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Abril 2014
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20/04/2014

Eclesiastés - 2:11-26

Eclesiastés 2:11-26

Volvemos hoy, amigo oyente, al capítulo dos de este libro de Eclesiastés que estamos estudiando. Este capítulo nos relató en los versículos 1 al 11, su búsqueda del placer, como medio para encontrar la satisfacción y la felicidad.

Hemos visto una descripción de los pasatiempos de Salomón. Lo que llamaríamos su vida de ocio y tiempo libre. Uno puede ir a Jerusalén hoy y a otros lugares, y puede contemplar las ruinas de los establos que el rey tenía. En la misma ciudad de Jerusalén, existen ciertas ruinas, y, también en Megido, uno puede contemplar los lugares donde parece que comían los caballos reales. Salomón tenía establos por todas partes en su país y esto era algo que se le había prohibido. Es decir que la ley de Moisés prohibía expresamente a los reyes multiplicar el número de sus caballos.

Él tenía además un sistema de irrigación para sus jardines Él tenía lo que consideramos, una estancia o un rancho en las afueras de la ciudad donde podía criar todos estos animales. Ahora, alguien nos preguntará: "¿Cómo podía permitirse esos lujos? o, ¿de dónde sacaba todo el dinero para eso?" Bueno, Salomón acaparaba la mayor parte del oro de su día. Él tenía mucho dinero para gastar, quería divertirse y edificar todas las cosas que le proveyeran comodidad en su vida.

Se conoce en la actualidad que sus siervos iban a buscar nieve al monte Hermón para que él pudiera tener bebidas frías durante el verano. Y, pensamos que Salomón había probó todo lo que el hombre podía hacer para lograr tener placer. Dudamos de que el hombre contemporáneo pueda tener algo que Salomón no tuvo, o una experiencia que aquel rey no hubiera ya disfrutado. Sin embargo, con todos los medios que tuvo a su disposición, no logró los resultados deseados.

También hemos visto que él tenía a su disposición los mejores actores, actrices y músicos de la época, que trajeron toda clase de instrumentos musicales. Con semejante despliegue de medios, debió organizar veladas artísticas de un elevado nivel musical. Donde los intérpretes habrán ejecutado con sus coros y orquestas las mejores obras de aquel tiempo. Y teniendo en cuenta la riqueza disponible para hacer frente a los gastos de semejantes representaciones culturales, éstas debieron ser verdaderos espectáculos y experiencias placenteras para el oído y para la vista. Sin embargo, estas experiencias no trajeron satisfacción a su corazón.

Para recordar un poco las experiencias que había vivido el rey Salomón en la grandeza y el esplendor de su reino, vamos a leer nuevamente los versículos 9 y 10 de este capítulo segundo de Eclesiastés. De esa manera retomaremos el hilo de nuestra lectura:

"Fui engrandecido y prosperé más que todos cuantos fueron antes de mí en Jerusalén. Además de esto, conservé conmigo mi sabiduría. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni privé a mi corazón de placer alguno, porque mi corazón se gozaba de todo lo que hacía. Esta fue la recompensa de todas mis fatigas."

Quizá usted ha salido alguna vez a caminar y ver los escaparates de los establecimientos comerciales de su ciudad. ¿Ha pensando usted alguna vez, estimado oyente, en cómo se sentiría su pudiera comprar todo lo que viera? Salomón pudo satisfacer esos gustos. Cualquier cosa que deseaba su corazón, lo compraba, lo obtenía. Y cuando él observaba todo lo que había en este mundo, era consciente de que no había nada que se le pudiera negar.

