Los labradores malvados - Marcos 12:1-12

Estudio bíblico

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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Los labradores malvados - Marcos 12:1-12


(Mr 12:1-12) "Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña. Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado. Volvió a enviar otro, y a éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña. ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros. ¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo; el Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron."

Introducción


En el pasaje anterior vimos cómo los líderes religiosos había intentado desacreditar a Jesús ante el pueblo cuestionando su autoridad. Sin embargo, finalmente fueron ellos mismos los que quedaron en entredicho al no saber contestar a la pregunta de Jesús acerca del bautismo de Juan. Y aunque en ese momento el Señor no quiso decirles quién le dio la autoridad, ahora les va a contestar por medio de una parábola. Aquí veremos que él tiene autoridad en virtud de que es el hijo del dueño de la viña, el heredero legítimo, el Hijo amado que el Padre envió.

Pero no sólo contestó a su pregunta, también les advirtió de que estaban a punto de perpetrar el crimen más grave de la humanidad al planear matarle. Este se sumaría a los que ya habían cometido con todos los profetas que les habían hablado desde la antigüedad, pero lo que se proponían hacer en ese momento tendría una transcendencia incomparable y llevaría a la nación de Israel a una crisis sin precedentes, trayendo el juicio de Dios sobre ellos. En este sentido, debemos entender esta parábola en relación con la maldición de la higuera estéril que consideramos en (Mr 11:12-14,20-26).

Como consecuencia de todo esto, el reino sería quitado del pueblo de Israel para ser entregado a los gentiles.

¿Cómo podía un crucificado ser el Mesías?


Pero con esta parábola, el Señor estaba preparando también a sus discípulos para el desenlace final que se avecinaba. Todos ellos esperaban que, tal como enseñaba el Antiguo Testamento, el Mesías aparecería para reinar, que establecería su reino en Jerusalén y todas las naciones vendrían a rendir sus tributos allí ante él. ¿Qué pensarían cuando vieran a Jesús crucificado y hecho un espectáculo para todas las naciones? ¿No estaba esto en contra de todo lo que habían aprendido en las Escrituras? ¿Cómo podía ser Jesús el Mesías si los principales sacerdotes y los líderes de la nación judía le rechazaban? ¿No se habrían equivocado?

Cuando estudiamos el pasaje de la purificación del templo, consideramos que Cristo no podía comenzar a reinar todavía sobre un pueblo no redimido y por lo tanto ingobernable. Primero tenía que realizar la limpieza de sus corazones, preparándolos para poder cumplir la ley de Dios que es espiritual. Esta purificación sería llevada a cabo por medio de su propio sacrificio en la cruz. Esta era la razón por la que el Mesías tendría que morir, y esto también había sido anunciado detalladamente en el Antiguo Testamento (Dn 9:26) (Is 53).

Pero no sólo eso, porque las Escrituras también profetizaban que el Mesías sería rechazado por parte de los líderes de la nación. El Señor se refirió a ello por medio de dos ilustraciones tomadas del Antiguo Testamento. Su explicación comenzó con una parábola que guarda enormes parecidos con la que escribió el profeta Isaías (Is 5:1-7) y en la que vemos cómo el pueblo de Israel no había dado el fruto esperado y Dios lo abandonó. La segunda ilustración que usó el Señor, estaba sacada del (Sal 118:22) y allí quedaba claro que quienes iban a desechar al Mesías serían los propios encargados de la edificación.

Por lo tanto, el hecho de que Jesús fuera rechazado por los gobernantes judíos y le crucificaran, no debía hacerles dudar de que él fuera el auténtico Mesías, puesto que el Antiguo Testamento anunciaba que esto tendría que ser así.

El futuro de la nación de Israel


Pero aún había otro problema con el que los apóstoles se tendrían que enfrentar en un futuro próximo, y era el hecho de que cuando salieran por el mundo predicando el Evangelio, rápidamente se darían cuenta de que la nación judía rechazaba sistemáticamente el evangelio, mientras que los gentiles lo aceptaban. ¿No llegarían los discípulos a dudar de si éste era el verdadero Evangelio anunciado por el Antiguo Testamento? ¿Dónde quedaban todas las promesas hechas a Israel y que los profetas habían repetido una y otra vez?

