Estudio bíblico de Hebreos 12:9-15

Hebreos 12:9-15

Continuamos hoy, amigo oyente, avanzando por esta epístola a los Hebreos. En nuestro último encuentro, empezamos nuestro estudio del capítulo 12 de esta epístola. En esa ocasión mencionamos siete razones por las cuales los hijos de Dios tienen que sufrir: (1) nuestra propia insensatez; (2) adoptar una postura a favor de Dios; (3) el pecado en nuestras vidas; (4) nuestros pecados pasados; (5) algún propósito elevado de Dios; (6) por causa de la fe y (7) por la disciplina de Dios.

Y finalizamos diciendo que creemos que si usted es un cristiano inteligente, cuando esté pasando por problemas y no sepa por qué, se dirigirá al Señor y hablará de ello con Él. Estamos seguros de que Él le permitirá saber por qué está usted sufriendo. Puede que Él no le esté juzgando. Dios nos juzga, y ello constituiría un castigo, pero Él es también nuestro Padre amante y celestial, que disciplina a Sus hijos.

Leamos ahora el versículo 9 de este capítulo 12, de la epístola a los Hebreos:

"Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?"

Cuando éramos niños, teníamos que escuchar lo que nuestros padres decían. El escritor dijo aquí que si escuchamos a nuestros padres terrenales "¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?" Estimado oyente, escuche usted o no a su padre terrenal, sería mejor que escuchara a su Padre Celestial.

En estas últimas palabras, como hemos leído, el escritor hizo una sugerencia en forma de pregunta: "¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus y viviremos?" Ahora, ¿qué es lo que quiere decir con este "viviremos?" ¿Quiso decir acaso que debíamos disfrutar de la vida al máximo? Bueno, creemos que lo que quiso decir es que debemos vivir la vida cristiana en toda su plenitud, y éste sería el lado positivo. Pero creemos que también existe un lado negativo, que nos recuerda que el Padre Celestial disciplina a veces de manera muy severa, y que hay un pecado que conduce a la muerte. Este pecado puede ser cometido por un hijo de Dios, y a veces el Padre Celestial llamará al hijo desobediente fuera de este mundo porque esa persona está trayendo deshonra a Dios. El escritor estaba diciendo que sería mejor que usted escuche a su Padre celestial, porque Él le está disciplinando en amor, pero si usted persiste en continuar en el pecado, Él podría llevarle al cielo. Continuemos leyendo el versículo 10 de este capítulo 12:

"Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad."

A veces un hijo puede tener la sensación de que su padre terrenal se enfada con él hasta el punto de desahogar su enojo sobre él, pero aun así reconoce que lo hace para su provecho. Nuestro Padre celestial nos disciplina también para nuestro provecho; ¡de eso no hay ninguna duda!

El versículo continúa diciendo: "para que participemos de su santidad". Creemos que no hay otra manera en que usted llegue a ser un hijo de Dios maduro, en la plenitud de su crecimiento y viviendo en comunión con Él, excepto por medio de la disciplina de Dios. Éste es aquí el pensamiento principal expresado en la palabra "santidad". Y dice el versículo 11 de este capítulo 12 de Hebreos:

"Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados."

Estas palabras nos recuerdan al niño cuyo padre le dijo antes de darle unos azotes: "Hijo, esto me va a doler a mi más que lo que te dolerá a ti". Y el niño respondió: "Si, papá, pero no en el mismo lugar". Dios disciplina a Sus hijos, y no experimenta ninguna satisfacción especial al hacerlo, pero lo hace porque usted y yo lo necesitamos. La realidad es que la disciplina no solo "no parece" ser causa de alegría, es que "no es" un motivo de alegría, sino de dolor: esa es nuestra experiencia.

Aunque ninguna disciplina trae alegría en su momento como dice este versículo 11 "después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella son ejercitados". Dios no le disciplinará a usted sin un propósito.

