Jesús es sepultado - Marcos 15:42-47

Estudio bíblico

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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Jesús es sepultado - Marcos 15:42-47


(Mr 15:42-47) "Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían."

Introducción


El relato subraya la realidad de la muerte de Jesús. Cuando Pablo resumió el mensaje del Evangelio lo hizo de esta forma: "Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y fue sepultado, y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" (1 Co 15:3-4). ¿Por qué hizo el apóstol una mención especial a la sepultura? ¿Qué parte tenía en la Obra de la redención? No debemos olvidar que de la muerte de nuestro Señor Jesucristo dependen las esperanzas de todos los pecadores redimidos, por lo tanto, no debe sorprendernos ver el empeño con que los evangelistas establecen cuidadosamente la realidad de este hecho histórico. Y la sepultura fue una parte importante de todo este proceso.

Los testigos de la muerte de Jesús que Marcos menciona son los siguientes:

  • El centurión romano que estaba cerca de la cruz y le vio morir.

  • Las mujeres que siguieron a nuestro Señor desde Galilea hasta Jerusalén, y que le vieron morir en la cruz y también cómo lo colocaban en el sepulcro.

  • Y José de Arimatea, que recogió su cuerpo muerto y le dio sepultura.

En cualquier caso, el funeral del Señor Jesucristo se llevó a cabo con mucha urgencia y en la intimidad de unos pocos discípulos. Tristemente no guardaba relación con la dignidad de quién era él.

"Cuando llegó la noche, porque era la preparación"


Jesús murió en la "hora novena" (las tres de la tarde), después de haber sufrido la crucifixión durante seis horas. Entonces la lucha había acabado y la obra que el Padre le había encomendado había sido consumada. Pero el cuerpo de Jesús todavía estaba en la cruz. Para entonces, la mayoría de la gente se habría ido del lugar, quedando sólo unas pocas mujeres y los soldados romanos que tendrían que permanecer allí hasta certificar la muerte de todos los reos. No sabemos cuánto tiempo pasó Jesús en la cruz después de morir y antes de que fuera retirado para ser sepultado.

Marcos nos dice que "era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo". Esto quiere decir que Jesús fue crucificado en viernes, por lo que al día siguiente era sábado o día de reposo, en el cual no se podría hacer ningún tipo de trabajo. Además, ese día de reposo era de "gran solemnidad" (Jn 19:31), puesto que coincidía con la semana en la que se celebraba la pascua judía.

Los judíos interpretaban que el día comenzaba a la seis de la tarde del día anterior (según nuestra forma de contar la horas en la actualidad). Por lo tanto, si Jesús murió a las tres de la tarde, sólo quedaba un margen de tres horas hasta que comenzara el día de reposo. Marcos añade que ya había llegado la noche, y aunque esto no nos permite saber la hora exacta, parece indicarnos que el tiempo para sepultar a Jesús se estaba acabando.

Por otro lado, dada la solemnidad del día de reposo que estaba a punto de comenzar, los judíos ya habían empezado a hacer gestiones ante Pilato para que los cuerpos fueran quitados de la cruz (Jn 19:31). Seguramente tenían en mente el mandamiento de la ley: "Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día" (Dt 21:22-23). Ya hemos visto que los judíos no tuvieron ningún inconveniente en condenar a un inocente, pero luego fueron tremendamente escrupulosos en el cumplimiento de estos otros detalles.

Así que los mismos dirigentes judíos pidieron a Pilato que se quebrase las piernas de los reos. Esta práctica de fracturar las piernas por medio de un garrote o martillo, tenía como propósito acelerar la muerte, dado que las piernas ya no podrían soportar el peso del cuerpo, que a partir de ese momento sería sostenido únicamente por los clavos de las manos, creando una enorme presión sobre el pecho lo que dificultaba la respiración. Todo esto era un tormento inimaginable, pero producía una muerte rápida. Además, para mayor seguridad, siempre se añadía un golpe de gracia con una espada o lanza, que inmediatamente ponía fin a lo que quedara de vida. Como sabemos por el evangelio de Juan, quebraron las piernas a los dos ladrones que fueron crucificados con Jesús, pero a él sólo le traspasaron el pecho con una lanza. Esto también sirvió para que se cumpliese la Escritura (Jn 19:32-37) (Ex 12:46) (Nm 9:12) (Sal 34:20) (Zac 12:10).

