Estudio bíblico de Jonás 1:4-10

Jonás 1:4-10

Continuamos hoy, estimado oyente, nuestro recorrido por el libro de Jonás. Y nos encontramos estudiando el primer capítulo. Recordando algo de lo que hemos dicho en nuestro programa anterior, diremos que Dios le pidió que se fuera a Nínive y, en cambio, el compró un billete para viajar a Tarsis. Dios le dijo que se fuera en dirección al este y él decidió no obedecer a Dios y partió rumbo al oeste. Entonces, de forma natural surge la pregunta: ¿Por qué actuó Jonás de esta manera? Hay varias explicaciones. Anteriormente presentamos cuatro explicaciones: (1) Jonás detestaba a los habitantes de Nínive y no quería que se salvaran. (2) El mensaje del profeta sería un mensaje de juicio, Pero Jonás conocía a Dios y entonces ese fue el motivo que lo impulsó a viajar en la dirección opuesta. (3) Una tercera razón por la que Jonás salió de viaje en otra dirección, fue que él era claramente, un profeta de Dios desobediente. (4) Hemos observado que en el Antiguo Testamento Dios nunca envió a sus mensajeros como misioneros a otros países. Por ello, él se sorprendió cuando Dios le dijo: Levántate y ve a Nínive.

Con respecto al versículo 3, recordemos que dice: encontró una nave que partía para Tarsis; pagó su pasaje, y se embarcó para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Señor.

Aquí tenemos a un hombre viajando en la dirección opuesta a la cual Dios le dijo que viajara. Él estaba clara y definitivamente fuera de la voluntad de Dios, y se dirigió hacia Jope, y cuando llegó allí, no encontró ningún problema. Entonces encontró un barco, compró un billete, subió a bordo y se fue a dormir. Todo parecía ir bien.

Según nuestra opinión, Jonás podría haber dado un testimonio, parecido a algunos que hemos escuchado con frecuencia. Quizás él fue a comprar el billete preguntándose si estaba cumpliendo la voluntad de Dios o no. (El tenía que haber sabido que no la estaba obedeciendo). Pero, igual que él, algunos dicen que se preguntan si la está cumpliendo o no. Quizás, a última hora ya no quedaban plazas libres, pero alguien llamó para cancelar la suya y entonces el vendedor de billetes le ofreció el lugar que había quedado vacante. Entonces Jonás debió haber pensado: "¡Bueno, esto debe querer decir que estoy cumpliendo la Voluntad de Dios!"

¿Cuántos cristianos piensan hoy de esta manera? Si lo están pasando mal piensan: "Ay, debo estar fuera de la voluntad de Dios": Si todo está en calma y nos va bien en todo piensan:"Bueno, debo estar obedeciendo la Voluntad de Dios". Estimado oyente, de acuerdo con nuestra opinión, si usted está teniendo problemas, podría ser que el diablo se está preocupando porque usted está creciendo espiritualmente y siendo efectivo para Dios. Hemos encontrado que esta ha resultado cierto en nuestro propio ministerio cristiano. Simplemente, el hecho de que usted esté teniendo problemas no quiere decir que se encuentra fuera de la Voluntad de Dios.

Volviendo a la historia de Jonás, todo parecía seguir saliendo bien y todo auguraba un viaje tranquilo y agradable. Alguien ha definido una situación parecida a ésta como "una coincidencia fortuita de circunstancias". Pero nosotros sabemos que Jonás estaba viajando en la dirección equivocada y Dios iba a tener que hacerlo ir a parar a un pez para que su vida experimentara un giro y se pusiera en la dirección correcta.

A través de los siglos, en la Biblia y fuera de la Biblia, los siervos de Dios no se han encontrado con una vida fácil. Las circunstancias no se les han presentado tan favorables; más bien han sido difíciles.

En la carta a los Hebreos, capítulo 11, versículos 36 al 38, hablando de muchos héroes anónimos de la fe, dice: 36Otros experimentaron oprobios, azotes y, a más de esto, prisiones y cárceles. 37Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada. Anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados. 38Estos hombres, de los cuales el mundo no era digno, anduvieron errantes por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. En esa misma carta a los Hebreos también leemos que algunos, por la fe, escaparon del filo de la espada, mientras que otros, por causa de su fe, fueron muertos por la espada. En consecuencia, diremos que usted no puede interpretar siempre que las circunstancias favorables son una señal de estar bajo la Voluntad de Dios, y que las desfavorables indican que usted no está en la Voluntad de Dios.

