Estudio bíblico de Daniel 7:1-6

Daniel 7:1-6

El capítulo 7 inicia una sección nueva y diferente en el libro de Daniel. Los primeros seis capítulos contienen la noche histórica con la luz profética y en los últimos tres capítulos, comenzando aquí con el capítulo 7, tenemos la luz profética en la noche histórica. Mientras que en la primera sección del libro el énfasis recayó en la historia, el énfasis a partir de ahora recaerá en lo profético, aunque aún incluyendo los antecedentes históricos.

Dios le dio a Daniel, varias visiones de cuatro bestias notables. Daniel tuvo estas visiones en períodos diferentes. La visión del capítulo 7 tuvo lugar en el primer año del rey Belsasar. En el capítulo 8 la visión fue contemplada en el tercer año del rey Belsasar. En el capítulo 9, ocurrió en el primer año de Darío; en el capítulo 10 fue en el tercer año de Ciro; y en los capítulos 11 y 12 la visión fue vista en el primer año de Darío. Daniel no registró estas visiones en la sección histórica sino que reunió estas visiones proféticas incluyéndolas en la segunda sección de su libro.

Los temas que abarca la totalidad de este capítulo son los siguientes: (1) La visión de Daniel de las cuatro bestias (versículos 1 al 8); (2) la visión del Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo (versículos 9 al 18) y, finalmente (3) La explicación de la cuarta bestia (versículos 19 al 28). En nuestro programa de hoy nos concentraremos en la primera visión. Por lo tanto, pasemos ahora a considerar:

La visión de Daniel de las cuatro bestias

Nabucodonosor de Babilonia era un hombre brillante que se encontró a sí mismo elevado a la posición del primer gran gobernante mundial, tenía territorio en tres continentes. Había conquistado Egipto en el norte de África, y también tenía territorio en Europa. Él tenía un imperio enorme, el más grande que el mundo jamás había conocido. Pero Nabucodonosor se preocupaba por el futuro. ¿Qué le sucedería a él y a su imperio? Como ya hemos visto anteriormente, tuvo un sueño sobre una imagen fabricada de varios metales, y por medio de Daniel Dios le dio la interpretación del sueño (como podemos ver en Daniel 2).

Había cuatro clases de metales en la imagen soñada por Nabucodonosor, no cinco, sino cuatro metales. La visión de Daniel de las bestias abarcó cuatro bestias: el león, el oso, la pantera (o leopardo) y una bestia compuesta, considerada como una bestia que no se puede definir. Esta última era un animal de aspecto salvaje que nunca había sido visto en la tierra, en el mar o por el aire. Simplemente no existía como una bestia real. No creemos que Daniel haya dormido mucho esa noche. ¡Probablemente tuvo una mejor noche de descanso en el foso de los leones que en la noche que tuvo este sueño!

Imaginamos que después de que Dios le mostró el sueño y su interpretación, Daniel quedó bastante desconcertado. Como buen estudiante y seguidor del Antiguo Testamento, Daniel sabía los términos del pacto que Dios había hecho con David, de que Alguien vendría de su línea de descendencia y se convertiría en un gobernante mundial. Ahora, con los cuatro reinos del sueño de Nabucodonosor delante de él, se preguntó cómo el plan de Dios y Su programa de traer a un gobernante mundial descendiente de David encajaría en todo este escenario. En el resto del libro, Daniel iba a responder a esta pregunta. Nos daría historia mundial preescrita. Historia que se ha cumplido hasta el más mínimo detalle por dos mil quinientos años transcurridos desde el tiempo en que fue escrita.

Dios habló a Daniel por medio de la visión de las cuatro bestias para satisfacer su corazón y darle la explicación que necesitaba. En la visión de Daniel de las varias clases de metales, quedó demostrado el esplendor exterior y la gloria de los reinos porque Dios sabía que ese detalle atraería la atención de Nabucodonosor. Pero en la visión que Dios dio a Daniel, Dios le permitió penetrar en el carácter interior, el verdadero carácter de estos reinos. ¿Qué eran estos reinos? Eran como bestias salvajes, carnívoros por naturaleza, y cada uno de ellos era un asesino destructor, un depredador.

