Estudios bíblicos

Un programa para estudiar toda la Biblia en cinco años


30/08/2015

Apocalipsis - 1:1

Apocalipsis 1

Versículo 1

Continuamos hoy, estimado amigo oyente, nuestra aproximación a un libro bastante desconocido de la Biblia, que es la Palabra de Dios. Nos referimos al último libro del Nuevo Testamento, que se llama Apocalipsis. Este nombre significa "desvelamiento", que es el origen de nuestra palabra "apocalíptico", un tipo de escrito que aparece también en los libros de otros profetas del Antiguo Testamento, como son Daniel, Ezequiel y Zacarías. En el Nuevo Testamento sólo tenemos este único libro que contiene las profecías reveladas por Dios al apóstol Juan, a quien se le atribuye la autoría de este libro. Juan el apóstol fue hijo de Zebedeo, y hermano de Jacobo.

Los padres de la Iglesia indican de manera específica la última parte del reinado de Domiciano (alrededor del año 96 D.C) como el tiempo en que Juan recibió la Revelación en la Isla de Patmos, donde se encontraba exiliado por ese mismo emperador. Justino Mártir, Ireneo, Tertuliano, Hipólito, Clemente de Alejandría y Orígenes atribuyen unánimemente el libro a Juan.

En nuestro programa anterior mencionábamos los diferentes métodos de interpretación que existen sobre este libro profético. El Dr. Broadus, un destacado expositor bíblico norteamericano, señala siete teorías; mientras que Tregelles, otro expositor bíblico, señala tres. Así es que, a través de los años ha habido mucha diferencia de opinión en cuanto a la interpretación de este libro. Mencionábamos también en nuestro anterior programa que seguiremos el sistema o método llamado "futurista", es decir, que veremos que el propósito del libro es revelar eventos que ocurrirán inmediatamente antes, durante y después de la Segunda Venida de Cristo a esta Tierra. Esto lo comprobaremos cuando estudiemos los capítulos 4 al 18, lo que significa que una mayor parte del libro ha sido dedicado a este evento que ocurrirá en un futuro. Otra característica interesante de este libro es su organización y la subdivisión de sus temas, mucho más clara que en cualquier otro libro de la Biblia.

Al leer el libro de "Los hechos de los apóstoles", y las demás epístolas del Nuevo Testamento, resulta obvio que los primeros cristianos, los primeros creyentes, vivían conscientes y con una permanente expectativa, de un pronto regreso de Jesucristo, un retorno que Él mismo anunció y que fue corroborado por los ángeles que estaban presentes en el momento de Su Ascensión a los Cielos. A través de los siglos esa actitud y ese estilo de vida de una permanente espera ha decaído, ya no está tan fresca en la memoria de la mayoría de aquellos que profesan ser "cristianos". El conocimiento de las cosas "venideras", y vivir coherentemente en la convicción del cumplimiento fiel de una promesa dada por Jesucristo no es una habitual característica del Cristianismo actual. Jesús dijo que "nadie sabe la hora ni el día, excepto el Padre", y aunque han pasado 20 siglos desde que se han pronunciado estas palabras, eso no significa que el Plan de Dios ha quedado obsoleto o invalidado.

Vamos a mencionar, para ilustrar esa expectativa, esa emoción anticipada, que vivieron y expresaron algunas personas en los primeros siglos: Clemente Primero, quien fue obispo de Roma en el año 96 D.C., dijo: "Debemos esperar cada hora el reino de Dios, aunque nosotros no sabemos el día". Policarpo, en el año 108 D. C., cuando era obispo de Esmirna, antes de ser quemado en una hoguera, dijo: "Él nos levantará de entre los muertos; reinaremos con Él". Ignacio, quien fue obispo de Antioquía y, según dice uno de los historiadores, fue el sucesor del Apóstol Pedro, él dijo: "Considerad los tiempos, y esperadle". Y Papios, en el año 116, siendo obispo de Hierápolis, de quien Ireneo dijo que había conocido personalmente a Juan, dijo: "Habrá mil años cuando el reino de Cristo será establecido personalmente en la tierra". Y Justino mártir, en el año 150 D.C., dijo: "Yo y todos los demás que eran creyentes ortodoxos en todos los puntos sabemos que habrá mil años en Jerusalén, como Isaías y Ezequiel han declarado". Luego, Ireneo dijo: "Esto puede ser sólo cumplido en el regreso personal a la tierra de nuestro Señor. Ese es el reino del cual el Señor dijo que "bebería de nuevo del vino en el reino"". Tertuliano, por su parte, en el año 200, dijo: "Nosotros confesamos verdaderamente que el reino ha sido prometido en la tierra". Y también Martín Lutero, dijo: "No pensemos que la venida de Cristo está muy lejos". Calvino, en su tercer libro del Instituto, dijo: "La Escritura uniformemente nos ordena que esperemos con expectativa el advenimiento de Jesucristo". Luego, Cannon Fossick dijo lo siguiente: "Los padres primitivos de la iglesia, Clemente, Ignacio, Justino Mártir, Ireneo, todos esperaban el pronto regreso del Señor, como el precursor necesario del reino milenario".

