La Biblia en un año - Nueva Versión Internacional

Un plan de lectura bíblica diaria y consejos para saber cómo leer la Biblia adecuadamente

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Al leer la Biblia cada día, permita que las Escrituras le hablen. Aquí tiene algunos consejos:

  • Antes de comenzar su lectura ore a Dios pidiéndole que él le hable por su Palabra.

  • Busque un lugar tranquilo y lea el texto con atención.

  • Hágase ciertas preguntas: ¿Por qué escribió Dios esto? ¿Qué me quiere enseñar? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida?

  • Ore al Señor pidiéndole que le dé el poder para poner en práctica lo aprendido.

Fecha seleccionada: 21/10/2017

Lucas 6-7

Versión actual:
Nueva Versión Internacional

Capítulo 6

Los discípulos recogen espigas en el día de reposo

 1Un sábado, al pasar Jesús por los sembrados, sus discípulos se pusieron a arrancar unas espigas de trigo, y las desgranaban para comérselas. 2Por eso algunos de los fariseos les dijeron: --¿Por qué hacen ustedes lo que está prohibido hacer en sábado? 3Jesús les contestó: --¿Nunca han leído lo que hizo David en aquella ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre? 4Entró en la casa de Dios y, tomando los panes consagrados a Dios, comió lo que sólo a los sacerdotes les es permitido comer. Y les dio también a sus compañeros. 5"El Hijo del hombre es Señor del sábado --añadió.

El hombre de la mano seca

 6Otro sábado entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada; 7así que los maestros de la ley y los fariseos, buscando un motivo para acusar a Jesús, no le quitaban la vista de encima para ver si sanaría en sábado. 8Pero Jesús, que sabía lo que estaban pensando, le dijo al hombre de la mano paralizada: --Levántate y ponte frente a todos. Así que el hombre se puso de pie. Entonces Jesús dijo a los otros: 9--Voy a hacerles una pregunta: ¿Qué está permitido hacer en sábado: hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla? 10Jesús se quedó mirando a todos los que lo rodeaban, y le dijo al hombre: --Extiende la mano. Así lo hizo, y la mano le quedó restablecida. 11Pero ellos se enfurecieron y comenzaron a discutir qué podrían hacer contra Jesús.

Elección de los doce apóstoles

 12Por aquel tiempo se fue Jesús a la montaña a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios. 13Al llegar la mañana, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que nombró apóstoles: 14Simón (a quien llamó Pedro), su hermano Andrés, Jacobo, Juan, Felipe, Bartolomé, 15Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón, al que llamaban el Zelote, 16Judas hijo de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.

Jesús atiende a una multitud

 17Luego bajó con ellos y se detuvo en un llano. Había allí una gran multitud de sus discípulos y mucha gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón, 18que habían llegado para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades. Los que eran atormentados por espíritus malignos quedaban liberados; 19así que toda la gente procuraba tocarlo, porque de él salía poder que sanaba a todos.

Bienaventuranzas y ayes

 20Él entonces dirigió la mirada a sus discípulos y dijo: "Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece. 21Dichosos ustedes que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes que ahora lloran, porque luego habrán de reír. 22Dichosos ustedes cuando los odien, cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien* por causa del Hijo del hombre. 23"Alégrense en aquel día y salten de gozo, pues miren que les espera una gran recompensa en el cielo. 24"Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! 25¡Ay de ustedes los que ahora están saciados, porque pasarán hambre! ¡Ay de ustedes los que ahora ríen, porque luego se lamentarán y llorarán! 26¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! Dense cuenta de que los antepasados de esta gente trataron así a los falsos profetas.

El amor hacia los enemigos, y la regla de oro

 27"Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, 28bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan. 29Si alguien te pega en una mejilla, vuélvele también la otra. Si alguien te quita la camisa, no le impidas que se lleve también la capa. 30Dale a todo el que te pida, y si alguien se lleva lo que es tuyo, no se lo reclames. 31Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. 32"¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? Aun los pecadores lo hacen así. 33¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así. 34¿Y qué mérito tienen ustedes al dar prestado a quienes pueden corresponderles? Aun los pecadores se prestan entre sí, esperando recibir el mismo trato. 35Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados. 36Sean compasivos, así como su Padre es compasivo.

El juzgar a los demás

 37"No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les perdonará. 38Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes." 39También les contó esta parábola: "¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? 40El discípulo no está por encima de su maestro, pero todo el que haya completado su aprendizaje a lo sumo llega al nivel de su maestro. 41"¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo? 42¿Cómo puedes decirle a tu hermano: 'Hermano, déjame sacarte la astilla del ojo', cuando tú mismo no te das cuenta de la viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.

Por sus frutos los conoceréis

 43"Ningún árbol bueno da fruto malo; tampoco da buen fruto el árbol malo. 44A cada árbol se le reconoce por su propio fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas. 45El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.

Los dos cimientos

 46"¿Por qué me llaman ustedes 'Señor, Señor', y no hacen lo que les digo? 47Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica: 48Se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida. 49Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como la azotó el torrente, la casa se derrumbó, y el desastre fue terrible."

