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05/05/2016

Levítico - 26:1-46

Levítico 26

Tema: Las condiciones para que Israel ocupase y disfrutase de la tierra (Una historia profética).

Este es un gran capítulo. Es una historia profética que abarca la posesión total de la tierra prometida hasta la hora actual y presenta las condiciones para una futura ocupación de la tierra.

Esta sección está en una relación peculiar con el resto del libro de Levítico. No hay aquí grandes lecciones espirituales, pero ésta es una palabra directa del Señor a los israelitas sobre su futuro. Es como una historia escrita previamente y revela las bases sobre las cuales Israel entró en la tierra de Canaán y su ocupación de la misma.

La conjunción condicional si ocurre 9 veces en este capítulo y tiene que ver con las condiciones bajo las cuales los israelitas ocuparían la tierra. Dios dijo en 24 ocasiones que El actuaría o reaccionaría de acuerdo con la respuesta de ellos a las condiciones. Dios les daría la tierra, pero su ocupación estaría determinada por la respuesta de los israelitas a las citadas condiciones. La obediencia era un buen fundamento para que recibiesen las bendiciones en la tierra. Este capítulo no solo constituía el calendario de su historia, sino que servía como el barómetro de sus bendiciones. Su presencia en el país, las lluvias y las cosechas abundantes indicarían la ayuda de Dios. Su ausencia de la tierra, el hambre y la sequía denotarían el juicio de Dios por su desobediencia.

Tú y yo hemos sido bendecidos con todas las bendiciones espirituales del cielo por Jesucristo. Sin embargo, también existen algunas condiciones conectadas con la recepción de esas bendiciones. Dios te ama y quiere derramar sobre ti Sus bendiciones. Pero tú puedes interponer el paraguas de la indiferencia, del pecado, y de tu alejamiento de la voluntad de Dios. Deberás cerrar tu paraguas para experimentar Sus bendiciones espirituales.

Vamos a ver, de este capítulo 26, un breve

Bosquejo

1. Prólogo a la Carta Magna de la tierra, vv. 1 y 2.

2. Promesa de bendición, vv. 3-13.

3. Pronunciamiento de Juicio, vv. 14-39.

4. Predicción fundada en la Promesa a los patriarcas, vv. 40-46.

Leamos los versículos 1 y 2, que nos inician al

Prólogo a la carta magna de la tierra

"No os haréis ídolos, ni os levantaréis imagen tallada ni pilares sagrados, ni pondréis en vuestra tierra piedra grabada para inclinaros ante ella; porque yo soy el Señor vuestro Dios. Guardaréis mis días de reposo, y tendréis en reverencia mi santuario; yo soy el Señor."

Estos 2 versículos resumen la primera parte de los Diez Mandamientos, y tratan sobre la relación del ser humano con Dios. Eran esenciales para mantener la residencia en la tierra. Los israelitas tenían que acatar esos mandatos si iban a ocupar la tierra. Esa tierra les sería entregada, pero su disfrute y ocupación dependían de su obediencia a Dios. Estas eran las condiciones:

1. No podrían hacerse ídolos.

La palabra hebrea para ídolo es elilim, y significa una "nada". Cualquier cosa que ocupa el lugar de Dios es una nada.

La palabra usada para imágenes talladas, se refiere a una imagen tallada de madera. Y la palabra para la imagen de piedra, significa ídolos de piedra esculpida. La gente no debía adorar a una imagen. Esta es una repetición de lo que se había comunicado al pueblo en Levítico 19:30.

2. Debían guardar el Sábado, o Día del Reposo.

3. Debían respetar el santuario.

El Sábado, el Santuario y el asunto de la adoración a Dios, integraban un conjunto indivisible. El conocimiento del carácter del Señor era la base para obedecer estos mandamientos.

