Estudio bíblico de Hebreos 7:3-19

Hebreos 7:2-19

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por esta epístola a los Hebreos. Para retomar la línea de pensamiento que nos viene del principio de este capítulo vamos a leer nuevamente el versículo 2 de este capítulo 7, que comenzamos en el programa anterior. Recuerde usted que estábamos hablando de Melquisedec,

"A él asimismo dio Abraham los diezmos (es decir la décima parte) de todo. Melquisedec significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz."

Algunos han supuesto que Salem se refería a la ciudad de Jerusalén. No creemos que sea así. Salem no era un lugar, ya que aquí se aclaró que esa palabra significaba "paz". El escritor no dijo que Melquisedec era el rey de Jerusalén. Era el "rey de paz"; fue un hombre que pudo lograr la paz en aquel tiempo. Estamos seguros de que era rey de una ciudad literal de alguna región, pero aquí nunca se dijo que fuera rey de Jerusalén. Así que el pasaje define claramente su carácter al llamarlo "rey de paz."

Aquí hemos leído que Melquisedec fue también el Rey de Justicia, ya que eso es lo que significa Melquisedec; "Melec" es una palabra hebrea que significa "rey", y "tsedec" significa "justicia". Jeremías nos habló de "Jehová, justicia nuestra" (como podemos leer en su capítulo 33 versículo 16).

Como dijimos anteriormente, Melquisedec fue un tipo o figura de Cristo. El representó a Cristo de varias maneras diferentes. Él fue un rey de paz y un rey de justicia. En cuanto al Señor Jesucristo, podemos decir que Él es un Rey. Él es justicia. El apóstol Pablo dijo en su primera carta los Corintios, capítulo 1, versículo 30, que Dios ha hecho a Cristo Jesús nuestra justificación.

Y este versículo añadió que Melquisedec fue "un sacerdote del Dios Altísimo". Y podemos decir que el Señor Jesucristo es nuestro Gran Sumo Sacerdote.

Ahora en esta cita del incidente del Antiguo Testamento, el detalle interesante fue que cuando Melquisedec salió para encontrarse con Abraham, trajo pan y vino. Ahora, creemos que estos dos personajes tan respetables del Antiguo Testamento, aquellos patriarcas, celebraron juntos la Cena del Señor. Ellos se estaban proyectando al futuro, a la venida de Cristo, 2.000 años antes de que Él viniera a este mundo. En la actualidad, usted y yo nos reunimos para participar del pan y del vino, mirando hacia atrás en el tiempo a la venida de Cristo hace más de 2.000 años.

Este hecho lo contemplamos con admiración, temor reverencial y adoración. A veces la revelación Bíblica incluye verdades y eventos que tienen un significado profundo, que a nuestra mente le resulta imposible abarcar, comprender o explicar, a no ser que contemos con la guía y ministerio didáctico del Espíritu Santo de Dios. Es en pasajes como éste que la fe transita por lugares muy elevados.

Vamos a leer entonces el pasaje específico que tenemos que abarcar hoy con nuestro estudio. Leamos el versículo 3 de este séptimo capítulo de Hebreos:

"Nada se sabe de su padre ni de su madre ni de sus antepasados; ni tampoco del principio y fin de su vida. Y así, a semejanza del Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre."

Ahora, Melquisedec es aquí una figura de Cristo y en otra manera un tipo de Cristo. El Señor Jesucristo proviene de la eternidad, y se dirige hacia la eternidad. No tiene principio, ni fin. Él es el principio; y Él es el fin. Uno no puede ir más allá de Él en el pasado, y no puede proyectarse más adelante que Él en el futuro. Jesucristo abarca todo el tiempo y toda la eternidad. Ahora, ¿cómo puede uno encontrar a un hombre que ilustre esta realidad? Melquisedec se encuentra mencionado en el libro de Génesis, que es un libro que da los antecedentes de las personas. Allí leemos que Adán engendró a un hombre, que éste engendró a otro y así sucesivamente. Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob y Esaú, y así uno puede continuar siguiendo la genealogía. Por ello decimos que Génesis es el libro de las familias. Sin embargo en este libro que presenta las genealogías, Melquisedec simplemente aparece en las páginas de las Escrituras proveniente de un lugar desconocido y luego sale de las páginas de las Escrituras hacia un lugar también desconocido, y ya no le vemos más. ¿Por qué dejó Dios fuera la genealogía de Melquisedec? Por la profecía expuesta en el Salmo 110 vemos que Melquisedec es una figura de Cristo en el sentido en que Él es el Dios eterno, y Él es también un sacerdote porque es el Hijo de Dios, y Él es un sacerdote que sirve continuamente. Es decir, que Él continúa siendo un sacerdote. Y no habrá cambios en Su sacerdocio porque Jesucristo es eterno.

