Estudio bíblico: La libertad - Filipenses 1:12-29

Serie:   La epístola a los Filipenses   

Autor:   Esteban Rodemann   Email:   esterodemann@gmail.com
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La libertad - Filipenses 1:12-21

El caso de Ramón Sampedro conmovió a toda la sociedad. Este marinero gallego, que quedó tetrapléjico después de un accidente, fue el primero en pedir el suicidio asistido en España. Los jueces le denegaron la petición, pero con la ayuda de una amiga consiguió quitarse la vida con cianuro potásico en 1998. El caso luego fue recogido en la película Mar adentro, con Javier Bardem y Belén Rueda, galardonada con 14 premios Goya.
Verte inmovilizado produce agobio. Hay una sensación de impotencia que a veces conduce a la depresión. No merece la pena seguir viviendo en estas condiciones. Es lo que siente un preso en la cárcel o uno que ha queda preso de su propio cuerpo. También lo siente una madre joven atosigada por las demandas continuas de sus hijos pequeños. Lo siente un joven que sufre acoso escolar en el instituto o una trabajadora objeto de mobbing en la empresa.
La cárcel puede asumir otras dimensiones. Puede ser la cárcel de una enfermedad, o la cárcel de una familia disfuncional. Las rejas pueden ser una serie de circunstancias que acaban condicionando el futuro: un accidente, un despido, una traición, un divorcio, la pérdida de una amistad, la muerte de un ser querido. Puede ser un embarazo no deseado. A veces la incomprensión en el matrimonio o la falta de dinero acabe poniendo coto a nuestra libertad.
Al escribir Filipenses, el apóstol Pablo está en la cárcel, pero se siente libre por la relación que tiene con Jesucristo. No es mera teoría: estando en cadenas, Pablo sabe que nada ni nadie puede hundirle. Pase lo que pase, su llamamiento se cumplirá y su vida habrá merecido la pena. Si aprendemos lo que significa esto de "para mí el vivir es Cristo" también estaremos libres en cualquier tiempo, en cualquier lugar: aunque incomprendidos en familia, acosados por insolentes, traicionados por amigos o ignorados por los "guapos".
La promesa bíblica es que "los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas..." (Is 40:31). La promesa tiene especial relevancia para los filipenses. Su problema, a diferencia de otras iglesias del primer siglo, estribaba sobre todo en las murmuraciones y desavenencias entre los miembros. El apóstol, como buen pastor que es, sabe que a veces discutimos cuando nos sentimos molestos, apresados por situaciones desagradables. Si los filipenses aprenden cómo vivir la libertad que tienen por el evangelio, cada uno estará tranquilo de corazón y vivirán en paz los unos con los otros. Así será nuestra experiencia también, para que levantemos alas como las águilas.

Nociones acerca de la libertad

La libertad suele definirse como la posibilidad de escoger cualquier camino sin coacciones externas. Uno se para delante una bifurcación en el camino, y opta libremente por un lado u otro. Eliges un helado de chocolate o un helado de vainilla. En vacaciones te vas al pueblo o te vas a la playa. Para viajar, coges el coche o te desplazas en transporte público. Nadie te obliga, nadie fuerza tu decisión. La idea es que una persona elige cómo conducir su vida sin injerencias de fuera. Temas como estilo de vida, actividades de ocio, vivencia de la sexualidad, y gustos de todo tipo (comida, vestido, carrera, tiempo libre) están a la libre disposición del consumidor. Nada está predeterminado, todo está en el aire.
La libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres (Manuel Azaña). La libertad no consiste en tener un buen amo, sino en no tenerlo (Cicerón).
En el ámbito público, la libertad suele plantearse como una libertad de expresión y de prensa, una libertad de asociación, una libertad de culto religioso. La democracia se fundamenta en el derecho de elegir a gobernantes para que éstos gestionen los recursos y solucionen los problemas del pueblo. Aunque la democracia no se practica en todos los lugares, se ha forjado un consenso mundial a favor de la democracia como modelo político deseable o - como mínimo - el menos malo entre todos los posibles.
