Estudio bíblico: Tentación de Jesús - Marcos 1:12-13

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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La tentación de Jesús - Marcos 1:12-13

(Mr 1:12-13) "Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían."

La importancia de este pasaje

Después de que el Señor Jesucristo fuera aprobado por el Padre durante su bautismo, fue conducido al desierto donde había de enfrentarse con el "príncipe de este mundo" (Jn 12:31).
Aunque nuestro pasaje se conoce normalmente como "la tentación de Jesús", debemos comprender que lo que estamos presenciando aquí es mucho más que una tentación como la que cualquier de nosotros podemos tener, se trata más bien del primer combate entre el Hijo de Dios y Satanás en la gran batalla por conseguir la liberación de los hombres y su salvación. Por fin, el Mesías de Dios, tan largamente esperado, irrumpe en el mundo para conquistar a los poderes del mal que aprisionan, mutilan y distorsionan la vida humana. Tan importante es este pasaje que de su desenlace depende nuestra salvación.
Finalmente lo que se está poniendo a prueba es la capacidad del Señor Jesucristo para emprender la Obra de la salvación. ¿Fracasaría como el primer hombre, Adán, o saldría victorioso?
Por otro lado, el pasaje es muy importante también para nosotros, porque la tentación es sin duda una experiencia bien conocida por todos los cristianos. Todo creyente enfrenta a lo largo de su vida un conflicto espiritual en el que es tentado y su fe es probada sin descanso. El apóstol Pablo nos advertía con estas palabras:
(Ef 6:10-13) "Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes."

¿Quién es el diablo?

Aunque algunos teólogos "modernistas" o "liberales" niegan la existencia de Satanás, la Biblia lo afirma con toda claridad. Ahora bien, ¿qué sabemos de él?
Satanás fue originalmente un importante ángel conocido como "querubín grande, protector" (Ez 28:14), y era llamado "Lucero", que significa "hijo de la mañana" (Is 14:12). Parece que fue la máxima expresión de la creatividad de Dios (Ez 28:12-13). Sin embargo, el mismo poder y hermosura de Satanás, lo llevaron a caer en el orgullo y la vanagloria. Queriendo ser igual a Dios, se rebeló contra Él y cayó en pecado (Is 14:13-15) (Ez 28:16). Con él se rebelaron hasta una tercera parte de todos los seres angelicales (Ap 12:3-4).
A partir su caída, "Lucero" vino a ser "Satanás". Esta palabra viene de un término hebreo que significa "adversario" (1 Cr 21:1) (Job 2:1). Otro de sus nombres es "diablo" (griego), que significa "acusador" o "calumniador" (Ap 12:10-12). Los dos nombres aparecen juntos en (Ap 12:9).
A lo largo de la Biblia vemos que ha establecido su nefasto dominio en la tierra por haber inducido al hombre a la rebelión contra Dios, de tal manera que también es conocido como "el príncipe de este mundo" o "el príncipe de la potestad del aire" (Jn 14:30) (Ef 2:2).

