Estudio bíblico: Jesús es ungido en Betania - Marcos 14:1-11

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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Jesús es ungido en Betania (Marcos 14:1-11)

(Mr 14:1-2) "Dos días después era la pascua, y la fiesta de los panes sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle por engaño y matarle. Y decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto del pueblo.
Pero estando en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella. Pero Jesús dijo: Dejadla; ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.
Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. Ellos, al oirlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle."

Introducción

Desde el capítulo 11, Marcos nos ha estado presentando la última semana que el Señor Jesucristo pasó en Jerusalén y que desembocó en su muerte y posterior resurrección. En realidad, como él mismo había anunciado en repetidas ocasiones en el camino a Jerusalén (Mr 8:31) (Mr 9:30-31) (Mr 10:32-34), esta visita a la capital constituía el final de su ministerio que había de terminar al entregar "su vida en rescate por muchos" (Mr 10:45).
Y aunque los dirigentes judíos ya habían manifestado en otras ocasiones sus deseos de acabar con Jesús (Mr 3:6), los sucesos de los últimos días les habían llevado a tomar la decisión de hacerlo de forma inmediata. La envidia les consumía, y no podían soportar por más tiempo que la popularidad de Jesús siguiera aumentando entre el pueblo. Recordemos brevemente cuáles fueron las cosas que tanto habían molestado a los líderes religiosos de la nación: Primeramente el efecto que había tenido su entrada triunfal en Jerusalén (Mr 11:1-11), pero también las denuncias que había hecho en el templo por los abusos que los sacerdotes cometían en aquel santo lugar (Mr 11:15-19); las parábolas que contó sacando a la luz las malvadas intenciones de los líderes de la nación (Mr 12:1-12); la fuerte denuncia que hizo de la hipocresía de los escribas (Mr 12:38-40); su sabiduría al responder con la Palabra a las cuestiones comprometidas que le presentaban los judíos de las diferentes sectas (Mr 12:13-34); y finalmente, su anuncio de la destrucción del templo (Mr 13:12). Con todas estas cosas había puesto en evidencia la falta de autoridad de los líderes religiosos de la nación (Mr 11:27-33) y había denunciado públicamente su pecado. Así que ellos vieron peligrar su posición y pensaron que la única solución era matarlo, creyendo que así terminarían de una vez con el "problema". Pero tenían que estudiar bien cómo lo iban a hacer, porque muchas de las cosas que Jesús decía contaban con la aceptación del pueblo, que sufría los abusos constantes de sus dirigentes.
Esta era la situación reinante en Jerusalén justo antes de que se celebrase la fiesta de la pascua, a la que ya habían comenzado a acudir para su celebración miles de judíos de todas las partes.
Ahora bien, en el pasaje que ahora vamos a estudiar, debemos notar que Jesús apenas actúa, sino que más bien son otros los que están tomando decisiones en cuanto a él. El evangelista escoge algunas de estas reacciones que incluyen a los líderes religiosos, una mujer en Betania y a uno de sus discípulos. Sus actitudes reflejan de forma contrapuesta diferentes posturas radicales de amor y odio hacia Jesús. Así que, mientras unos están buscando la forma de matarle, una mujer muestra su amor y devoción absoluta hacia él.