Gosler, por su parte, en su obra sobre la historia de la iglesia, hablando sobre esa bendita esperanza, dijo: "Su convicción sobre el regreso de Jesucristo, y la llegada de Su reino milenario fue tan fuerte, fue mencionado tan clara y prominentemente que nosotros no dudamos en considerarlo como la creencia general de aquella era". El Dr. Adolfo Harnack escribió: "Los padres primitivos, Ireneo, Hipólito, y Tertuliano, lo creían, porque era parte de la tradición de la primera iglesia. Lo mismo ocurrió a través de cuatro siglos, con estos teólogos latinos, que escaparon a la influencia de la especulación griega".

Pero más que las palabras y consideraciones de unos teólogos y estudiosos de la Biblia, lo más importante es ¿qué es lo que dice la Biblia?" Eso es lo determinante, porque es la Palabra de Dios. ¿Qué es lo que dice el Señor Jesucristo? ¿Qué es lo que dice la Palabra de Dios? Eso es lo importante, estimado amigo oyente".

Con unas pincelados queremos presentar un sencillo bosquejo que ampliaremos a medida que estudiamos el texto de Apocalipsis: todo el Plan de Dios comienza con la cruz de Cristo y Su ascensión. En el capítulo 1, veremos al Cristo glorificado. En los capítulos 2 y 3, veremos a la Iglesia. En los capítulos 4 y 5, encontramos a la Iglesia en el Cielo. Entonces, en la Tierra tiene lugar ese período llamado "la Gran Tribulación", del capítulo 6 al capítulo 18. En el capítulo 19, Cristo regresa nuevamente a la Tierra y establece Su reino, y en el capítulo 20 se habla de los 1.000 años del reinado de Cristo. Entonces se prepara el Gran Trono Blanco, el lugar ante el que serán juzgados los perdidos, los incrédulos, que han rechazado a Jesucristo, y en los capítulos 21 y 22 comienza la eternidad. Ese es a muy grandes rasgos el libro de Apocalipsis.

El apóstol Juan, el autor de estas revelaciones llamadas "Apocalipsis", como ya mencionamos, escribió este libro en la isla de Patmos, cuando Domiciano se encontraba en el trono de Roma. El profesor Stauffer hace una importante observación al respecto, dijo: "Domiciano también fue el primer emperador que ejecutó una campaña en toda regla contra Cristo, y la Iglesia respondió al ataque bajo el liderazgo del último Apóstol de Cristo, Juan, el escritor del Apocalipsis. Nerón había aniquilado a Pablo y a Pedro, pero lo hizo considerándolos como simples judíos fanáticos. Domiciano fue el primer emperador que llegó a comprender que detrás de este "movimiento de cristianos" existía alguien, una figura enigmática, que era una amenaza para la gloria del emperador. Él fue el primero en declarar la guerra a esa figura, y el primero también en perder la guerra, un anticipo de las cosas que ocurrirán más adelante.

Es muy importante tener claro el tema del libro. Para darle su debido énfasis, para reforzarlo, permítanos, estimado amigo oyente, que dirija su atención al primer versículo del capítulo 1 de este libro, el Apocalipsis, que dice:

1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, (Ap. 1:1)

