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30/07/2014

2 Tesalonicenses - 3:8-18

2 Tesalonicenses 3:8-18

En nuestro programa anterior, situamos este capítulo 3 en el contexto de toda esta segunda carta a los Tesalonicenses, y concretamente, en el contexto de la tercera y última división de esta carta de San Pablo, destacando que su título y tema principal era "El aspecto práctico de la venida de Cristo". Recordemos que en la parte final del capítulo 2, el apóstol resaltó la importancia de que los creyentes estuvieran establecidos en la Palabra, la Palabra de Dios. Pablo nos recordó que Dios consuela nuestros corazones y nos establece, nos afirma, para que tanto en palabra como en obra, hagamos lo que es bueno, es decir, lo que a Él le agrada. Esta actitud tiene que ver con la lealtad hacia la persona del Señor Jesucristo. En el capítulo 2, también, Pablo habló en los versículos 13 y 14, de la hermosa posición que tenemos en Cristo, como elegidos de Dios; les dijo a los tesalonicenses que le daba gracias a Dios porque El les había escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu. También dijo que nosotros somos llamados por Dios para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Esta es una verdad profunda, apasionante, emocionante.

En los versículos 1 al 7 de este capítulo 3 vimos que los creyentes deberían estar establecidos en su andar, en su vida. En nuestro programa de hoy, finalizaremos con la última sección (3:8-18), con el énfasis de que los creyentes deberían estar afirmados en su obra. Con esta última sección finalizará nuestro estudio de esta segunda carta del apóstol Pablo a los Tesalonicenses.

Antes de comenzar nuestra lectura del pasaje Bíblico asignado para hoy, repasemos lo dicho en el versículo 7 de esta segunda carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses:

"Vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos, pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros."

Muchos conocemos el refrán, "Dios los cría y ellos se juntan". Uno tiende a ser como los amigos que lo rodean y acompañan más frecuentemente. Por lo tanto, los cristianos deberían ser cuidadosos al elegir sus compañías y las personas con las cuales se asocian.

En este último estudio de esta segunda carta de Pablo a los Tesalonicenses veremos que el apóstol, basado en el ejemplo personal que él y sus colaboradores les habían dejado, les recordaría ciertas normas elementales de ética cristiana, especialmente en cuanto a llevar una vida ordenada, y les advertiría en contra de llevar una vida ociosa, terminando con una norma de disciplina para aplicar en casos de desobediencia, especialmente para aquellos que pretendían eludir sus responsabilidades personales. El propósito de esta actitud enérgica sería el de integrar a aquellos que pretendían vivir a su propia manera.

Al llegar al versículo 8, comenzamos una nueva sección titulada

Los creyentes deberían estar establecidos en su obra

Los creyentes de Tesalónica estaban viviendo su vida cristiana en una relación apropiada con el Señor Jesús, y estaban siendo perseguidos por ello. Pablo les consoló, les enseñó, y los animó. Después les informó que él también estaba sufriendo persecución y pasando por dificultades. Y, estimado oyente, si usted se identifica públicamente con el Señor, le costará algo.

Hemos visto que los creyentes deberían estar afirmados, arraigados, en la Palabra de Dios. Después hemos destacado cuán importante es el andar, la vida de los creyentes, y cómo su forma de vida debe estar fundamentada en la Palabra. Ahora llegamos, en nuestro estudio, a la obra del creyente, la cual constituye un aspecto muy práctico. Esto implica cosas en las cuales necesitamos estar comprometidos, para que la Palabra de Dios pueda abrirse paso en nuestros corazones y vidas. Leamos entonces el versículo 8 de este tercer capítulo de 2 Tesalonicenses:

"Ni comimos de balde el pan de nadie. Al contrario, trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros"

Otra versión comienza este versículo 8 diciendo "ni comimos el pan de nadie sin pagarlo".

Y continuó diciendo el apóstol: al contrario, trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros. La práctica o costumbre del Apóstol Pablo, aparentemente, era que cuando él llegaba a un lugar como misionero no permitía que nadie le pagara por su trabajo misionero entre los creyentes. Creemos que esta norma se aplicó especialmente a su primer viaje misionero. Cuando llegaba a una ciudad como misionero, no había ninguna reserva hecha para él en alguna especie de hotel o posada. No se le pagaba ningún sueldo, ni se recogía ninguna ofrenda para él en su primera visita a una ciudad. El fue muy cuidadoso en pagar sus propios gastos. El mencionó este hecho cuando escribió a los Tesalonicenses y también a los Corintios. Cuando él estaba estableciendo nuevas iglesias, se sostuvo económicamente por medio de su trabajo en la fabricación de tiendas.

Sin embargo, una vez que las iglesias habían sido establecidas y Pablo las visitaba por segunda, y por tercera vez, el recibió ofrendas de ellas. El les dejó en claro a los Gálatas, que ellos debían contribuir. Les agradeció a los Filipenses por su ofrenda. El mismo recogió una ofrenda en su tercer viaje misionero para ser entregada a los cristianos pobres de Jerusalén. Obviamente, la gran verdad de la venida de Cristo no había convertido a Pablo en un algún tipo de fanático o a adoptar una posición irrazonable en asuntos de dinero.

