Estudio bíblico: El reino de Dios (I) - En el Antiguo Testamento - Marcos 1:14-15

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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El reino de Dios (I) - En el Antiguo Testamento

(Mr 1:14-15) "Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio."
Después de haber sido ungido con el Espíritu Santo durante su bautismo y de haber vencido toda tentación en el desierto, el Señor comenzó su ministerio predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado".

"Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea"

Notemos que todo esto tuvo lugar después de que Juan el Bautista, el profeta de Dios encargado de presentar al Mesías, había sido encarcelado por Herodes. Esto se debió al hecho de que el Bautista denunciaba el pecado de Herodes porque había tomado por mujer a Herodías, la mujer de su hermano. Finalmente, Herodías empujó a Herodes para que encarcelara a Juan y más tarde para que lo decapitara (Mr 6:14-39). Sin duda, Juan terminó pagando un alto precio por su fidelidad a Dios.
Y este es el telón de fondo sobre el que Jesús comienza su ministerio público. Ahora bien, el Señor, lejos de irse de Galilea en donde reinaba Herodes, fue precisamente allí, y comenzó la proclamación del evangelio del reino en el mismo lugar donde su heraldo la había dejado. Es cierto que estaba entrando en territorio enemigo, pero quería dejar claro que aunque el malvado Herodes había logrado silenciar al profeta, de ninguna manera podría impedir que la Palabra de Dios fuera proclamada.

"Vino predicando el evangelio del Reino de Dios"

En cuanto al contenido de su mensaje, Jesús nos dice que el tema central de su venida era traer el reino de Dios: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado". Ahora bien, ¿qué quería decir con esto? ¿Acabaría con el impío rey Herodes y se sentaría en su trono para gobernar a Israel? ¿Conseguiría la libertad de Juan el Bautista y la liberación de la nación judía de sus opresores romanos? Al fin y al cabo, ésta era la esperanza que todo Israel aguardaba que se cumpliera cuando apareciera el Mesías. ¿Era Jesús ese Mesías prometido? ¿Había llegado el momento en que Dios restauraría el reino a Israel? ¿Qué quería decir el Señor cuando anunció que el reino de Dios se había acercado?
El hecho de que Jesús anunciara la llegada del reino sin explicar lo que esto significaba, implica que se refería a un concepto que ya había sido desarrollado ampliamente en las Escrituras. De hecho, no hay otro concepto que tenga un tratamiento tan extenso a lo largo de toda la Biblia. El mismo Señor Jesús dedicó gran parte de su ministerio público a enseñar sobre él. De este modo amplió su significado, pero también corrigió algunas de las ideas equivocadas que los judíos de su tiempo tenían en relación a él. Debido a la amplitud del tema, aquí sólo podemos hacer un pequeño resumen de sus rasgos más sobresalientes, apartándonos momentáneamente del texto de Marcos para hacer un recorrido por toda la Biblia analizando este concepto fundamental de la revelación divina.