Ahora bien, ¿qué harían con los cuerpos de los muertos? Lo más probable es que los arrojaran en alguna fosa común, o que fueran tirados allí mismo en el Gólgota para que fueran comidos por las fieras. No olvidemos que Marcos nos ha explicado que el nombre de ese monte significa "lugar de la Calavera" (Mr 15:22), lo que quizás se debía al hecho de que el lugar estaba sembrado de calaveras de aquellos que habían sido crucificados allí y de los que nadie se había hecho cargo.

Pero si algo de esto se hubiera hecho con el cuerpo de Jesús, habría sido un verdadero problema para demostrar la autenticidad de su resurrección. Por otro lado, recordemos que apenas quedaban tres horas para que comenzara el día de reposo, ¿quién podría en tan poco tiempo hacer los arreglos necesarios para sepultar dignamente a Jesús? ¿Y dónde encontrar un sepulcro con tan poco tiempo?

"José de Arimatea pidió a Pilato el cuerpo de Jesús"


En cierto sentido, podemos imaginarnos por qué muchos de los ejecutados quedaban en aquel lugar sin enterrar, ya que resultaría comprometido, y hasta humillante, hacerse cargo del cuerpo de alguien que había sido ejecutado bajo la acusación de sedición contra Roma. Seguramente se exponía a tener que contestar muchas preguntas incómodas sobre su relación con el crucificado. Además, en el caso concreto de Jesús, implicaría ser señalado inmediatamente por las autoridades judías.

En esas circunstancias, no era probable que alguno de los discípulos tuviera el valor de pedir formalmente el cuerpo de Jesús para enterrarlo, una vez que todos ellos habían huido unas horas antes cuando se apoderó de ellos el temor al ver cómo arrestaban a su Señor. Por otro lado, ellos eran galileos, lo que reduciría considerablemente sus posibilidades en Jerusalén para encontrar en tan poco tiempo un sepulcro para el cuerpo de Jesús. Además, debería ser un sepulcro nuevo, porque la tradición judía dictaba que alguien que había muerto bajo la maldición de Dios, debía ser enterrado fuera de la ciudad y que sus restos no se podían mezclar con los de los santos de Israel. Pero encontrar un sepulcro nuevo, aun complicaba más las cosas dado el poco tiempo que quedaba.

Pero justo en ese momento, cuanto todo indicaba que Jesús se quedaría sin ser sepultado dignamente, y ante la sorpresa de todos, apareció en la escena un hombre llamado José de Arimatea, que con una valentía y diligencia admirables, se hizo cargo de todo lo relacionado con la sepultura de Jesús. Hasta ahora no habíamos sabido nada de él, pero por medio de unas pocas pinceladas, Marcos nos muestra que era la persona indicada para prestar el último servicio al Señor antes de su resurrección y ascensión.

Por un lado se nos dice que José de Arimatea era "miembro noble del concilio", lo que en esas condiciones era muy importante por varias razones. Primero, porque siendo miembro del Sanedrín podía hacer una solicitud formal ante Pilato y ser atendido con rapidez, algo muy importante dado el poco tiempo que quedaba. Y en segundo lugar, y más importante aun, disponía de un sepulcro nuevo muy cerca del lugar en donde Jesús había sido crucificado, lo que permitiría llevar a cabo la sepultura con mucha rapidez. Veamos cómo Juan explica los detalles de esta maravillosa providencia:

(Jn 19:41-42) "Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús."