Volviendo a nuestra historia, Jonás se encontraba entonces a bordo y lo imaginamos en la cubierta sonriendo, a medida que la vista de la costa se iba perdiendo en la distancia. Quizás se dijo a sí mismo: "¡Bueno, parece que voy a tener un viaje tranquilo!" Pero más adelante comprobaremos que este hombre no lo iba a tener nada fácil.

Leamos ahora el versículo 4 de este primer capítulo del libro de Jonás, que comienza un párrafo que hemos titulado,

Un gran viento

"Pero el Señor hizo soplar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave."

Ahora, podemos ver que Dios era responsable por esa tormenta, y quisiéramos destacar esta circunstancia desde el mismo principio. Esta tormenta fue sobrenatural.

La tormenta en el Mar de Galilea, durante la cual el Señor Jesucristo estaba durmiendo en el barco, fue de tanta intensidad que aquellos hombres que se encontraban a bordo pensaron que iban a perecer. Ellos tenían experiencia en aquel mar y fueron conscientes que aquella era un temporal que no podrían capear y veían inevitable que la barca pronto estuviera en el fondo del mar. También se trataba de una tormenta sobrenatural, pero en aquella ocasión Satanás era responsable de ella, en un intento de destruir al Señor Jesús. El apóstol Pedro vino a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Es que en realidad, esto es lo que habría sucedido si el Señor no hubiera intervenido.

Aquí en el libro de Jonás, Dios estaba usando un temporal, y lo estaba haciendo con un buen propósito. Con este temporal iba a salvar a una ciudad. Iba a enderezar el rumbo de un profeta que había estado yendo en la dirección equivocada, colocándolo al fin en el camino correcto.

Leamos ahora el versículo 5 de este primer capítulo de Jonás:

"Los marineros tuvieron miedo y cada uno clamaba a su dios. Luego echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Mientras tanto, Jonás había bajado al interior de la nave y se había echado a dormir."

Estos marineros eran navegantes acostumbrados a las condiciones del Mar Mediterráneo y detectaron que aquel no era un temporal natural.

Dice aquí que Jonás había bajado al interior de la nave y se había echado a dormir. La actitud de Jonás aquí está en contradicción con un punto de vista popular que compartíamos en el pasado. Creíamos que si una persona sale de la esfera de la voluntad de Dios y comienza a pecar, será atormentada por una conciencia que la molestará continuamente, haciéndola vivir en una constante inquietud. Pero, ¿fue esto cierto de Jonás? Este profeta se encontraba de manera definitiva fuera de la voluntad de Dios, dirigiéndose en la dirección contraria al mandato divino y realmente huyendo de la presencia de Dios, él quería alejarse lo más posible de la ciudad de Nínive, y se encontraba viajando hacia Tarsis. Sin embargo, tenía confianza en que estaba actuando correctamente y en que todo le estaba saliendo bien. Así fue que fue capaz de dormir durante este temporal, aun cuando los marineros de la nave estaban aterrorizados; y estos marineros eran paganos que adoraban a toda clase de dioses. Y dice el versículo 6 de este primer capítulo de Jonás.

"Entonces el patrón de la nave se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate y clama a tu Dios. Quizá tenga compasión de nosotros y no perezcamos."

En efecto, el patrón de la nave tuvo que ir a despertarle y le llamó dormilón, porque en medio del brusco movimiento del barco y a pesar de los gritos de los marineros, fue el único de a bordo que fue capaz de dormir. Así que Jonás se vio obligado a salir a la cubierta, y entonces sintió la fuerza del gran temporal, que amenazaba enviar la nave al fondo del mar. Dice el versículo 7:

"Entre tanto, cada uno decía a su compañero: Venid y echemos suertes, para que sepamos quién es el culpable de que nos haya venido este mal. Echaron, pues, suertes, y la suerte cayó sobre Jonás."

Ahora, lo que estos hombres estaban haciendo aquí revelaba que eran supersticiosos, utilizando la suerte para averiguar quién tenía la culpa del mal que les había caído. Dice aquí que la suerte recayó en Jonás. Evidentemente Dios estaba utilizando ese juego, pero ello no significa que El lo aprobara. De la misma forma, no creemos que el profeta Samuel, por ejemplo, haya sido llamado de entre los muertos por una bruja, y podemos leer acerca del incidente en el primer libro de Samuel, capítulo 28, versículos 7 al 20. No creemos que esa bruja pudiera hacer aquello, ni tampoco creemos que el mismo Satanás pudiera hacer tal cosa. Fue Dios quien lo hizo, y creemos que solo Dios puede resucitar a alguien de entre los muertos. Solo Dios tiene poder sobre la muerte, sobre el sepulcro. El Señor Jesucristo dijo que El tiene las llaves del infierno y de la muerte, como podemos leer en el libro de Apocalipsis, capítulo 1, versículo 18, y El no ha delegado esa autoridad a Satanás.

