Estudios bíblicos

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29/08/2016

Deuteronomio - 31:1-32:6

Deuteronomio 31:1-32:6

Continuamos hoy nuestro estudio en el libro de Deuteronomio. Y llegamos a

Deuteronomio 31

En este capítulo encontramos los últimos consejos de Moisés. Hemos llegado ahora, a la última sección del libro de Deuteronomio. Es una canción de Moisés y se extiende desde el capítulo 31 hasta el capítulo 34. Esta última sección de Deuteronomio comienza con el quinto discurso de Moisés que se encuentra en este libro, y que él presentó ante los hijos de Israel.

Llegamos al final de la vida de Moisés. Todo lo que hemos estudiado hasta aquí del Antiguo Testamento, ha sido escrito por Moisés. Y gran parte de este material ha tratado acerca de Moisés mismo. Él fue una persona clave desde el tiempo que salieron los israelitas de la tierra de Egipto. Fue el líder de Israel durante cuarenta años. Nos ha dejado un registro de los ciento veinte años de su vida. Y entonces vemos que se preparaba para morir. Leamos pues los primeros dos versículos de este capítulo 31 de Deuteronomio, que comienzan un párrafo que podríamos titular,

Los últimos consejos de Moisés

"Fue Moisés y habló estas palabras a todo Israel, y les dijo: Este día soy de edad de ciento veinte años; no puedo más salir ni entrar; además de esto Jehová me ha dicho: No pasarás este Jordán."

Hay dos declaraciones aquí en cuanto a Moisés. La primera, se refería a que estaba envejeciendo.

La segunda declaración fue que Dios le había dicho claramente a Moisés que él no pasaría el Jordán. Esto fue a causa de su desobediencia, cuando golpeó la peña en lugar de hablarle. Dios manifestó claramente que un nuevo líder llevaría a los israelitas a través del Jordán hacia la tierra prometida, y Moisés ya no sería el líder. Continuemos leyendo el versículo 3:

"Jehová tu Dios, él pasa delante de ti; él destruirá a estas naciones delante de ti, y las heredarás; Josué será el que pasará delante de ti, como Jehová ha dicho."

Moisés no escogió a Josué. Fue Dios quien lo escogió para suceder a Moisés. Dudamos que Moisés hubiera escogido a Josué, si hubiera tenido la oportunidad de elegir. En realidad, Caleb parecía causar mejor impresión que Josué como líder, y habría sido más natural que él fuera el nuevo líder. O, después de todo, Moisés era humano y, ¿no estaría acaso más dispuesto Moisés a escoger a uno de sus propios hijos para sucederle? Así lo hicieron los Faraones en Egipto, y habría resultado natural que Moisés hiciera lo mismo. Pero, no. Dios escogió a Josué para conducir a los israelitas en el cruce del río Jordán. Moisés, pues, ya no era indispensable.

¡Qué gran lección es ésta para nosotros! Nos enseña que ninguno de nosotros es indispensable para el programa de Dios. Dios usa a cada persona en su propio tiempo, pero cuando se termina el tiempo o período de trabajo de esa persona, la obra de Dios siempre sigue adelante. Cuando la hora llega para partir de este mundo, Dios levanta a otro. Eso es lo que sucedió en este episodio del cual leímos. Leamos ahora el versículo 6 de este capítulo 31 de Deuteronomio...

"Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará."

Moisés animó al la gente para que no temieran a los pueblos enemigos que estaban en esa tierra. Observemos que animó repetidas veces a esta generación mandándoles que entrasen en la tierra. Él había pasado por la experiencia de Cades-barnea. Había visto volver al desierto a la vieja generación temerosa. Por eso, Moisés estimuló una y otra vez a esta nueva generación para que continuase su viaje, asegurándoles que Dios les guiaría a esta tierra. Ahora el versículo 7 de este capítulo 31 de Deuteronomio dice:

"Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar."

Esto fue bueno. Así fue como debía ser. Moisés animó a Josué en presencia de todo el pueblo. Al animar a Josué, también estaba animando al pueblo. Continuemos con el versículo 8:

"Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides."

