Estudio bíblico: Oposición y sufrimiento en la vida del apóstol Pablo -

Serie:   El apóstol Pablo   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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Oposición y sufrimiento en la vida de Pablo

El sufrimiento forma parte de la vida del cristiano

Cualquier estudio de la vida del apóstol Pablo exige una mirada seria al tema del sufrimiento. Pero lo cierto es que el sufrimiento no es bien visto en el cristianismo occidental de nuestro tiempo. Muchos predican que el propósito de Dios para el creyente es que viva libre de sufrimientos y enfermedades, disfrutando de una vida próspera en todos los sentidos, especialmente en lo relacionado con lo material. Estas mismas personas afirman que el sufrimiento viene del diablo, y puesto que Dios le ha vencido en la cruz, cualquier creyente que ponga su fe en él se verá inmediatamente libre de sus garras y disfrutando plenamente de la bendición de Dios.
Por supuesto, todo esto suena muy bien, pero el problema es que no es cierto, ni tampoco bíblico. En realidad, si somos honestos, tendremos que admitir que esto es una adaptación del cristianismo a lo que actualmente está ocurriendo en nuestra sociedad. Todos nosotros somos testigos de cómo se exalta la comodidad y el placer en nuestra cultura moderna, hasta el punto en que se ha convertido en una meta esencial de la vida. La gente vive pendiente de sí misma, de su bienestar, y no tolera nada que estorbe lo que considera su derecho legítimo a disfrutar de la vida. Y por supuesto, la idea del sacrificio personal difícilmente encuentra cabida en nuestras mentes. Pero lo más triste de todo esto es que se ha introducido en el cristianismo bajo la forma de un nuevo evangelio que es conocido como el de "la prosperidad".
Pero como ya hemos dicho, esta nueva enseñanza carece de fundamente bíblico. La vida del apóstol Pablo es un claro ejemplo de ello. Pocos hombres han sido tan fieles a Dios como él, y pocos han tenido una vida tan llena de sufrimientos y dificultades. Y hay que decir, que esta será la norma para todo aquel que quiera servir fielmente al Señor.
(2 Ti 3:12) "Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución."
Pablo descubrió esto en el mismo momento en que tuvo su primer encuentro con Cristo:
(Hch 9:16) "Yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre."
Sufrir por Cristo es una parte normal del cristianismo. Esto debería ser conocido por cualquier persona que se convierte y también por aquellos que desean servir al Señor. De hecho, la norma bíblica es que a mayor fidelidad y servicio, mayor sufrimiento y oposición. Siempre que vayamos a comenzar alguna gran obra para Dios, en proporción a su importancia, debemos esperar la oposición de Satanás.
Por todo esto, debemos entender que la persecución y las penalidades no son necesariamente indicadores de estar viviendo fuera de la voluntad de Dios. Cuando consideramos la vida del apóstol Pablo, nos damos cuenta de que apenas conoció periodos de paz en los que estuviera libre de presiones y sufrimientos terribles. Y todos ellos le vinieron por cumplir con fidelidad el ministerio que había recibido del Señor. Veamos la lista que él hace de lo que era la normalidad de su vida:
(2 Co 1:8) "Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida."
(2 Co 4:8-11) "Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal."
(2 Co 6:3-5) "No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos..."
(2 Co 11:23-29) "¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?"
Estos relatos del propio Pablo nos confirman la magnitud y diversidad de las penalidades que experimentó en el transcurso de su ministerio apostólico.
Es muy probable que si los seminarios y los institutos bíblicos utilizaran estos versículos en sus programas de reclutamiento de candidatos al ministerio, las inscripciones descenderían rápidamente.

Sufrimiento desde el comienzo

En el mismo momento en que Pablo se convirtió, inmediatamente fue rechazado por el judaísmo al que hasta ese momento había servido con todas sus fuerzas y en el que ocupaba un lugar prominente. Cuando escribe a los Filipenses les dice lo siguiente:
(Fil 3:4-8) "Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo."
En este pasaje no sólo explica que estaba dispuesto a perder todo aquello que era valioso en su vida por ganar a Cristo, sino que de hecho, "lo había perdido todo". Esto quiere decir que además del rechazo que sufrió por parte del judaísmo, probablemente también fue despreciado por sus amigos y familiares. Él experimentó lo que significa ser incomprendido, maltratado, abandonado, olvidado, tratado injustamente, calumniado...

