Estudio bíblico: Las visiones del profeta Amós (I) - Amós 7:1-9

Serie:   Introducción a los profetas menores   

Autor:   Natanael León   Email:   natanaeleon@hotmail.com
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Las visiones del profeta Amós (I) - Amós 7:1-9

La Palabra de Dios es la única plomada confiable para nuestras vidas, ya que revela el punto de vista de Dios para nosotros. En esta porción vamos a ver que el profeta Amós tuvo varias visiones por medio de las cuales Dios le mostró el fracaso de su pueblo Israel y el juicio que iba a venir sobre ellos por su desobediencia a la Palabra. En medio de todo esto es conmovedora la oración del profeta pidiendo la misericordia de Dios para su pueblo.

Las visiones de Amós - (Am 7:1-9)

Introducción

Antes de comenzar el estudio de esta última sección del profeta Amós, recordamos las cuatro partes principales en que hemos dividido el libro:
Está última sección está compuesta por cinco visiones relacionadas con el juicio de Dios sobre su pueblo Israel. Después de la tercera hay un paréntesis histórico, una preciosa narración sobre del encuentro de Amós con el sacerdote de Betel, y para terminar, al final de las cinco visiones, un mensaje de esperanza para la nación.
¿Cuándo recibió Amós estas visiones o "escenas"? ¿Mientras dormía? ¿Despierto pero entregado a la oración o la meditación? Realmente no lo sabemos. Lo que sí conocemos es que una vez que el Señor se las mostró, no las guardó para sí sino que las expuso públicamente, asumiendo todas las consecuencias, en el santuario de Betel (Am 7:12-13).

La visión de las langostas (Am 7:1-3)

(Am 7:1-3) "Así me ha mostrado Jehová el Señor: He aquí, él criaba langostas cuando comenzaba a crecer el heno tardío; y he aquí era el heno tardío después de las siegas del rey. Y aconteció que cuando acabó de comer la hierba de la tierra, yo dije: Señor Jehová, perdona ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño. Se arrepintió Jehová de esto: No será, dijo Jehová."
"Así me ha mostrado Jehová el Señor". Esta frase es muy interesante. Amós no las buscó, tampoco provocó alteraciones en su conciencia en busca de un "éxtasis" o algo semejante. Sencillamente el Señor, que es Soberano, tomó la iniciativa y le mostró lo que había de ocurrir con el pueblo.
Y lo primero que vio, quizás en sueños, fue a Dios preparando un enjambre o plaga de langostas, "Él criaba langostas", las cuales iban a atacar la cosecha de cereales que se recogía después de las lluvias de primavera, "el heno tardío".
Dice el verso primero que esta plaga entraría en acción "después de las siegas del rey". Es decir después de que el pueblo hubiese pagado con las primeras siegas el impuesto real, cuando se preparaban para recoger el propio sustento. Es fácil imaginar el desastre que significaría para el pueblo.
La visión de aquella plaga devorando el campo y trayendo miseria conmovió profundamente a Amós el cual oró pidiendo misericordia:
(Am 7:2) "... Señor Jehová, perdona ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño"
Dos comentarios respecto al ruego del profeta:
  • Amós sabe que merecen este castigo (sabe de las injusticias que practican, como ofenden a Dios y como en el libro de Levítico y Deuteronomio el Señor dijo que las mismas vendrían a causa de la desobediencia), así que únicamente apela a la misericordia de Dios. "Perdona ahora" dice Amós.
  • Y como único argumento exhibe la "pequeñez o debilidad" del pueblo (aunque ellos se consideraban la más importante de las naciones de la tierra), "es pequeño" dice Amós.
La respuesta a la oración la tenemos en el verso 3: "...no será dijo Jehová". El Señor en su misericordia y paciencia no ejecutó el juicio que representaba aquella plaga.
La expresión "Se arrepintió Jehová de esto" del verso 3, y que se repite en el verso 6, la comentamos al final de la siguiente visión.

