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Abril 2014
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23/04/2014

Eclesiastés - 5:8-6:12

Eclesiastés 5:8 - 6:12

Nos encontramos, amigo oyente, en una sección del libro de Eclesiastés donde Salomón se encontraba buscando la satisfacción por medio de la religión. Usted recordará que Salomón estaba realizando un experimento en la vida misma. Probablemente el único hombre que podía haber realizado esta clase de experimento por los grandes recursos de que disponía. Él había intentado encontrar el contentamiento en la vida a través del estudio de la ciencia, las leyes naturales; la sabiduría y la filosofía, el placer, el materialismo, es decir, el vivir para el presente. Y luego él probó asumir el fatalismo, que es hoy una forma de ver la vida bastante popular. También el egoísmo; es decir, el vivir para uno mismo. Y, luego, este hombre también probó la religión. Ahora, esto no quiere decir que el probó a Dios, porque no lo hizo. Vimos que descubrió que si usted pasa a través de ciertas formas o ritos, éstos no le van a satisfacer en su corazón, y que usted debe tener cuidado cuando trata con Dios al hacerle promesas porque Él es una realidad, y Él tratará con usted de una forma muy definida. Ahora, en el versículo 7 del capítulo 5, de Eclesiastés, leemos:

"Pues, donde abundan los sueños abundan también las vanidades y las muchas palabras. Pero tú, teme a Dios."

Salomón comparó los votos o promesas apresuradas con los sueños, o con las pesadillas que no tienen sentido. Y en este contexto, se consideran vanidades, y una palabrería absurda. Y en medio de tantas palabras insensatas, el escritor nos exhortó a tener un temor reverente, respetuoso de Dios. No hay ningún elemento en la vida que pueda sustituir a una relación personal con Dios. Algunos utilizan sus experiencias personales para poner a prueba la Palabra de Dios. Y el proceso debería ser exactamente el contrario. Toda experiencia debe ser puesta a prueba, contrastada con la Palabra de Dios. En este sentido debemos recordar un pasaje significativo del Nuevo Testamento, en la primera carta del apóstol Juan capítulo 4, versículo 1, que dice: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si proceden de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo". Muchas personas se salen por la tangente de la experiencia y viven apoyados en ella. Ésa no es más que otra forma de religiosidad. Es una apelación a las emociones o al sentido estético.

Estimado oyente, ¿su fe en Cristo se apoya en una serie de experiencias determinadas, o en la Palabra de Dios? ¿Depende de ciertos formalismos o hábitos? ¿Depende únicamente de su estado anímico, o de sus emociones? ¿O más bien, tiene usted a Cristo?

Leamos ahora el versículo 8 de este quinto capítulo de Eclesiastés, en el que Salomón dijo:

"Si ves en la provincia que se oprime a los pobres y se pervierte el derecho y la justicia, no te maravilles; porque sobre uno alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ambos."

En algunos países y aun en organismos internacionales existe corrupción en los programas especiales de ayuda a los pobres, porque muchos hoy están tratando de enriquecerse a costa de los menos favorecidos de la sociedad. Pero Dios juzgará esas situaciones. Aquí en este versículo dice: "Porque sobre uno alto vigila otro más alto". Dios ve lo que está sucediendo y tratará con ese abuso e injusticia con severidad.

La historia de este mundo confirma esto. Dios está al tanto de la manera en que algunos gobiernos u organizaciones encaran esta ayuda a los necesitados. Ha habido gobiernos que han intentado abusar de los pobres y esos gobiernos han caído. En algunos casos la caída ha sido violenta, traumática. Fue realmente el juicio de Dios sobre un estado generalizado de corrupción en el cual unos pocos estaban viviendo a costa de muchos necesitados.