Debemos mantener claro en nuestro pensamiento que este libro es la revelación de Jesucristo. En los evangelios, lo vemos a Él en los días de Su humanidad, en Su carne, pero esta condición no nos ofrece la completa y total revelación acerca de Jesucristo. Allí le vemos, en Su humillación. Ahora, aquí en el Apocalipsis, Le podemos contemplar en Gloria. Observaremos que Él está a cargo de todo lo que ocurre. Él tiene la preeminencia absoluta, y podremos ver como Jesucristo se revela a si mismo, se muestra tal como Él es, y ese es el descubrimiento de toda la realidad de nuestro Señor Jesucristo. El comentarista Snell lo expresa así: "En la Revelación, como también se le denomina el último libro profético, el Apocalipsis, el Cordero de Dios es el centro alrededor del cual se reúne todo lo demás; el fundamento sobre el cual se construye todo aquello que va a perdurar; el clavo, que todo lo sostiene; es el objeto al cual todos señalan, y el manantial del cual emanan todas las bendiciones. El Cordero es la Luz, la Gloria, la Vida, el Señor del Cielo y la Tierra, frente al cual toda profanación o mancilla debe desaparecer, y en cuya Presencia se conocerá el gozo perfecto. No podemos avanzar en el estudio de Apocalipsis sin ver al Cordero, como los letreros que marcan el camino, para recordarnos que Aquel, que por sí mismo nos limpió de nuestros pecados, ahora es exaltado hasta lo sumo, y es ante Él, ante el cual debe inclinarse toda rodilla, y toda lengua debe confesar". Hasta aquí, la declaración del comentarista Snell.

Estimad amigo oyente, a esta gran declaración nosotros sólo podemos decir: ¡Aleluya! Porque el Cordero reinará en esta Tierra. Este es el plan de Dios; ese es el propósito de Dios. Hemos reiterado que el libro de Apocalipsis no es un libro tan difícil; es un libro que se subdivide a sí mismo de una manera muy comprensible. Si usted lee los versículos 18 y 19 de este primer capítulo, observará como Juan, el autor, lo divide y en el versículo 18, tenemos al Señor Jesucristo hablando ya como el Cristo glorificado, y dice:

18 y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. (Ap. 1:18)

Observemos las cuatro grandes declaraciones que Jesucristo realiza sobre si mismo. Primero Él dice: el que vivo. Segundo: estuve muerto. Tercero: He aquí que vivo por los siglos de los siglos. Y cuarto: Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

Luego el Señor le dice a Juan que escriba, y le da Su bosquejo en el versículo 19 de este capítulo 1 de Apocalipsis, donde dice:

19 Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas. (Ap. 1:19)

Estimado amigo oyente, esto es realmente maravilloso, una división grandiosa la que Él nos presenta aquí. En realidad, no hay nada que se le pueda comparar. Primero, Jesucristo, dice: "Yo soy el que vive". Y le instruye "Escribe las cosas que has visto", esta mención es en "tiempo pasado", refiriéndose a la visión del Hijo del Hombre en el cielo, el Cristo glorificado, en el capítulo 1 de Apocalipsis. Segundo, continúa el Señor y dice: y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos. Y Jesucristo vuelve a dar instrucciones a Juan "escribe las cosas que son". Esta mención la pronuncia en "tiempo presente", refiriéndose al presente ministerio de Cristo.

Veremos, estimado amigo oyente, que el Cristo viviente está muy ocupado en los presentes tiempos. ¿Sabía usted que Él es la cabeza de la iglesia? ¿Sabe usted la razón por la cual la iglesia contemporánea se encuentra con tantos problemas? La razón es que la iglesia es como un cuerpo, que ha sido decapitado. El cuerpo ya no está en contacto con la Cabeza de la iglesia. Más adelante reflexionaremos sobre el ministerio de Cristo a la Iglesia en los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis.

Y tercero, Cristo dijo: "tengo las llaves de la muerte y del Hades. Al llegar al capítulo 5 leeremos que no se encontraba a nadie que podía abrir "el libro", sólo había Uno que era digno, el Señor Jesucristo. Comenzando con el capítulo 4 hasta el capítulo 22, tendremos los temas relacionados con el futuro. Y Cristo le volvió a decir a Juan "escribe las cosas que verás después de estas", es decir, que le dice al apóstol que debe escribir de las cosas que han de ser después de éstas. Eso es muy importante, porque la expresión "después de estas" proviene del griego "meta-tauta". ¿Después de qué cosas? ¿A qué se refiere? A las referencias relacionadas con la Iglesia, asuntos que tienen que ver con la Iglesia. Por lo tanto, comenzando con el capítulo 4, hasta el 22 el Señor Jesucristo trata con los asuntos que tendrán lugar después de que la Iglesia sea recogida de la Tierra.

