Estudio bíblico: Exhortación a guardar la Palabra - 2 Timoteo 1:13-18

Serie:   2 Timoteo   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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Exhortación a guardar la Palabra - 2 Ti 1:13-18

(2 Ti 1:13-18) "Retén la forma de las sanas palabra que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros. Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes. Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Éfeso, tu lo sabes mejor."

Introducción

Estudiaremos este pasaje con el siguiente esquema:
1. Exhortación a guardar el buen depósito de la Palabra (2 Ti 1:13-14)
  • Lo que debía guardar: "La forma de las sanas palabras que de mí oíste".
  • Cómo debía guardarlo: "En la fe y amor que es en Cristo Jesús".
  • Los recursos con los que contaba: "El Espíritu Santo que mora en nosotros".
2. Ejemplos personales de lealtad y abandono (2 Ti 1:15-18)
  • Varios ejemplos negativos: los de Asia, Figelo y Hermógenes
  • Un ejemplo positivo: Onesíforo y su casa

Exhortación a guardar el buen depósito de la Palabra

(2 Ti 1:13-14) "Retén la forma de las sanas palabra que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros."
Una vez que el apóstol ha explicado que nuestras vidas son guardadas por Dios y que este depósito está a salvo en sus manos, ahora pasa a explicar a Timoteo que Dios también nos ha entregado a nosotros un depósito que debemos cuidar. En esto consiste la nueva exhortación que ahora vamos a considerar.
1. Lo que debía guardar: "Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste"
Pablo alienta a Timoteo para que sea fiel en el cuidado de "las sanas palabras que de mí oíste". El apóstol estaba al final de su carrera, y desde la cárcel asistía a la rápida decadencia del testimonio por el cual había trabajado tanto. En esas circunstancias encarga a su discípulo y colaborador que continúe con el ministerio que le había encomendado el Señor. En especial, había dos cosas que eran muy importantes para el apóstol:
  • "Retén la forma de las sanas palabras". Timoteo tenía un patrón, bosquejo, ejemplo o modelo por el que guiarse y del que no debía apartarse. La figura que usa es la de alguien que calca con exactitud los contornos de un modelo que tiene debajo. Su aplicación implica principalmente ser leal al contenido de la Palabra de Dios, si bien también puede incluir el uso de las mismas expresiones mediante las cuales se comunica esta verdad. En nuestros día es conveniente tener esto en cuenta, máxime cuando en el afán de algunos por usar un lenguaje más moderno, cambian los conceptos bíblicos por otros que no expresan lo mismo. No debemos avergonzarnos de términos como "la sangre de Cristo que nos limpia de todo pecado", "expiación", "redención", "justificación", "nacer de nuevo", u otros muchos que ya no son agradables al oído moderno. La razón para insistir en esto, es que estas palabras son "sanas", y tienen la facultad de producir sanidad espiritual, en contraste con aquellas enseñanzas de los falsos maestros que es enfermiza (1 Ti 6:3-5).
  • "Las palabras que de mí oíste". Lo que Timoteo debía retener y enseñar era exactamente aquello que había recibido del apóstol (2 Ti 2:2) (2 Ti 3:10). Esa es la sana doctrina, y cualquier predicador que quiera ser fiel al Señor, deberá adherirse también a las grandes verdades que cuentan con esa misma autoridad apostólica. De todo esto se deduce que Pablo estaba afirmando también que Dios le usaba para revelar su verdad inspirada, ya que de otro modo, no tendría sentido que Timoteo guardara sus palabras con tanto cuidado y rigor.
