Estudio bíblico: Un siervo de Dios aprobado y útil - 2 Timoteo 2:14-26

Serie:   2 Timoteo   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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Un siervo de Dios aprobado y útil - 2 Ti 2:14-26

(2 Ti 2:14-26) "Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos. Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor. Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él."

Introducción

En esta sección Pablo va a hacer diferentes exhortaciones a Timoteo para que pueda ser útil en el evangelio. Para ello se va a valer una vez más de varias ilustraciones. Veamos un resumen del contenido de esta sección:
Tema: Exhortaciones para que el siervo de Dios sea útil en el evangelio (2 Ti 2:14-26).
  • Como obrero: deberá tratar la verdad con rectitud frente a las falsas enseñanzas, evitando contender sobre palabras, porque esto conduce a la impiedad, sino que por el contrario tendrá que dar ejemplo del uso correcto de la palabra de verdad (2 Ti 2:14-19).
  • Como instrumento: deberá apartarse de la iniquidad y limpiarse de ella para ser un instrumento útil para el Señor (2 Ti 2:20-22).
  • Como siervo: deberá desechar cuestiones necias y tratar con paciencia a los que están en el error (2 Ti 2:23-26).

Como obrero

(2 Ti 2:14-19) "Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos. Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo."
Pablo comienza esta serie de exhortaciones con el siguiente llamado: "Recuérdales esto". Todo el pueblo de Dios, y especialmente aquellos que tienen responsabilidades de liderazgo dentro de él, siempre deben recordar las grandes verdades de las Escrituras. El apóstol Pedro tenía esta firme intención: "Yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente" (2 P 1:12). Y Pablo les decía a los Filipenses: "A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro" (Fil 3:1).
Ahora bien, ¿qué era lo que debía recordarles? Seguramente no se refería únicamente a la conclusión de los últimos versículos, sino a "las sanas palabras que de mí oíste" (2 Ti 1:13) (2 Ti 2:2) (2 Ti 3:10). Es decir, toda la enseñanza que Timoteo había recibido del apóstol, ya que sólo estas "sanas palabras" pueden producir sanidad y actuar como antídoto contra las falsas doctrinas que son contagiosas y destructivas como la "gangrena" (2 Ti 2:17). Esta era la razón por la que nunca debería dejar de recordarles esto a los hermanos.
Las próximas exhortaciones se revisten de mucha importancia, a tal punto que Pablo dice que se han de hacer "delante del Señor". Tanto Timoteo, como aquellos que iban a recibir sus exhortaciones, debían ser conscientes de que estaban en la presencia del Señor. De hecho, es siempre así, aunque a veces nos vendría bien ser más conscientes de ello.
Pablo nos recuerda que el Señor no sólo es testigo de todo lo que oímos o decimos, sino que también un día seremos llamados a rendir cuentas ante él por la forma en la que hemos desarrollado nuestro ministerio. Y por ello, en última instancia, lo único que nos debe preocupar de verdad es contar con su aprobación divina (1 Co 4:1-5).
Veamos cuáles son estas exhortaciones que Timoteo debería hacer "delante del Señor".
1. "Que no contiendan sobre palabras"
En la primera carta que Pablo escribió a Timoteo ya había tratado este mismo asunto (1 Ti 6:3-5). Parece que en Éfeso algunos se habían apartado de la verdad y se habían desviado a la vana palabrería (1 Ti 1:3-7). Y aunque no entendían ni lo que hablaban ni afirmaban, sin embargo se creían "doctores", y siempre estaban dispuestos a pelear con la lengua y provocar todo tipo de disputas inútiles. El apóstol se refirió a esas "palabras" como "fábulas y genealogías interminables" (1 Ti 1:4) y "fábulas profanas y de viejas" (1 Ti 4:7).
El obrero del Señor no debe dejarse enredar en discusiones vacías, especulativas y carentes de propósito, y del mismo modo, también debe advertir a los hermanos para que ellos tampoco lo hagan. Cuando hay un mundo que se pierde porque no conoce el evangelio, no tiene sentido que los creyentes se entreguen a vanas contiendas sobre palabras, que lo único que consiguen es confundir a los incrédulos y a los creyentes: "es para perdición de los oyentes". La palabra griega que el apóstol utiliza para "perdición" ha llegado al castellano sin necesidad de ser traducida como "catástrofe". En las contiendas sobre palabras no hay ninguna edificación, sino que por el contrario, obstaculizan el camino de los incrédulos para que no lleguen a conocer la verdad, y pueden crear duda y desánimo entre los mismos creyentes. Todos los que presten su oído a estos palabreros serán arrastrados al desastre y la ruina espiritual de sus vidas.
