Estudio bíblico de 1 Pedro 1:7-11

1 Pedro 1:6-11

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por la primera epístola universal del Apóstol Pedro, que se encuentra en la primera gran división de esta epístola, a la que hemos asignado el título "El sufrimiento y la seguridad de los creyentes". En esta parte de la carta, se enfatiza que el resultado del proceso del sufrimiento es paz, alegría y madurez cristiana. En el día de hoy finalizaremos esta primera división de esta carta y comenzaremos la segunda división del libro, a la cual hemos titulado "El sufrimiento y las Sagradas Escrituras", que se extenderá hasta el versículo 25 de este primer capítulo. En esta sección veremos que el sufrimiento produce santidad.

En nuestro estudio anterior, avanzamos hasta el versículo 6, que a continuación leeremos nuevamente:

"Por lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas"

El sufrimiento y la seguridad del creyente producen alegría. Y pueden hacerlo debido a la obra del Trino Dios. Dios nuestro Padre, de acuerdo con Su compasión y misericordia nos ha hecho renacer dándonos una nueva naturaleza y una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de los muertos. Y allá en el futuro El tiene una hermosa herencia reservada para nosotros.

Dice este versículo 6, Por lo cual vosotros os alegráis. ¿Alegrarnos de que? ¿En algo bueno? No, sino siendo afligidos en diversas pruebas. Y esto coloca en contraste dos palabras que no podían ser más opuestas; la alegría y las pruebas.

El apóstol Pedro nos dio razones para soportar las pruebas de esta vida. En este versículo dice que esto tendrá lugar por un poco de tiempo. O sea que, comparadas con la eternidad, las pruebas no durarán mucho. En la actualidad se coloca mucho énfasis en la vida presente. El materialismo y ciertas tendencias de la psicología han influenciado a algunos círculos cristianos. Se nos dice que debemos desarrollarnos integralmente como individuos. Se nos dice que si estamos pasando por pruebas, algo anda mal con nuestro cristianismo. Pero esto no es cierto.

En vez de tanta introspección, deberíamos estar proyectando nuestra mirado hacia el Dios grande que tenemos y a la hermosa herencia que El tiene preparada para que al llegar a Su presencia la recibamos. Deberíamos interrumpir todos los intentos por mejorar nuestra vieja naturaleza por medio de los esfuerzos de nuestra naturaleza carnal. Dios es el que está a cargo de mejorarnos. Él es quien está tratando de conducirnos hacia la madurez en nuestra vida cristiana. Y la forma en que Dios nos mejora, pasa por experimentar diversas pruebas y sufrimientos.

En el estudio de libros anteriores se nos ha dicho lo mismo. Jesús dijo que nuestro ánimo no se abatiera, y que en este mundo tendríamos aflicción. En la carta a los Hebreos Dios nos prueba a través del sufrimiento y las dificultades. El apóstol Santiago escribió sobre las pruebas que provienen de Dios. Y el apóstol Pablo tuvo mucho que decir acerca del sufrimiento. Y ahora vemos que el apóstol Pedro continuó en esa línea de pensamiento.

Sabemos que no es en absoluto popular enseñar que Dios nos probará y nos conducirá hacia la madurez por medio del sufrimiento. A las personas las estimula el pensar que ellas son importantes, que pueden lograr muchas cosas a través de sus propios esfuerzos. Estimado oyente, no somos nada, hasta que el Espíritu de Dios comienza actuar en nuestros corazones y vidas. No tenemos nada que ofrecer a Dios. Es Él quien tiene todo para ofrecérnoslo.

Tenemos que recordar siempre que nuestras pruebas y dificultades son solo temporales. Pablo expuso la misma idea, como podemos leer en su Segunda epístola a los Corintios, capítulo 4, versículos 17 y 18, donde él escribió: Pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Las cosas que nosotros tenemos a mano, que consideramos tan valiosas, no tienen realmente ese valor. Son simplemente cosas pasajeras cuando las comparamos con la perspectiva de la eternidad. Se trata de cosas destructibles y corruptibles, que pueden contaminarse. Así que todo lo que pertenece a este mundo visible se consume, Pero las cosas que no podemos ver son las eternas. Ellas son las que realmente tienen valor. Leamos entonces el versículo 7 de este primer capítulo de 1 Pedro:

"Para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo."

El apóstol Pedro usó aquí una ilustración muy adecuada, así como una palabra notable, y nos referimos a la palabra "preciosa". Es una palabra especial y delicada, usada en este caso por aquel gran pescador rudo y tosco llamado Pedro. Con este término el apóstol expresó el gran valor de nuestra fe, purificada por las pruebas, y como podremos comprobar más adelante, usó esta palabra 7 veces.

Así, tenemos la frase para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro. Cuando los mineros sacan el oro de las minas, los colocan en un horno de fundición, un horno candente. EL propósito no es destruir el oro, sino purificarlo. Cuando el oro se funde, se extrae la escoria para obtener el oro puro. Más adelante el apóstol Pedro también aplicaría este tema al sufrimiento del Señor. El diría que hemos sido redimidos no con oro o plata, sino con algo infinitamente más precioso que esos metales, es decir, con la sangre preciosa de Cristo.

