Estudio bíblico: El fundamento de la epístola - Santiago 1:2-12

Serie:   La epístola de Santiago   

Autor:   Antonio Ruíz   Email:   antonio_ruiz_gil@hotmail.com
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El fundamento de la epístola - Santiago 1:2-12

(Stg 1:2-12) "Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas. Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman."

Consideraciones a este capítulo

Ya hemos explicado en la INTRODUCCION GENERAL que esta epístola es un escrito coherente de principio a fin. No es un conglomerado de temas parenéticos desligados entre sí y colocados en su lugar sin un determinado orden, sino una unidad con cierta estructura. En nuestro planteamiento el primer capítulo sirve de base temática de lo que encontramos después; cumple la misma función que el prólogo del evangelio de Juan, para poner un ejemplo. Del mismo modo, como veremos en su lugar, (Stg 5:7-20) cierra satisfactoriamente la carta.
En línea con esto destacamos resumidamente los temas que posteriormente han de ser repetidos y desarrollados:
El primer capítulo tiene coherencia interna mediante repetición de palabras que van señalando la continuidad. Este método resultaba beneficioso para la memorización de los lectores del texto original pero, como veremos en la explicación de los diversos pasajes, no falta el argumento definido. Los enganches en castellano no recogen los matices o la asonancia intencionada de los vocablos griegos, no obstante, el lector podrá comprobar las hebras que unen este capítulo: salud - sumo gozo (Stg 1:1,2); paciencia - produce - obra (Stg 1:3-4); (obra) completa - perfectos (Stg 1:4); sin que os falte - falta (Stg 1:4-5); pídala - pida (Stg 1:5-6); no dudando - el que duda (Stg 1:6); tentación - prueba - tentado - tienta (Stg 1:12-13); concupiscencia - concupiscencia (Stg 1:14-15); airarse - ira (Stg 1:19-20); la palabra - la palabra (Stg 1:21-22); religioso - religión (Stg 1:26-27).

Pruebas y sabiduría (Stg 1:2-8)

1. Consideraciones introductorias
La unidad del párrafo. Esta puede verse en el siguiente cuadro:
  • Doble mente (8)
  • El que duda (7)
  • Pida con fe no dudando (6)
  • Falta de sabiduría pídala a Dios (5)
  • Completos (perfectos), sin que falte nada (4b)
  • La paciencia su obra completa (4 a)
  • Prueba de fe produce paciencia (3)
  • Os halléis en diversas pruebas (2)
El argumento acaba con la caracterización de la persona con doblez (Stg 1:8), incapaz de asimilar la realidad que supone la sabiduría, con fatales consecuencias; este es uno de los temas centrales de la epístola. El comienzo de verso 5 vuelve al mandato del gozo (Stg 1:2), enlazando de este modo ambas partes del pasaje.
La fe y las pruebas. El centro de atención recae en la fe (Stg 1:2,6), que para alcanzar su plenitud, necesita de la variedad de pruebas que suceden a los que viven contradiciendo la alternativa que el mundo ofrece. Es posible hacer una lista de ellas siguiendo la lectura de la epístola; no surgen exclusivamente de los deseos y pasiones humanos sino, principalmente, de la hostilidad hacia las realidades espirituales que acepta el hombre de fe.
El ambiente de consolación. La introducción (Stg 1:1) se une enseguida con lo que sigue por las palabras "salud" (chairein) y "gozo" (charan). La rígida formalidad (sin preámbulo, tal como acción de gracias por los lectores, ni oración por estos), se ve suavizada por el "hermanos míos" que, aunque pueda aplicarse a judíos (Hch 2:29) (Hch 13:26) (Ro 9:3), es peculiarmente cristiano. La inclusión de "hermana" (Stg 2:15) implica que este epíteto es inclusivo, es decir, abarca hombres y mujeres creyentes y el "míos" pone a Santiago al mismo nivel que los lectores. Con esta muestra de afecto y estima sinceros refuerza su exhortación. Está interesado en aquellos a los que escribe y en sus pruebas son hermanos en la fe, consiervos de Dios y del Señor Jesucristo.
La epístola es básicamente consoladora, pero no mira con simpatía a los que padecen por sus propios pecados; en esto concuerda con Pedro (1 P 4:15-16).
2. Las pruebas y sus resultados (Stg 1:2-4)
Estos versículos tienen paralelos en (1 P 1:6-7) y en (Ro 5:3-5) principalmente la necesidad de paciencia, la prueba de la fe y el regocijo, aunque también hay diferencias. Romanos tiene una nota más pronunciada sobre la esperanza. Pedro también contempla la revelación futura de Jesucristo. En Santiago suponemos esta perspectiva escatológica cuando complementamos este pasaje con (Stg 5:7-11). En cualquier caso, lo que une los tres pasajes es el tema del sufrimiento por causa de Cristo.