La libertad es el derecho de escoger a las personas que tendrán la obligación de limitárnosla (Harry Truman). La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los hombres le tiene tanto miedo (George Bernard Shaw).
Surgen varios problemas con este concepto de la libertad. Uno tiene que ver con la manera en que la realidad está constituida. Hay leyes de la física que condicionan la libertad de todos los seres vivos. Un hombre no tiene libertad para volar, por ejemplo. No tiene libertad para transportarse telequinéticamente de un rincón del planeta a otro a voluntad. El universo funciona de una manera y no de otra, y tenemos que adaptarnos a ello.
Otro aspecto de esta cuestión es que nadie tiene libertad para ser enteramente bueno todo el tiempo. Hay algo dentro de nosotros que nos empuja hacia las cosas que no convienen, a no ser que Dios intervenga en el corazón para contrarrestar esta "ley de la gravedad" moral. Al mismo tiempo, existe un dispositivo ético interno en todas las personas. La Biblia lo llama "conciencia". Es un aparato complejo, formado en parte por conceptos innatos y comunes a todos los seres humanos, y en parte por la enseñanza de padres y tutores en la cultura en que uno ha crecido. La conciencia también se modifica por los hábitos del sujeto: se puede sensibilizar o se puede cauterizar.
Nadie tiene la última palabra sobre las circunstancias de su vida; hay muchas cosas que tenemos que aceptar y trabajar con ellas, como si fuera una mano de póquer repartida; nos toca jugar con las cartas que se nos ha dado. Nos viene dado el hecho de ser hombre o mujer, la familia y la cultura en que nos hemos criado, el cuerpo que tenemos, las habilidades que poseemos. No hemos elegido nacer en este lugar y en este momento. Es un hecho que viene dado.
Otro principio es que aunque estemos libres para escoger muchos comportamientos, no tenemos libertad para elegir las consecuencias de ellas. Si una persona se dedica a comer dulces día y noche, indefectiblemente va a engordar. Elige su estilo de vida, pero las consecuencias son lo que son. El que fuma tres paquetes de tabaco al día acabará con un cáncer de pulmón. El que corre más de la cuenta en carretera acabará pagando multas. El que se hace un tatuaje tendrá que vivir con ello toda la vida, o pagar diez veces más de lo que costó para quitarlo malamente. Así ha sido el caso de Melanie Griffith con su tatuaje de Antonio.
A la inversa, los comportamientos positivos suelen dar lugar a consecuencias positivas. El que estudia una carrera a veces termina doctorándose y consiguiendo un buen empleo. El que trabaja honestamente, sin mentiras y trampas, dormirá mejor por la noche. El que sabe ser un buen amigo acabará teniendo amigos.
Se puede proponer otra definición de la libertad entonces, una definición que engloba más que la mera elección de ciertos comportamientos. La verdadera libertad podría ser algo en el corazón, en que - dentro de los confines de las circunstancias dadas - tienes la certeza de seguir avanzando en un llamamiento que has recibido de Dios. Si perteneces a Jesucristo, tienes un llamamiento. Tienes un propósito. Estás aquí por alguna razón. Por ello, sabes que todas las cosas te ayudan para bien. Hay vitalidad en el alma, hay esperanza en el corazón. Sabes que - pase lo que pase y hagan lo que hagan los demás - siempre serás intocable en cuatro áreas:
  • Identidad. Sabes quién eres y cuál es tu llamamiento. Tienes una sensación de propósito para tu vida, y nadie la puede anular.
  • Dignidad. Eres consciente de tu valor como ser humano, un valor infinito porque Dios se ha fijado en ti. Te ha traído a este mundo, te ha creado como eres, y sabes que te va a usar para realizar cosas que ningún otro podría hacer.
  • Voluntad. Sigues libre para escoger tus respuestas a las cosas que la vida te depara. No puedes dominar sobre otros, pero sí mandas en tu manera de responder a cada situación.