Cuando Dios nos prueba hoy, es como si nos colocara en el horno. El no lo hace para destruirnos, para hacernos daño o perjudicarnos. El quiere obtener oro puro y esa es la forma en que lo logrará. Estimado oyente, esa experiencia es la que desarrolla un carácter cristiano. En el momento del sufrimiento, la escoria se extrae y aparece el oro puro. Este es el método de Dios. Esta es la escuela de Dios.

En nuestro tiempo no escuchamos mucha enseñanza sobre este tema. Más bien se nos enseña a llegar a ser autosuficientes. Pero, estimado oyente, usted y yo no somos, suficientes ni apropiados, y nunca lo seremos. Simplemente venimos a Dios como pecadores y El nos salva por su gracia, por medio de la sangre de Cristo. Entonces, El quiere vivir Su vida a través de nosotros. Y Él trata de enseñarnos esta realidad por medio de nuestras dificultades y sufrimientos. Es un proceso en el cual El quiere atraernos para que estemos más cerca de Él.

No hay atajos en el camino que conduce hacia la madurez. Todos los anuncios o recursos que pretenden impresionarnos solo nos llevarían a recorrer un callejón sin salida. El único recurso que nos colocará en el proceso para alcanzar una verdadera madurez son las pruebas para nuestra fue que Dios nos envía.

Este versículo 7 nos habla también del tiempo en que sea manifestado Jesucristo. Creemos que en el momento de la aparición del Señor Jesucristo, le agradeceremos a Dios por nuestras pruebas ---en realidad, desearemos haber experimentado más porque, cuando estemos en Su presencia, veremos el valor de esas pruebas. Simplemente pensemos en las pruebas por las que pasaron los apóstoles. Cuando escribió esta carta, el apóstol Pedro sabía que le esperaba morir en una cruz. El dijo que las pruebas y sufrimientos iban a hacer surgir en nosotros el oro puro cuando apareciéramos ante la presencia de Cristo. Y deberíamos ansiar que llegue ese momento.

Ahora, Simón Pedro iba a decir algo muy valioso. Leamos el versículo 8 de este primer capítulo:

"Vosotros, que lo amáis sin haberlo visto, creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso"

Este versículo debiera significar mucho para nosotros. Recordemos que Simón Pedro había visto al Señor Jesucristo personalmente y había estado con Él por 3 años. El apóstol fracasó miserablemente durante ese período. Entonces una mañana, después de la resurrección y en la playa del Mar de Galilea, el Señor preparó un desayuno para los pescadores que habían estado pescando toda la noche, y pensamos que El estaba esperando a Pedro. Habríamos esperado que le dijera "Simón Pedro, yo no puedo confiar en ti. ¿Por qué me traicionaste? Voy a tener que dejarte de lado. No te podré usar". Pero no, no le habló de esta manera. Más bien le preguntó: "Simón Pedro, ¿me amas?" Esta fue su pregunta: "¿me amas?". Este hombre que acostumbraba a jactarse, ya no lo estaba haciendo más. Así que finalmente respondió conmovido: "Señor, tú sabes todas las cosas, Tu sabes que te amo". Y el Señor Jesús le dijo: "Te voy a permitir que alimentes a mis ovejas". Y fue precisamente Pedro, el que predicó el primer sermón cristiano en el Día de Pentecostés. Ahora en esta carta el apóstol Pedro nos escribió lo siguiente: Vosotros que lo amáis sin haberlo visto. El Espíritu Santo es quien puede hacerle a Él real para usted y para mí. Estimado oyente, ese es el secreto de la vida cristiana. Cuando le amamos, todos los factores de nuestra vida ocupan su debido lugar. Si usted no le ama, ninguna medida ni dirección que usted pueda tomar lo va a ayudar. Y tampoco le encargará a usted que alimente Sus ovejas.

Y volviendo al versículo 7, vemos que la frase se completa de esta manera: Vosotros, que lo amáis sin haberlo visto, creyendo en El aunque ahora no lo veáis, os alegrías con gozo inefable y glorioso. Estimado oyente, el escuchar estas palabras ¿acelera los latidos de su corazón? ¿Lo ama usted realmente, o profesa una religiosidad sin vida, que no tiene ningún sentido? Es que el Señor es extraordinario. Simón Pedro lo amó. El apóstol Pablo también lo amó, y todos aquellos que genuinamente lo sirvieron le han amado. Esperamos que hoy usted también comience también a amarlo. Si así es, podemos asegurarle que ese sentimiento hacia El resolverá muchos de sus problemas, Le ayudará en el hogar en todas sus relaciones familiares porque el amor de Cristo hará que los corazones se sientan atraídos y unidos. Y no solo le ayudará en su hogar, sino que también cambiará su relación con otros cristianos en el seno de la iglesia. Así que si usted ama a Cristo, ese amor transformará la totalidad de sus relaciones.