Esto nos recuerda al hombre que estaba en una institución para enfermos mentales y cierto visitante fue allí un día y vio que este hombre se estaba golpeando la cabeza con un trozo de madera; y el visitante se le acercó y le dijo: "¿Por qué se golpea usted la cabeza con ese pedazo de madera?" Y el loco le contestó: "Bueno, es que me siento tan bien cuando dejo de hacerlo". Amigo oyente, Dios no le disciplina a usted simplemente para que se sienta bien cuando la disciplina haya terminado. Él no le da una mala salud simplemente para que usted aprecie la buena salud cuando la recupere. Hay siempre un propósito en la disciplina de Dios para usted.

Ahora, ¿cuál es su reacción cuando Dios lo disciplina? Hay cuatro reacciones que podemos tener hacia la disciplina de Dios, y que se mencionan en este capítulo. Quisiéramos considerar cada una de ellas:

(1) Por ejemplo, el versículo 5, de este capítulo 12, de la epístola a los Hebreos, dice: "y habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor". La primera reacción consiste en despreciar la disciplina. Puede enfrentarla con ligereza y no aceptar que contenga un mensaje para usted. Usted simplemente se convierte en un fatalista y pensar: "Bueno, estoy teniendo problemas, pero todo el mundo los tiene". Usted no reconoce el hecho de que su Padre celestial lo está disciplinando, y usted no capta en absoluto Su mensaje.

(2) Dice además el versículo 5, "ni desmayes cuando eres reprendido por él". Hay quienes reaccionan con lágrimas, diciendo: ¿Por qué me ha sucedido esto? No merece la pena vivir la vida cristiana. He servido al Señor y ahora Él está permitiendo que me suceda esto". En otras palabras, ellos simplemente se debilitan en su ánimo. Y muchos cristianos adoptan esta actitud. El profesor McGee, autor de esta serie de estudios, nos contó que en una ocasión en que contrajo una grave enfermedad, recibió miles de cartas de personas de todo el mundo, muchas de esas personas estaban sufriendo mucho más que él, y la actitud de ellas le hizo avergonzarse un poco de sí mismo. Muchas de esas cartas provenían de enfermos que habían estado meses, e incluso años, en el lecho de dolor, y sin embargo pudieron escribirle las cartas más estimulantes que jamás había leído. Esas cartas estaban firmadas por personas que habían obtenido una verdadera victoria. A veces escuchamos acerca de personas que han sido sanadas y se habla de grandes victorias. Sin negar esta realidad, si usted quiere saber de un lugar donde se experimentan también grandes victorias hoy, vaya a los hospitales y visite algunos creyentes confinados en sus lechos de enfermedad por largo tiempo, y escúcheles hablar. A veces nos hacen sentir avergonzados, porque a veces nuestro ánimo decae, pero esos cristianos no se desaniman porque el Señor los está fortaleciendo.

(3) Dice el versículo 7, "Si soportáis la disciplina". Esta es una reacción peligrosa, es la reacción de aquellos que se consideran muy piadosos. Se parecen un poco a esos fakires indios, que se acuestan en una cama de madera llena de clavos y vidrios rotos. No tienen por qué hacerlo, pero de todas maneras lo hacen. Hay muchos creyentes que aceptan la disciplina del Señor de una forma pasiva y dicen: "Ah, esto es del Señor, y tengo que soportarlo". Amigo oyente, Él nunca le pide a usted que adopte esa actitud pesimista, como si fuera un cristiano sumamente piadoso. Si usted está pasando por dificultades o problemas, ¿por qué no se acerca al Señor y le pregunta: "Señor, por qué has permitido que eso me suceda precisamente a mí? Aquí hay una lección, y yo quiero aprenderla". No acepte esa situación de una manera pasiva, simplemente soportándola, pero quejándose todo el tiempo.

(4) El cuarto ejemplo está mencionado en el versículo 11, que dice: "Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados". Hay personas que hacen ejercicios para perder un poco de peso, para mantenerse en buena condición física. Aquí se nos habla de otra clase de ejercicio. ¿Se ejercita usted, estimado oyente, cuando tiene problemas? ¿O cuando usted tiene que sufrir? ¿O cuando un enemigo se cruza en su camino? En este caso deténgase y pregúntele a Dios: "¿Por qué has permitido que esa persona se cruce en mi camino? Amigo oyente, es que Dios lo ha permitido con un propósito. Dios hace todas las cosas con un propósito, y tenemos que ser ejercitados en ellas. El apóstol Pablo dijo en su primera carta a los Corintios capítulo 9, versículo 27: "golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado". El apóstol se ejercitó a sí mismo. Es decir, que no cedió a los deseos de su cuerpo, porque él no quería presentarse ante Dios algún día, y ser desaprobado. Estimado oyente, quienquiera que usted sea, y donde quiera que se encuentre, éste es el momento apropiado para que usted se ocupe de realizar estos ejercicios de autocontrol y autodisciplina espiritual.