  • Finalidad. Sabes que Dios te quiere usar para tocar vidas, para acercar la bendición del cielo a otros. Es cuestión de hacer el bien, ayudar al prójimo, compartir el mensaje grande y único del evangelio.

Fruto de la libertad (Fil 1:12-26)

La reflexión de Pablo sobre su situación en la cárcel llama la atención a varios niveles. El afirma que todo el mundo, desde la guardia pretoriana hasta los vecinos de Roma, se ha enterado de que está preso por su testimonio de Cristo, no por ningún delito. Todo el mundo está convencido de su integridad como predicador y apóstol. Saben que la cuestión de fondo tiene que ver con su mensaje, no con actividades delictivas. Su ejemplo al soportar injusticias en el nombre de Cristo acaba convenciendo a los demás de su inocencia (Fil 1:12-13).
La diferencia entre un cochino y un cordero se nota en la forma de morir. El cerdo chilla espantosamente en la matanza; el cordero avanza hacia el matadero sin protestar. El carácter del cristiano se manifiesta cuando sufre cosas duras, que son como pasar por una experiencia de muerte. El que las encaja con entereza, encomendando la causa al Señor, da testimonio de una obra de Dios en su vida. Nadie puede espetarle un "algo habrás hecho para sufrir así". Así fue el caso del Señor Jesucristo. El centurión dio testimonio cuando vio cómo murió el Señor: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mr 15:39).
En segundo lugar, dice Pablo, los creyentes de Roma se están moviendo de una manera impresionante. Todo el mundo está evangelizando. Algunos lo hacen estimulados por el ejemplo y la valentía del apóstol. Quieren seguir sus pisadas. La perseverancia de Pablo les anima a confiar más en Dios y dedicar más tiempo y esfuerzo a anunciar el mensaje de Cristo. Viendo a Pablo, que se niega a renunciar a su fe, se dan cuenta de que nada merece la pena tanto como anunciar la Buena Noticia, para que otros se salven.
Otros, reconoce el apóstol, están movidos por envidia. Piensan predicar el evangelio para quitarle la aureola de famoso que ostenta. Quieren rivalizar con él, quitarle el puesto, sustituirle al frente del movimiento cristiano. Movidos así por pensamientos indignos, también dedican tiempo y esfuerzo a anunciar el evangelio. ¡El efecto neto es que todo el mundo está predicando! "Y esto", dice Pablo, "me da alegría" (Fil 1:14-18). En tercer lugar, Pablo afirma que sus experiencias le están formando el carácter. Su confinamiento y todo lo que ello implica (cadenas, vigilancia, comer y dormir mal, soledad) necesariamente resultará en su liberación (Fil 1:19). Sería mejor traducir la palabra griega "sotería" por "salvación", porque Pablo no se refiere a su liberación de la cárcel. No tiene idea si le pondrán en libertad a no: intuye que sí, pero no tiene seguridad de ello. Cuando habla de su salvación, se refiere a su transformación final, a la metamorfosis de "oruga" en "mariposa". Todo lo que le pasa sirve para formar el carácter de Jesucristo en él y llevarle adelante en el proyecto glorioso del Señor para su vida. La oración de los hermanos de Filipos y la gracia que Dios suple a través de su Espíritu, todo colabora para obrar cambios grandes, benéficos, gloriosos en su interior.
Como el Hijo de Dios aprendió la obediencia por lo que sufrió (He 5:8), así el espíritu del mismo Hijo (por eso Pablo se refiere al "Espíritu de Jesucristo") forjará paciencia para seguir fiel a la voluntad de Dios hasta las últimas consecuencias. Lo que más preocupa a Pablo es poder terminar bien y dar un buen testimonio cuando le llamen a declarar, cualquiera que sea la sentencia del tribunal (Fil 1:20).
