Estudio bíblico: El estilo de liderazgo del apóstol Pablo (1 Ts 2:1-12) -

Serie:   El apóstol Pablo   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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El liderazgo de Pablo - (1 Ts 2:1-12)

Introducción

Pablo llegó a Tesalónica junto a un pequeño grupo de misioneros en el transcurso de su segundo viaje misionero. Fruto de su visita fue la formación de una congregación de cristianos. Sin embargo, el apóstol y su equipo no pudieron pasar mucho tiempo entre ellos debido a la fuerte oposición de los judíos, que les obligó a salir de la ciudad precipitadamente (Hch 17:1-10).
A partir de ese momento Pablo no dejó de estar preocupado por estos jóvenes convertidos. Él sabía que el diablo aprovecharía su ausencia para emplear todo tipo de tácticas con el fin de destruir la iglesia. Sus sospechas se vieron confirmadas cuando Timoteo regresó de su visita a Tesalónica y le informó de que los enemigos del evangelio estaban aprovechando la ausencia de los misioneros para desacreditarlos ante los ojos de los nuevos creyentes. No cabe duda de que su estrategia era buena: si lograban denigrar el nombre de los apóstoles, al mismo tiempo estarían desacreditando el Evangelio que predicaban; "mata al mensajero y también morirá el mensaje", debieron pensar.
Lo que realmente preocupaba a Pablo no era su propia reputación, sino la del evangelio, y la perseverancia de los tesalonicenses en el camino de la salvación. Así que tomó la decisión de escribirles con el fin de recordarles cuál había sido su comportamiento mientras habían estado con ellos y cómo éste estuvo en todo momento en consonancia con el mensaje que predicaban. Pero al mismo tiempo que hace su defensa, expone también cuáles son las verdaderas motivaciones que un siervo de Dios debe tener.
Vamos a considerar algunos de estos principios que tienen valor permanente, y más en nuestros tiempos cuando frecuentemente nos encontramos con escándalos originados por líderes religiosos que saltan a la prensa porque no viven de manera coherente con el evangelio.
1. La cercanía del apóstol
(1 Ts 2:1) "Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana."
La primera cosa que caracterizaba el estilo de liderazgo del apóstol Pablo era su cercanía y transparencia, de tal manera que aunque había pasado poco tiempo en Tesalónica, todos los creyentes allí habían podido llegar a conocerle de forma muy personal. El apóstol no era una celebridad remota, un líder distante al que difícilmente se podía acceder, sino que había vivido entre ellos, trabajaba a su lado, visitaba sus casas, conocía sus familias... Para ellos Pablo no era un extraño, y su ministerio lo había ejercido a la vista de todos, de forma completamente transparente, sin nada que ocultar.
Por esta razón, al comenzar su defensa, frente a las calumnias que estaban diciendo de él, Pablo apela a lo que ellos mismos conocían de él. Veamos cómo este argumento lo repite una y otra vez:
  • "Vosotros mismos sabéis..." (1 Ts 2:1).
  • "Como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio..." (1 Ts 2:2).
  • "Nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis..." (1 Ts 2:5).
  • "Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga..." (1 Ts 2:9).
  • "Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros" (1 Ts 2:10).
Las iglesias necesitan pastores cercanos, que tengan trato personal con toda la congregación, transparentes, que actúen con naturalidad, accesibles, que su manera de vivir sea conocida por todos.
2. Una inquebrantable pasión por predicar el evangelio de Dios en medio de una fuerte oposición
(1 Ts 2:1-2) "Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana; pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición."
Pablo les recuerda que cuando llegó a Tesalónica todavía tenía su cuerpo magullado por los azotes y el encarcelamiento que habían sufrido en Filipos. Y no sólo los dolores físicos, sino que también habían padecido la vergüenza de la humillación pública y la indignidad de ver despreciados sus derechos como ciudadanos romanos (Hch 16:11-40). Pero eso no había frenado su determinación de predicar el evangelio en otras partes, así que siguió sin desmayar y llegó a Tesalónica. A él no le importaba si el viento soplaba tras sus espaldas o si le golpeaba fuertemente en la cara. De hecho, sabía que siempre que predicara el evangelio se iba a encontrar con oposición; es una parte ineludible del precio que un siervo de Dios tiene que pagar.
