La Biblia en un año - Reina Valera 1995

Un plan de lectura bíblica diaria y consejos para saber cómo leer la Biblia adecuadamente

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Al leer la Biblia cada día, permita que las Escrituras le hablen. Aquí tiene algunos consejos:

  • Antes de comenzar su lectura ore a Dios pidiéndole que él le hable por su Palabra.

  • Busque un lugar tranquilo y lea el texto con atención.

  • Hágase ciertas preguntas: ¿Por qué escribió Dios esto? ¿Qué me quiere enseñar? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida?

  • Ore al Señor pidiéndole que le dé el poder para poner en práctica lo aprendido.

Fecha seleccionada: 20/11/2017

Hechos 23-25

Versión actual:
Reina Valera 1995

Capítulo 23

 1Entonces Pablo, mirando fijamente al Concilio, dijo: --Hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy. 2El Sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él que lo golpearan en la boca. 3Entonces Pablo le dijo: --¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la Ley, y quebrantando la Ley me mandas golpear? 4Los que estaban presentes dijeron: --¿Al Sumo sacerdote de Dios insultas? 5Pablo dijo: --No sabía, hermanos, que fuera el Sumo sacerdote, pues escrito está: "No maldecirás a un príncipe de tu pueblo". 6Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el Concilio: --Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga. 7Cuando dijo esto, se produjo discusión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió, 8porque los saduceos dicen que no hay resurrección ni ángel ni espíritu; pero los fariseos afirman que sí existen. 9Entonces hubo un gran vocerío y, levantándose los escribas de la parte de los fariseos, discutían diciendo: --Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios. 10Como la discusión era cada vez más fuerte, el comandante, temiendo que Pablo fuera despedazado por ellos, mandó que bajaran soldados, lo arrebataran de en medio de ellos y lo llevaran a la fortaleza. 11A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: "Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma".

Complot contra Pablo

 12Cuando fue de día, algunos de los judíos tramaron un complot y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran dado muerte a Pablo. 13Eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración, 14los cuales fueron a los principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: --Nosotros nos hemos juramentado bajo maldición a no gustar nada hasta que hayamos dado muerte a Pablo. 15Ahora pues, vosotros, con el Concilio, requerid al comandante que lo traiga mañana ante vosotros, con el pretexto de que queréis indagar alguna cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos listos para matarlo antes que llegue. 16Pero el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la celada, fue y entró en la fortaleza y dio aviso a Pablo. 17Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: --Lleva a este joven ante el comandante, porque tiene cierto aviso que darle. 18Él entonces, tomándolo, lo llevó al comandante y dijo: --El preso Pablo me llamó y me rogó que trajera ante ti a este joven, que tiene algo que hablarte. 19El comandante, tomándolo de la mano y retirándose aparte, le preguntó: --¿Qué es lo que tienes que decirme? 20Él le dijo: --Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a Pablo ante el Concilio, con el pretexto de que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él. 21Pero tú no los creas, porque más de cuarenta hombres de ellos lo acechan, los cuales se han juramentado bajo maldición a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte; y ahora están listos esperando tu promesa. 22Entonces el comandante despidió al joven, mandándole que a nadie dijera que le había dado aviso de esto.

Pablo es enviado a Félix gobernador

 23Llamando a dos centuriones, mandó que prepararan para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que fueran hasta Cesarea; 24y que prepararan cabalgaduras en que, poniendo a Pablo, lo llevaran a salvo a Félix, el gobernador. 25Y escribió una carta en estos términos: 26"Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud. 27A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar, lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano. 28Y queriendo saber la causa por la que lo acusaban, lo llevé al Concilio de ellos; 29y hallé que lo acusaban por cuestiones de la ley de ellos, pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión. 30Pero al ser avisado de asechanzas que los judíos habían tendido contra este hombre, al punto lo he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tengan contra él. Pásalo bien". 31Los soldados, tomando a Pablo como se les ordenó, lo llevaron de noche a Antípatris. 32Al día siguiente, dejando a los jinetes que fueran con él, volvieron a la fortaleza. 33Cuando aquellos llegaron a Cesarea y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él. 34El gobernador leyó la carta, y preguntó de qué provincia era; y al saber que era de Cilicia, 35le dijo: --Te oiré cuando vengan tus acusadores. Y mandó que lo vigilaran en el pretorio de Herodes.