El profesor McGee contó que cuando contrajo la enfermedad del cáncer, su primera pregunta fue al Señor fue: "¿Por qué?" Dijo que no le llevó mucho tiempo descubrir que su Padre celestial lo estaba castigando. Y él comprendió que esa situación se debía a que él era un hijo de Dios obstinado; pero no obstante, arregló su situación con Dios. Él le sanó del cáncer y bendijo abundantemente su ministerio por la radio. Después, al pasar el tiempo, cayó enfermo con cálculos biliares y además, hepatitis. El médico le ordenó que se mantuviera recostado de espalda, cosa que hizo durante más de tres semanas. Durante ese período aprendió algo que quiso compartir con sus oyentes. En esta ocasión, Dios no lo estaba juzgando porque había aprendido a depender de Él. Se fijó el propósito de enderezar su relación con Dios cada día. Creyó que a veces le seguía fallando a su Señor porque era consciente de que continuaba siendo obstinado como siempre lo había sido, aunque ahora se dirigía a Él y le confesaba su pecado. Y entonces a él le pareció que se encontraba viviendo conforme a la voluntad de Dios. Así que, al enfermarse por segunda vez clamó al Señor diciéndole: "Señor, ¿por qué permitiste que me sucediera esto? Porque yo quiero continuar con mi ministerio por la radio". Pero Dios permitió que el profesor tuviera que permanecer inmovilizado en su lecho y la respuesta divina fue: "Tú eres mi hijo, y yo soy tu Padre. Hay muchas cosas que aún no has aprendido. Puede que pienses que tu ministerio por la radio es esencial y que yo no puedo llevarlo a cabo sin ti, pero ¿cómo me las arreglé sin ti antes que tú llegaras? Vas a tener que estar así inmovilizado para aprender algo. Soy tu Padre y necesitas aprender a soportar esta situación ante mí. No sabes cómo descansar, ni sabes cómo esperar pacientemente en mí". Y así el profesor recordó que le llevó algún tiempo, pero que finalmente le dijo al Señor: "Está bien, Padre, si quieres que esté recostado en este lecho, aquí estaré. Quiero aprender la lección que Tú tienes para mí."

En cuanto a nosotros, necesitamos ser ejercitados por el Señor en la disciplina, y entonces no nos encontraremos en la posición descrita en el versículo 12 de este capítulo 12, que leeremos a continuación:

"Por eso, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas"

No camine usted a través de esta vida como un creyente que se está quejando todo el tiempo. Teníamos un amigo que cada vez que le preguntábamos como estaba, le llevaba unos minutos responder para contarnos como se sentía, y nunca se sentía bien. Así que dejamos de hacerle preguntas. Era como una de esas personas descritas en este versículo, con sus manos cansadas y sus rodillas debilitadas. Estimado oyente, permítanos decirle que alguien le está observando. ¿Cómo soporta los problemas que provienen de Dios? ¿Los soporta siendo ejercitado por ellos? Sería muy bueno que los soportara con la siguiente actitud mental: "Él es mi Padre y me está disciplinando. Hay un propósito en ello y una lección que quiero aprender". De esa manera, deberíamos comenzar nuestro ejercicio personal de autodisciplina y control. Ahora, veamos lo que dice el versículo 13:

"Y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado."

Francamente hablando, estimado oyente, nunca estuvimos totalmente seguros en cuanto al significado de lo que el escritor quiso decir cuando escribió: "Haced sendas derechas para vuestros pies". ¿Tendremos que andar en caminos derechos para que los creyentes más débiles sigan nuestras pisadas? ¿O, tendremos que andar por caminos rectos para que no nos acostumbremos a andar cojeando a través de la vida? Hay hoy muchos creyentes espiritualmente lisiados que se quejan y critican, y no son testigos en absoluto para Dios. Y sin embargo proyectan una imagen de creyentes muy piadosos. Y en el versículo 14 de Hebreos 12 leemos:

"Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor."