Ahora bien, una vez que hemos visto cómo Dios arregló todos los detalles para que su Hijo fuera sepultado dignamente, nos surgen otras preguntas acerca de José de Arimatea. Por ejemplo, si era miembro del Sanedrín, ¿por qué no hemos sabido antes de él, ni le hemos visto oponerse a la decisión tomada de crucificar a Jesús?

Tal vez debamos intentar ver el progreso espiritual que siguió este hombre a partir de la información que nos suministran los otros evangelios, para así no ser excesivamente críticos con él.

  • Por ejemplo, Lucas nos dice que él no había aprobado la decisión del Sanedrín (Lc 23:51). José de Arimatea era un miembro más del Concilio, con una influencia limitada.

  • Aunque probablemente en esos momentos su identificación con Jesús era todavía muy tímida. Juan nos dice "que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos" (Jn 19:38).

  • Sin embargo, la muerte de Cristo tuvo un impacto muy fuerte en su conciencia, e inmediatamente se convirtió en el primer discípulo en identificarse públicamente con el Crucificado. Quizá porque comprendió que si quería librarse de cualquier implicación en el asesinato judicial de Cristo, había de distanciarse públicamente de la decisión del Sanedrín.

  • Y tal vez le debamos también mucha de la información que los evangelios recogen de las reuniones secretas del Sanedrín durante la noche en la que Jesús fue juzgado.

La aparición en este momento de este discípulo secreto, del que poco o nada sabíamos hasta ahora, y que además era miembro del Sanedrín, nos hace pensar que el Señor tiene seguidores en este mundo que no conocemos, y que se encuentran incluso en lugares en donde nunca habríamos imaginado. Algunas veces podemos sentirnos un poco solos en este mundo, pero es entonces cuando tenemos que recordar las palabras que Dios le dirigió a Elías cuando le informó de que no estaba solo, sino que había todavía en Israel siete mil cuyas rodillas no se habían doblado ante Baal, ni sus bocas lo habían besado (1 R 19:18).

José de Arimatea y el centurión romano que custodio a Jesús durante su crucifixión, fueron los primeros a quienes la cruz les atrajo poderosamente hacia Cristo. Con esto se empezaban a hacer realidad las palabras que el Señor había dicho:

(Jn 12:32) "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo."

Un detalle interesante acerca de José de Arimatea y del que nos informa Marcos, es que él "esperaba el reino de Dios". Esto nos lleva a preguntarnos ¿qué pensaría en esos momentos? ¿Creería que todo se había perdido? No olvidemos que José era un judío piadoso que esperaba lo que el Antiguo Testamento había prometido acerca de la venida de un Mesías que inauguraría el Reino de Dios en este mundo con poder. Pero el hecho de que Jesús hubiera muerto de esa manera en una cruz, rechazado por su propio pueblo y gobernantes, tuvo que hacerle pensar que Jesús no era realmente el Mesías esperado, y que por lo tanto, el Sanedrín había hecho bien en pedir su ejecución por impostor. Sin embargo, lo que ocurrió fue justo lo contrario. Como decíamos, la cruz aclaró sus pensamientos y le atrajo poderosamente hacia Jesús. En esos momentos percibió con claridad que quien estaba siendo crucificado allí era realmente el "Rey de los judíos". Algo similar le ocurrió también a uno de los ladrones que estaba crucificado con Jesús y que en esas circunstancias le hizo una sorprendente petición: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino" (Lc 23:42). Humanamente hablando es incomprensible que un hombre ejecutado de forma tan vergonzosa y en medio de una debilidad tan evidente, pueda despertar tales pensamientos en las personas hasta el punto de creer que pueda ser un Rey. Pero estos hechos confirman lo que Pablo diría años después: "La palabra de la cruz es poder de Dios" (1 Co 1:18). Sin duda, deberíamos predicar mucho más acerca de la Cruz con todo lo que ella implica.

