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Un programa de radio para estudiar toda la Biblia en cinco años

Noviembre 2014
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23/11/2014

Hebreos - 3:16-4:8

Hebreos 3:16 - 4:8

Continuamos en la sección de esta epístola titulada "Cristo es superior a Moisés", que se extiende desde el 3:1 al 4:2. Hemos visto aquí esta señal de peligro, el peligro de la duda. La primera advertencia de peligro se refería al peligro de deslizarnos, de deslizarnos de la Palabra de Dios (en el capítulo 2:1-4). Y el deslizarse lleva a la duda, que fue el segundo peligro expuesto desde el 3:7 - 4:2. Más adelante veremos, en la tercera advertencia, que estos son los pasos descendentes que una persona da, cuando muestra negligencia con respecto a la Palabra de Dios. Comienza por la negligencia hacia la Palabra de Dios, y luego termina por no creer en la Palabra de Dios.

En esta sección el escritor hizo recaer el énfasis sobre el reposo que es nuestro si confiamos en Cristo. Las Sagradas Escrituras presentan un descanso que podemos dividir en cinco aspectos: (1) El descanso de la creación; (2) la entrada en Canaán; (3) el reposo de la salvación; (4) el reposo de la consagración y (5) el cielo. Aquí el escritor estaba hablando sobre el reposo de confiar plenamente en Dios, no sólo para la salvación sino también para la vida diaria.

Estimado oyente, este es el "reposo" del cual estaba hablando el escritor de la carta a los Hebreos. Es el reposo de confiar plenamente en Dios, no sólo para la salvación, sino también para poder superar las incidencias de la vida diaria, los problemas, la debilidad, los temores, las dudas, y para darnos la ayuda, la sabiduría y la fortaleza que necesitamos para vivir la vida cristiana.

El pueblo de Israel vagó por el desierto porque los israelitas no tuvieron fe para entrar en la tierra prometida. Como ya hemos visto, Canaán no representaba al cielo; representa el lugar de las bendiciones espirituales y la victoria. Creemos que el apóstol Pablo estaba hablando de su propia experiencia cuando exclamó, escribiendo a los Romanos en el capítulo 7, versículo 24: "¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" Éste no fue el clamor de un individuo que no era salvo, sino el clamor de un individuo salvo que era un cristiano derrotado, que no encontraba satisfacción en Cristo porque no estaba confiando. Su problema era la falta de fe.

Bien, con estos antecedentes, comencemos leyendo el versículo 16 del capítulo 3, de esta epístola a los Hebreos, donde dice:

"¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, lo provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés?"

En la palabra "provocar" encontramos la idea de que Dios estaba muy disgustado con ellos porque habían oído pero no habían creído. Habían tenido fe como para salir de Egipto, pero eso fue todo lo que pudieron lograr. Y el versículo 17, continuó diciendo:

"¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?"

Ahora, nuevamente vemos aquí qué fue lo que causó tristeza a Dios. Fue su incredulidad. Nosotros no reconocemos, y seguramente ellos tampoco reconocieron, que dudar de la Palabra de Dios era un pecado tan grave. Y es uno de los peores pecados porque conduce a otros pecados. A aquellos israelitas que se encontraban en el desierto, la incredulidad los llevó a adorar al macho cabrío, a la inmoralidad sexual, y a una negación absoluta y a un rechazo de Dios, a medida que le volvieron la espalda, llegando incluso a desear regresar a Egipto. Decidieron que la esclavitud en Egipto era mucho mejor que vivir por la fe en la Tierra Prometida.

Desgraciadamente, hay muchos cristianos que aún viven de acuerdo con los criterios de este mundo. No saben realmente lo que es confiar en Cristo y vivir por la fe confiando en Él.

Ahora, observemos la pregunta: "¿Y con quienes estuvo él disgustado cuarenta años?" Dios estuvo disgustado con aquella multitud que salió de Egipto. Habían pecado y como resultado, murieron y sus cadáveres quedaron en el desierto. Sólo dos hombres entre aquel numeroso grupo tuvieron fe y creyeron en Dios fueron Josué y Caleb. Y fueron los únicos que llegaron a entrar en la nueva tierra. Ni siquiera Moisés llegó a la Tierra Prometida, aunque su problema no fue tanto su falta de fe, si no su desobediencia concreta cuando golpeó la roca con ira, antes de hablar a la roca como Dios le había mandado (él no tenía que haberla golpeado otra vez, porque ésta ya había sido golpeada una vez, y esa roca nos habla de Cristo). Ahora, el versículo 18, dice:

"¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron?"

Aquí no se estaba refiriendo al cielo sino al reposo de Canaán. A causa de su incredulidad no supieron lo que sería caminar por Canaán, disfrutando de los frutos de esa tierra, y experimentando satisfacción simplemente por creer en Dios. Dios dijo que no entrarían en su reposo. Y pronunció un juramento en relación con esa decisión. Dios no necesitaba hacer aquello, pero el hacerlo, quiso dejar una clara demostración de que hablaba en serio.