Aquí se nos exhorta a tener buen ánimo y a buscar la paz con todos; es decir, con todos los que os permitan estar en paz con ellos. Hay algunas personas que simplemente no quieren vivir en paz. Sigamos la paz también con todos los cristianos. En la epístola a los Romanos, capítulo 12, versículo 18, el apóstol Pablo dijo: "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres". Deberíamos participar en esta gran carrera, donde somos muchos los que estamos corriendo juntos la carrera de la vida cristiana.

Luego, dice este versículo que debemos procurar "la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". Ahora, si esto significara que nosotros tenemos que producir santidad, pues entonces, abandonaríamos ahora mismo, porque no tenemos ninguna santidad. Pero, estimado oyente, sí tenemos la paz que nos llegó a través de la sangre de Cristo. Dijo el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, capítulo 5, versículo 1: "1Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo". Y si tenemos alguna santidad, es porque Dios ha hecho a Cristo nuestra justicia. Él es nuestra justicia. Si yo llego a la presencia de Dios será porque Cristo murió por mí. Esta idea es estimulante, estimado oyente. Nos impulsa a desear salir y correr la carrera cristiana.

Leamos ahora el versículo 15 de este capítulo 12, de la epístola a los Hebreos, que comienza un párrafo dedicado a:

La sexta señal de peligro: El peligro de negar

"Mirad bien, para que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios, y para que no brote ninguna raíz de amargura que os perturbe y contamine a muchos."

Comienza el versículo diciendo "Mirad bien" lo cual contiene la idea de dirección. ¿Y cuál es esa dirección? Como dice Hebreos 12:2, "puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe".

Y continúa diciendo el escritor: "para que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios". La palabra aquí para "deje" no es "apostasía". Aquí no se está hablando del peligro de apostatar, realmente significa simplemente "retroceder". En otras palabras, un creyente debe mantener su mirada en el Señor Jesús, y no en las personas. Si él no mantiene sus ojos fijos en Cristo, tenderá a llegar a un punto en el que no se aprovechará de la gracia de Dios.

Ahora Dios tiene una tremenda reserva de gracia. Y Él quiere colmarla sobre Sus hijos. Él está preparado para hacerlo, y puede hacerlo. Cristo pagó el castigo por nuestros pecados, y Dios es rico en misericordia, rico en gracia, y desea usarla sobre nosotros. El problema es que muchos de nosotros no nos aprovechamos de Su gracia. Pero, como usted puede ver, aquí estamos hablando de una realidad, es decir, de algo por lo cual usted puede dirigirse a Dios para apropiarse de ello. Ésta es la gloria de este gran tema, y constituye el mensaje de esta epístola. ¿Se ha dirigido usted a Dios hoy, amigo creyente? ¿Ha hablando con Él? Por supuesto, de una forma reverente, pero nos referimos a hablar verdaderamente con Dios como su Padre. Cuéntele todo acerca de usted mismo. Cuéntele que necesita gracia. Todos necesitamos gracia y la gracia está disponible, pero tenemos que pedirla. No fracase en este importante asunto y se prive de obtener la gracia de Dios.

Y termina el versículo 15 diciendo: "para que no brote ninguna raíz de amargura que os perturbe y contamine a muchos". Un creyente crítico y desagradable, en una iglesia, puede provocar más problemas de los que uno podría imaginar, así como una manzana podrida en una canasta echa a perder a todas las demás. Necesitamos pedir a Dios gracia para soportar cualquier experiencia por la que estemos pasando y, bajo ninguna circunstancia, sentir amargura o resentimiento hacia nadie.

Estimado oyente, debemos interrumpir aquí nuestro estudio. Continuaremos analizando los versículos restantes de este capítulo 12 en nuestro próximo programa y le invitamos cordialmente a que nos acompañe, para seguir compartiendo juntos estas enseñanzas de esta gran epístola a los Hebreos.

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