El precio a pagar para que el evangelio avance

Todo esto nos sirve de ejemplo del precio que hay que llegar a pagar para que la obra de Dios avance. Y sólo quienes estén dispuestos a pagarlo podrán ver el mismo fruto que Pablo. Esta era la visión que él tenía y por lo que podía llegar incluso a gozarse en sus tribulaciones.
(Col 1:24) "Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia"
Pablo tenían en mente los sufrimientos que el Mesías había padecido en la tierra y que culminaron con su crucifixión. De esta manera consiguió la liberación de su pueblo de la esclavitud del pecado y la muerte. Después de esto había sido exaltado a la diestra de la Majestad en las alturas, en donde no ha dejado de identificarse con el sufrimiento que su pueblo soporta por la causa del evangelio (Hch 9:4). Por supuesto, los sufrimientos que los cristianos pasan no tienen virtud alguna para redimir al pecador, pero Pablo comprendía que son el precio que hay que pagar para que el evangelio avance en un mundo hostil que se encuentra bajo el poder del maligno y por esta causa los aceptaba con gozo.
Por ejemplo, cuando desde Éfeso escribe una de sus cartas a los corintios les da a entender que las oportunidades de testimonio siempre van acompañadas de adversidades:
(1 Co 16:8-9) "Pero estaré en Éfeso hasta Pentecostés; porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios."

"Satanás nos estorbó"