Uno podría lógicamente pensar en que todos los seres humanos que se encuentren en esa posición serían felices. Bueno, no sabemos por qué, pero la verdad es que no son felices. Si consideramos, por ejemplo el creciente número de suicidios, una primera reacción nos llevaría a pensar que los que cometen tales actos son las personas que frecuentan ciertas calles, en las que se refugian los indigentes y vagabundos, personas que carecen de los medios elementales para la vida y no ven ninguna salida, ninguna solución a su situación. Porque para muchos de ellos parece que la vida no merece la pena ser vivida. Pero en realidad, entre esa capa de la población no hay un alto índice de suicidios. La más alta proporción de suicidios se encuentra en el sector social que reúne a las personas con mayores recursos económicos, a los personajes más famosos y a actores de cine y televisión. Se trata de personas que no se encuentran acosadas por la necesidad de sobrevivir porque les sobran los bienes materiales, las posibilidades de encontrar placer, y las amistades. ¿Y por qué entonces llegan a tomar la decisión más trágica e irreversible que hay en esta vida? ¿Por qué se sienten impulsados a huir de este mundo tomando la decisión de suicidarse? Porque ellos han llegado a la misma conclusión que llegó Salomón, y desconocen la hermosa experiencia de los cristianos que, al tener una relación con Dios, pueden dirigirse a él con confianza, para manifestarle sus necesidades, sus carencias, sus ilusiones, haciendo suyas las siguientes palabras del Salmista David, padre de Salomón, en el Salmo 37:4, "Deléitate en el Señor, y el te concederá los peticiones de tu corazón."

Vamos a comenzar pues, con la lectura del pasaje asignado para el día de hoy. Leamos el versículo 11 de Eclesiastés 2:

"Miré luego todas las obras de mis manos y el trabajo que me tomé para hacerlas; y he aquí, todo es vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol."

¡Qué conclusión para un hombre que lo tenía todo! Muchísimas personas no tomarían en serio la palabra de Salomón. Tendrían que hacer los mismos experimentos, aunque no con la amplitud con que Salomón los hizo. Finalmente, llegarían a la misma conclusión y dirían: "La vida está vacía". Por su parte, Salomón dijo: "Todo es vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol". ¡Qué frustrante debe ser mirar atrás y recordar los esfuerzos realizados, la dedicación total a una tarea, el tiempo invertido y los gastos realizados, y todo ello para llegar a la conclusión de que se ha malgastado el tiempo, se ha malogrado la mayor parte de la vida!

Como veremos en el resto de este capítulo, a partir del versículo 12, Salomón se dirigió hacia otra área, que podríamos llamar

El materialismo

Nosotros diríamos que éste es el vivir por el "ahora", lo cual debería ser entendido por la gente en la actualidad, porque decimos que somos "la generación del ahora". Es un concepto materialista. Se trata de vivir para el aquí y el ahora, viviendo para uno mismo, lo cual es el egoísmo. Cada una de estas palabras describe una faceta de este tipo de vida. Leamos ahora el versículo 12 de este segundo capítulo de Eclesiastés:

"Después volví a considerar la sabiduría, los desvaríos y la necedad; pues ¿qué podrá hacer el hombre que venga después de este rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho."

En otras palabras, nadie podría darse la gran vida que Salomón vivió. Él mismo dijo que tendrían que repetir lo que él había hecho, y que lo encontrarían muy monótono. Y continuó diciendo en el versículo 13:

"He visto que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas."

Evidentemente, es mejor ser un sabio que un insensato. Y es mejor ser una persona educada que una ignorante. Dice el versículo 14:

"El sabio tiene sus ojos abiertos, mas el necio anda en tinieblas. Pero también comprendí que lo mismo ha de acontecerle al uno como al otro."

Uno puede recordar la época cuando asistía al colegio y sus maestros le decían: "Piense, use su cabeza, use sus ojos". Y eso es lo que Salomón estaba diciendo aquí: "El sabio tiene sus ojos abiertos, pero el necio anda en tinieblas".

Y continuó diciendo: "Pero también comprendí que lo mismo ha de acontecerle al uno como al otro". Indiferentemente de cuan inteligente sea usted, usted no se alejará demasiado del insensato, porque ambos serán sacados de su casa con los pies por delante para ser sepultados de la misma manera. Y el versículo 15, nos dice:

"Entonces dije en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá a mí. ¿Para qué, pues, me he esforzado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón que también esto era vanidad."