Capítulo 7

Jesús sana al siervo de un centurión

 1Cuando terminó de hablar al pueblo, Jesús entró en Capernaúm. 2Había allí un centurión, cuyo siervo, a quien él estimaba mucho, estaba enfermo, a punto de morir. 3Como oyó hablar de Jesús, el centurión mandó a unos dirigentes* de los judíos a pedirle que fuera a sanar a su siervo. 4Cuando llegaron ante Jesús, le rogaron con insistencia: --Este hombre merece que le concedas lo que te pide: 5aprecia tanto a nuestra nación, que nos ha construido una sinagoga. 6Así que Jesús fue con ellos. No estaba lejos de la casa cuando el centurión mandó unos amigos a decirle: --Señor, no te tomes tanta molestia, pues no merezco que entres bajo mi techo. 7Por eso ni siquiera me atreví a presentarme ante ti. Pero con una sola palabra que digas, quedará sano mi siervo. 8Yo mismo obedezco órdenes superiores y, además, tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: 'Ve', y va, y al otro: 'Ven', y viene. Le digo a mi siervo: 'Haz esto', y lo hace. 9Al oír esto, Jesús se asombró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, comentó: --Les digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande. 10Al regresar a casa, los enviados encontraron sano al siervo.

Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín

 11Poco después Jesús, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud, se dirigió a un pueblo llamado Naín. 12Cuando ya se acercaba a las puertas del pueblo, vio que sacaban de allí a un muerto, hijo único de madre viuda. La acompañaba un grupo grande de la población. 13Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: --No llores. 14Entonces se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron, y Jesús dijo: --Joven, ¡te ordeno que te levantes! 15El muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. 16Todos se llenaron de temor y alababan a Dios. --Ha surgido entre nosotros un gran profeta --decían--. Dios ha venido en ayuda de* su pueblo. 17Así que esta noticia acerca de Jesús se divulgó por toda Judea* y por todas las regiones vecinas.

Los mensajeros de Juan el Bautista

 18Los discípulos de Juan le contaron todo esto. Él llamó a dos de ellos 19y los envió al Señor a preguntarle: --¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro? 20Cuando se acercaron a Jesús, ellos le dijeron: --Juan el Bautista nos ha enviado a preguntarte: '¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?' 21En ese mismo momento Jesús sanó a muchos que tenían enfermedades, dolencias y espíritus malignos, y les dio la vista a muchos ciegos. 22Entonces les respondió a los enviados: --Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas. 23Dichoso el que no tropieza por causa mía. 24Cuando se fueron los enviados, Jesús comenzó a hablarle a la multitud acerca de Juan: "¿Qué salieron a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25Si no, ¿qué salieron a ver? ¿A un hombre vestido con ropa fina? Claro que no, pues los que se visten ostentosamente y llevan una vida de lujo están en los palacios reales. 26Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo, y más que profeta. 27Éste es de quien está escrito: "'Mira, voy a enviar a mi mensajero delante de ti, el cual preparará el camino.'* 28Les digo que entre los mortales no ha habido nadie más grande que Juan; sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él." 29Al oír esto, todo el pueblo, incluso los recaudadores de impuestos, reconocieron que el camino de Dios era justo, y fueron bautizados por Juan. 30Pero los fariseos y los expertos en la ley no se hicieron bautizar por Juan, rechazando así el propósito de Dios respecto a ellos.* 31"Entonces, ¿con qué puedo comparar a la gente de esta generación? ¿A quién se parecen ellos? 32Se parecen a niños sentados en la plaza que se gritan unos a otros: "'Tocamos la flauta, y ustedes no bailaron; entonamos un canto fúnebre, y ustedes no lloraron.' 33Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y ustedes dicen: 'Tiene un demonio.' 34Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y ustedes dicen: 'Éste es un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores.' 35Pero la sabiduría queda demostrada por los que la siguen."*

Jesús en el hogar de Simón el fariseo

 36Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa.* 37Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora. Cuando ella se enteró de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume. 38Llorando, se arrojó a los pies de Jesús,* de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume. 39Al ver esto, el fariseo que lo había invitado dijo para sí: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la que lo está tocando, y qué clase de mujer es: una pecadora." 40Entonces Jesús le dijo a manera de respuesta: --Simón, tengo algo que decirte. --Dime, Maestro --respondió. 41--Dos hombres le debían dinero a cierto prestamista. Uno le debía quinientas monedas de plata,* y el otro cincuenta. 42Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora bien, ¿cuál de los dos lo amará más? 43--Supongo que aquel a quien más le perdonó --contestó Simón. --Has juzgado bien --le dijo Jesús. 44Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón: --¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. 45Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. 46Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume. 47Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados.* Pero a quien poco se le perdona, poco ama. 48Entonces le dijo Jesús a ella: --Tus pecados quedan perdonados. 49Los otros invitados comenzaron a decir entre sí: "¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?" 50--Tu fe te ha salvado --le dijo Jesús a la mujer--; vete en paz.

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