Y hay que decir que en nuestro tiempo esta exhortación sigue teniendo plena vigencia. Muchos comentaristas bíblicos están afanados en la búsqueda de nuevas definiciones de las palabras griegas con el fin de llegar a interpretaciones novedosas, o sencillamente hacen malabarismos con las palabras para que finalmente el texto bíblico llegue a decir lo que ellos quieren que diga. Esto les hace parecer muy sabios entre la gente sencilla, pero en la mayoría de las ocasiones, sus intentos por ser ingeniosos y deslumbrar al auditorio, dejan la mente de los oyentes en blanco y sus corazones más fríos que el hielo. Aunque sin duda, los peores son los comentaristas liberales. Ellos diseccionan el texto bíblico y se sienten con el pleno derecho de decidir qué palabras y frases son auténticas y cuáles no. Para ellos, el estudio de la Biblia parece un juego intelectual, en el que a partir de una serie de criterios que ellos mismos han establecido previamente como correctos e indiscutibles, proceden a eliminar del texto bíblico todo aquello que no les agrada. De ellos se puede decir con toda propiedad que sus eruditos estudios son para "perdición de los oyentes".
2. "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad"
Anteriormente Pablo ha exhortado a evitar las discusiones vacías, pero ahora va a mostrar cuál debe ser la reacción positiva de un "obrero aprobado por Dios".
Frente a los hombres vanos que están deseosos de presumir de ingeniosidad en su búsqueda del aplauso humano, Timoteo debe evitar el absurdo deseo de exhibirse ante los hombres y buscar "con diligencia presentarse a Dios aprobado". Al fin y al cabo, lo que realmente importa no es conseguir que los hombres tengan una buena impresión de nosotros, sino que Dios apruebe lo que somos y hacemos. Que cuando Dios nos examine, no encuentre en nosotros nada indigno por lo que tengamos que sufrir vergüenza.
Una parte importante de la aprobación divina que Timoteo debía procurar tenía que ver con "usar bien la palabra de verdad". Porque está claro que no todo aquel que usa la Biblia lo hace necesariamente bien. Este es un asunto en el que Pablo incide con frecuencia en esta carta.
El verbo "usar" transmite la idea de cortar rectamente, de llevar un rumbo derecho. Se usaba para hacer el trazado de una carretera en línea recta o para arar un surco recto. Metafóricamente se usaba para realizar cualquier trabajo con cuidado y precisión. Y como antes decíamos, hay muchas formas de hacer exégesis retorcidas. Pero el obrero aprobado por Dios no distorsiona la verdad, no la adultera, no la mutila, ni la cambia, sino que maneja toda la Palabra con precisión. Es capaz de interpretarla correctamente y aplicarla adecuadamente a las necesidades de los oyentes. ¡Cuánta superficialidad hay en la exposición de las Escrituras hoy en día! El obrero de Dios debe trabajar de tal modo que no tenga que avergonzarse. Pero esta labor exige de mucho estudio y oración, y a no ser que se esté dispuesto a pagar ese precio, nunca se llegará a este objetivo.
3. "Evita profanas y vanas palabrerías porque conducirán más y más a la impiedad"
Frente a la "palabra de verdad" se presentan ahora las "profanas y vanas palabrerías". Se trata de palabras vacías, sin provecho alguno para el que las escucha, y también profanas, es decir, no son santas y por lo tanto resultan perjudiciales.
El obrero debe evitar este tipo de cosas y personas. Responder a ellas sería concederles una importancia que no merecen. No tiene que caer en el error de enzarzarse en combatir estas enseñanzas. Su labor debe ser positiva, aportando la verdad de la palabra allí donde otros introducen otras cosas nocivas. Encontramos una ilustración de este principio en los tiempos en que Eliseo estaba con otros profetas. En una ocasión prepararon una olla grande con potaje y uno de los profetas cogió unas hierbas que no conocía y las echó en la olla. Cuando los profetas probaron el guisado gritaron a Eliseo: "¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron comer". Entonces Eliseo esparció harina en la olla y ya se pudo comer (2 R 4:38-41). Y de la misma manera, nos encontraremos en muchas situaciones en las que otros han introducido cosas que no se corresponden con la sana doctrina que encontramos en la Palabra, y la mejor forma de combatir el error es enseñando la verdad.
Es muy importante evitar el error por su terrible efecto destructor: "Porque conducirán más y más a la impiedad". Cualquier enseñanza errónea "conduce" hacia la impiedad. No olvidemos que hay una relación directa entre el error doctrinal y una conducta pecaminosa. Lo que los hombres creen tiene un efecto sobre la manera en que viven. Así que, cuando más se expande el error doctrinal, tanto más crece la impiedad.
Pablo usa una figura muy gráfica para explicar la influencia mortal de estos engañadores: "Y su palabra carcomerá como gangrena". Son comparados a una enfermedad mortal que se va extendiendo por todo el cuerpo. Por un lado señala a su rápido avance y por otro a la corrupción y muerte que produce allí donde llega. Y lo mismo ocurre con la falsa doctrina; una vez que se la deja entrar, es un veneno que se propaga con rapidez y lleva a una destrucción segura.
En realidad, la extensión de la falsa doctrina es más rápida que la de la verdad, porque el corazón humano pecaminoso es más receptivo a ella. Esta es otra de las razones por las que Timoteo debía evitarlas. Nadie está exento de la influencia corruptora de la mentira. Y al igual que un médico no puede evitar la exposición a una enfermedad peligrosa que está tratando, un predicador de la Palabra no puede evitar la exposición a las falsas enseñanzas, pero como un buen médico, debe reducir al mínimo su exposición a la enfermedad mientras se concentra en acabar con ella.
