracia. El buen Pastor dijo un día: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar Mateo 11:28). El Pastor también dijo: Yo les daré vida eterna y no perecerán jamás (Juan 10 28). Esto es lo que mi Pastor dijo. Ahora, el versículo 12, del capítulo 34 de Ezequiel, dice:

"Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré yo a mis ovejas y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad."

El Buen Pastor vino hace ya más de 2.000 años, y aun dice: Mis ovejas oyen mi voz. ¿Sabe usted por qué ellas oyen Su voz? Hay dos razones: la primera es que Él las está llamando. Y la segunda razón, es que Sus ovejas le conocen. Ellas oyen Su voz y le conocen. ¡Que gran Pastor tenemos! Y continuó diciendo el Pastor en el versículo 13:

"Yo las sacaré de los pueblos y las juntaré de los países; las traeré a su propio país y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas y en todos los lugares habitados del país."

El Pastor estaba hablando sobre la nación de Israel, de lo que El iba a hacer por ellos en el futuro. En ese momento estaban en el cautiverio a causa de su pecado y porque habían escuchado y sido influenciados por los profetas falsos. Pero El dijo: "Yo no terminado aún con ellos. No los he abandonado y tengo la intención de traerlos de regreso a su tierra". Y continuó diciendo en los versículos 14 y 15:

"En buenos pastos las apacentaré y en los altos montes de Israel estará su pastizal; allí dormirán en buen redil y con pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas y les daré aprisco, dice Jehová, el Señor."

El las alimentará con los mejores pastos y cuando se recuesten para descansar, estarán seguras. Obviamente, esto se refiere a un tiempo futuro. La tierra de Israel no puede descansar en paz en la actualidad. Y dijo también en el versículo 16 de este capítulo 34:

"Yo buscaré a la perdida y haré volver al redil a la descarriada, vendaré a la que esté herida y fortaleceré a la débil; pero a la engordada y a la fuerte destruiré: las apacentaré con justicia."

Cuando ha perdido una oveja, este Pastor sale a buscarla hasta que la encuentra. Él hará esto por la nación de Israel, y también lo hará hoy por la Iglesia. Cuando nuestro Señor contó la parábola de la oveja perdida, el pastor tenía cien ovejas y una de ellas se perdió. ¿Y qué hizo el pastor? ¿Acaso se olvidó de ella? O dijo: "Bueno, si una de ellas quiere escaparse, está bien; después de todo, 99 ovejas, ¿no es un buen número para terminar el día"? Pues no. Este pastor dijo: Yo comencé con 100, y voy a terminar con 100". Y, estimado oyente, yo estaré allí, no por méritos personales, no por ser una oveja inteligente (después de todo las ovejas no lo son). Estaré allí porque tengo un gran pastor y El prometió cuidarme una y otra vez. Luego, pasando al versículo 20, de este capítulo 34 de Ezequiel, leemos:

"Por tanto, así les dice el Señor Dios: Yo, yo mismo, juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca"

Dios se va a encargar de separarlas. En Mateo 13, el Señor pronunció la parábola del trigo y la cizaña. Dijo que un hombre sembró buena semilla en su campo, pero un enemigo vino y sembró cizaña entre el trigo. El siervo de aquel hombre dijo: "vayamos y arranquemos la cizaña. Pero el hombre respondió: "no, deja que el trigo y la cizaña crezcan juntos. Yo me encargaré de separarlos". Y me alegra que el efectuar esa separación sea la tarea del Señor. Es asunto suyo. Cuando alguien viene y me pregunta: "¿cree usted que tal persona es creyente?" tengo que contestar que no lo sé. Ese no es mi responsabilidad; es un asunto del Señor. El conoce a los que son Suyos. Y continuó diciendo en los versículos 21 al 24 de este capítulo 34:

"Por cuanto empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis. Yo salvaré a mis ovejas y nunca más serán objeto de rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja. Yo levantaré sobre ellas a un pastor que las apaciente: mi siervo David. Él las apacentará, pues será su pastor. Yo, el Señor, seré el Dios de ellos, y mi siervo David, en medio de ellos, será su gobernante. Yo, el Señor, he hablado."

(El profesor McGee cree que David reinará aquí en esta tierra, a través de la eternidad como un delegado del Señor Jesucristo y que la iglesia estará en la Nueva Jerusalén con el Señor.) En Juan 14:3 el Señor Jesús dijo que el vendría otra vez para recoger a su iglesia. En ese pasaje les dio el motivo a los Suyos, diciéndoles para que donde yo esté, vosotros también estéis. Y también cree el profesor McGee que cuando a través de la eternidad El Señor venga a la tierra, nosotros los creyentes vendremos también, pero de visita.

Y en el versículo 24, en las palabras Yo, el Señor, he hablado, encontramos como una ratificación de que El no ha terminado con el pueblo de Israel. Y continuó diciendo en el versículo 25:

"Estableceré con ellos un pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras; habitarán en el desierto con seguridad y dormirán en los bosques."