Ha habido fanáticos en todas las épocas. En el siglo pasado hubo quienes esperaron el retorno de Cristo; así que vendieron sus casas y propiedades, se envolvieron en túnicas blancas y se subieron a los techos o lugares altos para esperar que el Señor viniera. Hubo varios detalles que los identificaron como fanáticos. Por ejemplo, ¿por qué subirse e los techos o terrazas? ¿No podía el Señor recoger a una persona elevándola desde el suelo tan fácilmente como desde un techo? Y si una se subía a un techo, entonces ¿no habría sido mejor ir a la cima de una montaña? Y además, ¿por qué necesitaría uno una túnica blanca? Creemos que el Señor nos proporcionará una ropa adecuada cuando lleguemos a Su presencia. ¿Y porque tenían que vender aquellas personas sus propiedades para convertirlas en dinero? ¿Habrán pensado que se podían llevar el dinero? Es que la gente puede hacer algunas cosas peculiares e insensatas porque dicen que creen en la venida pronta de Cristo. El hecho es que no hay otra doctrina en la Biblia que haga que usted trabaje más dura y prudentemente para Cristo. Si usted cree que El va a venir, trabajará para El. Estará ocupado en los asuntos del Señor en alguna fase de Su obra. Estará sembrando algunas semillas de la Palabra de Dios en el campo del mundo para que con el tiempo produzcan una cosecha. Continuemos leyendo el versículo 9 de este tercer capítulo de 2 Tesalonicenses:

"No porque no tuviéramos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo que podéis imitar"

Pablo estaba diciendo que como apóstol que les había guiado al Señor y establecido una iglesia entre ellos, tenía el derecho, la autoridad para reclamar una ofrenda. Sin embargo, no lo hizo porque quería ser un ejemplo para los creyentes de Tesalónica para que ellos no fueran arrastrados hacia una posición fanática.

El apóstol Pablo estaba llevando a cabo su trabajo misionero de una manera muy práctica. El se sostuvo económicamente a sí mismo con el trabajo de sus propias manos, y actuó de esa forma para ser un ejemplo para los cristianos de Tesalónica. El iba a llamar la atención sobre este asunto en el versículo siguiente. Leamos entonces el versículo 10:

"Y cuando estábamos con vosotros os ordenábamos esto: que si alguno no quiere trabajar, tampoco coma."

El creyente que está esperando que el Señor venga, no es un soñador, sino un trabajador. Al no haber trabajo, no habría comida. Esa fue la regla establecida por el apóstol. El que no quiera trabajar, que tampoco coma.

En la actualidad a veces y entre algunos creyentes, un cierto fanatismo en el área de la profecía. Resulta muy interesante que en esta epístola, que trata ampliamente el tema de la profecía, que casi la mitad de la carta está dedicada a los aspectos prácticos de la vida cristiana. Pablo colocó énfasis en el lado práctico de la gran verdad de la venida de Cristo a recoger a Su iglesia. Una cosa es ser fanático en el tema de la profecía, y otra bien diferente es creer en la verdad profética, y entonces, hacer que esa verdad quede entrelazada con nuestra vida diaria influenciándola, para que se convierta en una dinámica de acción y de trabajo práctico.

Hay una historia, que es bastante conocida, y quizá usted ya la conoce, de un hombre que desempañaba el oficio de jardinero en una finca muy extensa del norte de Italia. Un día este hombre estaba guiando a un visitante a través del castillo de esa propiedad y por los jardines cuidados con esmero. El visitante nunca había visto un jardín que se encontrara en tan excelentes condiciones y mientras compartía la comida con el jardinero y su esposa, los elogió por la forma en que cuidaban y mantenían el jardín. El visitante le preguntó cuándo fue la última vez que el dueño había estado en ese lugar, y el jardinero respondió que había estado hacía ya unos diez años. El visitante entonces no pudo menos que preguntarle: "¿Por qué mantiene usted el jardín de una forma tan impecable?" Y el jardinero respondió: "Bueno, estoy esperando que el señor regrese". Pero el visitante insistió preguntándole: "¿Va a venir la semana próxima?" El jardinero entonces respondió: "Yo no sé cuándo va a regresar, pero bien pudiera llegar hoy". Así que, aunque no llegó en aquel día, el jardinero estaba viviendo y trabajando a la luz del retorno inminente del propietario de la finca. Él no estaba apoyado en la verja del castillo, con la mirada puesta en el camino para ver si el propietario regresaba o no, sino que se encontraba en el jardín, podando y cortando el césped, regando las flores y plantando otras nuevas. Se mantenía ocupado. Cuando el propietario llegara, seguramente le sorprendería trabajando. Esto es lo que el apóstol Pablo quería decir cuando afirmó que los creyentes debíamos estar implicados, comprometidos en la obra del Señor, a la vista del hecho de que va a regresar.