Pablo sabía que detrás de toda la oposición que encontraba en su ministerio estaba el mismo Satanás. Él es un ángel grande que una vez estuvo en el cielo y que lideró una rebelión de ángeles contra Dios. Por supuesto no es omnipresente ni omnipotente, aunque dirige una gran fuerza de ángeles. Un día será echado en el lago de fuego, pero mientras tanto, está muy activo en su oposición contra el evangelio.
El apóstol exhortaba a los creyentes para que se dieran cuenta de que Satanás es el verdadero enemigo del evangelio y que por lo tanto se debían "vestir con toda la armadura de Dios" para poder hacerle frente en esta guerra espiritual:
(Ef 6:12) "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes."
La Escritura nos dice que Satanás ha cegado el entendimiento de la gente para que no conozcan el evangelio.
(2 Co 4:4) "El dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios."
Él va a hacer todo lo posible para impedir que la gente escuche el evangelio. Veamos algunas de sus tácticas:
1. Personas a su servicio
No debemos pensar que se trate necesariamente de personas endemoniadas. Por ejemplo, cuando Pablo y Bernabé llegaron a Chipre predicando el evangelio, se encontraron con un falso profeta que intentaba impedir que el procónsul Sergio Paulo escuchara la Palabra. Pablo vio con claridad que era un instrumento en las manos de Satanás:
(Hch 13:6-11) "Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto mago, falso profeta, judío, llamado Barjesús, que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios. Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano."
En otra ocasión, cuando años más tarde Pablo predicó el evangelio por algún tiempo en Éfeso, muchos que habían practicado la magia se convirtieron e hicieron una hoguera pública donde quemaron sus libros de magia. Por supuesto, el entrar en un conflicto tan directo con Satanás en su misma fortaleza siempre tiene un precio, así que la reacción no se hizo esperar. En esa ocasión fue un platero llamado Demetrio, que hacía templecillos de Diana, el que reunió a los otros de su mismo oficio con el fin de ir en contra de Pablo al ver que su negocio se estaba viendo perjudicado por la predicación del evangelio (Hch 19:23-41). En ese momento la indiferencia de las autoridades favoreció a la causa del evangelio, pero hubo otras muchas ocasiones en las que esto no fue así.
2. Los judíos
Por ejemplo, cuando predicaron el evangelio en Tesalónica los judíos incrédulos juntaron una turba y alborotaron la ciudad acusando a Pablo delante de las autoridades. En ese momento los judíos manifestaron una sospechosa fidelidad al Imperio Romano: "Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá... y contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús" (Hch 17:6-7). Finalmente el apóstol tuvo que abandonar urgentemente la ciudad y los hermanos tuvieron que pagar una fianza (Hch 17:1-9). Además es muy probable que Pablo se tuviera que comprometer a no volver por Tesalónica en cierto tiempo. Seguramente es a esto a lo que se refiere cuando poco después escribió a los jóvenes creyentes hablándoles de su deseo de regresar a verles, pero se lamentaba de que "Satanás les había estorbado" (1 Ts 2:18).
Pero esta no había sido la primera vez que había experimentado la oposición de los judíos. Ya en su primer viaje misionero los judíos se enfrentaron con él en Antioquía de Pisidia y también allí pusieron en su contra a las autoridades (Hch 13:45,50) y lo mismo ocurrió en Iconio (Hch 14:2,5), y Listra (Hch 14:19).
Este proceder de los judíos acompañó al apóstol hasta el fin de su carrera, cuando en su última visita a Jerusalén unos "judíos de Asia" provocaron a la multitud que a punto estuvo de matar a Pablo de no haber sido por la rápida intervención del tribuno romano (Hch 21:26-36).
Y una vez que estuvo encarcelado, los judíos querían ver muerto a Pablo a toda costa, de tal manera que un grupo de cuarenta judíos tramaron un complot secreto para matarle, preparando para ello una emboscada con la colaboración y el visto bueno de los principales sacerdotes y ancianos (Hch 23:12-15). El plan parecía perfecto, pero se vino abajo cuando por casualidad el sobrino de Pablo escuchó la conversación y dio aviso al tribuno, quien rápidamente preparó una fuerza de 472 soldados para trasladar a Pablo a Cesarea. Todo esto nos recuerda que Satanás no tiene la última palabra, y que nada podrá ocurrirle a sus siervos si el Señor no lo permite.
3. Las autoridades
Durante todo su ministerio Pablo tuvo constantes problemas con las autoridades.
Cuando escribió a los corintios agregó esta enigmática nota: "En Damasco el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme; y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos" (2 Co 11:32-33). Decimos que es enigmático porque no sabemos qué autoridad tenía el rey árabe Aretas en Damasco, la cual era normalmente controlada por los romanos. ¡Más confuso, sin embargo, era el hecho de que los judíos y los árabes aparentemente cooperaron en tratar de matar a Saulo! ¡Era tan inusual entonces como lo sería hoy, que los judíos y los árabes cooperen en la persecución de un judío! ¡Cualquiera que haya sido la razón, todos los recursos de Damasco fueron movilizados para tratar de matar a un hombre!