Los falsos profetas causaron un terrible daño en el antiguo Israel, y de la misma manera, también hoy día abundan en las iglesias los falsos maestros y profetas a los que Satanás usa para destruir la verdad de Dios y mantener al mundo caído en la oscuridad espiritual (2 P 2:1-2) (Hch 20:28-30). Constantemente estamos viendo cómo el cristianismo va cambiando para aceptar doctrinas y prácticas que hace tan sólo unos años habrían sido impensables dentro de las iglesias. Y lamentablemente, estos cambios no obedecen a un acercamiento del pueblo de Dios a la Palabra, sino que ha sido el desconocimiento de ella lo que ha permitido la entrada de todo tipo de influencias mundanas que están siendo muy destructivas para los creyentes y también para las personas inconversas, que de este modo se ven confirmadas en su incredulidad y en su vida impía.
Con estas exhortaciones Pablo quería animar a Timoteo a mantenerse firme en la verdad del evangelio y a transmitirla a otros para que a su vez ellos hicieran lo mismo (2 Ti 2:2). La enseñanza de la verdad es la única forma de contrarrestar la falsedad y el engaño, por eso, a la vez que el obrero del Señor debe evitar contender sobre palabras, también tiene que perseverar en predicar la sana doctrina.
4. El ejemplo nocivo de Himeneo y Fileto
Si bien se deben evitar innecesarias controversias con los amantes de las profanas y vanas palabrerías, esto no significa que no se los deba señalar con claridad para ponerlos en evidencia y advertir de su peligrosa labor. Al menos Pablo no dudaba en hacerlo, y señaló con claridad a dos de ellos: "De los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad". Seguro que había otros más, pero aquí nombra a estos dos, quizá porque eran sus principales maestros. El apóstol se siente en el deber de prevenir a otros contra ellos, porque sabía que en caso de permitirles permanecer ocultos, acabarían siendo una plaga que traerían la ruina allí donde se les prestara atención. De este modo, estos hombres se ganaron una indeseable mención en el eterno libro de Dios.
En su primera carta a Timoteo, Pablo había identificado a Himeneo como uno de los falsos maestros que habían hecho daño a la iglesia en Éfeso. El apóstol usó un lenguaje realmente duro en cuanto a él en esa carta: "... naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar" (1 Ti 1:19-20). Si el Himeneo mencionado en la primera carta es el mismo que encontramos en la segunda, entonces resulta obvio que se había unido a un tal Fileto y seguía insistiendo en sus esfuerzos por desviar a los creyentes de allí, ignorando por completo la disciplina impuesta por el apóstol.
Debemos notar que estas personas eran especialmente dañinas porque actuaban dentro del ámbito de la iglesia y se profesaban cristianas. De hecho, pretendían ser expertos y maestros. Pero la realidad es que "se desviaron", lo que quiere decir que habían errado el blanco, algo que en cuestiones doctrinales es realmente grave. Pablo se refiere a este tipo de personas en la primera carta que escribió a Timoteo:
(1 Ti 1:6-7) "De las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman."
Su error tenía que ver con la verdad acerca de la resurrección futura del creyente y que ellos afirmaban que ya se había realizado. Suponemos que sólo aceptaban la resurrección espiritual que se produce en el creyente en el momento de la conversión, y de la que tratan algunos pasajes de la Escritura como (Ro 6:4-11) (Col 2:12). Pero negaban la resurrección corporal del creyente en la venida de Cristo (1 Ts 4:16) y de la que Pablo había enseñado ampliamente en (1 Co 15). Seguramente estaban influenciados por la filosofía griega de su tiempo que decía que la materia es mala, y por lo tanto pensaban que una resurrección física resultaría grotesca.
Pero cualquier error doctrinal siempre tiene el efecto de "trastornar la fe de algunos". No es difícil imaginar cómo al robar la esperanza de la resurrección aumentaría el dolor de algunos que pudieran haber perdido a familiares creyentes. Ellos pensarían que puesto que habían muerto antes de la segunda venida de Cristo, ya no podrían estar con él o ya no habría esperanza para ellos. Esto era lo que habían llegado a pensar algunos en Tesalónica, y a los que Pablo tuvo que corregir y animar (1 Ts 4:13-14).
El error doctrinal siempre trastorna, pero es especialmente dañino cuando quienes lo promueven son personas que en algún momento han sido enseñadores en la iglesia y son vistas como personas de cierto peso espiritual. Pablo escribe estas líneas para señalar a los culpables, pero también para consolar y animar a aquellos creyentes sencillos que se podrían sentir confundidos y desanimados por estas personas.
Para evitar que esto pueda ocurrir, es imprescindible cimentar la fe sobre la verdad revelada y no sobre las personas. Los hombres siempre nos pueden defraudar, pero Dios no. Y por otro lado, no debemos olvidar que no todos los que predican con una Biblia en la mano son necesariamente cristianos auténticos (1 Jn 2:19), de la misma manera que no todos los profetas que se levantaron en Israel habían sido enviados por el Señor (Jer 23:32).