Ahora, aquellos marineros echaron suertes. ¿Puede utilizar Dios algo así? Como ejemplo podemos citar lo que le ocurrió a un Pastor en una ocasión. A su iglesia asistía una señora que era creyente y su hija pequeña que también lo era. El padre no era cristiano, y no quería tener nada que ver con las actividades de la iglesia. Solamente asistía a la iglesia en ocasiones especiales como la Navidad o la Semana Santa. En una ocasión cuando el Pastor se dio cuenta que esta persona iba a asistir a la iglesia durante la Navidad, el Pastor le dijo a la gente que se mostrara afectuosa y amable con él y que lo saludara. Luego, el comentario de este hombre fue que la gente de esa iglesia se había pasado, se había excedido en sus demostraciones de afecto, lo cual no le había gustado. Bueno, más tarde cuando él fue nuevamente a la iglesia en Semana Santa, el Pastor entonces advirtió a la gente que, ya que a él no le gustaban las demostraciones de afecto, era mejor que solo algunos pocos fueran a saludarle con cortesía y nada más. Y el Pastor mismo solamente le dio la mano al terminar el servicio religioso. En esa ocasión la opinión de este hombre fue que la gente allí era demasiado fría en su trato personal. O sea que, era una de esas personas a quien no se puede complacer muy fácilmente. Pues, bien, este hombre tenía un comercio y varios empleados a su servicio.

Aproximadamente seis meses más tarde llamaron a la puerta de la casa del pastor y allí este hombre, con una mirada de temor en sus ojos y comenzó a contarle el motivo de su visita. Resulta que una secretaria de su empresa había ido a visitar a una adivina, y que ésta la dijo que moriría repentinamente. Cuando ella le contó esta historia a nuestro personaje, al dueño de la empresa, ambos se rieron de tal predicción; pero la secretaria también añadió que la adivina también había predicho que su jefe también moriría repentinamente. Por supuesto, se volvieron a reír de lo absurdo y ridículo de tal predicción.

Pero dos días más tarde, cuando la secretaria bajaba de un autobús, fue atropellada por un coche y murió casi instantáneamente. Así que esto hizo que nuestro personaje se asustara tanto que esa misma noche fue a la casa del Pastor para conversar con él. Pensaba que él también iba a morir repentinamente, como le había sucedido a su secretaria. El pastor entonces le dijo: "Bueno, puedo comprender cómo se siente usted y creo que puedo ayudarle a quitarle ese temor. La adivina no tiene nada que ver con lo que ha sucedido. Ella no podía predecir lo que sucedería. Lo ocurrido se debió a esas circunstancias extrañas de la vida, que podemos llamar coincidencias. Así que no creo que esto quiera decir que usted va a morir".

Entonces el hombre respondió; "En cualquier caso, quiero estar preparado. ¿No me explicaría usted lo necesario para la salvación del alma?".Entonces el pastor le explicó el plan de Dios para la salvación, y como Dios había enviado a Cristo al mundo para morir por nuestros pecados. Y en aquella misma noche aquel hombre estuvo dispuesto a dar el paso de fe de recibir al Señor Jesucristo como su Salvador.

Satanás quizás empujó demasiado a este hombre, porque él mismo fue responsable de que él buscara la salvación y llegase a ser salvo esa misma noche. Francamente hablando, debemos decir que Dios utiliza a veces los engaños del enemigo para cumplir Sus propósitos de salvación. Él dijo que puede usar la ira del hombre para alabarle, y él también puede aprovechar la superstición y rebelión de las personas para alabarle.

En el caso de nuestra historia, los marineros que se encontraban a bordo con Jonás eran supersticiosos. Pero Dios usó la superstición de ellos para cumplir Sus propósitos, porque ellos recurrieron a la suerte, y la suerte recayó sobre Jonás. Y vemos que sucedió leyendo el versículo 8:

"Entonces ellos le dijeron: Explícanos ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra y de qué pueblo eres?"