El apóstol estaba haciendo estas exhortaciones con el telón de fondo de los falsos maestros, y esperaba que Timoteo no permitiría que las falsas doctrinas eclipsaran o menoscabaran la verdad de Dios.
Hoy en día es triste ver como muchas iglesias apenas prestan atención a la doctrina. En muchos casos, la verdad se ha convertido en algo completamente relativo, de tal manera que la linea divisoria entre un falso maestro y uno auténtico no está definida. Pero el verdadero cristianismo ha quedado bien definido y se contrasta con claridad con el error y la herejía, ya que de otro modo, no tendría sentido hacer esta exhortación a retener algo que no sabemos qué es con exactitud. Y hoy más que nunca, cuando todo vale y todo se justifica, se hace imprescindible tomar seriamente en consideración esta exhortación del apóstol: "Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste".
2. Cómo debía guardarlo: "En la fe y amor que es en Cristo Jesús"
Una vez que se ha definido qué es lo que se debe "retener", Pablo indica la manera en que se debe llevar a cabo: "en la fe y amor que es en Cristo Jesús". Inmediatamente vemos que no se trata de mantener unas palabras o fórmulas religiosas de manera mecánica o litúrgica, pero sin vida.
En primer lugar dice que debe ser "en la fe en Cristo Jesús". Esto destaca un aspecto fundamental de nuestra relación con Dios. Quiere decir que para retener correctamente la verdad, no se puede hacer de un modo académico, sino que es imprescindible una relación espiritual con Dios adecuada.
Y añade, "en el amor en Cristo Jesús". Este amor puede estar orientado hacia Dios o hacia nuestro prójimo. Ambas opciones son necesarias. Debe ser por amor a Dios que debemos enseñar y guiar a otros en la verdad. Y nunca podemos olvidar nuestra dependencia de "Cristo Jesús" como fuente de ese amor genuino.
3. Los recursos con los que contaba: "El Espíritu Santo que mora en nosotros"
Y en tercer lugar, este depósito que Dios nos ha confiado, sólo puede ser retenido y guardado "por el Espíritu Santo que mora en nosotros".
Ya hemos comentado que el "deposito" al que se refiere aquí tiene que ver con el mensaje del evangelio que le había sido encargado a Timoteo. Esta es una responsabilidad que recae ahora sobre nosotros y en la que debemos mostrar toda diligencia y cuidado para que no sufra ninguna pérdida o pueda ser adulterado por medio de alguna herejía que lo pervierta (1 Ti 1:3). Más adelante, en el siguiente capítulo, Pablo añadira que nuestra responsabilidad no es únicamente guardarlo, sino también transmitirlo (2 Ti 2:2), pero lo que en este momento le preocupaba era el gran abandono de la fe que la iglesia estaba experimentando.
Ante una tarea de tal envergadura, nuestras propias fuerzas o vigilancia se muestran claramente insuficientes, y Dios lo sabe perfectamente, así que, aunque nos ha encomendado este depósito para que lo guardemos, también nos ha facilitado los recursos necesarios para hacerlo: "Por el Espíritu Santo que mora en nosotros".
Por la historia podemos ver que muchas de las herejías que se introdujeron en el cristianismo, lo fueron por hombres que eran sabios en su propia opinión y que confiaron más en sus propias ideas que en la guía del Espíritu Santo para enseñar la sana doctrina revelada en la Palabra. Para no caer en los mismos errores y mantener la pureza de la Palabra, debemos someternos constantemente a la dirección, enseñanza, exhortación e instrucción del Espíritu Santo "que mora en nosotros" (1 Jn 2:26-27). Así que, finalmente, aunque este depósito nos ha sido encomendado a nosotros, en último término, sigue siendo Dios quien se encarga de su cuidado.