5. Las características de un verdadero obrero del Señor
Desgraciadamente las personas como Himeneo y Fileto no iban a ser casos aislados, sino que Pablo veía como se avecinaban días oscuros sobre la iglesia en los que sería difícil distinguir entre los verdaderos obreros del Señor y los falsos, entre los cristianos genuinos y los meros profesantes. La confusión resultante podría ser devastadora, por eso el apóstol establece los criterios por los que se podría ver la diferencia.
A pesar de la confusión que algunos pudieran llegar a sentir frente a estos casos de deserción, "el fundamento de Dios está firme". Notemos que aquí no está hablando del fundamento de la iglesia, sino de aquellas claves que sirven para diferenciar a un cristiano auténtico de alguien que no lo es. Pudiera ser que nosotros nos equivoquemos, pero Dios nunca lo va a hacer.
A continuación afirma que este fundamento tiene cierto sello: "Teniendo este sello". Esto sugiere la idea de seguridad, pertenencia, autenticidad. En este contexto el sello sirve para identificar a aquellos que son genuinos hijos de Dios. También en otras partes de la Escritura se hace referencia al hecho de que los verdaderos creyentes han sido "sellados con el Espíritu Santo de la promesa que es la arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida" (Ef 1:13-14).
Ahora bien, este fundamento tiene dos aspectos, uno divino y otro humano. Ambas realidades coinciden.
En primer lugar el aspecto divino: "Conoce el Señor a los que son suyos". Los hombres pueden ser engañados por las apariencias, pero a Dios nunca le ocurre esto; él tiene un conocimiento infalible que penetra hasta el fondo del corazón. Este conocimiento íntimo que el Señor tiene de los suyos garantiza su seguridad eterna:
(Jn 10:27-28) "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano."
Y en segundo lugar, está el aspecto humano: "Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo". Todos los verdaderos convertidos probarán la realidad de su nueva vida en Cristo apartándose de iniquidad, y por supuesto, por su amor a la santidad y a la piedad. Es verdad que en último término sólo Dios sabe quiénes son suyos, pero la forma de andar de una persona también dice mucho acerca de la autenticidad de su fe. Y en el contexto de este pasaje, podemos concluir que un verdadero obrero del Señor se manifestará por su separación de las falsas doctrinas y por una vida caracterizada por la santidad.
Encontramos una buena ilustración de todo esto en algo que relata el libro de Números. Allí encontramos que algunos israelitas se rebelaron contra el Señor y también contra Moisés y Aarón, los líderes que Dios había designado. Los principales promotores de esta rebelión fueron Coré, Datán y Abirám. Ellos querían hacer cambios en lo que Dios había mandado acerca del sacerdocio, y no estaban dispuestos a aceptar la autoridad de Moisés y Aarón. Finalmente Dios tuvo que intervenir para mostrar cuál era su voluntad y que él mismo había elegido a Moisés y Aarón para guiar al pueblo. Después se dispuso a condenar a los rebeldes, pero antes de ello advirtió a los israelitas para que se apartaran de aquellos hombres impíos y no tocaran ninguna cosa suya para que no perecieran con ellos (Nm 16:26). Una advertencia solemne que no todos quisieron escuchar, así que Coré y su séquito fueron tragados por la tierra que se abrió a sus pies, y con ellos todos los que se les habían unido.

Como instrumento

(2 Ti 2:20-22) "Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor."
Habiendo descrito las actividades de los falsos maestros y la forma de identificarlos y tratarlos, ahora el apóstol va a alentar a Timoteo para que se separe del mal y así pueda ser útil al Señor. Para ello vuelve a usar una nueva ilustración. Ahora se trata de una casa grande donde hay una gran variedad de utensilios.
Para interpretar correctamente la ilustración, debemos empezar por observar que hay una distinción importante entre los materiales de los que están hechos los utensilios: "no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro". Y por otro lado, hay también una diferencia en cuanto al uso al que están destinados: "unos son para usos honrosos, y otros para usos viles". Suponemos que los utensilios de oro y plata serían para usos honrosos, tal vez en la decoración o destinados para servir a invitados importantes, mientras que los de madera y barro lo serían para usos viles, como retirar la basura y los desperdicios de la casa.
Habiendo dicho esto, tenemos que decidir a quiénes hacen referencia cada uno de ellos dentro del contexto que estamos tratando. Podemos plantear dos posibles opciones:
  • La casa grande se puede referir al conjunto de la iglesia profesante, donde hay verdaderos creyentes, los utensilios de oro y plata, que son destinados a usos honrosos, en contraste con los falsos creyentes, que como Himeneo y Fileto son utensilios de madera y barro destinados para usos viles. Esta interpretación sirve para dar respuesta a la presencia dentro de la iglesia de los falsos maestros de los que Pablo ha estado hablando anteriormente. Y aunque temporalmente todos conviven juntos, finalmente su destino será muy diferente dependiendo de quiénes sean. Esta interpretación coincide también con lo enseñado por el Señor en la parábola del trigo y la cizaña (Mt 13:24-30). Por lo tanto, el propósito del apóstol sería enseñarnos que no nos debe extrañar que los inconversos estén mezclados con los creyentes dentro de la iglesia.