Las cuatro bestias de la visión de Daniel, por supuesto, se correspondían con los cuatro metales de la imagen de la visión de Nabucodonosor. En su libro "El declive y caída del Imperio Romano" el historiador Edgard Gibbon, que no era cristiano declaró: "Los cuatro imperios han sido claramente delineados; y los ejércitos invencibles de los romanos han sido descritos con tanta claridad en las profecías de Daniel, como en las historias de Justino y Diodoro". Vamos a leer un gráfico breve que resume y compara la imagen de varios metales con la visión de las cuatro bestias:

Imagen de varios metales - Cuatro bestias - Naciones designadas

Cabeza de oro - león - Babilonia

Pecho, Brazos de plata - oso - Medo-Persia

Vientre y muslos de bronce - leopardo - Greco-Macedonia

Piernas de hierro: - Pies de hiero y arcilla - bestia compuesta - Roma

Leamos entonces el versículo 1 de este séptimo capítulo del libro de Daniel:

"En el primer año de Belsasar, rey de Babilonia, tuvo Daniel un sueño y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribió el sueño y relató lo principal del asunto."

El tiempo de la visión fue señalado con precisión para nosotros como el primer año del rey Belsasar; es decir, hacia el final del tiempo en que la cabeza de oro o Babilonia estaba gobernando el muro. Belsasar estaba reinando en Babilonia la noche en que un general persa llegó con su ejército y penetró bajo las murallas de la ciudad, por donde el fluyó una vez el canal, y conquistó la ciudad.

El término "visiones" aquí sugiere que las primeras tres bestias le fueron mostradas en la primera visión, y que la segunda visión se refería solamente a la cuarta bestia, y que la tercera visión era una escena en el cielo. Por lo tanto, hubo realmente tres visiones que quedaron aquí registradas.

Luego dice aquí "que escribió el sueño". Daniel estaba en ese tiempo en la oscuridad de Babilonia, y creemos que tenía más oportunidades de dedicar su atención a la Palabra de Dios y a escribir. Quizás fue en este período que registró la primera parte del libro de Daniel. Continuemos leyendo el versículo 2 de este séptimo capítulo de Daniel:

"Daniel dijo: Miraba yo en mi visión de noche, y vi que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar."

Aparentemente los cuatro vientos se desataron "en el gran mar", es decir, sobre el Mar Mediterráneo, porque ése es el nombre que se le dio. Los "vientos" hablan de agitación, propaganda, opinión pública y disturbios. "El mar", sugiere las masas, la multitud, y los pueblos de las naciones (ver Mateo 13:47, Apocalipsis 13:1, Isaías 57:20). (Y en Apocalipsis 17:1 y 15, dicen: Vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas y habló conmigo, diciendo: Ven acá y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas, (es decir las naciones no judías). Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas.) Por lo tanto, el mar es este conglomerado de la población de naciones no judías de todo el mundo.

Por lo general, el viento sopla solamente desde una dirección a la vez; pero aquí en este pasaje vemos un tornado de gran violencia, con el viento viniendo de todas direcciones. Aquí la imagen se refiere no sólo a las condiciones turbulentas de las cuales surgieron estas naciones, pero especialmente a la última etapa del último reino (versículos 11, 12, 17), en la cual ciertas ideologías pugnarán por conquistar los pensamientos de las multitudes inquietas de todos los pueblos y naciones. En la actualidad nos encontramos en la última etapa del cuarto reino. Aparentemente estamos muy cerca del tiempo en el que el Imperio Romano será reunido nuevamente. En cierta manera aún existe en las naciones europeas que formaron parte del Imperio Romano (Italia, Francia, Alemania y España). Todo lo que se necesita es alguien que reúna dicho imperio otra vez. Parece que nos encontramos cerca de esa época. Pero creemos que no debemos tratar de especular en cuanto a esta posibilidad.

Así que todas estas naciones van a ser reunidas una vez más, con sus diferentes ideologías, formas de gobierno y puntos de vista. En este momento deberíamos llamar la atención al paralelo mortal que existe entre las circunstancias aquí descritas y nuestra situación mundial contemporánea. Ésa es la razón por la cual decimos que aparentemente nos estamos acercando al final de esta época. Continentes enteros se están hoy despertando, y todos están pidiendo ocupar un lugar en el escenario mundial. Pueblos que por siglos han tenido una civilización primitiva han sido repentinamente catapultados a la época contemporánea. Los artilugios contemporáneos de comunicación y armamentos han cambiado la forma de pensar de las multitudes. Nuevas ideologías han captado sus mentes, y nuestro perturbado mundo está intentando desesperadamente evitar una tercera guerra mundial.

Es el "cuerno pequeño" mencionado en este capítulo, el que tendrá éxito al captar las mentes de las multitudes. El fue descrito en el versículo 8 de este capítulo, como teniendo "una boca que hablaba con gran insolencia". Cuando él aparezca, causará una excelente impresión al mundo. Será el hombre de Satanás. El Señor Jesús dijo en Juan 5:43, "43Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viniera en su propio nombre, a ése recibiríais."

En la actualidad el humanismo está alabando por todas partes a la humanidad. El nombre de algunas personas es elogiado hasta grandes extremos, y se las idealiza, se las idolatra. Y como resultado final, se corrompe a tales personas. Y al fin, todo aquello que corrompió a las grandes civilizaciones del pasado, está corrompiendo en la actualidad nuestros principios morales.