Dios tiene mucho que decir acerca de la ayuda a los pobres. Cuando el Señor Jesús venga a reinar durante la época del reino, las personas se encontrarán con que hay Alguien reinando que habla en serio cuando dice que va a hacer algo por los pobres. Habrá justicia y equidad para ellos. No creemos que los pondrá en un sistema de subsidio por desempleo. Pero cada persona hará su contribución y recibirá un trato justo.

Ahora, esto nos lleva a la próxima división en el relato de los experimentos que Salomón llevó a cabo para encontrar satisfacción en la vida. Como hemos visto, probó la ciencia, el estudio de las leyes naturales. Probó la sabiduría y la filosofía, el placer y el materialismo. Trató de vivir únicamente para el presente. También probó el fatalismo y el egoísmo, es decir, el vivir sólo para sí mismo. Y después de todas estas cosas, intentó la religión.

Ahora veremos a Salomón implicarse en otro experimento. Él se encontraba en una posición de obtener y disfrutar de las riquezas más que cualquiera otra persona. En su tiempo, era probablemente el hombre más rico de la tierra. Se dedicó a acumular oro y pudo conseguir todo lo que quiso. Las riquezas de Salomón fueron el factor que finalmente causaron la caída de la nación. Se despertó la codicia de las naciones que se encontraban a su alrededor, quienes se pusieron en movimiento para conseguir algo de aquella riqueza. Dios había colocado como un muro de protección alrededor de Israel pero dicho muro se desmoronó. Y Dios entonces permitió que aquellas naciones entraran en Israel para aprovecharse de esas riquezas. Leamos entonces el versículo 10, del capítulo 5, donde vemos al escritor comenzó a hablar sobre

La búsqueda de la satisfacción en la obtención y disfrute de las riquezas

"El que ama el dinero no se saciará de dinero; y el que ama la riqueza no sacará fruto. También esto es vanidad."

Podemos imaginarnos al presidente de una gran compañía que al final del año fiscal comprueba que ha acumulado una gran ganancia, pero ese hecho, en realidad, no lo va a dejar satisfecho. Una persona puede tener una abultada cuenta en el banco, que le ofrece en alguna medida seguridad; pero ello no le satisfará realmente. Las riquezas no traerán satisfacción a la vida.

Las riquezas no tienen nada de malo en sí mismas. La Biblia nunca condena a la riqueza, sí, condena el amor al dinero. No al dinero mismo. El problema es el amor al dinero, que es la raíz de todos los males (como vemos en 1 Timoteo 6:10). El acumular riquezas sólo por el hecho de acumularlas, está mal. Se dicho que el mezquino piensa que los billetes son planos para poderlos apilar, mientras que el derrochador piensa que el dinero es redondo para hacerlo rodar. Ambos están totalmente equivocados.

La actitud de un hombre en cuanto al dinero es el punto en cuestión. No hay nada de malo en el sistema mismo de ganancias vigente en la actualidad. Lo malo está localizado en la gente que está metida en el sistema. Lo que está mal es el amor al dinero. El amor al dinero hace que la gente intente ser rica por el mero hecho de serla.

Y uno puede ver a personas que se han unido, vinculadas por un acuerdo, para ganar dinero simplemente por esa única motivación. En cierta ocasión, un humorista estaba haciendo una presentación pública sobre una obra en cuya producción él había tomado parte. Estaba expresando su agradecimiento a todos aquellos que habían participado y explicando en qué medida todos habían colaborado. Era un discurso bien preparado y sin el más leve rastro de humor. Y al llegar al final dijo: "Y todos nos hemos mantenido unidos en este esfuerzo por un solo motivo", hizo una pausa y añadió, "¡por codicia!". Y ése había sido el caso. La codicia había sido el ingrediente que les conservó unidos para realizar esa producción. Y ese es el ingrediente que mantiene unidas a muchos individuos y organizaciones.