El sorprendente mandato. Hay dos cosas importantes que vamos a comentar en este punto:
El imperativo es para gente comprometida. Un concepto que se destaca con nitidez en todo el capítulo es el del conocimiento, cálculo o estimación (Stg 1:2,3,6,7,13,14,16,19,22, 26). Esto se hace mediante una profusión de diferentes palabras que, sin embargo, son escasas en el resto de la epístola. Hay un acerbo de convicciones doctrinales y principios espirituales que comparten las iglesias que se sujetan a la enseñanza de las Escrituras.
Una de esas palabras es el imperativo "tened" que siempre denota valoración de alguna clase, como "considerar" (Hch 15:22) (1 Ts 5:13), "pensar" (2 Co 9:5), "calcular o contar" (Fil 2:3,6,25) (Fil 3:7-8). Respecto a las pruebas el cálculo debe ser inequívoco en lo que representan, es decir, "sumo gozo", o todo gozo. Este juicio moral es lo opuesto al error de aquella persona con doblez que será mentada más tarde (Stg 1:7-8). Santiago, que está empapado de las enseñanzas de Jesús y está dispuesto a vivir estas en sujeción a su señorío, habla de regocijo y más tarde de recompensa.
El gozo en el sufrimiento. Esta enseñanza con su contexto de "pruebas" como oportunidad de mayor compromiso espiritual, contradice al mundo anclado en el hedonismo que considera que cualquier cosa que interfiera con el placer se convierte en una fuente de sufrimiento. Tampoco la paciencia hace buenas migas con dicha filosofía ya que esta no va más allá de la gratificación del deseo, la posesión y el poder. Ni tampoco el concepto de felicidad, tan común en nuestros días, es intercambiable con el gozo, pues, para empezar es un estado subjetivo (algunos son felices con cualquier cosa, otros con nada; o se compara con otros más o menos "felices"), mientras Santiago es plenamente objetivo ("tened por sumo gozo"). El mundo asocia la felicidad con una vida libre de aflicciones ¿pero, es que acaso la vida está exenta de sinsabores?
El gozo en medio de las persecuciones es el privilegio del discípulo (Hch 13:52), es consustancial con la experiencia cristiana (Ro 14:17) (Ro 15:13) (2 Co 1:15) (2 Co 2:3) (Fil 1:4) (Col 1:11) (1 P 1:8) (1 Jn 1:4) (2 Jn 12) y es fruto del Espíritu (Ga 5:22). El juego de palabras con la misma raíz (chairein-charan) hace enfática la afirmación, como si dijera, "sí, habéis oído bien, gozo es exactamente lo que quiero decir". Una de las maravillas de este gozo de Dios es su compatibilidad con el sufrimiento (Jn 16:20-22) (2 Co 7:4) (1 Ts 1:6) (Hch 10:34). No hay nada legalista en una epístola cuyo mensaje es redentor; enseguida comprendemos el contenido de este gozo bíblico cuando se nos explica por qué hemos de regocijarnos (Stg 1:3).
La bondad del propósito de Dios (Stg 1:2-4). El "tened" nos invita a percibir y a asumir las realidades espirituales. Más allá de las circunstancias, que tanto influyen en nuestros juicios de valor, está el significado de lo que ocurre pues hay una dinámica de progreso de la prueba a la aprobación, de esta a la perseverancia y finalmente la preciada madurez.
Las diversas pruebas (Stg 1:2). El verbo "halléis" queda ilustrado con el hombre que cayó entre ladrones (Lc 10:30), y se aplica a circunstancias o incidentes desafortunados donde no está ausente la providencia de Dios. No son las pruebas que los creyentes habrían escogido; ni podemos limitarlas a las adversidades que alcanzan a los hombres generalmente, son las que ocurren por la fidelidad a Dios el cual las usa para probar a su pueblo (Gn 22:1) (Ex 15:25) (Ex 16:4) (Dt 8:2,16) (2 Cr 32:31) (Job 1-2).
La palabra "peirasmos" es ambivalente pudiendo referirse a la tentación (Stg 1:12-15); de hecho el diablo es "ó peirazön", el tentador, o, como es el caso aquí, a pruebas externas de adversidad. Si preguntamos qué pruebas podemos considerar con gozo las palabras "cuando ... diversas" nos contestan con una generalización: "toda clase de ellas". En efecto, se amplían las posibilidades del gozo ilimitadamente.