Humanamente hablando, después de todo lo que habían pasado en Filipos, lo que aconsejaría el sentido común era retirarse, no correr más riesgos, ser más discretos, no llevar a cabo una evangelización tan abierta y directa, evitar predicar en la sinagoga sobre aquellos temas que tanto molestaban a los judíos...
Sin embargo, el apóstol no reaccionó como era de esperar desde una perspectiva meramente humana, sino que lejos de desanimarse, llegó a Tesalónica y aunque percibió la misma oposición, tuvo denuedo en Dios para anunciar el evangelio. La palabra "denuedo" denota la completa libertad con la que Pablo se sintió cuando predicaba allí, de hecho se sentía como si estuviera en su propia casa. No tenía miedo, sino una plena confianza para hablar del evangelio con toda claridad.
Este "denuedo" que vence el temor y proporciona una valentía así es obra del Espíritu Santo. Es algo sobrenatural que no se puede explicar humanamente. Así lo afirma Pablo cuando escribe a Timoteo su última carta antes de ser ejecutado:
(2 Ti 1:7-8) "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios."
Quedaba claro, por lo tanto, que la misión de Pablo era una obra auténtica, que tenía su origen en Dios, y los creyentes tesalonicenses lo sabían bien.
3. Las motivaciones de su predicación eran puras
(1 Ts 2:3) "Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño."
Leyendo este versículo no es difícil imaginar las acusaciones de los enemigos del evangelio en Tesalónica. Ellos debían estar diciendo que el mensaje predicado por el apóstol había sido erróneo, sus motivaciones impuras y sus métodos se caracterizaban por el engaño y la manipulación. Estas han sido acusaciones frecuentes en todas las épocas.
La defensa de Pablo se basa en los siguientes puntos:
  • Su mensaje les había sido confiado por Dios mismo, de ahí su completa veracidad, fiabilidad y autoridad. No había en él nada de invención humana.
  • Sus motivaciones estaban marcadas por la santidad, y habían sido probadas y aprobadas por Dios.
  • Sus métodos estaban marcados por la honestidad. No empleaban procedimientos astutos ni engañosos con el fin de atrapar a sus oyentes (la palabra traducida "engaño" se empleaba para describir la carnada que servía para atraer y atrapar al pez). No eran ese tipo de predicadores que crean una atmósfera artificial para manipular a sus oyentes. Nada de palabrería, ni de mentiras, ni de artimañas.
Pablo sabía que la cualidad principal de un líder es su integridad incuestionable. Sólo así puede ganarse la confianza de los que le siguen. De ahí su comportamiento en todas partes:
(2 Co 4:2) "Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios."
4. Probados y aprobados por Dios
(1 Ts 2:4) "Sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones."
Dios había sometido a una prueba rigurosa a Pablo y éste había sido hallado genuino, auténtico, por lo que había puesto sobre él su sello de aprobación. Este es el significado de la expresión "fuimos aprobados", que se usaba para describir lo que hacía un experto en metales para determinar la calidad o el peso de una moneda.
Cuando Pablo escribía a Timoteo muchos años después, todavía se asombraba de que Dios le hubiera tenido "por fiel" y le hubiera puesto en el ministerio depositando en él el tesoro del evangelio (1 Ti 1:12).
Notemos también que esta aprobación divina no era simplemente una apreciación subjetiva de Pablo, sino que otras personas habían confirmado también que había sido Dios quien realmente le había señalado para este ministerio:
  • El primero a quien Dios reveló esto fue a Ananías (Hch 9:15).
  • Años después los apóstoles de Jerusalén ratificaron la legitimidad de su ministerio (Ga 2:8-9).
  • Y de igual manera los maestros y profetas de la iglesia local de Antioquía donde él había estado sirviendo, también reconocieron esto mismo (Hch 13:2).
