Estudio bíblico: El Cordero de Dios - Juan 1:29-34

Serie:   El Evangelio de Juan   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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El Cordero de Dios - Juan 1:29-34

(Jn 1:29-34) "El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre el. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios."

Introducción

Hay que admirar la constancia de Juan dando testimonio de Jesús. Un día antes, había convertido el interrogatorio que los sacerdotes y levitas venidos de Jerusalén le habían hecho, en una excelente ocasión para dar testimonio de Jesús (Jn 1:19-28). En este pasaje, un día después, sigue dando testimonio aprovechando la presencia del mismo Señor entre ellos (Jn 1:29-34). Y nuevamente al día siguiente, delante de dos de sus discípulos, vuelve a indicar a Jesús como el Cordero de Dios (Jn 1:35-36).
En cuanto al momento en que tiene lugar este pasaje, podemos deducir a partir de la referencia que hace Juan del descenso del Espíritu Santo sobre Jesús, que su bautismo ya había tenido lugar (Jn 1:32) (Mr 1:10). Por lo tanto, el Señor estaba regresando a donde estaba Juan por segunda vez. No sabemos, sin embargo, el tiempo que había pasado después de la tentación en el desierto (Mr 1:12-13), o si tal vez fue inmediatamente después de los cuarenta días.

"Y dijo: He aquí el Cordero de Dios"

Podemos percibir la solemnidad de esta declaración de Juan acerca de quién era Jesús, mientras le imaginamos señalándole entre las multitudes.
Pero, ¿por qué dice que él es "el Cordero de Dios"?
  • Algunos han pensado que era una referencia a su carácter manso y humilde como el de un cordero (Mt 11:29). Y por supuesto, lo era.
  • Pero tal vez sea más acertado recordar que el cordero era un animal empleado especialmente para los sacrificios.
Ahora bien, hay numerosas referencias a distintos sacrificios en los que un cordero debía ser sacrificado. Pensemos en algunas de ellas.
El cordero de la pascua (Ex 12:1-28). Hay varias razones por las que parece apropiado identificar al Señor Jesús con el cordero de la pascua. Primeramente, porque él fue sacrificado en la fiesta de la pascua (Lc 22:7). También el evangelista Juan explica que la forma en la que Cristo murió era en cumplimiento del sacrificio pascual (Jn 19:33,36). Pablo afirma en (1 Co 5:7) "que nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros". Y de hecho, la pascua debía ser recordada por los israelitas porque por medio del sacrificio del cordero ellos fueron librados de la ira divina y se constituyeron como una nación. Esto mismo se podría decir de la Iglesia, que es librada del juicio de Dios y es constituida como tal a partir de la muerte de Cristo.
Pero a ningún lector atento de las Escrituras se le escapará el tremendo paralelismo con el cordero descrito por Isaías:
(Is 53:6-7) "Todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca."
En realidad, podríamos decir que todos los sacrificios del sistema levítico eran símbolos o sombras del sacrificio definitivo de Cristo en la Cruz.

"Qué quita el pecado del mundo"