La visión del fuego (Am 7:4-6)

En esta ocasión el profeta ve "un fuego" que consume el "gran abismo" y "una parte de la tierra". Enigmático ¿verdad?
(Am 7:4-6) "Jehová el Señor me mostró así: He aquí, Jehová el Señor llamaba para juzgar con fuego; y consumió un gran abismo, y consumió una parte de la tierra. Y dije: Señor Jehová, cesa ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño. Se arrepintió Jehová de esto: No será esto tampoco, dijo Jehová el Señor."
Algunos comentaristas piensan que este fuego sería algo semejante a lo que sucedió en Sodoma y Gomorra, que cayó fuego y azufre desde el cielo. Pero lo más probable es que se refiera a una dura sequía acompañada de un intenso calor, que también provoca incendios, y que terminaría por agotar las reservas de agua subterráneas, los acuíferos que alimentan los pozos y de donde brotan los manantiales, de ahí la expresión consumió un gran abismo (Gn 7:11) (Gn 49:25) (Is 51:10).
La frase "y consumió una parte de la tierra" hace referencia al territorio que Dios concedió a todo el pueblo de Israel. Posiblemente iba a afectar al norte de la tierra, donde estaba el reino de Israel.
De nuevo esta visión conmueve profundamente al profeta, más incluso que en la ocasión anterior, y exclama: "... Señor Jehová, cesa ahora". Puede leerse: "... cesa, te ruego" (LBLA) "... Detente, Señor mi Dios, te lo ruego" (NVI).
Los mismos comentarios que hicimos a la intercesión del profeta en la visión anterior son oportunos aquí. Amós sabe que merecen este castigo así que de nuevo apela a Su misericordia y Su paciencia (longanimidad), y como único argumento exhibe la "pequeñez o debilidad" del pueblo. Otra vez Dios escucha la oración del profeta y no ejecuta este juicio.
1. Lento para la ira y grande en misericordia.
Estas dos escenas que ya hemos visto, junto con la oración del profeta, son una muestra de la paciencia y la misericordia de Dios no solo con su pueblo Israel sino a favor de todos los hombres.
Con su pueblo Israel: A pesar de que merecían el castigo, Dios decide retener momentáneamente su juicio dando así una nueva oportunidad para el arrepentimiento, "lento para la ira, y grande en misericordia".
(Ex 34:6-7) "Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación."
Con todos los hombres: A pesar de las constantes provocaciones, desprecios y ofensas contra a Dios, y de la gran maldad que reina en este mundo, lo cierto es que hasta ahora sigue mostrando una paciencia no merecida al pecador y ofreciendo misericordia en Cristo a toda la humanidad.
(2 P 3:9) "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento."
Y es en este contexto, el de la paciencia y la misericordia de Dios, donde debemos entender la expresión "Se arrepintió Jehová de esto" (Am 7:3,6). Unas palabras que han provocado extrañeza a más de uno.
Este se arrepintió no implica un cambio de parecer en Dios en el sentido de dejar de considerar pecado a lo que antes llamaba pecado, llegar a alterar Su justicia para favorecerlos o cosa semejante. No es así, Dios no traiciona su naturaleza Santa y Justa (en este sentido "no se arrepiente", ver (Nm 23:19) y su propósito firme de castigar el pecado continua.
¿Entones qué significa? En nuestro caso este arrepentirse divino tiene que ver con compadecerse, apiadarse, en el sentido de prolongar un poco más su paciencia reteniendo el castigo para dar así otra oportunidad de arrepentimiento. Y esto sí es conforme a su naturaleza.