El aspecto probatorio. El participio "sabiendo" (ginöskontes) fundamenta la percepción que la adversidad fortalece el carácter. Este participio concuerda con el imperativo "tenga" (Stg 1:4), es decir, conocer la verdadera naturaleza de las pruebas y lo que producen hace que las consideremos como "sumo gozo". El verbo indica discernimiento; nos habla de la capacidad de reconocer el valor real de las cosas en medio de las tribulaciones. La ayuda de las aflicciones será mayor cuanto más conozcamos su utilidad. Es mediante una comprensión inteligente de la voluntad divina que somos fortalecidos.
Podemos considerar dos cosas: 1) La función de la prueba. La prueba es un medio de probar, una especie de crisol donde se examina la plata (Pr 27:21) para ver si esta es genuina. 2) El objeto de la prueba: "Vuestra fe" es plural porque es la característica de los que componen la iglesia. La fe en la obra acabada y suficiente de Cristo es la base del cristianismo. En una epístola tan mal entendida por su mención de las obras, es preciso llamar la atención a este concepto. Las pruebas son críticas porque o bien suponen una amenaza para la fe, o consiguen un resultado beneficioso para esta. Los resultados son dobles: a) Revelar que la fe es genuina. La plata y el oro son refinados por fuego y así la fe probada puede quedar exenta de impurezas. La fe es algo precioso y una vez probada descubre su pleno valor. El verdadero creyente admite de buen grado el "test" que supone las pruebas. b) Desarrollar la fe. El corazón es engañoso e incluso el creyente conoce poco de sí mismo. Encontramos debilidad donde creíamos ser fuertes, tinieblas donde perecía haber claridad. El "test" desarrolla algo que todavía no estaba presente, o escasamente, en la persona que es probada. Forma parte de la vida de fe que refina y conforma el conocimiento en la providencia divina y del santo propósito de Dios. Este sufrimiento se contempla desde la perspectiva del plan de salvación dentro del cual cabe, e incluso es imprescindible, el crisol divino.
La perseverancia. ¿Qué cualidad de la fe desarrollará la prueba? La paciencia (Ro 5:3). Es enfático que la prueba "produce" (katergazetai, el prefijo kata da intensidad a la idea de producir o crear). Es saludable compararlo con ergazetai en (Stg 1:20): La ira del hombre no producirá justicia, pero la fe probada si producirá perseverancia. La paciencia se repite en otras partes de la epístola (Stg 1:12) (Stg 5:11) y es de vital importancia para una iglesia sujeta a prueba (Lc 8:15,25) (Lc 15:4-5) (Col 1:11) (1 Ts 1:3) (He 12:1).
1) La definición. La palabra hypomonë es más que paciencia (aunque contiene un elemento de resistencia pasiva) y constancia. R. P. Martín dice que "en la Septuaginta tenemos el matiz de quieta aceptación y un deseo por cosas mejores (traduce tiqwah, (Sal 9:18) (Sal 62:5) (Sal 71:5) (Job 14:19), pero también la idea de esperanza, expectación (traduce mipweh, (Jer 14:8) (Jer 17:13) (1 Cr 29:15); notar (Sal 71:5) donde esperanza y paciencia están en paralelo)".
2) La necesidad. Paciencia es la cualidad que se requiere cuando se enfrenta la adversidad, tentación y persecución (Lc 21:19) (2 Ts 1:4) (Ap 2:2) (Ap 13:10). Es una respuesta fuerte, activa, desafiante a las circunstancias cuando se ponen a prueba las realidades cristianas. La paciencia nos impide caer en el desánimo y la fe probada crece con cada prueba.
3) La realidad. El creyente paciente persevera en la confianza, amor y consagración a Dios. Si no hay más que profesión vacía, mero sentimiento, o inseguridad en las convicciones, el fuego de la aflicción quemará todo. El sentimiento de debilidad nos mueve a aferrarnos a Dios en oración; la experiencia de la gracia suscita la expectativa de las cosas por venir.
La madurez. ¿Por qué es tan valiosa la perseverancia? Porque hay otra etapa en el progreso espiritual (Stg 1:4). La paciencia no es un fin en sí mismo. El Señor puede permitir muchas pruebas pero cada una de ellas lleva nuestra constancia más cerca de la meta.
1) La parte del creyente. La persona probada debe facilitar el proceso para alcanzar la madurez. La paciencia provee el medio ambiente para una vida plenamente equilibrada de santidad. Se introduce una nota imperativa ("tenga") porque la secuencia (prueba, medio de probar, paciencia, obra completa) no es automática; demanda esfuerzo, compromiso y decisión. El verbo es imperativo presente, que implica continuidad ¿porque acaso alguien quiere quedar inmaduro, incompleto, desequilibrado espiritualmente? Santiago no es un moralista sino un predicador apostólico, por eso tampoco menciona virtudes sino va a la raíz de dónde nacen los frutos, la fe.