  • Otra posible interpretación, que encajaría mejor con lo que Pablo va a decir a continuación, sugiere que todos los utensilios tienen que ver con verdaderos creyentes, pero admite que hay diferencias entre ellos, de tal modo que "si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra". Según esto, si un creyente se limpia de la impureza del mundo, y de las prácticas de los falsos maestros y herejes, será usado por el Señor para los más altos propósitos dentro de su reino. Según esta interpretación, el propósito de Pablo sería alentar a los creyentes para que se separen del mundo y de aquellos que se habían apartado de la sana doctrina, a fin de tener muchas más posibilidades de servir al Señor. Así, a diferencia de los falsos maestros que estaban trastornando la fe de algunos, cualquier que se limpiara de estas cosas podría ser un siervo útil al Señor y también a las personas en todo momento y situación. Por lo tanto, cada creyente en la iglesia debe decidir si quiere que su vida sea para honor o no. Los falsos maestros podrían influirles negativamente con su enseñanza y ejemplo, pero nunca podrían determinar su respuesta.
Ambas interpretaciones son correctas, y nos animan a buscar la forma de ser utensilios para la honra del Señor, y éste era el deseo constante de Pablo. Y sin duda, no puede haber una aspiración más gloriosa para el ser humano. Pero para que un instrumento pueda ser usado para usos honrosos, primeramente ha de estar limpio de toda inmundicia.
Para podernos limpiar de estas cosas, será necesario filtrar todo aquello que llega hasta nosotros. Al igual que un automóvil usa filtros para la gasolina, el aceite y el aire con el fin de que la suciedad no afecte al rendimiento del motor, del mismo modo, el creyente debe examinar cuidadosamente aquellas influencias que recibe. Imaginemos a un creyente que llega a su casa cansado después de una dura jornada de trabajo y se sienta delante de su televisor y empieza a ver toda la programación que alguien con una mente probablemente muy impía ha diseñado para esa noche. Sin darse cuenta estará absorbiendo pensamientos y valores que son claramente opuestos a los de la Palabra de Dios, y esta suciedad se irá acumulando en su mente y corazón impidiéndole finalmente ser un instrumento dispuesto para toda buena obra. No podemos pensar que porque somos creyentes ya estamos inmunizados contra el mal. Esto sería muy ingenuo por nuestra parte. Y el creyente de nuestro tiempo tiene que desarrollar mucho más la capacidad de examinar todo lo que ve y escucha a la luz de la Palabra. Y una vez descartado aquello que es malo, llenar su mente y corazón con aquellas otras cosas que edifican el espíritu.
(Fil 4:8-9) "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros."
Siguiendo con este mismo pensamiento, Pablo va a hacer tres exhortaciones:
1. "Huye también de las pasiones juveniles"
Hasta ahora el apóstol había tratado de cuestiones externas que Timoteo debía evitar, como las profanas y vanas palabrerías, y sobre todo, cualquier doctrina que se apartara de la palabra de verdad, pero ahora va a incidir en la contaminación que se encuentra dentro del corazón. Porque nunca debemos olvidar que la verdadera santidad surge en el interior del creyente. Los fariseos del tiempo de Jesús eran muy ortodoxos en el cumplimiento externo de la ley (o al menos eso creían ellos), pero en sus corazones guardaban todo tipo de maldad (Lc 16:14-15). La ortodoxia doctrinal ayuda, pero no garantiza la santidad.
Así pues, Timoteo debía huir de las pasiones juveniles. En primer lugar deducimos de esto que Timoteo todavía era joven. Haciendo cálculos del tiempo que había pasado desde que conoció a Pablo y la forma en la que en aquel tiempo se consideraba el término "joven", podemos deducir que tendría alrededor de los cuarenta años.
Notemos también que aunque anteriormente le había dicho que Dios no nos ha dado "espíritu de cobardía, sino de poder" (2 Ti 1:7), ahora le exhorta a huir. Y la experiencia nos enseña que éste es un sabio consejo. Porque si bien es cierto que hay situaciones en las que el creyente tiene que mantenerse firme y luchar, hay otras en que lo mejor es huir. No era la primera vez que Pablo hacía una exhortación de este tipo (1 Ti 6:11) (1 Co 6:18). Y tenemos un buen ejemplo de esto en el caso de José en Egipto, cuando la esposa de Potifar intentó seducirle y él huyó al verse enfrentado a la tentación de la carne (Gn 39:12).