Con respecto a la frase el que no quiera trabajar, que tampoco coma, diremos que los Tesalonicenses tenían en medio de ellos algunos fanáticos que sencillamente se apartaron de los demás, se aislaron, y decidieron que iban a dedicar todo su tiempo a esperar al Señor. Entonces Pablo recomendó que no se les diera de comer, para que así se vieran obligados a salir a trabajar. Continuemos leyendo el versículo 11 de este tercer capítulo de 2 Tesalonicenses:

"Ahora oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entrometiéndose en lo ajeno."

Aquí se nos describió claramente aquella situación. Había algunos que no estaban trabajando en nada constructivo. No estaban interesados en difundir la Palabra de Dios, pero estaban ocupados, porque eran entrometidos. Se ponían pesados y estaban causando problemas a la iglesia en Tesalónica. Se requiere solo una manzana podrida para estropear una cesta de ellas. Se requiere solo un insecto para echar a perder un ungüento. Y un solo fanático puede afectar a la vida espiritual de muchas personas. Fue por ese motivo que Pablo les había dicho anteriormente que se apartaran de aquellos que vivían desordenadamente, y estamos seguros que en ese momento estaba pensando en aquellos entrometidos. Eran como termitas y simplemente, tan efectivos como las termitas en aquella iglesia de Tesalónica. Continuemos leyendo el versículo 12:

"A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo que, trabajando sosegadamente, coman su propio pan."

Es posible que estas palabras no suenen como muy espirituales, ¿verdad? No parecen contener mucha teología. Pero con toda seguridad, son muy prácticas. Se resolverían muchos problemas en una iglesia de término medio si los entrometidos, los chismosos, las personas conflictivas, trabajaran con tranquilidad e hicieran algo constructivo. Se da la circunstancia que ese tipo de personas problemáticas, que se quejan permanentemente y que se dedican a crear todo tipo de inconvenientes a la marcha de una congregación, son las que no se ocupan en estudiar la Palabra de Dios, en difundirla, que descuidan su labor de testigos del evangelio, y son los que menos contribuyen a los gastos de la obra de Dios. Para aquella situación, Pablo les recomendó que tales personas debieran dedicarse a trabajar tranquilamente, y ocuparse de sus propios asuntos.

Ahora, en el versículo 13, de 2 Tesalonicenses 3 dijo Pablo:

"Pero vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien."

Esta es una hermosa recomendación. Un creyente que cree en la bendita y feliz esperanza del retorno de Cristo nunca debería cansarse de trabajar para el Señor. Como dijo el conocido maestro y predicador Moody, "Yo me canso en el trabajo, pero nunca me canso del trabajo". Y continúa diciendo el versículo 14:

"Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ese señaladlo y no os juntéis con él, para que se avergüence."

La gente en las congregaciones cristianas debería alejarse de aquellos que causan problemas, en el caso de que los hubiera. En algunos casos, una buena parte de las personas siempre están tratando de ganar el favor de los individuos conflictivos; prefieren tenerlos como amigos, sabiendo que tienen lenguas agresivas y maliciosas. Pero si en alguna comunidad se produjeran casos semejantes, lo mejor que uno puede hacer es apartarse del chismorreo y de quienes lo practican. Y dice el versículo 15:

"Pero no lo tengáis por enemigo, sino amonestadlo como a hermano."

Aquí podemos ver que, dentro de la firmeza, el tono del apóstol fue conciliador y recomendó tratar de ganar a las personas rebeldes, para reintegrarlas en la comunidad. Y todo ello en vista del objetivo final, que es la paz. Como dice el versículo 16,

"Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros."

Y además, tenemos otro detalle digno de destacar, y que vemos en el versículo 17, que dice,

"La salutación es de mi propia mano, de Pablo, que es el signo en toda carta mía. Así escribo."

O sea, la mención a que esta carta fue firmada por el mismo Pablo. Y finalmente, dice el último versículo de este tercer capítulo de la segunda carta de Pablo a los Tesalonicenses,

"La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén."

Esta carta finaliza con una bendición, que es la conclusión a una hermosa obra que nos enseña que el conocimiento de la profecía, antes que guiar al fanatismo o a la pereza, trae paz al corazón.

Y esperamos que al concluir hoy este estudio de estas dos epístolas del Apóstol Pablo a los cristianos de Tesalónica, haya sido de especial bendición para usted, como lo ha sido también para nosotros. Dios mediante, en nuestro próximo programa, volveremos al Antiguo Testamento para comenzar nuestro estudio del libro de Jeremías. Le invitamos, pues, a que nos acompañe. Será pues, hasta entonces, estimado oyente, y nuestra oración a favor suyo es que, repitiendo las palabras de San Pablo en 2 Tesalonicenses 3:5, 5Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios y a la paciencia de Cristo.


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