Jesús en el desierto con Satanás

El mismo Espíritu que descendió sobre él en el bautismo, es el que ahora le impulsaba al desierto de la tentación: "el Espíritu le impulsó al desierto". Después de la aprobación celestial sigue el ataque infernal. Si en el bautismo Jesús afirmó su total disposición a realizar la tarea que le fue asignada, a saber, sufrir y morir en lugar de su pueblo, es por tanto lógico, que de inmediato comience la aflicción, la que aquí toma forma de tentación.
Nuestro texto dice que el Espíritu "le impulsó", que es una palabra vívida, más enérgica que la que emplea Mateo, "fue llevado", y la que usa Lucas, "era conducido". Hace énfasis en la convicción que le infundió el Espíritu Santo sobre la necesidad de aquella experiencia. Por supuesto, no debe entenderse que Cristo opusiera resistencia a la dirección del Espíritu Santo. Cristo siempre se sometía a los impulsos del Espíritu por ser algo que indicaba la voluntad del Padre, pero en este caso, lo que Marcos indica, es que el impulso fue inusualmente fuerte.
¿Cuál fue la razón por la que el Espíritu Santo impulsó al Señor al desierto? Como vemos, el diablo usó esta coyuntura para tentarle. Puede resultarnos extraño que sea el Espíritu quien introduce a Jesús en el lugar de la tentación. Sin embargo, tal experiencia estaba dentro de los propósitos de Dios para su Hijo.
Aunque también podemos suponer que la voluntad del Padre era que su Hijo tuviera un tiempo de preparación espiritual antes de comenzar su ministerio público, y de ahí los cuarenta días de ayuno (Mt 4:2). Pero en cualquier caso, Satanás aprovechó ese tiempo para tentar a Cristo.
Y de igual modo nosotros. Dios puede llevarnos a una situación con el propósito de fortalecer nuestra fe y acercarnos a él, mientras que el diablo intervendrá con el fin de hacernos caer en el pecado. Y Dios permite todo esto porque en la vida de fe, las tentaciones son un ingrediente necesario para nuestro crecimiento en santidad, y en este sentido, caen dentro de la voluntad de Dios para nosotros.
Está claro que en el camino que Dios ha preparado para sus hijos, encontraremos muchos enemigos, pruebas y tentaciones, especialmente cuando nos dispongamos a servir a Dios. Pero resulta muy reconfortante saber que nuestro Señor Jesucristo ya atravesó ese desierto antes que nosotros y ahora nos conduce a través de él, de tal modo que sólo tenemos que seguirle.
Notemos también que todo esto estaba ocurriendo en "el desierto", lo que nos hace pensar que la forma de "escapar" de la tentación no es buscar un lugar separado (un convento, por ejemplo), sino vivir en íntima comunión con Dios.
Y vemos también que el diablo, en sus ataques más fuertes contra el hombre, busca aquellos momentos en los que nos encontramos debilitados, angustiados o cansados. El texto nos dice que Jesús había ayunado durante cuarenta días en el desierto.

Jesús es tentado por Satanás

El que Jesús pudiera ser tentado, es un misterio imposible de explicar de forma perfectamente clara. Hasta donde entendemos, podemos decir que Jesús no experimentó el mismo proceso psicológico de ser tentado que experimenta el ser humano en general. En el caso del hombre, incluyendo a los creyentes, primero aparece la tentadora voz o el susurro externo de Satanás que le insta a pecar. A la vez, también experimenta su deseo interno, "la concupiscencia", que le empuja a ceder a la tentación de aceptar la insinuación del diablo. Así que, en el caso del hombre, sus propios malos deseos lo arrastran y seducen (Stg 1:14).
En el caso de Cristo, el asunto fue diferente. En la tentación de Cristo, Satanás proveyó el estímulo externo, un estímulo que no encontró apoyo en su propio corazón. No había en él un estímulo interno que le incitara a cooperar con aquel que lo tentaba. Con todo, la tentación fue real. El Señor sintió la necesidad, tuvo consciencia de que Satanás lo incitaba a satisfacer esa necesidad, supo que debía resistir al tentador y luchó dentro del conflicto.

Adán y Cristo

El primer Adán, en las óptimas condiciones del Edén, cedió ante la tentación del diablo, pero el "postrer Adán", Jesucristo, resistió las más sutiles tentaciones del adversario y así manifestó claramente su capacidad para emprender la Obra de la salvación.
El contraste con la experiencia de Adán es interesante. Adán, en el huerto, rodeado de toda clase de comida imaginable, fue tentado a desobedecer a Dios y cayó en la tentación del diablo, comiendo del único árbol que le había sido prohibido. Cristo, en cambio, en medio del desierto y después de ayunar cuarenta días, tuvo hambre, pero no cedió ante la tentación. Adán fue tentado de una sola manera, pero Cristo fue tentado "en todo".
¡Adán cayó en pecado! ¡Cristo resistió hasta el final! Y cediendo a la tentación, Adán condenó la raza humana; pero Cristo, resistiendo a la tentación, salvó a todos los que confían en Él.

¿Qué pretendía el diablo?

El diablo quería que Jesús, en tanto que hombre, no se sujetara a Dios, viviera en independencia de él, desconfiara de él, le tentara y dejara de adorarle.
En cuanto a la misión que había venido a realizar, le propuso "medios alternativos" para establecer el reino de Dios en esta tierra, especialmente desviándole del camino de la Cruz hacia opciones más cómodas.