El Reino de Dios en la Biblia

1. ¿Qué es el reino de Dios?
Cuando la Biblia habla del "reino de Dios" tenemos que pensar necesariamente en dos aspectos complementarios.
  • El primero y más importante tiene que ver con quién es Dios. El es Rey porque es el Soberano, tiene todo el poder y su dignidad es inigualable, su majestad es única, toda autoridad emana de él, es tres veces Santo y, por supuesto, es el único que tiene el derecho legítimo de gobernar este mundo porque ha sido su Creador. En el libro de Apocalipsis encontramos distintos momentos en los que Dios es adorado por sus criaturas que reconocen su dignidad:
(Ap 4:10-11) "Los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas."
(Ap 5:12) "Decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza."
  • Y en segundo lugar, el "reino de Dios" se refiere también al ámbito en el que Dios gobierna. Y en ese sentido, todo cuanto existe forma parte de su reino. El salmista lo expresó perfectamente cuando dijo:
(Sal 103:19) "Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos."
(Sal 22:28) "Porque de Jehová es el reino, y él regirá las naciones."
(Dn 4:3) "¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío de generación en generación."
2. El reino de las tinieblas
Como acabamos de decir, el gobierno de Dios es eterno y comprende el cielo y la tierra. No hay nada de cuanto existe que quede al margen de su autoridad. Sin embargo, aunque esto es una verdad absoluta, la Biblia nos revela que también hay un reino hostil al que se describe como "la potestad de las tinieblas" (Col 1:13). No nos es permitido investigar el origen de este reino dirigido por Satanás, pero sabemos que es un reino de tinieblas morales y espirituales que se atreve a enfrentarse con el Trono de Dios.
También sabemos cuándo este reino de tinieblas se instauró en la tierra. La Biblia nos explica que tuvo lugar cuando en el huerto del Edén nuestros primeros padres se sumaron a la rebelión contra Dios, dando crédito a la voz de Satanás, quien con mentiras les hizo creer que podrían vivir mucho mejor en independencia de Dios (Gn 3:1-6). Esta decisión llevó a la raza humana a unirse en esta tierra a la rebelión que Satanás ya había comenzado en el cielo contra Dios.
Recordemos que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y le dio dominio sobre la creación para que ejerciera autoridad sobre ella como un virrey que representaba a Dios en la tierra (Gn 1:26-28) (Sal 8:3-8), pero se apartaron de este propósito pretendiendo vivir en independencia de Dios y ocupando ellos mismos su lugar. Esta fue la tentación de Satanás en la que ellos cayeron: "Seréis como Dios" (Gn 3:5).
Pero la decisión de dejar de obedecer a Dios sólo sirvió para que el hombre se encontrase bajo el malvado dominio de Satanás, lo que incrementó su poder en este mundo, al punto de establecer su reino de tinieblas también aquí. Ahora Satanás ejerce una influencia muy real sobre los hombres induciéndoles para que vivan apartados de Dios. Y los hombres le obedecen, "siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia" (Ef 2:2). Además, "cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo" y así no lleguen a ser liberados de su tiranía espiritual (2 Co 4:3-4).
Este sistema satánico es conocido en la Biblia como "el mundo", y se manifiesta en todas las áreas de la vida humana por su espíritu de rebeldía contra Dios. Actúa en la esfera personal, social, nacional e internacional. De ahí proviene el odio, los conflictos, la miseria, el sufrimiento, la inmoralidad, la muerte... Vienen de Satanás, aunque el hombre, como un ser moralmente libre, también es responsable de esto y deberá comparecer ante el alto tribunal de Dios.
¿Por qué Dios ha permitido que Satanás ejerza su autoridad malvada sobre este mundo? ¿No implica esto que Dios no es el Soberano de todos los reinos de este mundo? ¿Qué va a hacer Dios ante situación?