Nuevamente enfatizamos que estaba hablando de aquellos que no creyeron. Su adoración del macho cabrío y su inmoralidad sexual no fueron los pecados que les impidieron disfrutar de la bendición de Dios. Su pecado más grave fue el de la incredulidad. Estimado oyente, la incredulidad nos despoja de la bendición y también nos impulsa a cometer otros pecados.

Uno puede escuchar a muchos creyentes decir que son creyentes, o que por lo menos piensan que son creyentes, y dicen: "¡Pensar que yo soy creyente y pude cometer esa estupidez!" Y lo que han hecho fue realmente deshonesto, pero el caso es que están profundamente preocupados por su deshonestidad, e ignoran la raíz de la deshonestidad, que es el no haber creído en Dios; y ello no parece preocuparles. Bueno, continuemos ahora leyendo el versículo 19:

"Y vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad."

Estimado oyente, le sugerimos que subraye este versículo en su Biblia. Aquí se encuentra el motivo que nos impide disfrutar de muchas bendiciones. La incredulidad. Y así llegamos al:

Hebreos 4

En él nos encontramos con dos temas. Cristo es superior a Josué, y es también superior al sacerdocio levítico.

En los primeros dos versículos observamos una continuación de la advertencia en cuanto a dudar de Dios, que fue expuesta en el capítulo 3. Leamos el versículo 1 de este cuarto capítulo:

"Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado."

Aquí tenemos el primer imperativo de la epístola a los Hebreos: "Temamos". Pablo recomendó a los creyentes Hebreos que continuaran en una relación de comunión y compañerismo con el Señor. Él siempre los estaba desafiando. En esta carta hay muchos verbos en imperativo.

Con respecto a la expresión "temamos" diremos que no hay contradicción con otros pasajes de la Biblia. Por ejemplo, Romanos 8:15, dice: "Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor". Y en la segunda epístola a Timoteo capítulo 1, versículo 7, Pablo también escribió: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio". Hay ciertas cosas a las cuales usted y yo haríamos bien en temer. Por ejemplo, un cristiano debería preocuparse frente a su ignorancia de la Palabra de Dios.

Cuando Pablo dijo, "Temamos, pues" estaba hablando de un temor bueno y conveniente. Por ejemplo, los padres advierten a sus hijos pequeños sobre ciertos peligros, para que sientan temor con respecto a actividades peligrosas para su integridad física o seguridad. La Palabra de Dios dice en Proverbios 1:7, "El principio de la sabiduría es el temor del Señor". Ése es el tipo de temor que usted y yo deberíamos sentir.

El temor del cual el escritor estaba hablando era un temor basado en un propósito importante. El versículo 1 continúa diciendo: "no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado". El autor se disponía a hablar mucho sobre el reposo en el resto de este capítulo. La palabra "reposo" aparece ocho veces en el texto. Y hay varias y diferentes clases de reposo, incluyendo el reposo del día sábado, o el reposo de la creación, y el reposo de Canaán. Aquí en este pasaje el estaba hablando de la experiencia del reposo en Canaán. Les estaba diciendo a los creyentes, "temed, tened cuidado, no sea que alguno de vosotros no lo logre". Nos preguntamos cuántos creyentes están perdiendo hoy este reposo. ¿Ha entrado usted en este reposo? ¿Sabe usted, amigo cristiano, lo que es realmente confiar en Cristo y descansar en Él? Leamos ahora el versículo 2 de este cuarto capítulo de Hebreos:

"También a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; a ellos de nada les sirvió haber oído la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron."

Aquí tenemos ahora el "reposo" de la salvación, el reposo de confiar en Cristo como Salvador. Ellos escucharon el Evangelio pero no lo creyeron. Y ahora llegamos a un párrafo en el cual el escritor expuso que:

Cristo es superior a Josué

Moisés condujo a los israelitas fuera de la tierra de Egipto, pero no pudo introducirlos en Canaán. Josué los introdujo en la nueva tierra, pero veremos que él no les pudo proporcionar el reposo. Muchos de ellos nunca encontraron dicho reposo; nunca asumieron el control de sus posesiones en la tierra. Los valores del mundo, la naturaleza carnal con sus pasiones y el diablo les robaron muchas bendiciones que Dios tenía para ellos. Usted y yo vivimos en un mundo malvado. El sistema del mundo no es un amigo de la gracia de Dios, no es un amigo de los creyentes. Muchos creyentes aún no lo han descubierto. Continuemos leyendo el versículo 3 de este cuarto capítulo de Hebreos:

"Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira que no entrarían en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo."