"...la voluntad de Dios, aunque inflexible, no es insensible sino que tiene en amorosa consideración nuestras debilidades y necesidades en el perfecto y soberano orden de su mundo (Comentario S. XXI)".
En otras ocasiones este cambio en su conducta está relacionado con un cambio previo en el hombre. Se trata siempre de dar una respuesta justa, adecuada, conforme a Su propia naturaleza, a la nueva situación. Este principio, que refleja la norma de conducta divina en sus tratos con los hombres, queda bien expresado en el siguiente texto:
(Jer 18:7-10) "En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle."
Pero estas escenas no solo nos invitan a reflexionar sobre la paciencia y misericordia de Dios frente al mundo, también en vida de los creyentes y a responder con agradecimiento y obediencia. Dice el Salmo 103:
(Sal 103:8-11) "Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen."
¿Cuántas torpezas no hay aún en nuestra vida? ¿Cuántas veces no hemos dudado de su amor para con nosotros e incluso le culpamos de nuestras desgracias aunque en realidad no son mas que las consecuencias de nuestros actos? Y sin embargo, como padre amoroso nos corrige, nos levanta y restaura una y otra vez.
También Amós es ejemplo de hombre que, a pesar de abominar el pecado y aborrecer profundamente todo lo que estaba viendo, tiene misericordia de las personas e intercede a favor de ellas. ¿Seríamos capaces nosotros de actuar de esta manera? Esta es la clase de corazón que debemos cultivar.
2. La oración eficaz del justo
Dos veces intercedió Amós a favor de Israel y dos veces el Señor escuchó su oración. A veces pensamos que una oración, para que sea atendida por Dios, tendría que ser "algo especial", estar bien elaborada, tener palabras hermosas, ser larga ¡Cuán equivocados estamos y cuánta bendición estamos perdiendo! Lo que aquí encontramos es precisamente todo lo contrario. Dos oraciones sencillas, espontáneas, pero nacidas de un corazón que ama a Dios y a su prójimo. Dice Santiago, "la oración eficaz del justo puede mucho".
(Stg 5:16) "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho."
¿Y quién es este justo cuya oración es eficaz y tiene poder? ¿Se trata de un grupo especial dentro de la iglesia? No, el contexto, "... unos a otros, y orad unos por otros", indica que se refiere al conjunto de los creyentes. Sin embargo sí que debe haber una cualidad especial:
Los justos aquí son aquellos que, una vez convertidos al Señor, ordenan sus vidas conforme a la Palabra, que evidencian con una vida transformada haber experimentado la justificación por la fe (Stg 2:22-23), que viven en comunión con Dios (1 Ti 2:8).
Y he aquí otra cualidad de la oración eficaz, la que tiene que ver con la intimidad y comunión con Dios y por tanto a la sujeción voluntaria a Su voluntad. Como escribe el expositor bíblico Antonio Ruiz:
"Toda oración está sujeta a la soberanía de Dios, por ello Jesús enseña a sus discípulos a mirar a Dios primeramente (Lc 11:2) que incluye las palabras "hágase tu voluntad". El deseo del creyente no es que su voluntad humana se imponga en el cielo sino que la voluntad divina sea suprema en cielos y tierra" (Comentario Expositivo del Nuevo Testamento, CEFB. Santiago). Este es el sentido que también debemos dar a las palabras del salmista:
(Sal 37:4) "Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón."
Sin duda que cuando nuestro corazón aprende a deleitarse en el Señor, las peticiones del mismo estarán conforme al Suyo, y esto porque no desearemos otra cosa que Su voluntad buena y perfecta, con lo cual siempre tendrán la respuesta adecuada.