Las tentaciones

Para los detalles de las tentaciones en el desierto hemos de acudir a los evangelios de Mateo y Lucas.
1. "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan"
"Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, Jesús tuvo hambre" (Mt 4:2). Esto nos recuerda la experiencia del pueblo de Israel en el desierto donde también fueron probados durante cuarenta años (Dt 8:2-3). Ellos también sintieron hambre y sed. Ahora bien, ¿cuál fue la reacción de los israelitas en esas circunstancias? La Biblia nos dice que ellos murmuraron contra Moisés y Aarón, quejándose porque tenían hambre y acusaron a Dios de haberlos sacado al desierto para matarlos allí (Ex 16:2-3). A pesar de todas las maravillas y milagros que habían visto de parte de Dios, ellos seguían sin confiar ni depender de Dios, sino que permanecían en un espíritu de rebeldía. La prueba había puesto de manifiesto su incredulidad. No estaban dispuestos a someterse a la voluntad de Dios ni a obedecer su Palabra.
Pero ahora quien está en el desierto y tiene hambre es Jesús, y es en ese momento cuando el diablo vuelve a entrar en la escena para tentarle. Le sugiere lo siguiente: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan". Por supuesto, una sugerencia así no sería una tentación para ninguno de nosotros, porque no podemos hacer tal cosa. Pero Jesús era el Hijo de Dios y sí podía hacerlo. Pero en eso consistía precisamente la tentación: como hombre, ¿dependería de Dios como el único proveedor para todas sus necesidades o sería autosuficiente, usando el poder que tenía como Hijo de Dios? ¿Aceptaría vivir por la Palabra de Dios?
Esta cuestión era muy importante, porque si había de ser el Salvador de los hombres, era necesario que fuera uno de ellos y que viviera bajo los mismos términos que el resto de los hombres. Así que, aunque más tarde durante su ministerio multiplicó panes y peces para dar de comer a las multitudes, aquí rechazó la tentación del diablo de convertir las piedras en pan. La razón era muy sencilla: él no iba a usar su poder divino en su propio beneficio con el fin de evitar las limitaciones que todos los hombres tenemos.
Por lo tanto, su respuesta fue clara; en lugar de quejarse como habían hecho los israelitas en el desierto, o usar su poder divino para proveerse a sus propias necesidades, él iba a manifestar una total dependencia de la Palabra de Dios, aunque esto implicara pasar hambre. Esta fue su contestación:
(Mt 4:4) "Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."
Pero en otro sentido, la tentación también tenía que ver con la forma en la que Jesús pensaba establecer su reino en este mundo y qué tipo de reino sería.
Vemos que lo que el diablo le estaba recomendando era una reforma social en lugar de una transformación espiritual. ¿No debe ser prioritario solucionar el problema de la alimentación del mundo antes que un programa para redimir las almas de los pecadores? La tentación, por lo tanto, sería para que Jesús se olvidara de las necesidades espirituales del hombre y se ocupara de las materiales.
Además, le estaría sugiriendo también cómo podría conseguir ganarse la atención de la gente en su carrera mesiánica. Si era el Hijo de Dios, sería fácil conseguir la adhesión de la gente por medio del soborno moral, ofreciendo beneficios materiales a la gente. Aunque evidentemente esto no llevaría a las personas a amar a Dios y ser fieles a él. Una vez más la historia del pueblo de Israel en el desierto nos enseña que después de recibir el maná del cielo durante cuarenta años, ellos seguían siendo incrédulos y se quejaban amargamente contra Dios cada vez que no tenían lo que querían.
¡Qué tentación más sutil! No se trataba de quebrantar ningún mandamiento concreto de la ley de Dios. De hecho, en la sugerencia de proveer para sus propias necesidades físicas, tampoco había nada malo en un principio. Sin embargo, quedaba claro que era una tentación doble. Por un lado pretendía llevarle a dejar de depender de Dios y confiar en él, y por otro lado, quería desviarle del verdadero propósito de su ministerio, incitándole incluso a usar métodos poco legítimos para conseguirlo. Si hubiera caído en esta tentación, Dios habría pasado a tener una importancia secundaria, o directamente habría sido ignorado.