Es interesante notar que la tierra y el pueblo van juntos en la Biblia. Cuando ellos estén en la tierra y sean bendecidos, ello significará que el pueblo se encuentra en la debida relación con Dios. Y el versículo de este capítulo 34 añade:

"No serán más por presa de las naciones ni las fieras del país las devorarán, sino que habitarán con seguridad y no habrá quien las espante."

En contraste con su situación actual, cuando tengan una relación con Dios, El los cuidará, tal como lo ha prometido.

Llegamos así al,

Ezequiel 35

Los capítulos 35 y 36 tratan sobre la futura restauración de Israel. Hay dos eventos que tienen que ocurrir antes que el pueblo pueda ser restaurado a su tierra en paz. Edom tiene que ser juzgado, y los pecados pasados deben ser juzgados, castigados y perdonados. El juicio predicho aquí fue cumplido sobre Edom, pero es también profético del juicio que está reservado para los enemigos de Israel, que es aun futuro para nuestra época. Así que en el primer párrafo, tenemos a

Edom juzgado

El capítulo 35 anuncia el juicio y traslado del Monte Seir (o Edom), que debe tener lugar antes de que Israel sea restaurado a la tierra. Leamos los versículos 1 al 4 de este capítulo 35:

"Vino a mí palabra del Señor, diciendo: Hijo de hombre, pon tu rostro hacia el monte Seir y profetiza contra él, diciendo: Así ha dicho el Señor Dios: He aquí, yo estoy contra ti, monte Seir; extenderé mi mano contra ti y te convertiré en un desierto desolado. Tus ciudades asolaré, quedarás desolado y sabrás que yo soy el Señor."

Así que estos versículos se refieren a Edom, y en Edom se encontraba la ciudad labrada en la roca, conocida como Petra. La ciudad aun se encuentra allí, pero es difícil encontrar un área más desolada que ella. Y continúa diciendo el versículo 5:

"Por cuanto tuviste enemistad perpetua y entregaste a los hijos de Israel al poder de la espada en el tiempo de su aflicción, en el tiempo en que su maldad fue consumada"

Dios presentó el motivo para el juicio de Edom. Edom era el pueblo que provenía de Esaú, el hermano de Jacob. Esaú era el enemigo más implacable de Jacob, y el pueblo de Edom, probablemente perjudicó al pueblo de Israel más que cualquier enemigo que ellos tuvieran. Edom representa al enemigo de Dios hoy en el mundo, ese enemigo que se levantará contra Dios en los últimos días, bajo el Anticristo. Y el versículo 9 añade:

"Yo te pondré en perpetua desolación, y tus ciudades nunca más se restaurarán. Y sabréis que yo soy el Señor."

Ezequiel había mencionado anteriormente el juicio sobre Edom en 25:12-14. ¿Por qué lo mencionó aquí nuevamente? Creemos que fue para mostrar que Dios tiene un programa para los israelitas. Ellos serán restaurados a la tierra, un lugar de bendición. Serán establecidos en esa tierra, pero en paz. Sin embargo, el enemigo estará aun cerca, y Dios entonces juzgará al enemigo. El pueblo estará otra vez en la tierra adorando a Dios, viviendo en paz y bendición. Llegamos así al

Ezequiel 36 - Los pecados pasados de Israel serán juzgados y perdonados

antes que ese pueblo pueda ser restaurado a la tierra. Dice el versículo 5 de este capítulo;

"Por eso, así ha dicho el Señor: He hablado de cierto en el fuego de mi celo contra las demás naciones y contra Edom, las cuales, con mucho regocijo y enconamiento del ánimo, se disputaron mi tierra por heredad, para que los expulsados de ella fueran presa suya."

Dios está decidido a impedir que los malvados hereden la tierra. En Mateo 5:5 El Señor ha dicho con toda claridad que los humildes heredarán la tierra. Y ellos no la están heredando en la actualidad. Los malvados son los que mayormente la heredan, y los que están prosperando.

Este capítulo contiene la profecía sobre el hecho de que la tierra de Israel va a ser restaurada. Todo lo que uno tiene que hacer es viajar por esa tierra para comprobar que esta profecía aun no se ha cumplido. A muchas personas les agrada pensar que pueden ver la profecía cumplida por todas partes. Pero cuando Dios traiga a ese pueblo de regreso a la tierra, esa tierra será bendecida. Y no está siendo bendecida en la actualidad. Y en los versículos 6 al 8, de este capítulo 36, leemos:

"Por tanto, profetiza sobre la tierra de Israel, y di a los montes y a los collados, a los arroyos y a los valles que así ha dicho el Señor Dios: He aquí, en mi celo y en mi furor he hablado, por cuanto habéis cargado con la calumnia de las naciones. Por lo cual, así ha dicho el Señor Dios: Yo he alzado mi mano, he jurado que las naciones que están a vuestro alrededor han de cargar con su desprecio. Pero vosotros, montes de Israel, daréis vuestras ramas y llevaréis vuestro fruto para mi pueblo Israel, porque están a punto de llegar."