Una vez más, el Señor se estaba anticipando a las dificultades, y por medio de la parábola de la viña y los labradores malvados, no sólo hizo un recorrido por la historia de Israel desde sus comienzos resaltando su constante rebeldía contra Dios, sino que también le sirvió para anunciar el juicio inminente y la pérdida de su posición como pueblo de Dios. Notemos cómo lo expresó el Señor: "Vendrá y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros".

Este juicio anunciado por el Señor aquí, lo desarrollará con mayor detalle en su sermón profético que encontramos más adelante en (Mr 13).

Por otro lado, en este momento tampoco vemos que el Señor especificara quiénes eran los "otros" a quienes sería entregada la viña, pero por el desarrollo del Nuevo Testamento sabemos que se refería a los gentiles.

Y queda también pendiente la cuestión de si Israel ha quedado definitivamente excluido de los planes del Señor. En cuanto a esto, algunos optan por espiritualizar las promesas futuras que Israel recibió a lo largo de todo el Antiguo Testamento y aplicarlas a la Iglesia. Sin embargo, esto no es correcto, porque como explica detalladamente el apóstol Pablo en Romanos 9 al 11, Dios no ha desechado definitivamente a su pueblo Israel, aunque por el momento estamos en lo que podríamos denominar el paréntesis de la iglesia, es decir, de los gentiles. Pero después, en el último tiempo, Israel será restaurado nuevamente a la comunión con Dios.

(Ro 11:25-26) "Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad."

En este punto, es interesante considerar que Dios ya ha comenzado a cumplir estas promesas. Ezequiel anunció que esta restauración de la nación de Israel sería llevada a cabo en dos fases (Ez 37). En su visión, el profeta vio a la nación judía como un valle de huesos secos, pero por la intervención de Dios aquellos huesos se unieron. Podemos decir que esta primera parte de la profecía de Ezequiel se cumplió en el año 1948 cuando después de cientos de años en la diáspora, el pueblo de Israel volvió a su tierra y fue constituido como un estado reconocido internacionalmente. Sin embargo, ellos siguen rechazando al Señor Jesucristo como su Mesías y por el contrario tienen depositada su confianza en sus recursos económicos y militares. Pero Ezequiel anunció una segunda fase cuando Dios les transmitirá su Espíritu Santo, y el hecho de que Dios ya haya cumplido la primera parte de la profecía, quiere decir que no se ha olvidado de ellos y que mantiene sus planes para el futuro.

Los elementos de la parábola


Los judíos estaban familiarizados con el simbolismo de la viña y de la vid por los conocidos pasajes del (Sal 80:8-13) y (Is 5:1-7). Veamos algunos detalles de la parábola y su significado.

1. La viña es el pueblo de Israel

La parábola comienza diciendo que "un hombre plantó una viña y la cercó de vallado". Este "hombre" de la parábola se refería a Dios mismo, quien separó una parte de su terreno para colocar en él a la nación de Israel. Todo esto coincidía con lo que Dios le había prometido a Abraham cuando le dijo que la tierra en donde estaba le sería dada a sus descendientes (Gn 12:1-7). Esto tuvo su cumplimiento cuando Dios liberó al pueblo de Israel de los egipcios por medio de Moisés y más tarde Josué los introdujo en la tierra prometida después de su peregrinaje por el desierto durante cuarenta años. También es importante resaltar que en aquel tiempo Dios les dio la Ley, que en cierto sentido funcionaba como un muro que los apartaba de la inmoralidad de los pueblos paganos a su alrededor y los preservaba como una nación singular para Dios.

2. Los labradores representaban a los gobernantes de Israel

La parábola continúa diciendo que el hombre arrendó su viña a unos labradores y después se fue lejos, enviando más tarde a unos siervos suyos para que recibiesen del fruto de ella. Al hablar de estos labradores, Jesús se estaba refiriendo a los gobernantes judíos, y así lo entendieron ellos cuando Jesús terminó de contar la parábola (Mr 12:12).

Notemos la confianza que Dios puso en ellos cuando les entregó completamente la administración de su viña. Sin embargo ellos no consideraron que esto fuera suficiente privilegio y quisieron explotar la viña para su propio beneficio únicamente. El Señor puso de manifiesto esta actitud de los líderes de Israel cuando el día anterior había limpiado el templo y les había acusado de convertir la casa de su Padre en una cueva de ladrones (Mr 11:17). Quedaba claro que ellos habían perdido toda noción de ser los mayordomos o administradores del Señor y habían usurpado la posición de dueños de la viña.