Uno pensaría que una persona inteligente podría hallar una solución diferente a la que llegó Salomón "Y dije en mi corazón que también esto era vanidad". Resulta interesante que el hombre contemporáneo, a pesar de los grandes inventos y avances científicos que han tenido lugar en el área de la medicina, no ha sido capaz de extender la vida humana por mucho tiempo aunque el promedio de vida ha aumentado en unos diez años más. Pero coloque usted esos diez años junto a mil años, o colóquelos junto a la eternidad, ¿qué tiene entonces? No tiene ni siquiera un segundo en el reloj de la eternidad. La realidad es que el ser humano no ha hecho mucho por sí mismo aquí en esta tierra. Ahora veamos lo que dice el versículo 16:

"Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros todo será olvidado, y lo mismo morirá el sabio que el necio."

Como usted acaba de ver, mueren de la misma manera. Usted puede ser inteligente de nacimiento, con un alto coeficiente intelectual. Usted puede haber recibido una educación, incluso tener títulos universitarios, pero nada de ello le ayudará cuando llegue el momento de morir. Tampoco evitará su muerte. Cuando llegue la hora de morir, usted pasará directamente por esa puerta, saldrá de la vida y no habrá nada en este mundo que le libere de esa experiencia. Continuemos leyendo el versículo 17 de este segundo capítulo de Eclesiastés:

"Por tanto, aborrecí la vida, pues la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa, por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu."

Repitamos que la vanidad significa vaciedad, se refiere a algo que está vacío, sin significado, sin propósito. ¿Qué se ha hecho con toda esa obra que se hace debajo del sol?

Podemos tomar como ejemplo a ese gran inventor que fue Tomás Edison. Él trabajó en un laboratorio, y desarrolló muchos proyectos tales como la bombilla eléctrica y el tocadiscos. Todos los instrumentos de grabación que tenemos en la actualidad se basan en los trabajos de Edison. Él era un genio, pero murió, igual que todos los demás. Y después de todo, toda esa brillante trayectoria, ¿de qué le sirvió?, ¿qué provecho le trajo?

Su laboratorio se conserva en Fort Myers, en el estado de Florida, en los Estados Unidos. Si usted va allí alguna vez, merece la pena visitar su casa y su laboratorio. En ese laboratorio trabajó día y noche. Sufría de uno de los mejores tipos de insomnio, así que tenía una cama pequeña en el laboratorio donde pudiera recostarse por unos momentos de vez en cuando. Trabajaba día y noche, realizando muchos experimentos que nunca dieron ningún resultado. No creemos que la vida fuera emocionante para él. Más bien nos parece que Tomas Edison la encontró muy aburrida.

Y escuchemos lo que Salomón dijo aquí en el versículo 18, de este segundo capítulo de Eclesiastés:

"Asimismo aborrecí todo el trabajo que había hecho debajo del sol, y que habré de dejar a otro que vendrá después de mí."

Tendremos que partir algún día y dejar todo aquí en la tierra. ¿Se ha detenido usted, estimado oyente, a pensar en ello? ¿De qué le habrá servido el haber trabajado sin descanso? Muchísimas personas han trabajado duramente toda su vida para acumular algo de los bienes de este mundo, y después tienen que partir de este mundo y dejárselo a algún pariente que ni siquiera cree en Dios. Hay muchas personas que han dejado sus bienes a alguna organización cristiana para que ella use su dinero para difundir el Evangelio después de que ellas hayan partido. Pero muchas organizaciones se han apartado de la fe cristiana con el transcurso de los años, alejándose de la enseñanza y difusión de la Palabra de Dios.

Por ejemplo, El Sr. Harvard quien fundó la Universidad que lleva su nombre, la Universidad de Harvard en los Estados Unidos, era un fiel cristiano, que creía en la integridad e inspiración de la Biblia, y que al morir dejó su dinero para propagar la fe cristiana. Hoy en día usted no encuentra esa fe reflejada en el programa de estudios de Harvard, porque sus profesores se han apartado de la fe. Así que el dinero que el sr. Harvard dejó ha llegado a ser usado de la manera opuesta a la que él creía, y para lo que estaba destinado.