2) La importancia del carácter. Hay una relación semántica con (Stg 2:22) que repite los conceptos de fe (pistis), obras (ergon) y perfección (teleios) que hallamos en (Stg 1:3-4). También nos recuerda (Mt 5:48). Y, obviamente, ambos pasajes están en la órbita de nuestro texto, con todo, el carácter cristiano toma la delantera a la conducta. Notad el cambio de la acción ("obra completa") a la persona ("seáis perfectos..."). Hay facetas del carácter que sólo se consiguen con la aflicción.
3. La sabiduría y la oración de fe (Stg 1:5-8)
La relación con lo que precede parece evidente. Gramaticalmente la partícula griega "dé", que por regla general las versiones no traducen (aunque BLA vierte por "pero"), supone una secuencia de pensamiento y que algo queda por añadir a lo anteriormente dicho. El interés pastoral de Santiago le lleva a dar respuesta al "no sabemos que hacer", tan frecuente en los que sufren en medio de las pruebas. Un repertorio de sentimientos hace su aparición en medio de las pruebas: Culpa, confusión, temor, ira... Somos siervos del Señor Jesucristo (Stg 1:1) y necesitamos la sabiduría práctica para que su voluntad sea suprema en medio de las pruebas, decisiones y relaciones personales de la vida cotidiana.
La ocasión para la oración. La sabiduría es la posesión más admirable y escasa de las que puede adquirir el hombre. El conocimiento es más fácil de conseguir pero no siempre se da la feliz coincidencia de saber y ser sabio. La sabiduría percibe la realidad desde la perspectiva divina y selecciona los fines más nobles y los medios mejores para alcanzarlos. El conocimiento frecuentemente envanece, la sabiduría es humilde y por lo mismo apta para recibir debidamente los tratos divinos y aprender y obedecer la palabra de Dios. La sabiduría está en la sujeción de todas nuestras capacidades, energías y afec-tos al control del Espíritu Santo y en la aplicación consecuente y fiel a los fines de la justicia de carácter y conducta.
En nuestro pasaje la sabiduría está especialmente destinada para tiempos de prueba y el "si (alguno)" no implica duda sino certeza (eì) de que todos están faltos de ella. Las propias circunstancias se bastan para recordarnos nuestras carencias y que declinemos ser sabios a nuestros propios ojos. La sabiduría es capaz de mirar al amplio panorama del plan de Dios y observar las cosas desde la perspectiva divina.
El receptor de la oración. La Palabra nos dice que Dios da la sabiduría (Pr 2:6) en respuesta a la oración (1 R 3:9-12), así que, parece razonable pedirla a él. Esta, que parece una solución simplista es, no obstante, el recurso más radical.
"Pídala... pida" (Stg 1:5-6) traduce en ambos casos el verbo aiteö usado en transacciones comerciales y del derecho de alguien a pedir una mercancía ante una oferta previa. Tenemos una ilustración en Marcos donde el juramento de Herodes dio a la hija de Herodías el derecho de pedir (Mr 6:22). Igualmente, el hombre tiene derecho a pedir en base a las promesas divinas. Y el modo imperativo nos incita a hacer uso del derecho concedido. Una de esas promesas la tenemos en las palabras "pídala... y le será dada" que, a la vez que se hacen eco del Sermón del Monte (Mt 7:7,11), nos recuerdan otras palabras de Jesús (Lc 11:9) (Jn 14:13) (Jn 15:7) (Jn 16:23).
Es importante lo que sigue, porque, juntamente con otros textos de esta epístola, nos recuerda que Santiago no es un estricto maestro de la ley sino un ferviente predicador de la gracia de Dios, como vemos a continuación:
  • Dios da. Y lo hace continuamente, como indica el tiempo presente del participio. Es inherente a su naturaleza dar. Como el sol que envía constantemente sus rayos de luz y calor.
  • Dios (da) a todos. No importa la pobreza de la persona ésta no se marchará con las manos vacías. Dios no hace acepción de personas; el llamamiento a vivir por la fe se extiende a todos y cada uno debe sentirse invitado a confiar en Dios. No obstante, la sabiduría no cae a modo de lluvia del cielo sino a menudo deriva del Espíritu Santo por la Palabra. El Espíritu nos instruye, ilumina, nos hace sabios. Esta faceta del tema se retomará en (Stg 1:21).
  • Dios (da a todos) abundantemente. El adverbio significa simplicidad en contraste con complejidad; por extensión sugiere falta de cálculo y abertura, sin motivos mezclados, sin reservas, ya que constituye un contraste intencionado con el hombre de "doble ánimo" (Stg 1:7-8).