Pero a Pablo no le interesaba únicamente recibir la aprobación inicial de Dios, sino el reconocimiento del Príncipe de los pastores por una labor bien realizada en la venida de éste. Y para eso no podía "dormirse en los laureles", tenía que justificar en el presente la confianza que Dios había puesto en él al comienzo, realizando para ello una obra digna y seria en el ministerio, sin olvidar que un día tendría que dar cuentas ante él.
Para evitar sorpresas desagradables al final de nuestra carrera, es imprescindible desear ser examinados constantemente por él. Así lo expresaba el salmista:
(Sal 139:23-24) "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno."
Y también nosotros mismos debemos revisar constantemente nuestro trabajo en el ministerio. Estas son algunas de las preguntas que podemos hacernos:
  • ¿Hay algún tipo de impureza moral o personal en mi ministerio?
  • ¿Sirvo en el ministerio por amor al dinero?
  • ¿Predico el evangelio tal como aparece en la Palabra o he cedido a las filosofía y modas teológicas del momento?
  • ¿Estoy aceptando chantajes morales y espirituales de la congregación o del mundo?
  • ¿Estoy buscando los aplausos y complacer a los oyentes en lugar de buscar la gloria de Dios?
5. Su motivación: agradar a Dios y no a los hombres
(1 Ts 2:4) "... No como para agradar a los hombres, sino a Dios..."
Los predicadores enfrentan continuamente muchas tentaciones: ¿le gustara a la gente mi exposición? ¿les caeré bien? ¿me volverán a invitar? ¿me traerá remuneración? ¿me hará famoso? Pablo también había sentido esta lucha dentro de sí mismo, pero una y otra vez afirmaba que su único interés estaba en agradar a Dios. De hecho, era consciente de que sería imposible servirle fielmente si estuviera pensando en complacer también a los hombres:
(Ga 1:10) "Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo."
Si Pablo hubiera estado intentando agradar a Dios y a los hombres al mismo tiempo, se habría visto en la difícil situación de estar queriendo servir a dos señores a la vez.
(Mt 6:24) "Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro?"
El apóstol sabía que el evangelio de la cruz que predicaba no era popular, que a muchas personas les desagradaba y no estaban de acuerdo con él, pero Pablo no se proponía cambiarlo para decirle a la gente lo que ella quería oír, sino que les seguiría predicando lo que necesitaban oír, puesto que estaba en juego el destino eterno de sus almas.
6. No buscaba provecho ni exaltación personal
(1 Ts 2:5-6) "Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo."
Ahora Pablo aborda lo que parecen ser tres de las acusaciones que los enemigos estaban insinuando en la mente de los tesalonicenses: los misioneros utilizan palabras lisonjeras para engañaros, actúan movidos por el amor al dinero y sólo están buscando fomentar su reputación y hacerse importantes entre vosotros. Así que el apóstol nuevamente se defiende recordando a los creyentes cuál había sido su proceder entre ellos:
"Nunca usamos de palabras lisonjeras". Es cierto que la persona que actúa buscando su propia gloria entre los hombres emplea un lenguaje lisonjero. No cabe duda de que la adulación es una forma barata de comprar a la gente. Judas habla de este tipo de personas:
(Jud 1:16) "... Andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho."
Pero Pablo no era un diplomático o político religioso ansioso de hallar las palabras que sonasen bien en los oídos de aquellos que podrían ayudarle a escalar las alturas de la fama en este mundo. Él no acomodó su mensaje al gusto de sus oyentes, no suavizó las demandas del evangelio a fin de ganarles para su causa, no proclamó el perdón gratuito de Dios escondiendo la necesidad de vivir una vida santa y recta, no ocultó el precio que hay que pagar para poder seguir fielmente a Cristo, no eludió temas impopulares como el juicio final y la condenación eterna...
"Ni encubrimos avaricia". Seguramente algunos estaban diciendo que él estaba metido en el "negocio de la predicación" por lo que sacaba de ello y por eso usaba la adulación para conquistar a la gente.