La preparación de la pascua

Marcos ha colocado la escena en la semana previa a la celebración de la Pascua. En esos días estaban llegando constantemente judíos piadosos de todas las partes para celebrar la fiesta en Jerusalén. No debemos olvidar que ésta era una de las tres grandes fiestas anuales que los judíos debían celebrar en Jerusalén (Dt 16:5-7). Por esta razón, la ciudad estaba abarrotada de peregrinos que llenaban todos los alojamientos y llegaban hasta acampar en cabañas, en las laderas de los montes circundantes.
La finalidad por la que los israelitas llegaban a la ciudad unos días antes era con el fin de buscar un alojamiento donde celebrar la pascua, pero también era un tiempo de preparación espiritual para la fiesta. Pero no eran ellos los únicos que tenían que hacer preparativos, también para los sacerdotes y líderes de la nación se multiplicaba el trabajo en el templo. Ellos tenían que supervisar que los corderos para el sacrificio fueran adecuados y también tenían que hacer diferentes rituales dentro del templo.
Sin embargo, el evangelista nos explica que los preparativos que los principales sacerdotes y los escribas estaban haciendo tenían que ver fundamentalmente con la forma en la que pensaban arrestar y dar muerte a Jesús. En realidad, a lo largo de estos pasajes, Marcos nos está presentando a Jesús como el "Cordero de Dios" que iba a ser sacrificado en esa pascua.
Por supuesto, ellos no estaban pensando en esto, y de hecho, aunque habían decidido matar a Jesús, no querían hacerlo durante la fiesta de la pascua. La razón era sencilla; ellos sabían que Jesús tenía muchos simpatizantes entre los miles de peregrinos llegados de Galilea, y por lo tanto, pensaron que si emprendían cualquier acción contra él en esos días, esto podría provocar un levantamiento popular de consecuencias imprevisibles. Así que, decidieron que esperarían pacientemente hasta que la gente regresara a sus casas después de la fiesta.
Pero Dios tenía otro plan: Jesús tenía que ser el Cordero Pascual. Por lo tanto, de la misma manera que no le habían podido hacer nada a Jesús en tanto que su hora no había llegado (Jn 7:30), tampoco podrían hacer nada para retrasarla. En este sentido, es interesante notar que aunque los hombres y el mismo Satanás estaban obrando de forma activa para destruir los propósitos de Dios, lo único que lograron hacer fue cumplirlos para su gloria.
(Sal 33:10-11) "Jehová hace nulo el consejo de las naciones, y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones."
(Sal 2:1-4) "¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos."
Es importante que recordemos también que los corderos que fueron sacrificados en la primera pascua que los israelitas celebraron en Egipto y que marcó el comienzo de su vida nacional, eran tipos del verdadero Cordero de Dios, el Señor Jesucristo (Jn 1:29). Por esta razón, para que el simbolismo se cumpliera, su muerte debía tener lugar coincidiendo con la pascua, y no después, como los judíos habían planeado. Además, dada su importancia, debería ser un acto público, ampliamente conocido, y no una muerte clandestina, sin que nadie supiera de ella, como los sacerdotes querían.
Como podemos ver a través de los evangelios, Cristo fue sacrificado precisamente en la fecha de la conmemoración de la salida triunfal de Egipto, llegando a ser nuestra pascua:
(1 Co 5:7) "... Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros."

Amor y odio, devoción y traición

Más adelante Marcos nos explicará que el ofrecimiento que Judas, uno de los apóstoles, les hizo a los líderes judíos para entregar a Jesús, fue la razón por la que finalmente llegaron a cambiar sus planes y así dar muerte a Jesús durante la fiesta. Pero antes de pasar a explicarnos todo ese proceso, intercala en su relato un cuadro completamente diferente en el que vemos a una mujer mostrar todo su amor y devoción hacia Jesús.
Por el evangelio de Juan, sabemos que la cena a la que Jesús fue invitado en Betania tuvo lugar seis días antes de la pascua (Jn 12:1). Por lo tanto, deducimos que Marcos no está colocando los acontecimientos en un orden cronológico, puesto que tal como nos acaba de informar, el complot para matar a Jesús tuvo lugar dos días antes de la pascua (Mr 13:1). Seguramente no faltará quien interpretará este hecho como una falta de precisión histórica en los relatos de los evangelios, pero creemos que nada de esto afecta a la veracidad de los hechos descritos, y por otro lado, nos ayuda a percibir que el propósito de Marcos al colocar los diferentes acontecimientos de esa semana en el orden en que lo hizo, tenía como finalidad contrastar las diferentes actitudes de los hombres ante Jesús.
De esta manera nos ha presentado un precioso cuadro en el que se destaca la devoción de una mujer en vivo contraste con la maldad de los líderes judíos y la traición de Judas.

"En Betania, en casa de Simón el leproso"

Dejando por un momento el odio que se respiraba contra Jesús en Jerusalén, Marcos nos lleva ahora a la cercana aldea de Betania en donde nos encontramos con un ambiente muy diferente. Allí Jesús tenía distintos amigos que confortaron su alma en aquellos difíciles días. Uno de ellos era "Simón el leproso" que amablemente le invitó a su casa a comer. Realmente sabemos muy poco acerca de él, pero imaginamos que era una de las muchas personas a las que Jesús había sanado de la lepra, y que seguramente estaba buscando la ocasión de mostrarle su agradecimiento.
Por supuesto, Simón no podía ser leproso en ese momento, ya que en esas condiciones no habría podido estar con sus invitados sentado a la misma mesa. Pero a pesar de que su enfermedad había desaparecido, sin embargo, siguió siendo conocido como "Simón el leproso", y seguro que a él no le importaba que siguieran recordando lo que antes había sido, puesto que eso servía para glorificar al que le había sanado.