  • Dios (da a todos)... y sin reproche. Una dádiva acompañada de reproche significa falta de generosidad. Sirvan como ilustración las siguientes palabras: "da poco y echa en cara mucho, y abre su boca como un pregonero; presta hoy y mañana reclama, es un hombre detestable este sujeto" (ben Sirá). El Señor sabe que las pruebas pueden producir perplejidad y equívocos en nosotros pero no nos echa un jarro de agua fría por nuestra falta de sabiduría.
La condición para la oración. Después de la descripción de la bondad del receptor divino se pasa al lado humano de la oración. La naturaleza y poder de la oración es un tema central en la epístola, y nuevamente las enseñanzas de Jesús sirven para refrendar las afirmaciones de Santiago (Mr 11:22-24) (Mt 21:21-22). Un contraste da lugar a las condiciones que deben cumplir las peticiones; queremos una oración que obtenga respuesta "pero" esto sucederá sólo si se cumplen los requisitos.
Positivamente: "Pida con (èn) fe". Es decir, es una oración de confianza y sencillez adaptada a este Dios que da abundantemente y sin reproche. La "fe" es un concepto medular en este libro, con referencias a ella esparcidas por distintos lugares y concentradas especialmente en (Stg 2:14-26). Al relacionarla con la oración sobresalen los elementos de confianza, convicción y certidumbre.
Negativamente. "No dudando nada". La gran preocupación es hacernos desistir de la incredulidad a juzgar por la elaboración de pensamiento que sigue (Stg 1:6-8). Dudar es lo opuesto de creer, pero no se trata de duda intelectual sino de un conflicto básico de lealtad (Stg 4:4) (Mt 6:24). La disposición a la duda cuestiona el carácter divino (Ro 4:20) e impide el acceso a su proverbial prodigalidad.
En la razón aducida para desterrar la duda se caracteriza a la persona que duda primeramente por comparación después por definición:
1) La comparación (Stg 1:6). El verbo "es semejante" vuelve en (Stg 1:23) siendo estos los dos únicos textos donde aparece en el Nuevo Testamento. La dramática comparación es adecuada porque ¿qué puede ser más inestable que la ola sacudida por el viento en un mar embravecido? Sirve perfectamente para describir la inestabilidad y es una figura utilizada peyorativamente en otras partes de las Escrituras (Is 57:20) (Ef 4:14) (Jud 1:13).
2) La definición (Stg 1:8). El concepto básico de una persona dividida se conoce desde mucho antes de Santiago pero el vocablo empleado por éste (dipsychos = doble alma, o doble mente) parece acuñado por él, pues sólo aparece tiempo después en escritos cristianos que aluden a esta epístola. En (Stg 4:8) se hacen más evidentes las implicaciones. En (Stg 1:8) se asocia a la falta de fe especialmente en tiempo de prueba y/o persecución cuando son más exigibles la constancia y la resolución.
Los antecedentes del Antiguo Testamento van en dos direcciones: a) Lingüísticamente, la frase "doblez de corazón" (Sal 12:2) (1 Cr 12:33); b) Conceptualmente, el llamamiento a la fidelidad de todo corazón que implica la advertencia de lo contrario (Dt 6:5) (Dt 11:13) (Dt 13:3) (2 Cr 31:21) (Sal 101:2,4,6). La "doble alma" está en la antípoda de la perfección y cabalidad que es la meta del creyente (Stg 1:4) y de la pureza del carácter de Dios (Stg 1:5).
Una segunda definición, ligada a la anterior, describe la inestabilidad del hombre con dos almas (Stg 1:8). El camino alude a la conducta o estilo de vida (Sal 1:1,6) (Sal 15:2) (Sal 119:1,32) (Pr 1:15); la vida diaria de la persona en sus asuntos y actividades (Pr 3:6). El hombre dividido revelará que lo es en su oración y en su incapacidad de actuar firme o confiadamente. "Si no estamos seguros de Dios no estamos seguros de nada" (Motyer). De hecho, "inestable" se deriva de un verbo compuesto que significa "uno que nunca puede hacer pie".
El resultado de la duda (Stg 1:7). "Dios" (Stg 1:5) se corresponde con "Señor" (Stg 1:7), así que, es al mismo que recibe la oración a quien corresponde conceder lo que ha sido pedido. Esto nos recuerda palabras de Jesús (Mt 7:8) (Lc 11:10), como lo hace igualmente "cosa alguna" que puede generalizarse por "cualquier cosa" (Jn 16:23). El drama sucede cuando un hombre, o una mujer, que cuenta con tales promesas no recibe nada a causa de su duda.

Pobreza y riqueza (Stg 1:9-12)

Hacer de estos cuatro versos una unidad no resulta claro a primera vista, sin embargo, como veremos más adelante, (Stg 1:12) cierra satisfactoriamente el argumento que comenzó en (Stg 1:2), y aunque es obvia su relación con lo que sigue, preferimos agruparlo con (Stg 1:1-11).