La visión de la plomada (Am 7:7-9)

(Am 7:7-9) "Me enseñó así: He aquí el Señor estaba sobre un muro hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil. Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel; no lo toleraré más. Los lugares altos de Isaac serán destruidos, y los santuarios de Israel serán asolados, y me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam."
Una plomada es un cordel de cuyo extremo cuelga un peso y que se utiliza para ver la verticalidad de una pared. Es decir si está recta o no. Lo mismo se usa para levantarla y que salga recta, que para ver si está torcida y por tanto hay que tirarla.
El muro hecho a plomo es una referencia a la nación de Israel (al reino del norte) ¿Por qué un muro hecho a plomo? Pues porque el Dios que los había redimido de Egipto y los había formado también les había dado sus leyes para que, como el albañil levanta un muro recto con ayuda de su plomada, ellos edificaran así la nación.
La comparación da a entender que, a pesar de los fracasos del pueblo, al principio Israel caminaba con Dios.
Que el Señor tenga "en su mano una plomada de albañil" indica que va a examinar si el muro, es decir su pueblo, está recto o por el contrario se ha ido inclinando peligrosamente, en sentido moral y espiritual, y hay que derribarlo.
La expresión "no lo toleraré más", "Ya no volveré a dejarlos sin castigo" (LBLA), "ya no le pasaré más por alto" (VM), al final del verso 8 es muy interesante por varios motivos:
  • Nos indica el resultado de este "aplicar la plomada": El pueblo está corrompido. El muro está peligrosamente inclinado.
  • Que la paciencia del Señor reteniendo el castigo (dos veces a petición de Amós) no ha servido para nada. No se han arrepentido de sus malos caminos y vuelto al Señor.
  • Lo más fuerte: que finalmente Su paciencia, grande y maravillosa, por la cual Dios debe ser alabado, ha llegado a su límite. El vaso de su paciencia ha sido colmado.
De ahí que con mucho dolor el profeta no interceda más por el pueblo y se limite a predicar estas visiones en Betel quizás con la esperanza de que fuesen una especie de "crack", de revulsivo, que de alguna forma despertara definitivamente al pueblo a su realidad.
"... No lo toleraré más", dijo el Señor. En consecuencia, dice el verso 9: "Los lugares altos de Isaac serán destruidos". Hace referencia a los altares que se construían en colinas o en montículos artificiales y donde el pueblo ofrecía sacrificio tanto a los ídolos como a Dios.
"... Y los santuarios de Israel serán asolados". Es una mención a Dan y Betel, en territorio de Israel, lugares de peregrinación donde pretendían adorar a Dios bajo la forma de un becerro.
"... Y me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam". Esta dinastía encontró un final trágico cuando el hijo de Jeroboam II, llamado Zacarías, fue asesinado por un tal Salum a los seis meses de tomar posesión del reino (2 R 15:8-10).
1. Construyendo vidas
¿Qué podríamos aprender de esta escena? Dos cosas son las que vamos a señalar:
En primer lugar que todos nosotros somos como albañiles que construyen un muro o una casa, nos estamos refiriendo a nuestras propias vidas.
En segundo lugar, que un día nuestro tiempo de construir se acabará y será el momento de ser examinados por Dios. Él aplicará Su plomada a nuestra vida ¿Y cual será entonces el resultado?
Nuestros amigos lectores deberían tener presente que finalmente llegará el día en el cual tendremos que presentarnos delante de Dios y que nuestras vidas van a ser "examinadas conforme Su plomada". No de acuerdo con nuestras normas, nuestras obras o nuestra religión, sino de acuerdo a su Santidad y su Justicia. Llegado entonces el momento ¿Cuál será el resultado de este examen?
(He 9:27) "... Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio"
Solo los que estén en Cristo Jesús, el único que cumple con la justicia de Dios y que gratuitamente reviste de su justicia a aquellos que creen en Él, estarán libres del juicio. No se trata pues de un acto arbitrario de Dios sino del hecho de que los tales ya han sido previamente juzgados en Cristo.
(Ro 5:1) "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo"
(Ro 8:1) "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús"
2. Los creyentes también rendiremos cuentas
Es verdad que aquellos que estamos en Cristo, que hemos sido revestidos de Cristo y su justicia, no estaremos en el juicio final ante el gran Trono Blanco de (Ap 20:11-15), el cual es un juicio para condenación, pero esto no significa que estemos exentos de la plomada divina. Un día, como dice la Escritura, todos nosotros tendremos que presentarnos ante el Tribunal de Cristo: (Ro 14:10) (2 Co 5:10).
(2 Co 5:10) "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo."
Que esta ocasión es diferente a la descrita en Apocalipsis 20, al gran Trono Blanco, se aprecia en el hecho de que, por ejemplo, según (Ap 19:7-8), cuando el Señor viene para poner fin a la gran Tribulación, la esposa del Cordero ya está preparada y recompensada. De hecho, nuestro Señor Jesucristo mencionó como ocasión para este juicio el momento de "la resurrección de los justos" (Lc 14:14).
De textos como (1 Co 15:23-24) que nos habla del orden de resurrecciones, primero "Cristo, las primicias" luego "los que son de Cristo, en su venida" y después "el fin" (lo que implica la resurrección de aquellos que no están en Cristo) o (1 Ts 4:13-17) donde se menciona expresamente la resurrección de los justos, aprendemos que este tribunal, donde solo habrá creyentes, tiene lugar en algún momento después del arrebatamiento de la Iglesia y antes del regreso de Cristo en gloria.
No se tratará de una comparecencia para determinar si merecemos o no la Salvación, ésta es nuestra en Cristo desde el momento que descansamos en Él, sino para determinar el grado de alabanza y recompensa eterna que recibiremos de Dios en base a la fidelidad mostrada y al servicio realizado (Lc 14:14) (Mt 25:21) (1 Co 3:14-15). De ahí, que sea oportuno tomar en serio la exhortación del Apóstol en (1 Co 3:10-17).
(1 Co 3:10) "... Pero cada uno mire cómo sobreedifica"
Debemos por tanto, ser cuidadosos y diligentes con el cómo y con qué edificamos nuestra vida y también en la Obra de Dios. Son cosas importantes (1 Jn 2:28).
Por último, ¿Cuál es la plomada que Dios nos ha dejado para edificar con sabiduría nuestras vidas y en la Obra de Dios?
La Palabra de Dios, la Biblia, es esa plomada. Es bajo su luz y dirección que debemos construir nuestra vida y servir al Señor. Es ella la medida con la cual deberíamos comparar día a día nuestras vidas. No renunciemos al privilegio de que el Espíritu de Dios nos la aplique constantemente a fin de corregir lo defectuoso y vivir agradando a Dios.
(2 Ti 3:16-17) "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra."
(He 4:12) "Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón."

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