Frente a esto, Pablo cita a Dios por testigo y afirma que su manera de trabajar no estaba orientada en ningún momento hacia el beneficio propio, sino que había servido a los creyentes de forma totalmente desinteresada.
Con esto Pablo no negaba el derecho que como apóstol tenía a recibir ayuda material a cambio de un ministerio espiritual. Él mismo lo había dicho en otras ocasiones:
(1 Ti 5:18) "Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario."
Pero aunque sabía que tenía este derecho, hubo ocasiones en que no hizo caso de ello, como aquí en Tesalónica, donde no quería que nadie pudiese levantar una queja contra él diciendo "éste vive del cuento". Y en cualquier caso, cuando en ocasiones recibía ayuda material por los beneficios espirituales que aportaban a los creyentes, no eran las ofrendas lo que buscaba al realizar su servicio.
Es admirable la humildad de Pablo, que era capaz de limitar su autoridad en beneficio de los demás. Aquí hay un verdadero líder cristiano que está dispuesto a no hacer uso de su poder, y mostrar constantemente su dominio sobre otros, sino que es capaz de controlarse e incluso de ceder a sus derechos legítimos por el bien de otros.
No era como los pastores de Israel denunciados por el Señor.
(Ez 34:2-3) "¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas."
(Is 56:11) "Y estos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado."
Tampoco actuaba como el pastor a sueldo descrito por el Señor, cuyo interés es exclusivamente económico, y no quiere asumir ningún riesgo personal:
(Jn 10:12-13) "Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas."
Debemos revisar bien nuestro comportamiento, porque muchos líderes evangélicos modernos han traído esta misma crítica sobre el cristianismo por los métodos que utilizan para recaudar fondos para su causa.
"Ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo". La tercera acusación tenía que ver con la exaltación propia. No siempre lo que se codicia es el dinero, a veces es el poder y la fama.
Ante esto Pablo afirma que él no estaba buscando ver elogiada su obra ni tampoco a él mismo. Quizá en algunas ocasiones recibía gloria de los hombres, pero no porque la estuviese buscando. De hecho no la quería, sus deseos iban por otra parte. Él era simplemente un siervo indigno llamado y utilizado por la gracia de Dios.
(Lc 17:10) "Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos."
Al terminar este punto, debemos notar que los críticos estaban haciendo acusaciones que podrían haber sido completamente ciertas. Todo siervo de Dios puede caer en la tentación de usar palabras lisonjeras para ganar a su audiencia, o servir por amor al dinero, o buscar su propia vanagloria. Roguemos a Dios que él nos libre de todas ellas.
7. Cuidando a los creyentes con ternura y calor personal
(1 Ts 2:7) "Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos."
Hasta este momento Pablo se ha defendido de las acusaciones de sus opositores diciendo lo que no había hecho, pero a partir de aquí comienza a explicar los aspectos positivos de su liderazgo. Para ello utiliza dos figuras, una nodriza y una madre, ambas aplicadas a la misma persona, a él mismo.
Por un lado la nodriza es un mujer que amamanta o cría a niños que no son suyos. Quizá Pablo usa esta ilustración porque es consciente de que los creyentes que están bajo su cuidado no le pertenecen a él, sino que son del Señor.
Luego pasa rápidamente a decir que esto no lo hace como una profesional, sino como una madre. Utiliza la misma ternura y sentido de responsabilidad con los que trataría "a sus propios hijos".
Esta figura de una madre que cuida de sus hijos es muy sencilla de entender y rica en significado. Nos sugiere amor sacrificado y desprendido, cuidado, ternura, afecto, protección. Pablo veía a los creyentes en Tesalónica como niños recién nacidos a quienes tenía que cuidar con esmero y cariño.
Un líder cristiano no debe ser autoritario, distante, duro o intransigente, sino una persona tierna, accesible y afable, dispuesta a atender a los demás con amor sacrificado.
8. Una disposición de entrega personal a favor de los creyentes
(1 Ts 2:8-9) "Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios."
Continuando en la misma línea que el versículo anterior, Pablo expresa el cariño y afecto entrañable que sentía por los creyentes en Tesalónica. Tal es así, que en ese momento cuando están separados por la oposición del enemigo, él siente un intenso deseo y añoranza de estar con ellos.
