La Biblia en un año - La Biblia de las Américas

Un plan de lectura bíblica diaria y consejos para saber cómo leer la Biblia adecuadamente

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Al leer la Biblia cada día, permita que las Escrituras le hablen. Aquí tiene algunos consejos:

  • Antes de comenzar su lectura ore a Dios pidiéndole que él le hable por su Palabra.

  • Busque un lugar tranquilo y lea el texto con atención.

  • Hágase ciertas preguntas: ¿Por qué escribió Dios esto? ¿Qué me quiere enseñar? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida?

  • Ore al Señor pidiéndole que le dé el poder para poner en práctica lo aprendido.

Fecha seleccionada: 08/12/2016

Efesios 3-6

Versión actual:
La Biblia de las Américas

Capítulo 3

Ministerio de Pablo a los gentiles

 1Por esta causa yo, Pablo, prisionero de Cristo Jesús por amor de vosotros los gentiles 2(si en verdad habéis oído de la dispensación de la gracia de Dios que me fue dada para vosotros; 3que por revelación me fue dado a conocer el misterio, tal como antes os escribí brevemente. 4En vista de lo cual, leyendo, podréis comprender mi discernimiento del misterio de Cristo, 5que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu; 6a saber, que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, participando igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio, 7del cual fui hecho ministro, conforme al don de la gracia de Dios que se me ha concedido según la eficacia de su poder. 8A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, se me concedió esta gracia: anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo, 9y sacar a luz cuál es la dispensación del misterio que por los siglos ha estado oculto en Dios, creador de todas las cosas; 10a fin de que la infinita sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en las regiones celestiales, 11conforme al propósito eterno que llevó a cabo en Cristo Jesús nuestro Señor, 12en quien tenemos libertad y acceso a Dios con confianza por medio de la fe en El. 13Ruego, por tanto, que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, porque son vuestra gloria).

El amor que excede a todo conocimiento

 14Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra, 16que os conceda, conforme a las riquezas de su gloria, ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior; 17de manera que Cristo more por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en amor, 18seáis capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, 19y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios. 20Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, 21a El sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

Capítulo 4

La unidad del Espíritu

 1Yo, pues, prisionero del Señor, os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, 2con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, 3esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. 4Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también vosotros fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, 6un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos. 7Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo. 8Por tanto, dice: CUANDO ASCENDIO A LO ALTO, LLEVO CAUTIVA UNA HUESTE DE CAUTIVOS, Y DIO DONES A LOS HOMBRES. 9(Esta expresión: Ascendió, ¿qué significa, sino que El también había descendido a las profundidades de la tierra? 10El que descendió es también el mismo que ascendió mucho más arriba de todos los cielos, para poder llenarlo todo.) 11Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, 12a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; 13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error; 15sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, 16de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor.

La nueva vida en Cristo

 17Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Señor: que ya no andéis así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente, 18entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; 19y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas. 20Pero vosotros no habéis aprendido a Cristo de esta manera, 21si en verdad lo oísteis y habéis sido enseñados en El, conforme a la verdad que hay en Jesús, 22que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, 23y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, 24y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad. 25Por tanto, dejando a un lado la falsedad, HABLAD VERDAD CADA CUAL CON SU PROJIMO, porque somos miembros los unos de los otros. 26AIRAOS, PERO NO PEQUEIS; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 27ni deis oportunidad al diablo. 28El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad. 29No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan. 30Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, por el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia. 32Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo.

Capítulo 5

Andad como hijos de luz

 1Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; 2y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma. 3Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos; 4ni obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias. 5Porque con certeza sabéis esto: que ningún inmoral, impuro, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. 6Que nadie os engañe con palabras vanas, pues por causa de estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia. 7Por tanto, no seáis partícipes con ellos; 8porque antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de la luz 9(porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad), 10examinando qué es lo que agrada al Señor. 11Y no participéis en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascaradlas; 12porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto. 13Pero todas las cosas se hacen visibles cuando son expuestas por la luz, pues todo lo que se hace visible es luz. 14Por esta razón dice: Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo. 15Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, 16aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. 17Así pues, no seáis necios, sino entended cuál es la voluntad del Señor. 18Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu, 19hablando entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor; 20dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre;

Someteos los unos a los otros

 21sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo. 22Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. 23Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo. 24Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. 28Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; 30porque somos miembros de su cuerpo. 31POR ESTO EL HOMBRE DEJARA A SU PADRE Y A SU MADRE, Y SE UNIRA A SU MUJER, Y LOS DOS SERAN UNA SOLA CARNE. 32Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia. 33En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.

Capítulo 6

 1Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo. 2HONRA A TU PADRE Y A tu MADRE (que es el primer mandamiento con promesa), 3PARA QUE TE VAYA BIEN, Y PARA QUE TENGAS LARGA VIDA SOBRE LA TIERRA. 4Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor. 5Siervos, obedeced a vuestros amos en la tierra, con temor y temblor, con la sinceridad de vuestro corazón, como a Cristo; 6no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios. 7Servid de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, 8sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre. 9Y vosotros, amos, haced lo mismo con ellos, y dejad las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y de vosotros está en los cielos, y que para El no hay acepción de personas.

La armadura de Dios

 10Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. 11Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. 12Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. 13Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. 14Estad, pues, firmes, CEÑIDA VUESTRA CINTURA CON LA VERDAD, REVESTIDOS CON LA CORAZA DE LA JUSTICIA, 15y calzados LOS PIES CON EL APRESTO DEL EVANGELIO DE LA PAZ; 16en todo, tomando el escudo de la fe con el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno. 17Tomad también el YELMO DE LA SALVACION, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. 18Con toda oración y súplica orad en todo tiempo en el Espíritu, y así, velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos; 19y orad por mí, para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio, 20por el cual soy embajador en cadenas; que al proclamar lo hable con denuedo, como debo hablar.

Salutaciones finales

 21Pero a fin de que también vosotros sepáis mi situación y lo que hago, todo os lo hará saber Tíquico, amado hermano y fiel ministro en el Señor, 22a quien he enviado a vosotros precisamente para esto, para que sepáis de nosotros y para que consuele vuestros corazones. 23Paz sea a los hermanos, y amor con fe de Dios el Padre y del Señor Jesucristo. 24La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor incorruptible.

Copyright © 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation (http://www.lockman.org)
La Biblia en un año
"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes." (Dt 6:6-7)

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