Ahora bien, ¿a qué se refiere con "las pasiones juveniles"? Creemos que no debe limitarse a los deseos sexuales, aunque tampoco deberían excluirse, pero abarca mucho más que esto. Hay otras muchas pasiones que son propias de la juventud, como por ejemplo una actitud temperamental e irreflexiva, la intolerancia, la tendencia a discutirlo todo, la rebeldía contra toda autoridad, el orgullo, los prejuicios, la ambición, el enojo, la violencia, la autoindulgencia, actitudes desconsideradas hacia los demás, el deseo de sobresalir y brillar, de tener dinero, fama, placer y gozar de dominio, la impaciencia, la efervescencia un poco alocada en el afán de novedades... Todas estas cosas obstaculizan que Dios vaya estableciendo su carácter santo en nosotros. Aunque, por supuesto, muchas de estas cosas están también presentes en otras edades, pero parecen tener más fuerza en la juventud.
2. "Y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz"
Al mismo tiempo que el joven huye de las pasiones juveniles, debe seguir "la justicia, la fe, el amor y la paz". Como antes señalábamos, la verdadera santidad no consiste únicamente en no hacer ciertas cosas pecaminosas, sino también en el establecimiento de un carácter que se ajusta al de Dios.
Esta actitud positiva nos debe llevar a buscar activamente estas virtudes cristianas.
  • "Justicia". La rectitud moral en el carácter y la conducta.
  • "Fe". Una confianza sincera en Dios. Incluye también una total dependencia de él.
  • "Amor". Por supuesto es mucho más que un sentimiento, implica necesariamente hechos. Y tampoco se puede limitar aquí al amor a Dios, ha de incluir también el amor a los hermanos y el mundo de los pecadores perdidos.
  • "Paz". Denota la verdadera armonía dentro del corazón y también en las relaciones con el prójimo. Una actitud muy diferente a la de los falsos maestros que con su palabrería generaban constantes contiendas.
3. "Con los que de corazón limpio invocan al Señor"
Este último punto es también muy importante, porque la comunión con otros hermanos que andan con limpieza delante del Señor, será una fuente de estímulo y también de protección para nosotros. De la misma manera que juntarnos con personas que se desvían de la verdad y se dedican a profanas y vanas palabrerías puede terminar trastornando nuestra fe (2 Ti 2:16-18), del mismo modo, la asociación con buenos cristianos nos edificará y ayudará a crecer. De aquí se desprende que elegir bien nuestras amistades tendrá un efecto positivo para nuestras vidas.
Y por otro lado, se hace evidente que el cristiano no puede ser una persona aislada. Las virtudes de la vida cristiana sólo pueden ser desarrolladas adecuadamente dentro del cuerpo de Cristo que es la iglesia. Es cierto que la iglesia local no es un sitio perfecto, ya que está formada por personas que todavía son imperfectas, pero es precisamente en ese contexto donde el Señor nos va transformando por medio de su Espíritu Santo y de los dones que Dios ha dado a los diferentes hermanos (Ef 4:11-16).
Pero algunos sólo ven lo negativo y por esta razón dejan de reunirse contraviniendo el mandato del Señor:
(He 10:25) "No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca."
Las virtudes cristianas no se pueden manifestar ni ser probadas viviendo en solitario. Por ejemplo, nuestro amor cristiano no pasará de ser un sentimiento teórico si no nos acercamos a nadie con quien podamos ponerlo en práctica. Y sin duda, en la iglesia local hay muchas personas a las que podemos amar con el mismo amor con el que Dios nos ama a nosotros, es decir, un amor inmerecido. Y si lo pensamos bien, nosotros mismos somos los primeros que necesitamos recibir ese tipo de amor.
En cualquier caso, notemos también la forma en la que Pablo describe aquí a los verdaderos creyentes: "los que de corazón limpio invocan al Señor". Sin duda guarda relación con lo que anteriormente dijo acerca de los verdaderos creyentes: "Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo" (2 Ti 2:19). Estas son las personas con las que debemos estrechar los lazos de comunión cristiana. Y también sirve para establecer la base para la verdadera comunión.

Como siervo

(2 Ti 2:23-26) "Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él."
Pablo vuelve a retomar nuevamente la exhortación con la que había comenzado esta sección. Antes le había dicho a Timoteo que no contendiera sobre palabras, lo cual para nada aprovecha (2 Ti 2:14), y también que evitara las profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad (2 Ti 2:16). Ahora le vuelve a exhortar para que desechara "las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas". No hay duda de que el tema le parecía importante al apóstol, de ahí su repetición, pero también vuelve a tratarlo porque quiere abundar aun más en la actitud que el siervo del Señor debe tener frente a los que están en el error.
1. Desechar las cuestiones necias e insensatas
En primer lugar, como siervo del Señor no debe ceder a la tentación de enredarse en controversias carentes de valor y sentido. Pablo las llama "necias", porque no son instructivas ni contribuyen en nada para la piedad. También las describe como "insensatas", es decir, especulaciones infantiles. Así pues, a pesar de toda la apariencia y prestigio del que pudieran gozar en algunos círculos, debían ser despreciadas porque no servían para nada bueno, ya que de hecho sólo eran capaces de "engendrar contiendas".
La razón para esta actitud es que "el siervo del Señor no debe ser contencioso". Y contestar a personas y razonamientos de este tipo, implica necesariamente comenzar una batalla que no servirá para nada. No olvidemos que hay personas que aman los debates y las contiendas, pero el siervo del Señor debe evitarlos.