Continuemos leyendo los versículos 3 al 6, que nos hablan sobre la

Promesa de bendición

"Si andáis en mis estatutos y guardáis mis mandamientos para practicarlos, yo os daré lluvias en su tiempo, de manera que la tierra dará sus productos, y los árboles del campo darán su fruto. Ciertamente, vuestro trigo os durará hasta la vendimia, y las uvas hasta el tiempo de la siembra. Comeréis, pues, vuestro pan hasta que os saciéis y habitaréis seguros en vuestra tierra. Daré también paz en la tierra, para que durmáis sin que nadie os atemorice. Asimismo eliminaré bestias dañinas de vuestra tierra, y no pasará espada de guerra por vuestra tierra."

Observemos que el párrafo comienza con la conjunción si. Si ellos viviesen en la manera prescrita, entonces Dios les prometía estas bendiciones. Su ocupación de la tierra estaba supeditada a la obediencia a la voluntad de Dios que les había sido revelada. Dios reconocía su voluntad libre para decidir. Y si le obedecían, Dios les bendeciría.

Parece que en aquella tierra la evidencia principal de la bendición de Dios en respuesta a su obediencia, eran las lluvias. Encontramos esta realidad repetida en el Deuteronomio y en los profetas. Dijo el profeta Ezequiel 34:26, 27, Yo pondré a mis ovejas alrededor de mi monte santo y las bendeciré; les enviaré lluvias de bendición en el tiempo oportuno.  Los árboles del campo darán su fruto, la tierra dará sus cosechas y ellas vivirán tranquilas en su propia tierra. Cuando yo libere a mi pueblo de quienes lo han esclavizado, entonces reconocerán que yo soy el Señor.

Los profetas esperaban y anhelaban la llegada del día en que estas promesas se cumpliesen en Israel. Ese día aun no ha llegado. Dijo el profeta Amós en 9:13, He aquí, vienen días, declara el Señor, cuando el arador alcanzará al segador, y el que pisa la uva al que siembra la semilla; cuando destilarán vino dulce los montes, y todas las colinas se derretirán. Y el profeta Joel 2:23, 24, declaró lo siguiente:  ¡Alegraos, habitantes de Sión, alegraos en el Señor vuestro Dios! Él os ha dado las lluvias en el momento oportuno, las lluvias de invierno y de primavera, tal como antes lo hacía. Habrá una buena cosecha de trigo y gran abundancia de vino y aceite.

La promesa de Dios para ellos era la ocupación de la tierra, lluvias, fertilidad y paz. Resulta interesante ver que aquella pequeña nación no puede hoy tener paz. Es inútil que les señalemos con el dedo, porque el resto de la humanidad tampoco puede encontrar la paz. Está todo resuelto en una pequeña palabra, la conjunción si. Dios ha prometido bendecir si ciertas cosas se hacen. Añade los versículos 7 y 8:

"Y vosotros perseguiréis a vuestros enemigos y caerán a espada delante de vosotros; cinco de vosotros perseguirán a cien, y cien de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a espada delante de vosotros."

La victoria sobre sus enemigos será una parte de su bendición. Como sabemos, esto se cumplió literalmente muchas veces. Cuando ellos volvieron a Dios, Dios levantó a Samuel, a David, a Débora, a Gedeón y a Elías. Todos estos personajes fueron llamados porque Dios estaba cumpliendo su promesa. Y ellos se alzarían victoriosos sobre sus enemigos como parte de la bendición recibida. Dijo el libro de Josué 23:10, en su discurso de despedida: Un solo hombre de vosotros hace huir a mil, porque el Señor vuestro Dios es quien pelea por vosotros, tal como El os ha prometido.

Leamos también los versículos 9 y 10:

"Me volveré hacia vosotros y os haré fecundos y os multiplicaré y confirmaré mi pacto con vosotros. Y comeréis las provisiones almacenadas en años anteriores, y hasta tendréis que desalojarlo para almacenar el trigo nuevo."

Una explosión demográfica en Israel sería una parte de la bendición. Para el mundo actual, nunca sería considerada una bendición. Pero en aquel tiempo, el incremento de la población no presentaría el problema de la escasez de alimentos porque éstos se multiplicarían tanto que tendrían que remover las provisiones almacenadas para disponer de lugar para guardar las nuevas.