Y nosotros también debemos tener presentes estas tentaciones. Porque también a nosotros el diablo nos quiere llevar a pensar que somos autosuficientes, que no le necesitamos, que podemos depender de nuestros propios recursos, que no necesitamos escuchar su Palabra ni regirnos por ella. Intentará también distraernos de nuestro verdadero llamamiento con cosas que son legítimas, pero que no pueden ser nuestro objetivo prioritario. Y también nos invitará a usar medios poco legítimos para conseguir atraer a las personas hacia Dios.
2. "Si eres Hijo de Dios, échate abajo"
A continuación "el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo" (Mt 4:5). Este debió ser algún lugar alto, seguramente una parte del tejado del templo orientado al patio desde el que le podrían ver las multitudes. Una vez allí le sugirió que saltara para llegar al templo de una forma sobrenatural, y así ser reconocido por todos como el Mesías. De esa manera sería admirado como quien está bajo la protección especial de Dios y sin duda sería recibido como quien viene con una comisión especial del cielo.
Como recordaremos, en la tentación anterior, el diablo intentó llevar a Jesús a dejar de confiar y depender de su Padre y de su Palabra. Como no consiguió su objetivo, su nueva estrategia le va a llevar al lado opuesto. Su razonamiento ahora es el siguiente: "Puesto que confías tanto en Dios y en su Palabra, entonces, arrójate desde lo alto del templo, porque seguro que tu Padre velará por tu seguridad". Notemos que el diablo apoyó su tentación con una porción de la Palabra que encontramos en el Salmo 91, aunque citada de una forma parcial.
¿Qué tenía de malo poner a prueba la Palabra de Dios y el cuidado providencia de Dios? ¿No están para eso las promesas de Dios?
Pero el hecho de confiar en Dios no significa que debamos cometer cualquier tipo de imprudencia. El Señor dijo que eso sería tentar a Dios. Por así decirlo, sería un abuso de su relación filial. Por eso el Señor le contestó con la misma Palabra:
(Mt 4:7) "Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios."
Y nuevamente, el trasfondo de la cita usada por Jesús lo encontramos en la historia de Israel en el desierto. El pasaje está en (Dt 6:16) "No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah". Ahora bien, ¿qué es lo que ocurrió exactamente en Masah? La explicación la encontramos en (Ex 17:1-7). Cuando el pueblo llegó a Refidim encontró que no había agua, y nuevamente murmuraron contra Dios. En lugar de responder con una actitud de confianza en Dios, reaccionaron con actitudes de incredulidad y desafío, poniendo en duda la presencia y las promesas de Dios. Y "tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?" (Ex 17:7).
En lugar de confiar en Dios trataban de obligarle a hacer lo que ellos querían. Era una especie de chantaje moral: "Si Dios nos ama nos dará lo que queremos". Y si Jesús hubiera saltado del templo, esto sería interpretado de la misma manera: "¿Está Dios conmigo o no?".
El pueblo de Israel fracasó en la prueba de su fe, pero para Jesús no había ninguna duda acerca de la fidelidad de Dios y su amor, no necesitaba ponerlos a prueba. De hecho, siempre es un pecado poner a prueba a Dios para ver hasta donde podemos obligarle a actuar.
Pero en otro sentido, desde la perspectiva de su ministerio mesiánico, también era una tentación, ya que le sugería nuevamente medios inapropiados. Su propuesta era que llamara la atención de la gente mediante el espectáculo milagroso. Pero el reino de Dios no se establece sobre la base de milagros y espectáculos, sino sobre la gracia y la misericordia de Dios, sobre el quebrantamiento del orgullo y el arrepentimiento, sobre la conversión y la fe en Cristo. Establecer su reino sobre cualquier otro fundamento sería una terrible equivocación que no cambiaría nada la situación del hombre.
Debemos tener esto en cuenta en nuestros días, cuando hay tantos que piensan que la evangelización debe ir acompañada de señales y milagros. Pero no lo olvidemos, esto es una vieja tentación del diablo. Finalmente, la fe que no puede creer sin recurrir a sensaciones y experiencias extraordinarias, no es verdadera fe, y en el momento de la prueba se desvanecerá.
3. "Todo esto te daré, si postrado me adorares"
La última tentación fue la más descarada de todas. Ahora el diablo le estaba ofreciendo el gobierno de todos los reinos de este mundo a cambio de su adoración. Esto implicaba reconocer su autoridad última en este mundo, servirle, obedecerle y aceptar su modelo de gobierno en este mundo. Cristo le respondió nuevamente con las Escrituras:
(Mt 4:10) "Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás."
Esta cita proviene del libro de Deuteronomio: (Dt 6:13) "A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás". Y una vez más es interesante ver su contexto. Esta es una cita de un discurso mucho más amplio de Moisés pronunciado antes de que Israel entrara en la Tierra Prometida. Moisés les advierte que una vez que entraran en Canaán se tendrían que enfrentar con la tentación de olvidarse del Señor y seguir a los dioses del país al que entraban.
(Dt 6:12-15) "Cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás. No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos; porque el Dios celoso, Jehová tu Dios, en medio de ti está; para que no se inflame el furor de Jehová tu Dios contra ti, y te destruya de sobre la tierra."
Desgraciadamente, los israelitas se olvidaron de Dios y fueron en pos de los ídolos. Convirtieron lo que debía ser el reino de Dios en otro reino más de los de este mundo. Pero el Señor Jesucristo no iba a hacer lo mismo, él no iba a adorar al diablo, sino que serviría a Dios con fidelidad.
En segundo lugar, y desde la perspectiva de su ministerio, la tentación del diablo tenía que ver con la manera en la que Jesús iba a establecer su reino en este mundo. De hecho, lo que le estaba proponiendo el diablo era regalárselo sin esfuerzo, sin sufrimiento y sin sacrificio. La tentación era finalmente a evitar la cruz.
Por supuesto, esto implicaría necesariamente tener que emplear las armas del maligno para crear su reino. Y ya conocemos sus estrategias. Todo está permitido. Todo se impone por la fuerza, la manipulación, la eliminación y la complicidad con el mal. La crueldad, la prepotencia, la astucia, las promesas incumplidas, los pactos rotos, el poder militar, son los medios predilectos del diablo. Toda la historia de la humanidad es un claro exponente de esta verdad: asirios, babilonios, medos y persas, griegos y romanos, todos ellos han usado estos métodos. No importan los medios con tal de alcanzar el éxito.
El resultado de todo esto ha sido dejar a la humanidad prisionera de las fuerzas demoníacas del mal, tanto en sus vidas personales como en sus instituciones sociales y políticas.
Aceptar esta tentación libraría a Cristo de la cruz, pero dejaría a la humanidad sin esperanza de un mundo diferente. Pero él no cedió a la tentación. ¡Era la primera vez que en este mundo alguien se oponía así al diablo teniendo que pagar un precio tan alto por ello!
Pero la misma tentación sigue presente también para todos nosotros. ¿Qué métodos utilizamos para avanzar en la vida, en los negocios, en la iglesia, en la familia...? ¿Somos leales a lo que el Señor nos dice en su Palabra o buscamos componendas, contemporizando con el mundo, empleando sus métodos? ¿Somos de los que nos justificamos diciendo: "Todo el mundo lo hace"? No lo olvidemos, la alternativa a no mantener los principios de Dios es rendir culto al maligno.
4. Conclusiones
En primer lugar, es interesante notar que el Señor siempre respondió al diablo con la Palabra. Como hemos visto, se trataba de versículos apropiados a la situación. Esto nos indica que en la Palabra siempre vamos a encontrar la respuesta necesaria ante cada situación que se nos presente, pero es necesario conocerla en profundidad.
En cuanto a lo que las tentaciones supusieron para el Señor Jesucristo en el orden personal, hemos visto que el diablo le tentó para que se comportara de forma autosuficiente, que no dependiera de Dios, también a que se ganara la admiración de las personas haciendo cosas espectaculares, y finalmente, le ofreció poder sin límite. Al fin y al cabo, son las cosas que todos los hombres caídos anhelamos: independencia, fama y poder. Pero el Señor Jesucristo se comportó como un hombre perfecto, no cediendo a ninguna de ellas.
Desde la perspectiva de su ministerio, las tentaciones iban orientadas a establecer un modelo diferente del reino de Dios. Para empezar, le tentó a resolver las necesidades sociales y materiales del hombre en lugar de las espirituales. Luego le quiso convencer para que ganara la aceptación de las personas a base de hacer cosas espectaculares, en lugar de predicar la Palabra. Y por último, le incitó a evitar la cruz y el sacrificio.
Viendo todo esto en su conjunto, nos damos cuenta de que aunque han pasado dos mil años, los cristianos y la iglesia del Señor seguimos enfrentando constantemente las mismas tentaciones.

