Estudio bíblico: Jesús sana a un sordomudo - Marcos 7:31-37

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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Jesús sana a un sordomudo - Marcos 7:31-37

(Mr 7:31-37) "Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis. Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien. Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar."

Introducción

Al igual que en el pasaje anterior, el Señor sigue estando en territorio gentil. Marcos menciona algunas de las ciudades y regiones que visitó, lo que le llevaría varias semanas o incluso meses, pero de todo lo que ocurrió en ese período, el evangelista sólo recoge la curación de un sordomudo.

"Tiro, Sidón, el mar de Galilea, la región de Decápolis"

Marcos nos explica con cierto detalle la ruta que siguió Jesús: salió de la región de Tiro, pasó por Sidón, a unos cuarenta y cinco kilómetros al norte, volvió luego hacia el sur, y pasando a lo largo de la costa oriental del mar de Galilea, llegó a la región de Decápolis.
Notemos que nos dice por dónde fue, pero no a dónde iba. De hecho, parece que iba dando rodeos. Todo esto nos hace pensar que no buscaba llegar a un lugar concreto, sino que su propósito era otro, seguramente tener un largo periodo de comunión con sus discípulos en el que pudiera dedicarse a instruirles acerca de su Persona y misión, antes de que se desencadenaran los acontecimientos finales que le llevarían a la cruz. Si este era el propósito del viaje, podemos decir que finalmente dio fruto, tal como veremos en el próximo capítulo, cuando Pedro hace el gran descubrimiento de que Jesús es el Mesías (Mr 8:27-29).

"Y le trajeron un sordo y tartamudo"

Como en otros muchos casos, fueron los amigos o familiares del sordomudo quienes le llevaron hasta Jesús, dejándonos un perfecto ejemplo del interés y la preocupación que debemos mostrar por nuestros semejantes.
En cuanto al enfermo, el evangelista nos dice que era sordo y tartamudo. Normalmente los mudos no saben expresarse por no haber podido oír hablar a otros, y no porque tengan ningún defecto en los órganos del habla. Este era el caso de este hombre del que Marcos nos dice que tenía un habla defectuosa.
Podemos imaginarnos las dificultades que tendría para poder comunicarse con otros, los peligros a los que estaría expuesto al no poder escuchar, la desesperación que su estado le produciría cuando estuviera en medio de la gente y no supiera lo que estaba ocurriendo. ¿Cómo interpretaría cualquier cosa que ocurriera a su alrededor? En muchos casos hemos podido comprobar cómo toda esta frustración que frecuentemente sienten los sordomudos, los lleva a la desconfianza y el apartamiento.

"Y le rogaron que le pusiera la mano encima"

Los amigos del sordomudo estaban convencidos de que Jesús podía y querría sanarle, pero llegaron demasiado lejos al decirle al Señor cómo debía hacerlo. Tal vez habían escuchado en el alguna ocasión anterior que Jesús había realizado sanidades poniendo la mano encima de la persona, y creyeron que esta era la manera en la que debía hacerlo con su amigo. Pero es una equivocación limitar la forma que el Señor tiene de obrar con las personas. De hecho, Jesús no aceptó sus indicaciones, y trató con el sordomudo de una forma única.
No debemos olvidar que el Señor es soberano en sus métodos y que cada persona tiene unas necesidades diferentes. En ocasiones, al querer determinar al Señor en su forma de proceder con nosotros, podemos perder sus bendiciones. Recordemos como un ejemplo de esto a Naamán el sirio (2 R 5:10-14).
En realidad, nosotros mismos podemos decir también que el Señor trata con cada uno de nosotros de formas muy diversas, y siempre de una manera muy personal. Por lo tanto, nunca deberíamos decirle al Señor los métodos que él debe utilizar al contestar nuestras oraciones, estando seguros de que su propio método es siempre el mejor.

"Y tomándole aparte de la gente"

Jesús conocía muy bien tanto las necesidades físicas del sordomudo, como las emocionales. Sabía que este hombre no podía escuchar, ni tampoco hablar correctamente, y por lo tanto, se sentiría muy incómodo siendo el centro de atención en medio de una gran multitud. Así que Jesús decidió apartarse con él lo suficiente como para tratar el problema tranquilamente. En todo esto el Señor manifestó la sensibilidad que le caracterizaba, evitando que el enfermo se sintiera humillado o avergonzado.
Al mismo tiempo, al separarlo de las otras personas, Jesús estaba destacando que su sanidad y salvación era un asunto íntimo y personal.

"Metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua"

La forma en la que el Señor le sanó nos resulta un tanto extraña, pero esto es porque no logramos pensar ni sentir como el sordomudo. Al no poder expresarse correctamente, aquel hombre tuvo que usar gestos. Podemos imaginarnos sin dificultad que señalaría sus oídos para indicar a Jesús que no podía escuchar lo que le decía, luego señalaría su boca o lengua para darle a entender que tampoco podía hablar, y finalmente haría algún tipo de gemido para pedir la ayuda del Señor.
Si este fue el caso, Jesús lo que estaría haciendo sería responder a su petición por medio de gestos similares a los que él había hecho. Seguro que el sordomudo le estaba entendiendo. Era como el lenguaje de signos que usan los sordos en la actualidad.

"Y levantando los ojos al cielo, gimió"

Estos dos detalles también son muy significativos. Primeramente elevó su mirada al cielo, para indicar que la ayuda que el sordomudo necesitaba había de venir de Dios y que Jesús actuaba en unión con él. Y segundo, el Señor gimió, mostrando el profundo dolor que su alma sentía por la carga tan terrible de sufrimientos que los hombres llevan sobre sí a causa del pecado.
La escena es realmente reconfortante, porque nos recuerda que tenemos un sumo sacerdote que se compadece por nosotros mientras intercede ante el trono del mismo Dios en el cielo.
(He 4:15-16) "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro."