Leamos seguidamente el versículo 11:

"Además, haré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os rechazará."

Espero que nadie me diga que Dios no aborrece el pecado. Por supuesto que lo hace. El no aceptará compromisos con él en tu vida o en la mía. Pero la tienda de reunión en medio de los israelitas era una señal evidente de bendición. La presencia misma de Dios es la gran esperanza del futuro que será cumplida finalmente en la tierra eterna. Dijo Apocalipsis 21:3, Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo, la morada de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos.

Leamos a continuación el versículo 12:

"Andaré entre vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo."

Dios prometió tener comunión y compañerismo con aquellos que le obedeciesen. Es lo mismo que hoy también nos dice. Como escribió 1 Juan 1:7, si andamos en la luz, como El está en la luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado. Es evidente que Dios quiere tener esa relación de compañerismo con nosotros, San Pablo, en 2 Corintios 6:16, nos advirtió: ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: Habitaré en ellos, y andaré entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo."

Leamos el versículo 13:

"Yo soy el Señor vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto para que no fuerais esclavos de ellos; rompí las varas de vuestro yugo y os hice andar con la frente alta."

La futura promesa de bendición se apoya en la historia del pasado cuando Dios les liberó de Egipto. Es como si les hubiera dicho: He hecho esto por vosotros en el pasado; ¿no sabéis que lo haré en el futuro? Hoy nos lo dice también a nosotros, en las palabras de San Pablo a los Filipenses 1:6. estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. Puedes tener la confianza de que si El te ha hecho llegar hasta este momento, va a guiarte hasta el mismo día en que Jesucristo regrese.

Leamos ahora los versículos 14 y 15, que exponen

El pronunciamiento de juicio

"Pero si no me obedecéis y no ponéis en práctica todos estos mandamientos, si rechazáis mis estatutos y menospreciáis mis ordenanzas para no cumplir todos mis mandamientos, quebrantando así mi pacto"

Escuchemos a las advertencias sobre el quebrantar el pacto: negarse a escuchar, a obedecer y despreciar los estatutos, lo cual traería juicio sobre el pueblo y la tierra. Leamos loe versículos 16 y 17:

"yo, por mi parte, os haré esto: Pondré sobre vosotros terror súbito, epidemia mortal y fiebre, enfermedades de los ojos y decaimiento del cuerpo. En vano sembraréis vuestra semilla, pues vuestros enemigos la comerán. Yo me pondré en contra vuestra, para que seáis derrotados delante de vuestros enemigos; los que os aborrecen os dominarán y huiréis sin que nadie os persiga."

Este fue un juicio de primer grado. Estas desgracias sucedieron con frecuencia en su sórdida historia. En Jueces 2:14, 3:8 y 4:2, leemos que el furor del Señor se encendió contra Israel y les entregó en manos de ladrones que les despojaron.

Los profetas, con sus mensajes, les llamaron la atención al hecho de que habían quebrantado el pacto que Dios había hecho con ellos. Dijo Jeremías 5.17, Se comerán tus cosechas, tu pan . . . y Miqueas 6:15 añadió: Sembrarás, pero no cosecharás; molerás aceitunas, pero no aprovecharás el aceite; pisarás uvas, pero no beberás el vino.

Leamos ahora los versículos 18 al 20:

"Y si aun con todas estas cosas no me obedecéis, entonces os castigaré siete veces más por vuestros pecados. También quebrantaré el orgullo de vuestro poderío, y haré que el cielo os niegue su lluvia y la tierra sus frutos. Y vuestras fuerzas se consumirán en vano, porque vuestra tierra no dará su producto y los árboles de la tierra no darán su fruto."

Este fue un segundo grado de juicio. Si persistían en su obstinación y desobediencia, Dios les juzgaría. El juzgar 7 veces indica aquí un juicio completo y absoluto. Leamos los versículos 21 y 22:

"Y si procedéis con hostilidad contra mí y no queréis obedecerme, aumentaré la plaga sobre vosotros siete veces conforme a vuestros pecados. Soltaré entre vosotros las fieras del campo que os privarán de vuestros hijos, destruirán vuestro ganado y os reducirán en número de manera que vuestros caminos queden desiertos."