Su vinculación con (Stg 1:9-11) nos parece razonable por tres motivos: a) Por el contraste explícito entre lo pasajero y lo permanente. b) Por razones de forma: "gloríese... bienaventurado". c) Por la alusión al destino de personas: "se marchitará... recibirá una corona". El llamamiento a la jactancia del hermano pobre (Stg 1:9) tiene sentido en relación con (Stg 1:12) porque, en contraste con la estimación del mundo, hay bienaventuranza desde la perspectiva de la elección de Dios. Así la "exaltación" (Stg 1:9) se corresponde con la corona de la vida (Stg 1:12) y el reino (Stg 2:5).
La mención indirecta a (Is 40) con su sesgo negativo (Stg 1:10-11) implica la referencia positiva en el contexto del profeta a "la palabra de Dios que permanece para siempre". Se anticipa así el acento en el mensaje de Dios que es tanto "palabra de verdad" (Stg 1:18) como "palabra implantada" (Stg 1:21). Esto es decisivo para explicar los destinos opuestos que aparecen en nuestro pasaje (Stg 1:11-12), a la vez que es un hito que anticipa las dos medidas distintas de realidad: la amistad con el mundo o la amistad con Dios (Stg 4:4), tema clave de la epístola.
1. El enfoque del pasaje
La identidad del pobre y del rico ha suscitado un encendido debate, aunque en el caso del primero hay menos dificultad. Está claro que hay un contraste entre ambos, pero, lo que sigue a continuación (Stg 1:10-11) parece desconectado de lo anterior, una especie de amonestación general contra las riquezas que, eso sí, nos provee de rica aplicación. Con la cautela propia del que reconoce la dificultad y respeta otras opciones, nuestra opinión es que el rico no es creyente. Se nos recuerda un principio esencial del reino enunciado por Jesús (Lc 14:11), que viene bien al caso. Lo que "pasará" no son las riquezas sino el rico mismo que confía en ellas. Parece lógico entender que la "humillación" del rico queda explicada con "pasará" que le sigue a continuación. La palabra plousios (rico) nunca la aplica Santiago a creyentes salvo al hablar de posesiones espirituales (Stg 2:5).
La intención del autor es consolar a sus lectores y a cuantos se encuentren en situaciones parecidas. La pobreza frecuentemente era debida a la persecución con las secuelas que la acompañaban, y hemos de dar prioridad a esta causa en este contexto. La opresión no es una mera hipótesis en esta epístola, era una realidad que nos recuerda páginas memorables del Antiguo Testamento donde la misericordia del Señor hacia los oprimidos supone juicio sobre los opresores, así como las palabras de María en el Magnificat que proclaman como el gobierno de Dios revierte la fortuna de pobres y ricos (Lc 1:52-53).
Nuestro texto está ligado al tema de las pruebas y la gran meta de la vida cristiana que es la madurez (Stg 1:2-4). Desde luego el autor pudo emplear otros muchos ejemplos de situaciones en la vida que prueban la fe, pero el tema de pobreza y riqueza no es casual. Este pasaje inicia las menciones al mismo tema en la epístola (Stg 2:6-7) (Stg 5:1-6), entra de lleno en la situación de los lectores que se debatían entre las carencias y el deseo de conseguir y se fundamenta en enseñanzas de Jesús. Así que, la amonestación esencial de este texto debemos escucharla todos.
2. Consolación y advertencia (Stg 1:9-11)
La verdadera estimación (Stg 1:9). El verbo gloriarse aparece enfáticamente al comienzo mismo del texto. En su sentido llano nos habla de jactancia o pretensión, especialmente en contraste con otros. Lo que importa por sobre todo son los motivos tras la jactancia. Hay una jactancia que la palabra de Dios repudia (Stg 3:14) (Stg 4:16), sin embargo, existe otra que se sanciona favorablemente, como aquí. Este tipo de jactancia, que tanto valora las posesiones espirituales, no deja resquicio alguno para la doblez (Stg 1:8), tan propia del que pretende hacer compatible el servicio a Dios y a las riquezas. La exaltación (hypsos) apunta a la esfera celestial a la que Cristo ascendió y de la cual el Espíritu Santo desciende, aquella de la que los cristianos son ciudadanos y de la que esperan la transformación de sus cuerpos en el futuro.