"Y le dijo: Efata, es decir, Sé abierto"

Nuevamente el evangelista siente la necesidad de repetir la palabra exacta que el Señor usó, y de hacerlo en la misma lengua que él hablaba, el arameo (Mr 5:41).
Como ya hemos señalado, los discípulos estaban apartados del Señor y el sordomudo, pero no lo suficiente como para dejar de ver lo que Jesús hacía y aun de alcanzar a escuchar esta palabra que produjo un efecto perdurable en sus mentes: "Efata", "sé abierto".
Así que, dado que el sordomudo todavía no podía oír, lo más probable es que esta palabra fuera dicha para beneficio de los discípulos, que como luego comentaremos, sí que estaban muy necesitados en aquellos días de que el Señor abriera sus oídos y sus mentes para poder llegar a entender lo que quería enseñarles.

"Y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien"

Como en el resto de los casos, el poder del Señor se hizo efectivo al instante, devolviendo el oído al sordo, y lo que aun era más milagroso si cabe, dándole la capacidad de hablar sin haber oído normalmente en el curso de su vida.

"Y les mandó que no lo dijesen a nadie"

Ya hemos comentado en varias ocasiones que Jesús nunca quiso llamar la atención sobre sí mismo con sus grandes milagros de sanidad. Estos debían servir como credenciales de que él era realmente el Mesías anunciado por los profetas (Is 35:5-6), y expresar también la compasión y el amor de Dios para con la humanidad perdida.
Por esta razón, Jesús hizo constantes esfuerzos para evitar que se le conociera como un "obrador de milagros". Su misión y ministerio iba mucho más allá de hacer milagros. Él buscaba la fe de las personas en su Persona y Palabra.
Por otro lado, cada vez que se desataba su popularidad entre las multitudes, ésta se volvía incontrolable y amenazante, porque como ya hemos visto, la euforia de las masas no obraba de acuerdo a los planes de Dios en cuanto al establecimiento de su Reino y la necesidad de la Cruz.
Esta fue la razón por la que Jesús mandó a la gente que no hablasen del milagro a nadie. Pero la naturaleza humana es muy peculiar; el mandato de no difundir lo ocurrido, provocó a la gente a hacer exactamente lo opuesto. Curiosamente, las prohibiciones suelen afectar a la gente de esta manera. Y aunque podemos entender que debió ser muy difícil callar algo tan grande y hermoso, la desobediencia nunca se puede justificar.
Nosotros, en contraste, a pesar de haber sido mandados por el Señor a predicar el evangelio por todo el mundo, y a contar lo que él ha hecho en nuestras vidas, muchas veces callamos cuando deberíamos hablar.

"Se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo"

Este mismo había sido el veredicto de Dios cuando completó su propia creación en el principio: (Gn 1:31) "Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera". Pero el pecado humano lo había echado todo a perder, y ahora Jesús estaba devolviéndole la belleza de Dios al mundo afeado por el pecado humano.
Con esta y otras muchas curaciones, Jesús demostró cómo va a ser el futuro reino del que él es el Mesías. Aunque no lograremos entender plenamente toda la belleza de este Reino hasta el día de la resurrección final, cuando nuestras vidas sean completamente transformadas, libres de todos los efectos del pecado y de la caída, y recreados completamente a la imagen del Hijo.
Entonces entenderemos que todo lo que el Señor ha permitido que pasemos en esta vida ha tenido un propósito, y nosotros también clamaremos "bien lo ha hecho todo". Entonces nos avergonzaremos de aquellas veces que hayamos dudado de él por algunas de las cosas que él permitió en nuestras vidas.

Reflexiones finales

Aunque el milagro fue llevado a cabo en la esfera física, sin embargo, ilustra también los efectos del pecado en el hombre en la esfera espiritual. No olvidemos que a causa de su incredulidad, los hombres no logran escuchar la voz de Dios, y "hablan mal" cuando intentan expresarse acerca de estas cosas. Sin embargo, cuando Dios obra por su Espíritu abriendo las mentes de los hombres, y estos responden adecuadamente a su Palabra, inmediatamente quedan desatadas también las ligaduras de sus lenguas y su lenguaje cambia radicalmente, comenzando a hablar bien del Señor y anunciando la verdad de Dios.
Pero de forma particular, el incidente sirvió para reflejar la experiencia de los discípulos en ese periodo. Como hemos comentado en pasajes anteriores, a ellos también les costaba entender lo que Jesús hacía (Mr 6:52), ellos también sufrían de "sordera espiritual". Por esto, fue necesario que Jesús los llevara aparte de las multitudes, como en el caso del sordomudo, y tratara personalmente con ellos para que sus mentes y corazones fueran "abriéndose" al conocimiento de Jesús.

Preguntas

1. ¿Cuál cree que fue la razón por la que Jesús hizo este viaje por tierras gentiles? Justifique su respuesta.
2. Comente qué le parece la actitud de los amigos del sordomudo.
3. Explique porque cree que Jesús sanó al sordomudo apartándole de la gente y luego tocando sus oídos y lengua.
4. ¿Por qué cree que Jesús les mandó que no dijesen nada a nadie en cuanto a este milagro?
5. ¿Cuál cree que es el significado "espiritual" de este milagro? Explique su respuesta.

Comentarios

Venezuela
  ricardo luis acuña  (Venezuela)  (25/03/2016)
Excelente enseñanza sobre este pasaje...aprendí mucho, mis oidos espirituales se agudizaron más... Gracias JESUS.
Chile
  magdalena cartes cortez  (Chile)  (24/09/2015)
Completo y claro comentario!
Gracias, les abrazo desde el Sur de Chile. Paz.
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