Estudio bíblico de Hebreos 8:6-13

Hebreos 8:6-13

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por la epístola a los Hebreos. Después de haber considerado a este capítulo 8 como el pináculo de esta importante epístola, resaltamos que el Señor sirve en un santuario superior, en base a un pacto mucho mejor, que está basado en promesas mejores. Entre los versículos 1 y 5 examinamos el primer párrafo del capítulo, titulado "El verdadero tabernáculo". En base al versículo 2, destacamos que cuando Dios instruyó a Moisés a que construyera una tienda o tabernáculo en el desierto, le proporcionó un modelo del original que se encuentra en el cielo, y que es el tabernáculo verdadero, es decir, el genuino. Así que el tabernáculo, en su maravillosa sencillez, nos presenta un tipo o figura de Jesucristo, figura que casi se perdería posteriormente en los complejos detalles del templo. Así que todo lo que hemos leído sobre el tabernáculo constituía una sombra de la realidad, porque la realidad misma se encontraba en el cielo. Y en la actualidad, Jesús se encuentra allí en el tabernáculo celestial, intercediendo a favor suyo y mío. Él ha convertido el trono de Dios en un trono de gracia, y a nosotros se nos ha ofrecido acudir a aquel lugar con gran confianza y certeza de que Él se encuentra allí. Necesitamos acercarnos a Él por la fe, recordando las siguientes palabras de esta misma epístola en el capítulo 11, versículo 6: "6Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan."

Así que volvemos hoy al versículo 6, del capítulo 8, que inicia un nuevo párrafo que desarrolla la idea de que:

El nuevo pacto es mejor que el antiguo

"Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas."

Dice aquí mejor ministerio es el suyo. Como anticipamos antes, el tabernáculo aquí en la tierra fue una sombra del verdadero tabernáculo allá en el cielo. Cristo vive allí y Él puede mantenernos salvos. Ahora, quizá alguien pregunte: "¿Ustedes piensan que uno puede perder la salvación?" Amigo oyente, deseamos confesarle algo. Nosotros perderíamos la nuestra antes de que se ponga el sol si el Señor Jesucristo no estuviera allá arriba en este mismo instante. Gracias a Dios que Él está allí.

"Él es el mediador de un mejor pacto", continúa diciendo el versículo 6. Tenemos hoy lo que es conocido como "el nuevo pacto"; lo llamamos el "nuevo testamento". El Nuevo Testamento es realmente el nuevo pacto que Dios ha hecho, y se encuentra en contraste con el antiguo pacto del Antiguo Testamento, Dios le entregó la ley a Moisés, y después le dio instrucciones para el tabernáculo y sus servicios. Fue allí que se trató el problema del pecado. Nadie se salvó nunca por guardar la ley. Nadie se acercó jamás a Dios para decirle: "He cumplido todos tus mandamientos, por lo tanto, recíbeme". No. En cambio, los israelitas estuvieron continuamente trayendo sacrificios porque habían quebrantado la ley de Dios. La ley les reveló que no podían alcanzar la presencia gloriosa de Dios. El sistema de sacrificios era totalmente una sombra del sacrificio de Jesús en la cruz. Aunque el tabernáculo que Dios les dio era una tienda literal, era una sombra del verdadero tabernáculo en el cual Cristo sirve hoy. En otras palabras, hasta ahora hemos visto que tenemos un sacerdote mejor; tenemos un sacrificio mejor; tenemos un tabernáculo mejor, Y todo esto se dirige hacia el altar de bronce porque Cristo reúne en Su Persona estas tres realidades. Él es un sacerdote mejor que sirve en aquel lugar celestial, es un sacrificio mejor, se ofreció a Sí mismo. Y además sirve en un tabernáculo mejor, estimado oyente, porque ofreció Su propia sangre por su pecado y el mío.