En cuarto lugar, Pablo declara que cualquiera que sea el desenlace de su situación, saldrá ganando. Si le condenan a muerte, irá con Cristo y eso será "muchísimo mejor" (Fil 1:23). Si le absuelven, podrá seguir ministrando a los creyentes para su provecho y gozo en la fe (Fil 1:25). La perspectiva eterna le convence de que 1) las injusticias presentes realmente aumentan su testimonio, 2) su ejemplo de paciencia estimula a los hermanos a un mayor compromiso, 3) todas las experiencias duras forman su carácter para que llegue a ser más como Cristo en todo. La conclusión global es que todo ayuda a bien, por más incómodos que sean los detalles cotidianos ("esta leve tribulación momentánea" dice eufemísticamente en otro lugar, (2 Co 4:17). No es mera teoría. Pablo está absolutamente convencido de ello y quiere contagiar a los filipenses con su esperanza tranquila.

Fundamentos de la verdadera libertad

Pablo desvela el secreto detrás del convencimiento de que todo ayuda a bien en (Fil 1:21): "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia". Cuando habla de un "vivir" se refiere al motor de su existencia: aquello que da sentido a todas sus circunstancias y anima todas sus decisiones. Para algunos, es el afán de ligar a una mujer. Para otros puede ser la ambición de ganar millones. Para otros será el objetivo de ejercer poder sobre la vida de los demás. Para algún joven podría ser el propósito de vivir a gusto, pasárselo bien, siempre que otro esté pagando los gastos de manutención.
El apóstol dice "para mí el vivir es Cristo". Esto revela que lleva tiempo meditando en la grandeza del Señor. Está tan lleno de las excelencias de Jesucristo que no cabe otra cosa en su mente. Podría pensar, por ejemplo, en las glorias del Cristo eterno: en las promesas de un Redentor (a partir de (Gn 3:15), en los pactos que confirma la promesa (como el pacto con Abram en (Gn 15), en los rituales que anuncian la obra de Cristo (como la circuncisión, que apunta al nuevo nacimiento) o en los tipos (los sacrificios, el tabernáculo/ templo, las fiestas de Israel, los jueces y los reyes).
El apóstol podría meditar en la grandeza de un ser compuesto de dos naturalezas en una misma persona. El Hijo era eterno, había bajado del cielo y volvería allí, tenía poder para sanar, resucitaría de la muerte. También era plenamente humano: había nacido como bebé y crecido desde pequeño, pasaba hambre y sed, se cansaba, sufría dolor, conocía la soledad, podía morir en la cruz.
Los oficios de Cristo podrían ser objeto de la reflexión del apóstol. Jesucristo reunía en su propia persona todos los cargos más importantes de Israel: profeta, sacerdote y rey. Como Profeta, servía de portavoz autorizado del cielo. Su palabra era verdad. No necesitaba echar mano de otras fuentes para la confirmación de lo que enseñaba. En cuanto a la profecía de eventos futuros, su palabra se cumplía perfectamente. Como Sacerdote, era el mediador cualificado para unir a Dios y los hombres. Presentaba el sacrificio perfecto (siéndolo él mismo), intercedía por el pueblo ante Dios, abría para el pueblo el significado de la ley y resolvía las cuestiones legales más espinosas. Como Rey, cumplía todos los tipos prefigurados en los jueces y reyes buenos. Tenía el derecho de reinar porque amaba la justicia y aborrecía la maldad mientras vencía a los enemigos del pueblo de Dios (Sal 45:7).
También se podría considerar los estados de Jesucristo: su humillación y su exaltación. Había abandonado el cielo para encarnarse como hombre. Creció entre la pobreza y el olvido, en un pueblo abandonado de Galilea. Aprendió el oficio de carpintero. Sus hermanos no creían que hubiera nada especial en él. Durante todo su ministerio, luchó con la incomprensión de su familia, la oposición de las autoridades religiosas, la torpeza de sus seguidores y el odio de los gobernantes políticos. Al final fue apresado, condenado y ejecutado en una cruz. Su exaltación, sin embargo, comienza en esa misma cruz cuando glorifica al Padre, demostrando una lealtad absoluta a la voluntad de Dios. Luego su exaltación consiste en la resurrección, la ascensión al cielo, la sesión a la diestra del Padre como Sumo Sacerdote, y la promesa de su segunda venida en gloria.
