Folletos cristianos

¿Estás seguro?

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Bueno, si tienes vivienda propia; si tienes trabajo fijo y un buen seguro de asistencia médica; si cuentas con unos ahorros; si tienes "airbag" en el coche y seguro a todo riesgo; si has contratado un plan de pensiones, y si tienes un buen seguro de vida... ¡ya puedes decir que estás seguro... y que salga el sol por donde quiera!

Lástima que haya cosas todavía imprevisibles. ¿Quién te asegura el bienestar y aun la vida después de lo que ocurrió en Nueva York en septiembre? Este mundo se puede convertir de la noche a la mañana en un campo de batalla. Y aun si eso no nos toca, ¿quién te dice a ti que mañana una enfermedad o un accidente no te dejan minusválido? ¿Quién te vende un seguro contra el cáncer? Es más: ¿quién te asegura un solo día más de tu vida o de la de los tuyos? Por más seguros que contrates, no tienes nada más seguro que la muerte. Y más allá de la muerte, ¿qué puedes contratar, sino una sepultura?

Pero hay algo importante que te puede interesar. Es un seguro que no se puede contratar, porque ninguna compañía lo tiene. Tampoco se puede comprar, porque no hay quien pueda pagarlo. Y además el que lo tiene lo da sin ningún precio; regalado. Se trata de un seguro de vida... y de muerte.

¿Dónde se halla la seguridad?

"El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente ... Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro" (1). ¿Te imaginas vivir con esa seguridad? ¿Refugiado a la sombra de Dios? El problema es que nosotros mismos, tan necesitados de seguridad y amparo, huimos de Dios. Huimos del que podría cubrirnos bajo la sombra de sus alas. ¿Por qué? En el fondo es porque ese Dios es también el que conoce todos los secretos de nuestro corazón; nuestras malas intenciones y nuestros pecados. Así que, lejos de Dios, nos aferramos a la vida y a las cosas, y nos obsesionamos por asegurarlo todo. ¿Y qué nos queda? Que sólo tenemos segura la muerte... Y el juicio de ese Dios en el que no quisimos refugiarnos.

¿Quieres acercarte a Dios?

Él ya se ha acercado a nosotros; en la persona de su Hijo, Jesucristo. Él abandonó su posición segura en el cielo y se hizo como uno de nosotros. Prescindió de la seguridad que da una libreta de ahorros o una vivienda propia. Se arriesgó a enfrentarse con las autoridades religiosas de su tiempo. Vivió en un ambiente de persecución ideológica y de amenazas de muerte. Y por fin se entregó mudo en manos de sus verdugos y fue ejecutado como un malhechor, colgado de una cruz en lo alto del monte Calvario.

Un verdadero seguro de vida

Ahora bien, resucitó de los muertos y ofreció el único "seguro de vida" que de veras te garantiza esta vida... y la que viene. El aseguró: "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna, y no será condenado, pues ha pasado ya de la muerte a la vida" (2). Después, el apóstol Pablo escribió: "¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?... Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni poderes ni fuerzas espirituales, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es Cristo Jesús, Señor nuestro" (3).

En tu mano queda

O vivir a la sombra del Altísimo, o con la incertidumbre de lo que te pasará mañana. O acercarte a Dios por medio de Cristo, o seguir huyendo de Él. O confiar en el que ganó para ti una vida eterna segura, o quedarte a la sombra de una ideología o una religión que no te asegura nada. O rendirle el corazón a Él o seguir en tus pecados y a la intemperie de tus propias decisiones. "Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros" (4).

(1) Salmo 91:1,4
(2) Evangelio según Juan 5:24
(3) Epístola a los Romanos
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"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6)

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