El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, escribió un libro sobre el tabernáculo y que se puede estudiar en conexión con esta epístola a los Hebreos. Se titula "El Tabernáculo, el retrato que Dios ha hecho de Cristo". En ese libro, el Dr. McGee adopta la posición de que Cristo ofreció literalmente Su sangre en el cielo. Él dice que eso es lo que Jesús estaba haciendo cuando María se acercó a Él, y el Señor le dijo: "¡Suéltame!, porque aún no he subido a mi Padre; pero ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" (Juan 20:17). El Dr. McGee cree que en aquel momento Él era un Sumo Sacerdote que se dirigía al Cielo para allí ofrecer literalmente Su sangre, y que esa sangre estará allí por toda la eternidad para recordarnos el precio que Él pagó por nuestra redención. Ahora, cuando este libro fue publicado, fue comentado por algunas revistas cristianas y un crítico recomendó la lectura del libro pero advirtió que el Dr. McGee adoptaba ese punto de vista literal, y calificó este concepto como crudo. Pero, McGee no creía que la sangre de Cristo podía ser considerada una idea cruda cuando fue derramada allí en la tierra u ofrecida en el cielo. Simón Pedro, a quien no podríamos considerar una persona muy culta, la llamó "la preciosa sangre". En una ocasión alguien le dijo a un predicador que solía mencionar a la sangre de Cristo en sus mensajes, que esa mención en su crudeza, ofendía su naturaleza estética. A lo que éste respondió: "Yo no veo nada crudo ni ofensivo en relación con la sangre de Cristo, a no ser que mira a mi pecado y al suyo". Por ello el autor de este libro sobre el Tabernáculo y de estos estudios opina que Su Sangre está incluso ahora y de alguna manera en los cielos, y permanecerá allí por toda la eternidad para recordarnos el tremendo precio que Cristo pagó para redimirnos.

Ahora, aquí en el versículo 6, se nos dice que el pacto fue "establecido sobre mejores promesas". En el Antiguo Testamento, Dios había entregado la Ley Mosaica y cuando el pueblo de Israel la quebrantó, los israelitas presentaron sacrificios. Antes Dios dio la Ley de Moisés y las instrucciones para acercarse a Él por medio del ritual del tabernáculo. Entonces se aproximaron a Dios por la fe, como hizo Abraham. Después, cuando retrocedemos más allá del tiempo de Abraham, encontramos que Noé estaba en una base completamente diferente. No creemos que uno pueda leer la Biblia de manera inteligente sin darse cuenta de que Dios trató con los hombres de manera diferente, en épocas diferentes. Uno puede llamar a estas épocas como lo crea más conveniente, pero si acepta la inerrancia de las Sagradas Escrituras y cree que constituyen la Palabra de Dios, uno percibe la existencia de estas épocas, administraciones o formas en el trato de Dios con los hombres.

El escritor de esta epístola dice que tenemos entonces un pacto "mejor", que está basado en mejores promesas, Aunque usted y yo como cristianos hemos sido hechos parte de él. Dios no ha terminado su trato con la nación de Israel, y estas mejores promesas se van a ver cumplidas en el reino futuro.