Ésta fue la misma lección que tuvo que aprender Isaías. El capítulo 6 de la profecía de Isaías, comienza de la manera siguiente: "En el año en que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime". ¡Pobre Isaías! Uzías había sido un rey bueno. Pero ahora estaba muerto, y por eso Isaías creía que las cosas iban a andar mal. Otro rey se levantaría y la nación se arruinaría, por decirlo así. Pero, ¿qué halló Isaías cuando entró en el templo? Se dio cuenta de que Dios todavía estaba sentado sobre el trono. El verdadero Rey de Israel y de Judá todavía estaba sentado sobre el trono. Él no estaba muerto, ni siquiera estaba enfermo. E Isaías tuvo que aprender que aunque el rey Uzías había muerto, Dios estaba con vida todavía y aún estaba guiando a Su pueblo. Leamos ahora el versículo 9:

"Y escribió Moisés esta ley, y la dio a los sacerdotes hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto de Jehová, y a todos los ancianos de Israel."

Usted recordará que el libro de Deuteronomio es la colección de los discursos de Moisés. Hay ocho discursos en total. Primero fueron pronunciados, y luego fueron escritos. Pero Moisés fue el autor de esta ley.

Éste ha sido el más reñido de los ataques lanzado contra la Biblia. La hipótesis es que Deuteronomio fue escrito más tarde por un sacerdote, y que Moisés no lo escribió. En un principio los críticos declararon que la escritura no existía en el tiempo de Moisés. Pero la arqueología ha descubierto que la escritura existía mucho antes de Moisés. También se llegó a decir que el Pentateuco era meramente un documento histórico, compilado poco antes del año 400 A.C. Estas y otras teorías críticas han surgido porque las predicciones que se habían hecho sobre la decadencia que Israel experimentaría después de su entrada en la tierra prometida fueron tan exactas, que los no creyentes han preferido creer que el Deuteronomio se había escrito como historia, antes que como profecía.

Aun en este tiempo cuando los israelitas estaban listos para entrar en la tierra prometida, uno creería que Dios no los llevaría a esa tierra, si existía la probabilidad de que fallaran. Sin embargo, Dios le dijo a Moisés aquí exactamente lo que ocurriría. Cuando entraran en la tierra, volverían las espaldas a Dios. Dios conoce la naturaleza humana. Él conoce su persona y la mía, estimado oyente. Él sabe que nosotros nos apartaríamos de Él si no fuera porque Él nos mantiene cerca de Él.

Pasemos ahora al versículo 14 y leamos hasta el versículo 17, y veamos cómo el Señor habló con Moisés:

"Y Jehová dijo a Moisés: He aquí se ha acercado el día de tu muerte; llama a Josué, y esperad en el tabernáculo de reunión para que yo le dé el cargo. Fueron, pues, Moisés y Josué, y esperaron en el tabernáculo de reunión. Y se apareció Jehová en el tabernáculo, en la columna de nube; y la columna de nube se puso sobre la puerta del tabernáculo. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, tú vas a dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va para estar en medio de ella; y me dejará, e invalidará mi pacto que he concertado con él; y se encenderá mi furor contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y vendrán sobre ellos muchos males y angustias, y dirán en aquel día: ¿No me han venido estos males porque no está mi Dios en medio de mí?"

Ahora, sabemos que hay quienes creen que en la actualidad, somos diferentes. Señalan con el dedo a aquel pueblo, y creen que nosotros no nos hubiéramos apartado de Dios. Estimado oyente, permítanos decirle que el Señor Jesús dijo lo mismo sobre la iglesia en el evangelio según San Lucas, capítulo 18, versículo 8. Dijo el Señor Jesús: "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" La manera en que la pregunta fue formulada en el idioma Griego, implica una respuesta negativa. Y la respuesta es que no, que no hallará fe. Aquí en el Nuevo Testamento se predice la apostasía de la Iglesia, así como Dios predijo la apostasía de Israel en el Antiguo Testamento.