Estimado oyente, Salomón tuvo que enfrentarse con el mismo tipo de problema, y primera de Reyes 12 nos relata lo que sucedió. Él le dejó el reino a su hijo, y fue la insensata arrogancia de su hijo, la que dividió al reino de Israel entre el reino del norte (o de Israel) y el reino del sur (o de Judá). Aquello división constituyó una tragedia irreversible en la historia de la nación. Notemos ahora, lo que el escritor dijo en el versículo 19, de este capítulo 2 de Eclesiastés:

"Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se adueñe de todo el trabajo en que me afané y en el que ocupé mi sabiduría debajo del sol? Esto también es vanidad."

Salomón no sabía qué clase de hombre se iba a hacer cargo del fruto de todo el trabajo lo que él había realizado. Y consideró una pérdida de tiempo trabajar por algo y luego entregárselo a una persona insensata. Imaginemos el tremendo sentido de frustración que debió sentir al llegar a esta conclusión. Veamos sus sentimientos reflejados en las palabras que escribió a continuación. Leamos el versículo 20:

"Volvió entonces a desilusionarse mi corazón de todo el trabajo en que me afané, y en el que había ocupado debajo del sol mi sabiduría."

Tomemos nota de la expresión debajo del sol. Es una forma de indicar el punto de vista de un ser humano que vive alejado de Dios. Ésta no es la persona a quien Cristo, desde un punto de vista espiritual, sentó en las regiones celestiales, como declaró el apóstol Pablo en Efesios 2:6. Esa persona cristiana, contempla la tierra desde el punto de vista de Dios, desde la perspectiva de los ciudadanos del cielo que caminan de manera transitoria por esta tierra. Pero esta otra perspectiva que se define como debajo del sol conduce al pesimismo, al desaliento. Es como permanecer en un callejón sin salida, por un camino que no conduce a ninguna parte. Continuemos leyendo el versículo 23:

"Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias, pues ni aun de noche su corazón reposa. Esto también es vanidad."

"Esto también es vanidad" es la frase que concluye este versículo. Y Salomón descubrió algo más. Que no merecía la pena preocuparse acerca de este asunto, porque no había nada que él pudiera hacer para cambiar esas situaciones. El hombre no lo podía hacer en aquel entonces y pensamos que tampoco puede hacerlo hoy. Luego, en los versículos finales, los versículos 24 al 26, de este capítulo segundo de Eclesiastés, dijo Salomón:

"No hay cosa mejor para el hombre que comer y beber, y alegrarse del fruto de su trabajo. He visto que esto también procede de la mano de Dios. Porque, ¿quién comerá y quién se alegrará sino uno mismo? Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y alegría; pero al pecador le da el trabajo de recoger y amontonar, para dejárselo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu."

Si usted está viviendo solamente para usted mismo, estimado oyente, aun si es un hombre que sirve a Dios, o si usted es un pecador no regenerado viviendo para sí mismo, no hay una meta, no hay un propósito para su vida, no hay ningún fruto en su paso por este mundo, entonces su vida se apagará no quedando nada de ella, ni aquí en este tierra, ni en la eternidad. Al encontrarse en esa condición, su corazón acabará lleno de amargura, y llegará al final de su vida con nada de valor.

Pero, estimado oyente, después de esta situación que no ofrece ninguna esperanza, hay otra opción que le invitamos a considerar: Reconocer que somos pecadores y que necesitamos apropiarnos por la fe de la obra de Cristo en la cruz, recibiendo la salvación que Él nos ofrece. Y después, por la obra del Espíritu Santo, la vida del creyente puede ser una vida fructífera. El mismo Señor Jesús les dijo a los suyos, en Juan 15:16, "Yo os elegí a vosotros y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, el os lo de".


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