Cuando uno lee los profetas del Antiguo Testamento, no puede evitar ver el hecho de que Dios va a restituir a los israelitas a su tierra. (Por lo que podemos ver, el presente regreso de los judíos a Israel no constituye el cumplimiento de la profecía). Por ejemplo, observemos esta profecía de Jeremías, expresada en su capítulo 30, versículo 18: "Así ha dicho el Señor: he aquí yo hago volver los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia; la ciudad será edificada sobre su colina, y el templo será asentado en su lugar. " Después, en el capítulo 31, de Jeremías, versículo 8, leemos: "Yo los hago volver de la tierra del norte, los reuniré de los extremos de la tierra; entre ellos, juntamente, a ciegos y a cojos, a la mujer que está encinta y a la que dio a luz. En gran compañía volverán acá". Este versículo menciona a un gran país del norte. Los judíos han tenido grandes dificultades para salir de algunos países pero cuando Dios intervenga, no tendrán ningún problema al salir de ellos para dirigirse a Palestina. Continuando en el libro de Jeremías, se nos dice en el mismo capítulo 31, versículos 10 y 11: "¡Oíd palabra del Señor, naciones, y hacedlo saber en las costas que están lejos! Decid: "el que dispersó a Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño. Porque el Señor redimió a Jacob, lo redimió de mano del más fuerte que él". Los judíos no se encuentran hoy en Israel bajo la redención de Dios. Se encuentran lejos de Él. Pero cuando llegue el día, habrá un cumplimiento de lo que el escritor a los Hebreos habló cuando escribió que iba a haber promesas mejores sobre un pacto mejor que Dios establecería con ese pueblo. Como dijo Jeremías, en este capítulo 31:31-33: "31Vienen días, dice el Señor, en los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32No como el pacto que hice con sus padres el día en que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice el Señor. 33Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo". En efecto, Dios dijo, "Yo les di mi Ley antes y la escribí en una fría tabla de piedra, y ellos no pudieron cumplirla, pero ahora la voy a escribir en las tablas de carne del corazón". Y Él no lo ha hecho hasta el momento presente. Y cualquier persona que visite Israel, se puede dar cuenta que la gente allí no se está volviendo a Dios. Uno puede conversar con los guías turísticos y lo llevan a uno a visitar un lugar histórico y otro, y es posible que uno pueda testificarles en cuanto al Señor Jesucristo, diciéndoles que ellos están viviendo en la tierra en la cual Él vivió, y en la cual murió por los pecados del mundo. Y nosotros como gentiles o no judíos vamos allí desde lejos, por lo tanto deberían ser ellos los que nos hablaran a nosotros en cuanto a Él. Sin embargo, no ocurre así. Por ello decimos que ellos no están de regreso en su tierra según esta promesa de Jeremías. Sin embargo algún día esta profecía se va a cumplir. Escuchemos lo que dijo en el versículo 34, de este capítulo 31 de Jeremías: "34Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová. Porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado". De esto nos estaba hablando el escritor de la carta a los Hebreos. El nuevo pacto se ha establecido basado en promesas mejores. Cristo es el mediador de este pacto mejor, porque contiene mejores promesas. Continuemos leyendo el versículo 7 de este octavo capítulo de Hebreos:

"Si aquel primer pacto hubiera sido sin defecto (perfecto), ciertamente no se habría procurado lugar para el segundo"

Lo que el escritor dijo es que ya que el primer pacto no era algo adecuado, creó la necesidad de un mejor pacto. Ahora, alguien podría decir que ese pacto estaba equivocado. Pero ése no fue el caso. Escuchemos lo que dice ahora, el versículo 8:

"Pues reprendiéndolos dice: Vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto."

El defecto no estaba en la ley sino en ellos. Aquí dice que los reprendidos fueron ellos. Nunca hubo problema con el pacto de Dios. No había defectos en la ley de Dios, pero hay muchos defectos y fallos en usted y en mí. Usted y yo somos incapaces de cumplir la ley; no estamos a la altura de sus requisitos.

Así que en este versículo se anuncian días en los que se establecerá un nuevo pacto con las casas de Israel y de Judá. Lo acabamos de leer también en la profecía de Jeremías, y usted podrá comprobar lo mismo al encontrar el mismo tema en el resto de los profetas. Continuemos leyendo el versículo 9 de este octavo capítulo de Hebreos:

"No como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto. Como ellos no permanecieron en mi pacto, yo me desentendí de ellos ,dice el Señor."

Aquí vemos que el pueblo quebrantó el primer pacto. No los capacitó para cumplir lo que exigía. Y el versículo 10 dice:

"Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios y ellos me serán a mí por pueblo."

O sea, que el nuevo pacto sería escrito sobre sus corazones, no sobre tablas de piedra, de manera que fueran capaces de obedecerlo. Y los versículos 11 y 12 añaden:

"Ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor, porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos, porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados ni de sus maldades."

Aquí se declara que habrá un perdón completo para su pecado, un perdón total. Y continúa diciendo el versículo 13 de este octavo capítulo de Hebreos:

"Al decir Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece está próximo a desaparecer."

Así es que, amigo oyente, nosotros no estamos bajo el sistema de la ley de Moisés; ese sistema ya ha pasado. Dios dijo que era un modelo antiguo y que Él había traído un modelo nuevo, el nuevo pacto que Él ha hecho por medio del Señor Jesucristo que es nuestro Salvador. Permítanos repetirlo: Dios lo estableció, no porque había algún defecto en el antiguo pacto, pero porque hay defectos, deficiencias y fallos en nosotros. Lamentamos que haya hoy quienes regresen al antiguo pacto. Tratan de cumplir la Ley de Moisés. Estimado oyente, si ellos realmente la estudian y son sinceros, saben que no están cumpliendo los requisitos del sistema Mosaico. No pueden alcanzar ese objetivo. Todos nosotros necesitamos venir a Dios por gracia, y aceptar en Su nuevo pacto la provisión de un Salvador.