"Y estaba con las fieras y los ángeles le servían"

El evangelista Mateo nos dice que después de estas tentaciones "el diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían" (Mt 4:11). Por supuesto, no hemos de pensar que durante toda su vida el Señor Jesús sólo conoció las tres tentaciones del desierto. Lucas matiza que el diablo "se apartó de él por un tiempo" (Lc 4:13). La batalla iba a seguir a lo largo de todo su ministerio terrenal, como también durará en nuestro caso hasta que estemos en la presencia del Señor.
Por su parte, Marcos concluye su breve descripción de la tentación de Jesús indicando que "estaba con las fieras y los ángeles le servían". Con ello parece querernos indicar que tanto las fieras salvajes, como los ángeles y hasta el mismo diablo, reconocían cada uno a su manera la autoridad de Jesús como el Hijo de Dios y el Hombre perfecto, que se presentaba en este mundo para liberar a la humanidad y a la creación de la esclavitud de Satanás y del pecado.

La importancia de la victoria de Jesús para nosotros

Ante la presencia de Jesús, el príncipe de este mundo se sabía amenazado, por lo tanto, él mismo salió en defensa del trono que había usurpado. Pero el hecho de que no consiguiera sus propósitos con Jesús, anticipaba su derrota definitiva.
Al mismo tiempo, este incidente sirvió para demostrar que el Señor Jesús es un hombre perfecto, y por lo tanto, puede ser nuestro Salvador. Si hubiera cedido a alguna de las tentaciones, habría quedado definitivamente descalificado para tan importante tarea.
Y el hecho de que el Señor Jesús pasó por estas tentaciones, le capacitó para que ahora pueda ser nuestro Sumo Sacerdote, al que podemos recurrir en cada situación, sabiendo que él nos entiende:
(He 2:18) "Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados."
(He 4:15-16) "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro."
También, en cuanto a nosotros mismos, debemos darnos cuenta de la realidad del conflicto espiritual en el que estamos inmersos. Nosotros también vamos a ser tentados, y ya hemos visto que el diablo es un poderoso enemigo. El no se va a ir de nosotros porque le digamos estas palabras: "Vete de aquí Satanás". Esta no es la solución. Lo único que nos librará de él es nuestra confianza en Dios y la sujeción a su Palabra. Esto, junto con un deseo firme de apartarnos del pecado en todas sus formas. Porque mientras sigamos acariciando alguna de las sugerencias del diablo, él no se apartará de nosotros.
(1 P 5:8-9) "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo."

Preguntas

1. ¿Por qué cree que la tentación de Jesús se encuentra después de su bautismo y antes de su primera predicación pública?
2. En la vida del creyente, ¿cree que hay relación entre el deseo de consagrarse al Señor y los ataques del diablo? Razone su respuesta. Quizá quiere explicar alguna experiencia personal.
3. Compare la tentación de Cristo y la de Adán en el huerto del Edén.
4. A la luz de las tres tentaciones que recoge el evangelio de Mateo (Mt 4:1-11), explique con sus propias palabras cuál era la intención del diablo con ellas. Divida su respuesta en dos partes, pensando primero en las implicaciones que tenía para Cristo como hombre y también para su ministerio.
5. Razones sobre cuáles habrían sido las consecuencias de que Cristo hubiera caído en alguna de las tentaciones.

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