Por lo tanto, el siervo del Señor debe desarrollar una mente capaz de discernir entre aquellas cuestiones que sólo generan contiendas infructuosas y las que realmente sirven para edificación. Es importante aclarar que Pablo no está diciendo que el siervo de Dios no deba estar siempre preparado para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que le demande razón de la esperanza que hay en nosotros (1 P 3:15). No se trata de evitar toda controversia y debate sobre la fe, algo que Pablo hizo muchas veces a lo largo de su ministerio (Hch 17:2-3) (Hch 18:4) (Hch 18:19). Muchas personas tienen dudas sinceras que un buen siervo de Dios debe escuchar y responder de acuerdo a la Palabra, pero otra cosa muy diferente son aquellos debates improductivos de personas que no desean conocer a Dios, sino que aman el discutir porque esto les da la oportunidad de escucharse a sí mismos. Un buen siervo de Dios debe saber diferenciar entre ambos y apartarse a tiempo.
2. Enseñar y corregir con amabilidad
La forma en la que el siervo del Señor debe "contender ardientemente por la fe" (Jud 1:3), no ha de ser buscando luchas y debates innecesarios, sino que ha de ser amable para con todos, enseñando y corrigiendo con mansedumbre a los que se oponen.
Al fin y al cabo, es un "siervo", un esclavo del Señor, y por lo tanto no hay lugar para que se muestre orgulloso o jactancioso. Por el contrario, ha de ser humilde y "amable para con todos", siguiendo el ejemplo del Señor Jesucristo (Mt 11:29) (1 P 2:21-24), exhibiendo una verdadera mansedumbre y gentileza en el trato con los demás. Esto implica que no ha de tener un carácter áspero e irritable, tampoco se ha de mostrar sarcástico o burlesco, sino que debe ser una persona accesible, con la que sea posible conversar, que no sea quisquilloso. Su finalidad debe ser siempre la de instruir, nunca la de ganar una discusión. Aunque como decimos, "lo cortés no quita lo valiente", y habrá ocasiones en las que el siervo del Señor también tendrá que amonestar con cierta dureza: "repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe" (Tit 1:13).
Sin embargo, el hecho de no discutir de esta manera, no significa que se deba permitir que el error acampe a sus anchas. La cuestión que se trata aquí tiene que ver con la forma en la que se ha de enfrentar a los falsos maestros. Pero la mansedumbre no debe implicar nunca ceder frente al engaño. La mansedumbre que es fruto del Espíritu Santo (Ga 5:22-23) nunca tiene relación con la debilidad, la timidez o la falta de carácter, sino todo lo contrario, implica el poder que está bajo control.
En esta labor de intentar corregir a los que se oponen, tendrá que tener mucha paciencia. Porque por un lado hay personas que aprenden muy lentamente, y por otro, también hay los que no parecen estar dispuestos a aceptar la verdad de la Palabra de Dios.
En todo esto se debe mostrar como "apto para enseñar". No sólo por su carácter, sino también en su capacidad para comunicar la verdad. Esto implica conocer bien la Palabra y tener habilidad para transmitirla. Además, sabrá qué es conveniente enseñar en cada circunstancia, y tendrá la capacidad de justificar su instrucción con pasajes adecuados de las Escrituras.
No obstante, aunque el siervo del Señor sea amable en su forma de dirigirse a las personas y esté capacitado para enseñar la Palabra, aun así encontrará muchas ocasiones en las que será menospreciado y hasta ridiculizado. En otras, se encontrará con hombres inoportunos e irritantes, que tienen la extraña habilidad de agotar la paciencia de cualquiera. Es entonces cuando se hace necesario que también sea "sufrido". Esto implica tener paciencia en medio del menosprecio, la oposición, las injurias o las críticas injustas, sin perder nunca el temperamento o mostrar resentimiento. Lo ideal sería predicar siempre en medio de una congregación que es receptiva a la Palabra, pero el predicador experimentado sabe que esto no siempre es así, y no es difícil que haya ocasiones en las que llegue a percibir mucha oposición, y hasta hostilidad, cuando intente corregir o disciplinar asuntos que se apartan de la verdad. En esos momentos es cuando el siervo del Señor debe ser sufrido.
Para poderlo hacer correctamente, es fundamental no convertir la oposición en algo personal, de otro modo perderemos de vista el verdadero objetivo y comenzaremos a luchar por vindicarnos a nosotros mismos. Y al fin y al cabo, lo grave no es que nos rechacen a nosotros, sino a Dios. Recordemos lo que el Señor le dijo al profeta Samuel cuando se sentía molesto porque el pueblo había pedido un rey: "No te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos" (1 S 8:7). No somos llamados a defendernos a nosotros mismos, sino la causa de Dios. Esto mismo es lo que nos enseñó el Señor Jesucristo. Cuando los judíos le acusaron de estar endemoniado, él reaccionó con mansedumbre, intentando mostrarles su error (Mr 3:20-30). Cuando vinieron a prenderle para crucificarle, él no opuso ninguna resistencia, ni pidió doce legiones de ángeles que viniesen en su ayuda, sino que "como un cordero fue llevado al matadero" (Is 53:7). Pero cuando entró en el templo y vio la forma en la que habían profanado la casa de su Padre, "hizo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas" (Jn 2:15). Tristemente, con demasiada frecuencia, nosotros luchamos con ardor cuando se trata de defender lo nuestro, y permanecemos impasibles cuando se trata de defender el honor y la Palabra de Dios.