¿Quién tiene este privilegio? Si atendemos a la etimología el humilde es "el que no se eleva más allá del suelo", definición denigrante si no fuese porque la exaltación es su contraparte. Se refiere al pobre en recursos económicos, ya que se contrasta enseguida con el rico, pero es una persona de fe por varias razones: a) Es "el hermano, el humilde", uno de aquellos a los que Santiago llamó "hermanos míos" (Stg 1:2), es decir, miembros de la iglesia. b) En (Stg 4:6) la misma palabra tiene significado espiritual; es a personas como estas a las que Dios recibe y bendice. c) Este humilde es uno de aquellos "pobres de este mundo" elegidos por Dios para ser "ricos en fe" de los que se hablará más tarde (Stg 2:5). d) El pobre, frecuentemente oprimido, que mira confiadamente a Dios es una figura conocida en el Antiguo Testamento.
"Tanto tienes tanto vales" es un refrán que recoge atinadamente la forma con que el mundo juzga la dignidad de las personas por lo que tienen. El rico es alguien, el pobre es de poco valor. Pero nuestra cuenta corriente no determina nuestro valor personal. Las verdaderas bendiciones las tiene el creyente en Cristo, la exaltada posición no ha sido ganada por dinero. Es la gracia de Dios quien nos ha hecho aceptos en el Amado, hijos amados del Padre celestial.
La verdadera seguridad, (Stg 1:10-11). Nuestra interpretación asume que el verbo gloriarse tiene dos sujetos contrastados, es decir, "el hermano" y el "rico". El consuelo y la advertencia lo reciben los creyentes pobres indirectamente por la denuncia del rico y su trágico final, porque el camino del materialismo acaba en la destrucción. No cabe mayor inseguridad que la vida que se vive al margen de Dios. Hemos de entender el gloriarse del rico sarcásticamente ya que su futuro se vislumbra dramático. Tenemos antecedentes de la reversión de fortunas que Dios produce (1 S 2:7), por no decir nada de los destinos revertidos del rico y Lázaro (Lc 16:25). La riqueza nunca ha servido de escudo para zafarse de la humillación.
Estos versículos hacen alusión a (Is 40:7-8) donde la permanencia y gloria de Dios contrastan con el ser humano frágil y pasajero. La flor (Stg 1:10) es figura de la fugacidad de la vida humana (Job 14:2) (Sal 103:15-16), y esta cláusula explica la humillación en vista que (hoti consecutivo) él pasará (futuro profético). El destino de los que olvidan a Dios se asemeja a la sequedad de la hierba (Sal 37:2) (Sal 129:6), y "la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee", como descubrió demasiado tarde el rico de la parábola (Lc 12:16-21). El uso de la profecía de Isaías sugiere, cuando menos, que tras las enseñanzas de este pasaje, está el ordenamiento divino de las cosas. La seguridad que el mundo atribuye a las riquezas es pura fantasía y los creyentes, presionados por una sociedad que endiosa las cosas materiales, hallarán en la comprensión de la realidad una fuente de libertad.
La aplicación (Stg 1:11) "así también" (houtos) enlaza la comparación (Stg 1:10) con el rico mismo: "como pasa la flor... así lo hace el rico". La "humillación" (Stg 1:10) recibe ahora la plena explicación. "Como en el caso del labrador de quien Jesús habló, los recursos humanos quedan instantáneamente descartados, y la persona verdadera queda revelada plenamente. Quedan efectivamente expuestos los peligros de aquellos que en uno u otro tiempo, montados en el caballo del éxito y la fortuna nunca paran con el fin de hacer tesoros en el cielo (contraste con (Stg 5:3) y buscar el verdadero sentido de la vida" (R. P. Martín). La comparación con la flor que muestra su belleza un día y desaparece al siguiente nos recomienda entender la palabra marchitar como la muerte (Stg 4:14) (Job 15:30), con la que todos los logros se desmoronan sin rastro de la hermosa apariencia anterior. Más adelante (Stg 5:1-6) este marchitar se convierte en un hecho eterno. Seguramente es el trasiego continuo para la adquisición de riquezas. Se vive para los negocios y la acumulación. Se viaja febrilmente, sin tiempo para Dios. Este hombre se agotará, se alejará, se apagará lentamente como el fuego, en suma, paradójicamente, consumirá la vida en su pertinaz afán de conseguir cosas para preservarla.
La verdadera bendición (Stg 1:12). Este texto cumple tres funciones: 1) concluye la enseñanza sobre el tema de la pobreza y la riqueza; 2) acaba el pasaje reuniendo sus diversos elementos desde (Stg 1:2) y 3) sirve de introducción al párrafo que sigue.