Más adelante fue apresado por los romanos y el gobernador Félix podría haberle puesto en libertad, sin embargo lo retuvo durante dos años en Cesarea con la esperanza de que Pablo o sus amigos le convencieran para que hiciera mediante el soborno lo que de hecho era su deber (Hch 24:22-27).
Finalmente tuvo que apelar a Cesar por el complot de judíos y romanos (Hch 25:9-12).
4. Los cristianos
En otras ocasiones Satanás trabaja a través de los cristianos para impedir el avance del evangelio. Recordemos la reprensión de Jesús a Pedro: "¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres" (Mr 8:33).
Pablo tuvo que acostumbrarse a ser excluido con frecuencia de ciertos círculos cristianos. En cierto sentido hubo un tiempo cuando esto fue comprensible; a nadie le extraña que cuando el terrible perseguidor de los cristianos se convirtió, muchos de ellos desconfiaran de él e intentaran evitarle. Su reacción era lógica, considerando el terror que había inspirado y las heridas que les había infligido. ¿No era acaso una conocida estrategia de los espías infiltrarse en las filas de sus adversarios fingiendo haberse comprometido con su causa?
(Hch 9:26) "Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo."
Pero Pablo siguió sufriendo esta exclusión durante todo su ministerio. Por ejemplo, cuando escribe a los Corintios se lamenta de que pusieran en duda su apostolado cuando ellos mismos se habían convertido por su ministerio. Por supuesto, tenía que ser muy triste para el apóstol tener que sufrir la imparable persecución a la que le sometieron algunos a los que él llama "falsos apóstoles" y "obreros fraudulentos" (2 Co 11:13), pero sin duda le dolió mucho más que sus propios discípulos, de quien se cabía esperar que le hubieran defendido contra sus detractores de manera espontánea, fueran quienes pusieran en duda su autoridad.
(1 Co 9:1-2) "¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor."
Incluso cuando Pablo era un prisionero por causa del evangelio, todavía había algunos que usaban la coyuntura para crearle mayor aflicción. Escribiendo a los Filipenses desde la cárcel se lamenta de lo siguiente:
(Fil 1:15-17) "Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio."
5. Problemas con otros ministros
Con el crudo realismo que caracteriza a la Biblia, encontramos en sus páginas algunos relatos que nos pueden resultar insólitos.
Uno de ellos tiene que ver con un enfrentamiento entre Pablo y Bernabé que a punto estuvo de hacer peligrar el segundo viaje misionero y que finalmente separó a estos dos grandes hombres de Dios:
(Hch 15:36-41) "Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están. Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre, y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, y pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias."
La cuestión central tenía que ver con el abandono de Juan Marcos, el sobrino de Bernabé, durante el primer viaje misionero. ¿Se le debía dar una segunda oportunidad a alguien que había abandonado una responsabilidad tan seria? Esto produjo lo que hoy llamaríamos "diferencias irreconciliables". Pablo sabía lo difícil que había sido el recorrido del primer viaje, e imaginaba las nuevas dificultades que encontrarían en la ardua jornada siguiente. Si iban a apoyarse en alguien y a confiar en esa persona para cuando fuera necesario, Pablo necesitaba un colaborador que pudiera perseverar hasta el final. A sus ojos, Juan Marcos no era definitivamente ese hombre. A Bernabé le preocupaban las personas, mientras que Pablo estaba protegiendo la misión. Bernabé miraba el futuro, mientras que Pablo no olvidaba el pasado. En realidad no había ningún asunto doctrinal de por medio, pero estos dos misioneros, que estaban llenos de cicatrices de las batallas que en el pasado habían enfrentado juntos, ahora tenían tal desacuerdo que decidieron seguir caminos diferentes. Sin duda fue muy triste cuando aquellos dos hombres de Dios que habían sido buenos amigos y colaboradores en la obra de Dios se separaron. Seguramente esto no cuadra con la idea que nosotros tenemos de un héroe espiritual. Y lo cierto es que cuando hay conflicto entre creyentes o entre los siervos de Dios, toda nuestra energía espiritual se consume. Desgraciadamente tenemos que admitir que una de las razones por la que la obra del Señor sufre en nuestro tiempo es por las divisiones entre los cristianos.
Pablo tuvo también otra confrontación muy importante con Pedro cuando ambos estaban en la iglesia de Antioquía:
(Ga 2:11-14) "Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?"