Hoy en día, usted y yo vivimos en tiempos de apostasía. Cristianos que en el pasado predicaban ni más ni menos que la Palabra de Dios han abandonado el énfasis en la Palabra de Dios y se han apartado de la fe. Hemos visto a personas que han parecido firmes en la fe, abandonar las enseñanzas de la Palabra de Dios. ¡Y no crea que a usted no le puede ocurrir lo mismo estimado oyente! Es por eso que oramos a Dios que nos mantenga cerca a Él. Pasemos ahora al versículo 19 y leamos hasta el versículo 21 de este capítulo 31 de Deuteronomio:

"Ahora pues, escribíos este cántico, y enséñalo a los hijos de Israel; ponlo en boca de ellos, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel. Porque yo les introduciré en la tierra que juré a sus padres, la cual fluye leche y miel; y comerán y se saciarán, y engordarán; y se volverán a dioses ajenos y les servirán, y me enojarán, e invalidarán mi pacto. Y cuando les vinieren muchos males y angustias, entonces este cántico responderá en su cara como testigo, pues será recordado por la boca de sus descendientes; porque yo conozco lo que se proponen de antemano, antes que los introduzca en la tierra que juré darles."

La música es un elemento muy importante. La música influye mucho en todos nosotros. La música dice algo, y tiene que comunicar un mensaje que acerque a las personas al Señor.

Ahora, la canción de Moisés propiamente dicha, lo encontramos en el capítulo siguiente, el capítulo 32 de Deuteronomio: Pasemos ahora al versículo 24 en este capítulo 31 que estamos considerando y leamos hasta el versículo 26:

"Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta concluirse, dio órdenes Moisés a los levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti."

Ahora, este libro, no era un libro así como los que tenemos hoy en día. Era más bien, un rollo o bien pudo haber sido una tabla de arcilla. Sin embargo, en los tiempos de Moisés tenían rollos y esta ley probablemente fue escrita en un rollo.

Recordemos que nos encontramos en la sección que hemos titulado "la canción de Moisés". Él estaba llegando a su informe final a la nación. Llamó a las tribus para que se reuniesen con el, así como el anciano Jacob, poco antes de morir, había reunido a sus doce hijos a su alrededor. Los doce hijos se habían convertido en ese entonces en las doce tribus, y formaban una gran nación. Y así fue como Moisés les convocó. Leamos pues los versículos finales de este capítulo 31 de Deuteronomio, los versículos 27 al 30:

"Porque yo conozco tu rebelión, y tu dura cerviz; he aquí que aun viviendo yo con vosotros hoy, sois rebeldes a Jehová; ¿cuánto más después que yo haya muerto? Congregad a mí todos los ancianos de vuestras tribus, y a vuestros oficiales, y hablaré en sus oídos estas palabras, y llamaré por testigos contra ellos a los cielos y a la tierra. Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os apartaréis del camino que os he mandado; y que os ha de venir mal en los postreros días, por haber hecho mal ante los ojos de Jehová, enojándole con la obra de vuestras manos. Entonces habló Moisés a oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo."

Permítanos decir amigo oyente, que esta declaración que Moisés hizo hace alrededor de 3500 años, todavía es exacta, todavía es verdadera. Ha sido cumplida de una manera bien literal. Es también cierta en cuanto a toda la familia humana. Porque el género humano separado de Dios, se corrompe completamente. Todo lo que tenemos que hacer hoy es mirar a nuestro alrededor, para comprobar que esto es verdad.

Y así pues concluimos nuestro estudio del capítulo 31 de Deuteronomio. Llegamos ahora a

Deuteronomio 32:1-6

En este capítulo encontramos "El canto de Moisés". El canto de Moisés fue, en muchos aspectos, uno obra que la nación debía aprender. Era como su himno nacional. Fue una canción que Dios les dio; cada israelita debía conocerlo y enseñárselos a sus hijos.

Dijimos anteriormente que los cantos de una nación influyen en una nación, quizá más de lo que influyen las leyes. Ahora este cántico de Moisés fue realmente profético. Y vamos a considerar algunos aspectos importantes. Leamos el versículo 1 de este capítulo 32 de Deuteronomio, para iniciar un párrafo que hemos titulado,

Una invitación a escuchar

"Escuchad, cielos, y hablaré; Y oiga la tierra los dichos de mi boca."

Los cuatro primeros versículos de la canción de Moisés constituyen la introducción. Dios llamó a los cielos y a la tierra para que fuesen testigos de las condiciones bajo las cuales Él estaba colocando a Israel en la tierra prometida. Ahora, cuando Dios se dispuso a desterrar a Israel de esa tierra como un juicio, el profeta Isaías registró el mismo llamamiento. El hecho es que así es como comienza el libro de Isaías. El capítulo 1, versículos 1 y 2 de la profecía de Isaías comienza diciendo: "Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla el Señor: Crié hijos, y los engrandecí, pero ellos se rebelaron contra mí."