La ley resultó totalmente incapaz de producir alguna cosa buena en el ser humano. Pablo pudo decir en su carta a los Romanos capítulo 7, versículo 18; "Yo sé que en mi, esto es, en mi carne, no habita, el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo". Y, estimado oyente, esto forma parte de la Sagrada Escritura, y por lo tanto es exacto. El hombre está totalmente en un estado de depravación. Y esto no sólo se refiere al hombre de la calle, o que se encuentra lejano en cualquier lugar, ni a alguna persona que esté viviendo en un pecado abierto y público; se refiere también a usted y a mí. En la actualidad el Espíritu Santo es capaz de hacer lo imposible. El Espíritu Santo puede producir una vida santa en un cuerpo débil y pecaminoso. Podemos presentar un ejemplo sencillo de la vida doméstica, que ya mencionamos cuando estábamos estudiando el capítulo 11 de la epístola a los Romanos. Es como esa ama de casa que pone carne para asar en el horno y, distraída con otros menesteres, se olvida de controlar el tiempo de cocción. Después se da cuenta de que algo se está quemando y corre a la cocina, abre el horno comprobando que sale humo. Entonces toma un tenedor y lo clava en la carne con intención de retirarla del horno, pero el tenedor no puede retenerla y no la puede sacar de allí. Prueba con el mismo tenedor en otra parte de esa carne, y aun así no puede sacarla. Entonces toma una de esas espátulas que tiene en la cocina y la coloca debajo de la carne y ahora sí puede levantarla y retirarla del horno. Así que lo que el tenedor no pudo lograr, por la debilidad de la constitución de la carne, la consiguió la espátula. No hay ningún defecto en el tenedor. El problema es la carne. Se ha cocinado demasiado. Y la espátula consiguió hacer con la carne lo que el tenedor no pudo realizar.

La ley fue como el tenedor de nuestra sencilla ilustración, impotente para actuar sobre una carne débil, y no la pudo levantar. Y esto ilustra simplemente que la ley no nos puede levantar a nosotros. Dada nuestra condición, no puede levantarnos. Así que en semejante situación se introduce un nuevo principio: el Espíritu Santo. Lo que la ley no pudo lograr, el Espíritu es capaz de llevar a cabo. Por lo tanto, usted y yo hemos de ser salvos y vivir la vida cristiana bajo este nuevo principio. Como enfatizamos antes, tenemos un pacto mejor, basado en promesas mejores. Dios nos ha dado el Espíritu Santo y Cristo, nuestro intercesor, está hoy allí en la presencia de Dios para ayudarnos.

Este es un hermoso y práctico pasaje de las Sagradas Escrituras. Si, figurativa y espiritualmente hablando usted quiera abandonar una dieta alimenticia de leche (aunque la leche sea buena para usted, y es un alimento que está en la Palabra de Dios) puede ir añadiendo a la leche algo de carne o alimento sólido para su dieta espiritual. El alimento sólido es colocar el énfasis sobre el Cristo viviente, Su ascensión al cielo, y Su intercesión allí en el cielo por usted y por mí. Estimado oyente, cuando nos aferramos al Cristo viviente, nos trasladamos a las alturas. No podríamos llegar a un nivel más alto en esta época que estamos viviendo.

Y bien, vamos a detenernos aquí por hoy. Dios mediante, en nuestro próximo programa, comenzaremos a estudiar el capítulo 9 de la epístola a los Hebreos. Mientras tanto, le sugerimos que usted lea este capítulo y se familiarice con su contenido. Estimado oyente, le invitamos, pues, a acompañarnos en nuestro recorrido por esta epístola que alcanza, por una parte una gran profundidad espiritual y, por otra, nos eleva a alturas inimaginables. Será pues, ¡hasta nuestro próximo encuentro!

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