Veamos la frase están a punto de llegar. Aquí podríamos traducir "porque pronto vendrán". "Pronto" para Dios es diferente de lo que significa para nosotros; después de todo, para Él un día es como 1.000 años. Leamos otra profecía en los versículos 16 al 18:

"Vino a mí palabra del Señor, diciendo: Hijo de hombre, mientras la casa de Israel habitaba en su tierra, la contaminó con su mala conducta y con sus obras; como inmundicia de menstruosa fue su conducta delante de mí. Y derramé mi ira sobre ellos por la sangre que derramaron sobre la tierra, porque con sus ídolos la contaminaron."

Como ya hemos dicho anteriormente, el pueblo y la tierra son considerados juntos. La ley de Moisés no sólo fue dada para el pueblo, sino también para la tierra. Y el versículo 19 añadió:

"Los esparcí por las naciones y fueron dispersados por los países; conforme a su conducta y conforme a sus obras los juzgué."

Pero, tomemos nota de lo que continuó diciendo en los versículos 21 al 23 de este capítulo 36:

"Pero he sentido dolor al ver mi santo nombre profanado por la casa de Israel entre las naciones adonde fueron. Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho el Señor Dios: No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado. Santificaré mi gran nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas. Y sabrán las naciones que yo soy el Señor, dice el Señor Dios, cuando demuestre mi santidad en vosotros delante de sus ojos."

Dios aún tiene que defender Su nombre en esta tierra. Hay muchas personas que ridiculizan hoy a la iglesia y a la gente que forma parte de la misma. Y blasfeman contra Dios a causa de ella. Dios se va a justificar a Sí mismo en esta tierra, y va a demostrar aquí Su santidad. Muchos hoy usan Su nombre en vano, pronunciando Su nombre a la ligera. Dios dijo que esa situación se iba a terminar, y Su nombre va a ser honrado. Es que tenemos que ser conscientes de que éste es Su mundo. Escuchemos lo que Dios dijo en el versículo 26 de este capítulo 36 de Ezequiel.

"Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne."

O sea, que Dios dijo lo que iba a hacer. Iba a tener lugar un cambio. Por eso dijo Os daré un corazón nuevo. Ellos iban a nacer de nuevo espiritualmente. Y continuó diciendo en el versículo 27:

"Pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis estatutos y que guardéis mis preceptos y los pongáis por obra."

Esto fue lo que Joel quiso decir en su profecía; llegaría un día en el cual Dios derramaría Su Espíritu sobre todo ser humano, no solo sobre algunos. En el día de Pentecostés, el Espíritu fue derramado sobre unos pocos. Todo lo que el apóstol Pedro dijo en ese día fue: "no nos ridiculicéis diciendo que estamos ebrios. Esto es como lo que dijo el profeta Joel, que va a ocurrir en los últimos días". El Espíritu había venido sobre algunos, y hoy Dios está llamando a un pueblo que se forma en Su nombre. En el momento en que usted se vuelve a Cristo, es regenerado por el Espíritu Santo; usted es habitado y bautizado por el Espíritu Santo, y colocado, unido al cuerpo de los creyentes. Dios dijo: en aquel día...pondré dentro de vosotros mi Espíritu. Y dijo además en los versículos 28 y 29:

"Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios. Yo os guardaré de todas vuestras impurezas. Llamaré al trigo y lo multiplicaré, y no os expondré más al hambre."

Así que ellos habitarán en la tierra, y en ella habrá prosperidad. Dios les ha prometido bendiciones físicas, así como a nosotros nos ha prometido bendiciones espirituales. Y este capítulo 36 concluye con esta gran profecía, que leemos en los versículos 35 al 38:

"Y dirán: Esta tierra desolada se ha convertido en un huerto de Edén, y estas ciudades arruinadas, desoladas y destruidas, están fortificadas y habitadas. Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado y planté lo que estaba desolado; yo, el Señor, he hablado, y lo haré. Así ha dicho el Señor Dios: Aún me suplicará la casa de Israel, para que les haga esto: multiplicaré los hombres como se multiplican los rebaños. Como las ovejas consagradas, como las ovejas de Jerusalén en sus fiestas solemnes, así las ciudades arruinadas serán llenas de rebaños de seres humanos. Y sabrán que yo soy el Señor."

Fue significativa esta frase Y dirán: "Esta tierra desolada se ha convertido en un huerto del Edén. No creemos que hoy pueda decirse esto de esa tierra.

Y dijo además, Y sabrán que yo soy el Señor. No lo saben hoy en Israel, ni en el mundo de nuestra época. Pero ese día se acerca, en el que ese pueblo sabrá que El es el Señor. Dios mediante, en nuestro próximo programa, vamos a ver lo que dice el capítulo 37, donde encontramos esa maravillosa profecía del valle de los huesos secos y esperamos, estimado oyente, que nos acompañe en este estudio.

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