No obstante, aunque podemos encontrar muchas similitudes con los sacrificios del Antiguo Testamento, también es muy importante ver las diferencias:
  • Mientras que en el antiguo pacto los animales sacrificados eran muchos, Juan presenta una sola víctima: "el Cordero".
  • Pensemos además que en el sistema levítico, cada israelita se tenía que proveer su propio cordero para el sacrificio por el pecado, pero ahora es Dios mismo quien provee la víctima: "el Cordero de Dios". Dicho sea de paso, nos recuerda cuando en (Gn 22:7-8) Isaac inquiere a Abraham "¿Dónde está el cordero para el holocausto?", y su padre le responde "Dios se proveerá de cordero para el holocausto".
  • Otra diferencia importante era que la sangre de los animales sacrificados sólo podía "expiar" o "cubrir" los pecados, mientras que Cristo "quita el pecado". (He 10:4) "porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados". (1 Jn 3:5) "Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados".
  • Los sacrificios levíticos servían para una sola persona por un pecado concreto, en tanto que el sacrificio de Cristo tiene un alcance universal: "el pecado del mundo". El objeto de esta salvación son hombres de toda tribu, pueblo y nación. Esto fue lo que profetizó el sumo sacerdote acerca de Jesús: (Jn 11:51-52) "Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos". El pago que hizo en la cruz fue más que suficiente para cubrir las deudas de todos. Su expiación fue suficiente para toda la humanidad, aunque sólo es efectiva para los que creen.
Evidentemente los judíos no esperaban un Mesías de este tipo, y de hecho, a los mismos discípulos les costó mucho entender que Jesús era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ellos no pensaban en un Mesías que viniera a sufrir. Y dentro de sus prioridades no estaba la salvación del pecado sino de sus enemigos romanos. Por eso es que finalmente fue rechazado por el pueblo.
¿Por qué es necesario que haya un sacrificio para quitar el pecado? Encontramos la respuesta en varias citas:
(Ro 6:23) "Porque la paga del pecado es muerte."
(He 9:22) "Sin derramamiento de sangre no se hace remisión."
La esencia de los sacrificios en el Antiguo Testamento era el principio de sustitución, es decir, colocar una cosa en lugar de otra. Se cuenta la historia de dos hermanos durante la guerra civil norteamericana. Uno soltero y el otro casado. El gobierno llamó al casado (que tenía varios hijos) para que se incorporase a las filas del ejército del Norte. Su hermano menor entonces dijo: "No puedo permitir que mi hermano, teniendo esposa e hijos, arriesgue su vida en la guerra". Fue así como José, el menor, se hizo presente cuando los oficiales del ejército citaron a Jorge, su hermano casado. Finalmente José fue admitido e ingresó a las filas del Ejército del Norte, donde tomó parte en cruentas batallas. Un día el muchacho perdió la vida en combate. En realidad murió en lugar de su hermano casado.
Cristo vino a hacer por el hombre algo que éste no podía hacer por sí mismo. Algo que es esencial para la felicidad del hombre: quitar el pecado. La religión insiste en que la persona debe cargar con su propio pecado y expiarlo con buenas obras. Pero si yo tengo que cargar con mi propio pecado, entonces estoy perdido y condenado. Sin embargo, si Cristo carga con mi pecado, podré salvarme gracias a él. Cuanto más insiste el hombre en redimirse por sus propias obras, peor es el resultado.
Pensemos por unos momentos en la misión que el Señor Jesucristo asumió al venir a este mundo: ¡Quitar el pecado del mundo! ¡Cómo podemos medir tan inmensa carga! ¡Cuánto dolor le causaría a Aquel que es perfecto en grado sumo llevar sobre sí la culpabilidad de todo el mundo! Nadie en este mundo, ni santo, ni profeta, ni ángel, ni arcángel sería capaz de algo semejante. Tenía que ser el mismo Hijo de Dios quien lo hiciera.
¿Cuál es el "pecado" al que se refiere que vino a quitar? El pecado fundamental de vivir sin Dios, egocéntricamente, ignorando al Creador como si no existiera.

"Este es aquel de quien yo dije"

Juan ya había dado un testimonio similar antes. Podemos verlo en (Jn 1:15,27).
Al principio, Jesús era un personaje desconocido, en comparación con la fama del Bautista; pero había llegado la hora de que Jesús entrara en escena y ocupara el lugar que demanda su preexistencia. En ese momento, Juan se apartaba para darle paso. Él mismo lo describió de forma muy hermosa: "A Jesús le toca crecer, y a mí menguar" (Jn 3:30).

"Y yo no le conocía"

Siendo primos, es probable que Juan y Jesús se conocieran bien, pero Juan no había reconocido la condición mesiánica de su primo hasta el momento de su bautismo. Se ve claramente en el contexto, que aquí se hace referencia a algo más allá que un mero conocimiento físico: el Bautista confiesa que le tuvo que ser revelado de lo alto que Jesús era el Cristo. En este sentido no lo había conocido.
Juan no lo conocía porque todavía no había visto ninguna de sus señales. Sin embargo, cuando nuestro Señor se presentó ante Juan para que lo bautizase, éste le dijo: "Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?" (Mt 3:14). Estas palabras nos dejan ver que sí conocía a Jesús antes de este momento, y que de hecho entendía que su vida de santidad era muy superior a la suya.
Este detalle es interesante porque queda excluida la falsa sospecha de que Juan dio testimonio de Cristo a causa de la familiaridad que tenía con él.