En el relato del Génesis vimos que Melquisedec vino a ver a Abraham justamente en el momento oportuno. Abraham iba a ser probado, y necesitaba que alguien lo animara y le fortaleciera. Melquisedec vino trayendo pan y vino, y era sacerdote "del Dios Altísimo". Ésta fue la primera vez en la Biblia en que Dios fue llamado "el Dios Altísimo". Melquisedec vino precisamente cuando el rey de Sodoma le estaba proponiendo algo a Abraham. Debió decirle algo como esto: "Abraham, fue una acción muy buena la de rescatar a Lot y al resto de la gente y nosotros estamos muy agradecidos por ello. Sabemos que tú no quieres convertir a esta gente en esclavos. Así que entréganos pues, a la gente, y tú puedes guardarte el botín; es todo tuyo. Porque según el código de Hammurabi de aquellos tiempos, la ley de la guerra establecía que el botín pertenecía a Abraham". Pero Abraham le respondió: "¿Por qué? Yo nunca haría eso. Yo ni siquiera tomaría la correa de un zapato, ni incluso un hilo. Me niego a recibir algo de ti" (como podemos leer en el libro del Génesis 14:23.) Después Dios se le apareció a Abraham y le dijo: "Yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande".

Melquisedec vino y sirvió a Abraham, el Señor Jesucristo es el Gran Sumo Sacerdote, y Él nos sirve a nosotros en la actualidad. Estamos hablando francamente. Si Él no le está sirviendo, no le está ministrando a usted, y si Él no está bendiciendo su corazón y su vida, es porque usted, espiritualmente hablando, aún es un niño que no ha crecido. Usted no ha interiorizado esta gran verdad que tenemos aquí. Amigo cristiano, ¿Ha pasado usted a través de las pruebas, de las aguas profundas, y el Señor Jesucristo le ha servido, le ha ministrado a usted, le ha ayudado? ¿Es usted consciente del hecho de que Él le bendice cada día?

A veces tenemos que pasar por momentos difíciles. No nos sentimos bien, nos sentimos enfermos o no nos sentimos en condiciones de desarrollar nuestras actividades normales. Pero al mismo tiempo reconocemos que en esas circunstancias podemos decir que Dios es bueno y que lo demuestra de diversas maneras. Y somos conscientes del hecho de que nuestro Sumo Sacerdote está activo, está realizando Su trabajo, y nos está bendiciendo. Estamos hablando de una realidad de la vida diaria, no de una teoría ni de una religión, ni de un determinado ritual por el que usted tiene que pasar. Estimado oyente, le estamos hablando sobre un Hombre que se encuentra en la gloria y que está vivo, es el Dios viviente. ¿Es Él un Dios vivo para usted?

Notemos lo que Melquisedec dijo en Génesis capítulo 14 y versículo 19: "Y le bendijo, diciendo: bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra". Usted y yo vivimos en un universo que le pertenece a Él. Él es el dueño y ha dicho que hoy, todas las cosas son nuestras. ¿Disfruta usted amigo oyente, de un amanecer o de un atardecer? ¡Qué hermoso es poder observar cuando el sol se pone, cuando los últimos rayos del sol iluminan las nubes produciendo colores tan hermosos! ¡Que magnífica representación de la naturaleza nos ha ofrecido! Cuantas veces habremos exclamado, ¡qué hermoso día! Él es el Cristo viviente, y le damos gracias por habernos permitido vivir otro día, y por haber sido tan bueno con nosotros. Sólo nos resta decirle que le amamos. Porque el Cristo vivo se encuentra allí en las alturas a la derecha de Dios. Estimado oyente, permítanos preguntarle: ¿cuán real es Él para usted?

Continuemos leyendo el versículo 4 de este séptimo capítulo, que comienza a presentarnos la verdad de que:

Cristo es un sacerdote perfecto

"Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos (o la décima parte) del botín."

Abraham honró y pagó la décima parte del botín a Melquisedec. Reconoció que aquel personaje estaba por encima de él y que era un sacerdote del Dios Altísimo. Continúa diciendo el versículo 5 de este séptimo capítulo de Hebreos:

"Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la Ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también sean descendientes de Abraham.

Estimado oyente, una de las formas por las cuales usted reconoce el señorío del Señor Jesucristo es cuando viene y le entrega a Él una ofrenda. Y cada ofrenda tendría que ser más que simplemente un donativo dirigido a una iglesia o a cualquier otro ministerio. Debería ser una ofrenda al Señor Jesucristo. Usted reconoce Su señorío, y es un sacerdote adorando cuando le trae a Él una ofrenda. Continuemos leyendo el versículo 6:

"Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos y bendijo al que tenía las promesas."

Uno pensaría que Abraham sería superior a Melquisedec, pero no fue así. Melquisedec era un gentil (es decir, un no judío) que era un sacerdote del Dios altísimo. No sabemos de donde obtuvo esa información sobre Dios, ni conocemos los antecedentes de este hombre. Y si alguien trata de darle más información sobre él, simplemente estaría especulando o suponiendo. También hay muchas cosas en cuanto al Señor Jesucristo que no podemos explicar, porque Él es Dios, pero sí sabemos que Él es hoy nuestro Gran Sumo Sacerdote, y esto es todo lo que necesitamos saber. Ahora, el versículo 7, de este capítulo 7, de la epístola a los Hebreos, dice:

"Y, sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor."