La respuesta de Dios a la rebelión del hombre

Sin duda, el Dios soberano y omnipotente siempre ha tenido el poder necesario para terminar con esta rebelión, pero por el momento no lo ha hecho. ¿Por qué? La revelación bíblica nos muestra que Dios se propuso reconquistar este mundo no usando la fuerza, sino el amor y la gracia. Así pues, comenzó a trabajar en esa dirección desde el mismo momento en que el hombre pecó.
1. Enseñó al hombre la gravedad del pecado y sus consecuencias
Lo primero que el hombre debía entender es la gravedad del pecado y las terribles consecuencias que tiene vivir de espaldas a Dios. No puede ser de otra manera; estar alejados de la Fuente de la Vida sólo puede traer maldición y muerte.
Por lo tanto, los primeros capítulos de Génesis nos muestran cuál fue el precio que el hombre pagó por independizarse de Dios. Vemos que inmediatamente la relación del hombre con Dios cambió, y en lugar de la hermosa comunión y amistad que hasta ese momento habían disfrutado, comenzó el temor, de tal manera que Adán y Eva se escondieron de la presencia de Dios porque tuvieron miedo (Gn 3:8). Luego vinieron las acusaciones mutuas dentro del matrimonio (Gn 3:12). La maldición también alcanzó al medio ambiente en el que vivían, a la creación entera (Gn 3:17). Como consecuencia de esto, desde entonces, para poder comer el fruto de la tierra tendrían que trabajar y sudar en medio de "espinos y cardos", que son símbolos de la tendencia de la tierra a producir lo inútil o dañino (Gn 3:18). Pronto llegó también el asesinato dentro del seno familiar, y Adán tuvo que enfrentar el hecho de que uno de sus hijos matara al otro (Gn 4:8). La sociedad también se vio afectada, y las nuevas generaciones se volvieron arrogantes (Gn 4:23-24). El diseño de Dios para el matrimonio se vio alterado y comenzó la poligamia (Gn 4:19). Y lo peor de todo, la muerte reino en este mundo (Gn 5:5).
Era imprescindible que el hombre comprendiera que es imposible prosperar plenamente en el pecado. Por esa razón Dios "sujetó la creación a vanidad". Desde entonces, el hombre sabe bien que la satisfacción humana y los goces naturales duran poco, y que lo normal es vivir bajo una sensación de insatisfacción y frustración permanentes. Dios hizo esto "no por su propia voluntad", no porque fuera de su agrado, "sino por causa del que la sujetó en esperanza" (Ro 8:20). Dios no desea que el hombre sufra, esto ya lo demostró cuando le colmó de bendiciones después de haberle creado (Gn 1:28-30) (Gn 2:8-9), así que este yugo fue colocado sobre el hombre con la esperanza de que una vez que llegara a la desesperación en cuanto a sí mismo y a sus obras, volviera a Dios, entendiendo, como un día lo hizo el hijo pródigo, que para salir de la miseria, el único camino es el de vuelta a la casa del padre (Lc 15:11-24). Al fin y al cabo, todas estas consecuencias del pecado son inevitables, lo que se siembra es lo mismo que se recoge, y Dios ya lo había advertido de antemano (Gn 2:16-17).
2. Dios interviene para juzgar el pecado
La situación estaba muy clara, era evidente que las cosas iban muy mal desde que el hombre había decidido independizarse de Dios, pero tanto entonces como ahora, el hombre no quiso verlo. En lugar de eso, insistió en endurecerse en su pecado, hasta el punto en que la situación se volvió insostenible. Esta es la descripción que la Biblia hace de la sociedad en los días previos al diluvio:
(Gn 6:5) "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal."
Entonces Dios tuvo que intervenir en juicio y "el mundo de entonces pereció anegado en agua" (2 P 3:6). Toda la humanidad murió a excepción de Noé y su familia. Esto enviaba un mensaje muy claro: Dios no había renunciado a sus derechos legítimos sobre este mundo que él ha creado, y cada vez que lo considere necesario intervendrá en juicio.
Pero las aguas del diluvio no pudieron limpiar a la humanidad del germen de la rebeldía contra Dios, y una vez que los descendientes de Noé se extendieron por el mundo, nuevamente se organizaron en su lucha contra Dios. Fue entonces cuando apareció por primera vez en la Biblia el concepto de "reino" (Gn 10:10). Se trataba de una sociedad organizada contra Dios, que en su rebeldía proyectaba edificar una ciudad y una torre cuya cúspide llegara al cielo. El hombre se levantaba contra Dios, y lo hacía de forma comunitaria. Estaban unidos y habían comenzado una obra de la que nada ni nadie les haría desistir (Gn 11:4-6). Dios se había comprometido a no traer otro juicio como el diluvio, así que terminó con esta nueva manifestación de rebeldía confundiendo sus lenguas y esparciéndolos por toda la tierra. Esta nueva historia nos vuelve a demostrar que aunque todos los hombres se unan contra Dios, nunca podrán hacerle nada, y que él siempre tendrá el control de la historia.