Incluso, aquellos que más hablan sobre la libertad se dejan esclavizar por hábitos, patrones culturales, ideologías de otros contextos sociales, vicios y pecados. Al final uno ansía contemplar y ver donde se encuentra esa tan proclamada libertad. La gente en general se deja hoy lavar el cerebro con relativa facilidad. Pero lo cierto es que todos estaríamos hoy mucho mejor si nos dejáramos convencer e influenciar por la Palabra de Dios.

Ésta es la terrible imagen y la preocupante escena que Daniel nos estaba presentando. Pero no queremos ser mal entendidos. No estamos diciendo que lo que estamos viendo en la actualidad es el cumplimiento de la profecía. Estamos simplemente diciendo que los vientos están comenzando a soplar; y puede que la tempestad sea bastante prolongada. Continuemos leyendo el versículo 3 de este séptimo capítulo de Daniel:

"Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar."

Cada una de estas cuatro bestias era diferente a las demás: así es que vemos al león, al oso, al leopardo, y a la bestia con diez cuernos. Nunca hemos visto una bestia con diez cuernos, excepto en este libro de Daniel. Estas bestias representaban los reinos formados por muchos pueblos, lenguas y naciones. Y dice el versículo 4 de este séptimo capítulo:

"La primera era como un león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta que sus alas le fueron arrancadas; fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies, a manera de hombre, y se le dio corazón de hombre."

El león con alas de águila representaba a Babilonia en particular. El rey Nabucodonosor también estaba representado, ya que el versículo 17 aclaró que las cuatro bestias representaban a cuatro reyes.

Este león tenía alas de águila, lo cual lo convertía en un león fuera de lo normal. Estas alas de águila denotaban la capacidad que tenía Babilonia para desplazar a su ejército rápidamente, lo que ha constituido el secreto de cualquier potencia mundial a través de la historia. A un gran soldado del pasado se le preguntó cuál era la fórmula para ganar batallas. Y él contestó: "El que va a ganar es aquel que llega al lugar primero y con los mejores efectivos militares". Nabucodonosor tenía la habilidad de desplazar a sus ejércitos rápidamente, y esa estrategia fue la que le llevó a conquistar el poder mundial. Ése también fue el secreto de Alejandro Magno, de los césares Romanos y, por supuesto, de Napoleón. Dice el versículo 4 que al león, "sus alas le fueron arrancadas". Esto se refiere evidentemente a la humillación de Nabucodonosor en su período de enfermedad mental y de pérdida de identidad.

Dice aquí que esta bestia "fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies, a manera de hombre". Esta frase se refiere a la restauración de Nabucodonosor que se convirtió en una bestia y actuó como tal, pero su mente fue restaurada y sanada.

Dice también aquí que "se le dio corazón de hombre". Creemos que esto se refiere a la conversión de Nabucodonosor. Creemos que él llegó a conocer al Dios vivo y verdadero.

"El león" era el símbolo de la cabeza de oro, Babilonia. En la actualidad aquella ciudad se halla reducida a un montón de ruinas. Pero, como predijo Jeremías, esas mismas ruinas ofrecen un testimonio elocuente de la gloria que le perteneció en el pasado. Entre dichas ruinas uno puede ver a un león orgulloso colocado sobre un pedestal; era el símbolo que representó a aquel gran imperio. Las excavaciones en la ciudad de Babilonia han revelado la gloria y majestuosidad que allí se vivió y expresó. Los jardines colgantes de Babilonia fueron una de las siete maravillas del mundo antiguo. Nabucodonosor se había casado con una joven de la zona montañosa del país, pero como Babilonia fue construida en una llanura, el rey construyó para aquella joven los jardines colgantes, para que ella no sintiera nostalgia. Aquella fue una obra de gran belleza. También había allí un gran zigurat, que evidentemente siguió el modelo de la torre de Babel, fabricado de ladrillo, y que consistía en una torre escalonada y piramidal, con una escalera de caracol que subía hasta su parte más alta. Allí en esa parte alta había altares en los cuales se ofrecían sacrificios humanos. Los Babilonios también tenían un sistema postal que nadie había podido superar. Tenían bañeras con tuberías de bronce. Eran un pueblo culto y la ciudad tenía entre sus edificios una gran biblioteca. Alrededor de la ciudad se alzaba una muralla de 90 m. de alto, lo suficientemente alta como para que cuatro carros de guerra pudieran marchar juntos uno al lado del otro, en línea, y que protegía adecuadamente toda la ciudad.