Cuando Pedro llegó a Antioquía había tenido una relación libre y natural con los cristianos gentiles de la iglesia, pero su actitud cambió radicalmente cuando vinieron "algunos de parte de Jacobo" y se apartó de los gentiles "por miedo a los de la circuncisión". Por supuesto nos gustaría conocer más detalles acerca de estos que había venido de parte de Jacobo y si le habían transmitido a Pedro algún mensaje que le hizo cambiar su forma de comportarse. El caso es que su nueva actitud obstaculizaba seriamente la misión entre los gentiles y les daba a entender que debían circuncidarse para ser cristianos plenamente aceptados por la iglesia madre en Jerusalén. Por supuesto, Pablo no era un hombre que se dejara atemorizar por otros, y luchaba por lo que creía, no dudando en defenderlo aunque para ello tuviera que enfrentarse con otros líderes importantes. Por supuesto, Pablo se esforzaba en hacerse "de todo a todos" por causa del evangelio (1 Co 9:19-23), y estaba dispuesto en no comer carne, ni beber vino, ni ninguna otra cosa que hiciera tropezar a su hermano (Ro 14:13-21). Y Pedro también pensaba así, por tanto no es difícil pensar que cuando vio a algunos miembros de la iglesia de Jerusalén con conciencias más escrupulosas en cuanto a la comida pensara en la conveniencia de cambiar su práctica por el bien de ellos. Pero Pablo estaba especialmente preocupado por la misión entre los gentiles. ¿Qué debieron pensar los creyentes gentiles cuando vieron el cambio de actitud de Pedro? Sólo podían sacar una conclusión: mientras no se circuncidaran serían, en el mejor de los casos, ciudadanos de segunda dentro de la iglesia de Cristo. Esto parece ser que fue lo que Pablo quiso expresar cuando dijo que Pedro estaba obligando a los gentiles a judaizar. De hecho esto no fue lo que se acordó en la conferencia de Jerusalén (Hch 15:22-30), y Pablo entendió que la verdad del evangelio estaba siendo seriamente comprometida. En Cristo no hay "judío ni gentil" (Ga 3:28), el muro intermedio de separación había sido derribado por la obra de Cristo (Ef 2:13-16). Pablo no se iba a quedar con los brazos cruzados mientras volvían a levantar muros de carácter religioso o social. Si la gracia de Dios se recibía por fe y no por el cumplimiento de la ley de Moisés, entonces estaba disponible en igualdad de condiciones para judíos y gentiles; llevar a cabo en la práctica una división entre creyentes judíos y gentiles, como estaba haciendo Pedro y los demás, suponía de hecho una negación del evangelio. Es más, si como mantenían aquellas personas, "por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo" (Ga 2:21). Cuando los principios del evangelio no estaban en juego, Pablo era el más conciliador de los hombres, pero si se trataba de la verdad del evangelio, estaría dispuesto a enfrentarse con quien fuera. Tal vez hagan falta hombres como él en nuestro cristianismo moderno.
6. Enfermedades
Pablo también habla de un "aguijón en mi carne" y discierne que era "un mensajero de Satanás" (2 Co 12:7). Y aunque no sabemos en qué consistía este aguijón, muchos piensan que podría tratarse de alguna enfermedad crónica. Parece ser que el apóstol discernió que el origen era Satanás y que seguramente su propósito era hacerle renunciar a su llamamiento o ministerio.
7. La indiferencia del mundo
La experiencia de Pablo en Atenas fue muy diferente a todo lo que le había ocurrido en otras partes. Allí no se encontró con una terrible persecución, sino con algo que para una fe tan vehemente como la suya era mucho peor: la indiferencia. Su mensaje en el Areópago no despertó ni interés ni oposición. Los atenienses simplemente no hicieron caso de lo que dijo ese "palabrero" (Hch 17:16-34). Pareciera no haber en ellos nada que el evangelio pudiera afectar. No parecían sentir necesidades que pudiera satisfacer. Partió de Atenas y no sabemos que nunca volviera a ella. De allí llegó a Corinto y él mismo nos dice que llegó con mucha flaqueza, y en temor y temblor. Tal vez esperaba que allí sería recibido de una forma similar, pero fue entonces cuando el apóstol fue visitado con una de esas visiones que solían serle concedidas en las crisis más penosas y decisivas de su historia:
(Hch 18:9-10) "Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad."
En el día de hoy sigue habiendo muchos países que se oponen al avance del evangelio y en los que está prohibido predicar el evangelio. Pero el mayor problema que tenemos en el mundo occidental es la indiferencia y el educado rechazo con el que se silencia el evangelio. Cuando hay un rechazo violento implica al menos un impacto relativo, pero la indiferencia implica un fracaso absoluto.
8. Otras formas
Estos son sólo algunos ejemplos de cómo Satanás puede obrar para impedir el avance del evangelio y destruir la Iglesia de Cristo. Y los mismos nombres con los que es descrito en la Biblia nos pueden dar una idea de algunas de las otras tácticas que puede usar para lograr su fin: "acusador de los hermanos", "destructor", "padre de mentira", "engañador", "príncipe de la potestad de las tinieblas"...

Comentarios

Venezuela
  WILMER MIJARES  (Venezuela)  (07/09/2016)
BUENOS ESTOS ESTUDIOS MIS HERMANOS.
DIOS LES BENDIGA Y LES PROTEJA SU HERMANO Y AMIGO, PASTOR WILMER MIJARSE


Ecuador
  Hugo Espinoza  (Ecuador)  (17/08/2016)
Muy presioso el mensaje, que El Todopodero lo siga bendiciendo. He aprendido lo bueno sobre el sufrimiento. Me gustaría contnuar en su página muy att. Hugo
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