Una vez más este nuevo juicio no consiguió que el hombre volviera a Dios. El mal estaba dentro del corazón humano, y allí donde fueran, seguirían con su rebelión.
Sus consecuencias llegan hasta nuestros días, cuando las cosas parecen ir de mal en peor. La maldad aumenta por todas partes y los líderes de nuestras naciones son incapaces de controlar los crecientes retos a los que se enfrentan: falta de empleo, guerras, terrorismo, sobrepoblación, pobreza, inmigración, crisis de refugiados, violación de los derechos humanos, racismo, cambio climático, contaminación, corrupción política...
3. Dios intenta establecer su reino en una nación, Israel
Fue después de que Dios confundiera el lenguaje de los pobladores de la tierra en la torre de Babel cuando emprendió una nueva iniciativa. Llamó a un hombre, Abraham, y se propuso formar a partir de él un pueblo por medio del cual se daría a conocer a la humanidad (Gn 12:1-3). Con ese propósito estableció un pacto por el que le garantizaba bendiciones personales, la multiplicación de su simiente, la posesión de la Tierra Prometida, la protección de la raza contra sus enemigos, y por fin, la bendición de todas las familias de la tierra por medio de su simiente. Todo esto se confirmó con la señal de la circuncisión, señal de separación, de modo que los hijos de la promesa fueron apartados de las naciones para ser el pueblo de Dios.
Por lo tanto, de aquella sociedad degenerada, Dios apartó un pequeño pueblo desde el cual se iba a manifestar y reinar entre los hombres. Más adelante les dio la ley por medio de Moisés y estableció con ellos un pacto que regulaba esta relación de Dios con su pueblo.
Otro acontecimiento muy importante fue la liberación de Israel de su esclavitud en Egipto. La forma milagrosa en la que Dios lo hizo servía como ejemplo de la liberación espiritual que quería llevar a cabo con todas las personas.
A partir de ese momento Israel pertenecía a Dios. Él había hecho un pacto con ellos, los había redimido y les había dado sus leyes. Ellos eran su pueblo y Dios era su rey (Dt 33:5).
Pero a pesar de todo esto, ellos seguían manteniendo su mentalidad de esclavos. Dios los había liberado del yugo de Egipto y los estaba conduciendo a la Tierra Prometida, pero ellos seguían pensando en volver al lugar del que habían salido. Esta fue la razón por la que constantemente todo les parecía mal y por la que se pasaron todo el viaje por el desierto murmurando contra Dios y contra sus siervos Moisés y Aarón. Finalmente Dios los juzgó y los condenó a morir en el desierto, de tal manera que salvo Josué y Caleb, ninguno de los hombres que habían salido de Egipto logró entrar en la Tierra Prometida. Esto los obligó a estar vagando por el desierto durante cuarenta años. Fue triste ver que a pesar de todas las señales que habían visto de parte de Dios, y la forma milagrosa en que Dios los había guiado por el camino, ellos siguieron siendo incrédulos, y por esa causa una generación entera murió en el desierto (He 3:16-19). Cada vez estaba más clara la gravedad de los efectos del pecado en el hombre: no respondía a los juicios de Dios, pero tampoco a sus bendiciones. Daba lo mismo que enviara un diluvio sobre la tierra, que confundiera sus lenguas en Babel o que los liberara de la esclavitud; finalmente el hombre volvía a mostrar la rebeldía de su corazón contra Dios.
Sin embargo, a pesar de todo, Dios cumplió su palabra y finalmente introdujo al pueblo de Israel en la Tierra Prometida por medio de Josué. Durante el tiempo que siguió, Dios gobernó a su pueblo directamente por medio de jueces que eran apoyados por los sacerdotes. Pero la degeneración del sacerdocio, evidenciada claramente en la familia de Elí (1 S 2:12-17), y la debilidad moral de los mismos jueces, llevó al país a la anarquía generalizada, perdiendo el sentido de su unidad nacional y cayendo constantemente en el pecado de la idolatría. La frase que se repite varias veces en el libro de Jueces y que describe bien esta situación es la siguiente: "cada uno hacía lo que bien le parecía" (Jue 21:25). Nuevamente el proyecto de Dios para establecer su reino en este mundo había fallado por causa de los hombres.