Cuando Dios puso a Israel en la tierra prometida, llamó al cielo y a la tierra para que fuesen testigos. Cuando Dios se dispuso a expulsarlos de esa tierra unos 700 años más tarde, nuevamente llamó al cielo y a la tierra para que fuesen testigos. Dios no estaba haciendo esto así a escondidas. No era algo que hacía encubiertamente. Estaba justificado al expulsarles de la tierra. Leamos ahora el versículo 2 de este capítulo 32 de Deuteronomio:

"Goteará como la lluvia mi enseñanza; Destilará como el rocío mi razonamiento; Como la llovizna sobre la grama, Y como las gotas sobre la hierba"

Así es la Palabra de Dios. El salmista dijo en el Salmo 72, versículo 6: "Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila sobre la tierra". Una mujer que perdió a su marido, a quien amaba mucho, dijo que ahora podía entender el significado de ese versículo en los Salmos. Ella era la hierba cortada, pero Dios había descendido sobre ella mediante Su Palabra, como una lluvia suave. Ésa es la manera en que la Palabra de Dios debe descender sobre nuestras vidas.

Hay algunas regiones en nuestros países que durante el verano se encuentran secas y áridas por la escasez de la lluvia. Pero cuando viene el invierno y desciende la lluvia, todo cambia. Parece que la tierra se abre para recibirla. La lluvia lava y humedece las hojas de los árboles; los árboles reverdecen, las plantas cobran vida y brotan las flores. Todo el panorama cambia. Ésa es la manera en que la Palabra de Dios debe descender sobre nuestros corazones y vidas. Continuemos ahora con el versículo 3 de este capítulo 32 de Deuteronomio:

"Porque el nombre de Jehová proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios."

¡Cuán poco de nuestra literatura actual exalta a Dios, o tiene algo bueno que decir en cuanto a Él! Por lo general hace un mal uso de Su nombre, y eso si lo menciona en alguna forma. Ahora, el versículo 4 de este capítulo 32 de Deuteronomio dice:

"El es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto."

Es que ésta es una canción acerca de la roca. La palabra roca se usa como siete veces en este cántico. El Señor Jesucristo fue llamado la Roca. Hoy en día Cristo es la principal piedra del edifico, como dice 1 Pedro 2:6. Dios es la Roca. Su obra es perfecta. Esta canción pues, exalta a Dios. Y hoy nosotros también debemos exaltarle. El siguiente aspecto que encontramos aquí en este cántico de Moisés, es que

La nación actuó con maldad ante la gracia de Dios

Leamos los versículos 5 y 6 de este capítulo 32 de Deuteronomio:

"La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha, Generación torcida y perversa. ¿Así pagáis a Jehová, Pueblo loco e ignorante? ¿No es él tu padre que te creó? El te hizo y te estableció."

Dios era el Padre de los israelitas porque Él los había creado. También vemos que aquí no se menciona a la redención. En un sentido Dios es el Padre de todo el género humano porque Él creó a todo el género humano. Cuando Dios creó a Adán, éste fue llamado hijo de Dios, pero Adán pecó. Y después de eso, ninguno de los descendientes de Adán fue llamado hijo de Dios, a menos que hubiera llegado a ser hijo de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús. Como dice aquí, toda la familia humana puede ser descrita como una generación malvada y perversa, un pueblo necio y sin sabiduría.

Y ya que hace unos momentos hablábamos sobre la lluvia, fenómeno tan natural como necesario para la tierra y la supervivencia humana, creemos oportuno terminar recordando aquellas palabras del profeta Isaías 55:10 y 11: "Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para lo cual la envié."

Hay vidas que son como la tierra seca, árida. Si ése es su caso, estimado oyente, le invitamos a que esté dispuesto a recibir la Palabra de Dios, que como la lluvia que desciende del cielo, empapa la tierra estéril y la hace producir fruto, puede descender hoy sobre su alma y donde no había vida espiritual, Él puede crear vida, la vida eterna. Y así, como aquel discípulo llamado Pedro, que después sería transformado por el Cristo resucitado, podrá decir: "Señor ¿a quién iré? Tú tienes palabras de vida eterna."


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