Es no sólo delicado, sino también arriesgado, el relacionar eventos que están ocurriendo en el presente, en nuestros tiempos actuales, con eventos descritos como "cosas" que ocurrirán en el futuro, descritas en este libro profético. A veces se escuchan interpretaciones extravagantes que supuestamente se basan en el Apocalipsis. En nuestro estudio seguiremos sencillamente lo que Juan nos ha relatado. El libro está perfectamente organizado, ya hemos hablado del esquema, del bosquejo de Apocalipsis. " Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas" ? "meta-tauta" ? el "después de éstas". Juan nos informará cuando él llegue a "meta-tauta". Este "después" comenzará en el capítulo 4, las cosas que han de ser después de estas. Es muy clara la exposición, y comprenderemos sin lugar a dudas que se está hablando de "las cosas", los eventos futuros.

Debemos recordar que, a través de las páginas de Apocalipsis, se enfatiza el Señorío de Jesucristo, Su posición relevante en el Plan y el esquema del Padre, de Dios Todopoderoso. No hay nadie, ni nada, que le haga sombra, nadie puede ser comparado con su autoridad y poder. Él es el Cristo glorificado, sólo Él es la figura relevante, el personaje más importante. Nadie se puede comparar, y nadie le discutirá su cargo y posición. El único mencionado es Él, el Cordero de Dios, que con Su sacrificio en la cruz, murió por nuestros pecados, para que pudiéramos ser perdonados, limpios, lavados por su sangre que generosamente, amorosamente, vertió en la cruz. Tengamos mucho cuidado en que nada ni nadie le reste la relevancia, y el brillo que Dios mismo le ha otorgado. ¡Sólo Él es nuestro Salvador, sólo Él es quien puede perdonarnos nuestros pecados, nuestras rebeliones, nuestra indiferencia y desprecio! Sólo Él fue capaz de volver a unirnos, con sus brazos extendidos en la cruz, con Dios, el Creador, el Padre Celestial que quiere abrazar a todas sus criaturas.

Hemos presentado, a modo de resumen, la misma división que se le dio a Juan. El capítulo 1 nos presenta a la "persona" de Jesucristo, Cristo en la Gloria. Después, en los capítulos 2 y 3, tenemos la "posesión" de Jesucristo, es decir, lo que le pertenece, que es Su Iglesia. Es Suya, es propiedad suya, es Su Iglesia, la que Él amó, y por la cual Él se entregó. Esto lo estudiaremos en los capítulos 2 y 3.

Luego tenemos, el "programa" de Jesucristo, el desarrollo del mismo visto en el cielo, que abarca los capítulos 4 al 22, y trata de la consumación de todas las cosas sobre esta Tierra. Esto es lo que hace de este libro de Apocalipsis, un libro tan glorioso, tan extraordinario.

Bien, amigo oyente, apenas hemos mencionado el versículo 1 pero comenzaremos con el mismo nuestro próximo programa. Tenemos por delante una serie de programas muy especiales. Nuestro tema será todo el libro de Apocalipsis, y anticipamos que serán momentos de mucha alegría, de profundo asombro, pero también de sincera reflexión acerca del estado actual, no sólo de nuestra sociedad, de nuestro hermoso pero enfermo planeta, sino que nos veremos confrontados con nosotros mismos, con nuestro estilo de vida, con nuestra escala de valores, de qué y quién es importante, vital, en nuestra vida. Y será la Biblia, la Palabra del Dios viviente, del Creador Todopoderoso, la que nos hablará directamente a nuestro corazón. Y para todo ello pedimos constantemente la fiel ayuda del Espíritu de Dios, el Santo Espíritu, para que nos alumbre, nos guíe, nos descubra los pensamientos y los deseos de nuestro Padre Celestial.

¿Qué clase de cristianos, de cristianas, somos? ¿Qué y cómo creemos, o a qué aspiramos llegar a ser? ¿Cristianos, comprometidos con Dios y con el prójimo? ¿Cristianos, que tengan suficiente valor y honor para levantarse y decirle a este mundo egoísta, injusto, donde el hambre y la guerra no parecen tener fin, que HAY ESPERANZA, no en los muchos proyectos utópicos, sino en VOLVER a Dios, por medio de Aquel que dijo "YO SOY el Camino, la Verdad, y la Vida, nadie viene al Padre SINO POR MÍ"?

¿Aceptará usted, estimado oyente, la oferta, el regalo de Dios? Con esta pregunta nos despedimos hasta el próximo programa. Cordialmente le sugerimos leer todo el capítulo 1 de este fascinante y profundo libro de Apocalipsis, para una mayor comprensión del texto bíblico.

Nuestra oración le acompaña, porque pedimos a Dios que Sus Palabras, las palabras de las Sagradas Escrituras, le acompañen y que hallen eco en su espíritu y alma.


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