Los libros de Samuel nos relatan el final del tiempo de los jueces y el principio de la monarquía. El primer rey, Saúl, elegido siguiendo los criterios del pueblo, resultó ser un nuevo fracaso a la hora de manifestar el gobierno de Dios en este mundo. Era un hombre conforme a los ideales humanos y al estilo de las naciones circundantes, pero totalmente inadecuado para llevar a cabo la voluntad de Dios en este mundo, tal como quedó demostrado en varias ocasiones. Esto dio lugar a que Dios lo desechara y se buscara un rey conforme a su corazón (1 S 13:13-14).
El rey elegido por Dios fue David, y con él estableció un pacto especial por el que le garantizó que de su descendencia nacería un hijo por medio del cual gobernaría este mundo eternamente. Los detalles de este pacto los podemos encontrar en (2 S 7:8-16) (1 Cr 17:7-14) (Sal 89).
David siempre fue consciente de que Dios era el verdadero Rey y que él sólo era su siervo. Cuando David se refiere a Dios en los Salmos lo hace en los siguientes términos: "Rey mío y Dios mío" (Sal 5:2) (Sal 145:1).
Pero también la monarquía fracasó. Muchos de los descendientes de David no fueron conforme al corazón de Dios y se dieron a la idolatría y a todo tipo de perversiones. Y aunque Dios les envió profetas que una y otra vez les amonestaron para que se volvieran de sus malos caminos, ellos no los quisieron escuchar. De hecho, salvo un pequeño resto fiel, el pueblo se caracterizaba por su rebeldía y desobediencia a la ley de Dios. Así que, una vez más Dios intervino y juzgó a su pueblo. Primero fue Israel, en la parte norte del país, la que fue invadida por los asirios (2 R 17:24-41), y años más tarde, Judá en el sur, también fue llevada en cautiverio por los babilonios (2 R 25:8-21).
Setenta años después de su cautiverio, Ciro rey de Persia, firmó un decreto para que los judíos que lo desearan pudieran regresar a Judá y reedificaran la ciudad de Jerusalén (Esd 1:1-4). Los que volvieron fueron pocos y débiles, siempre en aprietos en medio de sus vecinos. Pero lo peor de todo fue que durante doscientos años siguieron bajo la dominación persa, hasta el año 330 a.C., cuando fueron conquistados por Alejandro Magno el griego. Después de la muerte de Alejandro, su reino fue dividido y comenzó una lucha entre los Tolomeos de Egipto y los monarcas de Siria, dando como resultado primero el dominio egipcio y luego el sirio, sobre Judea. Entre los años 166 a 63 a.C. los judíos se rebelaron contra los sirios y gozaron de su único periodo de autonomía bajo la dinastía asmonea, hasta que en el año 63 a.C., Pompeyo, un general romano, tomó Jerusalén, y a partir de esa época las provincias de Palestina fueron tributarias de Roma.
Podríamos resumir la historia de todo el Antiguo Testamento como una sucesión de continuos intentos fallidos para establecer el reino de Dios en este mundo. El pueblo elegido no había sido capaz de vivir conforme al pacto que Dios había establecido con ellos, y sus mismos gobernantes, en muchas ocasiones, habían sido los primeros en manifestar su infidelidad. ¿Qué haría Dios? Sus promesas todavía estaban en pie, pero ¿dónde, cuándo y cómo se iban a cumplir?
Es en este contexto cuando apareció el Señor Jesucristo anunciando que el "reino de Dios se ha acercado". ¿Qué quería decir con esto?

Preguntas

1. ¿Cuáles son los dos aspectos fundamentales que definen el Reino de Dios?
2. ¿Por qué decimos que existe un "reino de las tinieblas"? ¿Cuándo se instauró en este mundo? ¿Cuáles fueron los efectos que produjo y que encontramos en los primeros capítulos de Génesis? Cite también algunas de las evidencias de este reino de maldad en nuestros días.
3. ¿Qué pasos dio Dios en el Antiguo Testamento para reconquistar al hombre pecador para su reino?
4. ¿Qué promesas importantes fueron hechas a Abraham (Gn 12:1-3) (Gn 15:1-21)? ¿Y a David (2 S 7:8-16) (1 Cr 17:7-14) (Sal 89)? ¿Qué lección espiritual podemos sacar de la liberación de Israel de su esclavitud en Egipto?
5. ¿Por qué fracasaron todas las iniciativas divinas para establecer su reino en este mundo? ¿Cuál era la situación de Israel cuando apareció el Señor Jesucristo?

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