"La corona de vida" se destaca sobre todas las ventajas que nos ofrecen las posesiones, entre las cuales no se cuentan ni la madurez ni la salvación precisamente (Mt 19:21,23). La corona (stefanos, lo que circunda o rodea) era la guirnalda de laurel u olivo para los vencedores. También se usaba con referencia a la realeza (2 S 12:30) (Sal 21:1,3); de hecho, la corona de espinas así como el cetro en manos de Jesús, aunque burlonamente, le distinguían como rey. Los creyentes son un reino de sacerdotes que se sentarán con Cristo en el trono para reinar con él. En un contexto de pruebas la preferencia sería por la corona de victoria, con todo, no podemos ignorar la semejanza con "herederos del reino que ha prometido a los que le aman" (Stg 2:5), por lo que unimos ambos significados. Es bendito aquél cuyo corazón está puesto en la corona de vida y, por ello, se guarda del engaño de las riquezas (Mt 13:22), que no añaden nada a la dignidad humana, tampoco son garantía de seguridad y no aportan la bendición que viene de Dios.
Al verbo principal "ha prometido" le falta el sujeto y posiblemente esta sea la lectura correcta por ser la más improbable. Para suplir esta carencia los manuscritos varían entre "Dios" o "Señor" como sujeto. En (Ap 2:10) la misma promesa para la iglesia en Esmirna la pronuncia el Jesús exaltado, sin embargo, lo más probable es que se refiera a Dios a quien se va a nombrar enseguida (Stg 1:13,17) y por el parecido de la promesa en (Stg 2:5). Así que, tenemos motivos suficientes para ser pacientes en medio de las pruebas y agradar al Dios del que un día recibiremos la corona de vida.
La bendición de los receptores de la corona. Estas palabras concuerdan con el gozo en (Stg 1:2), visto ahora desde la perspectiva del futuro. Podemos desglosarlo del siguiente modo:
A) La realidad de la bendición. Es difícil creer que haya bendición en el sufrimiento o las pruebas pero este es el caso. Se está estableciendo una premisa universal para todo creyente delante de Dios lo que quizá explique que algunos escribas cambiaran en algunos manuscritos la palabra "varón" (aner) por "ser humano" (anthröpos, que incluye hombre y mujer). Sin embargo, el resultado es el mismo porque la bienaventuranza es para todos los que cumplen la condición en la intención del escritor, que parece estar siguiendo el estilo de la Septuaginta.
Aunque el vocablo empleado puede traducirse por "feliz" es mejor hablar de bienaventurado o bendecido porque la felicidad tiene su propia palabra (eudaimonia) y porque la bendición es el resultado de la relación justa con Dios (Sal 32:1) (Sal 1:1) (Sal 40:4). En las bienaventuranzas Jesús describe la vida plena y satisfecha por estar bajo la bendición de Dios. Dios está obrando en todas las pruebas supervisando todo el proceso para que encuentre su aprobación. La bienaventuranza no es meramente descriptiva, ni un mero deseo, sino un veredicto divino irrevocable.
B) Los medios de bendición. "Que soporta la prueba" (mejor que "tentación" en algunas versiones) enlaza con (Stg 1:2) y anticipa el "bienaventurados los que sufren" (Stg 5:11) en la Conclusión. La bendición está relacionada con la perseverancia no con librarse de las pruebas, y la motivación es agradar a quien concede la corona, vivir deleitándonos en él.
La característica de los receptores de la corona: "los que lo aman" hunde sus raíces en el Antiguo Testamento especialmente en el Shema (Dt 6:5), al que Jesús pondrá su sello divino (Mt 22:37) (Lc 10:37). De este título destacamos varias cosas: a) Es una persona dentro del pacto que, por tanto, tiene relación con Dios (Sal 5:11-12) (Sal 97:10) debido a la iniciativa divina, y ha experimentado el amor redentor; contrasta con el enemigo de Dios (Jue 5:31); b) Esta persona cuenta con la misericordia (chesed) del Dios del pacto, c) Esta persona ama los mandamientos de Dios (Sal 119:47-48,97,159) (1 Jn 5:2). En el Nuevo Testamento es aplicable a los cristianos (Ro. 8:28) (1 Co 2:9) (1 Co 8:3).
En suma, la corona de la vida es de mucho más valor que evitar la prueba y es preciso el arrojo para aplicar esto y perseverar en el andar que agrada a Dios. Ser maduros y completos en Cristo no sólo es una meta buena en sí misma sino tanto más apetecible cuanto se contempla a la luz de la consumación futura.

Temas para meditar y recapacitar

1. ¿Cuáles son los temas principales que comienzan a tratarse en este capítulo y se desarrollan a lo largo de la epístola? Desarrolle UNO de ellos con detalle.
2. Analice la figura de la "corona de la vida" (Stg 1:12) en relación a la perseverancia en medio de las pruebas (puede referirse a otros pasajes bíblicos para ilustrar su contestación).

Comentarios

Argentina
  abel torres  (Argentina)  (04/08/2016)
Muy bueno este estudio, de mucha bendición.
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