En ciertas regiones del mundo uno puede observar algunos países donde se permite que un dirigente se enriquezca desmesuradamente mientras que el resto de los habitantes de esa nación viven en la miseria más extrema. Dios condena esas tristes situaciones. Y Él lo condena porque el amor al dinero que ello implica en algunos, y por el uso que hacen de ese dinero. Y lo condenable es esa pasión por el dinero, independientemente de la orientación política o el sistema que gobierne un país. ¡Qué diferente sería nuestra sociedad y el mundo, si el ser humano produjese dinero y ganancias para el honor y la gloria de Dios! Si las personas trabajaran para obtener dinero motivados por la honra y la gloria de Dios. Seria hermoso que el dinero se utilizara de la forma correcta. Pero, por supuesto, ante una pasión tan fuerte y arraigada, la única cura para la codicia es experimentar un encuentro con Cristo, es tenerle en el corazón.

Continuemos ahora leyendo el versículo 11 de este quinto capítulo de Eclesiastés:

"Cuando aumentan los bienes, aumentan también quienes los consumen. ¿Qué beneficio, pues, tendrá su dueño, aparte de verlos con sus propios ojos?"

El crecimiento por el crecimiento mismo, no es bueno. Esto es cierto en los negocios, en las organizaciones cristianas y en la iglesia.

El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, contó que por años fue el pastor de una iglesia grande. Pronto descubrió que crecer por el hecho mismo de crecer, para tener una iglesia de numerosa membresía, no era más que una fuente de problemas. No era una actividad que se pudiera disfrutar, o algo por lo cual alegrarse. Dijo que el Señor le enseñó que el crecer para el honor y la gloria de Dios tenía que ser el único propósito de la vida. Y dijo que llevó esta lección a la práctica teniendo esta meta ante él y se dedicó con una renovada ilusión a la difusión de la Palabra de Dios.

Bien, sigamos ahora adelante; en el versículo 12 de este capítulo 5 leemos:

"Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho o coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia."

Mientras que el que trabaja siempre duerme tranquilo y a gusto, el rico tiene que permanecer siempre en guardia para proteger sus riquezas de aquellos que quieran arrebatárselas, o de aquellos que de otra manera amenacen sus negocios y la fuente de sus ingresos. El pensar obsesivamente en todo ello lo mantiene despierto por las noches.

En cierta ocasión una señora muy rica estuvo en un hotel, en el cual se les pedía a los clientes que depositaran los objetos de valor en la caja fuerte del hotel para que estuvieran mejor protegidos. Y esta señora muy rica depositó en la caja fuerte del hotel sus joyas, y ella tenía tantas cosas que se demoró como 30 minutos para hacerlo. La joven a cargo de esta tarea dijo: "Esa señora ya ha estado aquí antes, y bajará aquí a esta oficina una docena de veces para comprobar si están todas sus joyas y para sacar alguna para usar; y luego la trae de nuevo". Esa mujer tenía, en realidad, un problema grande, y su preocupación por las riquezas que llevaba consigo no le permitía disfrutar plenamente de la belleza del lugar en que se encontraba. Podemos ver entonces que hay muchas razones por las cuales al rico, no le deja dormir la abundancia.

Veamos ahora lo que dice el versículo 13:

"Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su propio mal"

Las riquezas en realidad perjudican más que ayudan a muchas personas. Como acabamos de ver, algunas veces las personas que poseen menos recursos son más felices que los que poseen grandes riquezas. Sin embargo, el Apóstol Pablo dijo en Filipenses 4:12, que él sabía vivir en la abundancia, y lo que era vivir en la pobreza. Sinceramente hablando, nos agradaría probar ambas opciones. Ahora, el versículo 14, hablando de las riquezas dice:

"Las cuales se pierden por mal empleadas, y al hijo que ellos engendraron nada le queda en la mano."