Seguramente nos llama la atención que un apóstol se exprese de esta manera, pero aún nos sorprende más en el caso de Pablo. Cuando pensamos en él antes de su conversión, sólo podemos recordar a un fariseo arrogante, orgulloso y salvaje. Sin duda, Dios había hecho un milagro increíble en este hombre transformándolo por completo.
Ahora nos dice que los amaba tanto, que no sólo deseaba compartir la Palabra con ellos, sino todo su ser sin reservas. Aquí vemos la entrega no sólo del mensaje, sino del mensajero. Tal vez debamos reflexionar si quizá mucho de nuestro ministerio no produce frutos porque en nuestro servicio mantenemos un continuo espíritu de reserva. Claro está que un servicio de este tipo es mucho más costoso.
En el caso de Pablo, esto no era una bonita declaración de intenciones de lo que estaría dispuesto a hacer si llegara a ser absolutamente necesario. Sino que este amor había quedado demostrado de forma práctica por su disposición a trabajar duramente noche y día con el fin de evitar ser una carga para ellos incluso en el sentido económico. Podemos imaginar que un trabajo así, en combinación con un ministerio tan exigente e intenso como el que desarrollaron en Tesalónica, no les dejaba mucho tiempo para el descanso y mucho menos para el ocio. Pero el amor verdadero implica entrega, y lo demás es vana palabrería.
Queda claro que Pablo no era un profesional del ministerio cristiano, preocupado por proteger sus supuestos derechos e intereses mediante un contrato laboral en el que quedara reflejado con claridad su salario, vacaciones anuales, días libres, horarios de despacho, finiquitos, jubilación...
El verdadero líder cristiano es alguien que sirve y se sacrifica. La figura de un pastor que vive cómodamente a costa de la congregación no se corresponde con el modelo bíblico que encontramos en el Señor Jesucristo (Mr 10:45), ni en sus apóstoles.
9. Un comportamiento santo que sirva de modelo a los creyentes
(1 Ts 2:10) "Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes"
Pablo les escribe con plena confianza, pudiendo apelar a su testimonio y al de Dios mismo para confirmar que efectivamente su comportamiento entre ellos había sido intachable. Esto es muy importante, porque el líder cristiano siempre es un blanco preferente de Satanás y del mundo, por eso es imprescindible que tanto en su vida privada como pública esté libre de reproche y pueda sobrevivir al escrutinio más estricto.
Al mismo tiempo, un comportamiento así siempre será un ejemplo válido que los creyentes podrán imitar. Y no cabe duda de que estamos necesitados de modelos que nos orienten en la vida cristiana. El Señor Jesucristo dijo que el buen pastor una vez que ha sacado fuera todas las ovejas, va delante de ellas y le siguen (Jn 10:4). Pablo entendió bien este principio y se esforzaba por llegar a ser un buen ejemplo que los cristianos pudieran seguir. Tal fue así que llegó a decir: "Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo" (1 Co 11:1).
Su comportamiento entre ellos se había caracterizado por una forma de vida "santa, justa e irreprensible". Veamos qué significa esto:
"Santa". Los tesalonicenses habían podido presenciar desde la primera fila la devoción de Pablo al Señor y su obra. Pudieron percibir también cómo se apartaba de todo mal, viviendo sin flirtear en ningún momento con el pecado.
"Justa". En todos sus asuntos se habían caracterizado por la rectitud, sin parcialidades, juzgando justamente, sin sentimentalismos malsanos, equitativos, aceptando a cada creyente delante del Señor con sus necesidades particulares. Por otro lado, en su presentación del evangelio habían sido honestos, rectos en la administración de la iglesia y nobles en sus motivaciones.
"Irreprensiblemente". Tal había sido su comportamiento que ninguna queja podía sostenerse después de hacer una investigación. Por supuesto, rumores y acusaciones siempre hay, pero otra cosa es que puedan ser demostradas como ciertas. Este es uno de los requisitos fundamentales del obispo (1 Ti 3:2) (Tit 1:6-7). Esto no quiere decir que no tengan fallos, pero en cualquier caso la gente no debe poder señalarle ningún desorden o cosa impura o escandalosa en su comportamiento.