Capítulo 24

Defensa de Pablo ante Félix

 1Cinco días después, descendió el Sumo sacerdote Ananías con algunos de los ancianos y un cierto orador llamado Tértulo, y comparecieron ante el gobernador contra Pablo. 2Cuando este fue llamado, Tértulo comenzó a acusarlo, diciendo: --Como debido a ti gozamos de gran paz, y muchas cosas son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, 3excelentísimo Félix, lo recibimos en todo tiempo y en todo lugar con toda gratitud. 4Pero por no molestarte más largamente, te ruego que nos oigas brevemente conforme a tu equidad. 5Hemos hallado que este hombre es una plaga, promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos. 6Intentó también profanar el templo, así que lo prendimos y quisimos juzgarlo conforme a nuestra Ley. 7Pero interviniendo el comandante Lisias, con gran violencia lo quitó de nuestras manos, 8mandando a sus acusadores que vinieran a ti. Tú mismo, pues, al juzgarlo, podrás informarte de todas estas cosas de que lo acusamos. 9Los judíos también confirmaban, diciendo ser así todo. 10Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que hablara, este respondió: --Porque sé que desde hace muchos años eres juez de esta nación, con buen ánimo haré mi defensa. 11Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén; 12y no me hallaron discutiendo con nadie, ni amotinando a la multitud, ni en el templo ni en las sinagogas ni en la ciudad; 13ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan. 14Pero esto te confieso: que, según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres; creo todas las cosas que en la Ley y en los Profetas están escritas; 15con la esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos. 16Por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres. 17"Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas. 18Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto. 19Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo. 20O digan estos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha cuando comparecí ante el Concilio, 21a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz: "Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros". 22Al oir esto, Félix, como estaba bien informado de este Camino, los relegó, diciendo: --Cuando descienda el comandante Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto. 23Y mandó al centurión que se custodiara a Pablo, pero que se le concediera alguna libertad, y que no impidiera a ninguno de los suyos servirlo o venir a él. 24Algunos días después, viniendo Félix con Drusila, su mujer, que era judía, llamó a Pablo y lo oyó acerca de la fe en Jesucristo. 25Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó y dijo: --Ahora vete, y cuando tenga oportunidad, te llamaré. 26Esperaba también con esto que Pablo le diera dinero para que lo soltara, por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él. 27Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.

Capítulo 25

Pablo apela a César

 1Llegó, pues, Festo a la provincia, y a los tres días subió de Cesarea a Jerusalén. 2Entonces los principales sacerdotes y los más influyentes de los judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron, 3pidiendo contra él, como gracia, que lo hiciera traer a Jerusalén. Y preparaban ellos una celada para matarlo en el camino. 4Pero Festo respondió que Pablo estaba custodiado en Cesarea, adonde él mismo partiría en breve. 5"Los que de vosotros puedan" --dijo--, "desciendan conmigo, y si hay algún crimen en este hombre, acúsenlo". 6Estuvo entre ellos no más de ocho o diez días, y luego fue a Cesarea; al siguiente día se sentó en el tribunal y mandó que fuera traído Pablo. 7Cuando este llegó, lo rodearon los judíos que habían venido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar. 8Pablo se defendía diciendo: --Ni contra la Ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en nada. 9Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, le preguntó a Pablo: --¿Quieres subir a Jerusalén y ser juzgado allá de estas cosas delante de mí? 10Pablo dijo: --Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien. 11Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo. 12Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: --A César has apelado; a César irás.

Pablo ante Agripa y Berenice

 13Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea para saludar a Festo. 14Como se quedaron allí muchos días, Festo expuso al rey la causa de Pablo, diciendo: --Un hombre ha sido dejado preso por Félix, 15respecto al cual, cuando fui a Jerusalén, se me presentaron los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo condenación contra él. 16A estos respondí que no es costumbre de los romanos entregar a alguien a la muerte antes que el acusado tenga delante a sus acusadores y pueda defenderse de la acusación. 17Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre. 18Y estando presentes los acusadores, ningún cargo presentaron de los que yo sospechaba, 19sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión y de un cierto Jesús, ya muerto, que Pablo afirma que está vivo. 20Yo, dudando en cuestión semejante, le pregunté si quería ir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas. 21Pero como Pablo apeló para que se le reservara para el conocimiento de Augusto, mandé que lo custodiaran hasta que lo enviara yo a César. 22Entonces Agripa dijo a Festo: --Yo también quisiera oir a ese hombre. Y él le dijo: --Mañana lo oirás. 23Al otro día, viniendo Agripa y Berenice con mucha pompa, y entrando en la audiencia con los comandantes y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo fue traído Pablo. 24Entonces Festo dijo: --Rey Agripa y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros, aquí tenéis a este hombre, respecto del cual toda la multitud de los judíos me ha demandado en Jerusalén y aquí, gritando que no debe vivir más. 25Pero yo he hallado que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y como él mismo apeló a Augusto, he determinado enviarlo a él. 26Como no tengo cosa cierta que escribir a mi señor, lo he traído ante vosotros, y mayormente ante ti, rey Agripa, para que después de examinarlo tenga yo qué escribir, 27pues me parece fuera de razón enviar un preso sin informar de los cargos que haya en su contra.

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