Es decir que una persona puede acumular una fortuna y dejársela a su hijo y él podría gastarla toda. Pero en algunos países, hay gente que, inteligentemente, no dejan el dinero quede directamente bajo el control de los hijos. Sino que lo dejan, por ejemplo, en manos de un abogado, de un administrador o de alguna otra persona de confianza, para que lo distribuya entre los hijos en pequeñas cantidades, para proteger de esta manera la fortuna familiar.

Por otra parte hay personas que nunca obtuvieron dinero durante su vida. Son personas adineradas porque en su día recibieron una herencia. Pero les falta sabiduría y discernimiento sobre cómo usar el dinero que tienen. A veces esas personas ocupan posiciones de influencia. Este hecho podría constituir un problema o no, dependiendo de si utilizan su dinero con criterio y una buena motivación.

Creemos que la división de la sociedad en algunas naciones no es principalmente causada por las razas. Más bien se reduce a la división tradicional entre ricos y pobres. Ésta ha sido siempre la línea de demarcación a través de los siglos. Parece que Salomón comprendió los problemas que tendrían para la economía, y para los que tuvieran el control del capital, factores tales como la corrupción, las malas inversiones, el despilfarro, así como la acumulación y retención de dinero. Lo que le quedó bien en claro fue que las riquezas, por sí mismas, no satisfacen las ansias del alma humana, no constituyen una solución para los problemas de la vida. Y llegamos así al

Capítulo 6

Este capítulo concluye la sección del libro en la cual podemos ver sus conclusiones de sus experiencias en la obtención y disfrute de las inmensas riquezas que poseyó, en su búsqueda de la satisfacción. Leamos entonces los versículos 1 y 2 de este sexto capítulo de Eclesiastés:

"Hay un mal que he visto debajo del cielo, y que es muy común entre los hombres: El del hombre a quien Dios da riquezas, bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero no le da Dios facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad y mal doloroso."

Un amigo del profesor McGee le contó que en una ocasión, encontrándose en un hotel del estado de Florida, vio al anciano multimillonario John Rockefeller sentado en su mesa cenando. Su cena era muy ligera, apropiada a la rigurosa dieta que debía seguir a causa de sus problemas de salud. Un poco alejado y en un rincón, se encontraba también cenando uno de los camareros del hotel; frente a él tenía un plato con un bien condimentado trozo de carne, y otras delicias gastronómicas. Ambos hombres ofrecían a la vista un interesante contraste, revelador de la inmensa distancia social que les separaba. El hombre que podía permitirse el plato más completo y caro del lujoso restaurante, no podía disfrutarlo. Y el camarero, que normalmente no podría permitirse semejante plato, podía comerlo por disfrutar de buena salud y además, trabajar en el restaurante. Ahora, el versículo 3 de este capítulo 6, de Eclesiastés dice:

"Aunque el hombre engendre cien hijos, viva muchos años y los días de su edad sean numerosos, si su alma no se sació del bien, y además careció de sepultura, digo que más vale un abortivo."

La inutilidad y lo lamentable de unas riquezas no disfrutadas son aquí consideradas peores que la tragedia del que no nació. Y al terminar su vida con la llegada de la muerte, nada podrá llevar consigo. Se ha dicho popularmente hablando que la mortaja no tiene bolsillos. Recordemos la vida del patriarca Job. Él dijo que había llegado a este mundo sin nada, y sin nada partiría de él. Cuántos esfuerzos inútiles se invierten en dedicar toda una vida a luchar y obtener aquello que no sólo no puede traer felicidad a esta vida, sino que tampoco tiene utilidad para la vida después de la muerte, para la vida eterna. Y pensar que hay tantas personas que malgastan de forma insensata esta vida que es tan breve como un vapor que se desvanece en el aire. Esto nos recuerda la parábola relatada por Jesús en Lucas 12 sobre un hombre rico que dedicó su vida a amasar una gran fortuna. Y cuando pensaba que iba a vivir muchos años y hacía planes para disfrutarla escuchó una voz que le anunció su fin con estas palabras: "Necio, esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?"


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