"Para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua"

Aunque Juan hubiera podido predicar sin bautizar, sin embargo, el bautismo en agua para arrepentimiento era fundamental para preparar el camino del Señor.
Acordémonos de que así como Cristo no pudo ser manifestado a Israel hasta que viniera Juan bautizando en agua para arrepentimiento, así es todavía. Solamente cuando haya habido arrepentimiento y confesión de pecado, lo cual era significado por la sumisión al bautismo de Juan, está el pecador preparado para recibir al Salvador.

"Diciendo; Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma"

Por supuesto, el Espíritu no tiene cuerpo, pero en esta ocasión se manifestó con forma corporal como una paloma.
Este animal nos sugiere pureza, mansedumbre, gracia, atributos que en grado infinito caracterizan al Espíritu Santo.
Lo que Juan vio fue el ungimiento de Jesús para la misión descrita en:
(Is 61:1) (Lc 4:18) "El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel."

"Y permaneció sobre él"

No debemos entender que nuestro Señor recibió entonces el Espíritu Santo por primera vez, y que no lo había recibido antes en el mismo grado. El Espíritu Santo reposó en Jesucristo "sin medida", desde el momento en que tuvo lugar la encarnación.
El objetivo de esta visión era:
  • Al comienzo del ministerio público de Jesús hacer notar a todos los presentes que toda la Trinidad estaba involucrada en esta misión. Esto constituía una evidencia clara de que él era el escogido del Padre: (Is 42:1) "He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones".
  • Le señala como aquel que se hallaba en perfecta comunión con Dios. No podemos menos que acordarnos de la antigua historia del diluvio, y del arca, y de la paloma que no halló lugar en donde descansar. Aquí al fin había un hogar en que el Espíritu, manso como paloma, podría hacer su morada. La paloma con una ramita de olivo en el pico había sido para Noé la señal de que la tierra había emergido ya sobre las aguas del diluvio tras la ira de Dios.
  • Demostraba al Bautista que el Mesías estaba delante de él.

"Ése es el que bautiza con el Espíritu Santo"

Ese bautismo es una obra sobrenatural de Dios. No puede ser administrado por hombre alguno. No consiste en ritos exteriores. El bautismo en agua era externo, mientras que el del Espíritu es interno.
Juan había dicho que el bautizaba con agua (Jn 1:26) haciendo resaltar que después de todo existía una enorme diferencia entre lo que él estaba haciendo y lo que haría el Mesías.
Si antes había afirmado que Jesús es el que quita el pecado, ahora anuncia otra verdad complementaria: "bautiza con el Espíritu Santo". Esto nos da una visión completa de su obra a favor del hombre: perdón y regeneración. Esto tuvo su cumplimiento en (Hch 2:1-13).

"Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios"

Encontramos aquí el eco del testimonio del Padre en el bautismo (Mr 1:11). Este testimonio de Juan está en perfecta armonía con el propósito del evangelio (Jn 20:30-31).
Esta expresión se refiere al Señor Jesucristo, el Hijo de Dios en el sentido más elevado en que se puede usar este término. Expresa la relación especial que existe eternamente entre el Padre y el Hijo. (Jn 1:1,18).
Nadie que no fuera Dios podría bautizar con el Espíritu Santo.
El testimonio de Juan se refiere a dos verdades de trascendental significado:
  • Que es el Hijo de Dios: nos habla de su grandeza.
  • Que es el Cordero de Dios: nos habla de su humillación.

Preguntas

1. Cuando Juan el Bautista dice que Jesús es "el Cordero", ¿A qué se podía estar refiriendo?
2. Señale cuatro diferencias entre el sacrificio de Cristo como el Cordero de Dios y los sacrificios del Antiguo Testamento.
3. ¿Por qué es necesario que haya un sacrificio para quitar el pecado? Razone su respuesta.
4. ¿Qué virtudes cristianas observamos en la conducta de Juan el Bautista que todos deberíamos imitar?
5. Explique las diferencias entre el bautismo en agua de Juan y el bautismo en el Espíritu Santo del Señor. ¿En qué consiste cada uno de ellos? ¿Cuál es la relación que hay entre ambos?

Comentarios

Estados Unidos
  aracely Gavarrete  (Estados Unidos)  (19/02/2014)
muy lindo este estudio eh aprendido mucho y es de mucha bendicion para my vida
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