José de Arimatea entendió que su fe en Jesús le debía llevar a actuar, así que con una valentía que sólo Dios puede proporcionar, fue hasta Pilato y se distanció de la posición del resto del Sanedrín que horas antes habían solicitado la muerte de Jesús. Sin duda fue una especie de protesta contra la injusticia que se había cometido al condenar a un inocente. Pero al mismo tiempo, estaba también confesando su fe en la veracidad de las pretensiones de Jesús de ser verdaderamente el Mesías y su confianza en que tal como había prometido, regresaría desde la diestra del poder de Dios para establecer su reino (Mr 14:62). Y nosotros deberíamos seguir su ejemplo y dejar clara nuestra posición en relación con las pretensiones de Cristo en el mundo en el que nos ha tocado vivir.

"Pilato, informado por el centurión, dio el cuerpo a José"


Cuando José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús, Pilato se sorprendió de que hubiera muerto tan pronto. No hemos de olvidar que sucedía con frecuencia que los crucificados tardaban días en morir, y que en este caso sólo habían pasado seis horas. Para cerciorarse, Pilato pidió que el centurión lo certificara mediante un informe oficial.

El centurión y los soldados que le asistían comprobaron que Cristo ya estaba muerto, sin embargo, para asegurarse totalmente, uno de ellos atravesó su costado con una lanza, produciéndole una herida tan profunda que Tomás podría haber metido después su mano en el costado de Jesús (Jn 19:33-35) (Jn 20:27).

El hecho de que el gobernador romano fuera tan estricto en su investigación fue algo providencial, puesto que quedó fuera de toda duda que Jesús había muerto realmente. A partir de aquí nadie puede argumentar que Jesús fue colocado en el sepulcro cuando todavía estaba vivo y que después logró reanimarse con el frescor de la tumba. Los que sostienen esta postura tienen que ignorar el certificado de muerte que emitió el centurión romano, además de las heridas mortales que Jesús había sufrido.

"Lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro"


Una vez que José de Arimatea recibió el permiso de Pilato para hacerse cargo del cuerpo de Jesús, fue hasta la cruz con una sábana que había comprado y colocó el cuerpo de Jesús en ella. En este momento es muy probable que los mismos soldados romanos ya hubieran bajado a los reos de la cruz, arrancando sus clavos y colocando los cuerpos sobre el suelo.

El evangelio de Juan nos informa que en este proceso fue ayudado por otro miembro noble del Sanedrín llamado Nicodemo (Jn 19:39-40). Como comentábamos antes, estos dos destacados personajes de la clase dirigente de Israel hicieron lo que habría sido imposible para los once. Pero de esta forma dieron también cumplimiento con total exactitud a la profecía de Isaías:

(Is 53:9) "Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte."

Sin lugar a dudas, Dios estaba dirigiendo todo lo que ocurría. Podemos imaginarnos lo que habría ocurrido si el cuerpo de Jesús hubiera sido arrojado en una fosa común junto a otros cuerpos. En ese caso habría sido imposible verificar su resurrección, pero una tumba vacía sí que servía como una evidencia clara de la resurrección.

Así que entre estos dos hombres trasladaron el cuerpo de Jesús envuelto en una sábana hasta "un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno" (Jn 19:41), y que se hallaba excavado en la roca en un huerto cercano. Por supuesto, tuvieron que actuar con mucha diligencia, y en poco tiempo preparar el cuerpo antes de dejarlo en la tumba. Suponemos que primero lo lavarían para después envolverlo en los lienzos con especias aromáticas, tal como era la costumbre sepultar entre los judíos. Utilizarían para ello el compuesto de mirra y de áloes que había traído Nicodemo (Jn 19:40). Al mezclar los lienzos con este compuesto, y rodear el cuerpo de Jesús, éstos quedaban pegados formando una momia. Para hacernos una idea podemos recordar el caso de Lázaro, al que resucitó Jesús (Jn 11:44).

