La Biblia en un año - La Biblia de las Américas

Un plan de lectura bíblica diaria y consejos para saber cómo leer la Biblia adecuadamente

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Al leer la Biblia cada día, permita que las Escrituras le hablen. Aquí tiene algunos consejos:

  • Antes de comenzar su lectura ore a Dios pidiéndole que él le hable por su Palabra.

  • Busque un lugar tranquilo y lea el texto con atención.

  • Hágase ciertas preguntas: ¿Por qué escribió Dios esto? ¿Qué me quiere enseñar? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida?

  • Ore al Señor pidiéndole que le dé el poder para poner en práctica lo aprendido.

Fecha seleccionada: 22/06/2017

Salmos 44-49

Versión actual:
La Biblia de las Américas

Capítulo 44

Liberaciones pasadas y pruebas presentes

 1Para el director del coro. Masquil de los hijos de Coré. Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado la obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos. 2Tú con tu mano echaste fuera las naciones, y a ellos los plantaste. Afligiste a los pueblos, y a ellos los hiciste crecer. 3Pues no por su espada tomaron posesión de la tierra, ni su brazo los salvó, sino tu diestra y tu brazo, y la luz de tu presencia, porque te complaciste en ellos. 4Tú eres mi Rey, oh Dios; manda victorias a Jacob. 5Contigo rechazaremos a nuestros adversarios; en tu nombre hollaremos a los que contra nosotros se levanten. 6Porque yo no confiaré en mi arco, ni me salvará mi espada; 7pues tú nos has salvado de nuestros adversarios, y has avergonzado a los que nos aborrecen. 8En Dios nos hemos gloriado todo el día, y por siempre alabaremos tu nombre. (Selah) 9Sin embargo, tú nos has rechazado y nos has confundido, y no sales con nuestros ejércitos. 10Nos haces retroceder ante el adversario, y los que nos aborrecen tomaron botín para sí. 11Nos entregas como ovejas para ser devorados, y nos has esparcido entre las naciones. 12Vendes a tu pueblo a bajo precio, y no te has beneficiado con su venta. 13Nos haces el oprobio de nuestros vecinos, escarnio y burla de los que nos rodean. 14Nos pones por proverbio entre las naciones, causa de risa entre los pueblos. 15Todo el día mi ignominia está delante de mí, y la vergüenza de mi rostro me ha abrumado, 16por la voz del que me reprocha y vitupera, por la presencia del enemigo y del vengativo. 17Todo esto nos ha sobrevenido, pero no nos hemos olvidado de ti, ni hemos faltado a tu pacto. 18No se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni se han desviado nuestros pasos de tu senda; 19sin embargo, nos has quebrantado en la región de los chacales, y nos has cubierto con la sombra de la muerte. 20Si nos hubiéramos olvidado del nombre de nuestro Dios, o extendido nuestras manos a un dios extraño, 21¿no se habría dado cuenta Dios de esto? Pues El conoce los secretos del corazón. 22Pero por causa tuya nos matan cada día; se nos considera como ovejas para el matadero. 23¡Despierta! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Levántate! No nos rechaces para siempre. 24¿Por qué escondes tu rostro y te olvidas de nuestra aflicción y de nuestra opresión? 25Porque nuestra alma se ha hundido en el polvo; nuestro cuerpo está pegado a la tierra. 26¡Levántate! Sé nuestra ayuda, y redímenos por amor de tu misericordia.

Capítulo 45

Cantico de las bodas del rey

 1Para el director del coro; según Sosanim. Masquil de los hijos de Coré. Canción de amor. Rebosa en mi corazón un tema bueno; al rey dirijo mis versos; mi lengua es como pluma de escribiente muy ligero. 2Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derrama en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre. 3Ciñe tu espada sobre el muslo, oh valiente, en tu esplendor y tu majestad. 4En tu majestad cabalga en triunfo, por la causa de la verdad, de la humildad y de la justicia; que tu diestra te enseñe cosas tremendas. 5Tus saetas son agudas; los pueblos caen debajo de ti; en el corazón de los enemigos del rey están tus flechas. 6Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de equidad es el cetro de tu reino. 7Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad; por tanto Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros. 8Todas tus vestiduras están perfumadas con mirra, áloe y casia; desde palacios de marfil te han alegrado con instrumentos de cuerda. 9Hijas de reyes hay entre tus damas nobles; a tu diestra, en oro de Ofir, está la reina. 10Escucha, hija, presta atención e inclina tu oído; olvídate de tu pueblo y de la casa de tu padre. 11Entonces el rey deseará tu hermosura; inclínate ante él, porque él es tu señor. 12Y la hija de Tiro vendrá con presentes; los ricos del pueblo suplicarán tu favor. 13Toda radiante está la hija del rey dentro de su palacio; recamado de oro está su vestido. 14En vestido bordado será conducida al rey; las doncellas, sus compañeras que la siguen, serán llevadas a ti. 15Serán conducidas con alegría y regocijo; entrarán al palacio del rey. 16En lugar de tus padres estarán tus hijos; los harás príncipes en toda la tierra. 17Haré que tu nombre sea recordado por todas las generaciones; por tanto, los pueblos te alabarán eternamente y para siempre.

