La Biblia en un año - Reina Valera 1960

Un plan de lectura bíblica diaria y consejos para saber cómo leer la Biblia adecuadamente

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2016
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Al leer la Biblia cada día, permita que las Escrituras le hablen. Aquí tiene algunos consejos:

  • Antes de comenzar su lectura ore a Dios pidiéndole que él le hable por su Palabra.

  • Busque un lugar tranquilo y lea el texto con atención.

  • Hágase ciertas preguntas: ¿Por qué escribió Dios esto? ¿Qué me quiere enseñar? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida?

  • Ore al Señor pidiéndole que le dé el poder para poner en práctica lo aprendido.

Fecha seleccionada: 25/08/2016

Lamentaciones 1-3

Capítulo 1

Tristeza de Sion la cautiva

 1¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, La señora de provincias ha sido hecha tributaria. 2Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas están en sus mejillas. No tiene quien la consuele de todos sus amantes; Todos sus amigos le faltaron, se le volvieron enemigos. 3Judá ha ido en cautiverio a causa de la aflicción y de la dura servidumbre; Ella habitó entre las naciones, y no halló descanso; Todos sus perseguidores la alcanzaron entre las estrechuras. 4Las calzadas de Sion tienen luto, porque no hay quien venga a las fiestas solemnes; Todas sus puertas están asoladas, sus sacerdotes gimen, Sus vírgenes están afligidas, y ella tiene amargura. 5Sus enemigos han sido hechos príncipes, sus aborrecedores fueron prosperados, Porque Jehová la afligió por la multitud de sus rebeliones; Sus hijos fueron en cautividad delante del enemigo. 6Desapareció de la hija de Sion toda su hermosura; Sus príncipes fueron como ciervos que no hallan pasto, Y anduvieron sin fuerzas delante del perseguidor. 7Jerusalén, cuando cayó su pueblo en mano del enemigo y no hubo quien la ayudase, Se acordó de los días de su aflicción, y de sus rebeliones, Y de todas las cosas agradables que tuvo desde los tiempos antiguos. La miraron los enemigos, y se burlaron de su caída. 8Pecado cometió Jerusalén, por lo cual ella ha sido removida; Todos los que la honraban la han menospreciado, porque vieron su vergüenza; Y ella suspira, y se vuelve atrás. 9Su inmundicia está en sus faldas, y no se acordó de su fin; Por tanto, ella ha descendido sorprendentemente, y no tiene quien la consuele. Mira, oh Jehová, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido. 10Extendió su mano el enemigo a todas sus cosas preciosas; Ella ha visto entrar en su santuario a las naciones De las cuales mandaste que no entrasen en tu congregación. 11Todo su pueblo buscó su pan suspirando; Dieron por la comida todas sus cosas preciosas, para entretener la vida. Mira, oh Jehová, y ve que estoy abatida. 12¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; Porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor. 13Desde lo alto envió fuego que consume mis huesos; Ha extendido red a mis pies, me volvió atrás, Me dejó desolada, y con dolor todo el día. 14El yugo de mis rebeliones ha sido atado por su mano; Ataduras han sido echadas sobre mi cerviz; ha debilitado mis fuerzas; Me ha entregado el Señor en manos contra las cuales no podré levantarme. 15El Señor ha hollado a todos mis hombres fuertes en medio de mí; Llamó contra mí compañía para quebrantar a mis jóvenes; Como lagar ha hollado el Señor a la virgen hija de Judá. 16Por esta causa lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas, Porque se alejó de mí el consolador que dé reposo a mi alma; Mis hijos son destruidos, porque el enemigo prevaleció. 17Sion extendió sus manos; no tiene quien la consuele; Jehová dio mandamiento contra Jacob, que sus vecinos fuesen sus enemigos; Jerusalén fue objeto de abominación entre ellos. 18Jehová es justo; yo contra su palabra me rebelé. Oíd ahora, pueblos todos, y ved mi dolor; Mis vírgenes y mis jóvenes fueron llevados en cautiverio. 19Di voces a mis amantes, mas ellos me han engañado; Mis sacerdotes y mis ancianos en la ciudad perecieron, Buscando comida para sí con que entretener su vida. 20Mira, oh Jehová, estoy atribulada, mis entrañas hierven. Mi corazón se trastorna dentro de mí, porque me rebelé en gran manera. Por fuera hizo estragos la espada; por dentro señoreó la muerte. 21Oyeron que gemía, mas no hay consolador para mí; Todos mis enemigos han oído mi mal, se alegran de lo que tú hiciste. Harás venir el día que has anunciado, y serán como yo. 22Venga delante de ti toda su maldad, Y haz con ellos como hiciste conmigo por todas mis rebeliones; Porque muchos son mis suspiros, y mi corazón está adolorido.