Para llegar a decir "para mí el vivir es Cristo", el apóstol Pablo también podría haber meditado en los detalles del ministerio terrenal del Señor. Recordaría su bondad con los humildes: con los niños, los enfermos, los pecadores que buscaban una vida mejor. Pensaría en su paciencia con los confundidos: personas de buen corazón que no acababan de captar el sentido de sus enseñanzas. Meditaría en la sabiduría de Jesús al tratar con los que le seguían, cómo por ejemplo les obliga a cruzar el Mar de Galilea una vez con él dormido en la popa y la segunda vez sin su presencia en la barca, o cómo les obliga a lidiar con la tempestad en alta mar antes de enfrentarse con el gadareno con una legión de demonios. Se transfigura delante de ellos en el monte y luego los obliga a bajar al valle para seguir ministrando a los necesitados. En cada momento y por todos los medios, los lleva adelante con paciencia: enseñando, consolando, abriendo su mente a las glorias del reino de Dios y a los sufrimientos que necesariamente habían de preceder su inauguración.
Pablo podría recordar la severidad de Jesús con los hipócritas, de cómo los mira con enfado cuando se niegan a preocuparse por el hombre manco, o cómo sana al paralítico para demostrar que también tiene el derecho de perdonar pecados. Jesús se enfrenta con ellos cuando le acusan de frivolidad, al no ayunar o no practicar el lavamiento de manos. Les acusa de hipocresía porque enseñan que se puede negar ayuda a los padres en aras de dar una ofrenda más cuantiosa al templo, o que importa más diezmar la menta y el comino que guardar la justicia, la misericordia y la fe. Contesta al siervo del sumo sacerdote cuando le golpea injustamente, y recuerda a Pilato que sólo tiene autoridad para gobernar porque Dios se la ha otorgado por un tiempo.
Jesús demuestra tenacidad, pone su rostro como un pedernal para terminar la obra que el Padre le ha encomendado. Cuando le transmiten la amenaza de que Herodes va a por él, llama "zorra" al rey idumeo e insiste en seguir su camino porque todavía hay trabajo que hacer. En los seis juicios durante la noche de su arresto, no niega los hechos ni pide clemencia, ni culpa a otros. Se muestra sereno y seguro frente a las acusaciones infundadas de las autoridades. Meditar en todas estas cosas - en Jesucristo como el Hijo Eterno y Jesucristo como el Buen Pastor - llena el corazón del apóstol Pablo. Se maravilla de la grandeza del Salvador. Su corazón rebosa gratitud, admiración, adoración. Vive la experiencia que luego pedirá en oración para los de Éfeso: que Dios les fortalezca por su Espíritu en el hombre interior, para que Cristo habite en sus corazones por la fe, a fin de que puedan comprender la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo que excede todo conocimiento (Ef 3:14-19). No tiene otro remedio que exclamar "para mí el vivir es Cristo".
Tener el corazón lleno de Cristo mueve al apóstol a asumir seis compromisos concretos:
1. Un anhelo: conocer a Cristo más y más. Pablo lo dice en (Fil 3:10): "a fin de conocerle, y el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos". Cuando una persona hermosa y deseable entra a formar parte de tu vida, esa persona despierta unas ganas intensas de acercarte al alma del otro, de profundizar en sus pensamientos, sus sentimientos, sus aspiraciones, en todos sus secretos. Es lo que el creyente llega a desear respecto a Jesús. Es lo que dice la amada en Cantar de los Cantares: "Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas: porque estoy enferma de amor. Su izquierda esté debajo de mi cabeza, y su derecha me abrace" (Cnt 2:5-6).
2. Una alegría: darle a conocer, a través de tu vida y tus palabras. Cuando Pablo declara que está puesto para la defensa del evangelio (Fil 1:17), no lo concibe como una apología a favor de una doctrina, sino como la presentación de una persona: "Somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros" (2 Co 5:20). Con esta misión como la razón de ser de su vida, Pablo se siente libre aun en la cárcel, porque la manera de enfocar sus aflicciones está dando a conocer a Cristo a los demás.