El escritor estaba exponiendo aquí el reposo de la salvación, el reposo de confiar en Cristo. Ahora, estimado oyente, permítanos hacerle una pregunta. Si usted conoce a alguna persona que ha profesado ser un creyente, y de quien usted pensó que era un creyente nacido espiritualmente de nuevo, y que ha comenzado a actuar según los criterios y valores del mundo, ha interrumpido su asistencia a los servicios de la iglesia, ha dejado de contribuir para la obra del Señor, y ha dejado de participar totalmente en la actividad cristiana, ¿creería usted que tal persona ha perdido su salvación? Y si usted fuera esa persona, ¿pensaría que ha perdido su salvación? Si cree que esa forma de actuar (o de no actuar) causaría que usted pierda su salvación, permítame decirle que en su propia mente, allá en lo más recóndito de su mente, en lo más profundo de su corazón, usted no está confiando realmente en Cristo. Usted está creyendo que esas actividades están añadiendo elementos a su salvación. Pero no es así. Usted tiene que confiar en Cristo completamente. Ahora, no queremos que nos entienda mal en esto, amigo oyente. Creemos que si usted está confiando en Cristo, usted va a realizar esas actividades, pero el hacer estas cosas no tiene absolutamente nada que ver con su salvación. Estimado oyente, ¿ha entrado usted realmente en ese reposo? Ahora, el versículo 4 dice:

"Pues en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día."

Ahora, aquí está hablando del día de sábado. Dios reposó en el séptimo día, y éste era el día del reposo. Sin embargo, el día sábado en la actualidad no es un día que uno guarde en el presente. ¿Ha entrado usted hoy en el verdadero día del sábado? ¿Sabe usted lo que es confiar en Cristo y en Él solamente para su salvación? ¿O está confiando usted en algo más? ¿Es Él en quién usted ha depositado su confianza? ¿Ha entrado usted en Su reposo?

En cierta ocasión dos creyentes estaban conversando y uno de ellos, que observaba el sábado como día de reposo, le preguntó al otro: "Dime una cosa: ¿tú guardas el sábado?" Y el otro contestó que sí. Y el primero, mirándole con cierta severidad le preguntó una vez más: "¿pero en qué día?" Y entonces, el primero respondió: "Los días sábado, domingo, lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, y luego comienzo otra vez el sábado". El otro le interrumpió y le preguntó: "Bueno, ¿y qué quieres decir con eso?" "Bueno, dijo el primero, según entiendo por la epístola a los Hebreos, el día del sábado ahora, es este día de gracia en el que vivimos, y Cristo, después que murió en la cruz y regresó a la vida, fue a sentarse a la derecha del Padre. Él se sentó allí, no porque estuviera cansado, sino porque había concluido mi redención y la tuya. Así es que, ahora me dice: "descansa, reposa en Mí", Es decir, que para mí cada día, es un día sabático porque reposo en Cristo". El otro, entonces, le miró con sorpresa reflejada en su rostro y le dijo: "Bueno, eso es mucho mejor que observar solamente un día, ¿verdad?" "Por supuesto que sí" le contestó el primero. Siete días a la semana se convierten en un reposo sabático en Cristo. Bueno, veamos lo que nos dicen ahora, los versículos 5 y 6, de este capítulo 4, de la epístola a los Hebreos:

"Nuevamente dice: No entrarán en mi reposo. Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de la desobediencia"

Es la incredulidad, amigo oyente, lo que nos roba el descanso, el reposo de la salvación, y nos priva del reposo de la satisfacción y de la bendición que Dios nos puede dar. Es maravilloso el descanso, el reposo que Él quiere darnos. Aquí hemos leído: "Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él", por tanto hay un reposo para usted, amigo oyente. El versículo 7, continúa diciendo:

"Otra vez determina un día: Hoy, del cual habló David mucho tiempo después, cuando dijo: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones."

Él no estaba diciendo aquí, mañana, sino hoy, y hoy es el día para usted y para mí, amigo oyente. Hoy, ahora, inmediatamente, donde quiera que usted se encuentre, mire usted qué hora es. Pues bien, esta misma hora es el tiempo de salvación. Ahora mismo usted puede confiar en que Cristo lo salvará. Recuerde las palabras que acabamos de leer: "Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones". Y dice el versículo 8 de este cuarto capítulo de Hebreos:

"Si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día."

"Josué" es la palabra del Antiguo Testamento o palabra hebrea para "salvador". "Jesús" es la palabra Griega o del Nuevo Testamento que significa "salvador". Repetimos entonces el versículo: "Si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día". Cuando Josué era anciano y agobiado por los años, aún había mucha tierra por conquistar, el pueblo de Israel no había entrado a disfrutar de todas las bendiciones de Dios tenía reservadas para ellos. Josué no podía asegurarlas para ellos. Pero, amigo oyente, si usted confía en Cristo, Cristo puede permitirle a usted entrar en el Canaán del día presente, en el cual habrá fruto, bendición, satisfacción y alegría para su vida. Amigo oyente, ¡cuánto necesitamos esta experiencia hoy! Y, ¿qué es lo que nos impide disfrutarla? La incredulidad.

Bien, amigo oyente, vamos a detenernos aquí por hoy. Dios mediante, en nuestro próximo programa, continuaremos este estudio del capítulo 4 de la epístola a los Hebreos. Como esperamos contar con su compañía, le sugerimos que vaya leyendo el resto de este capítulo para estar más familiarizado con su contenido.


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