Este era un tercer grado de juicio. Todo esto vino sobre ellos, como puede leerse en Jueces. Era como si el ser humano hubiese perdido el dominio sobre la naturaleza. Leamos los versículos 23-26:

"Y si con estas cosas no os enmendáis ante mí, sino que procedéis con hostilidad contra mí, entonces yo procederé con hostilidad contra vosotros; y yo mismo os castigaré aun siete veces más por vuestros pecados. Y traeré sobre vosotros una espada que ejecutará venganza a causa del pacto; y cuando os refugiéis en vuestras ciudades, enviaré enfermedades entre vosotros, para que seáis entregados en manos del enemigo. Cuando yo os quite el sustento del pan, diez mujeres cocerán vuestro pan en un horno, y os darán vuestro pan en cantidades racionadas, de modo que comeréis y no os saciaréis."

Este fue un cuarto grado de juicio. Observemos la repetición del número 7, que enfatiza el carácter completo del castigo. Todo ese proceso culminaría con la cautividad. Ezequiel 5.12, les advirtió que una tercera parte moriría de peste y hambre, otra tercera parte caería asesinada por los enemigos, y la otra tercera parte sería dispersada. Los profetas Isaías, Jeremías y Ezequiel les advirtieron sobre el hambre que vendría. Y así sucedió. Continuemos leyendo los versículos 27 al 33:

"Si a pesar de todo esto no me obedecéis, sino que procedéis con hostilidad contra mí, entonces yo procederé con hostilidad airada contra vosotros, y yo mismo os castigaré siete veces por vuestros pecados. Comeréis la carne de vuestros hijos, y la carne de vuestras hijas comeréis. Y destruiré vuestros santuarios paganos, derribaré vuestros altares de incienso y amontonaré vuestros cadáveres sobre los cadáveres de vuestros ídolos, pues mi alma os despreciará. También dejaré en ruinas vuestras ciudades, desolaré vuestros santuarios y no oleré vuestros suaves aromas. Asolaré la tierra de modo que vuestros enemigos que se establezcan en ella queden asombrados. A vosotros, sin embargo, os esparciré entre las naciones y desenvainaré la espada en pos de vosotros, y vuestra tierra será asolada y vuestras ciudades quedarán en ruinas."

Esto fue un quinto grado de juicio y podrá parecer una predicción terriblemente dura y extrema, pero así sucedió, como resultado de la guerra y el sitio de las ciudades. Se cumplió con el sitio de Samaria (2 Reyes 6:28-29) y otra vez en el sitio a Jerusalén por parte de los Babilonios, bajo el rey Nabucodonosor (Lamentaciones 2:20 y 4:10) y una vez más cuando Tito de Roma atacó Jerusalén en el año 70. El versículo 33 es una imagen real de esa tierra, tal como permaneció por 1.900 años. Dios cumple lo que dice que va a hacer. Dicen los versículos 34 y 35;

"Entonces la tierra gozará de sus días de reposo durante todos los días de su desolación, mientras que habitéis en la tierra de vuestros enemigos; entonces descansará la tierra y gozará de sus días de reposo. Durante todos los días de su desolación la tierra guardará el descanso que no tuvo en vuestros días de reposo mientras habitabais en ella."

Aquí tenemos el motivo por el que fueron llevados cautivos a Babilonia. Durante 490 años Israel había fallado en dar a la tierra sus períodos de reposo. O sea que la tierra perdió 70 años Sabáticos. Pero si los israelitas no le daban a la tierra sus años de reposo, Dios lo haría. Así que les quitó fuera de la tierra por 70 años. Por esa razón, la cautividad Babilónica duró 70 años (2 Crónicas 36:21). Leamos ahora los versículos 36 al 39:

"En cuanto a los que queden de vosotros, infundiré cobardía en sus corazones en la tierra de sus enemigos; y el sonido de una hoja que se mueva los ahuyentará, y aun cuando nadie los persiga, huirán como quien huye de la espada, y caerán. Tropezarán unos con otros como si huyeran de la espada aunque nadie los persiga; no tendréis fuerza para hacer frente a vuestros enemigos. Y seréis destruidos entre las naciones y acabará con vosotros el país de vuestros enemigos. Así que los que sobrevivan de vosotros morirán a causa de su maldad en la tierra de vuestros enemigos; también a causa de las maldades de sus antepasados morirán juntamente con ellos."