3. Una aspiración: llegar a ser más y más como él. El apóstol dice que las oraciones de los creyentes y la obra del Espíritu en su vida resultará en su salvación (Fil 1:19). Se refiere a la consumación del cambio en su vida, la plena transformación a la imagen de Cristo. Ha puesto esta transformación final delante de sí como si fuera la meta de una carrera: "prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Fil 3:14). Cualquier cosa que nos moldee - que mortifica lo malo y refuerza lo bueno en nosotros - será bienvenida si contribuye a que lleguemos a parecernos más a Jesús.
Cuando un turista decide buscar un buen bronceado, no se esfuerza por cambiar el color de su piel. Se estira en la tumbona y se expone al sol - panza arriba, panza abajo - y el sol mismo hace el trabajo. De la misma manera, para el cristiano que contempla a Jesús repetidamente en las páginas del libro sagrado con una actitud de fe - "mirando a cara descubierta" diría el apóstol (2 Co 3:18) - la transformación ocurre por sí sola. Somos transformados de un nivel de gloria a otro, siempre pareciéndonos más y más a Cristo.
4. Una actitud: volver una y otra vez al Señor en oración, en un espíritu de dependencia y confianza. Cuando medita en su futura comparecencia delante del juez, Pablo se preocupa por dar un buen testimonio de Cristo en ese momento crítico. Habla de su anhelo y esperanza (Fil 1:20), dando a entender que es un tema de oración constante. Luego dirá a los filipenses que no se afanen por nada, sino que entreguen sus peticiones a Dios en toda oración y ruego (Fil 4:6). Pablo puede exhortar en este sentido porque sus palabras nacen de su ejemplo, como dice en otro lugar: "sed imitadores de mí" (Fil 3:17).
5. Un amor: tocar la vida de otros para bendición. La nueva vida de Dios lleva a Pablo a preocuparse sinceramente por los demás: por los filipenses, por sus colaboradores Timoteo y Epafrodito, por los soldados de la guardia romana, por los creyentes de la ciudad de Roma. Al animar a los filipenses a no mirar por sus propias cosas, sino también por las de los demás, plantea el ejemplo del Hijo de Dios, que no insistió en sus privilegios divinos sino se despojó a sí mismo para acercar la bendición a nosotros. También pone delante de ellos su propio caso, al decir que no le importa derramar su vida - como si fuera una libación de vino - si esto redunda en beneficio de la fe de ellos. Lo único que mueve a Pablo es el deseo de servir de conducto para que el perdón y la vida eterna lleguen a otros.
6. Un agente: verte como un emisario, un enviado de Dios a los demás. Cuando Pablo dice que da gracias a Dios por la comunión que disfruta con los filipenses, es porque recuerda cómo el mensaje de Cristo les llegó la primera vez a través de su predicación (Fil 1:5). Su llegada no fue por accidente, sino por un llamamiento divino. De la misma manera, Pablo les anima a combatir juntos por la fe del evangelio - asumiendo los padecimientos que ello supone - porque ellos también serán los enviados del Señor para llevar la vida eterna a otros. El cristiano participa en una constelación de relaciones personales - vecinos, familiares, compañeros de trabajo o de estudios - que no están allí por casualidad. La soberanía de Aquel que hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Ef 1:11) ha organizado el entramado relacional para que el cristiano sea sal y luz en medio de los demás.
Cualquiera que sea la "cárcel" que te pone limitaciones en este momento, podrás experimentar la libertad verdadera en Cristo - levantando alas de águila - si puedes decir de todo corazón "para mí el vivir es Cristo". Cuando estamos llenos de él - de sus virtudes, sus excelencias, sus cualidades - entonces toda la vida toma otro cariz.
Levantarás alas si puedes decir "para mí el vivir es Cristo".

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