10. Exhortando y consolando a los creyentes como un padre
(1 Ts 2:11) "Así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros"
Pablo ya ha utilizado la figura de la madre, y ahora va a emplear la del padre. Porque a pesar de que en nuestra cultura moderna la diferenciación de los sexos va desapareciendo, la Escritura nos muestra que el papel de la madre y el padre son distintos y complementarios en la educación de los hijos.
Como ya hemos visto, la figura de la madre sugiere ternura, cuidado, alimentación... en cambio, la del padre se identifica mayormente con la autoridad, firmeza, enseñanza, orientación, disciplina...
Pablo sentía una fuerte responsabilidad por la edificación espiritual y el desarrollo hacia la madurez de cada creyente, por esta razón llevó a cabo un importante ministerio de exhortación y consolación personal. Él sabía que no era suficiente la predicación generalizada ante toda la iglesia, sino que era necesaria una comunicación más personal y directa, por lo que llevó a cabo un ministerio individual, aplicando la Palabra a las situaciones concretas que cada creyente estaba viviendo. Y esto lo hizo como un padre que conoce a cada uno de sus hijos y les dedica tiempo por separado.
Por lo tanto, la estrategia de Pablo fue combinar la predicación pública con un ministerio más personal en las casas:
(Hch 20:20) "y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas"
Las dos palabras que usa para describir este ministerio, "exhortar y consolar" son muy sugerentes. La "exhortación" sugiere la idea de estar al lado de los creyentes para compartir sus situaciones, comprenderles, aconsejarles, estimularles, instruirles, encauzarles. Por otro lado, el término "consolar" tiene que ver con alentar y animar en situaciones de dolor, tribulación o presión, compartir las cargas de otros, simpatizar con sus sufrimientos. No debemos olvidar que una parte esencial de la labor pastoral es compartir el dolor de los que lloran y buscan así un alivio para su tristeza.
11. La meta de su ministerio: que los creyentes anden como es digno de Dios, glorificándole en todo
(1 Ts 2:12) "Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria."
Pablo les hizo un "encargo solemne" (esta es la idea en el original). Cómo veía los peligros que estaban corriendo, les exhortó con urgencia a andar como era digno de su vocación celestial.
Esta era la meta de su ministerio, preparar a los creyentes para que vivieran un estilo de vida consecuente con su fe; para "que anduvieseis como es digno de Dios". La vida cristiana no es simplemente un conjunto de doctrina que creer, sino una manera de vivir, de andar. Según la enseñanza de la Escritura sólo hay dos maneras de "andar": conforme al Espíritu o conforme a la carne. Pablo quería que andaran como es digno de Dios, lo que indica vivir en conformidad con la santidad y el carácter de Dios. Debemos vivir santamente porque Dios que nos llama lo es (1 P 1:15), debemos ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5:48), debemos ser imitadores de Dios como hijos amados (Ef 5:1).
El propósito de este tipo de vida es que estuvieran preparados para "su reino y gloria", y esto sólo es posible viviendo de una forma consecuente con el Dios que les había llamado. Esta es la meta más alta a la que puede aspirar un cristiano: andar como hijos del Rey de la gloria en este mundo. Esto implica vivir en estrecha comunión con el Rey, obedeciéndole y siguiéndole; vivir en este mundo conforme a los principios de su reino futuro. Para conseguir este fin, Pablo sabía que la labor de un pastor puede contribuir mucho a que esta meta se alcance en la vida.
¿Puede haber una ocupación más bendita, o un desafío más glorioso?

Comentarios

Argentina
  Marcelo Celauro  (Argentina)  (10/10/2014)
Muy completo el.comentario
Gracias
Venezuela
  Jose Diaz  (Venezuela)  (02/10/2013)
Exelente tema para nuestro tiempo,hoy cuando se necesita lideres capacitado felicitaciones
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