"Vino una mujer"

Marcos sólo nos dice que "vino una mujer" a la casa de Simón en donde Jesús había sido invitado. Si este incidente es el mismo que Juan ha registrado en su evangelio, la mujer de esta historia es María, la hermana de Lázaro y Marta (Jn 12:2-3). En este caso, María también tenía buenas razones para mostrar su agradecimiento a Jesús, puesto que él había resucitado a su hermano Lázaro (Jn 12:1).
Dicho esto, no es difícil imaginarnos el ambiente de amor que se respiraba en aquella casa hacia Jesús. Todos ellos sentían una profunda gratitud y reconocimiento hacia él y la invitación que le hicieron tenía como propósito honrarle y tener comunión con él.
Sin embargo, cada uno de ellos expresaba su amor por Jesús de forma diferente. Simón abría su casa para la celebración, Marta servía, Lázaro se sentaba a la mesa disfrutando de la comunión con el Señor de quien había recibido la vida, y María quiso dar a conocer su amor y devoción al Maestro entregándole un precioso vaso de alabastro lleno de perfume de nardo puro, verdadero obsequio para un rey. El cuadro completo nos presenta diferentes aspectos del verdadero culto: la presencia del Señor presidiendo, la comunión, el servicio y la adoración.

"Un vaso de alabastro de perfume de mucho precio"

La mujer llevaba en sus manos un frasco o vaso de alabastro blanco que contenía una cantidad abundante de perfume de nardo puro. Los discípulos calcularon que su valor podría estar en torno a los trescientos denarios, lo que equivalía al sueldo de una persona por un año de trabajo.
Cuando llegó hasta donde estaba Jesús, la mujer quebró el cuello del vaso que contenía el ungüento. Con esto estaba dejando claras sus intenciones: no pensaba derramar simplemente unas gotas de aquel caro perfume, sino que lo iba a entregar completamente, de forma abundante y sin reservarse nada para ella misma. María no era el tipo de creyente que se limita a dar una proporción específica, sino que como la viuda pobre, entregaba todo lo que tenía (Mr 12:44).
Y aunque no sabemos cómo aquella mujer había conseguido tal cantidad de perfume, lo que sí podemos comprender es lo que aquel acto podía significar para una mujer. Esto implicaba el sacrificio de la coquetería femenina, algo parecido a aquellas otras mujeres que ofrendaron sus espejos de bronce para el tabernáculo en tiempos de Moisés (Ex 38:8).
El resultado fue que la casa se llenó inmediatamente de aquel agradable perfume. Pero aun más bello que el olor que se desprendía del perfume, era la devoción y amor que surgían de su corazón completamente entregado en adoración al Señor.
Estaba claro que la mujer no había hecho un uso muy "racional" del perfume, tal como a continuación le recriminaron algunos de los presentes. Lo normal habría sido derramar unas pocas gotas, de hecho, nunca hemos oído de otra mujer que usara un perfume tan costoso de esta manera. Es cierto que desde cierto punto de vista su comportamiento lo podríamos calificar de "extravagante o exagerado", pero no debemos perder de vista un detalle fundamental: Jesús no era simplemente un hombre, era el mismo Hijo de Dios encarnado, y por lo tanto, cualquier comportamiento hacia él también debería superar los criterios "normales" de la vida.
Al menos, esta era la forma en la que María lo entendía y así expresó el valor que la persona de Jesús tenía para ella. Con su acto estaba diciendo que no había nada demasiado valioso como para no entregárselo completamente al Señor. Jesús era digno de todo lo que ella era y tenía. Sólo cuando se aprecia a Jesús de esta manera es posible adorarle como ella lo hizo.
De todas maneras, nunca debemos olvidar que el amor de la mujer por Jesús era la respuesta al amor de Jesús por ella. Al leer estos pasajes de forma seguida, tenemos la impresión de que el evangelista nos quiere hacer notar cierto contraste: la mujer quebró el frasco de alabastro y derramó el perfume sobre Jesús (Mr 14:3), pero inmediatamente después encontramos que Jesús, antes de morir simbolizó ese hecho partiendo un pan y diciéndoles que iba derramar su sangre para la salvación de muchos (Mr 14:24). Por lo tanto, si Jesús iba a entregar su vida, derramando su preciosa sangre, nada era demasiado caro para agradecérselo.