Este es un preciso retrato profético de los judíos desde los días de la cautividad Babilónica, ya que han sido esparcidos entre las naciones. Ola tras ola de antisemitismo han pasado sobre ellos para destruirles. Podemos ver que el libro de Levítico está al día con la historia y las noticias de actualidad. Leamos ahora los versículos 40 al 42, que tratan sobre la

Predicción fundada en la promesa a los patriarcas

"Si confiesan su maldad y la maldad de sus antepasados, por las infidelidades que cometieron contra mí, y también porque procedieron con hostilidad contra mí (yo también procedía con hostilidad contra ellos para llevarlos a la tierra de sus enemigos), o si su corazón pagano se humilla, y reconocen sus maldades, entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, me acordaré también de mi pacto con Isaac y de mi pacto con Abraham, y me acordaré de la tierra."

Aquí vemos que, a pesar de toda su pasada maldad, Dios dijo que no les destruiría debido a su pacto con Abraham y los otros patriarcas. En Éxodo leímos que cuando los israelitas eran esclavos en Egipto, Dios escuchó el clamor de su sufrimiento, recordó su pacto y les liberó conduciéndoles fuera del país (Éxodo 9:24, 25).

Dios les dijo que podrían permanecer en la tierra si le obedecían; si no, debían abandonarla. Pero si se arrepintiesen y volviesen a Dios estando en el exilio, El les traería de regreso a su tierra. Así, encontramos que Daniel se dirigió a Dios en oración cuando se encontraba en Babilonia, pensando en Jerusalén, y confesó sus pecados y los de su pueblo. Dios le escuchó y le envió un mensajero para decirle que ellos volverían a su tierra. Y así efectivamente sucedió.

Dios aun tiene un propósito para esa nación que los juicios del pasado no pueden anular. En relación con esto, pueden leerse pasajes como Romanos 11:1-25 y Jeremías 31:31-34. Leamos los versículos 43 y 44:

"Porque la tierra será abandonada por ellos, y gozará de sus días de reposo mientras quede deshabitada con su ausencia. Entretanto, ellos pagarán su maldad, porque despreciaron mis ordenanzas y su alma aborreció mis estatutos. Sin embargo, a pesar de esto, cuando estén en la tierra de sus enemigos no los desecharé ni los aborreceré tanto como para destruirlos, quebrantando mi pacto con ellos, porque yo soy el Señor su Dios,"

Este es un pasaje notable. ¿Podemos decir que Dios ha concluido sus tratos con los israelitas después estas palabras? Si crees que Dios habló en serio, pensarás que no, que no ha terminado. Finalmente, leamos los versículos 45 y 46:

"sino que por ellos me acordaré del pacto con sus antepasados, que yo saqué de la tierra de Egipto a la vista de las naciones, para ser su Dios. Yo soy el Señor. Estos son los estatutos, ordenanzas y leyes que el Señor estableció entre El y los hijos de Israel por medio de Moisés en el monte Sinaí."

Ellos trajeron juicio sobre Palestina, tal como Adán trajo juicio sobre toda la tierra a causa de su pecado y rebelión. Pero aquí vemos que Dios tiene siempre presente el pacto y es fiel a sus promesas.

Hemos llegado al final de la exposición de estas leyes dadas a Moisés en el monte Sinaí. Aunque fue un mediador, Moisés no podía traer a aquel pueblo bendiciones eternas. Por ello, el mundo debe dirigirse hacia otro. Y el Evangelista Juan 1:17, nos da la respuesta:  Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor y la verdad se han hecho realidad por medio de Jesucristo.


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