Ejemplos personales de lealtad y abandono

(2 Ti 1:15-18) "Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes. Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Éfeso, tu lo sabes mejor."
A primera vista, este párrafo puede parecernos irrelevante en relación con el hilo de pensamiento que Pablo está desarrollando. Sin embargo, si nos fijamos bien, veremos que no carece de propósito. La clave para entenderlo está en el hecho de que Onesíforo no se avergonzó del encarcelamiento de Pablo (2 Ti 1:16), de tal manera que es un excelente ejemplo de aquello a lo que ha estado exhortando a Timoteo anteriormente (2 Ti 1:8).
1. Varios ejemplos negativos: los de Asia, Figelo y Hermógenes
Es muy probable que Timoteo se encontrara en Éfeso cuando Pablo le escribió esta carta, así que ahora el apóstol menciona dos casos de personas de esa zona que él conocería bien y que servían para ilustrar aspectos negativos y positivos de aquellas cosas a las que le había exhortado hasta ese momento.
Comienza recordando el ejemplo negativo de "los que están en Asia", al que apenas dedica un versículo, para explayarse más ampliamente en el ejemplo positivo de Onesíforo y su casa que tanto gozo le producía.
La provincia romana de Asia es mencionada con frecuencia en el Nuevo Testamento, y por el libro de Hechos sabemos que Pablo fue uno de los apóstoles que más predicó allí. Pasó tres años en Éfeso (Hch 20:31), su capital, y desde allí trabajó de tal manera que "todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús" (Hch 19:10). El mismo Demetrio, un platero importante de Éfeso que hacía templecillos de la diosa Diana, acusaba a Pablo de que "no solamente en Éfeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos" (Hch 19:26). Está justificado decir que el apóstol había ejercido una profunda influencia espiritual sobre esa región, llegando incluso a tener importantes amigos entre las autoridades de Asia (Hch 19:31).
A la luz de todo esto, nos cuesta entender que después de todo el bien que habían recibido del apóstol, todos ellos llegaran a abandonarle cuando él los necesitó. No podemos saber con certeza si este abandono incluía también un alejamiento de la verdad que él les había enseñado, o si sólo se trataba de un abandono de su persona en las difíciles circunstancias por las que atravesaba. Es muy probable que ambas cosas estuvieran ocurriendo, lo que nos da una idea del terrible dolor que Pablo sufriría por todo ello.
Evidentemente, tenía que ser muy comprometido identificarse con Pablo en esas circunstancias. Él era uno de los más importantes representantes del cristianismo en aquellos días, y no sería de extrañar que las autoridades romanas tratasen de conocer a otros de sus colaboradores más cercanos. Así que, los creyentes de Asia decidieron no arriesgarse y se desentendieron del apóstol.
Entre todos los que le dieron la espalda, Pablo menciona a "Figelo y Hermógenes", que tienen el dudoso honor de aparecer en las páginas de la Biblia porque rehusaron identificarse con el apóstol, y también con el evangelio que predicaba. Sin duda Timoteo los conocía y por eso Pablo no hace nada para identificarlos. Tal vez ellos fueron líderes de la iglesia que promovieron esta actitud entre lo otros creyentes de Asia. En cualquier caso, el hecho de mencionarlos por nombre, indica que habían causado un particular dolor en el corazón del siervo de Dios. ¡Qué triste que hayan pasado a la historia porque abandonaron al apóstol cuando más solo estaba!
En este párrafo se percibe el tremendo dolor que esta situación produjo en Pablo. Por supuesto nunca es agradable que el mundo nos rechace, pero ser abandonado por otros cristianos, o incluso por colaboradores en el servicio cristiano, es especialmente doloroso. Podemos imaginar cómo se desgarraba el corazón de Pablo al ver que aquellos por los que él había dado su vida para edificarlos espiritualmente se alejaban y lo dejaban en el olvido.
2. Un ejemplo positivo: Onesíforo y su casa
Los momentos de adversidad sirven para revelar con claridad quiénes son los verdaderos amigos. Y así, frente al oscuro trasfondo que la triste conducta de "todos los que están en Asia" nos ha dejado, se destaca la belleza de carácter y la nobleza de las acciones de un hombre llamado Onesíforo.
En realidad, de alguna manera, esta misma situación se repite una y otra vez en nuestras propias circunstancias. También en nuestras iglesias podemos encontrar malos y buenos ejemplos en cuanto a la fe. Lo importante en cada caso es seguir los buenos ejemplos sin dejarnos influir por aquellas actitudes que son negativas (3 Jn 1:11).
Onesíforo y su familia son un excelente ejemplo para nosotros. Ellos eran creyentes de Éfeso, pero a diferencia de los otros creyentes de Asia, ellos se distinguieron por su valeroso ejemplo. El nombre de Onesíforo significa "portador de ayuda", y en su caso podemos decir que vivió de acuerdo con el significado de su nombre. Asumiendo importantes riesgos personales, se identificó con Pablo. Él sí que era un amigo genuino y un cristiano valiente. Pablo resalta tres cosas de su comportamiento en aquellos días difíciles.
  • "Muchas veces me confortó". Cuando el apóstol se encontraba en medio del ardor del fuego de la persecución, Onesíforo le había dado aliento y refrigerio. Aun Pablo, un hombre de valor, intrépido y de una fe asombrosa, también pasaba por momentos en los que necesitaba aliento, y las visitas de Onesíforo cumplieron con este propósito. Además, no olvidemos que en aquellos tiempos, las personas que estaban encarceladas tenían que responsabilizarse con frecuencia de sus propias necesidades, y muy probablemente, una de las formas en las que Onesíforo confortó a Pablo fue por medio del suministro de comida.
  • "No se avergonzó de mis cadenas". Como ya hemos dicho, la identificación con Pablo en aquellos días podía ser peligrosa. Parece que de hecho sus cadenas fueron un elemento que contribuyeron a que el círculo de sus amigos disminuyera casi hasta el punto de desaparecer. Pero ese no fue el caso de Onesíforo. Para él, las cadenas fueron un aliciente para acercarse al apóstol con mayor urgencia.
  • "Me buscó solícitamente y me halló". Parece que en aquellos días resultaba complicado encontrar a Pablo. Se requería de empeño y de una voluntad firme para localizarlo. Pero Onesíforo logró vencer todos los obstáculos. Cuando Pablo dice, "y me halló", podemos imaginar la cara de sorpresa cuando en aquel recóndito lugar recibió la visita de su leal amigo.
En el momento en que Pablo escribe no sabemos dónde estaba. Algunos han especulado con que Onesíforo estaba muerto, pero no hay ninguna prueba de ello. Tal vez fue él mismo quien llevó esta carta a Timoteo.
El recuerdo agradecido por su noble conducta, lleva al apóstol a hacer una petición a favor de Onesíforo y su casa, rogando que el Señor que tenga misericordia de ellos en los tiempos difíciles que se avecinaban y también que el Señor le recompensara en su gloria eterna. En realidad, estaba pidiendo para esta familia algo que el mismo Señor ya había prometido: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5:7).

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