"Y murmuraban contra ella"

La mujer entendió que la única forma adecuada de responder al amor, es amando. Y por esta misma razón, aquellos que nunca han aceptado el amor de Cristo en sus vidas, estiman esta entrega y devoción por Jesús como una pérdida o desperdicio.
Lo triste del caso es que fueron algunos de los discípulos quienes empezaron a murmurar ("resoplar" en el original) contra la mujer. Por el evangelio de Juan sabemos que Judas, el tesorero del grupo, fue quien expresó la objeción más severa (Jn 12:4-5), pero el resto del grupo también le hicieron eco.
¡Pobre mujer! Mirara donde mirara se encontraba con caras de desaprobación. Aunque esto no hace sino dar más realce a su acto de devoción.
La queja que Judas y el resto del grupo expresaron, es que aquel acto les parecía desproporcionado, y que los trescientos denarios en el que valoraron aquel perfume podían haber sido aprovechados de otra manera mucho mejor. Con estos comentarios estaban expresando que para ellos Jesús no se merecía tanto como aquella mujer le había entregado. Por supuesto, a ninguno de ellos le importó aplastar el espíritu agradecido de la mujer, o considerar a Jesús como indigno de un don tan valioso.
Este sentimiento lo expresaron sin ningún tipo de delicadeza y sensibilidad: "¡Qué desperdicio!". Daban a entender así que lo que la mujer había hecho era como si se hubiera tirado a la basura una exorbitante cantidad de dinero. ¡Qué duros de corazón! Para Judas y los otros discípulos, aquello que la mujer había derramado era mucho porque apreciaban poco al Señor, pero para ella, lo que había entregado era muy poco porque apreciaba mucho al Señor.
Podemos estar seguros de que nunca faltarán personas que desacreditarán cualquier acto de amor y devoción que hagamos hacia el Señor. Les parecerá que estamos exagerando y nos recomendarán moderación. Pensarán que somos fanáticos y no tardarán en criticarnos y en tratarnos de locos. Pero en cambio, no les parecerá un desperdició cuando la persona consagra su tiempo y dinero en cualquier otro placer o afición personal, sino que por el contrario, les animarán y alabarán. Y tampoco les parecerá un desperdicio rechazar la preciosa salvación que Cristo les ofrece.
La conclusión de todo esto es muy sencilla: podemos saber cuánto amamos al Señor pensando en lo que estamos dispuestos a entregarle. Y por supuesto, mientras no estemos dispuestos a honrarle con todo lo que somos y tenemos, nuestro amor por él seguirá siendo pobre e insuficiente.
Pensemos en lo que tenemos de más valor y ofrezcámoselo al Señor, pensando sólo en él. Una historia nos puede ayudar a entender esto de forma práctica: Una vez, un predicador al final de una reunión misionera se sintió movido a proponer a la multitud de cristianos allí reunidos que presentasen a nuestro Señor, cada uno, algún artículo que apreciara mucho, no con el pensamiento de conseguir méritos, sino como una prueba del profundo amor personal que sentía para con él. Respondiendo a esta proposición, muchos inmediatamente dieron joyas y adornos y artículos costosos, que se vendieron en una crecida suma para la causa del Maestro. Más tarde, recibió la carta de una viuda, que dijo que hacía mucho que había rehusado consentir en que su hija se hiciese misionera, porque le parecía que no podía separarse de ella; pero bajo el constreñimiento del amor de Cristo ya no se opondría más sino que la daría como su más valiosa ofrenda.
No olvidemos que sólo podremos demostrar un amor puro hacia el Señor cuando no estemos pensando en el costo de lo que le entregamos, sino sólo en la grandeza y belleza de su Persona. ¿Qué pensaríamos de un joven que va a comprar flores para su amada y que después de preguntar el precio de todas ellas, finalmente le duele gastarse mucho dinero y compra las flores más baratas y ya un poco mustias? ¡Qué distinto de aquel otro joven que entra en la tienda y pregunta inmediatamente por las flores más bellas, justificando que son para su amada!

"Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho"

Ya hemos comentado los intereses mercantilistas bajo los que los discípulos estaban considerando el acto de devoción de la mujer y con el que habían puesto en evidencia que no entendían los verdaderos valores espirituales.
Ahora vemos que Jesús intervino rápidamente para salir en defensa de la mujer y reprender las murmuraciones de los discípulos. Así que, a lo que ellos llamaban "desperdicio", Jesús lo consideró una "buena obra".
Y nosotros debemos tener en cuenta este hecho, porque el Señor sí que aprecia cualquier muestra de afecto sincero por su persona.

"A mí no siempre me tendréis"

Los discípulos habían sugerido que habría sido mejor dar a los pobres el dinero que valía aquel perfume, pero Jesús les vino a decir que mientras que siempre habría pobres entre ellos, en cambio, a él no siempre lo tendrían con ellos.
Esto nos debe llevar a darnos cuenta de que hay oportunidades en la vida que se deben aprovechar según llegan, porque puede que nunca se vuelvan a presentar. Por ejemplo, una oportunidad de servicio a un hermano, o la posibilidad de hablar del Señor a un amigo inconverso, o de animar a una persona en un momento crítico de su vida... La tragedia es que esta clase de impulsos casi siempre mueren en el momento en el que nacen. Por el contrario, María actuó en el momento oportuno, aprovechando una oportunidad irrepetible. ¡Y cuánto debió de haber animado a Jesús el ver este extravagante e impulsivo acto de amor por él en aquellos momentos finales de su ministerio!

"Siempre tendréis a los pobres con vosotros"

Como hemos dicho, los murmuradores estaban dando a entender que la acción de la mujer era un despilfarro que manifestaba una actitud condenable de falta de solidaridad y amor al prójimo necesitado.
En realidad, estas bonitas frases y nobles preocupaciones, no hacían sino encubrir el egoísmo y carnalidad de Judas. El resto del grupo terminó dándose cuenta de que la propuesta que había hecho Judas de vender aquel perfume para dárselo a los pobres, estaba motivada por el hecho de que era él quien llevaba la bolsa y robaba de ella (Jn 12:6). Desde varios puntos de vista podríamos decir que Judas era el "pobre mendigo".
Pero habiendo aclarado esto, también debemos decir que al Maestro sí que le importaban los pobres. El dio por hecho que sus discípulos darían limosnas a los pobres (Mt 6:2), y él mismo estuvo constantemente cuidando y proveyendo para todos los necesitados.
Lo que Jesús estaba diciendo es que hay oportunidades únicas de servirle a él, pero que desgraciadamente, en un mundo corrompido y egoísta como el nuestro, nunca faltarán las oportunidades para ocuparse de los pobres.
Y por otro lado, también estaba estableciendo ciertas prioridades que debemos tomar en consideración en nuestras propias vidas. El mundo piensa normalmente que en lugar de honrar al Señor y demostrarle nuestro respeto y agradecimiento, la iglesia se debería ocupar principalmente de hacer una labor social entre las clases necesitadas. Pero todo este pasaje nos está enseñando que el cristiano debe colocar a Jesús en el primer lugar de su vida y de su amor. Por supuesto, sin olvidar que las buenas obras hechas al prójimo también agradan a Dios. Por lo tanto, es buena y necesaria la acción social, pero nunca antes o por encima de la adoración a Dios. No olvidemos que la actitud contraria era precisamente la que defendía Judas.