En este punto muchos se preguntan dónde está la tumba donde fue colocado el cuerpo de Jesús. Y aunque no creemos que se trate de un detalle importante, los investigadores sugieren en la actualidad dos posibles emplazamientos. Sobre uno de ellos está edificada una iglesia, y el otro se encuentra fuera de la muralla de la ciudad. Aunque muy probablemente Jesús no fue sepultado en ninguno de los dos sitios. No olvidemos que la ciudad fue destruida completamente por el general Tito en el año 70 d.C., y que además, Dios no tenía ningún interés en que la tumba permaneciese intacta, porque muchas personas la habrían convertido en un objeto de culto, como de hecho así ha ocurrido. No olvidemos que después de todo, no hay ningún valor en la tumba en la que Jesús fue sepultado, sino en Aquel que venció la muerte y se ha sentado a la diestra de la Majestad en el cielo. En él debemos concentrar nuestra atención.

"Hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro"


Una vez que José de Arimatea y Nicodemo terminaron de preparar el cuerpo de Jesús, hicieron rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro, cerrando su entrada. Esta piedra estaría en una canaleta con un pequeño desnivel de modo que resultara fácil colocarla en su lugar con sólo empujarla un poco.

Pero mientras todo esto ocurría, los demás miembros del Sanedrín se dieron cuenta de que habían perdido el control sobre la situación y temieron que los discípulos de Jesús se pudieran reorganizar con la ayuda de José y Nicodemo, hasta el punto de robar el cuerpo de Jesús y fingir su resurrección. Así que con toda diligencia, al día siguiente volvieron a presentarse ante Pilato para solicitase que asegurase la tumba por medio de una guardia (Mt 27:62-66). De esta manera, los líderes judíos, junto con una guardia romana, se hicieron cargo del sepulcro donde Jesús había sido colocado. Lo primero que harían al llegar sería comprobar que el cuerpo de Jesús estaba dentro, para lo que tendrían que abrir nuevamente el sepulcro. Luego lo cerraron, pusieron un sello que certificaba la autenticidad de la tumba y colocaron una guardia romana que vigilara que nadie pudiera alterar la tumba en el transcurso de tres días, que era el plazo que Jesús había señalado para su resurrección.

"Y las mujeres miraban dónde lo ponían"


José de Arimatea y Nicodemo fueron seguidos y observados todo el tiempo por dos mujeres; "María Magdalena y María madre de José". Ellas se mantuvieron siempre a cierta distancia porque no habría sido correcto de acuerdo a las costumbres judías que ellas se mezclaran con los dos miembros del Sanedrín.

¿Por qué hicieron esto? Bueno, Marcos nos va explicar inmediatamente que ellas también querían prodigar sus cuidados al cuerpo de su amado Salvador (Mr 16:1), así que era importante que estuvieran informadas de primera mano acerca del lugar donde había sido colocado. Y aunque tuvieron que esperar a que pasara el día de reposo, cuando se dirigieron al sepulcro sabían perfectamente dónde se encontraba. La razón por la que encontraron el sepulcro abierto y vacío no fue porque se habían equivocado del lugar, sino porque Jesús había resucitado.

Preguntas


1. ¿Por qué cree que era importante establecer la verdad acerca de la sepultura de Jesús?

2. ¿En qué formas aprecia la providencia de Dios en este pasaje? Razone su respuesta.

3. ¿Qué profecías del Antiguo Testamento se cumplieron durante la crucifixión de Jesús? Transcriba los versículos correspondientes.

4. ¿Qué sabe sobre José de Arimatea? ¿Cuál pudo haber sido su progreso espiritual?

5. ¿Qué evidencias hay de que Jesús realmente murió?


Comentarios

Miguel Santos    República Dominicana    (03/02/2014)
Hermano, muy bueno los estudios que hace, son de gran ayuda para mi vida espiritual, me gusta saber mucho de Jesús.

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