3. Los siervos a los que el propietario enviaba representan a los profetas

Pero Dios nunca renunció a sus derechos sobre la viña y una y otra vez envió sus siervos con el fin de recibir los frutos de ella. Este contacto entre Dios e Israel se llevaba a cabo a través de los profetas que hablaban al pueblo en el nombre de Jehová.

Pero es triste pensar el maltrato que aquellos fieles siervos de Dios sufrieron cuando fueron a reclamar el fruto que Dios esperaba de ellos y que no era otro que la santidad, la obediencia y el amor de su pueblo. Ellos mismos tuvieron que sufrir en sus propias personas las consecuencias de la deslealtad de los dirigentes de la nación.

Además, notemos que en la parábola el Señor nos dice que envió a estos siervos en muchas ocasiones, con lo que está llamando nuestra atención sobre la paciencia de Dios, una paciencia que de ninguna manera merecían, ni tampoco valoraron.

(Ro 2:4-5) "¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios"

(2 P 3:9) "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento."

4. El Hijo es Jesús mismo

Finalmente, ante el persistente rechazo a los mensajeros de Dios, él envió a su propio Hijo, que no era otro que el Señor Jesucristo.

Ahora bien, debemos comenzar por notar que Jesús no era un siervo más, él era el Hijo, el Mesías esperado. Y de esta forma estaba contestando a la pregunta que le habían formulado anteriormente: "¿Con qué autoridad haces estas cosas?" (Mr 11:28). Y la respuesta quedaba clara: con la autoridad del Hijo, el legítimo Heredero.

Por otro lado, vemos la paciencia y la misericordia de Dios, que a pesar del continuado rechazo del pueblo hacia los profetas, aun así envió a su propio Hijo con el fin de ofrecerles una mayor revelación y que de esta manera comprendieran la gravedad de su actitud, aunque tampoco esto les aprovechó:

(He 1:1-2) "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otros tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo."

5. La decisión de matar al Hijo

Después de todos los intentos fallidos de parte de Dios por recuperar a su pueblo, ellos respondieron una vez más manifestando su maldad, orgullo e independencia. Durante siglos le habían negado al Dueño el fruto de su viña, manifestando una abierta rebelión contra él, pero ahora se disponían a cometer el mayor crimen que la humanidad puede imaginar: matar al mismo Hijo de Dios.

En la vida normal, un dueño no actuaría con tanta paciencia, ni tampoco los labradores serían tan crueles. Pero esto encajaba perfectamente con la realidad de Israel y Dios.

La parábola ilustra los pensamientos de los líderes judíos mientras se preparaban para dar muerte a Jesús. Lo que en el fondo ellos estaban buscando era ocupar el lugar de Dios. Esta fue la misma tentación que el diablo presentó con mucho éxito delante de Adán y Eva: "Seréis como Dios" (Gn 3:5). Esta sería la culminación de una larga historia de resistencia contra Dios.

Pero observemos que cuando planeaban matar a Jesús no lo hacían porque dudaran de que sus pretensiones de ser el Hijo fueran falsas, sino que por el contrario, lo hacían porque se daban cuenta de que él era el legítimo Heredero y porque pensaban que no podrían apropiarse de la heredad mientras él estuviera vivo. La cuestión estaba clara: los dirigentes judíos encontraron en Jesús un obstáculo para el control absoluto de Israel, de modo que decidieron deshacerse de él.

Así que, lo que había comenzado con el rechazo de los mensajeros enviados por Dios, terminó con el asesinato del mismo Hijo. No es de extrañar que quienes trataron mal a los profetas, también tratasen mal a Jesucristo. El razonamiento es el mismo que hemos considerado en el pasaje anterior: si no recibieron a Juan el Bautista, tampoco recibirían al Mesías.

6. El momento de rendir cuentas

En la parábola hemos visto que la viña estaba equipada con todo lo necesario para que el trabajo de los labradores fuera fácil y productivo. Se nos dice que además de haberla cercado de vallado, también cavó un lagar y edificó una torre. Es decir, todo estaba preparado para que el fruto estuviera listo cuando los mensajeros del dueño vinieran a reclamarlo. Este era el propósito por el que el dueño había preparado todo aquello. No es difícil darnos cuenta de que la inversión no tendría ningún sentido si finalmente no se obtenía algún fruto de ella.

Pero a pesar de que Dios había distribuido generosamente sus dones entre ellos, cuando llegó el momento de entregar el fruto, ellos se lo quedaron para sí mismos. Esto es un ejemplo más de la ingratitud del hombre hacia Dios.