"Esta ha hecho lo que podía"

Seguramente María había pensado muchas veces en cómo podía exteriorizar el aprecio que sentía por Jesús y encontró la solución en entregarle ese caro perfume que ella poseía. El Señor aceptó con agrado su ofrecimiento y comentó que no había nada más que ella pudiera hacer; "había hecho lo que podía".
También aquí hay importantes lecciones para nosotros. En la mayoría de las ocasiones no podemos hacer todo lo que quisiéramos, y por esa razón nos paralizamos y ya no hacemos nada. Pero al Señor le agrada que hagamos lo que podemos. Por ejemplo, no podemos evangelizar el mundo entero, pero sí que podemos compartir el evangelio con un amigo. Con mucha facilidad somos tentados a pensar que puesto que no podemos hacer grandes cosas, nuestra vida ya no tiene sentido, pero la mentalidad correcta es la de María, que supo ver y aprovechar las ocasiones de servicio que se le presentaban. Y finalmente comprobaremos, que cuando hacemos lo que podemos, aunque sea poco, el Señor por su gracia lo multiplicará y hará producir grandes resultados.

"Se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura"

Otra de las cosas por las que Jesús defendió lo que María había hecho, es porque fue un acto de "amor inteligente". Ella no actuó de forma irreflexiva o impulsiva. Había pasado mucho tiempo sentada a los pies de Jesús escuchando atentamente sus enseñanzas (Lc 10:39), y había llegado a comprender, mejor aún que los mismos discípulos, la verdad de la inminente muerte de Cristo.
Podemos decir, por lo tanto, que María no sólo apreciaba a Jesús, sino que también entendía y aceptaba que él era el Mesías y la obra que iba a realizar en la cruz. Esta fue otra de las grandes diferencias entre ella y los apóstoles; ellos tenían otros pensamientos acerca de la forma en la que el reino debía establecerse, y aunque el Señor les habló en repetidas ocasiones acerca de su muerte, ellos no querían escuchar sobre ese tema. Por el contrario, María había llegado a aceptar que Jesús no iba a ser el Mesías triunfante con el que los discípulos soñaban, sino el Siervo sufriente del que había hablado el profeta Isaías (Is 52:13-53:12).
Por esta razón, cuando María ungió a Jesús con el perfume de nardo puro, en realidad estaba preparándolo para su muerte inminente, consciente de que no tendría otra oportunidad después. Y de hecho, así fue, porque cuando después de su muerte las mujeres fueron al sepulcro para ungirle conforme a las costumbres judías, su cuerpo ya no estaba allí, puesto que había resucitado (Mr 16:1-6).
En palabras de Jesús, lo que aquella mujer había hecho simbólicamente era preparar su cuerpo para la sepultura. Y como alguien ha dicho: "Más vale una rosa para el que vive que una guirnalda de flores para el que ha muerto".

"Donde se predique se contará lo que ésta ha hecho"

Queda claro que Jesús confirió mucho valor a la acción de la mujer y también a su comprensión, razón por la cual dijo que lo que ella había hecho sería contado allí donde se predicara el Evangelio.
Aunque los hombres ni siquiera entiendan o acepten lo que hacemos para el Señor, él lo recuerda y recompensa:
(He 6:10) "Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún."
El mundo entero ha llegado a tener "memoria de ella", mientras que los mausoleos o monumentos que se han hecho en el pasado para muchas personas famosas han quedado derrumbados o simplemente han desaparecido, mientras que la fragancia de aquel perfume que María derramó sobre Jesús sigue llegando hasta nuestros días.
Tal vez debamos preguntarnos por qué acción o actitud seremos nosotros recordados.

"Judas Iscariote, uno de los doce"

Continuamos con el estudio de nuestro relato y el evangelista pasa a presentarnos en plena acción a un personaje completamente diferente a la mujer de la que hemos venido hablando hasta ahora. Se trata de Judas Iscariote, el que entregó a Jesús. Al considerar estos dos relatos uno al lado del otro, nos causan una profunda impresión. Mientras que María había ungido a Jesús preparándole para el sepulcro, Judas en cambio fue quien lo traicionó para llevarlo a la muerte. Difícilmente podríamos encontrar un contraste más fuerte entre el amor y la devoción generosa de María por un lado, y el egoísmo y la traición terrible de Judas por otro.
Fijémonos también que el evangelista describe a Judas como "uno de los doce". Y nos parece increíble que alguien que había seguido a Jesús como un discípulo durante tres años, que había visto todos sus milagros, escuchado sus enseñanzas, llegando incluso a formar parte del grupo apostólico, finalmente pudiera llegar a traicionar a su Maestro tal como él lo hizo.
Judas es un triste ejemplo de la gravedad y magnitud de la caída del hombre. Sin duda nadie ha tenido tantos privilegios y posibilidades para conocer al Señor como él las tuvo, pero sin embargo decidió alejarse. Queda claro que los grandes milagros no convierten el alma, ni tampoco las mejores predicaciones, o las abundantes bendiciones recibidas. Finalmente todo esto no sirve de nada si el corazón del hombre decide no amar a Dios.

"Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero"

A continuación Marcos vuelve a introducir en su relato a los principales sacerdotes, que ahora están contentos porque uno de los discípulos íntimos de Jesús fue hasta ellos ofreciéndose a ayudarles para prender a Jesús. Aunque triste, lo cierto es que el mundo siempre se alegra cuando somos infieles a Cristo. Y podemos imaginarnos que ellos interpretaron esta aparición repentina de Judas ofreciéndose a ayudarles como parte de la providencia divina que les justificaba en sus maquinaciones contra Jesús.
Pero, por supuesto, Judas no era el tipo de persona que actuara desinteresadamente, sino que como ya hemos visto, tenía cierta debilidad por el dinero, así que no ocultó sus intenciones ante los sacerdotes. Ellos acordaron entregarle treinta piezas de plata que parecieron satisfacerle suficientemente (Mt 26:15).
En cuanto a la suma de treinta piezas de plata que le ofrecieron, este era el precio de un esclavo (Ex 21:32) (Zac 11:12). Esto era todo lo que Jesús le importaba a Judas. ¡Qué diferencia tan grande con la actitud de María, que había tratado a Jesús como si fuera un verdadero rey!

"Y Judas buscaba oportunidad para entregarle"

A partir de ese momento, Judas estuvo constantemente buscando un momento propicio para entregar a Jesús. El conocía muy bien sus hábitos y buscaba la forma de facilitar a las autoridades judías su arresto "a espaldas del pueblo" (Lc 22:6). Esta fue la razón por la que cambiaron de opinión y ya no les importaba matarlo durante la fiesta de la pascua como inicialmente habían planeado.
Pero en cualquier caso, Judas sigue siendo un personaje enigmático para todos nosotros. ¿Por qué traicionó a Jesús? ¿Qué le llevó a dejar de ser un discípulo del Maestro para convertirse en el traidor que dirigió a sus enemigos a darle muerte? Muchas son las opiniones sobre esto:
  • Una razón que ya hemos comentado es que Judas era codicioso y su amor al dinero le llevó a cometer esta traición (Jn 12:5-6).
  • También es posible que se sintiera desilusionado porque Cristo no tenía intenciones de levantarse contra los romanos para establecer el reino judío tal como él esperaba, y por el contrario, no dejaba de anunciar constantemente su muerte. Debemos entender que seguramente la razón por la que se había hecho un seguidor de Jesús no era por cuestiones espirituales sino políticas, y al no ver sus expectativas cumplidas, decidió abandonar y sacar algún provecho antes de que fuera demasiado tarde.
  • Otros han especulado con la idea de que Judas entregó a Jesús con la intención de obligarle a actuar. Pero esta opinión no parece coincidir con el cuadro general que nos dibujan los evangelios.
  • Tal vez la razón fundamental la debamos buscar en el hecho de que Judas nunca había sido un verdadero creyente, y por esta causa no perseveró. Jesús lo sabía bien, y por eso, cuando en la última cena habló con sus discípulos de la necesidad de estar lavados, dijo que "vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quien le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos" (Jn 13:10-11). Por esta causa, poco después el diablo entró en él (Jn 13:27).

Preguntas

A partir de lo estudiado hasta aquí, haga un resumen de lo ocurrido en la última semana que el Señor pasó en Jerusalén, incluyendo también sus relaciones con los judíos y el ambiente que allí se respiraba.
¿Por qué los judíos no querían matar a Jesús durante la fiesta de la pascua? ¿Qué ocurrió finalmente? ¿Por qué?
Describa el ambiente en la casa en Betania donde Jesús fue invitado. Reflexione sobre la actitud de cada uno de los presentes y lo que podemos aprender de ellos.
Una mujer derramó sobre Jesús un costoso perfume para demostrarle su amor y devoción. Razone sobre las diferentes características de este amor.
Explique con sus propias palabras las posibles razones que pudieron llevar a Judas a traicionar a Jesús.

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