Mientras que la cabeza de oro de la imagen de los varios metales representaba la gloria exterior de esta avanzada civilización, la naturaleza cruel del león describía el paganismo brutal de este reino, que se encuentra claramente ilustrado en los capítulos 2 y 3 de este libro de Daniel. Recordemos que al principio dijimos que en la visión de Daniel de las varias clases de metales, quedó demostrado el esplendor exterior y la gloria de los reinos porque Dios sabía que ese detalle atraería la atención de Nabucodonosor. Pero en la visión que Dios dio a Daniel, Dios le permitió penetrar en el carácter interior, el verdadero carácter de estos reinos. ¿Qué eran estos reinos? Eran como bestias salvajes, carnívoros por naturaleza, y cada uno de ellos era un asesino destructor, un depredador.

Leamos el versículo 5 de este capítulo 7 de Daniel para ver la segunda bestia:

"Vi luego una segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro. En su boca, entre los dientes, tenía tres costillas; y se le dijo: Levántate y devora mucha carne."

El oso, que representaba el imperio mundial de Media y Persia, correspondía a los brazos de plata de la imagen de Nabucodonosor. Como se levantaba sobre uno de sus costados, la imagen era ambidextra. Primero golpeó con el fuerte brazo izquierdo de los Medas, conquistando Babilonia; después continuó su acción con un fuerte golpe del brazo derecho los Persas, que conquistó a Egipto y al resto del mundo, que había estado dominado por Babilonia.

Dice aquí que "En su boca, entre los dientes, tenía tres costillas". Estos fueron los tres reinos que constituyeron el imperio: o sea, Babilonia, Lidia y Egipto.

No había alas en este oso y se le dijo: "Levántate y devora mucha carne". El ejército de los Medos y los Persas avanzaba pesadamente, como un gran oso, produciendo un ruido sordo y continuo, ya que los soldados hasta llevaban a sus familias consigo. Y fue Jerjes el que condujo a unos 300.000 hombres, y 300 barcos contra Grecia en el desfiladero de las Termópilas y fue derrotado. Su flota fue destruida por una tempestad, porque Dios no tenía la intención de que el Este controlara al Oeste en esa época en particular. Continuemos pues nuestra lectura leyendo el versículo 6 de este séptimo capítulo de Daniel:

"Después de esto miré, y otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas. Esta bestia tenía cuatro cabezas; y le fue dado dominio."

"Leopardo" aquí quedaría quizás mejor traducido como "pantera". Una pantera, que salta de forma imprevista sobre su presa indefensa, representa al Imperio Greco-Macedónico de Alejandro Magno.

Dice aquí que tenía "cuatro alas". Este detalle acentúa más la capacidad de Alejandro para desplazar a su ejército con rapidez y para golpear repentinamente. En comparación, habría hecho parecer al ejército de Nabucodonosor como si fuera lento. Las naciones poderosas que han obtenido un dominio mundial han desarrollado la capacidad de desplazarse y atacar con gran rapidez. En nuestra época, la carrera armamentística para perfeccionar los misiles es un refinamiento más en el proceso de añadir, figurativamente hablando, más "alas" a una nación.

Las "cuatro cabezas" describían la división del imperio de Alejandro en el momento de su muerte cuando tenía unos 30 años de edad. Babilonia había caído en medio de una orgía de ebriedad y desenfreno y así también le sucedió a Alejandro: ambos acabaron de la misma manera. Después de la muerte de Alejandro, cuatro de sus generales dividieron el imperio mundial que él había formado, porque cada uno de ellos sabía que no podía controlar la totalidad del imperio. Casandro se hizo cargo de Macedonia; Lisímaco tomó Asia Menor; Seleuco se quedó con Siria y de la cual surgió el "cuerno pequeño" de Daniel 8, que fue Antíoco Epífanes, que causó tantos estragos en el templo de Jerusalén, y finalmente, Tolomeo se hizo cargo de Egipto y, por supuesto, Cleopatra llegaría más delante de esa línea.

La Biblia no nos dejó el registro histórico del reino Greco-Macedónico. Este reino cayó cronológicamente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, es decir, en el período conocido como el período intertestamentario. Sin embargo, fue en ese período cuando el remanente judío de Palestina soportó el mayor sufrimiento bajo las naciones de Egipto y Siria.

Dios mediante, en nuestro próximo programa, continuaremos considerando este capítulo 7 de Daniel, y esperamos que continúe acompañándonos en este recorrido por este interesante libro del Antiguo Testamento. Así que, en nuestro próximo encuentro veremos el desarrollo de la cuarta bestia de esta visión. Y por ello le sugerimos, estimado oyente, que lea anticipadamente los restantes versículos de este capítulo 7, para estar más familiarizado con su contenido.

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