Entonces surge la pregunta: "¿Qué, pues, hará el señor de la viña?". Porque aunque como ya hemos dicho "Dios es lento para la ira", sin embargo, finalmente tiene que actuar frente al mal. Y estaba llegando el momento en que aquellos labradores tendrían que sufrir las consecuencias de su malvada conducta: "Vendrá y destruirá a los labradores".

El pueblo de Israel ya había vivido un momento parecido cuando fue deportado a Babilonia.

(2 Cr 36:14-16) "También todos los principales sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la iniquidad, siguiendo todas las abominaciones de las naciones, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalén. Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio."

Pero a pesar de todo, Israel no cambió su comportamiento, y nuevamente vino sobre ellos el juicio. Lo que aquí el Señor estaba anunciando anticipadamente es lo que ocurrió en el año 70 de nuestra era, cuando Jerusalén fue destruida y los judíos muertos o expulsados.

Y nosotros no debemos olvidar tampoco que como criaturas de Dios que habitamos en su mundo, no podemos usurpar sus derechos y seguir disfrutando indefinidamente de las bendiciones de Dios evitando su juicio. No olvidemos el ejemplo de lo que le ocurrió a Israel.

7. La viña sería entregada a "otros"

Como hemos visto, Dios respondería al asesinato de su Hijo destruyendo a los labradores que habían sido contratados, y también entregando la viña a otros, como explica Mateo; "a gente que produzca los frutos de él" (Mt 21:43). Aunque aquí no se explica en detalle quiénes serían los "otros", el desarrollo del Nuevo Testamento nos aclara que se refiere a los gentiles.

En cualquier caso, el principio espiritual que aprendemos aquí es que si Dios nos da algo para hacer y no lo hacemos de tal forma que él sea glorificado, sino que actuamos en nuestro propio beneficio, él nos lo quitará y se lo entregará a otros.

"La piedra que desecharon los edificadores"


A partir de aquí el Señor deja la parábola acerca de la viña para referirse a otra profecía que encontramos en el Salmo 118. Recordemos que en su entrada triunfal en Jerusalén, las multitudes le habían aclamado con las palabras de este salmo: "Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!" (Mr 11:9) (Sal 118:26).

Lo que probablemente no habían observado es que precisamente en ese mismo salmo se anunciaba también que la piedra que iba de ser colocada como "cabeza de ángulo", sería previamente rechazada por los edificadores.

(Sal 118:22) "La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo."

Por lo tanto, nos encontramos con el anuncio de que el Mesías iba a ser despreciado y desechado por los gobernantes del pueblo, aunque finalmente sería exaltado por Dios, llegando a ser la piedra principal que da cohesión a todo el edificio.

Esta cita del Salmo es repetida con frecuencia por los autores del Nuevo Testamento: (Hch 4:11) (Ef 2:20) (1 P 2:4-7).

Ahora bien, ¿en qué momento esta "piedra" llegó a ser colocada como cabeza del ángulo? Sin lugar a dudas esto se refiere al día cuando Dios resucitó a su Hijo después de que los judíos lo hubieran hecho crucificar. La resurrección de Cristo es la piedra angular en el nuevo templo de Dios que es la iglesia.

"Y procuraban prenderle"


La reacción de los judíos no se hizo esperar, e inmediatamente comenzaron a buscar la forma de prenderle. Aunque Jesús no había dicho que ellos eran las personas que él había descrito en su parábola, sin embargo, ellos se sintieron acusados directamente, y sin darse cuenta, su actitud les delató.

Preguntas


1. ¿Cuáles fueron los propósitos por los que el Señor contó esta parábola?

2. ¿Cuáles le parecen que pudieron ser la dudas de los discípulos en vista de la crucifixión de Cristo y el continuado rechazo de los judíos después de su resurrección? ¿De qué manera la parábola pudo ayudarles a resolverlas?

3. Analice con sus propias palabras los diferentes elementos de esta parábola.

4. ¿Qué lecciones importantes aprendemos para nuestras vidas?

5. Explique las dos referencias que encontramos en estos capítulos de Marcos al Salmo 118. ¿Cómo se relacionan con el Señor Jesucristo y las circunstancias que vivía en esos días?


Comentarios

jose luis alvarez    República Dominicana    (06/12/2013)
Dios te bendiga hermano , que Dios te continúe utilizando en su obra para bendición de nosotros y gloria de él.

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