Capítulo 2

Las tristezas de Sion vienen de Jehová

 1¡Cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sion! Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel, Y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su furor. 2Destruyó el Señor, y no perdonó; Destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob; Echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá, Humilló al reino y a sus príncipes. 3Cortó con el ardor de su ira todo el poderío de Israel; Retiró de él su diestra frente al enemigo, Y se encendió en Jacob como llama de fuego que ha devorado alrededor. 4Entesó su arco como enemigo, afirmó su mano derecha como adversario, Y destruyó cuanto era hermoso. En la tienda de la hija de Sion derramó como fuego su enojo. 5El Señor llegó a ser como enemigo, destruyó a Israel; Destruyó todos sus palacios, derribó sus fortalezas, Y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y el lamento. 6Quitó su tienda como enramada de huerto; Destruyó el lugar en donde se congregaban; Jehová ha hecho olvidar las fiestas solemnes y los días de reposo en Sion, Y en el ardor de su ira ha desechado al rey y al sacerdote. 7Desechó el Señor su altar, menospreció su santuario; Ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios; Hicieron resonar su voz en la casa de Jehová como en día de fiesta. 8Jehová determinó destruir el muro de la hija de Sion; Extendió el cordel, no retrajo su mano de la destrucción; Hizo, pues, que se lamentara el antemuro y el muro; fueron desolados juntamente. 9Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos; Su rey y sus príncipes están entre las naciones donde no hay ley; Sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová. 10Se sentaron en tierra, callaron los ancianos de la hija de Sion; Echaron polvo sobre sus cabezas, se ciñeron de cilicio; Las vírgenes de Jerusalén bajaron sus cabezas a tierra. 11Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas, Mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo, Cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad. 12Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, Derramando sus almas en el regazo de sus madres. 13¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante, hija de Jerusalén? ¿A quién te compararé para consolarte, oh virgen hija de Sion? Porque grande como el mar es tu quebrantamiento; ¿quién te sanará? 14Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; Y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio, Sino que te predicaron vanas profecías y extravíos. 15Todos los que pasaban por el camino batieron las manos sobre ti; Silbaron, y movieron despectivamente sus cabezas sobre la hija de Jerusalén, diciendo: ¿Es esta la ciudad que decían de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra? 16Todos tus enemigos abrieron contra ti su boca; Se burlaron, y crujieron los dientes; dijeron: Devorémosla; Ciertamente este es el día que esperábamos; lo hemos hallado, lo hemos visto. 17Jehová ha hecho lo que tenía determinado; Ha cumplido su palabra, la cual él había mandado desde tiempo antiguo. Destruyó, y no perdonó; Y ha hecho que el enemigo se alegre sobre ti, Y enalteció el poder de tus adversarios. 18El corazón de ellos clamaba al Señor; Oh hija de Sion, echa lágrimas cual arroyo día y noche; No descanses, ni cesen las niñas de tus ojos. 19Levántate, da voces en la noche, al comenzar las vigilias; Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; Alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos, Que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles. 20Mira, oh Jehová, y considera a quién has hecho así. ¿Han de comer las mujeres el fruto de sus entrañas, los pequeñitos a su tierno cuidado? ¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta? 21Niños y viejos yacían por tierra en las calles; Mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a espada; Mataste en el día de tu furor; degollaste, no perdonaste. 22Has convocado de todas partes mis temores, como en un día de solemnidad; Y en el día del furor de Jehová no hubo quien escapase ni quedase vivo; Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.

Capítulo 3

Esperanza de liberación por la misericordia de Dios

 1Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo. 2Me guió y me llevó en tinieblas, y no en luz; 3Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día. 4Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos; 5Edificó baluartes contra mí, y me rodeó de amargura y de trabajo. 6Me dejó en oscuridad, como los ya muertos de mucho tiempo. 7Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas; 8Aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi oración; 9Cercó mis caminos con piedra labrada, torció mis senderos. 10Fue para mí como oso que acecha, como león en escondrijos; 11Torció mis caminos, y me despedazó; me dejó desolado. 12Entesó su arco, y me puso como blanco para la saeta. 13Hizo entrar en mis entrañas las saetas de su aljaba. 14Fui escarnio a todo mi pueblo, burla de ellos todos los días; 15Me llenó de amarguras, me embriagó de ajenjos. 16Mis dientes quebró con cascajo, me cubrió de ceniza; 17Y mi alma se alejó de la paz, me olvidé del bien, 18Y dije: Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová. 19Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel; 20Lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí; 21Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. 22Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. 24Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. 25Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. 26Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová. 27Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. 28Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso; 29Ponga su boca en el polvo, por si aún hay esperanza; 30Dé la mejilla al que le hiere, y sea colmado de afrentas. 31Porque el Señor no desecha para siempre; 32Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres. 34Desmenuzar bajo los pies a todos los encarcelados de la tierra, 35Torcer el derecho del hombre delante de la presencia del Altísimo, 36Trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo aprueba. 37¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? 38¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? 39¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado. 40Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová; 41Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos; 42Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste. 43Desplegaste la ira y nos perseguiste; mataste, y no perdonaste; 44Te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra; 45Nos volviste en oprobio y abominación en medio de los pueblos. 46Todos nuestros enemigos abrieron contra nosotros su boca; 47Temor y lazo fueron para nosotros, asolamiento y quebranto; 48Ríos de aguas echan mis ojos por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. 49Mis ojos destilan y no cesan, porque no hay alivio 50Hasta que Jehová mire y vea desde los cielos; 51Mis ojos contristaron mi alma por todas las hijas de mi ciudad. 52Mis enemigos me dieron caza como a ave, sin haber por qué; 53Ataron mi vida en cisterna, pusieron piedra sobre mí; 54Aguas cubrieron mi cabeza; yo dije: Muerto soy. 55Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda; 56Oíste mi voz; no escondas tu oído al clamor de mis suspiros. 57Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas. 58Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida. 59Tú has visto, oh Jehová, mi agravio; defiende mi causa. 60Has visto toda su venganza, todos sus pensamientos contra mí. 61Has oído el oprobio de ellos, oh Jehová, todas sus maquinaciones contra mí; 62Los dichos de los que contra mí se levantaron, y su designio contra mí todo el día. 63Su sentarse y su levantarse mira; yo soy su canción. 64Dales el pago, oh Jehová, según la obra de sus manos. 65Entrégalos al endurecimiento de corazón; tu maldición caiga sobre ellos. 66Persíguelos en tu furor, y quebrántalos de debajo de los cielos, oh Jehová.

Copyright © 1960 by American Bible Society (http://www.americanbible.org)
La Biblia en un año
"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes." (Dt 6:6-7)

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