Y la frase que estamos comentando también nos habla de los creyentes alegrándose con un gozo indescriptible y glorioso. Es que amar a Cristo trae alegría al corazón. Estimado oyente, ¿es usted un cristiano que experimenta esa alegría? Si no es así, debería serlo. Piense que usted es un hijo del Rey de reyes, que posee una herencia que recibirá en el futuro. Verdaderamente, ser Su hijo constituye una experiencia maravillosa. Continuemos leyendo el versículo 9 de este primer capítulo de la primera carta del apóstol Pedro:

"Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas."

Aquí queremos destacar que la salvación fue un tema de la profecía en el Antiguo Testamento. Tanto los profetas como los apóstoles presentaron testimonios de la verdad de dicha salvación. Podemos imaginar hasta qué punto esta realidad espiritual constituyó un estímulo y un gran consuelo para aquellos judíos que estaban dispersos por todos los rincones del Imperio Romano, y para los cristianos en general que estaban sufriendo por su fe.

Leamos ahora el versículo 10 de este primer capítulo, a partir del cual se desarrolla el tema

El sufrimiento y las sagradas Escrituras

"Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación"

Aquí tenemos una confirmación de la importancia que los profetas asignaron a la gracia de Dios en la salvación. Y continuó diciendo el apóstol en el versículo 11:

"Escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo y las glorias que vendrían tras ellos."

Los profetas hablaron del sufrimiento de Cristo y de la gracia de Dios. Encontramos referencias directas a estos temas en Isaías, capítulo 53, en el Salmo 22 y en otros pasajes de la Biblia.

Y con respecto a las glorias que vendrían tras ellos, es decir, después de los sufrimientos, podemos comprobar el tratamiento de este aspecto en el capítulo 11 de Isaías y en el Salmo 45. Todos los profetas hablaron de los sufrimientos de Cristo, de la soberanía y de la gloria que vendría cuando Cristo viniera a la tierra como Rey para establecer Su reino.

Dice aquí también que, con respecto a qué persona y al tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en los profetas. Esta referencia tiente gran importancia, pues nos indica específicamente que los profetas del Antiguo Testamento escribieron guiados por el Espíritu de Cristo. Esta es una de muchas declaraciones incluidas en la Palabra de Dios afirmando que el Antiguo Testamento fue inspirado por Dios.

Los profetas escribieron acerca de cosas que ellos mismos no comprendieron. Investigaron cuidadosamente el significado de la persona, las circunstancias y el tiempo a que se refería el Espíritu al señalar los sufrimientos de Cristo y la gloria que vendría después de tales sufrimientos. Hay realmente muchos lugares en el Antiguo Testamento que hablan de los sufrimientos de Cristo, y hay también muchos otros pasajes que mencionan la soberanía de Cristo y la época del reino. El mensaje de los profetas combinaba la gracia y la gloria, y a ellos les resultaba difícil comprenderlas. Por ejemplo, el profeta Isaías escribió en su capítulo 53 sobre los sufrimientos de Cristo; y en su capítulo 11 escribió sobre el Mesías viniendo en poder y gloria a la tierra para establecer Su reino. Esta aparente contradicción les resultó curiosa a los profetas que, en consecuencia, intentaron descubrir cómo ambos aspectos del Mesías podían ser ciertos. A medida que los profetas miraron por los pasillos del tiempo, vieron estos dos eventos como si fueran dos cimas de montañas colocadas una junto a la otra, pero no pudieron ver el valle que se encontraba entre ellas.

En este sentido, estimado oyente, usted y yo estamos en una posición única por vivir en el intervalo de tiempo situado entre, el sufrimiento de Cristo, que se encuentra en el pasado, y la gloria de Cristo, que todavía se encuentra en el futuro.

Por ello presentamos la ilustración de las dos montañas, de dos montañas frente a nosotros, separadas por un valle, y a la izquierda del dibujo, colocamos el puesto de observación de los profetas, contemplando las dos cimas que en la figura representan respectivamente a los sufrimientos de Cristo y a la gloria de Su reino. Desde su punto de vista, mirándolas desde cierta distancia, las cimas se veían como si estuvieran juntas, porque los profetas no podían ver el valle que las separaba, que era la época de la iglesia, en la cual vivimos nosotros. Creemos que en aquella época también había escépticos y críticos, que habrán opinado que había un conflicto en el mensaje profético, y que las Sagradas Escrituras se contradecían, porque uno no podía concebir a los dos aspectos, el sufrimiento y la gloria, ocurriendo al mismo tiempo. O el Mesías venía a sufrir, o si no, venía para reinar. Por supuesto nosotros, desde la perspectiva histórica que nos proporciona el transcurso del tiempo, sabemos que ambos aspectos son ciertos. Y el valle que se encuentra entre las montañas representa a la citada época de la iglesia, que ya se ha extendido por más de dos mil años.

Bien, estimado oyente, por hoy vamos a detenernos en este punto, a partir del cual. Continuaremos la exposición de este pasaje en nuestro próximo programa. Le invitamos cordialmente a continuar acompañándonos en este recorrido por la primera carta del apóstol Pedro, y le sugerimos que lea por sí mismo, los próximos versículos de este capítulo, para que pueda estar más familiarizado con el contenido de este capítulo que estamos comentando.

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