3. Esperar que Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad
Como acabamos de ver, la manera en la que se enseña la verdad tiene una gran importancia, pero aun haciéndolo todo correctamente, el resultado no siempre será que la persona cambiará de comportamiento. El siervo del Señor debe procurar ganar las almas, pero verá con tristeza que no siempre lo consigue.
Y en este contexto llegamos a un versículo que encierra cierta dificultad: "Por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él".
En un principio podría parecernos que está sugiriendo que Dios puede no estar dispuesto a aceptar el arrepentimiento de algunas personas que con sinceridad quieran dar un giro a sus vidas. Pero éste no puede ser el sentido, porque otras escrituras aseguran que Dios no actúa de esta manera:
(2 P 3:9) "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento."
(1 Ti 1:3-4) "Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad."
La realidad es que Dios desea que todos los hombres procedan al arrepentimiento, y está dispuesto a aceptarlos en virtud del sacrificio expiatorio de su propio Hijo. Además, el comportamiento que él espera de sus siervos está orientado a ese mismo fin. Por lo tanto, no hemos de dudar de Dios, como si él no estuviera dispuesto a aceptar a algunas personas, y que a pesar de estar arrepentidas, se niega a recibirlas. Esto no se corresponde con el carácter de Dios.
Más bien debemos pensar que aquellas personas que se han apartado de la verdad, se han entregado al error, y además han adquirido el hábito de contradecir y oponerse sistemáticamente a todo intento de ser corregidos con la Palabra, es dudoso que lleguen a arrepentirse. Pero no sólo esto, puede que llegue el momento en que Dios mismo endurezca su corazón y se termine para ellos toda oportunidad de arrepentimiento. Tenemos un claro ejemplo de esto en el caso de Faraón rey de Egipto. Por mucho tiempo Dios le llamó al arrepentimiento por medio de su siervo Moisés, pero "Faraón endureció su corazón" y no escuchó su voz (Ex 7:22) (Ex 8:15,19,32) (Ex 9:7), y por esta razón, llegó un momento en el que traspasó una línea a partir de la cual ya no había retorno, y desde ese momento ya no era Faraón quien endurecía su propio corazón, sino que "Jehová endureció el corazón de Faraón" (Ex 9:12) (Ex 10:1,20,27) (Ex 11:10). Y del mismo modo, estas personas con las que Timoteo se enfrentaba, podían haber llegado a un punto en el que Pablo dudaba de si ya habría posibilidades para ellos de arrepentimiento (2 Ti 3:9) (2 Ti 3:13). Pero en cualquier caso, esto sólo lo sabe Dios, y nosotros hemos de tratar con ellos siguiendo las instrucciones que encontramos aquí.
Notemos también que el arrepentimiento sincero para con Dios, es la única manera posible de escapar del lazo del diablo en el que los hombres están cautivos a su voluntad. Sólo Dios puede acabar con su dominio tiránico sobre el hombre, y el arrepentimiento es el primer paso que debe dar el hombre.
Es interesante notar que el término "escapar", en la lengua original tiene el sentido de "despertar", "volver a estar sobrio". Y esto es así, porque las personas que andan en el error, a pesar de que ellas mismas piensen que están en lo correcto, desde la perspectiva divina andan en un estado de embriaguez, sus sentidos están confusos, sus conciencias han quedado paralizadas y son insensibles a la voluntad de Dios. Desde su propio punto de vista se sienten ufanos y felices haciendo necedades, y no sienten ningún tipo de vergüenza por ello. En ese estado, el arrepentimiento es el único medio que les puede devolver a la sobriedad y al buen sentido.
Por otro lado, en su estado piensan que son auténticamente libres, haciendo lo que ellos quieren, y no son capaces de darse cuenta de que el diablo los tiene engañados, que han sido capturados por él, y que viven para hacer su voluntad. Si se arrepintieran empezarían a ver lo espantoso que es su estado. Terminemos viendo cómo Pablo describe esta liberación:
(Ef 2:1-3) "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás."
¡A él sea toda la gloria por medio de Jesucristo!

Comentarios

  MargaPérez  ()  (01/08/2014)
Muy bueno el estudio fue de mucha edificación Dios les bendiga
Colombia
  hector restrepo  (Colombia)  (08/07/2014)
ejemplo de vida para nuestros hijos y familila
Estados Unidos
  Aura Morales   (Estados Unidos)  (07/07/2014)
Esta muy lindo el estudio me gusta y me bendice y más ahora que no me estoy congregando, Dios les bendiga
Ecuador
  Guillermo Eudaldo Cedeño  (Ecuador)  (07/07/2014)
Muy bueno el estudio biblico. Gracias por compartir.
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