Aparentemente Jonás había tenido algún tiempo para hablar con los marineros, pero no les había contado mucho sobre sí mismo. Por cierto, no había sido un testigo efectivo de Dios. Alguien que se encuentra fuera de la voluntad de Dios nunca puede ser un testigo efectivo de Dios. Es importante que recordemos esto.

Tendríamos que observar aquí qué fue lo que Jonás no les dijo a los marineros. En primer lugar ellos le preguntaron quién tenía la culpa de que estuvieran sufriendo semejante desastre. También le preguntaron qué oficio tenía. Jonás no le había dicho a nadie que era un profeta, había permanecido en silencio con respecto a ese tema. Después le preguntaron de donde venía. Jonás no les había dicho que procedía de Gath-hepher, en el reino del norte de Israel. No había dicho nada sobre su ciudad natal. También le preguntaron cuál era su país. El no les había dicho que era un ciudadano de Israel. Además le preguntaron a que pueblo pertenecía. Jonás no les había dicho que pertenecía al pueblo israelita, que tenía una revelación del Dios vivo y verdadero. No les había explicado que era un profeta que representaba al Dios vivo y que había sido llamado por El para ir a la ciudad de Nínive, para llevar un mensaje de esperanza y salvación. El no había nada sobre todo esto. ¿Por qué? Porque se encontraba totalmente fuera de la voluntad de Dios para su vida. Leamos ahora el versículo 9 de este primer capítulo:

"Él les respondió: Soy hebreo y temo al Señor, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra."

Él contestó que era hebreo. Y eso quería decir mucho. Los Hebreos eran conocidos como una nación monoteísta; es decir, que adoraban a un solo Dios y nunca adoraban a los ídolos. Ellos no tenían otros dioses ante ellos, sino adoraban a Dios el Creador. Y Jonás les dijo que reverenciaba y temía al Señor, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra. O sea, que él adoraba al Dios que había creado ese océano inmenso que los rodeaba, ese océano tan inquieto, tan agitado por los vientos de la tempestad. Y no solo había creado el mar, sino también la tierra firme. Creemos que aquellos marineros sabían algo acerca de Israel, pero como eran paganos no tenían un conocimiento del Dios vivo y verdadero. Y dice el versículo 10:

"Aquellos hombres sintieron un gran temor y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Pues ellos supieron que huía de la presencia del Señor por lo que él les había contado."

Aunque Jonás había podido dormir tranquilamente, no cabía duda que tenía una mala conciencia por su actitud de desobediencia a Dios. De alguna manera les debe haber dado a entender a aquellos marineros que, al hacer aquel viaje, estaba huyendo del Señor. Pero no creemos que les hubiera dado mucha información al respecto.

Así que aquellos hombres le preguntaron: ¿Por qué has hecho esto? Tenemos que decir que esta es una buena pregunta que en algunas ocasiones puntuales, el no creyente le formula al creyente, y realmente puede acabar siendo una pregunta embarazosa.

En cierta ocasión un hombre se puso a conversar con un Pastor y le preguntó si conocía a un amigo suyo. Y el Pastor le dijo que sí, que él asistía a esa iglesia. Este hombre entonces le preguntó si el otro era miembro de la iglesia, a lo cual el Pastor le dijo que sí, que él era muy activo en los asuntos de la iglesia. Y este hombre entonces le dijo: "Bueno, he conocido a este señor por muchos años, y he hecho negocios con él, pero nunca pensé que él fuera un creyente. Si yo fuera un creyente, nunca haría las cosas que hace este hombre". Estimado oyente, es una situación muy embarazosa, por cierto, cuando un no creyente viene y le dice a un creyente: "¿Por qué está haciendo eso? Yo pensaba que usted era un hijo de Dios". Volviendo a nuestra historia, creemos que ante esta pregunta de los marineros, Jonás debe haberse sonrojado varias veces de vergüenza, porque tal pregunta, formulada por unos paganos, tocaba el flanco débil de su vida, y ponía en evidencia las contradicciones de su fe en el Dios de su pueblo.

Bien, estimado oyente, por hoy nos detenemos en este punto del relato, presenciando la conversación entre Jonás y a la tripulación del barco, con la imagen de un profeta desobediente que habrá tenido que bajar su cabeza, rehuyendo la mirada de sus compañeros. Estamos llegando a uno de los puntos culminantes de este relato. En nuestro próximo encuentro examinaremos el desenlace de esta tensa situación a la cual hemos llegado. Así que le invitamos a acompañarnos en nuestro próximo encuentro, para continuar recorriendo juntos este sendero "a través de la Biblia."

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