Abraham fue bendecido por Melquisedec, que era mejor que él. Cuando usted y yo adoramos al Señor Jesús y nos inclinamos ante Él, estamos reconociendo Su superioridad. Y dice el versículo 8:

"Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive."

Aquí los "hombres mortales" son los sacerdotes Levitas; y la frase "uno de quien se da testimonio" se refiere a Melquisedec.

Usted puede ofrecerse a sí mismo Jesucristo y Él lo recibirá. Cuando nos ofrecemos a nosotros mismos a Él, Él no recibe mucho, pero nos hemos ofrecido y estamos agradecidos porque nos acepta. Continúan diciendo los versículos 9 y 10:

"Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos, porque aún estaba en las entrañas de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro."

La tribu israelita sacerdotal se encontraba en las entrañas de Abraham cuando éste pagó diezmos a Melquisedec. Y de esa manera, Leví también pagó sus diezmos a Abraham. En la misma forma, cuando Adán pecó, yo también pequé. En Adán todos murieron. El motivo por el cual usted y yo vamos a morir, si el Señor demora Su venida, es que estábamos en Adán y pecamos en Adán. Sin embargo, hoy estamos completos ante Dios porque nos encontramos unidos a Cristo. ¿Es usted consciente de ello? Dios me ve en Cristo, y estoy completo en Él. Soy aceptado en el amado Cristo. Estimado oyente, ésta es una gran verdad espiritual y está formulada en un lenguaje sencillo. Pero continuemos leyendo el versículo 11 de este séptimo capítulo de Hebreos:

"Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico-bajo el cual recibió el pueblo la Ley-, ¿qué necesidad habría aún de que se levantara otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuera llamado según el orden de Aarón?"

En otras palabras, el detalle que caracterizó al sacerdocio de Aarón fue que era incompleto. Nunca trajo la perfección, es decir, una comunión completa con Dios. Nunca proveyó redención y aceptación al pueblo ante Dios. Nunca logró su objetivo. En consecuencia, necesitamos a Cristo. Y añade el versículo 12:

"Pues cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley"

Nosotros no estamos bajo la ley de Moisés. La ley de Moisés perteneció al sacerdocio de Aarón, el cual ofreció sacrificios de sangre. La ley de Moisés y el sacerdocio de Aarón iban juntos. Leamos ahora los versículos 13 y 14:

"Y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. Porque sabido es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio."

El Señor Jesucristo vino de la tribu de Judá y, por lo tanto, nunca podía ser un sacerdote aquí en la tierra. La tribu sacerdotal era la tribu de Leví. El sacerdocio tenía que ser cambiado, ya que Cristo no provino de Leví. Y dice el versículo 15:

"Y esto es aun más evidente si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto"

Y eso es lo que la profecía del Salmo 110 dijo sobre el Mesías que iba a venir. Luego, en los versículos 16 y 17 continuamos leyendo:

"No constituido conforme a la ley meramente humana, sino según el poder de una vida indestructible, pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec."

Cristo se convirtió en un sacerdote por Su resurrección de los muertos; Él tiene una vida infinita. Continúa diciendo el versículo 18:

"Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia"

O sea que, el sistema de la ley de Moisés, digamos, pasó de moda, se agotó. Nunca proveyó lo que el hombre debía tener: es decir, perfección. Y dice el versículo 19 de este séptimo capítulo de Hebreos:

"Pues la Ley nada perfeccionó-y se introduce una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios."

En nuestra situación actual, nosotros acudimos a Dios por medio de Cristo. Hemos visto que el Señor Jesucristo es un sacerdote perpetuo, y es un sacerdote perfecto. El sacerdocio Aarónico no pudo satisfacer los requisitos necesarios para establecer una relación con Dios. Pero ahora tenemos un sacerdote perfecto, y ese sacerdote es el Señor Jesucristo. Él ha provisto la salvación para usted y para mi. Dios nos ha sacado de la esfera de Adán y nos ha colocado en Cristo. Dijo el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios capítulo 5, versículo 17, "si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas". Ya no estamos más unidos a Adán, sino que estamos unidos al Cristo viviente.

Vamos a resumir el contraste entre el sacerdocio de Aarón y el sacerdocio de Melquisedec, de la siguiente manera:

Sacerdocio de Aarón - Sacerdocio de Melquisedec

La ley frente al Poder

La ley restringe - el poder permite

El mandamiento es externo frene a La vida es interna

Vida carnal, física frente a la interminable (vida eterna)

Carácter cambiante frente al carácter inmutable

Debilidad e improductividad frente a la cercanía de Dios

Nada era perfecto frente a la realidad de una esperanza mejor

Bien, vamos a dejar nuestra lectura aquí por hoy, y continuaremos Dios mediante, con el versículo 20 en nuestro próximo programa. Nos quedan todavía unos 9 versículos para finalizar este capítulo 7 de esta epístola a los Hebreos. Mientras tanto, le sugerimos, como hacemos con frecuencia, que usted lea el resto de este capítulo 7, de la epístola a los Hebreos, para que se familiarice así con su contenido y esté mejor informado para nuestro próximo estudio, en el cual esperamos disfrutar de su compañía.

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