Capítulo 46

Dios es nuestro amparo y fortaleza

 1Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré, compuesto para Alamot. Cántico. Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios, y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares; 3aunque bramen y se agiten sus aguas, aunque tiemblen los montes con creciente enojo. (Selah) 4Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, las moradas santas del Altísimo. 5Dios está en medio de ella, no será sacudida; Dios la ayudará al romper el alba. 6Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos; dio El su voz, y la tierra se derritió. 7El SEÑOR de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob. (Selah) 8Venid, contemplad las obras del SEÑOR, que ha hecho asolamientos en la tierra; 9que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra; quiebra el arco, parte la lanza, y quema los carros en el fuego. 10Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra. 11El SEÑOR de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob. (Selah)

Capítulo 47

Dios, el Rey de toda la tierra

 1Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré. Batid palmas, pueblos todos; aclamad a Dios con voz de júbilo. 2Porque el SEÑOR, el Altísimo, es digno de ser temido; Rey grande es sobre toda la tierra. 3El somete pueblos debajo de nosotros, y naciones bajo nuestros pies. 4El nos escoge nuestra heredad, la gloria de Jacob a quien El ama. (Selah) 5Dios ha ascendido entre aclamaciones, el SEÑOR, al son de trompeta. 6Cantad alabanzas a Dios, cantad alabanzas; cantad alabanzas a nuestro Rey, cantad alabanzas. 7Porque Dios es Rey de toda la tierra; cantad alabanzas con armonioso salmo. 8Dios reina sobre las naciones; sentado está Dios en su santo trono. 9Se han reunido los príncipes de los pueblos como el pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios son los escudos de la tierra; El es ensalzado en gran manera.

Capítulo 48

Hermosura y gloria en Sion

 1Cántico. Salmo de los hijos de Coré. Grande es el SEÑOR, y muy digno de ser alabado en la ciudad de nuestro Dios, su santo monte. 2Hermoso en su elevación, el gozo de toda la tierra es el monte Sion, en el extremo norte, la ciudad del gran Rey. 3Dios en sus palacios se dio a conocer como baluarte. 4Pues, he aquí, los reyes se reunieron; pasaron juntos. 5Ellos la vieron y quedaron pasmados; se aterrorizaron y huyeron alarmados. 6Allí se apoderó de ellos un temblor; dolor como el de mujer que está de parto. 7Con el viento solano tú destrozas las naves de Tarsis. 8Como lo hemos oído, así lo hemos visto en la ciudad del SEÑOR de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios; Dios la afirmará para siempre. (Selah) 9En tu misericordia, oh Dios, hemos meditado, en medio de tu templo. 10Oh Dios, como es tu nombre, así es tu alabanza hasta los confines de la tierra; llena de justicia está tu diestra. 11Alégrese el monte Sion, regocíjense las hijas de Judá, a causa de tus juicios. 12Andad por Sion e id alrededor de ella; contad sus torres; 13considerad atentamente sus murallas, recorred sus palacios, para que lo contéis a la generación venidera. 14Porque este es Dios, nuestro Dios por siempre jamás; El nos guiará hasta la muerte.

Capítulo 49

La insensatez de confiar en las riquezas

 1Para el director del coro. Salmo de los hijos de Coré. Oíd esto, pueblos todos; escuchad, habitantes todos del mundo, 2tanto humildes como encumbrados, ricos y pobres juntamente. 3Mi boca hablará sabiduría, y la meditación de mi corazón será entendimiento. 4Inclinaré al proverbio mi oído, con el arpa declararé mi enigma. 5¿Por qué he de temer en los días de adversidad cuando la iniquidad de mis enemigos me rodee, 6de los que confían en sus bienes y se jactan de la abundancia de sus riquezas? 7Nadie puede en manera alguna redimir a su hermano, ni dar a Dios rescate por él, 8porque la redención de su alma es muy costosa, y debe abandonar el intento para siempre, 9para que viva eternamente, para que no vea corrupción. 10Porque él ve que aun los sabios mueren; el torpe y el necio perecen de igual manera, y dejan sus riquezas a otros. 11Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas, y sus moradas por todas las generaciones; y a sus tierras han dado sus nombres. 12Mas el hombre, en su vanagloria, no permanecerá; es como las bestias que perecen. 13Este es el camino de los insensatos, y de los que después de ellos aprueban sus palabras. (Selah) 14Como ovejas son destinados para el Seol, la muerte los pastoreará, los rectos los regirán por la mañana; su forma será para que el Seol la consuma, de modo que no tienen morada. 15Pero Dios redimirá mi alma del poder del Seol, pues El me recibirá. (Selah) 16No temas cuando alguno se enriquece, cuando la gloria de su casa aumenta; 17porque nada se llevará cuando muera, ni su gloria descenderá con él. 18Aunque mientras viva, a sí mismo se felicite (y aunque los hombres te alaben cuando prosperes), 19irá a reunirse con la generación de sus padres, quienes nunca verán la luz. 20El hombre en su vanagloria, pero sin entendimiento, es como las bestias que perecen.

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